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[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha}

Gwendoline Edevane el Dom Oct 20, 2019 8:06 pm

[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} GjuLMLy
Miércoles 16 de octubre, 2019 || Nueva York, Estados Unidos || 23:47 horas

Gwendoline mantenía toda su concentración fija en un objetivo: había puesto el ojo sobre él, y como buena cazadora que era, no pensaba dejarlo escapar.

Su presa no se había dado cuenta de que la perseguían, pero tampoco se había detenido en ningún momento. Su nerviosismo era más que evidente. Intuía algo. Lo olía.

Todavía no era el momento de pasar a la acción. Si quería minimizar riesgos, no podía arriesgarse a fallar. Un fallo podía suponer la muerte. Así que continuó acechando a su presa hasta que ésta alcanzó la pequeña casa de tablones semiderruida que se alzaba cerca del lecho del río.

Ese era el momento.

Gwendoline sonrió. Se lamió los labios, anticipando el momento del frenesí, y avanzó un par de pasos para tener una mejor vista del objetivo. Alzó su fusil, puso el ojo en la mira, y enseguida obtuvo una vista ampliada de su presa. Ya estaba hecho.

Sonó un disparo.

Gwendoline dio un respingo, sorprendida, al ver en pantalla a su avatar asesinado vilmente. En pantalla, el nombre de un tal Noobmaster69 se mostraba como su asesino. La joven aporreó la mesa con su mano desnuda, y el teclado de su ordenador dio un bote.

—¡Maldito seas, Noobmaster69! ¡Es la tercera vez que me matas ahí! ¡Maldito campero! —gritó la mujer, sabiendo que el tal Noobmaster no podía escucharla: la única persona a la que tenía al otro lado de aquella llamada de Discord era a Sam—. ¡Tía! ¡¿Te crees que hay derecho a eso?! ¡Se cree muy gracioso con ese nombre sacado de los Vengadores!

Muerta, sin poder hacer nada, y con un pique considerable, Gwendoline se cruzó de brazos y se hundió en su silla de ordenador. Puso morritos. Llevaba muy mal que le matasen de una manera tan sucia, utilizando un truco tan asqueroso como ese. ¡La había dejado confiarse, creyendo que tenía una muerte asegurada, y entonces la había matado!

—Espero que le reportes al final de la partida. Lo harás, ¿verdad? —pidió a la rubia, todavía enfurruñada.

Aquella era su mayor preocupación en aquel momento: que el maldito Noobmaster se llevase su merecido reporte. ¡Con suerte le banearían la cuenta! «Ya, seguro: con suerte, me llevaré yo algún tipo de amonestación por reportarle», se quejó mentalmente.

—Todas mis esperanzas están puestas en ti, Samantha. ¡Vamos, acaba con él! —animó, y pulsó la tecla que le permitía seguir la partida de su amiga.



Gwendoline Ava Jones
24 años MuggleHumana
EstudianteCamareraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Gwen

Datos:
• Sus padres están casados y viven en Bangor, Maine. Su padre es escritor (o lo intenta) y su madre trabaja en el Hollywood Casino Hotel & Raceway. Tiene una hermana pequeña llamada Charlotte.
• Vive en un piso de estudiantes compartido, lo único que puede permitirse pagar.
• Estudia Arte en la New York School of the Arts, cursando su último año. Tiene un moderado talento, que compensa con creces con su entusiasmo y sus ganas de aprender.
• Tiene un empleo de camarera que generalmente desempeña los fines de semana. No obstante, no es extraño que trabaje también alguna tarde entre semana, cuando necesita sacarse un ingreso extra y alguna de sus compañeras quiere librar.
• Su interés por los videojuegos online nació de una necesidad de evadirse de su ajetreada vida. Empezó a jugar en su primer año de universidad, y desde entonces se ha interesado por otros juegos. Su compañero de piso, Max, a veces le presta su PlayStation 4. Actualmente está intentando pasarse un juego dificilísimo llamado Sekiro: Shadows Die Twice.
• Se pica mucho jugando a videojuegos, especialmente cuando pierde o cuando su ordenador anticuado no es suficiente para jugar como es debido.
• No tiene mascotas, pero le gustaría tener un perro de tamaño grande.
• La agobia demasiado el metro (su madre cree que tiene un principio de claustrofobia), por lo que de utilizar un transporte público, prefiere el autobús. También tiene una bicicleta, que utiliza para desplazarse en trayectos cortos.
• Su habitación es su pequeño desastre personal, y siempre se dice que la ordenaría si tuviese tiempo.
• Sus amigos y compañeros de piso piensan en ella como una persona asexual, puesto que en esta realidad tampoco ha mostrado interés alguno por mantener una relación sentimental o sexual de ningún tipo con nadie. ¿Cambiará esto en un futuro?




Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:08 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
Imagen Personalizada : [IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} 9guYyyq
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Oct 21, 2019 3:21 am


Samantha Amelia Williams
24 años MuggleHumana
EstudianteNiñeraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Sam

Datos:
• Sus padres están divorciados, pero ambos están felizmente casados de nuevo y tiene dos hermanos menores.
• Vive con su padre, su madrastra (con la que se lleva muy bien) y su hermana pequeña.
• Estudia veterinaria y va por el último año, en donde sólo le quedan las prácticas que ya está cursando y el proyecto final.
• Hace de niñera los fines de semana para ganarse algunos ahorros y ayudar a sus padres, pues le pagan la universidad y sabe que es carísima. Sin embargo, sus padres siempre insisten en que se quede ella el dinero y lo ahorre.
• Hace años que su amigo Santi la sacó de sus videojuegos estratégicos y rancios, tipo Age of Empire 2, Los Sims y otros muchos, para meterla en el mundo de los videojuegos online.
• Quiere independizarse desde hace tiempo.
• Tiene un gato cariñoso que se llama Tofu, el cual adoptó de una camada desde que era chiquitín. De esto hace ya un año.
• Sigue siendo lesbiana y vegetariana, ¡obviamente!




Se había hecho muy fan de los shooters desde hacía años y la verdad es que no se le daban nada mal. Probablemente por eso se había hecho fan, porque Samantha era de esas que no jugaban a los videojuegos que se le daban mal, ¿por qué? ¿Qué clase de masoquismo era ese? Había pasado de avasallar a los bizantinos en el Age Empire 2―pues el tres no le gustaba―, a cabrear a rusos y niños ratas en videojuegos online en primera persona. ¡Menudo cambio más drástico! Había tenido que cambiar su portátil por un sobre mesa y ya no podía, definitivamente, jugar desde la cama sentada, ¡tenía que concentrarse!

Ahora mismo estaban jugando al Counter Strike porque habían salido un nuevo parche para poder jugar dúos, por lo que llevaban un buen rato desde la cena jugando.

Era habitual entre ellas llamarse todas las noches por discord, bien para jugar o bien para hacer cualquier tontería. Con tal de estar hablando mientras hacían algo juntas―o directamente no hacían nada más que bajar en la línea infinita de facebook y se pasaban memes―les valía. Ese día, sin embargo, habían dejado su tan amado PUBG para jugar un par de Counter Strike, dándose cuenta de que estaban un poco oxidadas.

Habían matado a Gwendoline en la última ronda y… ¡y quedaba ella sola contra los otros dos! Para colmo, el dichoso campero estaba en el mismo sitio del mapa en donde podía cubrir perfectamente en donde colocar la bomba―pues Gwen y Sam eran terroristas en ese momento y había que plantar la bomba―y el otro a saber en donde estaba.

Sam iba con la francotirador, además de una pequeña pistola metralleta. Dio la vuelta al mapa rápidamente mientras Gwendoline hablaba de reportes y camperos, sin poder responder de los nervios. Si perdían esa ronda, perdían, pero si ganaban, tenían la oportunidad de empatar en la siguiente.

Nada más salir de su escondite, plantó la bomba en el punto y escuchó pasos a la derecha. Apuntó hacia allí con el francotirador y… ¡PUUUUUUUM!

―¡¿Has visto eso?! ―Se rió―. ¡Él no lo vio venir!

Su avatar comenzó a saltar para esconderse rápidamente, sacando el cuchillo para correr más rápido. Se escondió detrás de una caja y sacó la pequeña pistola ametralladora. Entonces, todo se sumió en silencio… Solo se escuchaba el pi, pi, pi, pi, de la bomba y ningún paso enemigo. Sin embargo, el enemigo cometió un error: bajó un escalón y se escuchó, por lo que Sam identificó en donde estaba.

Cuando el enemigo empezó a desfusar la bomba, Sam salió y le disparó por la espalda, pero éste se dio la vuelta y empezaron a intercambiarse disparos como dos estúpidos sin que ninguno le diera al otro. Utilizaban como objeto intermedio para protegerse y recargar, hasta que al final Sam se puso nerviosa en el último intercambios de tiros.

―¡Ahhhh! ¡No, no, no! ¡Noooooo! ¡Ayyyyy! ―¡Ella lo estaba intentando! ¿¡Por qué no entraba ninguna bala!? De repente, su personaje cayó muerto al suelo y salió un mensaje de “han ganado los anti-terroristas”, para entonces―: Jo. Me morí.

Justo se abrió la puerta de su habitación en ese momento. Era Luca, que se iba a ir a dormir.

―Baja la voz, cariño, que Annie está durmiendo.

―Perdón ―le respondió, recibiendo un beso volando antes de cerrar la puerta.

Entonces volvió a la ‘realidad’ de la conversación con Gwendoline y el mensaje de derrota en la pantalla del ordenador.

―Qué mal tía, me puse nerviosa ―reconoció divertida―, eso y que soy malísima, ¿vale? ¿Pego el cholazo ese con la franco a esa distancia y luego no le doy ni una? ¡Suertudo! ―Decía mientras automáticamente reportaba al que había dicho Gwendoline, aunque luego se dio cuenta de que no había ningún motivo por lo que reportarlo por “campero” por lo que al final le terminó dando a cancelar porque no quería que le amonestaran por reportar sin sentido―. Ay, qué tarde es… ―dijo al cerrar el juego, viendo la hora en el ordenador.

Mañana tenía que ir a prácticas en el Monte del Destino. Tenía que coger el metro durante una hora, hacer transbordo para quince minutos más y así poder llegar a la granja en donde estaba haciendo las dichosas prácticas de veterinaria. Menos mal que entraba a las nueve o debería de haber estado durmiendo hace tres horas.

―Oye ―habló después de un pequeño silencio―: Por Halloween van a hacer una fiesta los de veterinaria en la casa de campo de uno de ellos. Son quince dolares con comida y bebida, ¿te gustaría venir? ―preguntó, pues esa mañana uno de sus compañeros se lo había recordado y sabía que se le había olvidado contárselo a Gwen.

Sam le había contado a Gwendoline lo fan que era de las fiestas que montaban los de veterinaria y, por el momento, la rubia tenía intención de ir. Sabía que el dinero era un problema, pues quince dolares son quince dolares, pero ella no tenía problema en ayudarle a pagarlo si estaba mal de dinero.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:49 pm

Desde el momento en que en su pantalla apareció el avatar de Sam —tan genérico como el suyo propio—, Gwen entró en un estado de profunda tensión. Subió los pies a la silla, encogiendo las rodillas contra el pecho, mientras se mordisqueaba las uñas. Algunos dirían que se tomaba muy en serio aquellas partidas, y seguramente no les faltaría razón, pero a ella le daba exactamente lo mismo.

La estrategia de su amiga y su precisión con el fusil de francotirador supusieron el fin de Noobmaster69, quien tras su espectacular muerte únicamente pudo desatar su frustración a través de la ventana de chat: acusó a Sam de ser una tramposa y pidió el habitual reporte.

—¡Te aguantas, campero de…! —empezó a decir Gwen, pero se interrumpió. ¿A quién pretendía engañar? Ella no decía palabras malsonantes, ni en este universo ni en ningún otro.

