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The time of the reckoning [Ayax&Lohran]

Lohran Martins el Miér Jun 26, 2019 3:38 pm

Recuerdo del primer mensaje :

The time of the reckoning [Ayax&Lohran] - Página 7 NCWTG9T
Jueves 20 de junio, 2019 ||  Edificio abandonado, Londres || 20:03 horas || Atuendo

Habían pasado cerca de dos horas desde que ambos, mortífago y fugitivo, llegaran a aquel destartalado lugar dejado de la mano de Dios. Se trataba de una antigua vivienda londinense que llevaba abandonada tanto tiempo que ni los fantasmas vivían en ella. ¿Para qué? Hacía tiempo que no había allí vivos a los que incordiar.

Fonollosa permanecía inmóvil, cabizbajo, atado a la silla, su rostro maltratado por los golpes de Lohran. En algún punto del interrogatorio, el brasileño le había golpeado demasiado fuerte y le había partido la nariz, de la cual brotaba un hilillo de sangre. También brotaba sangre de la comisura de sus labios.

Con todo y con esas, el mortífago no se había roto: había permanecido en silencio, sin mostrar ni un ápice de duda. No iba a confesar.

—Confieso que me gustaría que fueses un poco más parlanchín, Fonollosa.—Dijo Lohran, rompiendo el silencio en busca de algún tipo de reacción por parte del individuo.

No la hubo. Meric permaneció en la misma posición. Casi parecía que su cuerpo estuviera allí, pero su mente no. Su mente, quizás, estaría muy lejos.

Lohran había dejado de golpearle unos diez minutos antes, cuando había llegado a la conclusión de que de nada le iba a servir: aquel hombre no respondía a la tortura física, y muy probablemente estaba dispuesto a morir antes que confesar.

No obstante…

—¿De verdad merece la pena guardar silencio?—Lohran, que hasta entonces había permanecido sentado en otra de las sillas del lugar, frente a la de Fonollosa, se puso en pie y caminó un par de pasos en su dirección.—La pregunta que te he hecho es muy sencilla: Prue Martins. ¿Qué hicísteis con ella?

Silencio, una vez más. Lohran comenzó a sentirse frustrado, y tal y cómo se sentía bien podría haberle asestado un nuevo puñetazo. Se habría despellejado los nudillos, y con suerte habría podido romperle algún hueso al mortífago, ¿pero de qué le habría servido exactamente? Como mucho, pagaría sus frustraciones, y Fonollosa seguiría guardando silencio. La tortura física no funcionaba con aquel hombre.

Suspiró, negando con la cabeza, y se retiró. Caminó algunos pasos alrededor de la estancia, con aire pensativo, decidiendo si debía o no jugar aquella carta tan rastrera de la que disponía.

Después, pensó en su hermana… y pese a lo mucho que fuera aquello en contra de sus principios, decidió que daba igual: hacía ya mucho tiempo que Lohran había tocado fondo, que había vendido su alma.

—Sé dónde vives.—Sentenció, y guardó silencio, dejando que aquellas palabras calaran en Fonollosa. Y lo hicieron: nada más escucharlas, el mortífago dio un respingo, como si repentinamente hubiera regresado de un lugar lejano.—Sé que tienes familia. Mujer y dos hijos, ¿verdad?

—Ellos no tienen nada que ver en esto...—Dijo Fonollosa, rompiendo por fin su silencio, después de que Lohran lograra apresarlo.

—Aún no.—Coincidió Lohran.—Pero si sigues negándote a responder lo que te he preguntado, puedes estar seguro de que voy a hacer que tengan mucho que ver en esto. No estás ahí para protegerlos, así que puedo llamar a unos amigos y pedirles que los traigan aquí. ¿Te gustaría eso?

Por cómo se puso a temblar repentinamente, Fonollosa no disfrutaría en lo más mínimo la presencia de su familia en aquel lugar. Lohran no estaba precisamente orgulloso de aquello, pero si servía para recuperar a su hermana, estaba dispuesto a lo que fuera.

—No puedo decirte...—Lo intentó una vez más, pero Lohran le cortó.

—Pero sí que puedes. Porque si no lo haces, tus dos hijos y tu mujer van a sufrir las consecuencias de tu silencio. Y ni siquiera necesito hacerles daño: ¿Cómo te sentirías si te separo de tus hijos para siempre?

—¡Está bien!—Fonollosa alzó la voz, la desesperación marcada en su rostro.—Haz lo que quieras conmigo, pero a ellos no los metas en esto.

—Está bien. Pero para eso, tienes que empezar a hablar. ¿Qué habéis hecho con Prue Martins?—Lohran sonaba incluso razonable.

—Está en el Área-M.—Lohran ya se temía aquello, y sintió que algo dentro de él se despedazaba: no era lo mismo tener una sospecha que una confirmación. Y teniendo en cuenta lo que sucedía con los radicales cuando eran interrogados, cabía suponer que Prue… ya no fuese ella misma.—Es el nuevo juguete de Ayax Edevane...

—Cuéntame todo lo que sepas de ese Ayax Edevane.—Lohran apretaba la mandíbula, reprimiendo la ira, y tratando de no imaginarse lo que en aquellos momentos podía estar sucediendo con su hermana.

Fonollosa habló largo y tendido, ofreciéndole todos los detalles que conocía. Lohran no se sentía orgulloso por la manera en que había obtenido aquella información, pero solía decirse que todo valía en la guerra. Y sí, quizás su hermana como tal ya estuviera perdida, pero… eso sería algo que solucionaría una vez la tuviera de vuelta.

***

Lohran había hecho aquello solo, sabiendo lo que sucedería en caso de tener que rendir cuentas a su grupo: Fonollosa solo podría salir de aquello de una manera, y sinceramente, el brasileño no quería que un cadáver pudiera delatar al pelirrojo, cuyo nombre ahora conocía.

Sin embargo, pidió ayuda a alguien para deshacerse de Fonollosa, y cuando hubo terminado con él, uno de sus compañeros acudió al edificio abandonado con una furgoneta destartalada, que nada tenía que ver con las que se utilizaban de manera oficial en el grupo fugitivo.

Su compañero no hizo muchas preguntas, pues Lohran y él tenían una amistad que venía desde la universidad, y simplemente siguió sus instrucciones: los llevó a él y a Fonollosa al hospital muggle más cercano, y una vez allí, Lohran lo arrojó delante mismo de las puertas de urgencias. Se marcharon a toda prisa, dejando allí al mortífago, que no recordaría los hechos ocurridos esa noche.

Una vez la furgoneta se hubo alejado lo suficiente del hospital, Lohran ocupó el asiento del acompañante. Su rostro era serio y concentrado. Su compañero le preguntó qué debían hacer, y Lohran no dudó en responder.

—Tienes que cambiarle la matrícula a la furgoneta. Y el color. Seguro que pronto la policía muggle estará buscándola.—Le aconsejó.—Pero antes, necesito que hagas una parada.

Y le dio todos los detalles: Lohran quería hacer una visita a Ayax Edevane. Una visita que debía haberse dado hacía mucho tiempo.


Última edición por Lohran Martins el Miér Jul 03, 2019 2:38 pm, editado 1 vez
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Dom Feb 02, 2020 8:44 pm

Persiguió con la mirada a Lohran cuando entró al interior de su habitación, manteniéndose fría y en guardia. No sabía cuáles eran sus posibilidades si aquel hombre decidía atacarle o hacerle cualquier cosa, dadas sus limitaciones actuales, pero de una cosa estaba segura: no pretendía rendirse en ninguna situación si podía luchar.

Pese a lo que se esperaba en un principio ―hostilidad, básicamente―, lo que recibió de aquel tipo de tez oscura fue… tranquilidad y la intención de mantener, aparentemente, sólo una conversación. Níobe se extrañó y pese a que no bajó la guardia, sí que se calmó. Aunque se hubiera pegado allí días sin moverse, las condiciones en las que estaba la mantenían exhausta y débil, por lo que calmarse era un deber si no había necesidad de gastar energías.

Relacionó a Luciana con la otra chica de tez morena que la había ayudado.

No tenía motivos para mentir; no dada la situación que Lohran le estaba poniendo sobre la mesa. Níobe era consciente de lo que eran los legeremantes, pues para ella esas personas que leían y modificaban memorias fueron los culpables de que ella lo hubiera perdido todo. Sus oídos se hacían los sordos frente a afirmaciones como “tu hermana” o “tu familia”, pues para Níobe era inconcebible el tener una familia en el bando que para ella era absolutamente enemigo. El pelirrojo era su familia y, a pesar de que estaba en la peor situación, todavía ella conservaba esperanzas de que en cualquier momento Ayax apareciese a salvarla frente a su fracaso de misión.

―Sí, la ayudé después de que ella me ayudase a mí ―le confirmó―. La sinceridad, igualmente, no creo que sirva demasiado llegados a este punto, ¿no es así? ―Se sentó con las piernas cruzadas―. Dudo mucho que la honestidad sea justificante como para que un grupo como éste pueda perdonar las muertes de sus compatriotas, aunque hayan sido en defensa propia.

Ella desconocía que Luciana había defendido su “honor” diciendo que Alden mató a Oliver, por lo que en ese momento se delató. Realmente le daba igual: tal cual había dicho Lohran, la verdad se sabría más pronto que tarde.

―Oliver me atacó por la espalda, el otro me atacó de frente e intentó abusar de mí… al menos hasta que llegó Luciana y el tipo la prefirió a ella; más inocente, que presentaba menos resistencia ―añadió como resumen a lo sucedido con cara de asco―. Ella me liberó a tiempo de poder ayudarla y le di a ese tipo lo que se merecía.

