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[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha}

Gwendoline Edevane el Dom Oct 20, 2019 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} - Página 8 GjuLMLy
Miércoles 16 de octubre, 2019 || Nueva York, Estados Unidos || 23:47 horas

Gwendoline mantenía toda su concentración fija en un objetivo: había puesto el ojo sobre él, y como buena cazadora que era, no pensaba dejarlo escapar.

Su presa no se había dado cuenta de que la perseguían, pero tampoco se había detenido en ningún momento. Su nerviosismo era más que evidente. Intuía algo. Lo olía.

Todavía no era el momento de pasar a la acción. Si quería minimizar riesgos, no podía arriesgarse a fallar. Un fallo podía suponer la muerte. Así que continuó acechando a su presa hasta que ésta alcanzó la pequeña casa de tablones semiderruida que se alzaba cerca del lecho del río.

Ese era el momento.

Gwendoline sonrió. Se lamió los labios, anticipando el momento del frenesí, y avanzó un par de pasos para tener una mejor vista del objetivo. Alzó su fusil, puso el ojo en la mira, y enseguida obtuvo una vista ampliada de su presa. Ya estaba hecho.

Sonó un disparo.

Gwendoline dio un respingo, sorprendida, al ver en pantalla a su avatar asesinado vilmente. En pantalla, el nombre de un tal Noobmaster69 se mostraba como su asesino. La joven aporreó la mesa con su mano desnuda, y el teclado de su ordenador dio un bote.

—¡Maldito seas, Noobmaster69! ¡Es la tercera vez que me matas ahí! ¡Maldito campero! —gritó la mujer, sabiendo que el tal Noobmaster no podía escucharla: la única persona a la que tenía al otro lado de aquella llamada de Discord era a Sam—. ¡Tía! ¡¿Te crees que hay derecho a eso?! ¡Se cree muy gracioso con ese nombre sacado de los Vengadores!

Muerta, sin poder hacer nada, y con un pique considerable, Gwendoline se cruzó de brazos y se hundió en su silla de ordenador. Puso morritos. Llevaba muy mal que le matasen de una manera tan sucia, utilizando un truco tan asqueroso como ese. ¡La había dejado confiarse, creyendo que tenía una muerte asegurada, y entonces la había matado!

—Espero que le reportes al final de la partida. Lo harás, ¿verdad? —pidió a la rubia, todavía enfurruñada.

Aquella era su mayor preocupación en aquel momento: que el maldito Noobmaster se llevase su merecido reporte. ¡Con suerte le banearían la cuenta! «Ya, seguro: con suerte, me llevaré yo algún tipo de amonestación por reportarle», se quejó mentalmente.

—Todas mis esperanzas están puestas en ti, Samantha. ¡Vamos, acaba con él! —animó, y pulsó la tecla que le permitía seguir la partida de su amiga.



Gwendoline Ava Jones
24 años MuggleHumana
EstudianteCamareraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Gwen

Datos:
• Sus padres están casados y viven en Bangor, Maine. Su padre es escritor (o lo intenta) y su madre trabaja en el Hollywood Casino Hotel & Raceway. Tiene una hermana pequeña llamada Charlotte.
• Vive en un piso de estudiantes compartido, lo único que puede permitirse pagar.
• Estudia Arte en la New York School of the Arts, cursando su último año. Tiene un moderado talento, que compensa con creces con su entusiasmo y sus ganas de aprender.
• Tiene un empleo de camarera que generalmente desempeña los fines de semana. No obstante, no es extraño que trabaje también alguna tarde entre semana, cuando necesita sacarse un ingreso extra y alguna de sus compañeras quiere librar.
• Su interés por los videojuegos online nació de una necesidad de evadirse de su ajetreada vida. Empezó a jugar en su primer año de universidad, y desde entonces se ha interesado por otros juegos. Su compañero de piso, Max, a veces le presta su PlayStation 4. Actualmente está intentando pasarse un juego dificilísimo llamado Sekiro: Shadows Die Twice.
• Se pica mucho jugando a videojuegos, especialmente cuando pierde o cuando su ordenador anticuado no es suficiente para jugar como es debido.
• No tiene mascotas, pero le gustaría tener un perro de tamaño grande.
• La agobia demasiado el metro (su madre cree que tiene un principio de claustrofobia), por lo que de utilizar un transporte público, prefiere el autobús. También tiene una bicicleta, que utiliza para desplazarse en trayectos cortos.
• Su habitación es su pequeño desastre personal, y siempre se dice que la ordenaría si tuviese tiempo.
• Sus amigos y compañeros de piso piensan en ella como una persona asexual, puesto que en esta realidad tampoco ha mostrado interés alguno por mantener una relación sentimental o sexual de ningún tipo con nadie. ¿Cambiará esto en un futuro?




Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:08 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Mayo 01, 2020 9:32 pm

Sólo había dos opciones: que sí estuviera segura, que haría que Sam retrocediera un paso, asintiera con la cabeza y, con resignación, se fuera para su casa a sufrir en soledad la angustia de esa pésima historia de amor; o que dijera que no.

Diciendo que no habían muchas posibilidades, pero realmente la única que le importaba a Sam era la ilusión de pensar que Gwen sí que sentía algo por ella. Quizás no fuera lo mismo, ni nada fuera 100% recíproco, pero para Sam era más que suficiente que la morena realmente hubiera barajado la posibilidad de comenzar con aquella relación, pues ahora mismo era lo que la rubia más deseaba. Ayer se había llevado la triste impresión de que, sólo con sugerir la posibilidad, Gwen había entrado en un estado de negación y Sam ya se estaba imaginando el peor de los escenarios, en plan: «¿Qué dice esta loca? ¿Esto no es solo sexo?», pues realmente no había valorado objetivamente el hecho de que simplemente la hubiera asustado, sobre todo teniendo en cuenta su anterior relación.

¿Quién piensa en meterse en una relación después de haber tenido esa tan mala experiencia? No lo pensó y directamente soltó la pregunta sin más.

Sin embargo, cuando le hizo la pregunta y le contestó con que no tenía nada claro, la rubia no puedo evitar sonreír, esta vez con alivio y… por qué no decirlo: algo de ilusión y alegría. Había ido allí esperando un “no quiero nada contigo”, por lo que ver que Gwendoline estaba confundida le hizo ver que había esperanza.

De repente se sintió hasta… menos nerviosa.