Celebrando aquella venganza y totalmente incapaz de hacer otra cosa que seguir el transcurso de la partida, la chica siguió contemplando las jugadas de su amiga. Si en aquellos momentos Freddie Mercury le preguntase si estaba colgando del borde de su asiento, podría decirle que sí: cada vez se inclinaba más hacia delante, hecha casi un ovillo, y no sería sorprendente que terminase en el suelo en algún punto, si la partida seguía así de emocionante.

Pero, para terrible desgracia de ambas, mientras su amiga utilizaba la bomba como un reclamo para sus enemigos, uno de ellos logró acabar vilmente con su vida… aún a pesar de que Sam le metió varios tiros en la espalda.

—¡Pero bueno…! —exclamó Gwendoline, con los ojos y la boca muy abiertos, señalando con ambas manos la pantalla del ordenador, al mismo tiempo que Sam se quejaba de que había muerto—. Eso ha sido...

La interrupción, supuso, del padre de Sam, fue suficiente para que la propia Gwendoline fuese consciente del ruido que estaba haciendo ella. Nadie había llamado a su puerta para quejarse, pero supuso que era cuestión de tiempo si no se callaba.

A fin de cuentas, el reloj marcaba casi las doce de la noche.

Cuando Sam volvió a dirigirse a ella, toda la tensión que había acumulado se esfumó y recuperó una posición normal sobre la silla… durante algunos segundos, pues no tardó en dejar caer la cabeza sobre los brazos, cruzados sobre el escritorio.

—Ha sido lag. ¡Ha sido un clarísimo caso de lag! —argumentó Gwendoline, defendiendo la habilidad de su amiga y, a un mismo tiempo, incapaz de reconocer la derrota. Así era ella, al menos hasta que se le pasaba el pique inicial por haber perdido—La próxima vez les venceremos. —Era una promesa vacía: no había garantía alguna de ello. Pero bueno, la hacía sentir mejor.

Cuando Sam mencionó lo tarde que era, Gwendoline —que ya lo sabía— adoptó una expresión facial de pereza máxima: que fuera tarde significaba que debía irse a dormir, y si debía irse a dormir era para levantarse por la mañana temprano e ir a clase. ¡Que no tenía nada en contra de las clases, y le gustaban! Simplemente, llevaba un poco mal eso de madrugar y la teoría de las primeras horas. Especialmente Historia del Arte.

—No me lo recuerdes. —Se llevó ambas manos a la cara y lanzó un profundo suspiro.

Decidió trasladarse momentáneamente a la cama, que estaba prácticamente pegada al escritorio, y tumbarse mientras Sam y ella mantenían la típica conversación de después de las partidas. Esa sin la que ninguna de ellas, a estas alturas, podía vivir.

El asunto, en este caso, parecía ser la fiesta de Halloween de la veterinaria, y sobraba decir que Gwendoline no tenía planes para esa noche. De hecho, hasta ese momento, planeaba pasarla en casa estudiando, aprovechando que no habría nadie disponible para jugar con ella esa noche. Todo el mundo iba a fiestas universitarias, salvo ella.

Hasta ese momento, por lo menos.

—¿Me estás invitando a salir de la cueva, señorita Williams? —bromeó Gwendoline, muy sonriente, mientras valoraba si podía permitirse esos quince dólares, además de lo que le costase el disfraz. Al final, se decidió—. Vale, pero con una condición: ¿me ayudas a elegir un disfraz? Tú tienes mejor gusto que yo para… bueno, para todo menos para la pintura. Ahí gano yo.

Eso último no era del todo cierto, pero a Gwen le gustaba decirlo: a fin de cuentas, ella era la estudiante de arte, ¿no? ¡Tenía que darse un poco de importancia!

—¿Quedamos el viernes después de clase? Y luego podemos ir al cine. —Eso iba a ser mucho más gasto, además del hecho innegable de que, si iban al cine, acabarían cenando por ahí. Siempre era así.

Pero bueno… Sam y ella se estaban conociendo y, sinceramente, se sentía muy a gusto con ella. Y para que Gwen se sintiese muy a gusto con alguien, ese alguien definitivamente tenía que tener algo de especial.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Oct 23, 2019 1:08 am

A la rubia le molestaba muchísimo perder injustamente, pero cuando perdía en una clara evidencia de que era MALÍSIMA y se había puesto nerviosa, pues lo dejaba estar. Se tomaba el modo competitivo de manera competitiva―obviamente―pero no solía ser demasiado intensa cuando perdía, sino más bien cuando ganaba. Era bastante optimista, por lo que siempre intentaba ver las cosas buenas hasta de haber perdido una partida frente a hackers, aunque los reportaba igual a todos.

Rió frente a la defensa del orgullo de Sam, diciendo que había sido un claro caso de lag. ¡Já! ¡Debía de haber estado en su ordenador perfectamente fluido! ¡Estaba claro que había sido porque se había puesto nerviosa y su mano le temblaba!

―No quiero que haya próxima vez con éstos: ese camper me da pereza ―reconoció, saliendo del juego con cierto retintín―. La próxima vez jugamos al pugb, no sé por qué volvimos al counter ―dijo, un poco picada, pero sobre todo divertida.

Una vez fuera del juego y revisando por encima su facebook para ver qué memes nuevos aparecían en su línea, se acordó de que tenía que invitar a Gwendoline a la fiesta de veterinaria. Sam quería ir porque adoraba cómo se lo montaban sus compañeros con las fiestas―además de que sus compañeros le caían genial―, pero también quería que fuera Gwen pues quería pasar con ella la noche de Halloween, que siempre había sido una fiesta que le encantaba.

―Alguien tiene que hacerlo, Jones, que si no subes de rango sin mí en los juegos ―le respondió igual de divertida a su broma, aún expectante de la respuesta. Cuando recibió la afirmación, una Sam que no era vista por nadie hizo un gesto de victoria con el brazo, sonriendo como una idiota. La condición que le puso le pareció hasta una bobería a su favor, ¡si lo que quería Sam era verla!―. Sí, claro, yo te acompaño que también tengo que comprarme uno. ―Y entonces rió―. Un día tengo que enseñarte mis capacidades artísticas para que veas mi nivel de decadencia. Eso sí: los monigotes y los corazones se me dan de maravilla. Mis apuntes están llenos de monigotes y corazones, son años y años de estudios en donde no estudio. ―Porque despistarse mientras estudiabas era lo más normal del mundo.

La única pega que tenía de quedar los viernes es que al día siguiente tenía que ir hasta Queens a la casa de los Smith para cuidar de sus dos hijos revoltosos y hacía falta mucha energía para eso. Sin embargo, no quería desperdiciar el viernes y más si Gwen le proponía un plan.

―Vale, me parece bien ―le respondió―, miraré la cartelera del cine a ver si hay alguna película que esté guay y si no pues te invito a perder catastróficamente en el billar, ¿te parece bien? ―Porque tampoco quería ir al cine y pagar la entrada que era carísima para ver algo que no le motivaba mucho ver.

Cerró el facebook y se quedó con todas las pestañas abiertas de mil y una referencia que debía de estudiar para su proyecto. Esa tarde las había buscado todas, pero no había hecho nada más que leer por encima y guardar los enlaces, pues la mañana había sido durísima en la granja y solo quería descansar y jugar.

―También había pensado… ―Se apoyó atrás en la silla, jugueteando con el cable de sus cascos antes de continuar―: Los disfraces son carísimos y en verdad son un poco cutres: podemos ir a buscar ideas y comprar algún atrezzo necesario pero intentar hacerlo nosotras. No creo que ninguno de mis compañeros se lo vaya a currar demasiado. Yo hasta pensé ir de zombie cutre o de niña diabólica: con tal de poder llevar pijama ya vale la pena. ―Rió, pues Gwen sabía lo mucho que le gustaba vivir en pijama―. O de Joker sexy. El Joker mola e ir sexy siempre está bien. ―A pesar de que le encantase vivir en pijama, Sam era una coqueta y le encantaba ponerse guapa.

Y debía de admitir que se ponía especialmente guapa cuando quedaba con Gwen, intentando llamar su atención.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Oct 27, 2019 2:22 pm

Si Gwendoline tenía algo en sus manos, algo que legar a unos hipotéticos hijos que tendría con un hipotético futuro marido cuya imagen mental le despertaba únicamente una pereza increíble, ese algo era su patata de ordenador: era anticuado, a duras penas podía jugar videojuegos como League of Legends —dato: se le daba fatal— en calidad media, y de cuando en cuando sufría cuelgues.

Vivía con miedo a la pantalla azul de la muerte.

Así que, aunque había conseguido jugar a otros videojuegos, en realidad Counter Strike era el que mejor le iba. No obstante, sabía que Sam prefería ese otro, cuyo nombre completo era impronunciable para ella.

—Haré un esfuerzo —le respondió—. Pero recuerda: si durante la partida escuchas un fuerte sonido en tus auriculares, de esos que te dejan sorda, y no vuelves a escuchar mi voz, eso significará que mi ordenador, definitivamente, ha explotado. —Suspiró—. Cuando cobre mi primer sueldo como artista, me compraré un ordenador que nunca se quedará obsoleto.

«Ya, sí… Suerte con eso», se dijo a sí misma, recordando que en aquellos tiempos capitalistas al máximo, cada semana… no, cada día, salían nuevos componentes de ordenador que dejaban en pañales a los que habían salido la semana anterior. «Y no sé qué sueldo esperas cobrar siendo “pintora”», añadió. Ese pensamiento le llegó a través de la voz de su padre.

Ya tumbada en la cama, Gwendoline Jones recibió una invitación a una fiesta de Halloween. La verdad sea dicha, Samantha le caía muy bien, y últimamente pasaban mucho tiempo juntas, aunque fuera de forma virtual. Había comenzado a integrar tanto a la rubia en su vida, especialmente la nocturna, que se estaba convirtiendo en una parte indispensable de ella.

Eso sí: ni por asomo se imaginaba los sentimientos que tenía por ella.

Le puso una condición: que la acompañase y la ayudase a la hora de elegir disfraz, y a cambio luego irían al cine. ¿Resumidamente? Iban a pasar un viernes muy entretenido en compañía mutua.

—A veces pienso que sin ti no tendría vida social de ningún tipo —bromeó y exageró: tenía amigos… aunque no demasiados—. Trato hecho: un día me demuestras tus dotes artísticas. O mejor aún. —Gwendoline se incorporó en la cama, de golpe, hasta quedar sentada, con los ojos muy abiertos como si hubiera tenido la mejor idea del mundo—: ¿Por qué no me haces de modelo alguna vez? Eres muy guapa, y estoy segura de que te haré justicia.

La morena llevaba un tiempo pensando en un proyecto personal para el que necesitaba un o una modelo, y teniendo en cuenta que el proyecto era sobre un desnudo y que la mera idea de estar en un cuarto a solas con un hombre sin ropa le daba repelús, había optado por una modelo femenina… aunque todavía no tenía voluntarias.

Tampoco lo había pedido: le daba un poco de vergüenza, no sabía cómo sacar el tema, y menos con Sam, con quien no creía haber llegado a tal nivel de confianza.

—Vale. Seguro que no hay nada decente, así que me da que terminaremos en el bar. —Se encogió de hombros. No recordaba qué habían estrenado últimamente, si es que lo había sabido en algún momento, pero por norma general, el cine era un bodrio—. ¡Tenemos plan! —exclamó, estrechándose la mano a sí misma—. Para que quede claro, me estoy estrechando la mano a mí misma, y espero que tú hagas lo mismo para no ser la única idiota.

Pero entonces, Sam propuso otra idea que… seamos sinceros, a una artista la conquista desde el principio: fabricarse sus propios disfraces. Su cabeza enseguida se puso a imaginar diversas ideas, y si bien en su imaginación utilizaban materiales caros, estaba segura de que podrían conseguir un resultado similar mucho más económico.

Sí, definitivamente, esa idea le gustaba más.

—Intentas apelar a mi corazón artístico, ¿verdad? —bromeó, divertida, mientras volvía a dejar reposar la cabeza sobre la almohada—. Me gusta tu idea, pero déjame decirte que tú serías una Harley Quinn perfecta: guapa, rubia, ojos azules, atractiva… ¿Eres capaz de hacerte pasar por loca y golpear a todo aquel que te lleve la contraria con un martillo?