No hablaba como si hubiera sido un acto benevolente, sino más bien como si hubiera sido la lógica: aquel tipo era asquerosa y desde que le puso la mano encima a Níobe ésta lo había tachado como un enemigo que debía de morir. No había salvado a Luciana por amor o compasión, sino sencillamente porque estaba ahí y había sido una consecuencia de sus actos.

―¿Me van a interrogar hoy? ―preguntó entonces, creyéndose con permiso de hacer las preguntas a aquel hombre.

Ya Níobe no veía en la mirada de Lohran esa absoluta desconfianza y hostilidad, sino que pese a que ella seguía sintiéndose desconfiada y reacia, veía decepción y tristeza en sus ojos.
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Lohran Martins el Lun Feb 03, 2020 2:43 am

En el momento en que la tensión de aquella mujer con la apariencia de su hermana se esfumó un poco, Lohran pudo comprender cuán diferente era de Prue. Ya no solo por la desconfianza que destilaba, sino por cómo le miraba: realmente observaba a un desconocido, pero no a uno cualquiera.

Le miraba como él miraría a Abigail McDowell si la tuviese delante: no la conocía lo suficiente como para saber cómo pensaba, pero la odiaba por lo que había desatado en el mundo mágico.

Trató de obviar sus propias impresiones, y se dijo que quizás estaba suponiendo cosas, que su subconsciente lo estaba traicionando. No se convenció, por supuesto, y en el momento en que comenzó a hablar… bueno, ahí todo estuvo claro.

Cuando Luciana y él habían hablado, Lohran no había llegado a creerse del todo la versión de que Alden había matado a Oliver. ¿Qué le habría motivado a cometer semejante acto contra un compañero, y más para hacer daño a una mujer a la que sus líderes ya consideraban una enemiga?

Sin embargo, Lucy lo afirmaba con tal vehemencia que la duda, simplemente, ahí estaba. Níobe se encargó de despejarla inmediatamente.

Lohran cerró los ojos, asimiló la información y asintió con la cabeza un par de veces. Volver a mirar a la mujer le costó horrores, pero aún así lo hizo. Se le secó la boca. Empezaba a concienciarse de que aquello que decían era cierto. También se preguntó brevemente su Murray sería capaz de ser igual de objetiva si ante ella apareciese su hija desaparecida hacía tanto tiempo.

—Ese es el plan, sí —respondió Lohran a la pregunta de Níobe—. No creo que tengan intención de hacerte daño, siempre y cuando colabores con ellos y no les causes problemas.

Lohran dejó escapar un suspiro. Valoró incluso la posibilidad de explicarle a Níobe a qué se enfrentaba exactamente. ¿No habría sido eso una muestra de humanidad por su parte?

Sin embargo, lo descartó de inmediato: explicarle que se enfrentaba a una condena a muerte sería como poner en marcha una bomba de relojería. Le atacaría, y aunque seguramente sería capaz de sobreponerse a sus minadas fuerzas, no quería ensuciar todavía más la imagen que tenía de su hermana desaparecida. Bastante distorsionada estaba ya.

Permaneció donde estaba, y pensó que quizás sería bueno marcharse. Sería lo mejor para ambos, teniendo en cuenta que esa sería la última vez que la viese con vida. Se librarían de problemas y… ¿iba a servir de algo, de todas formas?

«Como despedida», se recordó, y sintió que se le encogía el corazón. «Le debes eso, al menos.» Vaciló algunos instantes, con la garganta aún más seca, buscando las palabras exactas para ella.

—No sé lo que te han dicho, lo que te han enseñado a creer —empezó, titubeando—. Tampoco sé si me servirá de mucho saberlo. El caso es que, llegados a este punto, al menos, quiero contarte mi versión de lo ocurrido.

Dio un paso hacia ella. Deseó que hubiera en aquella celda algún elemento en que pudiera sentarse, a fin de combatir el temblor que le invadía las piernas. Tuvo que contentarse con dejar reposar la espalda contra la puerta y cruzarse de brazos.

—En octubre del año pasado, tú y yo éramos hermanos. —Hizo una pausa, se quedó pensativo, y negó con la cabeza—. No, eso no es cierto: no conozco a la persona que eres ahora. Nunca hemos sido hermanos. —Suspiró—. La persona que eras antes y yo éramos hermanos, y teníamos un objetivo en mente: marcharnos de este país. Habíamos sido declarados fugitivos simplemente por nuestra sangre, siendo nacidos de muggles. Teníamos un plan, teníamos el dinero para ejecutarlo, y sólo necesitábamos terminar con los últimos preparativos. Nos habíamos unido a este grupo porque era la forma más sencilla de hacerlo. Pero nos salió mal: fuiste atrapada, y te llevaron a ese lugar llamado Área-M, donde has estado encerrada hasta que te soltaron. Supongo que perdiste todos tus recuerdos debido al pacto de sangre, quedando tu mente como una pizarra en blanco.

Lohran volvió a separarse de la pared, hizo amago de acercarse a ella, pero se lo pensó mejor y permaneció donde estaba. Se le había agitado el corazón dentro del pecho.

—Hace unos días, me arriesgué para recuperar a la persona que eras antes. Sabía que no me recordarías, y de todas formas lo hice. Me convencí a mí mismo de que podíamos superar lo que te había ocurrido, pero no me imaginaba que… bueno, que ya no podría recuperar a mi hermana. —Reconocer esto hizo que se le desgarrase algo por dentro, y casi deseó echarse a llorar. Se contuvo, por suerte—. Ahora sé que no eres ella. Está bien, lo acepto, aunque no fue decisión tuya que te convirtieran en esto. Pero no eres Prue Martins.

Se trataba de una situación horrenda, y por primera vez en toda su vida, desde que había descubierto que era mago, Lohran despreció profundamente el mundo mágico. Si nunca hubieran sido reconocidos como magos, habrían vivido su vida la mar de tranquilos en Brasil y, posteriormente, en Londres. Habrían sido felices sin entrar en un mundo que no los aceptaba porque su sangre no era lo bastante pura.

Ahora, Lohran tenía unos padres muertos, una hermana encerrada en una celda, y a una desconocida en quién veía a su otra hermana desaparecida. Otra broma más de su maldito destino.

—Cuenta tu versión de la historia, lo que pasó con Oliver y Alden. Quizás logres convencerles. —Hizo un movimiento de cabeza, señalando en dirección a la puerta, como para indicar que hablaba de los radicales—. Porque si cuentas con que alguien más va a ayudarte aquí dentro… Estás equivocada.

Lohran no sabía qué clase de mentiras le habían contado en el Área-M, ni lo que había dentro de su cabeza. Suponía que se enteraría después, cuando preguntase a Anya, pero entonces no sabía que Ayax Edevane se había convertido prácticamente en el centro del mundo de Níobe. A pesar de todo, no era tan ingenuo como para pensar que sus palabras la convencerían de que todo lo que creía haber vivido hasta el momento era mentira.

Nada era nunca tan sencillo.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Jue Feb 06, 2020 11:30 pm

Níobe mantenía su neutralidad a las palabras de Lohran. Él decía que no le harían daño, pero ella estaba bastante segura de que aunque no le hicieran sufrir, sus días estaban más que contados en aquel lugar. Dada su situación actual, no tenía ningún tipo de esperanza.

Decidió tomarse la molestia de darle su versión de los hechos, pero hasta él mismo sabía que sería una pérdida de tiempo. Su hermana menor había sido víctima de un lavado mental irreversible: no sólo se creía de manera absoluta que Edevane era su aliado, sino que lo había vivido en sus propias carnes. El pelirrojo siempre la trató bien en el Área-M, se convirtió en su amigo… y si bien sus objetivos iban más allá que el mero trato cordial con la muchacha, se ganó su confianza mucho más allá de simplemente atacando a su mente.

Para Ayax había sido trabajoso, pero fácil, hacer que Prue Martins se convirtiese en otra persona. Las noticias respaldaban el hecho de que los enemigos eran los fugitivos y él podía hacer, de manera muy sencilla, que aquella mujer volviese a tener esperanza sujetando su mano. Por no hablar, por supuesto, de que fue previamente “advertida” de que intentarían controlarla emocionalmente aprovechándose de que no recordaba nada, pues Ayax le había mentido diciéndole que le habían borrado la memoria para intentar reestablecerla en su bando y utilizarla como un arma.

La versión de Lohran se parecía mucho a la que Ayax había intuido que le dirían, aunque con ciertos matices de diferencia. Fuera como fuese, Níobe no se lo creyó, pues su fe estaba ahora mismo siendo ciega en una persona que, realmente, era su enemigo. Era triste pensar que había sido sometida a tanta manipulación y que iba a ser ejecutada admirando a la persona equivocada mientras odiaba a esa que podría haber dado su vida por ella.

Sintió pesar al notar a aquel hombre ―quién había considerado su enemigo― triste por lo que decía; por ella. Por un momento dudó: ¿realmente estaba triste… o era todo una farsa para convencerla de algo? Quizás muchos pudiesen pensar que era sólo una máquina creada para matar, pero realmente seguía siendo una persona normal, con unas creencias impuestas que ella defendía hasta la muerte pero a fin de cuentas… seguía siendo humana y las dudas se sembraban en su mente. Quizás si hubiera pasado allí el tiempo suficiente su mente podría haber regado dicha idea hasta la racionalidad, pero a día de hoy era imposible que lo tomase como una idea válida.