Al decir que no había sido solamente sexo, la rubia la miró, pensando que definitivamente no había sido solo sexo, no al menos por su parte. Por su parte había sido entregar lo mejor que tenía a la persona que ahora mismo quería, buscando su absoluta y plena satisfacción. Y al ver cómo sonreía y se reía, ¿cómo iba a querer de parar de hacerle así de feliz? Y en un momento pensó que por parte de Gwen tampoco lo era: ¿por qué esa entrega? ¿Cómo tanta felicidad? ¿Cómo podía haber sido eso «sólo sexo»? Si realmente hubiera visto que para ella era solo eso… ni se hubiera molestado en decir nada.

Cuando terminó de hablar, la rubia tenía muy, muy claro lo que decir. Y se sintió tan segura de sus palabras que también se sintió segura de sí misma, por lo que dio un pasito hacia Gwen, acortando la distancia.

―Aunque me hubieras dicho que estabas segura de que no querías nada conmigo y que había sido sólo sexo, no hubieras manchado absolutamente nada ―le respondió, con una sonrisa sincera―. Fue un fin de semana increíble, sé que no eres una mala persona y jamás te culparía por no sentir lo mismo que yo siento por ti. Me hubiera limitado a recordar el fin de semana como el mejor que he tenido nunca.

Con ganas de tocarla, aún no sacó las manos de los bolsillos de su abrigo, sino que simplemente no apartó la mirada de ella.

―Prefiero arriesgarme a ni siquiera intentarlo ―le contestó entonces a lo otro, sin duda ninguna―. Contigo… siempre me arriesgaría. Estoy segura de que merecería la pena aunque al final te des cuenta de que no me quieres. Pero… ―Hizo una pausa entonces, encogiéndose de hombros levemente―. Aquí lo que importa es lo que quieras tú.

Y entonces reflexionó, intentando ser clara con ella.

―No quiero que empieces conmigo por… pena ―dijo, sabiendo que había sonado fatal, pero tampoco sabía otra manera de decirlo―. Tampoco quiero presionarte. Ayer no lo tuve en cuenta porque estaba demasiado nerviosa intentando pensar en cómo soltarlo y… entiendo que después de la relación que tuviste te cueste dar un paso así. Es totalmente comprensible el… tener miedo. ―Y tras una mirada un poco más cariñosa de lo que pretendía, sacó las manos de los bolsillos, llevó sus cálidas manos a las mejillas de Gwen y se acercó a besar su frente con delicadeza durante unos segundos. Al separarse, bajó sus manos a sus hombros y miró hacia abajo, a los ojos de Gwen―. No quiero que hagas nada con lo que no estés cien por cien cómoda. Te quiero y… ―Ay, decirlo en voz alta hizo que se le cortase un poco la voz― ...quiero que seas feliz.

Se ahorró el “aunque no sea conmigo” porque sonaba demasiado dramático, era muy de sus películas románticas y, encima, no quería darle esa idea.

Porque Sam aceptaría todo, pero no quería estar en una relación en donde el nivel de seguridad de Gwendoline rozaba lo insostenible. No quería incomodarla, ni vivir una relación en donde ella no estuviera contenta. No quería que esa “evolución” de su relación se convirtiese en una limitación entre ellas, pues entonces nada habría valido la pena.

Sin embargo, si Gwen quería empezar, estaba ilusionada y al final simplemente se perdía la magia, lo podría entender.

Lo que sí tenía claro Sam es que si decidía comenzar… se iba a encargar personalmente de enamorarla todos los días, pues si eso no llegaba a buen puerto, podía querer decir que había hecho todo lo que estaba en su mano.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Sáb Mayo 02, 2020 1:14 am

Después de todas las cosas malas que había tenido rondándole la mente durante las últimas horas, escuchar que aquel fin de semana había merecido la pena le quitó un enorme peso de encima de los hombros. Lo menos que hubiera querido habría sido entregarle a Sam una ilusión, un espejismo, para luego estrellarlo contra el suelo y hacerlo pedazos. Una acción así no representaría en lo más mínimo lo que sentía por ella.

Su cabeza podía ser un mar de dudas, una marea embravecida provocada por sus propios demonios, pero si algo tenía claro en medio de dicho mar de dudas era que no se perdonaría el hacerle daño a ella.

¿En qué momento se había convertido en un pilar tan fundamental en su vida?

Su amiga prefería intentarlo. ¿De verdad estaba tan dispuesta a hacerse daño de aquella manera? ¿A comenzar una relación con una persona tan dañada y llena de dudas como ella? Había demostrado lo inepta que era a nivel emocional, lo mal que podía hacer las cosas, y aún así le ofrecía una oportunidad.

«¿Cómo que importa lo que quiera yo?», se preguntó, contrariada. No creía estar en posesión de sus facultades mentales en ese momento para tomar una decisión así. «No es justo. No puedo...»

Siguió escuchándola, sintiéndose quizás un poco intimidada por lo cerca que ahora estaba de ella, y no la interrumpió en ningún momento. Y cuando puso las manos sobre sus mejillas y la besó en la frente, su corazón se aceleró. ¡Y ni entonces comprendió las señales que le estaba enviando su cuerpo!

Por no mencionar el efecto que tuvo ese “Te quiero”.

—Sam... —dijo, casi sin darse cuenta, y sin saber muy bien lo que iba a decir a continuación. Sin embargo, no hizo falta pensar mucho—. No puedo darte una respuesta sin estar segura. Necesito… entenderme a mí misma. Puede parecer sencillo, pero no lo es. Hace tiempo que no me veo en una situación como esta, y viendo cómo fue la última...

De nuevo, su autoestima había salido horriblemente dañada después de aquella tortuosa relación. Y resultaba penoso pensar que, aún después de haber desaparecido de su vida, el chico seguía teniendo una influencia tan negativa sobre ella. Casi parecía que siguiera teniéndola atada después de tanto tiempo, y eso se debía únicamente a que ni ella misma había hecho suficiente introspección.

Había dejado pasar el tema… hasta el momento.

—¿De verdad estás segura de que quieres esperarme? —le preguntó, mirándola a los ojos, y buscando una de sus manos con la suya—. ¿De verdad crees que merezco la pena?

Su amiga asintió, y ella sintió que, de verdad, no se merecía aquello. No se merecía que nadie fuese tan amable con ella, tan paciente. Había cometido muchos errores, y cualquier otra persona en su lugar estaría furiosa. ¿Cómo había dado con una persona así en un mundo como aquel? Resultaba difícil encontrar gente así en aquellos días…

Se prometió a sí misma en el momento que no volvería a jugar con sus sentimientos.