La idea de pasarse toda una tarde —preferentemente en casa de Sam— diseñando sus disfraces, aprovechando ropa vieja para estar fabulosas en Halloween, le encantaba. Seguro que no tenía en mente lo mismo que Sam cuando se imaginaba aquello, pues Gwendoline era tan inepta emocional que era totalmente incapaz de captar las señales que le enviaba la rubia, por obvias que fueran.

En su mente… aquella chica, simplemente, era muy simpática, y se sentía lo bastante a gusto con ella como para esperar con interés una tarde entera en su compañía.

—Bueno… supongo que no nos queda otra que irnos a dormir, ¿no? —dijo Gwendoline con un poco de tristeza, tanto por acabar aquella conversación como por tener que madrugar al día siguiente—. ¿Mañana por la tarde haces algo? ¿Tienes clases? Siempre me olvido de si tienes clases.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Oct 29, 2019 3:12 am

A diferencia de Gwendoline, que vivía independizada de sus padres, Samantha por mucho que tuviese un pequeño trabajo con el que ganarse unos ahorros en lo que terminaba la universidad, vivía bajo el dispensador económico paterno, el cual había sido la cartera que había puesto el dinero para su ordenador de sobremesa que estaba bastante bien. Todos los juegos le corrían de sobra, aunque no en los mejores gráficos. Aunque la verdad es que después de jugar juegos online se había dado cuenta de que poner los mejores gráficos no era la mejor idea.

Desde que conoció a Gwendoline, a Sam le pareció fascinante que su sueño fuese poder vivir de su arte, pues le parecía algo super complicado. No solo había que ser buena en ello, sino gustar a las personas y, sobre todo, tener suerte. ¿Cuántos artistas increíbles no estarían por ahí sin ser reconocidos ni que se le valorasen sus obras?

―Con los horarios que tienes de clases y con el trabajo, tampoco creo que tengas demasiado tiempo para vida social, ¿eh? ―Le reconoció, pues Gwen tenía una vida ajetreada―. Pero para cuando tengas un huequito: aquí estoy yo.

Hablando de habilidades artísticas la rubia dejó claro que ella la plástica y el dibujo se le daba terriblemente mal, que ella era de ciencias. Sin embargo, cuando le preguntó que si quería hacerle de modelo porque era muy guapa, se quedó momentáneamente callada, todavía sorprendida. Y se sorprendió porque evidentemente los sentimientos que estaba teniendo por Gwendoline eran muy recientes y desgraciadamente confusos, ya que no tenía datos: ¿era Gwendoline al menos bisexual? ¿Estaría interesada en ella? ¿Había aunque fuese alguna oportunidad? Era una situación extraña pues, al no estar segura de cómo era la otra persona, estaba enfrentándose emocionalmente a una incertidumbre que podría terminar dándole un portazo en las narices. Por una parte no quería que eso siguiese aumentando, pero por otra parte… quería quedar con ella y sabía que eso era un arma de doble filo.

Pero cuando le dijo que era guapa… pues sonrió, pese a que era bien consciente de que podría ser un comentario totalmente cordial de amigas. Las amigas no se dicen que son feas.

―¿Y sabes guiar a una modelo? Porque mi máxima experiencia como modelo es mirarme en la pantalla de mi móvil para sacarme un selfie en mi mejor posición ―le confesó y, pese a que no se estaban viendo, era fácil identificar que estaba sonriendo por el tono de voz. Sam no se consideraba a sí misma fea, pero sabía que era una opinión totalmente subjetiva―. ¿Normalmente con qué dibujas? ¿Carboncillo o…? ―Se calló momentáneamente, para entonces mostrarse algo confusa―: No me mates, pero en verdad sé pocas técnicas: ¿acuarelas, quizás?

Matizaron un plan en cuestión de dos minutos y Samantha soltó una divertida carcajada cuando Gwendoline reconoció estar dándose la mano a sí misma.

―¡Por supuesto! ―Reconoció, dándose la mano a sí misma antes de continuar―: A lo mejor ya estrenan Los Ángeles de Charlie, que sale Kristen Stewart. ―La obsesión de Sam: morenas de ojos claros, ¿cómo no iba a fijarse en Kristen Stewart? Sin embargo, añadió algo importante―. De pequeña tenía un crush yo con las dichosas películas de los Ángeles de Charlie con Drew Barrymore, Lucy Liu y Cameron Díaz. A día de hoy las veo y reconozco que son malísimas pero… ¡eran increíbles! ―Era muy, muy fan. Probablemente culpa de la Drew, de la Lucy y de la Cameron su gran lesbianismo agudo.

Gwendoline sabía que Sam era el extremo de lo homosexual, por lo que hablaba tranquilamente de ello con ella. La verdad es que creía que era un paso: si sabía que era homosexual y daba algún pasito con relación a su sentimientos… ¿lo lógico es pillarlo, no?

¿Sinceramente? Cuando ofreció lo de hacer los disfraces era sencillamente porque ella siempre había sido de la clase media/baja, ergo comprar disfraces nunca había sido algo muy asiduo. Era de hacérselos y, de no ser plausible, ir cutre. Se pintaba la cara y punto, pues no le gustaba gastarse un dineral en un disfraz que iba a usar una noche en un estado de muchísima embriaguez. Sin embargo, cuando dijo que si estaba intentando apelar a su gusto artístico, no pudo evitar sonreír.

―No era mi intención, pero si func… ―Pero se calló de repente, enarcando una ceja de nuevo sorprendida de que la hubiera considerado atractiva. Se cruzó de piernas sobre la silla, contenta―. Gracias ―le reconoció, algo tímida, antes apoyar su cabeza en sus manos y mirar a su propio teclado, quitando algunas porquerías de polvo mientras continuaba hablando―. Vamos a estar en una fiesta con mucho alcohol: con el suficiente en las venas yo creo que puedo ir golpeando a todo el mundo. Me guardo como opción eso de ir de Harley Quinn… ¿Y a ti de qué te gustaría ir? ―preguntó, con intención de continuar hablando y utilizar la pregunta como mera introducción―: Podrías ser mi Joker. O mi Batwoman. O mi Poison Ivy.

La verdad es que pese a lo que sentía por ella, sabía que no debía precipitarse. Había ocasiones en donde las cosas estaban clarísimas y dar el pasito había sido fácil para Sam, pero ahora que no tenía ni idea de nada, se conformaba con pasar tiempo con ella, aunque eso no ayudase demasiado.

―Ya no tengo clases ―le recordó―: Estoy con las prácticas por la mañana en Mordor profundo y por la tarde me tengo que poner con el dichoso proyecto. ―Se llevó la mano a la frente, pues cada día que pasaba tachaba un día en el calendario en el que no había hecho nada útil con respecto a su trabajo de fin de carrera―. Me estoy dejando ir bastante… Pensé en ir en la biblioteca para ponerme seria: centrarme en el mismo ordenador en el que juego y hablo con la gente es muy complicado ―le confesó a Gwen―. Me da muchísima pereza y encima la biblioteca me da sueño. Soy una desgraciada ―dramatizó divertidísima―. ¿Tú? ¿Tienes turno en el restaurante? Porque si libras, voy a tener una razón más para volver a casa. No se sube en el rango solo en el PUGB, ¿sabes? ―Bromeó.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Nov 03, 2019 11:53 pm

Sí, aquello la definía bastante bien: era la típica estudiante que, cuando no estaba en la universidad, estaba trabajando, y cuando no estaba trabajando, estaba en casa, estudiando. Porque esa era otra: una persona normal, por lo general, empezaba a estudiar una o dos semanas antes de cada examen, pero ella optaba hacerlo un mes antes… o más.

Su vida social se limitaba a lo poquito que hacía con compañeros de piso y de clase, a sus partidas con Sam por la noche, y a lo que la rubia conseguía convencerla de que hiciese con ella ahí fuera, en el mundo real.

—Bien dicho. Cuando tienes razón, tienes razón —tuvo que coincidir. Así era su vida—. Pero no te preocupes, amiga mía: cuando sea una artista famosa, tendré todo el tiempo libre del mundo. Bueno, cuando sea una artista famosa o una artista desempleada viviendo en la calle y alimentándome de los apetitosos contenedores de basura de esta hermosa ciudad… Qué asco.

Se refería, por supuesto, a su último comentario, pues no había podido evitar visualizarlo. Siendo artista, eso le ocurría muy a menudo, con todo lujo de detalles. Por suerte, su imaginación no se limitaba únicamente a cosas desagradables.

De la misma manera que había visualizado a una Gwendoline Jones vestida con harapos, viviendo en las calles, cargando de un lado a otro un caballete, unos lienzos y un estuche de materiales de pintura, mientras rebuscaba en los cubos de basura algo con que alimentarse —y, por algún motivo, seguida de un gato negro que le maullaba cada vez que levantaba la tapa de un contenedor—, también se formó la imagen de Sam posando para ella.

Con todo lujo de detalles.

Las visualizó a ambas en el cuarto de Sam, con la puerta cerrada, ella sentada en un taburete con el caballete y el lienzo ante sí, y su amiga sentada al borde de su cama con un albornoz rosa claro.

Se imaginó preparando sus materiales en una mesita auxiliar, empezando por los carboncillos y siguiendo con los pinceles, mientras Sam poco a poco se iba quitando la prenda que cubría su desnudez. Visualizó incluso el físico escultural de la rubia, y no pudo evitar quedarse admirando esa imagen mental durante algunos segundos.

Se evadió un poquito del mundo, y por algún motivo, se le dibujó una media sonrisa en el rostro.

—¿Qué…? —preguntó entonces, regresando de aquella fantasía en la que, como dato, estaba a punto de poner ambas manos sobre el cuerpo desnudo de Sam para guiarla a la pose en que quería pintarla—. ¡Oh, vale! Pues dibujo a carboncillo y luego al óleo. Me gustan ambas técnicas. Y bueno, ya sé que una fotografía sería muy útil a la hora de pintar un cuadro, pero ¿qué puedo decir? Soy una persona clásica.

Acordaron un plan para el viernes, que consistiría en prepararse para la fiesta de Halloween de la veterinaria, y luego cine. A Gwendoline, Los Ángeles de Charlie le daban un poco igual, la verdad. Tenía ganas de ver al dichoso Joker, ya que todo el mundo hablaba de él y ella todavía no había tenido ocasión.

—Lo mismo que me pasaba a mí con Buffy la Cazavampirosdijo Gwendoline con una sonrisa. No, no era lo mismo ni por asomo, pero ella así lo creía—. Es decir: ves ahora esa serie y el cartón piedra salta tan a la vista que hasta da cringe, pero entonces era la leche, la mejor serie del mundo. Tengo que volver a verla. —Ya se veía las siguientes semanas descargando la serie en alta calidad y viéndola en su ordenador, mientras comía cheetos.—. Si no han estrenado esa, ¿has visto la de Joker? Dicen que está bien...

Y hablando de Joker, el personaje fue uno de los mencionados a la hora de escoger un disfraz que, por lo visto, iban a diseñarse ellas mismas. Gwendoline sugirió que Sam fuese Harley Quinn, cuyo físico encajaba a la perfección con ella, y Sam, por su parte, contraatacó con unas cuantas propuestas para ella.

—Poison Ivy suena interesante, pero tendría que ponerme peluca… Además, ¿has visto la clase de ropa que lleva esa mujer? Si no me muero de frío, tendré a los babosos borrachos persiguiéndome toda la noche… Vale, ahí me he venido un poco arriba. —Rió, divertida, pues no se consideraba lo que se dice una belleza ni un objeto de deseo masculino—. Creo que me quedo con Joker, seguramente por las ganas que tengo de ver esa peli.

Como se acercaba la hora prudente para irse a dormir, Gwendoline quiso saber si Sam tenía algún plan para el día siguiente, o si no tenía clases. Claro, como ella tenía clases siempre se le olvidaba que su amiga ya no las tenía. Por lo visto, tenía que trabajar en su proyecto, y Gwen se sintió un poco desanimada.