Así que se tomó lo que le dijo, pese a todo, como una mentira.

―No vais a conseguir nada de mí ―le adelantó a todo lo que dijo, sonando seria―. ¿Servirá de algo que cuente mi versión de la historia? Aunque haya sido en defensa propia, sigo siendo vuestra enemiga.

No era un secreto: Oliver no le hubiera atacado por la espalda de no tener miedo por su desconfianza hacia ella ―pues era su enemiga― y Alden se lo había dejado claro con sus palabras. Dudaba mucho que por mucho que fuera defensa propia, le fuesen a perdonar el asesinato de dos de sus compañeros.

―No te preocupes ―le dijo al final―. Sé que éste no es mi lugar.

Quizás esa frase podía ser simple y sin importancia, pero teniendo en cuenta que se lo decía la ex Prue Martins a su mellizo, tenía mucho más peso de lo que se podría esperar. Era una Níobe dejándole claro que Prue no era más que una existencia del pasado. Porque otra cosa no… pero el lugar de Prue iba a ser siempre y para toda la vida junto a sus hermanos Lohran y Luciana.


***
Dos horas después

Se había quedado en la celda a solas de nuevo durante lo que a ella le pareció mucho tiempo. Pensó mucho en las múltiples posibilidades, pero siempre llegaba al mismo punto: Ayax no le mentiría. Recordaba su sonrisa y su mirada y… no, él sería incapaz de hacerlo. Sabía que estaba rodeada de enemigos, de personas que intentaban ―de nuevo― utilizarla para llegar a sus enemigos y no lo iba a permitir.

En cierto momento volvieron a abrir la puerta de su celda y aparecieron dos personas que la sacaron a rastras de allí. La trasladaron a través de unos pasillos que no había visto nunca, en donde se encontró a un hombre que retomó el caminar junto a ellos.

―Me han dicho que te haces llamar Níobe ―dijo, echándole una suspicaz mirada que fue recibida por una cargada de hostilidad de la muchacha―. No somos un grupo que tenga tiempo de sobra como para perderlo con casos perdidos, ni mucho menos poner en riesgo a nuestros compañeros… Tu tiempo aquí tiene fecha de caducidad muy próxima, por lo que si cooperas no sufrirás daños. No somos unos monstruos.

Níobe no dijo nada, sino que simplemente cedió a los empujones y tirones que le daban la chica y el chico que estaban llevándola a la sala de interrogatorios.
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Lohran Martins el Vie Feb 07, 2020 7:33 pm

La ausencia total de emociones en lo que, ahora tenía claro, no era más que un cascarón vacío, llevó a Lohran a desengañarse por completo.

Lamentaba decepcionar a Lucy, que sin duda en aquellos momentos seguía creyendo que su hermana mayor seguía viva de alguna manera, pero no podía seguir engañándose a sí mismo: no había un final feliz esperando a los Martins a la vuelta de la esquina.

Ya nunca regresarían los tres juntos a Brasil, como estaba planeado. Ya no podrían empezar de cero, pues una parte muy importante de ellos había muerto con Prue.

La decepción se reflejaba en el rostro de Lohran, clara como el cristal, mientras escuchaba las palabras carentes de emoción de Níobe. Ahora que la escuchaba así, se daba cuenta de que ni siquiera era una buena imitación de su hermana. Nada en ella encajaba con la persona que recordaba. De nuevo se preguntó qué clase de monstruo inhumano era capaz de hacer algo así, y enseguida obtuvo la respuesta: Ayax Edevane y los suyos.

—Será mejor que no intentarlo, al menos —le respondió, al tiempo que se encogía de hombros. La sensación de derrota era visible en su rostro y en sus gestos.

Estaba a punto de darse la vuelta para marcharse cuando Níobe le dijo que no se preocupase, que aquel no era su lugar. Se detuvo entonces, y no supo bien qué decir. A punto estuvo de no decir nada y marcharse, pero cuando ya estaba levantando el puño para golpear la puerta, se volvió a girar en dirección a ella.

—Te agradezco lo que hiciste por Luciana, Níobe. —Pronunciar ese nombre se le hacía antinatural—. Te deseo toda la suerte del mundo.

Y, ahora sí, Lohran se dio la vuelta y golpeó la puerta. Esperó a que le abriesen sin volverse, sin mirar a aquella mujer. No quería volver a mirarla, pues de hacerlo, vería de nuevo el rostro de su hermana, y eso dolería.

Cuando se marchaba pasillo adelante, siendo escoltado por sus compañeros, se sentía tan cansado que sus piernas parecían de hormigón. Se llevó una mano a la frente, sintió deseos de llorar, y se reprimió. En lugar de venirse abajo se prometió una cosa muy sencilla: se encargaría personalmente de cumplir la amenaza que había lanzado contra Ayax Edevane.

El pelirrojo no debía preocuparse: en esta ocasión, Lohran no tomaría prisioneros, y se limitaría a matarlos a él y a cualquiera que tuviese algo que ver con aquella monstruosidad.

Se lo debía a Prue.

***

Dos horas más tarde, Anyanka Hexe esperaba la llegada de la prisionera, “Níobe”, en la sala de interrogatorios.

Se trataba de un pequeño cuarto sin ventanas, con una única puerta y, sorprendentemente, uno de esos espejos unidireccionales que daban a otro cuarto desde el que podía observarse lo que ocurría, igual que en las comisarías de policía.

El mobiliario de la sala de interrogatorios era escaso: una mesa cuadrada en el centro, y dos sillas, todo ello fijado al suelo con tornillos. Una de las sillas, además, contaba con algunos accesorios: grilletes para pies y manos, fuertes correas de cuero que impedían escapar a la persona interrogada.

Sobre la mesa se encontraba un artilugio curioso: una especie de máscara metálica que, al colocarla sobre el rostro de la persona que iba a ser interrogada, la forzaba a mantener los ojos abiertos por medio de un sortilegio. Anya estaba acostumbrada a utilizarla en sus interrogatorios en el Ministerio —aunque oficialmente estaba “prohibido” su uso—, y era una manera estupenda de mantener contacto visual con el sospechoso.

No tenía demasiadas ganas de utilizar aquello con una antigua compatriota, y menos con la hermana de su amigo.

Cruzada de brazos, sentada al borde de la mesa, Anya esperaba con la mirada perdida en algún punto de la pared, pensativa. No la alegraba estar en la situación que estaba, siendo ella quien leyese la mente de la mujer a la que había conocido como Prue, pero así eran las cosas: en la guerra, todo vale.

Escuchó el sonido de la puerta al abrirse, y volvió la mirada en esa dirección. Níobe llegó a rastras, sujeta por dos fornidos compañeros del refugio.

Observó en silencio cómo colocaban a la mujer de color en la silla para luego asegurar sus muñecas con los grilletes de los reposabrazos, y sus tobillos con los de las patas delanteras. Hubo muy poca resistencia, tal vez porque la mujer había asumido que no podría salir de aquella situación de ninguna manera.

—Gracias. Ya no nos hacéis falta, así que ahuecad el ala, ¿vale? —les dijo a los dos fugitivos, que asintieron con la cabeza y se marcharon; cuando se quedaron ellas dos solas, Anya dedicó una sonrisa burlona a Níobe. Era buena camuflando sus sentimientos con sarcasmo y hostilidad—. Supongo que ya te habrán puesto sobre aviso de lo que va a pasar aquí, ¿verdad? Así nos ahorraremos explicaciones innecesarias.

Anya tomó la máscara metálica de la mesa, sopesándola entre sus manos. Aquel trasto pesaba más de lo que parecía, y tenía un aspecto atroz, como la herramienta de tortura que era: podía servir para mantener a una persona privada del sueño durante largos periodos de tiempo.

—Antes de empezar, quiero saber si tienes algo que decir. Siempre resulta liberador tener la ocasión de desahogarse, ¿no te parece? —Le dedicó un guiño cómplice, tamborileando con los dedos de su mano izquierda sobre la máscara metálica.
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Ayax Edevane el Dom Feb 09, 2020 8:43 pm

Arrastraron a Níobe hasta aquella sala, en donde se encontró con Anyanka Hexe. En ese momento no reconoció a su ex compañera y mejor amiga de su hermano, sino que la veía como su mente manipulada había sido configurada: una enemiga más; esa que descubriría la vida que guardaba en su cabeza, una vida que no duraba más de un año y medio. Ni el mejor legeremante podría descubrir que había en la cabeza de Níobe de su antigua vida, pues todo lo que tenía que ver con Prue Martins había sido totalmente eliminado.

La encadenaron a la silla de manos y pies, dejándola totalmente sola junto a la legeremante. La mirada de Níobe era desafiante y neutral; no tenía miedo. Ya esa gente había conseguido que lo perdiese todo, por lo que su objetivo al estar ahí era enfrentarse a ellos con todo lo que había recuperado.

El cinismo de la legeremante ―o podría llamarse también torturadora teniendo en cuenta cómo estaba Níobe y lo que le iba a poner ahora mismo― hizo que la presa la mirase con cierta hostilidad.

―Realmente no ―le respondió tajante―. Tú limítate a chivarte de lo que veas en mi cabeza y considera mi falta de resistencia a todo esto mi gran desahogo personal. No os tengo miedo; ya me lo quitasteis todo una vez... Al menos aseguraos de hacerlo bien ahora u os aseguro que volveré. ―Eso había sonado a amenaza.