—Dame un poco de tiempo —le pidió, apretando un poco su mano—. Te prometo que no será una eternidad, que aclararé mis ideas lo antes posible… ¿vale?

Y le dedicó una sonrisa que… le costó mucho menos de lo que hubiera pensado en un principio. Se sentía aliviada, y tenía muchas cosas en que pensar. Y a eso mismo dedicó aquella semana.


***

No perdieron el contacto por completo, aunque sí dejaron de verse en persona. Su comunicación por Whatsapp se había visto considerablemente reducida, y aún así, Gwendoline no había podido renunciar a los mensajes de “Buenos días” y “Buenas noches”, por mucho que al principio todo fuera un poco… tenso.

El primer efecto que todo esto tuvo en Gwendoline: notaba mucho la falta de Sam en su vida.

Su humor había mejorado, y sus compañeros de piso lo habían notado. Una sonrisa leve la acompañaba allí a dónde iba, muy distinta a la expresión de desquiciada llorona que traía el domingo al regresar a casa. Con todo y con esas, no le contó a ninguno de ellos lo que estaba ocurriendo en su vida.

El contacto con Sam fue aumentando progresivamente a lo largo de la semana, hasta el punto en que terminaban contándose sus día a día. Al tercer día, la morena compartió con ella una imagen graciosa de un gatito, y al cuarto le envió una fotografía de algo amorfo en un plato, algo que definió como su “primer intento de hacer un plato vegetariano”.

El resultado parecían algas y mocos bañados en aceite, siendo totalmente sinceros. Y sabía aún peor.

Mientras todo esto sucedía, Gwendoline se iba dando cuenta de lo mucho que quería estar con ella para compartir todas esas vivencias, y para cuando llegaba el domingo, ya se estaba preguntando cómo sería tener una relación con ella. Poco a poco le parecía una idea mejor, lo que necesitaba en la vida.

Para cuando le envió aquel mensaje de audio, Gwendoline todavía no tenía las cosas claras del todo, pero… había decidido arriesgarse.


***
Lunes 18 de noviembre, 2019
Cuarto de Gwendoline Jones
21:20 horas
Pijama

Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Como un maldito plato de gelatina en un carro tirado por caballos recorriendo un camino lleno de baches.

Y, pese a todo, sonreía.

Estaba tendida en la cama, boca arriba, con el teléfono móvil en las manos. Meditaba acerca de las palabras que iba a decirle a su amiga, pues podían ser las más importantes de aquella relación. Ellas determinarían lo que les depararía a ambas el futuro, así que tenía que ser cuidadosa.

—He estado pensando y... —dijo en voz alta, para negar enseguida con la cabeza—. Eso es redundante y estúpido. Otra cosa. A ver...

Le costó unos minutos encontrar las palabras justas, y sinceramente, no estaba segura del todo de haberlas encontrado cuando pulsó el icono del micrófono de la ventana de Whatsapp de Sam, pero ya era tarde para volverse atrás.

Roja como un tomate, se puso a hablar.

—¿Te acuerdas de que te dije que habíamos hecho las cosas al revés? Pues se me ocurre que nos hemos olvidado de un paso muy importante. —Paró a tomar aire, sintiendo el corazón acelerado dentro del pecho—. Pues creo que deberíamos ponerle remedio, y… ¿qué me dices si te digo que quiero tener una primera cita contigo? —Y soltó el botón, dejando ir el mensaje de audio.

Se sintió ridícula nada más enviarlo, llevándose ambas manos a la cara mientras daba pataditas sobre el colchón. Seguro que había dicho una tontería, alguna cosa que no debía. ¿De verdad se le había ocurrido decir aquella tontería?
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Mayo 02, 2020 10:54 pm

No le importó nada de nada que le dijera que se lo tuviera que pensar, pues eso para Sam ya era una victoria; un paso en la dirección correcta. De hecho, consideraba que era la perfección de lo que podría haber sucedido. Podría haberle dicho que no o que sí, pero teniendo en cuenta los sentimientos confusos de Gwen, un sí hubiera sido... complicado de gestionar, por un lado con una Gwen insegura y por otro lado con una Sam insegura porque Gwen estaba insegura.

El "me lo pensaré", sin embargo, había hecho que Sam sonriera, esta vez de felicidad.

—El que te haga falta —le respondió cuando advirtió que no sería una eternidad.

Samantha confiaba en ella. Sabía que si se daba cuenta de que no quería nada, se lo diría sin hacerla esperar ilusamente a que algo ocurriese y que no la haría sufrir más de la cuenta alargando lo que no tenía fecha.

Así que para ella, el solo saber que había posibilidades de que Gwen sintiera lo mismo que ella y que «ellas» fuese plausible, le valía para volver a casa con una sonrisa en el rostro.


***

Cuando llegó, sus padres la estaban esperando en el salón. Cordelia había hecho galletas con chocolate bien para darle algo bueno si venía con malas noticias, o bien para celebrar si venía con buenas. A los padres se le iluminaron la cara cuando Sam entró por la puerta sonriente, evidenciando las buenas noticias.

Se sentó con ellos, contándoles la conversación y que Gwendoline se veía confundida, pues no quería hacerle daño ni empezar nada sin tener claro sus sentimientos. Obviamente les contó que había tenido una relación anterior muy mala y que eso la volvía reticente, pero no les contó nada más allá de eso. Luca y Cordelia se vieron visiblemente contentos, sobre todo por el cambio en Samantha, pues ayer se habían quedado muy preocupados y sabían que la conversación de hoy podría haber ido perfectamente en una dirección mucho peor.


***

Los días pasaron y Sam creyó que lo correcto era no agobiar a Gwen, por lo que en ningún momento sacó el tema y sencillamente continuó con el ritmo habitual de charla vía WhatsApp, ya que había visto que la morena no quería de cortar con eso. La verdad es que no lo iba a negar: le encantó el mensaje de «buenas noches» de ese mismo día, mensaje que la hizo sonreír en la cama.

Así que Samantha decidió hacer como si nada, siendo la misma Sam que siempre había sido con ella. Era obvio que ninguna de las dos olvidaría los sentimientos de la rubia, pero lo consideró la mejor manera de hacerlo: haciendo como si nada hubiera pasado, Gwen podría pensar tranquilamente y, en el caso de que la respuesta fuese negativa, al menos Sam ya estaría intentando normalizar un poco… aquella situación un poco incómoda. Aunque vamos, sabía que si llegaba el día del NO, por mucho que intentase hacerse a la idea, le iba a afectar igual.