—Vaya… Es que justamente mañana tengo libre por la tarde. Ya sabes: dependo de que la gente libre, y mañana no libra nadie. —Suspiró—. ¿Te apetece compañía en la biblioteca? Aunque no lo parezca porque soy una artista muerta de hambre, hubo un tiempo en que todo lo referente a los estudios se me daba muy bien. Te ayudaré a estar centrada.

Y si Sam prefería rechazar su compañía, Gwendoline mataría el tiempo con el dichoso Sekiro. Estaba habiendo frente al Simio Guardián, y sinceramente, no parecía estar aprendiéndose su patrón de movimientos.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Nov 05, 2019 3:46 am

―Cuando esa sea tu vida yo te iré a visitar a debajo de tu puente y te llevaré las sobras de casa en un tupperware ―bromeó junto a ella sobre la vida tan complicada que tenían los artistas, debido a lo poco valorado que estaban y lo difícil que era que te reconocieran―. O cuando me independice, en algún momento de mi vida, te prestaré mi sillón.

Eso de “posar” durante a saber cuánto tiempo, quizás en unas condiciones en las que no iba a estar del todo cómoda, para que otra persona le pintara… le resultaba una idea muy fuera de su zona de confort. En realidad si lo pensaba, la idea de que un chico le pintara le resultaba hasta peor, ¿pero cómo iba a lidiar con normalidad con el hecho de que la chica que le gustaba no parara de mirarla para dibujarla con sus propias manos? ¡Daba muchísima vergüenza! Quizás Gwendoline, que estaba acostumbrada a ver a las personas como modelos y ya podía tratar la situación con normalidad, pero Sam…

Cuando mencionó lo de la fotografía a la rubia también le pareció una técnica más normal.

―Qué vergüenza, ¿no? ―confesó, prácticamente con diversión y confianza. En realidad todavía no le había dicho que debía de ser un modelo al desnudo, ¡pero igualmente a Sam le daba vergüenza posar de normal! Ella no era una modelo: seguro que intentaba poner cara de interesante y se ponía a reírse cada tres segundos―. ¿Has dibujado a muchos otras personas así, en directo?

Ir al cine para Samantha era como un acto especial en donde se alineaban los astros, pues solía ir muy poquito. Para empezar no es que fuese muy cinéfila―pues prefería ver las cosas en casa, bajo una manta y comiendo mucha porquería―, por lo que ir a ver Los Ángeles de Charlie cuando saliesen era algo más una obligación moral por su Samantha jovenzuela enamorada de Drew Barrymore. Sin embargo, si no quería ir a ver nada de eso, cualquiera le iba bien a ella con tal de pasar una tarde entretenida con Gwendoline.

No iba a ser muy tiquismiquis cuando en realidad lo único que quería era pasar tiempo con ella.

―No la he visto, podríamos ver esa ―le concedió, dándole bastante igual qué película ver en el caso de que hubiera alguna chula.

Hablando de posibles disfraces para Gwendoline―pues a Sam le había gustado eso de vestirse de la guapa de Harley Quinn―, salió a coalición la posibilidad de que fuera una Poison Ivy. Su comentario con respecto a los babosos no le pareció sorprendente, sino más bien el hecho de que dijera que estaba exagerando. Con lo sexy que solía vestir Poison Ivy, imaginarse a una Gwendoline así vestida SIN DUDA atraería a más de uno.

Sopesó la idea de decirle que obviamente tanta belleza atraería a cualquiera, pero decidió no decirlo por vergüenza y atajar con lo más fácil.

―Yo te protejo, tía ―le respondió divertida―. Yo no dejo que ningún baboso se acerque a ti, a menos que me digas alguna contraseña en la que me declares que estás interesado en el baboso. Aunque espera… ¡todos mis compañeros de veterinaria son personas simpáticas! No creo que haya ningún baboso. ―Que no es que fueran a ir a una discoteca con intenciones de ligar o algo así, sino que era una fiesta privada. Ahí se respiraría buen rollo.

Sam había pensado que mañana tendría que trabajar o algo así, además de que ella estaba posponiendo todos los días sus intentos de empezar en serio con el proyecto final de la universidad. Sin embargo, cuando dijo que tendría libre la tarde, a Sam le saltó un mensajito de emergencia en la mente, como si de repente sus prioridades hubiesen cambiado drásticamente. Sam dudaba muchísimo que Gwendoline le ayudase a estar centrada, pero igual no le supuso una gran pelea interior decidir qué hacer mañana:

―No me convence ―dijo a través del micro―. No me convence ir a una biblioteca contigo porque me gusta mucho hablar contigo y me voy a enfadar si nos mandan a callar. Podemos quedar igual y te cuento lo que tengo pensado hacer, además, llevo un par semanas enfadada con mi tutor que no me hace caso y me sentará bien soltar la bilis ―añadió divertida―. Avísame mañana cuando estés lista y te digo en donde estoy. Igual tengo que ir a la biblioteca a buscar un par de libros… ―Y acompañó esa frase con un gran bostezo que resonó a través de los auriculares.

Qué pocas ganas tenía de irse a dormir y que pasase la noche, sabiendo que iba a tener que salir prontísimo para Mordor con el dichoso frío que hacía en el campo.

―Bueno Jones, me voy a dormir que se me cierran los ojos ―introdujo, cerrando ya prácticamente todas las pestañas y ventanas de su ordenador, a excepción del discord―. Descansa y ten un buen día mañana. Buenas noches.

Esperó a que ella también se despidiese, antes de cortar la llamada y apagar el ordenador. Suspiró cansada, hasta que decidió empujarse con la silla hasta llegar a su cama, en donde estaba Tofu acostado, el cual se asustó. Bebió agua de una botella que tenía en la mesita de noche y se quitó los pantalones―pues prefería dormir en braguitas―antes de meterse en el interior de su cama acolchada y calentita. Dejó sus pantalones y sus pantuflas cerca, obviamente, pues por la mañana no había quién saliese de la cama con ese frío.

Pese a todo lo que habían hablado ahora en ese pequeño rato, Sam se durmió imaginándose en el cuarto de Gwendoline intentando contenerse la risa mientras intentaba posar ‘sexymente’ frente a ella, sin poder evitar imaginarse super ridícula. Sin embargo, le hacía ilusión que Gwen hubiese pensado en ella porque era guapa.


***
Dos días después
Viernes 18 de octubre, 2019
Nueva York, Estados Unidos. 22:14 horas
Atuendo

Al final sí que habían terminado yendo al cine, pues Joker, la película que tantas ganas tenía de ver Gwendoline, se había estrenado el día cuatro. En opinión de Sam había estado bien, aunque ella estaba acostumbrada a películas un poco más rápidas y odiaba la sensación de evadirse de la película en mitad del cine cuando te gastas un dineral en ir.

Después de comentar las primeras impresiones, caminaban por el centro comercial en busca de un lugar en donde comer y, mientras subían por las escaleras mecánicas, Sam miró a Gwen:

―¿Y de qué Joker te vas a disfrazar? ―preguntó divertida. Antes de entrar en el cine, cuando habían estado jugando al billar, Sam había dicho en voz alta que todavía no sabía de qué Harley Quinn vestirse, pues tenía muchos outfits característicos, sin embargo, estaba bastante convencida de vestirse de ese de las mallas negras y rojas con el gran martillo―. Tenemos a Jack Nicholson: clásico e inigualable. A un Heath Ledger más sucio y demente… y a este Joaquin Phoenix que está chalado de la cabeza ―dijo, sonriendo―. Bueno, ¿quién de todos no está chalado de la cabeza? Tú me entiendes.

Sabía que el cosplay de Gwendoline sería en versión femenina, pero tendría que basarse en alguno de ellos: probablemente en su favorito. Había dejado fuera de la ecuación a Jerome, de Gotham, por lo poco conocido que era, además de a Jared Leto porque teniendo en cuenta su aspecto, dudaba mucho que fuera del gusto de Gwen.

Sam tenía muy claro que por mucho que le hubiera gustado esta película, su Joker favorito era el que había hecho Heath Ledger, pues le encantaba su actuación y su estética. Además, creía que era el Joker más "malvado" y pensaba que a Gwendoline ese toque desaliñado y travieso le iba a quedar muy bien.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Nov 08, 2019 1:15 am

A Gwendoline se le dibujó una sonrisa en la cara con lo que Sam dijo de visitarla y compartir sus sobras con ella cuando fuese una artista muerta de hambre, propietaria de un espacio privilegiado bajo un puente, invitándola incluso a acampar en su sofá. Le gustaba tener una visión tan cínica de la vida. Le recordaba a las palabras de su padre, el día que le había mostrado la carta de la Escuela de Arte de Nueva York, aceptando su solicitud: «Así que vas a ser una muerta de hambre toda tu vida, ¿eh? Nadie te dará trabajo como artista.»

«Bueno, pues enhorabuena, papi. Ya me tienes donde querías: soy una camarera mal pagada que, además, estudia y se paga su carrera como bien puede», pensó, sabiendo que era muy posible que se aferrase a su trabajo de camarera con uñas y dientes, incluso después de terminar sus estudios. ¡Quién sabía cuánto tardaría en encontrar un trabajo como dibujante o algo así!

—Me alegra saber que siempre podré contar contigo y que nunca tendré que volver derrotada a casa para recibir un “Te lo dije” por parte de mi padre. —Rió, divertida, para luego añadir—: ¿Te das cuenta de lo hipócrita que es que un escritor califique a los artistas como muertos de hambre?

Se ahorró decir que, además, su padre era un escritor mediocre. A veces, se comparaba con Stephen King, pero él había fracasado dónde Stephen King había triunfado, y que ambos residiesen en Bangor, Maine, no los convertía en iguales.

No sabía cómo iba a capear el asunto del desnudo, pues no se imaginaba a Sam posando de esa guisa tan alegremente… ni tan tristemente, ni de ninguna manera. Lo poco que sabía de ella la posicionaba como una chica recatada, un tanto presumida y que gustaba de ir atractiva y elegante, pero recatada. No la veía desnudándose para ella y adoptando una pose seductora, o siquiera sintiéndose cómoda con la situación.

—A veces, en clase. ¿No has visto nunca esas películas en que una clase entera se pone a dibujar un cuenco con frutas, o a un modelo situado en el centro del aula? Eso lo hemos hecho más de una vez —le explicó—. Pero eso no me sirve. Estoy buscando algo un poco más personal. Algo que me represente más, no lo mismo que dibujará toda la clase...

Cuando hablaban de los disfraces de Halloween, y por casualidad surgió Poison Ivy como posibilidad para ella, Gwendoline enseguida lo descartó por ser demasiado “atractivo”. En otras palabras: por enseñar demasiada carne. También creyó por un breve momento que atraería a los babosos de la fiesta, cosa que enseguida se quitó de la cabeza: ¿Ella? ¿Sexualmente atractiva? ¡Nunca!

Ni idea tenía de lo que a Sam se le pasaba por la cabeza en aquellos momentos.

—¡¿Qué dices?! —exclamó, casi escandalizada—. Será un día frío en el infierno antes de que yo me fije en un hombre lo suficiente como para interesarme por él.

Exageraba… o eso quería pensar. Es decir, jamás había sentido atracción por hombre alguno, pero una parte de sí misma —esa parte que se había criado con un matrimonio heterosexual convencional— quería pensar que algún día aparecería la persona con la que hacer su vida. Y, a diferencia de cierta Gwendoline de cierto universo alternativo, ella sólo visualizaba a un hombre en su vida. ¿Qué hombre? Ni idea, pero hombre a fin de cuentas.

Ni se le pasaba por la cabeza la idea de tener una pareja femenina.

Cuando se pusieron a hablar del día siguiente, y Gwendoline se olvidó una vez más de que su amiga ya estaba haciendo prácticas y no tenía clases, confesó a su amiga que tenía la tarde totalmente libre de clases y de trabajo. Propuso a su amiga quedar, pero ella parecía tener la tarde ya ocupada… hasta que le sugirió acompañarla a la biblioteca para ayudarla con su proyecto.