La pérdida de toda vivencia de Níobe había hecho que la muchacha no tuviera miedo, ¿miedo de que, si realmente no conocía absolutamente lo que era tener valor por algo? Sí, si algo le dolía ella experimentaba temor por el dolor, pero ahora mismo no temía morir, ni que pudieran ver todo lo que había vivido en el Área-M. Lo único que le iba a pesar de todo eso era volver a ver a Ayax Edevane sin poder tenerlo realmente delante.

―No encontraréis en mí nada que os pueda ayudar ―le aseguró―. Te advierto para así evitarte la decepción final. ―Le devolvió el guiño cómplice, con ironía.

Allí, encadenada sin poder moverse ni un poco, en medio de una habitación sin escape, fue cuando se dio cuenta de que nadie iba a ir a salvarle la vida. Sintió decepción… pero no por Ayax, sino por ella misma. Había fallado en su cometido, o al menos eso pensaba… Ayax, sin embargo, le estaría eternamente agradecido por su “sacrificio”, pues gracias a eso su hermana había sobrevivido.

Anya, aún así por protocolo, le colocó aquella máscara. Era consciente de que había gente al otro lado del espejo que esperaría que, por mucha verborrea de Níobe, cumpliese con lo que era necesario. Níobe se dejó poner aquello y, tras unos segundos, sintió la invasión en su propia cabeza. Sabía que aquella mujer estaba en su cabeza porque de repente empezó a recordar todo de una manera rapidísima, como en un recorrido de su corta vida.

Visualizó lo que podría considerarse de sus primeros recuerdos: Ayax Edevane entrando por primera vez en su habitación como paciente del Área-M, poniéndole al día sobre lo que le había ocurrido, haciéndose su amigo, bautizándola como Níobe a sabiendas de que sabía perfectamente que se llamaba Prue Martins… Continuó visualizando como cada vez Ayax se hacía más íntimo de Níobe, hasta el punto de que ésta comenzó a verlo como un aliado, un amigo… incluso a desarrollar sentimientos de admiración por él. Se les podía ver riendo, intentando “recuperar” memorias perdidas de Níobe cuando en realidad sólo estaba manipulando su mente para que se convirtiese en quién era ahora mismo.

Todo eso era incapaz de verlo Níobe. Ella sólo podía ver cómo su mejor amigo la estaba ayudando a ser ella misma; una reformada Níobe capaz de volver a tener una vida.

En todas las memorias se podía ver que Níobe no tuvo la típica vivencia en el Área-M cargada de violencia, estudios agresivos y experimentaciones hostiles… sino todo lo contrario, se la trató como si realmente se tratase de una paciente mental, teniendo una vida bastante tranquila y si bien hubo estudios hacia su persona, todos fueron desarrollados sin ningún tipo de necesidad hacerle daño. Ayax experimentó con ella, por supuesto, pero no era la típica experimentación que cualquiera fuera del Área-M se esperaría de los monstruos del interior.

No habían sido ellos, a fin de cuentas, quiénes dejaron a Níobe sin memorias de quién era anteriormente, pero sí que se aprovecharon de ello. Quizás ese borrado total de memoria podía salvar la identidad de los radicales… pero condenaba a una nueva vida manipulada para el usuario que se haya arriesgado a algo así.

Quizás el gobierno y el Área-M no consiguieron nada de información de los radicales con el arresto de Prue Martins, pero gracias a su supervivencia consiguieron una infiltración y dos muertes.
Ayax Edevane
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Lohran Martins el Mar Feb 11, 2020 11:53 pm

Aún a juzgar por esa media sonrisa en su rostro, Anya no disfrutaba aquella situación en lo más mínimo.

Había realizado un juramento, el pacto de sangre, con el grupo al que servía. Dicho pacto la obligaba no sólo a guardar silencio frente al mundo exterior, a proteger los secretos de la organización, sino también a obedecer sus designios. Pocos sabían que, igual que Lohran, se había opuesto de manera insistente a la ejecución de Níobe.

Sin embargo, allí estaban, frente a frente. Quizás nunca había estado todo lo unida a Prue que estaba a Lohran, pero igualmente había habido un tiempo en que la había considerado amiga. Ahora, ante ella no tenía más que a un cascarón vacío que no podía hacer otra cosa que ladrar. Ni siquiera podía llegar a morder.

Con aparente desinterés, Anyanka se encogió de hombros.

—Hermana, tú no vas a volver a ninguna parte —le dijo, con más frialdad de lo que le hubiera gustado—. ¿Esos a los que proteges? ¿Por los que ocultas información? Te han utilizado. Supongo que te va a dar lo mismo lo que yo te diga, por todo ese rollo de que soy tu enemiga y bla bla bla. —Suspiró con hastío, poniendo los ojos en blanco—. Pero si tienes ese pensamiento, ya te lo adelanto: tú no tienes amigos en este mundo.

Anyanka pensó en lo triste de la existencia que tenía delante. Biológicamente era un ser humano; mentalmente, no era ni siquiera un juguete a medio terminar. La habían alimentado con mentiras y la habían convertido en algo que no era. No existía voluntad alguna allí dentro, salvo la de sus captores. Supo eso antes incluso de de entrar en su mente.

—Te sorprenderías de las cosas que puedo encontrar —le dijo al tiempo que se ponía de pie y se adelantaba para colocarle aquella máscara en la cara—. En fin, acabemos con esta mierda.

Por mucho que Níobe creyese que dentro de aquellas imágenes confusas no había nada útil, Anya tenía una opinión diferente: había caras, había nombres pronunciados… Había información, a fin de cuentas, sobre el Área-M. No sólo le resultaría útil a los radicales, sino también a Lohran, quien tendría la convicción de acabar lo que había empezado.

Así que atesoró toda aquella información en el lugar más seguro que conocía, siendo éste su propia memoria, y finalmente cortó la comunicación. Con cuidado, retiró la máscara metálica del rostro de la antigua Prue Martins y la dejó sobre la mesa. Entonces, miró en dirección al espejo y asintió con la cabeza: el trabajo estaba hecho, y únicamente restaba terminar de una vez por todas con aquel desagradable asunto.

Miró a Níobe, esta vez con una expresión neutra en el rostro, antes de hablarle.

—Deberías recapacitar un poco —susurró—. ¿De verdad crees que eso que he visto es real? Real era todo lo que los Martins te mostraron.

Sabiendo que de la boca de Níobe no saldría nada más que algún patético intento de defender a ese tal Ayax Edevane, y teniendo en cuenta que no quería escuchar una sóla palabra más que saliera de su boca, Anya enmudeció mágicamente a la que en otro tiempo había sido Prue Martins. Justo en ese momento se abrió la puerta de la sala de interrogatorios, y los dos hombres de antes entraron.

Anya no dijo nada más: dejándolos con su labor, se marchó silenciosamente a través de la puerta. Tenía que contar a Lohran lo que había ocurrido allí… y la información que le había pedido que consiguiera.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Miér Feb 12, 2020 10:06 pm

Níobe no se vio sorprendida ni intimidada por Anya. Sabía que era lo que vería en su mente ―exactamente lo mismo que ella recordaba de un año a la actualidad― y no tenía nada que esconder. Ayax Edevane había enviado a Níobe allí siendo consciente de que verían todo de él, algo que no había hecho por necio, sino porque no había otra opción: la única manera de que Níobe fuera cien por cien leal a su cometido era que recordase a Ayax y lo que éste había significado para ella. Si no tenía dudas de sus sentimientos y de lo vivido, su lealtad sería férrea, pero desde que no tuviera nada por lo que luchar...

El pelirrojo podía tener una capacidad emocional nula, pero entendía cómo funcionaba la mente humana.

De todas maneras… seamos sinceros: dentro de lo malo, el pelirrojo no tenía nada que ocultar. Los radicales habían hecho que Níobe perdiese todos sus recuerdos y… ¿qué iba a hacer el pelirrojo? Estudiarla y aprovecharse, ¿acaso no sería idiota si no lo hubiera hecho? Cierto es que él se esperaba que Níobe fuese tan revolucionaria que la matasen antes de leer sus pensamientos pero… puesto a enseñar cosas, no era para nada un secreto que él la había capturado y que trabajaba en el Área-M. No tenía nada que ocultar.

Revivió la única parte de su vida que recordaba y se le hizo muy, muy corto, ver todo aquello por última vez. Pensaba que había decepcionado a su único amigo pero… también pensaba que había dado lo mejor de sí misma.

Cuando le habló por última vez, la mirada de la ex Martins habló por sí sola: la palabras de Anyanka estaban vacías para ella. ¿Qué pretendía? ¿Convencerla a un segundo de que la matasen? “¡Oh, sí, espera, gracias por abrirme los ojos! ¡No me maten!”.

Anya silenció a la muchacha, pero ésta no dijo nada.

Su mirada se desvió hacia la puerta, viendo entrar a dos hombres y… en ese momento sí que sintió algo de temor: su hora había llegado y esos dos tipos eran sus verdugos. Temió más bien por la incertidumbre… ¿habría, en su vida pasada, pasado por algo similar? ¿Su yo del pasado sabría afrontar eso? ¿Sabría a donde iría? Se sentía tan vacía que no sabía si le daba pena morir o hasta alivio…

No duró mucho con vida.

Los hombres tenían muy claro su objetivo y, desde que recibieron luz verde, literalmente hicieron luz verde. No sufrió y su muerte fue rápida, eso sí: sin contemplaciones. Habían elegido a dos miembros que no habían tenido relación con la antigua Prue Martins para que fuera más fácil. Los radicales no querían poner, innecesariamente, a una persona en la tesitura de matar a un ser quierido.