Llegó la semana y… bueno, no os voy a mentir: Sam se preocupaba. Notaba a Gwendoline muy normal, sin que nada hubiera cambiado pero… ¿y si prefería continuar así y punto? Que no le hubiera dicho nada le daba inseguridad y el hecho de sacar el tema también, pues podía parecer que estaba presionando, ¿pero realmente quería que aquello se alargara más?

Sin embargo, sus padres le recomendaron no hacer nada y que le diera un poco más de tiempo a Gwen y… casi parecía que el karma le había recompensado.

Esa misma noche recibió un audio de Gwendoline y de verdad casi sintió como se le paraba momentáneamente el corazón. Pensó que esa idea tan de película romántica había sido lo más lindo que le habían dicho nunca, sobre todo teniendo en cuenta el significado que tenía ahora mismo en la situación que vivían. Lo escuchó al salir de la ducha, por lo que contestó al momento con un audio.

—Me encantaría —respondió antes que nada—. ¿Será de esas en donde fingimos que no nos conocemos, vamos a cenar a un sitio y nos peleamos por quién paga la cuenta y al final terminamos pensando: «Ay, madre, no debí de haber pedido la cocacola, que ahora tengo gases»? —Y rió antes de soltar el botón de audio.

Sam nunca había tenido una primera cita de ese calibre, sino que obviamente se estaba guiando por lo que había visto en las películas que tanto le gustaban.

Volvió a apretar el botón.

—¿Te viene bien el miércoles o prefieres dejarlo para el fin de semana? —Envió el audio.

Sinceramente, Sam se moría de ganas de volver a verla, pero entendía que entre el trabajo y los estudios quizás el miércoles le venía mal. No dijo el martes porque era demasiado precipitado, pues literal era al día siguiente.

—Te puedo llevar a otro de mis restaurantes favoritos en donde hacen comida vegetariana muy rica, ya que te veo interesada en aprender a cocinar —añadió en otro, en referencia a la foto que le había enseñado uno de esos días.

Se miró entonces al espejo y dio un par de saltitos, contentísima de que Gwen le hubiera pedido una primera cita. ¡Una primera cita! ¡Eso era una primera cita! ¿Eso era algo, no? Le estaba pidiendo una cita, ¿y si eso era… la primera cita para… luego decirle la buena noticia? Por un lado lo veía clarísimo, pero por otro lado sabía perfectamente que no debía de hacerse ilusiones. ¡No debía de hacerse ilusiones! Sam se miró seria a través del espejo.

—Seriedad: nada de ilusiones —se dijo a sí misma frente al espejo, antes de volver a sonreír—: ¿Cómo no voy a hacerme ilusiones?

Y volvió a dar unos saltitos.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Mayo 03, 2020 11:04 pm

Mientras una Samantha emocionada escuchaba su mensaje en su cuarto, una Gwendoline que había olvidado que a su amiga le encantaba todo lo cursi sentía que había sido demasiado cursi, y deseaba por todos los medios que existiera algún mecanismo tecnológico que permitiera eliminar mensajes de de audio no sólo de la aplicación de Whatsapp, si no también de la memoria de las personas que lo habían escuchado.

En aquel momento de espantosa vergüenza, la joven sintió el impulso de volver a pulsar el botón de grabación de audio para enviar un mensaje de disculpa.

«Perdona lo que he dicho», recitó mentalmente. «Sé que es una cursilada enorme y estúpida. Es una idea demasiado idiota, como yo.»

Sin embargo, por fortuna o por desgracia, no tuvo tiempo de enmendar lo que en ese momento le parecía un grave error, pues sintió vibrar el teléfono móvil sobre el colchón. Volvió la vista bruscamente en esa dirección, sintiendo un martilleo acelerado dentro del pecho. Entonces aún pensó que se encontraría con una respuesta negativa.

Se incorporó hasta quedar sentada al estilo indio sobre la cama y tomó el teléfono móvil. Al desbloquear la pantalla se encontró con otro mensaje de audio. Tragó saliva, deseando que lo que estaba a punto de escuchar no fuese una confirmación de que había tenido la idea más estúpida en la existencia entera, y pulsó el botón de reproducción con un dedo tembloroso y los ojos cerrados.

Y entonces…

—¿De verdad le ha parecido buena idea? —murmuró en voz baja en el silencio de la habitación—. No me lo puedo creer. —Una sonrisilla asomó a sus labios.

Se disponía a grabar un audio de respuesta a las preguntas de su amiga, aún sin saber demasiado bien qué responder, cuando recibió un segundo audio de la rubia. Lo escuchó y, entonces sí, procedió a responder.

—El miércoles me parece bien —dijo, con el teléfono móvil muy cerca de la boca. Siguió a aquellas palabras un breve silencio, antes de proseguir hablando, dubitativa—. Y no sé… ¿quieres que sea así? ¿Que… que empecemos desde el principio literalmente? —Se le escapó una risita—. Si tú quieres, por supuesto. Puede ser así.

Envió aquel mensaje de audio, dándose cuenta al momento de que no le había preguntado acerca de ese local. No le apetecía grabar otro audio para hacer aquella pregunta, así que le escribió un mensaje directamente:


» Envíame la dirección del restaurante. ¿A qué hora te viene bien?


Dicho aquello, Gwendoline se levantó de la cama de un salto y se dirigió a la puerta. Al abrirla, asomó la cabeza. Sus compañeros se encontraban en el salón.

—Os invito a cenar. Pedid comida china o lo que os apetezca, que pago yo —les dijo con una sonrisa, para luego mirar a Rachel—. Y voy a necesitar tu ayuda: necesito ir de compras mañana.

Quizás estaba gastando dinero por encima de sus posibilidades, pero… cuanto menos, tenía que resarcir a Sam por el mal trago que le había hecho pasar. Ya se vería lo que salía de aquella cita, pero por lo menos iba a intentarlos con todo su entusiasmo.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Mayo 04, 2020 7:36 pm

—¿Cómo no me va a parecer una buena idea? —Rió en medio del audio—. ¿Tú recuerdas con quién estás hablando: la amante de las romedias y la cursi por excelencia? No es por meter presión, pero nunca he tenido una primera cita, así que imagínate mis expectativas creadas como buena fanática de esas películas. —Sonaba demasiado divertida como para tomar en serio sus palabras, aunque realmente le había hecho mucha ilusión y ya se había imaginado la cita de sus sueños con la chica de sus sueños. Era una primera cita asegurada—. Es broma, claramente, pero claro que me parece una buena idea.