—De acuerdo, pero que sepas que estaba totalmente dispuesta e investigar sobre... —Se quedó un segundo en blanco, buscando algún tecnicismo que sonase parecido a algo que se impartiría en veterinaria; no lo encontró—. Me rindo, no se me ocurre qué decir. ¡Vale, despoltricaremos sobre tu profesor hasta que le piten tanto los oídos que tenga que ir al médico! —exclamó, entusiasmada, alzando incluso los brazos.

Cuando Sam comenzó con su frase de despedida, de manera automática, la boca de Gwendoline se abrió en un sonoro bostezo, de esos en que parece que ambas mandíbulas se desencajan. Era automático: hablar de dormir le daba sueño.

—Buenas noches, guapa —le respondió, sonriendo y frotándose los ojos con los nudillos—. Que tu mañana sea productiva y llena de cachorritos monos con heridas no muy graves —le deseó, para luego saludarla con la mano… a pesar de que no la veía.


***

De la película Joker, Gwendoline había extraído dos lecciones fundamentales.

La primera de ellas era que toda la ciudad de Gotham estaba llena de imbéciles. Desde los criajos que le robaban el cartel a Arthur Fleck y lo apalizaban con él, pasando por la señora negra del autobús —sabes que alguien es rematadamente imbécil cuando cree que es el adulto el que molesta al niño, y no al revés—, hasta llegar al compañero de trabajo que le había dado el revólver.

Una ciudad así no se merecía a Batman; una ciudad así se merecía al Joker. Por una vez, la muerte de Thomas Wayne —vista en infinidad de ocasiones ya— le había parecido justicia poética.

La segunda lección era que no hacían falta más que una serie de circunstancias adversas para convertirse en alguien así, en alguien capaz de disparar a un presentador en la cabeza en prime time para luego reírse como si fuese lo más gracioso del mundo.

Eso la llevó a visualizarse a sí misma, en un universo alternativo, habiendo sufrido penurias similares a las vividas por Arthur. ¿Sería capaz de llegar tan lejos?

Con ese mismo pensamiento en mente, Sam la sorprendió con una pregunta.

—Ledger, sin lugar a dudas —respondió sin dudar—. Joaquin Phoenix se ha convertido sin lugar a dudas en mi segundo favorito, ha escalado rápidamente hasta ese puesto. Que a ver, sabía que superaría a Leto porque a Leto lo supera hasta un Joker hecho por ordenador y con la voz de Mark Hamill. No es complicado, en realidad. —Se encogió de hombros—. Mi “Top Tres” ahora mismo queda así: Heath Ledger, Joaquin Phoenix y Cameron Monaghan. —Y, antes de que Sam considerase un sacrilegio que Monaghan ocupase ese tercer puesto, se vio en la obligación de defenderlo—. Cameron se gana puntos por su juventud y una actuación que nadie se esperaba. Es decir, ¿tú sabes lo que es estar viendo esa escena, tranquilamente, sin esperarte nada, y encontrarte con esa risa de maníaco? ¡Se me pusieron los pelos como escarpias!

A veces se emocionaba demasiado con la ficción, lo reconocía. ¿Pero cómo no emocionarse con esa escena?

—Vale, yo voy a ser Ledger, eso ha quedado claro. ¿Qué Harley Quinn vas a ser tú? —Y, sin dar tiempo a Sam a responder, añadió—: Ya sé que Margot Robbie es la opción más lógica, pues es la única versión en carne y hueso que hay, pero… ¡Por favor, Margot Robbie no! —Puso ambas manos juntas por delante de su cara, como si estuviese rezando—. Ser peor que el Joker de Leto es imposible, pero esa Harley Quinn es horrible. ¡Prefiero a alguna de los videojuegos o de los cómics! La de Injustice mola mucho, por ejemplo. ¡Y es buena!

Bueno, eso no era del todo exacto: era buena en el sentido en que se había convertido en la “nueva Robin”, es decir, la compañera de Batman. Sin embargo, seguía siendo tan brutal y desequilibrada como cuando luchaba del lado del Joker.

A Gwen le encantaba esa versión de Harley, por cierto: le gustaba ese universo en que, por una vez, lograba superar esa dependencia que tenía del Joker y se comportaba como alguien que de verdad se preocupaba por los inocentes. ¡Toda una historia de redención!


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Gwendoline Edevane
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Sam J. Lehmann el Sáb Nov 09, 2019 4:12 am

Williams era una persona que por norma general no tenía mucha actitud para criticar a nadie, pues se sentía mal. Sólo había una manera de hacer que ella soltase bilis sobre algo: emborracharla muy fuertemente y sacarle un tema que realmente le molestase. Si no, por norma general solía tener una actitud bastante cordial aunque sus pensamientos coincidieran con el conflicto. Es por eso que cuando Gwendoline evidenció su trato con su padre y lo hipócrita que era, Sam no quiso decir demasiado, pues no quería decir nada feo del padre de Gwendoline, ya que no lo conocía.

―Los padres siempre quieren asegurarse de que sus hijos tengan un futuro seguro y acomodado ―le dijo, sintiendo que “defendía” un poco a su padre, cuando en realidad no quería aparentar eso―. Mi padre también cuestionó mi futuro con la veterinaria, pero le callé diciendo que era lo que me gustaba y que ya me buscaría la vida si no conseguía trabajo. Siempre me ha dicho que debería de haberme metido en enfermería… Lo típico, como si fuera lo mismo, ¿sabes?

El sueño de Sam era tener una clínica propia en donde poder ser la propia dueña y gestionarlo absolutamente todo: desde el trato hasta los servicios. Sin embargo, sabía que era apuntar muy alto.

―Sí, claro que las he visto ―reconoció, divertida―. Esas películas en donde el modelo siempre está desnudo y pone cara de “uy, qué vergüenza estoy pasando con esta sabanita tapándome mis partes nobles, pero en verdad soy super sexy, mira qué músculos.” ―Puso voz un poco más grave, simulando un hombre―. Quiero que sepas que si algún día me dibujas, te diré que quiero que me dibujes como una de tus chicas francesas. ―Y justo después de decir eso, se rió divertidísima.

El escándalo de Gwendoline hizo que una Sam sentada en su silla riese de manera traviesa.

―Qué mala eres ―le reconoció, con intención de bromear aprovechándose que su homosexualidad era sabida―: Son feos y tienen cosas desagradables colgando, ¡pero tampoco como para ser tan drásticas! Hay algunos que son monos.

En lo que se conocían, Gwendoline podría contar cero las veces que Sam había hablado de manera positiva―físicamente―de un hombre. Si bien no le hubiera dicho en algún punto que era homosexual, era muy evidente debido a sus comentarios.

Lo gracioso es que en ese momento no sopesó que ese comentario podría deberse a la posibilidad de que quizás su interés estaba en las mujeres y no en los hombres, sino que Sam veía a la muchacha en plan crush un poco imposible que creyó que solo hablaba su falta de interés en relaciones. Ahora mismo estaba en modo “me gusta” pero mejor no cagarla.


***

Samantha no había visto la película del Escuadrón Suicida, por lo que no podía opinar demasiado sobre la labor del Joker o de Harley Quinn en dicha película, sino que sólo los conocía estéticamente. Debía de admitir que el Joker no era de su agrado, pero Harley Quinn… Lo siento, era lesbiana, ¿vale? Margot Robbie encarnando a Harley Quinn le había parecido visualmente preciosa. Eso sí, ni era su favorita estéticamente ni mucho menos se iba a cosplayar de ella, pues le parecía bastante insulsa en comparación.

Se sorprendió de la matización de Cameron Monagham, soprendiéndose gratamente. No sabía que Gwendoline había visto Gotham.

―¡A mí también! ¡Me encanta! ―exclamó alegremente, apoyando su emoción con las escenas de Jerome―. Pensé que no habías visto la serie, por eso ni te lo nombré. Yo la verdad es que a ese le tengo mucho cariño, así que lo pondría en segundo lugar, antes de Phoenix ―dijo, dando ella también su top tres. No le quitaba valor a Phoenix, pero creía que los actores de series casi que perdían valor, cuando en realidad era mucho más increíble: mantener durante tanto tiempo la credibilidad de un personaje, que se note la evolución y que aún así mantuvieses a la gente alucinando con tu actuación, es que realmente lo valías―. Además, siempre me quedaré con los Joker más siniestros e irónicos.

Además, lo mismo: el Joker de Joaquin era mucho más correcto, pero Sam se decantaba por la locura de Ledger y Monaghan.

―¿Serás la versión femenina de el Joker de Ledger? ―Solo lo estaba confirmando, para entonces llevarse una mano al corazón―. Lo mismo me enamoro, ten cuidado ―le advirtió, evidentemente en broma. Su rostro declaraba abiertamente que estaba muy de broma pero… ¡entre broma y broma, la verdad asoma! ¡Já!―. Tranquila, a mi no me apetece vestirme con medio culo fuera ―la tranquilizó con ironía cuando mencionó su disgusto por Margot Robbie y su Harley Quinn―. En realidad mi favorita es la de los cómics, las de las mallas negras, rojas y blancas. Vamos… la que va de arlequín de verdad, con el gorro con los pompones, el antifaz y el gran martillo. Tengo sus cómics de cuando era pequeña porque me los regaló mi primo y siempre le he tenido mucho cariño, ¿sabes cuál te digo, no? ―le explicó mientras caminaban por el pasillo de los restaurantes.

Tenía una malla completa de color negro que se había comprado hace un par de años para un disfraz, así que la idea era coger esa y coserle lo necesario de blanco y rojo para hacerse la malla de Harley. Eso sí, no sabía coser muy bien, por lo que iba a necesitar ayuda, una masterclass o muchos vídeos de Youtube para aprender a usar esa máquina del siglo pasado.

―¿Está aprobada esa Harley Quinn? Yo creo que está a la altura de tu Joker ―le dijo, barajando el nivel mientras movía la cabeza, para entonces desviar la mirada hacia un restaurante―. ¿Te apetece aquí? ―preguntó, parándose en su caminar―. He comido varias veces y sé que tienen cosas muy ricas vegetarianas, además de muy buen precio, pero si tienes otra oferta, soy todo ojos.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Nov 13, 2019 4:55 am

Con respecto a su padre, y a su actitud constantemente condescendiente hacia una hija que había escogido el camino del arte en su vida, Gwendoline frunció el ceño con desagrado. No es que no comprendiese lo que Sam quería decir, pero… ¿no resultaba terriblemente hipócrita por parte de su padre? Es decir: él había escogido ser escritor para vivir, y ahora que su hija decidía seguir el mismo camino, se ponía pesado al respecto.

Sí, claro: valoraba la posibilidad de que se arrepintiese de haberse complicado tanto la vida, y que pretendiese que su hija no hiciera lo propio, pero no le gustaba esa forma de verlo.

—Bueno, en tu caso no es complicado que encuentres trabajo. Estamos en el siglo veintiuno, en pleno 2019: la gente adora a sus mascotas, y las clínicas veterinarias están por todas partes. Te irá bien —la animó, en contraposición del desánimo que su padre podría imprimir sobre ella, y obviando por completo el tema de su propio padre.

El tema de que Sam fuese su modelo… iba a traer mucha cola, aunque Gwendoline no fuese consciente de cuánta en ese momento. En su cabeza, simplemente, se imaginaba a su amiga sorprendida —ofendida, quizás— ante la petición de posar desnuda para ella, para luego negarse. Para nada se imaginaba lo que realmente le supondría a Sam desnudarse delante de ella.

Tampoco se imaginaba lo que supondría para ella misma encontrarse en esa situación.

Lo más que pudo hacer fue confesarle que en su clase ya habían tenido modelos, aunque nunca hubiesen sido modelos desnudos. Se excusó diciendo que eso no le servía, pues quería algo más “personal”. ¡Y tan personal! Lo siguiente que Sam dijo habría supuesto la excusa perfecta para sugerir lo del desnudo, pero… sinceramente, al final no se atrevió.