La memoria de Prue estaría presente en todos aquellos que la quería, mientras que Níobe… sería olvidada por sus “aliados” y sus “enemigos”, convirtiéndose injustamente en la asesina de una mujer querida y el arma de un hombre sin sentimientos. Al menos, aunque hubiese muerto siendo quién no era, había muerto creyéndose quién era.


***
Aurore Brenam ― Extirpadora en el Área-M
Área segura de los radicales, fábrica abandonada en Folkestone
Septiembre, 2019

Repentinamente, Aurore despertó de un susto. Creyó estar en el sofá de su salón, totalmente convencida de que todo lo que había vivido no había sido más que una terrible pesadilla fruto de su insomnio. Sin embargo, cuando se despertó en posición vertical y no horizontal, ya empezó a sospechar… por no hablar de que la oscuridad, el polvo que atacaba a su alergia y aquel lugar desconocido no era, ni de lejos, el salón de su casa.

El vello corporal se le erizó del miedo que sintió repentinamente, concienciándose de que todo lo ocurrido había sido real: aquella persona encapuchada le había atacado al salir de la universidad ―pues había ido a darle una cosa a su hijo― y había conseguido no solo reducirla, sino atraparla y secuestrarla.

Temió por su vida y una parte de ella ya era muy consciente de que si estaba en esa situación era porque sería su última vez. ¿Cuántos privilegiados son secuestrados y liberados? Ella, además, era consciente de que lo que hacía creaba controversia, convirtiéndose en la enemiga de muchos… ¿pero qué era lo que había hecho para…?

Sinceramente, había hecho tantas atrocidades esta mujer en el Área-M que ahora mismo lo último que pensaba es que se podría tratar del tema de Prue Martins, alias Níobe. Ella era la extirpadora supervisora y había tenido que ver, pero era un tema que, a sus ojos, era totalmente de Ayax Edevane.

Giró la cabeza a ambos lados, buscando a su captor.

Quizás muchas personas serían capaces de admitir sus errores y aceptar su pena, pero Aurore no era así: ella no quería morir, mucho menos de esa manera.

―¿¡Hola!? ―Alzó la voz, visiblemente perjudicada por la histeria―. ¿Hay alguien?
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Lohran Martins el Jue Feb 13, 2020 11:28 pm

La muerte de un ser querido era un trago muy difícil de digerir. Y si ya de por sí era duro, Lohran no lo estaba llevando nada bien.

Los líderes radicales les habían concedido el derecho de enterrar a su hermana, y así lo habían hecho: Lohran había cavado una tumba con sus propias manos, sin utilizar magia, y habían dado sepultura a Prue en el patio del refugio, sin mucha ceremonia.

Pocos fueron los que se acercaron a presentar sus respetos. Lohran agradeció la visita de Anya y A.J., quienes presentaron sus condolencias, y finalmente también se marcharon. Solo quedaron Lucy y él, contemplando el cuerpo de su hermana envuelto en una vieja sábana, al fondo del hoyo.

Antes de que Lohran empezase a cubrir la tumba con tierra, Lucy sacó de su bolsillo el teléfono móvil de Prue. Lo contempló en silencio durante algunos segundos, y entonces lo arrojó al interior del hoyo, al tiempo que rompía a llorar. No había dicho nada más, ni se había quedado más tiempo; simplemente, se marchó, tratando de conservar la entereza.

Lohran ahogó su dolor en un mar de deseos de venganza. Acudió a visitar a Anya, quien tenía información para él, y le contó lo que planeaba hacer. La bruja señaló lo evidente: que en esta ocasión no iba a contar con el apoyo de nadie, a menos que pidiese ayuda a sus amigos más cercanos. Él declaró que no tenía intención de meter a nadie en aquella mierda. Se bastaba él mismo para hacerlo.

—Y otra cosa, Anya: si me pasa algo, quiero que cuides de Lucy —pidió, y a pesar de que hubo bastante reticencia por parte de su amiga, la obligó a prometer que así lo haría—. Y no te metas en esta mierda por mí, por favor. Ya he jodido a suficiente gente.

Por las noches, apenas dormía. Los fantasmas lo visitaban: Prue, la más insistente de todos; Oliver, un buen hombre que no habría tenido por qué morir; incluso Alden, que se había comportado como un grandísimo hijo de la gran puta. Lohran se culpaba de todas y cada una de sus muertes, y sabía que tenía que hacer algo para que no fuesen en vano.

Había decidido que mataría a Ayax Edevane y a todos los que hubieran tenido algo que ver con la monstruosidad ocurrida con Prue, y eso le llevó a Aurore Brennan.

***

Lohran, vestido de negro, permanecía sentado en una silla, en un rincón de la oscura habitación. Tenía las manos en los bolsillos y esperaba, pacientemente, a que la señora Brennan despertase.

Había sido insultantemente fácil apresarla. ¿Cómo no iba a serlo, teniendo en cuenta que se trataba de una señora que rondaba los sesenta, sino más? Lohran había estado a punto de compadecerse de ella, dejándola ir, hasta que el rostro de Prue, sonriente y perteneciente a una época anterior a su vida como fugitivos, había irrumpido en su mente.

Todavía no sabía qué haría con ella. ¿Sería rápido y limpio, sin sufrimiento alguno? ¿O por el contrario prefería disfrutarlo? Se encontraba en pleno debate interno cuando la mujer se despertó, y Lohran se puso en pie.

—Sí que hay alguien, sí —respondió Lohran con frialdad, aproximándose a la silla que ocupaba la mujer desde atrás—. Usted y yo tenemos una charla pendiente, señora Brennan.

La única fuente de iluminación de la sala consistía en una bombilla desnuda en el centro, y Lohran la encendió. Brennan pudo volver a ver, y ante ella aparecía una pizarra veleda que el brasileño le había preparado: había colocado sobre ella distintas fotografías de Prue, las pocas que conservaba y algunas de su cadáver.

—Está usted aquí por ella. —Lohran señaló la pizarra—. Prue Martins. No se olvide de su nombre, dado que usted y su pequeño aprendiz demostraron tanto empeño en borrarlo de su historia.

Sabía que Prue había dejado de ser Prue a causa del pacto de sangre, pero Edevane y ella no habían tenido impedimento alguno en convertirla en otra persona. La habían utilizado como un juguete, como un arma, y ahora alguien tenía que pagar.
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Ayax Edevane el Sáb Mar 07, 2020 1:29 am

Aquella señora no había sido consciente hasta ese mismo momento de todas las atrocidades que había hecho y, ahora que ella sentía miedo probablemente por primera vez en su vida, se ponía a pensar en todos sus malos actos y las consecuencias de todo lo que había hecho en el Área-M y como persona leal al Ministerio de Magia.

«Al menos nunca me hice la marca tenebrosa» pensaba, en un intento de expiar sus pecados, cuando claramente había tenido intenciones de conseguirla en algún punto y declarar así, abiertamente, su amor platónico por el Señor Tenebroso.

Durante los pocos segundos que duró su incertidumbre, se dio cuenta de que no solo había tenido actitudes negativas como extirpadora, sino también como una mera bruja más en la sociedad inglesa. ¿Aquel hombre querría venganza? ¿Información? ¿Le haría tanto daño como ella había hecho a muchos pacientes de Azkaban?

Tragó saliva y le recorrió un escalofrío eléctrico por toda la columna cuando escuchó la voz de su captor, sin reconocerla en absoluto. Escuchó los pasos de Martins y se giró hacia la figura masculina cuando estuvo a su lateral. Ella sí que reconoció al muchacho: pese a que Ayax fuese el principal encargado del estudio de Prue Martins, alias Níobe, Aurore había sido la extirpadora a cargo de dicha paciente, por lo que se había estudiado su ficha y su historial, por lo que reconocía al mellizo de su paciente.

En ese momento no le costó demasiado hacer las conexiones necesarias para averiguar por qué estaba allí, aunque fue todavía más evidente cuando en aquella pizarra había varias fotografías de Níobe.

Aunque había algo que no entendía.

¿No había liberado Ayax a Níobe para devolvérsela precisamente a su hermano mellizo? ¿O le había mentido para poder sacar a la paciente del Área-M? ¿Querría Martins hacer algún tipo de trato con ella dado que nunca había recibido a Níobe o… precisamente la muchacha había “cumplido con su cometido” y ahora mismo estaba frente a alguien muy, muy enfadado y en busca de venganza?

Negó con la cabeza histéricamente con la cabeza. Pensó en excusar su comportamiento y decir que Prue Martins llegó al Área-M sin recuerdos, pero era lo suficientemente inteligente como para no dar explicaciones innecesarias a aquella persona que no las estaba pidiendo.

Decidió hacer lo más propio en ese momento: suplicar por su vida.

―¿Qué es lo que quieres de mí? ―preguntó desesperada―. ¡Era mi trabajo! ¡Ella fue mi paciente! Además… ¡se te devolvió! ¡Has sido uno de las pocas personas que consigue recuperar a una persona que es encarcelada en el Área-M! No le hicimos daño, ella llegó sin recuerdos… Por favor, no me hagas daño. Yo también tengo familia: tengo un hijo ―No estaba siendo muy inteligente, ¿de qué le servía apoyarse en la familia contra un enemigo al que tú mismo le habías arrebatado sus propios familiares? ―Yo apenas toqué a tu hermana, ¿sabes? Terminó siendo quién era por Edevane. Yo no me dedico a esas cosas en el Área-M, yo soy pocionista, ¿sabes? ¡Lo juro!
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Lohran Martins el Lun Mar 09, 2020 10:24 pm

Desde el momento en que aquella misión, primero de rescate y después de venganza, había dado comienzo, había tenido ocasión de plantarse frente a frente con todo tipo de personajes: Fonollosa, Edevane, aquel extraño mortífago que por algún motivo todavía llevaba una máscara… Había pasado bastante tiempo en compañía de ellos, y si había existido un denominador común, ese había sido la aparente ausencia de todo temor.