Después de ese audio y escuchar el siguiente de Gwendoline, leyó su mensaje y decidió escribir también.

» Te la mando luego.
» Y si te parece divertido hacer como si no nos conociéramos, bien… Si no, igualmente tengo muchas ganas de quedar con la Gwendoline a la que ya conozco. Seguramente sea mi favorita.
» De la otra manera podemos descubrir algo que aún no sepamos de la otra, ¿crees que sería eso posible?

Dejó el móvil sobre el lavamanos, para ponerse la camiseta del pijama y agacharse para secarse el pelo y, sin poder evitarlo, ya estaba hasta pensando en lo que se pondría y lo que harían. Esa “cursi” idea de Gwendoline le había alegrado ya no solo el día, sino la semana entera a Sam.

Cuando salió del baño bajó las escaleras para poner al día a sus padres, los cuáles hasta saltaron y celebraron con ella. Era una risa en realidad, porque Luca y Cordelia siempre habían sido unos padres muy cercanos, casi como amigos. La verdad es que Sam no se podía quejar porque tenía a los mejores padres del mundo.


***
Miércoles, 20 de noviembre, 2019
The Brink’s
20:20 horas
Atuendo

A excepción de sus padres, no le había dicho a nadie lo de la cita con Gwen, más que nada por miedo a gafarlo. Sus amigos sí habían sido informados de que Sam se había sincerado después del fin de semana y, pese a que todos les daban los mejores ánimos —y Lucy estuviera segura de que eso saldría—, no había querido decir nada por el momento. Esa «primera cita» iba a ser la primera vez que se vieran después de lo sucedido y si bien era una buena noticia y una buena iniciativa por parte de Gwen, que daba a pensar en positivo, quería curarse del posible golpe de tener demasiadas ilusiones.

Sam se encontraba en el baño terminando de maquillarse: labios rojos y un eyeliner sencillo que estaba haciendo con mucha precisión para que quedase perfecto.

—Prefiero llevarme el coche —le dijo a su papi—. No quiero que estés esperando a que te llame para que me vayas a buscar. Voy a llevar a Gwen después a la exposición de arte que te dije y luego supongo que daremos un paseo, no sé. Prefiero tener libertad. —Lo miró a través del espejo—. ¿Vale?

—Vale, vale —le respondió—. Espero que tengas suerte para aparcar.

—¿Por qué te crees que voy casi media hora antes? —Rió, para entonces salir del baño y girar frente a su padre—. ¿Qué tal estoy?

—Pues como siempre hija: maravillosa.

—¡PRECIOSA! —Gritó Annie saliendo de su habitación.

—Cuando te hagas grande, ya te prestaré mi ropa, ¿eh? Y haremos pases de modelo. —Le guiñó un ojo a su hermana, que tenía una barbie en la mano.

—Más te vale guardarme esas botas. Que ahora son de mi tamaño, ¡pero creceré! —Y la niña rió, casi con lo que parecía travesura.

Sam negó con la cabeza al caso que era su hermana, para entonces despedirse de todos e irse. Estaba nerviosa, con esa cosita en el estómago incómoda pero que sabes que está bien. Eran unos cosquilleos agradables y… ¿cómo no iban a serlo teniendo en cuenta que iba a ir a ver a Gwen después de esa semana tan rara?

A eso de las y diez, Sam aparcó un poco lejos, pero fue caminando con tranquilidad. Le había dicho a Gwendoline que si quería que la recogiera, pero la morena vivía mucho más cerca del restaurante y dijo que no hacía falta, que se veían allí.

Cuando llegó a la puerta del restaurante, diez minutos antes, sopesó la idea de entrar y esperar en la mesa que había reservado previamente —no fuese a ser que estuviese lleno, que lo dudaba—, pero decidió no ser protagonista de romedia y esperar fuera. Si le decía que se retrasaba o cualquier cosa, pues entraría para no coger frío, pero mientras tanto… Tenía ganas de verla aparecer.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Mayo 06, 2020 4:49 pm

***
Miércoles 20 de noviembre, 2019
The Brink’s
20:20 horas
Atuendo

Contempló su propia imagen en el espejo, con el ceño fruncido, mientras dejaba escapar un largo suspiro. Saltaba a la vista lo insegura que se sentía, lo fuera de su zona de confort que la hacía sentir aquella apariencia. Le daba la impresión de estar viendo a una persona totalmente distinta, con apenas algún que otro rasgo compartido.

—¿Estás segura de que voy bien con esto? No me siento demasiado cómoda... —se quejó, volviendo a pasear la mirada de arriba abajo por la imagen que le devolvía el espejo.

Rachel, que también contemplaba el reflejo de Gwendoline en el espejo, asomó por encima de su hombro. Casi como si estuviera teniendo en cuenta sus quejas, la examinó de manera minuciosa, como buscando posibles defectos. Teniendo en cuenta lo segura que estaba de la elección de aquel vestido, se imaginó que sería pura pantomima.

Después de todo, si bien su gusto en moda había influido, la había escogido por sus ideas tan claras.

—¿Bromeas? ¿Tú te has visto? —preguntó, enarcando una ceja, para luego negar con la cabeza—. Hasta yo estaría dispuesta a darme un paseo en el tren lésbico si acudieras a una cita conmigo con este aspecto. Es impresionante la capacidad que tenéis algunas para esconder un físico despampanante debajo de esos pijamas holgados y ese aspecto descuidado de “gamers”.

La vio hacer el gesto de comillas con los dedos en el reflejo del espejo. También se sintió un poco avergonzada ante sus palabras, y empezaba a arrepentirse de haberle contado lo que ocurriría aquella noche.

—Yo no sé si soy...

—¡Ya, ya! No sabes si eres lesbiana. ¿Qué más da? —la cortó su compañera de piso, encogiéndose de hombros—. Aunque, a juzgar por la música que escuché viniendo de esta habitación aquella noche, yo diría que tienes todas las papeletas...

Gwendoline abrió los ojos como platos, enrojeciendo inmediatamente, lo cual hizo que Rachel rompiera a reír, divertida ante la situación. Aquella chica era de todo menos discreta, y por eso todavía dudaba de haber hecho lo correcto al pedirle ayuda.