Simplemente, rió divertida ante el último comentario.

—Mejor todavía: te dibujaré como a mi amiga gamer capaz de asesinar camperos para vengarme —bromeó, divertida, y también un poco nerviosa.

Hombres… Ese tema. Gwendoline, que ni siquiera había sido capaz de tener una pareja normal —y ocultaba con celoso cuidado aquella ocasión en que lo había intentado con Timothy Jarrow en primer año de carrera—, no se visualizaba con un hombre al lado. Sabía cómo funcionaba el sexo, había visto la anatomía masculina desnuda en su totalidad —y dicha anatomía había visto la suya desnuda en su totalidad—, pero a la hora de hacerlo… A la hora de hacerlo, le avergonzaba reconocer que había cogido su ropa, se la había puesto como buenamente había podido, y se había marchado.

Así que no, no quería a ningún baboso borracho, de ninguna de las maneras.

—Un hombre deja de ser mono en el momento en que tienes su “cosa que cuelga” delante. Créeme, lo sé. —No era consciente de los pensamientos que sus palabras sugerían a su amiga—. ¡Quita, quita! Será noche de chicas.


***

Gwendoline tenía una teoría sobre el Joker y sobre la dificultad que entrañaba el interpretarlo: sí, estaba claro que el personaje era muy difícil, que no todo el mundo podía hacerlo correctamente, pero teniendo en cuenta que todos los que lo habían interpretado, a excepción de uno en concreto, lo habían hecho bien, tenía la sensación de que se trataba de un papel muy agradecido, y que permitía a un actor mucha libertad. Así que atribuía el fiasco de Jared Leto a un problema conjunto: la dirección de esa horrible película y una interpretación errónea del personaje por parte del actor.

¿Prueba de ello? Jerome/Jeremiah en la serie Gotham, aunque si le daban a elegir, se quedaba con Jerome.

—Me gusta más Jerome que Jeremiah. Sinceramente, no entendí muy bien lo que quisieron hacer matando a Jerome e introduciendo un nuevo “Joker” interpretado por el mismo actor, pero siendo su hermano gemelo. ¡De hecho, Jerome intentando que Jeremiah se volviese loco es una clara referencia a Joker intentando que el Comisario Gordon enloquezca en La broma asesina! —Esto último lo exclamó con gran entusiasmo, abriendo mucho los ojos y gesticulando con las manos—. ¡Jerome era Joker! No me importa que en el episodio final sea Jeremiah quien luche contra Batman: no tiene ese punto desquiciado que tenía Jerome.

Escogió a Ledger, principalmente porque le encantaba su maquillaje tan desaliñado, tan desquiciado, como había mencionado antes. El Joker de Ledger, si bien carecía un poco de trasfondo, era la definición misma de la locura. Una locura inteligente, pero locura a fin de cuentas. ¡Y por eso Jerome le gustaba tanto!

Es decir: no había más que ver tanto la escena en que el Joker de Ledger esperaba a que Harvey Dent decidiese dispararle a la cabeza, sin hacer amago de defenderse, y la escena en que Jerome cogía un revólver cargado, le daba vueltas al tambor, y comenzaba a apretar el gatillo apuntándose a la cabeza. ¡El pelirrojo era el heredero espiritual de Heath Ledger, por favor!

Cuando Sam le dijo que tuviera cuidado, o se enamoraría de ella, Gwendoline se dijo que sería bonito que alguien se enamorase de ella, pero que lo dudaba: ella era, con suerte, la amiga fea.

—Esa que dices es la versión de la serie animada, que es dónde apareció por primera vez —tuvo que corregirla. Gwendoline adoraba a Harley Quinn, y sabía mucho de ella. ¡Y sabría más de poder comprarse todos sus cómics!—. Sí, supongo que está aprobada, pero… ¿Qué te parece si le damos algunos toques extra? Quiero decir, podríamos combinar distintas Harley. Me gusta mucho el pelo rojo y azul que lleva en Injustice, o las dos coletas rubias con las puntas rojas y azules de Injustice 2. Lo que desgraciadamente no podrá llevar es la chaqueta con el símbolo de Batman en la espalda, pues se supone que serás la Harley del Joker, no la Harley buena aliada de Batman...

Se aproximaban a un restaurante mientras hablaban, y Sam sugirió cenar allí. La morena, que en ese momento todavía estaba en pleno estallido friki, asintió con la cabeza, y se interrumpió un solo momento para decir:

—Venga, y estoy dispuesta a dejarme convencer para probar alguna exquisitez vegetariana de las que tanto me has hablado —le dijo, dedicándole un guiño cómplice—. ¡Quién sabe! A lo mejor consigues que me vuelva vegetariana...

Aquello era prácticamente imposible: Gwendoline adoraba la pasta boloñesa, y muy bien tenía que estar preparada sin carne para que le gustase. Lo había probado alguna vez.

—Vale, pues como te iba diciendo... —prosiguió Gwendoline mientras cruzaban la puerta del restaurante, siendo recibidas por el acogedor calor del interior—, podríamos jugar con distintos elementos o vestimentas de nuestros personajes. Seguro que conseguimos unos disfraces más chulos… ¡Vale, dime! ¿Qué está rico aquí?

Se detuvieron ante el mostrador. Sobre ésta, había uno de esos enormes carteles que enumeraba los platos de la carta, y Gwendoline enseguida se puso a leer la sección de “vegetarianos”. Había cosas que entendía y otras que no, pero en cuanto a sabor, prefería el asesoramiento de Sam.

Ella conocía ese tipo de cocina mejor que nadie.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Nov 14, 2019 3:34 am

Asentía constantemente a la opinión de Gwendoline con respecto a Gotham y el cambio que habían tenido que hacer con respecto a los personajes que representaban al Joker. Sam estaba totalmente de acuerdo, pues siempre creyó que el personaje de Jeremiah había sido totalmente innecesario.

―A mí también me gusta más Jerome ―reconoció.

En realidad, Sam era muy fan de todo lo relacionado con Marvel y DC, así como de Disney. Sin embargo, ella era fan de lo que salía en las películas y, en el caso de Harley Quinn, específicamente, de lo que había podido leer gracias a su primo. Eso sí, ella no podía considerarse una persona friki o entendida en la materia, pues les quedaban muy grande ambos universos. Si tuviera que elegir favoritos apostaría sin duda por la saga de Harry Potter―su favorita―o la de Star Wars, pero en materia de superhéroes y villanos seguramente no daba la talla. Si tenía algo de friki, sería totalmente relacionado con los videojuegos. Ella creía que más que friki, podría considerarse gamer.

No le sorprendió que Gwendoline le corrigiese con la idea que ella tenía de su Harley Quinn. Los cómics que ella tenía eran de mil novecientos noventa y cuatro hacia adelante, mientras que la serie era del noventa y uno. Lo que los cómics habían pasado a través del tiempo hasta llegar a una joven Sam, mientras que la serie animada se había quedado muy atrás para ella, aunque si mal no recordaba, seguía siendo la misma Harley Quinn en ambos sitios. Es decir: la versión de la que estaba hablando era la misma que la de la serie animada, o al menos eso le había parecido a ella, al menos estéticamente.

―Pues esa ―respondió con una sonrisa―. Nunca he visto la serie animada de Harley, sólo leí los cómics que salieron después ―reconoció. Debía de admitir que por mucho que le encantase el personaje, tampoco tenía mucha intención de ver la serie, básicamente porque no era su estilo.

La verdad es que del disfraz que tenía en mente hacerse, lo más complicado iba a ser hacerse el gorro de la cabeza con las dos partes sobresalientes, por lo que la idea de cambiar un poco el disfraz e ir con su pelo natural y un poco teñido con esos sprays… no era mala idea. Recordando a la Harley Quinn de Injustice 2 hasta pensó que sería una buena representación e incluso más fácil de hacer, por lo que asintió varias veces con la cabeza.

―Es verdad ―dijo frente a la evidencia de que Sam le había pedido que fuera su Joker―. Si no, no pasa nada. Me pongo en la chaqueta el símbolo del Joker y voy de una Harley Quinn del universo alternativo del Injustice 2.

Una vez entraron al interior del restaurante, se pararon en el mostrador para ver la carta antes de ir a ningún lado. Sam escuchó lo que decía Gwendoline, pero se quedó por el momento sólo con el final, cuando le preguntó qué era lo que estaba rico.

―Yo es que soy más simple que el mecanismo de un chupete y tengo debilidad por los croissants ―le reconoció su placer culposo―. Tienen muchísimo, pero solo puedo aconsejarte sobre los que no tienen ni carne ni pescado, pero a mi padre le encanta uno de bacon con el que siempre sale alucinando ―dijo, encogiéndose de hombros, para entonces acercarse a ella y mirar ambas en la misma carta. Pasó la hoja hasta ver la lista de los croissant y le señaló uno en especial―. De quínoa y guacamole con heura a la plancha. ¿Sabes qué es la heura? Es una proteína vegetal derivada del legumbre y tiene un sabor y una textura que recuerda mucho al pollo. No sé, está bueno: también tiene tomate, cebolla… ―Le recomendó, para entonces sonreír cómplice―. Es el que siempre me pido yo.

Además se lo pedía con patatas bravas, que eran sus favoritas en compañía de ese croissant. Justo en ese momento, un camarero detrás del mostrador apareció, preguntando que si ya estaban atendidas, a lo que Sam negó.

―¿Hay alguna mesa para dos libre? ―preguntó.

―Sí, por supuesto. Síganme. ―Les dijo, pero antes de emprender camino señaló a las cartas―. Llevensela sí quieren para que puedan seguir mirando.

Las sentó en la parte de fuera, la cual era una terraza totalmente cubierta, por lo que aunque hacía un poco de más fría, no se notaba demasiado debido a la gente que había. La mesa estaba en mitad, siendo rodeadas de otras mesas, pero la verdad es que Sam no tenía preferencia alguna por estar al lado de la pared o ninguna tontería así. Por comodidad a la hora de poder enseñarse los móviles y poder ver referencias de sus disfraces, Sam se sentó al lado de ella en vez de al frente.

―¿Sabéis que vais a beber? ―preguntó el camarero antes de irse.

―Una fanta por favor ―le pidió amablemente.

El camarero no tardó en irse y Sam dejó su mochila en la silla que tenía al lado libre, así como su abrigo. Se ofreció a poner las cosas de Gwendoline también allí, haciendo una pila en orden.

―Pues… ahora pensando: creo que la versión de Harley en Injustice lo mismo es más fácil a la hora de hacer un disfraz… ―reconoció con una sonrisa, pues por mucho que la otra fuese su favorita, iba a ser un lío caótico hacerse un disfraz decente de eso―. Además… ―Movió la cabeza y, con ello, su pelo, despeinándose un poco―. Ya tengo el color base de su pelo: tengo que aprovecharme de lo que ya tengo.

Había que admitir que el hecho de que a Gwen le gustase mucho esa Harley Quinn, también era un gran motivo para cambiar de focus. Ahí aunque no lo hubiera pensado estratégicamente, Sam estaba en modo «intentar llamar la atención de Gwen» de cualquier manera que se le ocurriese, aunque conscientemente no lo pensase.

Además, le hacía ilusión eso de disfrazarse en dúo. ¡Mira que lo había intentado veces con Natalie en el pasado y ella que no, que nunca quería disfrazarse de nada a la par! ¿Y con Gwen? ¡No había hecho falta nada de nada! Se lo propuso y ella había aceptado sobre la marcha. ¿Y sabéis lo genial que sería ir en conjunto Harley y Joker, siendo ambas chicas? No sabía de qué irían disfrazados sus compañeros de veterinaria, pero ya estaba segura de que ellas iban a ser las mejores.