No era estúpido, y de la misma manera que él se había sentido aterrorizado en multitud de ocasiones sin demostrarlo, sabía que el ser humano era capaz de enmascarar sus emociones de maneras muy efectivas. Sin embargo, no pudo evitar recordar el encuentro con Fonollosa, que se había dado en circunstancias semejantes a aquellas, o el secuestro de Edevane.

Ninguno de ellos se había mostrado aterrorizado hasta que Lohran había mencionado a sus respectivas familias.

Aquella mujer, en cambio, no tuvo más que ver las fotografías de Prue para suplicar por su vida. ¿Sería una cobarde, o simplemente demasiado inteligente como para pensar que podía salir indemne de aquella situación? Quizás fuese las dos cosas.

«Sea como sea, terminará de la misma manera», pensó Lohran mientras bordeaba la silla para, finalmente, encarar a la mujer.

—Es curioso, señora Brennan —empezó Lohran, con total seriedad. No había un asomo de humor en sus palabras—. Su aprendiz, en cambio, dijo que usted había sido la principal responsable de todo esto. ¿Es una costumbre que tienen los de su calaña? ¿Echarse mierda encima los unos a los otros para salvar el pellejo?

Se trataba, evidentemente, de una pregunta retórica. Esa parecía ser la máxima, pues a pesar de mostrarse valientes, de resistir, finalmente acababan echándole la culpa a otro. Solo había que presionarlos un poco, aunque en este caso no había sido necesario.

—Los de su bando están acostumbrados a lavarse las manos. A creerse moralmente superiores porque cumplen algo a lo que llaman “ley” —le explicó, cosa que seguramente ya sabía—. ¿Dice que mi hermana me fue devuelta? No, no lo fue, y usted lo sabe: me devolvieron un caballo de Troya, y esperaban que acabase con la vida de mis superiores. De acuerdo, pues tengo noticias para usted: no funcionó.

En ese momento, a pesar de lo cegado que estaba por la rabia de haber perdido a su hermana de una manera tan injusta, Lohran no pudo evitar recordar a Oliver y Alden, quienes también habían caído víctimas de aquel juego retorcido que Edevane y la mujer que tenía delante habían estado jugando desde que habían capturado a Prue.

Quizás Alden no mereciese justicia, pero Oliver definitivamente sí la merecía. Por él y por Prue iba a hacer aquello.

—Su pequeño experimento se llevó por delante a mi hermana y asesinó a dos amigos míos. Ha de haber consecuencias —afirmó Lohran con rotundidad—. Primero usted, y después su mascota. —Se refería, por supuesto, a Ayax Edevane—. Pero puede estar tranquila: no tengo la menor intención de hacer daño a su hijo ni a ningún otro miembro de su familia. A no ser, por supuesto, que alguno decida tomar represalias contra mí. Entonces, no me responsabilizo de lo que ocurra.

Dicho esto, Lohran volvió a bordear la silla en dirección al fondo de la habitación. Allí, junto a la silla en que había esperado pacientemente a que su prisionera se despertase, había una pequeña mesita auxiliar con ruedas, sobre la cual había dispuesto varios instrumentos que podría necesitar: un martillo, un cuchillo bien afilado, unos alicates, un rollo de alambre…

Empujó la mesita de vuelta frente a la mujer, a fin de que pudiese ver claramente aquellos instrumentos. Se puso a sopesarlos en ambas manos, descubriendo que a la hora de la verdad le temblaban, y entonces miró a la mujer.

—¿Cómo prefiere morir, señora Brennan? —le preguntó, como si aquello fuese un restaurante y le estuviese mostrando la carta. Mientras lo hacía, tomaba el cuchillo, preguntándose si prefería apuñalarla en el corazón, provocarle cortes hasta que se desangrase, o rajarle la garganta.

Aquellas preguntas hicieron que las manos le temblaran visiblemente, con más intensidad. Después de todo, a pesar del odio y la rabia que sentía, jamás antes había arrebatado la vida a un ser humano...
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Ayax Edevane el Jue Mar 12, 2020 11:00 pm

Una cosa estaba clara: Aurore Brennen no había sido Gryffindor precisamente.

Ahora mismo la mujer había adoptado unas medidas un tanto sucias y cobardes, pero lo sentía mucho por su ex pupilo Ayax Edevane: su vida valía mucho más que la de él y si podía convencer a Martins de que él había sido el completo culpable para ella salir impune, hasta le daría la dirección de su casa para que fuera a matarlo en cuestión de minutos. Bueno, ni eso: ¡hasta se aparecía en la puerta de su casa y ella misma se lo capturaba!

Ni era valiente, ni tenía honor. Era de esas personas que, por sobrevivir, entraban en un estado en el que ni ellas mismas se reconocían, pero era un estado tan basado en la histeria y la desesperación que tampoco tenía oportunidad de reflexionar sobre sus acciones.

―¿¡Qué!? ¡Claro que no! ¡Miente! ¡Está mintiendo! ―respondió sobre la marcha cuando dijo que Ayax había dicho que ella había sido la máxima responsable. La rabia en ese momento hizo que cualquier tipo de remordimiento por vender a Edevane desapareciese―. ¡Él era quién se pasaba todos los días con Prue, convenciéndola de todo lo que se convirtió! ¡Yo apenas tuve que ver con su conversión!

Era cierto que, en términos burocráticos, como Ayax Edevane era un simple becario, Aurore había sido la extirpadora a cargo de Prue Martins, alias Níobe. Sin embargo, como Ayax le había pedido expresamente tiempo para poder hacer de ella un arma y, sobre todo, ver si podía entender qué ocurrió… pues Aurore había delegado el futuro de Prue en él, pues tampoco era una paciente que realmente le hiciera falta para ninguno de sus experimentos.

No era capaz de quedarse callada, pues sentía que si hablaba, lo mismo alguna palabra desesperada podía convencer al tipo.

―¡Pasó mucho tiempo bajo nuestro poder, no teníamos intención de mandarla a ningún sitio que hasta que exigiste recuperarla! ―Se explicó―. Ayax estaba intentando averiguar qué le había pasado, por qué de repente no había resquicio alguno de personalidad ni de memorias en su mente. Cuando capturaste a su hermana, Edevane fue quién implató esa idea en la cabeza de tu hermana. ¡Fue él, lo juro! ¡Soy pocionista!

La verdad es que Aurore no estaba demasiado preocupada por su hijo en ese momento: intuía que si no estaba allí no iba a ser asesinado y, teniendo en cuenta cómo eran ese tipo de venganzas, si Martins hubiera tenido intención de matar a su hijo también, hubiera tenido más peso emocional y hubiera sido más cruel si estuviera ahora mismo allí y lo matase primero delante de la propia Aurore.

Así que ahora mismo la extirpadora solo estaba preocupada por sí misma.

―¡Yo no soy la venganza que buscas! ―Le gritó al ver que se daba la vuelta. Lo siguió con la mirada, sin poder evitar seguir pidiendo misericordia―. Te prometo que no hice nada con tu hermana: delegué todas las decisiones de Prue en Edevane. No es mi muerte la que buscas para pagar la de tu hermana…

Escuchó las ruedas de una mesita rodar hasta ella y, cuando llegó justo en frente y vio lo que tenía encima… ¿de verdad pretendía matarla como si fuera un cerdo en un matadero? ¿Pensaba cortarle los dedos uno a unos con esos alicates? ¿Rajarle el cuello y esperar a que se muriera lentamente? ¿Golpear con el martillo cada una de sus articulaciones hasta que el dolor la dejase sin consciencia?

Se mareó solo de pensar todas las crueles posibilidades y no vomitó solo de milagro.

Ante su pregunta, Brennan sólo pudo alzar la mirada como un perro a punto de ser castigado.

―Por favor, no me mates ―imploró sin orgullo alguno―. Siento mucho lo que le ha pasado a tu hermana, pero estamos en guerra y cada uno tiene su posición. No debería de haberte sido devuelta: quien entra en el Área-M, normalmente termina sus días en el Área-M… ―No sabía si lo que estaba diciendo era bueno o no, sinceramente, pero solo quería hablar―. Por favor, te lo pido: no me mates.
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Lohran Martins el Sáb Mar 14, 2020 10:25 pm

Siempre lo mismo: uno acusaba al otro, y cuando el otro caía en las manos de Lohran, acusaba al uno. Las serpientes parecían naturalmente inclinadas a la traición, y el brasileño no pudo más que preguntarse si el llamado “Señor Tenebroso” realmente podía contar con semejante ejército de cobardes.

Sin embargo, una cosa debía reconocer: el nivel de cobardía de aquella mujer hacía parecer valientes a muchos otros de su bando.

Según aquella mujer, Ayax Edevane era la mente maestra detrás de todo aquel plan, quien había introducido el caballo de Troya en las filas de los radicales. Fingió escuchar a la mujer con atención, como si lo que estaba diciendo pudiera influir en lo más mínimo en cómo iban a terminar las cosas, y no la interrumpió. Finalmente, declaró de nuevo ser pocionista, algo totalmente relevante para la situación.