—¿Me… me oíste? —preguntó, con la cara completamente roja.

—No eres demasiado discreta. No sé cómo no te escuchó toda la casa. —Se encogió de hombros, de manera casual—. Pero eso no importa ahora. La pregunta que tienes que hacerte es: ¿qué esperas que pase esta noche?

Buenísima pregunta para la que no tenía respuesta alguna. Cuando habían ido de compras, y le había explicado brevemente la situación —si entrar en los detalles más picantes—, Gwendoline había preguntado específicamente por un atuendo que hiciera sentir atraída a una chica. ¿Pero quería eso? Todavía no se había decidido del todo… aunque sí tenía claro que la idea la ponía nerviosa.

No sabía si sería capaz de cenar.

—No lo sé —respondió, volviéndose para mirar a Rachel a la cara—. Eso es precisamente lo que quiero averiguar.


***

Le hubiera gustado presentarse en el lugar de la cita un poco antes, pero los nervios la habían llevado a retrasarse: había pasado tanto tiempo hablando con Rachel que apenas se había dado cuenta de que debía tomar el metro. Por fortuna, llegaba cinco minutos antes de la hora, lo cual no impidió que recorriera los últimos metros que la separaban del restaurante a la carrera.

Enseguida vio a su amiga frente al local, y para cuando llegó a su lado, estaba exhausta. La saludó primero con la mano, incapaz de articular palabra, y cuando logró recuperar el aliento, aventuró a hacerlo de manera verbal. Una sonrisa nerviosa apareció en su boca al hacerlo.

—¡Hola! ¡Casi no llego! —Suspiró, abanicándose con la mano a continuación. Entonces, se detuvo a mirar a su amiga—. Estás muy guapa.

Sin embargo, había una cosa en el atuendo de Sam, muy favorecedor, que la llevó a hacerse una importante pregunta: ¿se había pasado con el suyo? La belleza del atuendo de Sam estaba en la sencillez de este, y Gwendoline… casi parecía que iba de fiesta. Aquella duda fue motivo suficiente como para empezar a ponerse nerviosa.

—Es demasiado, ¿no? —aventuró a preguntar, señalándose con ambas manos, para indicar a qué se refería.

«Al final lo voy a estropear todo porque no sé vestirme y he escogido a la persona equivocada para asesorarme», pensó, consternada. Todas aquellas preocupaciones eran fruto de los malditos nervios.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Mayo 06, 2020 11:57 pm

Se había retrasado un poco, pero nada en comparación como para hacer que Samantha se preocupara. La vio aparecer por la acera, observándola desde que apareció en su campo de visión hasta que se acercó a ella con paso frenético por llegar tarde. Identificó desde lejos su vestimenta y... no sabía si es que se había puesto guapísima para la cita o es que después de lo sucedido ya no podía verla con otros ojos, pero realmente creyó que estaba preciosa.

Al llegar a su lado, Sam estaba sonriendo, viendo como recuperaba un poco la respiración.

—No has tardado tanto, exagerada —le respondió con calma, sin poder dejar de sonreír y mirándola de arriba abajo—. Gracias.

La rubia había optado por un atuendo sencillo. Si bien su abrigo consistía en una suéter grande que hacía casi de vestido, dándole un aspecto dulce y poco "currado", realmente debajo de dicho suéter tenía un vestido blanco muy bonito que, con aquellas botas tan alta, ella consideraba que quedaba genial. Era como un atuendo engañoso: así a simple vista parecía sencillo pero cuando se quitaba el abrigo parecía que se iba a ir de fiesta.

—¿Qué dices? —respondió, negando con la cabeza—. ¡No es demasiado! Estás preciosa. Me encanta el vestido.

No quería sonar... como se esperaría que sonase, por mucho que le alucinase ver a Gwendoline de esa manera, pues se había acostumbrado a una Gwen que si bien a ella le parecía que vestía genial, nunca la había visto tan arreglada. ¿Y qué decir? Estaba espléndida. Además... le emocionaba especialmente que se hubiera puesto de esa manera para una cita con ella y que saliera de "ser la Gwen de siempre". Eso era una buena señal, ¿no?

Por un momento pensó en decir algo con esa broma de hacer como que no se conocían, pero no le apeteció tanto como decir lo que estaba a punto de decir:

—Te he echado de menos —le dijo con sinceridad. Después de haberle dicho «te quiero», de verdad que no tenía vergüenza para decirle lo que sentía, pero siempre entre los límites de no incomodarla, por eso, aunque se refería en general, decidió matizar algo gracioso—: ¿Sabes lo difícil que es encontrar a alguien útil que sepa disparar en el PUBG? —Y su sonrisa se volvió risueña ante la broma.

Realmente apenas había jugado. Después de tenerla a ella como partner en el juego, no le apetecía jugar con un guiri que le iba a sacar de sus casillas. Ya no era lo mismo.

—Anda vamos, que he reservado como en las pelis a nombre de Williams. Estoy hasta emocionada. —Reconoció divertida.


***

El momento de mostrador, acompañado de aquella simpática mujer sonriente frente a una Sam emocionada por decir: "una reserva para dos a nombre de Williams", a menos a ella se le quedaría grabada de por vida.

La mesa que iban a compartir estaba a un lateral del restaurante, pegada a una pared en donde no había ventanas, sino que era de madera y estaba decorada con cuadros con películas antiguas. Ellas, en concreto, tenían cerca imágenes de Pulp Fiction, Indiana Jones, El quinto elemento y El Show de Truman. Además, en el techo del restaurante habían varias plantas colgando, dando un aspecto ecológico al lugar. Era curioso porque se notaba que era un restaurante creado por cinéfilos amantes de la naturaleza.

Antes de sentarse, Sam se quitó el suéter porque allí dentro hacía bastante calor y sabía que, después del vino que iba a pedir —pues no tenía dudas de lo que pediría—, le iba a entrar todavía más calor. El vestido era totalmente blanco, le llegaba por la mitad del muslo y no tenía escote, pero sí que manga hueca.

—Me encantaba esa película de pequeña —señaló a la foto de El Quinto Elemento—. ¿Mul-ti-pass?

Mira que se había tomado eso con filosofía, ¡pero estaba nerviosa! ¿Por qué estaba nerviosa? ¿Qué era lo que podía salir mal? A ver... muchas cosas podían salir mal. Tenía miedo de que Gwen no estuviera segura de su decisión y que aquello fuese una especie de... "a ver qué ocurre y si me convence", ¿y si no le convencía? ¿Y si de repente sólo la veía como la amiga que siempre había sido?