―Tenemos que hacer una lista de lo que necesitamos comprar antes de ponernos a hacerlos ―dijo, sacando su móvil. Quizás la Samantha del otro universo era fan de las libretas y de hacer listas a manos, pero esta Sam era más tecnológica y la única libreta que llevaba en la mochila era la de los apuntes de su proyecto final de veterinaria―. Tengo una aplicación para hacer listas: es mi manera de engañarme. Ordeno mi vida para ser responsable pero luego no le hago caso a lo que escribo ―confesó con una sonrisa, mirando de reojo a Gwen.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Nov 21, 2019 12:14 am

Gwendoline, que si bien se había leído unos cuantos cómics, conocía a los superhéroes más bien por medios modernos —no había que olvidar que era millenial, y que en la actualidad, comprar cómics antiguos equivalía a empeñar un riñón… o dos—, aunque se había preocupado un poco por conocer la historia previa. Siempre que veía alguna reedición moderna —y tenía dinero, claro—, se la compraba como un pequeño capricho, siendo sus predilectas las que tenían a Joker, Harley Quinn o Batman como protagonistas.

Por eso conocía tan bien la serie animada: en algún momento de su infancia —casi adolescencia— había descubierto la serie animada en un canal de YouTube que, posiblemente, ya habría desaparecido. ¡Y le había encantado, a pesar de lo infantil de su temática!

«Infantil, sí», pensó Gwendoline, «pero eso no impidió que Joker arrojase a Harley por una ventana en una ocasión, así como cosas peores.»

No sin cierta razón, la joven en proyecto de ser artista se dio cuenta de lo complicado que sería que emitiesen algo así en horario infantil en los tiempos que corrían. Y si bien estaba de acuerdo con la idea de promover unos buenos valores entre los más pequeños, esta opinión entraba en conflicto con su firme creencia de que el arte no debía ser censurado.

—Pues quiero aprovechar para recomendártela, amiga mía —le dijo a Sam con una sonrisa—. Y ya sé que soy una hereje que piensa que las películas de Star Wars están bien, pero no son para tanto, pero a Joker en esta serie, igual que en los videojuegos, le pone voz Mark Hamill. ¿Sabes eso que dicen de que existen actores que nacieron para interpretar un papel? Pues sin duda, Mark nació para doblar a Joker. —Su sonrisa se había ensanchado, y de inmediato hizo un intento de imitación de la mítica risa del Joker… deficiente—. Pienso mejorar eso de aquí a Halloween, te lo aseguro.

Así que el plan que tenían parecía ser… unir varias Harley, tomando elementos de una y de otra, haciendo una especie de Franken-Harley perfecta. La idea le gustaba muchísimo más, mucho más creativa que simplemente copiar algo que estaba hecho, aunque claramente sería necesario que Harley y Joker fuesen un equipo.

—Ese plan tuyo no está mal, ¿pero sabes de qué acabo de darme cuenta? Es una tontería, pero... —Se quedó pensativa y luego alzó la mano hasta la altura de la cabeza de Sam, la bajó hasta su cabeza, y quedó claro a qué se refería—. Voy a ser un Joker enano.

En realidad, le hacía gracia la idea, aunque involuntariamente, la gente se preguntaría: «¿Por qué Joker es tan bajita? ¿Por qué Harley, con esas piernas largas y esculturales, escogió a ese retaco?» Sería muy divertido pasearse de esa guisa por la fiesta.

Una vez en el interior, consultando la carta, Gwendoline paseó la vista por la sección vegetariana, que era sorprendentemente amplia. Reflexionó brevemente acerca de cómo la raza humana poco a poco abrazaba el vegetarianismo y sus variantes, se imaginó igual de brevemente un futuro en que la raza humana comiese únicamente vegetales y existiese una superpoblación de vacas, y después pidió a su amiga que la guiase.

—Bueno, claro. Esa es la idea, ¿no? —le respondió, cuando mencionó que únicamente podía aconsejarla respecto a los platos no cárnicos—. ¿Qué clase de idiota irrespetuoso se pide una hamburguesa delante de alguien que no come carne? Es un poco insultante...

A pesar de que le gustaba la carne, así era como lo veía. Y lo vería de la misma forma si la invitase a comer un musulmán, que no come cerdo. ¿Había mayor insulto a las creencias, religiosas o culturales, de una persona, que comer delante de él o ella algo que no puede o no quiere comerse? Especialmente cuando esa persona ha elegido llevar ese tipo de vida por un motivo que le afecta profundamente, y no por salud, capricho o lo que sea.

Por lo poco que sabía de Sam, ella lo hacía por los animales, y Gwendoline pensaba respetarla.

—Vale, veo entonces que aquí tienen una “Falsa Ensalada César”. —Gwendoline señalaba la carta, donde literalmente estaba escrito eso: “Falsa Ensalada César”—. Supongo que lleva eso que has dicho… ¿Heura? Sí, aquí lo pone. ¡Y salsa césar sin anchoa! —Se llevó la mano al mentón, pensativa—. Voy a probar uno de esos que has dicho, y la falsa ensalada césar. De lo bueno que esté todo esto depende que me convierta al vegetarianismo.  —Bromeó, mientras por dentro pensaba: «Eso no ocurrirá en la vida.»

En lo que se decidía, Sam preguntó si había una mesa libre, y el camarero las condujo a la terraza cubierta. Gwendoline no pasó por alto el dato de que, pese a que técnicamente era una terraza, ostentaba un vistoso cartel que prohibía fumar.

Una vez sentadas, la una junto a la otra, el camarero les preguntó si sabían qué les apetecía para beber.

—Veo que hay refresco de cola ecológico. ¿Me puede poner uno frío, por favor? —solicitó Gwendoline, a lo que el camarero asintió, dedicándole una sonrisa antes de marcharse.

Sobra decir que interpretó aquella sonrisa como mera cortesía.

Sam entonces mencionó que prefería basarse en la Harley Quinn de pelo rubio pintado con spray, lo cual a la morena le parecía muy buena idea: no sólo aprovecharía todavía más la belleza natural que tenía, sino que además no tendría que llevar la cabeza embutida en aquel extraño gorro de dos puntas.

—Esa capucha, o lo que sea, que lleva Harley, tiene pinta de ser incomodísima. Irás claramente mejor si no la llevas —coincidió Gwendoline, que para entonces ya había sacado el teléfono móvil del bolsillo, con intención de buscar una imagen ilustrativa.

Sam, por su parte, hizo gala de su forma de ser organizada, confesando que tenía una aplicación para elaborar listas, la cual utilizarían para tomar notas de lo que necesitaban para elaborar sus disfraces.

—Para eso están las listas: para no hacerles ni caso —bromeó Gwendoline, en respuesta, mientras buscaba en Google imágenes de Harley Quinn—. Vamos a empezar con lo sencillo: ropa que podemos aprovechar. ¿Es posible que en tu casa tengas algún traje de color claro que pueda teñirse de violeta? Preferentemente, que no lo vayan a necesitar después. —Mientras buscaba imágenes de Harley, apareció una Joker de Ledger disfrazado de enfermera que le hizo soltar una carcajada—. ¡O una bata de la clínica veterinaria! Creo que podría trabajar con eso. —Y para que comprendiera a qué se refería, le mostró la imagen.

Esa escena de la película le había parecido hilarante y ridícula a partes iguales. Es decir, ¿a nadie le había parecido extraño que una de sus compañeras apareciese con esa cara maquillada? ¡Saltaba muchísimo a la vista! ¿Y al Joker no se le había ocurrido aparecer sin maquillar, igual que en aquella escena en que se camuflaba como soldado?

«Es Christopher Nolan», se recordó a sí misma. «A Christopher Nolan se le perdonan estas cosas, pues lo demás es maravilloso.»
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Sam J. Lehmann el Jue Nov 21, 2019 3:08 am

Mecachis.

Sólo tu “crush” o la chica que te gusta―que en este caso era lo mismo―era capaz de hacer que una persona que no tenía intención alguna en ver una serie, se replantease el verla sólo porque se lo había recomendado esa persona especial. Ella ni se había planteado ver la serie porque sabía que no era su estilo, pero si Gwendoline se la recomendaba… la cosa cambiaba. Podían hablar de ello, compartir el hype y… No sé, Sam no sabía mucho de psicología humana, pero la cosa había sido así. Antes no entraba en sus planes y, ahora, parecía una buena idea para ver mientras cenaba y así tener una excusa más para hablar con ella.

―Bueno ―comentó, sonriente―. Si la encuentro en buena calidad me lo pienso, aunque primero me debería de terminar las que tengo a medias, que no es que sean pocas precisamente. ―Entonces rió frente al intento de risa de Gwendoline, negando con la cabeza. Hizo un comentario que no tenía más intención que picarla un poquito―: Uff, pues tienes mucho trabajo, ¿eh? ―Acompañó el final de la frase con un guiño, declarando su broma.

En realidad la estatura de Gwendoline era una estatura normal para una mujer y la que ahí sobresalía por encima de la media era sin duda Samantha, que en su adolescencia parece que dio el estirón por todas las chicas de su clase.

―Puedes ir de Joker sexy y ponerte tacones ―le propuso como idea loca, metiéndose un poquito con ella después, pues había confianza―: Supongo que no estarás acostumbrada, pero ver la vida desde aquí encima es otro mundo. ―Pero entonces negó con la cabeza, siendo totalmente sincera―. En realidad da igual que seas más bajita. Eres una versión enana del Joker.

Cuando Sam decidió hacerse vegetariana lo hizo como una aspiración solitaria: no había podido convencer a ninguno de sus padres―y mira que tenía cuatro―, ni a ninguno de sus amigos, por lo que había decidido abrazar esa dieta por sí sola. Ella compraba las cosas que necesitaba en casa para comer y así también le ahorraba el quebradero de cabeza a sus padres, que al menos eran conscientes con ella y cuando comía con ellos le preparaban algo aparte que no tuviera ni carne ni pescado. Así que se había acostumbrado a respetar que cada uno comiese lo que le diera la gana, por mucho que ella estuviera presente.

Al igual que todos habían respetado su decisión de hacerse vegetariana, ella respetaba que el resto no quisiera y si querían comer carne, que la comieran.

―No me lo parece, me he hecho vegetariana rodeada de personas que comen de todo, así que… ―Le contestó, despreocupadamente―. No te sientas en la obligación de pedir nada vegetariano por mí si prefieres otra cosa. ―Se vio en la obligación de añadir eso, por si acaso.

Hacía ya mucho tiempo que era vegetariana, por lo que llevaba bien eso de ver un trozo de carne y no tomarlo en cuenta. Tenía el mismo interés en la carne y el pescado como en el hombre más guapo del restaurante: ninguno. Ya después de tanto tiempo ni les encontraba el atractivo a lo que una vez le encantó, pues a Sam le había costado dejar de comer carne y pescado precisamente porque le gustaban mucho.

Sin embargo, Gwen se veía motivada a probar cosas nuevas, así que no insistió, pues supuso que no hacía falta. Sam había probado la Falsa Ensalada César y también estaba buenísima, pero a decir verdad con el croissant, con lo grande que era, se quedaba llenísima.

―No creo que esté TAN BUENO como para tanto ―respondió divertidísima, sabiendo que había que tener mucho más que la referencia de dos comidas muy buenas para convertirse en vegetariana―. Pero te lo recordaré todos los días ―agregó junto a una sonrisa.

Una vez sentadas y con la comanda ya pedida, continuaron hablando de los disfraces de Halloween. ¿Sinceramente? Jamás en la vida se había preocupado tanto de unos disfraces, sino que ella siempre iba de manera lowcost, con lo mínimo posible. Sin embargo, su perspectiva de la situación había cambiado bastante cuando Gwendoline se había sumado a la ecuación y se le veía tan motivada con la idea de ir a la fiesta―aunque no conociera a nadie más que a Sam―y encima a vestirse en conjunto con ella. Debía admitir, además, que le hacía ilusión currarse los disfraces por primera vez en su vida, sobre todo si era junto a una artista de verdad.