—Sí, ya me he enterado de eso. Gracias —respondió, como si tal cosa, sin mostrar un ápice de duda con respecto a sus próximas acciones.

Cuando decidió ponerse serio e ir al grano, asegurando que las cosas sólo podían acabar de una manera y mostrando a la mujer las herramientas de que disponía, el pánico se adueñó de ella. No podía decir que la culpase, desde luego, pues él mismo había estado frente a frente con la muerte en más de una ocasión. Sabía la ansiedad que provocaba semejante perspectiva, y cómo cada fibra de tu ser parece sentir un profundo rechazo ante la idea de convertirte en nada.

Quizás fue por eso que le temblaron las manos. Que dudó. Y una vez más se preguntó si sería capaz de cumplir con sus amenazas.

La bruja intentó, a la desesperada, implorar por su vida. Le ofreció incluso una de las disculpas más falsas, más rastreras y desacertadas, que Lohran había escuchado en toda su vida. Fue por eso que la fulminó con la mirada, y que la mano que sostenía el cuchillo dejó de temblar momentáneamente. Sintió un deseo muy poderoso de atravesar el pecho de aquella sabandija con la hoja del cuchillo, pero se reprimió.

En lugar de eso, se lanzó sobre ella y le colocó la filosa hoja sobre la garganta, todavía sin cortarla. Su rostro quedó apenas a milímetros del suyo, los ojos abiertos como platos. Su expresión era de pura rabia.

—Cierra el pico —ordenó con frialdad, luchando contra el impulso de acabar con todo aquello de una vez—. ¿Piensas que es tan sencillo, maldita hija de puta? ¿”Cosas que pasan, estamos en guerra”? ¡¿Piensas que es tan jodidamente sencillo?! —Esto último se lo gritó, directamente a la cara, sus ojos aún más desorbitados. Su puño estaba tan firmemente cerrado que comenzó a temblar de nuevo—. Debe ser muy cómodo formar parte de tu bando, ¿verdad? Simplemente os laváis las manos, y aquí no ha pasado nada. Demasiado cómodo, diría yo. Pues ¿sabes una cosa? ¡Se acabó la comodidad!

Fue como si su mano se moviese por sí misma, y cuando quiso darse cuenta, la hoja del cuchillo se deslizó sobre la garganta de la mujer, abriendo una herida. La sangre comenzó a manar, salpicándolo, y retrocedió algunos pasos. Se miró las manos y, como si le quemara, soltó el cuchillo que acababa de utilizar. Éste cayó al suelo con un repiqueteo metálico.

«¿Qué coño acabo de hacer?», se preguntó, al tiempo que volvía a mirar a Brennan. La encontró forcejeando débilmente con sus ataduras, ahogándose poco a poco en su propia sangre. «¿Qué coño he…?»

Mientras la captora de su hermana moría lentamente ante sus ojos, Lohran hizo un esfuerzo por recordar que eso era, precisamente, lo que había ido a hacer. Que sí, esa había sido la primera vida que se cobraba, pero que era lo que debía hacerse. Aquel monstruo era parcialmente responsable de la muerte de Prue, y lo que había hecho era justicia.

«Esto no parece justicia», pensó débilmente, contemplando lo que ya era un cuerpo sin vida ante sus ojos. Momentos antes, aquella mujer suplicaba por su vida y ahora, sin más, había dejado de existir. «Pero era lo que tenía que hacer.»

Y si eso era lo que tenía que hacer… ¿por qué se sentía como si hubiese cometido un error tremendo? ¿Por qué se sentía como un monstruo?

«Un monstruo es lo que tienes que ser», se recordó a sí mismo, obligándose a pensar en Prue y en sus compañeros muertos. «Ya tendrás tiempo de sentirte culpable cuando todo esto haya terminado.»

***

Quizás fue ese mismo monstruo el que impulsó sus siguientes movimientos. El que llevó a Lohran a desatar el cadáver de Brennan y llevárselo por medio de la aparición al mismo centro neurálgico del comercio mágico: el Callejón Diagon.

Era bien entrada la noche cuando lo hizo, por lo que nadie le vio dejarlo en plena calle. Se marchó de la misma manera que había llegado, y se limitó a esperar.

A la mañana siguiente, después de una noche de insomnio, la muerte de Aurore Brennan apareció en El Profeta, en un artículo en que se alababa su labor de investigación en el Área-M, poniéndola casi al nivel de una heroína sin capa. Dicha noticia también aseguraba que el responsable sería llevado ante la justicia.

Lohran recibió esta noticia con apatía, demasiado preocupado por la siguiente fase de su plan. Y es que todavía quedaba alguien que debía morir: Ayax Edevane.

Dejar a Brennan en medio del Callejón Diagon había sido un mensaje para su enemigo, una declaración de intenciones. Sabría lo que se le venía encima, y viviría la agonía de la espera, igual que la había vivido él cuando le habían arrebatado a Prue. Y, al final, cuando ya no pudiese soportarlo más, Lohran acabaría con su vida.

Si lo había hecho una vez, podía hacerlo dos veces.
Lohran Martins
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Ayax Edevane el Mar Mar 17, 2020 12:38 am

Todo fue tan repentino que Aurora Brennan no tuvo más tiempo para poder seguir suplicando por su vida. De repente sintió un dolor punzante en su garganta y lo siguiente que visualizó fue como todo su cuerpo se llenaba de sangre y cómo todo dolor desaparecía para dar paso a la desesperación y a la pura realidad. Aquel tipo acababa de terminar con su vida… y ni siquiera en ese momento pudo sentir que aquello era justicia, ¿qué culpa tenía ella de que su hermana hubiera terminado en sus manos? ¿Era realmente aquello… un acto justo?

Sin embargo, si bien a la familia de Aurora le afectó bastante la muerte de la misma, pues no sabían qué persona querría su muerte, a quién más le afectó fue a Ayax Edevane.

Cuando se enteró al día siguiente del homicidio hacia la extirpadora con la que había compartido lo de Prue Martins, lo vivió como lo que era: un mensaje y un aviso. No hacía mucho que habían liberado a Níobe y, por el tiempo que había pasado, era fácilmente asumible que ya habría sido eliminada por ser un gran problema para Lohran y los radicales.

Eso o podrían volver a haber dejado su mente como si nada y convencerla de su auténtica identidad, pero Edevane sabía que ni los radicales eran así y que lo que fuera que la había pasado a Prue en la cabeza sería algún tipo de mecanismo de defensa pues, a fin de cuentas, el Ministerio contaba con los mejores legeremantes de toda Inglaterra. O casi todos, pues algunos de los mejores expertos mentales eran fugitivos, pero nadie decía eso en voz alta. No al menos nadie que fuese leal al Ministerio de Magia, por supuesto.

Así que ese día Ayax volvió a casa pronto y asustado. Su madre notó que le pasaba algo a su hijo y él no dudó en contar todo lo que sospechaba: que Lohran Martins había sido el asesino de Aurora Brennan y que él era el siguiente…

Obviamente, partiendo del hecho de que Ayax era un poco paranoico y que no había pruebas fehacientes para nada, los padres decidieron intentar quitarle esa idea de la cabeza, pues consideraban que no tenía fundamento y se debía a la gran preocupación de su hijo con todo el tema de Níobe, Lohran Martins y el secuestro de su hermana mayor.

Por mucho que le hubieran intentado convencer, él no podía quitárselo de la cabeza. ¿Y si daba con él y lo capturaba con la misma facilidad que lo hizo la primera vez, con la diferencia de que ahora lo rajaría por lo sano sin darle oportunidad a nada? Ayax temía a la muerte; claro que sí.

Pero tampoco podía vivir en paranoia y, obviamente, de nada le servía tener miedo. Sin embargo, a partir de ese momento casi que le tenía miedo hasta de que le persiguiera su propia sombra.


***
Una semana después

Era el cumpleaños de Bruno Edevane y, como siempre, toda la familia lo había celebrado “amorosamente” ―dentro del amor que se profesan los Edevane― en casa. Gracias a esto, Angelica había venido de Francia para poder estar con su padre en su celebración. Evidentemente la hermana mayor se había enterado de todo y también había tranquilizado a Ayax. Él no sabía la “relación” que la muchacha había tenido con sus captores, pero apostaba a que Lohran no sería capaz de hacer algo así si no fue capaz de matarla a ella y liberarla.

Quizás estaba siendo una ingenua, pero confiaba en que así fuera.

Fue la propia Angie, al ver a su hermano tan preocupado, la que intentó “despejarlo” diciéndole de ir a comer un día después de trabajar. Cierto que Angelica no tenía ahora mismo demasiada simpatía por su hermano por todo lo que había hecho ―cosas que ella consideraba horribles―, pero a pesar de eso no podía olvidar lo que siempre había sido su hermano para ella. Quizás también era ingenua con esto, pero confiaba en que Ayax en realidad no era así de malo, sino que no había sabido apoyarse en la gente correcta y que aún podía cambiar.

La cosa entre ellos iba a perecer bastante en los próximos meses, pero Angelica quería darle una oportunidad. Evidentemente la pelirroja todavía no sabía lo que había pasado con Níobe al cien por cien, motivo por el cual le estaba dando ese voto de confianza.