Siendo justos, era normal estar nerviosa, pero sentía que esos nervios le estaban impidiendo ser como siempre y eso sí que no le gustaba. No quería que Gwen se pensase nada en base a una Sam nerviosa por una primera cita de ensueño: quería que estuviese frente a la Sam de siempre.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Mayo 07, 2020 6:51 pm

Sonrió de manera insegura ante el cumplido de Sam, no sabiendo todavía muy bien cómo sentirse. Por un lado, “algo” dentro de ella se emocionaba, le producía una sensación cálida; por el otro, otro “algo” rechazaba aquellos sentimientos, como si solo por exponerse de aquella manera ya fuese a sufrir. Era una mezcla de sentimientos confusa y desagradable en su mayoría, pues ese “algo” que se emocionaba deseaba poder abrazar ese sentimiento cálido y no dejarlo ir.

—Puedes... —empezó a decir, insegura—. Puedes darle las gracias a mi compañera de piso, Rachel. De no ser por ella, no creo que hubiera sabido ni comprar esto. —Y rió, de forma nerviosa.

Nunca había estado en una situación así, ni siquiera con Timothy. Se sentía tan fuera de su elemento que, en aquel momento, bien podría subirse al primer taxi que pasase para volver a casa. Sabía que no debía hacerlo, y que los nervios eran el enemigo, pero… ¿por qué resultaba tan complicado presentarles batalla? Quería disfrutar de aquella experiencia…

«Recuerda que la idea fue tuya», se recordó a sí misma. «Si estás en esta situación es única y exclusivamente por culpa tuya.»

No lo olvidaba ni pretendía hacerlo. Y no pensaba salir corriendo. Si había decidido darle una oportunidad a aquello, pensaba llevar la situación hasta sus últimas consecuencias. Solo esperaba que éstas fuesen buenas.

Se le paró el corazón un instante cuando la rubia mencionó que la había echado de menos, y no supo qué decir. Agradeció sobremanera la broma que vino a continuación, y dado lo nerviosa que estaba, no pudo evitar reírse, quizás, de manera muy exagerada. Fue casi como si una porción de aquellos nervios hubieran salido en forma de aire nocivo a través de su boca, aliviándola un poco.

—Habrá que recuperar viejas costumbres —respondió, asintiendo con la cabeza, una vez la risa la dejó hacerlo—. Si sigo acaparando la PlayStation de Max y el televisor del salón por las noches, acabarán echándome del piso.

En realidad, ese no era su problema. Como resultaba evidente, echaba de menos aquella complicidad que habían tenido desde hacía un tiempo, esa diversión jugando juntas a pesar de perder más veces de las que ganaban. El juego, ahora comprendía, era lo de menos; lo importante eran ellas dos.

—Después de ti —le dijo con una sonrisa, una vez su amiga sugirió entrar al restaurante.


***

Igual que dos estrellas de Hollywood, o algo por el estilo, Gwendoline y Samantha se plantaron ante el mostrador, donde la rubia hizo efectiva su reserva. Fue un momento especialmente divertido, sobre todo porque a su amiga pareció hacerle mucha ilusión. Sin duda, lo recordarían en años venideros.

Siempre y cuando aquella cita saliera bien, por supuesto.

Se dirigieron a su mesa, y por el camino, Gwendoline reparó en la curiosa decoración. Vegetación natural y cine. Nunca había sido especialmente cinéfila, aunque sí sabía apreciar el arte detrás de muchas de sus escenas. A fin de cuentas, la pintura no era más que la predecesora de la fotografía y las imágenes en movimiento. Su propia curiosidad la había llevado a estudiar, casi por completo por su cuenta, ese arte que muy pocos sabían imprimir realmente a sus películas.

La referencia de Sam a la película El Quinto Elemento la pilló totalmente desprevenida. Supo que debía ser una referencia simplemente porque señaló el cartel en cuestión, pero la pura realidad era que no la había visto.

—No la he visto —reconoció, casi sintiéndose culpable. Como manera de salvar la situación, se le ocurrió añadir—: Lo cual quiere decir que ya tenemos plan para una segunda cita.

«Bien, muy bien», se felicitó a sí misma. «Eso ha estado muy bien.»

Tomaron asiento. Escogieron asientos que quedaban frente a frente, de tal manera que durante la cena pudieran hablar tranquilamente.

Gwendoline se quitó la chaqueta, revelando que el vestido tenía mangas hasta el codo, y colgó esta en el respaldo antes de sentarse. Le dedicó una fugaz sonrisa a Sam, una mirada a los ojos igual de fugaz, antes de echar mano a la carta. No pretendía ser grosera, si no, precisamente, evitar que se le notaran los nervios. De hecho, su mirada paseaba por toda la carta sin apenas prestar atención a las palabras.

—Entonces... —empezó a decir, sintiéndose un poco ridícula. Estaba improvisando, así que tuvo que pensar rápido—. Tu perfil en Tinder dice que eres veterinaria. Vas a tener que echarme una mano aquí, pues desde que lo descubrí, no puedo pensar en otra cosa: ¿no serás de esas locas que disfrutan abriendo en canal a los animales?

Se le escapó una carcajada de pura diversión. Evidentemente, ni necesitaba conocer la respuesta a esa pregunta, ni existía perfil de Tinder alguno. Estaba fingiendo que aquella era su primera cita de verdad, y haciendo a la vez referencia a una conversación que habían mantenido no hacía demasiado tiempo.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Mayo 14, 2020 10:35 pm

«Gracias, Rachel al compañera de piso que no conozco, por vestir así de sexy a Gwendoline para nuestra primera cita». Algo le decía que casi mejor que se lo guardaba para sí misma, que eso sonaba mal lo dijeras como lo dijeras. Además, eso podía parecer que no era sexy el resto del tiempo cuando estaba claro que para Sam lo era de todas las maneras, sobre todo después del fin de semana que habían pasado juntas.

Una vez dentro, no pudo evitar mencionar algo sobre la película de El Quinto Elemento, en parte porque Jojovich en esa serie bien crush de Samantha jovenzuela —aunque eso no lo dijo— y por otra parte porque era una muy buena película de su infancia. Además, si había mencionado eso era, básicamente, porque tampoco sabía de qué hablar en un primer momento en esa primera cita. ¿Cómo narices abordabas temas de conversaciones con una chica que ya conocías un montón y cuya última vez que se vieron la cosa terminó tan... rara?