―Sí, con dos coletas voy más cómoda ―reconoció, dándole la razón, para entonces pensar momentáneamente si tenía algún traje. Tenía trajes: uno negro básico y uno rojo, precioso, que utilizó para su orla universitaria. Evidentemente ninguno servía para ser tintado porque solo tenía dos. Antes de poder decir nada, Sam observó la foto del Joker disfrazado de enfermera, riéndose―. ¡Oye, eso si te lo puedo conseguir fácilmente! ―Por no hablar de que tenía dos en casa, una rota y otra porque pensó que la había perdido y pidió otra inútilmente para luego encontrarla con la ropa amontonada del sillón de su cuarto―. Pero trajes… quizás mi padre tenga. O sea, para que te hagas una idea: mi casa es bastante grande, ¿vale? Pues todo el hueco que podría haber libre para crear espacio, es utilizado para crear almacenamiento inútil de cosas viejas, así que no me extrañaría que hubiera algún traje de sus tiempos mozos que ya ni le quepa. Total, por preguntar no vamos a perder nada. Cuando vengas a mi casa miramos y si no te doy una bata de veterinaria. ―Le propuso.


***
Domingo, 20 de octubre 2019 - 15:32 horas
Atuendo

Había quedado con Gwendoline en su casa para hacer los disfraces una tarde que ambas tenían libre, precisamente la del domingo. Habían quedado justo después de comer para aprovechar la tarde y Sam había ido el día anterior en un hueco que tenía a comprar las cosas necesarias que habían escrito en la lista cuando fueron a cenar después del cine, para así tenerlo todo preparado.

Era la primera vez que Gwen iba a su casa, por lo que recogió su habitación como nunca para que hubiera espacio suficiente en el que trabajar tanto en el suelo, como en el escritorio, como en la cama. Cuando le llegó el mensaje de su amiga de que estaba llegando a la casa, bajó las escaleras para abrir la puerta a ver si la divisaba por la acera. Cuando vio su cabellera morena, la saludó con la mano para mostrarle qué casa era. Era un vecindario modesto, compuesto por duplex adosados. La casa de los padres de Sam era bastante grande, con dos plantas y cuatro habitaciones, habiendo una que, como bien le había dicho a Gwendoline hace dos días, se utilizaba para guardar mierda, básicamente.

―¿Ves? Te dije que no tenía pérdida y que la rubia de la puerta era inconfundible ―dijo divertida, saludándola con dos besos en la mejilla por pura costumbre y cordialidad―. Mis padres han salido con mi hermana, vendrán en un rato. ―Le invitó a pasar, dejándole hueco para que pasara primero y cerrar la puerta después.

Sam no había salido con sus padres porque había aprovechado el domingo por la mañana para adelantar bastante su proyecto, pues los domingos por la mañana eran días muy productivos para ella siempre que no se le pegasen las sábanas.

―Te enseño la casa así rápido, aunque no tiene nada de especial ―le ofreció, para que supiera en donde estaban las cosas.

Básicamente en la planta baja se encontraba la cocina, un baño de invitados, un comedor familiar y un salón bastante grande cuya mitad estaba invadida por objetos infantiles, pues era en donde se pasaba la mayor parte del tiempo Annie jugando. En la planta superior había otro baño, la habitación de sus padres, la de Annie, la de invitados y…

― …¡Tadán! ―Abrió la puerta, mostrándole su habitación. No era una habitación lo que se decía “friki”, pues realmente Sam no tenía mucho de eso. Cierto que le gustaban muchas cosas que la gente podía calificar como friki, pero no era realmente algo que la identificase, sino que había muchas otras cosas que la identificaban mucho más que eso. Sobre el escritorio, en la pared, se podían ver imágenes de Sam con sus amigos y familiares. Encima del escritorio se podían ver, además, todas las cosas que había comprado el día anterior para poder trabajar, incluído un traje gris viejo―. Bienvenida a mi catcueva. Él es el famoso Tofu.

Obviamente se refería a su gato que, tranquilamente se había estirado en la cama, había bajado y se había acercado a Gwendoline para olisquear sus zapatos. Era un gato muy cariñoso que nunca había tenido problemas con las personas, por lo que sabía que no iba a ser un problema.

―Es tan bueno como la dueña, así que puedes acariciarlo y darle amor ―le dijo, sintiendo por un momento que era una frase mal hecha y que parecía que la estaba invitado a que la acariciara a ella y le diera amor o algo por el estilo. Qué vergüenza. Esperaba que se la tomase con la inocencia con la que lo había dicho Sam.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Lun Nov 25, 2019 3:18 am

Cuando recomendó a Sam ver aquella serie, a todas luces infantil, para nada se esperaba que su amiga lo considerase en serio. Era la típica propuesta que se lanza al aire, consciente de que la otra persona dirá que “se la apunta”, para luego olvidarse de ella a los tres minutos.

Pero bueno, si lo hacía, tendría ante sí una pequeña obra maestra. ¡De ahí había salido Harley Quinn, maldita sea!

—El día de la fiesta te arrepentirás de tus palabras —respondió cuando Sam afirmó que su risa tenía mucho trabajo por delante—. Vas a tener tanto miedo de mi risa que te esconderás bajo la cama más próxima.

Ni ella misma se lo creía, pero bueno: por intentarlo, que no quedase.

Gwendoline no tenía complejo por su estatura. Jamás lo había tenido y jamás lo tendría. Se aceptaba tal cual era. Y es por ese motivo que no se tomó los comentarios de Sam, evidentemente en tono de broma, como una ofensa. Por lo que su respuesta, en honor al más puro falso drama, fue la siguiente:

—¡Eh, no te pases! O no te dejaré que seas mi Harley Quinn. —Su protesta daba a entender que tenía mejores opciones, pero… no. Así que no tardó en abandonar el drama y pasó a ridiculizar la situación—: ¿Sabes? Pienso que deberíamos cambiar de planes. En lugar de ir de Joker y Harley, podemos ir disfrazadas como en ese meme, de Joker y Mini Joker.

Ese dichoso meme estaba por todas partes, en Facebook, Twitter y demás redes sociales. Seguro que Sam lo habría visto cientos de veces. ¡Gwendoline lo había visto incluso antes de ver la película, lo cual era normal teniendo en cuenta que acababan de verla! ¡¿Cómo lo hacía la gente?! ¿Cómo se viralizaban estas cosas tan rápido?

Ya sentadas a la mesa del restaurante, esperando su comida, Gwendoline propuso a Sam un reto indirecto. Quería averiguar si aquella falsa ensalada césar y el resto de comida que había pedido la hacían volverse vegetariana. Ni ella misma creía que fuese a dar resultado, por lo que no le sorprendió la respuesta de Sam.

—Tienes razón: no creo que vaya a funcionar —tuvo que coincidir Gwendoline, con un suspiro, para luego sonreír de manera culpable—. Todo sería mucho más fácil si en este mundo no existiesen las hamburguesas y los perritos calientes… ¡Y la pizza de anchoas!

A Gwendoline le gustaban mucho los sabores intensos, ya fuesen salados, como las anchoas, o picantes, como el chile. De hecho, adoraba el pollo picante al estilo mexicano, y en lo personal dudaba mucho que la famosa heura fuese tan buena como unas alitas de pollo con salsa diabla. Simplemente, no podía ser.

Mientras esperaban la comida, siguieron comentando sus proyectos de disfraces de una manera apasionada. Gwendoline quería un traje para disfrazarse del Joker, pero sus prioridades no tardaron mucho en cambiar cuando vio aquella imagen de la película de Nolan, con el Joker vestido como una enfermera.

—Vale, me parece correcto, pero... —Miró a Sam, encogiéndose de hombros y sonriendo—. Creo que va a ser muy difícil quitarme de la cabeza la idea de ir de Joker enfermera.


***

Cuando llegó el domingo e, inevitablemente, la hora de visitar por primera vez la casa de Sam, Gwendoline estaba nerviosa. Más nerviosa de lo que le hubiera gustado reconocer.

Sam y ella se habían hecho buenas amigas, sí, pero hasta el momento no habían dado ese paso, el visitar la una la casa de la otra. Y se trataba de un paso importante, a su juicio: un claro indicio de que aquella amistad había alcanzado un punto serio.

Mientras se dirigía a su casa, pensó en Sam. Se sentía muy a gusto con ella, y en muchas ocasiones se hacía la misma pregunta: ¿Qué había hecho en su vida antes de conocerla? Porque desde que se conocían, jugaban a videojuegos todas las noches, charlaban, quedaban para tomar algo… Le daba la sensación de que ella siempre había estado ahí, y simplemente ya no podía visualizar la vida sin la rubia.

Así que esperaban no hacer algo que lo fastidiase todo: cualquiera que la conociese podía decir que Gwendoline Jones era incapaz de mantener una amistad por mucho tiempo.

Al llegar a la calle indicada, paseó la mirada por las fachadas de las casas, mucho más bonitas que su vivienda compartida. Sam le había dicho el número, pero no necesitó buscarlo: la rubia asomó a la ventana poco después de que le enviase su mensaje, saludándola con la mano. Le respondió de la misma manera, sonriendo, y entonces aceleró el paso para ir a su encuentro.

—¡Qué chulada de casa! —le dijo, lanzando acto seguido un silbido mientras paseaba la mirada alrededor—. ¿Crees que tus padres podrían querer una hija postiza? Así me mudo aquí y eso… —bromeó, divertida.

Si ya desde el exterior la casa era hermosa, el acogedor interior directamente acabó de conquistarla. No pudo evitar pasear la mirada por paredes, suelos y mobiliario, siguiendo a Sam mientras le hacía una pequeña ruta turística.

—¿Que no tiene nada de especial? Discrepo —dijo al concluir el pequeño tour, que culminó en el cuarto de Sam—. Y esta es tu famosa habitación… Supongo que esa es la famosa silla de ordenador desde la que KillerVet elimina a sus enemigos, y ese su ordenador… —Señaló con la mano en esa dirección, sonriendo.

KillerVet era el nick que Sam utilizaba, una referencia a sus capacidades asesinas y su futuro empleo como veterinaria; Gwendoline, por su parte, había escogido el nickname DissasterArtist_Ravoux, un estúpido juego de palabras sobre lo desastroso que podía ser jugar una partida con ella, y referenciando la ciudad en que había fallecido Vincent Van Gogh. Una frikada, vamos.

Además de Sam, en la casa había otro inquilino: su gato, Tofu. El animalito no tardó mucho en acudir a recibirla, y la morena se inclinó para acariciarle la cabeza. El felino recibió sus caricias con un maullido agradecido, estirándose como si pretendiese fundirse con la mano de Gwendoline, o que ésta llegase a rascarle hasta por dentro de la cabeza.

—¡Hola, Tofu! Me llamo Gwen —saludó al gato, ignorando por completo que dentro de la cabeza de Sam tenía lugar una especie de paranoia por un comentario que creía desafortunado—. Gracias por recibirme en tu humilde morada y permitir que tu mascota humana tenga visitas.

Como si hubiese entendido lo que decía, el gato lanzó un maullido convencido. Se sabía dueño de aquella casa, como se ocurría a todos los gatos del mundo. ¡Qué diferentes eran de los perros!

Terminados aquellos formalismos tan necesarios, Gwendoline se quedó mirando a Sam, inmóvil en medio del cuarto, sin saber muy bien qué hacer. No era buena en aquellas visitas, y si en algún momento lo había sido, había sido cuando iba al colegio y visitaba a sus amigas. Entonces era mucho más tímida que ahora… así que posiblemente tampoco entonces había sabido cómo comportarse en una situación así.

—Bueno… ¿cuál es el plan? ¿Por dónde empezamos? —preguntó, con una sonrisa algo incómoda en la cara—. ¿Lo hacemos aquí o prefieres hacerlo en otra habitación de la casa?

De acuerdo: a juzgar por lo evidentemente nerviosa que estaba, y por la pobre elección de sus palabras, pareció que Gwendoline estaba hablando de tener sexo. Sin embargo, no se dio cuenta, y no intentó corregirse sobre la marcha.

De hecho, lo hizo peor:

—¿Puedo quitarme esto? —Se refería, evidentemente, a la chaqueta que traía puesta.


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