Así que ese día, tras salir del trabajo, se apareció en el Callejón Diagón. Ese día había un evento importante en Hogsmeade, por lo que el Callejón estaba bastante vacío en comparación a otras veces, sin embargo, seguía siendo un sitio mágico y Ayax se sentía mucho más confiado en un lugar así. De hecho se notaba, ¿cuánto tiempo llevaba yendo al Callejón Diagón y a lugares mágicos para así evitarse el miedo de ser atrapado? Quizás no estaba siendo todo lo inteligente que le gustaría.

Miró su reloj para ver si había llegado demasiado pronto, pero de hecho llegaba tarde. Angie se encontraba en el Caldero Chorreante a la espera de la llegada de Ayax, sabiendo que era totalmente inminente y algo preocupada por al actitud de su hermano.

―Perdone ―dijo Ayax al chocarse con la única persona que parecía estar en la zona, siguiendo de largo sin prestar atención, pues su mirada se veía casi puesta permanente en el suelo.
Ayax Edevane
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Lohran Martins el Mar Mar 17, 2020 10:00 pm

Apenas unas horas después de deshacerse del cuerpo de Aurore Brennan, Lohran había visitado a su hermana. Estaba visiblemente alterado, por lo que la joven —que entonces todavía tenía una libertad de movimientos muy limitada— no había tardado en darse cuenta.

Sentado al borde de su cama, su hermana sosteniéndole las manos entre las suyas, Lohran había terminado confesando su crimen.

Habría esperado un reproche por parte de Lucy, desde luego, y una parte de él pensaba que sería totalmente merecido. Lo que nunca habría esperado eran las palabras que la más joven de su familia, lo único que le quedaba en el mundo, le dijo en aquellos duros momentos.

—Hiciste lo que debías. No podían salirse con la suya. —Había dolor en sus palabras, un dolor contenido.

Luciana había sufrido más que nadie con aquella situación. A los líderes radicales poco o nada les había importado, comportándose de una manera fría. Habían acabado con el problema, sin importarles demasiado las consecuencias. No les importaba haber destrozado emocionalmente a una muchacha que, hasta el final, había creído que todavía podría recuperar a su hermana mayor.

Lucy lidiaba ahora con las consecuencias de la pura realidad: su esperanza no había servido absolutamente para nada, pues todo lo que tenía de su hermana eran recuerdos y un cadáver enterrado en el patio.

Su hermano mayor no pudo evitar sentir que algo se le rompía por dentro al escuchar aquellas palabras, y no supo qué decir.

—La culpa es mía —declaró ella, entonces—. No debí convencerte para dejar escapar a la Edevane.

—Lucy… —Se sintió contrariado ante aquella afirmación.

—No. Tenías razón. —Su voz empezaba a quebrarse. El llanto era inminente—. Si todavía la tuviéramos en nuestras manos, quizás habríamos podido...

Pero no dijo más. Allí dónde estaba, Luciana Silva rompió a llorar, llevándose ambas manos al rostro. Lohran no dijo nada, limitándose a envolverla con sus brazos, consolarla, y depositar un suave beso en su cabeza.

***

Lohran se había decidido: Ayax Edevane moriría también.

El asunto de Níobe había generado desconfianza hacia su persona, pero todavía quedaban en el refugio personas que estaban dispuestas a echarle un cable. En esa ocasión, además, no habían tenido que correr riesgos: únicamente se habían limitado a observar a Edevane, a fin de que el brasileño pudiese atacarle cuando estuviera más indefenso.

El chico había reducido notablemente su presencia en las calles del Londres muggle, pero no había dejado de frecuentar lugares mágicos. Y si bien, sus salidas solían ser bastante cautas y rápidas, Lohran sabía que en algún momento bajaría la guardia lo suficiente como para apresarlo.

O matarlo, directamente.

Eso fue lo que ocurrió aquel día, una semana después: sus contactos le chivaron que Angelica Edevane, la misma mujer que había estado bajo su cautiverio, se encontraba en el Caldero Chorreante. Lohran decidió que no tendría una ocasión mejor que esa para cobrarse la venganza: la atraparía y después obligaría al aspirante a mortífago a entregarse a cambio de su libertad.

Sin embargo, cuando se apareció en el Callejón Diagon, la fortuna le sonrió: el mismísimo Ayax, cabizbajo, caminaba en dirección al Caldero Chorreante.

Había hecho una promesa al chico, y pensaba cumplirla: su hermana no sufriría daños, pero él sí. Él iba a morir allí mismo, desangrándose lentamente en el suelo de ese mundo mágico que había rechazado a los que eran como Lohran.

Con la capucha puesta y las manos en el bolsillo, salió al encuentro de Ayax y se chocó con él. El chico iba tan atento al suelo, tan cabizbajo, que ni se dio cuenta de lo que sucedía. Lohran se decidió a darle una buena bofetada de realidad.

—¿Recibiste mi mensaje? —le preguntó directamente, al tiempo que sacaba la varita y le apuntaba con ella—. Más te vale no intentar nada, a no ser que quieras que esto deje de ser algo entre tú y yo y termine incumbiendo también a tu hermana...

¿Tenía realmente intención de hacer daño a Angelica Edevane? Realmente, no. Por lo que a él respectaba, la pelirroja no tenía nada que ver con su hermano, y desde luego que no tenía nada que ver con los monstruosos experimentos que él y Brennan habían llevado a cabo.

—La señora Brennan parecía estar muy convencida de que tú eras el principal responsable de lo que ocurrió con mi hermana. —Lohran hablaba en voz relativamente baja, a fin de no llamar demasiado la atención de cualquier transeúnte que pudiese aparecer en las inmediaciones—. Me resulta curioso, pues tú me dijiste lo contrario. ¿A quién debo creer?

La respuesta correcta era que le daba exactamente lo mismo: Ayax Edevane había firmado su sentencia de muerte. Si Lohran le estaba hablando era porque… ¿de verdad a la gente le parecía tan sencillo quitar una vida? Había matado a Brennan en un ataque de ira, y ni siquiera en aquel momento sabía si sería capaz de llevar a cabo la última parte de su venganza...
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Ayax Edevane el Lun Mar 23, 2020 12:40 am

Su único focus en ese momento era llegar al Caldero Chorreante y pedirse una comida que pudiese hacerle feliz y dejar de lado la paranoia que tenía. Estaba bastante harto de las medidas de seguridad de algunos centros mágicos. Desde hacía tiempo que el Caldero Chorreante no permitía apariciones en el interior ni muy cerca, ya que no quería facilitar la huida a nadie, ni mucho menos que la gente considerase aquel lugar un lugar en el que propiciar una guerra y luego huir como cobardes.

Sin embargo, no llegó, pues cuando se chocó con aquella persona, totalmente distraído, resultó ser precisamente la única persona de toda Inglaterra a la que no quería ver en ese momento.

Lo primero y único que pudo hacer fue girarse y alzar las manos en señal de inocencia y… bueno, no tenía la habilidad supersónica de sacar su varita así de rápido para poder defenderse de cualquier cosa, por lo que solo le quedaba una opción: dialogar. Correr quedaba descartada, no tenía la varita para desaparecerse en ese momento y estaba demasiado cerca de Lohran y… bueno, ya había quedado claro que a hostias limpias ganaba Martins.

―Oye, yo…

Mira que había pensado en muchas ocasiones en esa posibilidad, para saber cómo defenderse, pero ahora mismo estaba sintiendo tanto miedo por su vida, por ver salir un rayo verde de esa varita, que su cerebro no procesaba lo que había memorizado para decir. Casi sintió que se quedaba sin aliento y, en ese momento, pensó en que se arrepentía de muchas cosas.

Se sorprendía ante su propia psicología.

―A mí ―respondió totalmente automático. Ya había matado a Aurora, ¿qué más daba a quién creer? ¿O pretendía que le dijera que a ella, ahora que estaba muerta? Ayax sabía la responsabilidad que tenía y sabía que si el karma existía, lo mismo esos eran los últimos minutos ―siendo optimistas― de vida que le quedaban. Aún así, lejos de motivarse por ser honesto en sus últimos momentos, él quería mentira para ganarse el perdón―. Ella era la extirpadora, yo soy extirpador ahora pero antes era solo un becario. Trabajábamos juntos, pero ella era quien llevaba todo. ―Repitió casi como un robot, sin pensar demasiado en las consecuencias.

Su cerebro dijo: “dilo” y él solo le hizo caso a su primer impulso. Poco a poco, de manera instintiva, quiso retroceder. ¿¡Por qué no había nadie en ese asqueroso callejón que le ayudara!? ¿¡Precisamente hoy tenía que estar todo tan vacío!? Y... ¿qué narices hacía él allí? ¿Cómo era posible que hubiera dado con él, en ese momento, de esa manera?

Por una parte se sentía minusculamente aliviado de que hubiera dado con él y no, de nuevo, con alguno de sus familiares, pues temía mucho que hubiese querido tomarse la venganza matando a un igual. Eso sí que no se lo perdonaría: la muerte de Eva o de Angie como pago por haber "matado" a Prue Martins.

―Te devolví a tu hermana y te advertí que no era la misma, Martins... ―añadió, aún con las manos ligeramente en alto.

Mientras tanto, Angelica no esperaba en el Caldero Chorreante a Ayax, sino que, ajena a la hora que era, estaba en Flourish y Blotts buscando un libro que quería leerse y soñando, con una sonrisa en la cara, con como sería llevar al hijo que llevaba en el vientre cuando tuviera once años, por primera vez, a esa tienda a comprarse los libros para entrar a Hogwarts. Aún no entendía como podía entrarle esos sentimientos, pero no podía dejar de pensar en el futuro.
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