Gwendoline dijo que no había visto la película, a lo que la rubia enarcó una ceja. No solo por esa noticia, sino porque lo de la segunda cita ya daba por hecho que daba igual como saliera esa primera, ¿no es así?

—¿Acabamos de empezar la primera cita y ya estás pensando en la segunda? —Sonrió de medio lado, contenta, cogiendo entonces la carta—. Debo de haberte dado muy buena impresión, ¿no?

Mientras estaban observando las respectivas cartas, la morena sacó un tema que no veía a cuento, básicamente porque Samantha no había usado Tinder en su vida. Había usado la aplicación parecida para bolleras, pero literal que no duró ni una semana.

Fue al ver la sonrisa juguetona de Gwendoline, que se dio cuenta de que estaba bromeando, siguiéndole la broma de hacer como si no se conocieran. No pudo evitar sonreír cuando encima se dio cuenta de que le soltaba la misma broma sobre su profesión de veterinaria y eso de ir abriendo el canal de los animales.

—Claro que sí —le respondió casi con evidencia—. Por eso me metí a veterinaria: no porque me encantaran los animales y sueñe con tener una granja llena de cabritas, sino porque me encanta abrirles el canal. —Su ironía era palpable, pues obviamente estaba de broma—. Quizás debí de haber puesto en mi perfil de Tinder que era vegetariana también, así más o menos se relaciona que mi pasión es a favor de los animales.

Sin intención de cambiar de tema todavía, Sam también quería jugar.

—Cuando yo leí que tú eras artista, me imaginé a una hippie con rastras que vivía bajo un puente para poder pagarse su estudios —exageró, sabiendo que Gwen sabría que era broma—. En mi caso admito que agradezco haberme equivocado. Me he llevado una sorpresa muy positiva al verte.

En realidad Samantha tenía bastante claro qué era lo que iba a pedir ese día y el mirar la carta era casi... una tontería, pues tenía su plato favorito, pero sabía que Gwendoline lo mismo estaba un poco perdida, así que decidió abordar un poco ese tema antes de que el camarero llegase a ellas y las pillase hablando de Tinder sin tener ni idea de qué pedir.

—¿Qué quieres beber? ¿Te apetece vino? —Y una brillo divertido asomó en la mirada de Sam—. ¿Vino blanco, suave y delicioso...? —No pudo evitar ampliar una sonrisa.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Mayo 17, 2020 9:19 pm

Si bien en un primer momento, el comentario acerca de la segunda cita se le había antojado como algo bien dicho, algo acertado, no pudo evitar arrepentirse en cierta manera ante la respuesta de Sam.

¿Y si, al final, no había segunda cita? ¿Y si aquello resultaba ser un maldito fracaso? Con semejante comentario, invitaba a su amiga a crearse unas expectativas que, quizás, fuese incapaz de satisfacer. No pudo evitar sentir una punzada de culpabilidad tras ese momento, e inevitablemente se acordó de todo lo ocurrido durante el fin de semana. No quería repetir viejos errores, hacer las cosas tan horriblemente mal otra vez…

«Sonríe», se recomendó a sí misma, y lo hizo. «Finge naturalidad, y no digas nada al respecto.»

No dijo nada al respecto, limitándose únicamente a sonreírle.

Dicho momento incómodo, que por fortuna pasó totalmente por alto, no duró mucho. Concretamente, en el momento en que se sentaron a la mesa, todo quedó olvidado. Gwendoline fue capaz de desenvolverse de una manera adecuada, haciendo una broma que evocaba un momento pasado de ellas. Y si bien Sam tardó en responder, al final fue capaz de seguirle la broma.

—Habría sido de ayuda, desde luego —replicó, juguetona, dedicándole un guiño cómplice a su amiga—. Mis posibilidades de sobrevivir a esta cita acaban de aumentar considerablemente.

Como no podía ser de otra manera, de una manera muy parecida a las películas románticas, su amiga también hizo referencia a la misma conversación, la cual había tenido lugar en el coche, después de la cena con los Williams, mientras esperaban al cabeza de familia para que la llevase a su casa. Aquellos parecían tiempos mucho más sencillos, durante los cuales Samantha posiblemente ya se debatía con aquellos sentimientos.

—La palabra que buscas es “bohemia” —la corrigió de broma, de la misma forma que lo había hecho durante la primera conversación—. Y no andas muy desencaminada: si lo que esperas que termine pasando a raíz de esta cita es que te cases con una artista famosa que nada en billetes, siento decepcionarte.

Y no pudo evitar reírse. Era demasiado ridículo, pero divertido a su manera, el fingir que no se conocían de nada. La hacía sentirse dentro de una película romántica, y si bien no eran su género predilecto, a veces a la vida le venía muy bien un poco de teatralidad. Aliviaba los peores momentos que tenía ésta.

Echó un vistazo a la carta ante la pregunta de Sam… y desgraciadamente, no conocía la mitad de los platos. Los únicos que le sonaban eran aquellos que incluían en sus nombres los ingredientes llevaban, como podía ser la “Berenjena parmesana”. Por lo demás, estaba totalmente perdida, así que optó por dejar a un lado los nombres de los platos y centrarse en los bloques de letra pequeña que tenían debajo, y que enumeraban los ingredientes.

—Me parece bien, aunque debo reconocer que no soy la catadora más experta del mundo. Voy a dejar la elección en tus manos —le respondió con respecto al vino, para después volver con la carta—. Y con la comida, casi que lo mismo. ¿Me puedes orientar un poco? Veo unos nombres muy elegantes que no me dicen nada, y un montón de ingredientes que no me suenan.

Bromeaba, por supuesto, pero no mentía: más allá del clásico tofu, que todo el mundo conocía, y la eura, que ya Sam le había presentado, todo lo que no fueran vegetales comunes le sonaba a chino.

—¿Hay aquí algo con un toque asiático? Ya sabes, del estilo, shiitake con bambú o algo así. ¿Estoy pidiendo demasiado? —Se le escapó una risita, y más pronto que tarde se dio cuenta de que se estaba poniendo nerviosa. ¿Por qué? Pues porque estaba fuera de su elemento. Nunca había vivido una noche como aquella—. Supongo que es muy tarde para irnos a comer hamburguesas vegetarianas con patatas, ¿no?

«Cálmate», se recomendó. «Esto no tiene por qué salir mal. Cálmate...»
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