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[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha}

Gwendoline Edevane el Dom Oct 20, 2019 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} - Página 3 GjuLMLy
Miércoles 16 de octubre, 2019 || Nueva York, Estados Unidos || 23:47 horas

Gwendoline mantenía toda su concentración fija en un objetivo: había puesto el ojo sobre él, y como buena cazadora que era, no pensaba dejarlo escapar.

Su presa no se había dado cuenta de que la perseguían, pero tampoco se había detenido en ningún momento. Su nerviosismo era más que evidente. Intuía algo. Lo olía.

Todavía no era el momento de pasar a la acción. Si quería minimizar riesgos, no podía arriesgarse a fallar. Un fallo podía suponer la muerte. Así que continuó acechando a su presa hasta que ésta alcanzó la pequeña casa de tablones semiderruida que se alzaba cerca del lecho del río.

Ese era el momento.

Gwendoline sonrió. Se lamió los labios, anticipando el momento del frenesí, y avanzó un par de pasos para tener una mejor vista del objetivo. Alzó su fusil, puso el ojo en la mira, y enseguida obtuvo una vista ampliada de su presa. Ya estaba hecho.

Sonó un disparo.

Gwendoline dio un respingo, sorprendida, al ver en pantalla a su avatar asesinado vilmente. En pantalla, el nombre de un tal Noobmaster69 se mostraba como su asesino. La joven aporreó la mesa con su mano desnuda, y el teclado de su ordenador dio un bote.

—¡Maldito seas, Noobmaster69! ¡Es la tercera vez que me matas ahí! ¡Maldito campero! —gritó la mujer, sabiendo que el tal Noobmaster no podía escucharla: la única persona a la que tenía al otro lado de aquella llamada de Discord era a Sam—. ¡Tía! ¡¿Te crees que hay derecho a eso?! ¡Se cree muy gracioso con ese nombre sacado de los Vengadores!

Muerta, sin poder hacer nada, y con un pique considerable, Gwendoline se cruzó de brazos y se hundió en su silla de ordenador. Puso morritos. Llevaba muy mal que le matasen de una manera tan sucia, utilizando un truco tan asqueroso como ese. ¡La había dejado confiarse, creyendo que tenía una muerte asegurada, y entonces la había matado!

—Espero que le reportes al final de la partida. Lo harás, ¿verdad? —pidió a la rubia, todavía enfurruñada.

Aquella era su mayor preocupación en aquel momento: que el maldito Noobmaster se llevase su merecido reporte. ¡Con suerte le banearían la cuenta! «Ya, seguro: con suerte, me llevaré yo algún tipo de amonestación por reportarle», se quejó mentalmente.

—Todas mis esperanzas están puestas en ti, Samantha. ¡Vamos, acaba con él! —animó, y pulsó la tecla que le permitía seguir la partida de su amiga.



Gwendoline Ava Jones
24 años MuggleHumana
EstudianteCamareraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Gwen

Datos:
• Sus padres están casados y viven en Bangor, Maine. Su padre es escritor (o lo intenta) y su madre trabaja en el Hollywood Casino Hotel & Raceway. Tiene una hermana pequeña llamada Charlotte.
• Vive en un piso de estudiantes compartido, lo único que puede permitirse pagar.
• Estudia Arte en la New York School of the Arts, cursando su último año. Tiene un moderado talento, que compensa con creces con su entusiasmo y sus ganas de aprender.
• Tiene un empleo de camarera que generalmente desempeña los fines de semana. No obstante, no es extraño que trabaje también alguna tarde entre semana, cuando necesita sacarse un ingreso extra y alguna de sus compañeras quiere librar.
• Su interés por los videojuegos online nació de una necesidad de evadirse de su ajetreada vida. Empezó a jugar en su primer año de universidad, y desde entonces se ha interesado por otros juegos. Su compañero de piso, Max, a veces le presta su PlayStation 4. Actualmente está intentando pasarse un juego dificilísimo llamado Sekiro: Shadows Die Twice.
• Se pica mucho jugando a videojuegos, especialmente cuando pierde o cuando su ordenador anticuado no es suficiente para jugar como es debido.
• No tiene mascotas, pero le gustaría tener un perro de tamaño grande.
• La agobia demasiado el metro (su madre cree que tiene un principio de claustrofobia), por lo que de utilizar un transporte público, prefiere el autobús. También tiene una bicicleta, que utiliza para desplazarse en trayectos cortos.
• Su habitación es su pequeño desastre personal, y siempre se dice que la ordenaría si tuviese tiempo.
• Sus amigos y compañeros de piso piensan en ella como una persona asexual, puesto que en esta realidad tampoco ha mostrado interés alguno por mantener una relación sentimental o sexual de ningún tipo con nadie. ¿Cambiará esto en un futuro?




Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:08 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Sáb Ene 18, 2020 2:00 am

La conversación con los compañeros de carrera de Sam había tenido sus puntos interesantes, como el momento en que se había mencionado a la ex de su amiga. Gwendoline había permanecido atenta, con los ojos muy abiertos al mismo tiempo que bebía de un vaso casi vacío. También había procurado fijarse en quién era la susodicha, más que nada por satisfacer esa vena curiosa y cotilla que todo ser humano albergaba en algún lugar en su interior.

Sin embargo, cuando tocó hablar de Minecraft, el tema para Gwendoline ya estaba olvidado. Llevaba varias copas encima y, en ese estado, era fácil perder la concentración.

Que se lo preguntasen a su camisa, si no.

El cómo logró empaparse la camisa de esa forma tan absurda fue un misterio, tanto para ella como para los demás asistentes a la fiesta. Lo único que podía decir al respecto era que en su vaso no quedaba ni una sola molécula de líquido, y que su camisa presentaba el aspecto de haber absorbido el Océano Atlántico entero.

Como buena borracha con una vena infantil, se quejó de que tenía frío —la bebida no sólo procedía de la nevera, sino que tenía varios cubitos de hielo flotando en ella— y le dijo a Sam que se había mojado. ¡Como si no fuese evidente, como si hubiera que fijarse para darse cuenta!

Un buen samaritano —Steven, anfitrión de la fiesta y bebedor profesional que jamás terminaría en una situación tan estúpida como esa— les señaló el cuarto de baño, indicándoles que éste contaba con un secador de manos. El plan sonaba bien, por lo que Gwendoline Jones se dejó llevar por Sam en aquella dirección, cogida de su mano.

Una vez allí, su amiga fue consciente del alcance real del daño.

—Te juro que ese vaso no contenía tanto líquido. ¡Esto es imposible! —se quejó Gwendoline, quien claramente había calculado mal el contenido de su bebida fría—. No te vayas a ningún lado: no voy a poder hacer esto sola. Es un hecho.

Fue francamente sincera, como buena borracha: si se ponía a secar todo aquello ella sola, acabaría montando un desbarajuste aún peor.

—Ahora me gustaría poder hacer magia, como en Harry Potter. ¡Maldito niño mago suertudo! —protestó, mientras dejaba que Sam le quitase la chaqueta.

Gwendoline no se paró en ningún momento a pensar en lo que hacía, ni en compañía de quién estaba; simplemente, con dedos torpes, comenzó a desabotonar uno tras otro los mojados botones de su camisa. Al principio todo iba bien, lento pero bien, pero en un momento dado terminó estresándose y, en lugar de desabrocharse los últimos tres, se sacó la camisa como buenamente pudo por la cabeza, y la echó en el lavamanos.

Al hacerlo, triste desgracia, derribó la copa de Sam, y ésta se derramó por el suelo. No hubo que lamentar más gente mojada, por suerte.

—Me he cargado tu copa también —dijo, observando la copa caída sobre un charco de líquido con una ceja enarcada. Luego, se palmeó el pecho, que únicamente estaba cubierto por su sujetador negro—. Y encima tengo el sujetador mojado. ¡Se me han empapado las tetas, Sam! —Esto último lo dijo en un tono de voz exageradamente alto, casi como un lamento.

Y, entonces, sucedió algo que Sam, seguramente, no se esperaba: sin preocuparse en girarse para que no la viese, Gwendoline se llevó ambas manos al cierre del sujetador, en su espalda, y lo soltó. Antes de que la rubia pudiese decir nada, la morena ya se encontraba medio desnuda delante de ella, los pechos al descubierto, reluciendo a causa del líquido que los había mojado.

Cabe señalar que Gwendoline estaba bastante bien dotada.

—Mira. Están todas mojadas —protestó, haciendo pucheros, mientras se pasaba las manos por los pechos húmedos; entonces, miró a Sam a los ojos—. Me parece que me hace falta más bien una ducha, no un secador.

Por el rabillo del ojo, Gwendoline atisbó que la puerta seguía abierta, y no sólo eso: justo en ese momento, la ex novia de Sam se encontraba al fondo, observando la situación con cara de sorpresa. Esto fue suficiente para que Gwendoline decidiese cerrar la puerta, quedándose a solas con Sam en el interior del baño.

—Tu ex nos ha visto —declaró, como si nada—. No parecía muy contenta.

Y, como personalmente seguía un poco borracha, Gwendoline no pudo evitar reírse, divertida. Teniendo en cuenta su “atuendo” actual, era la única de las dos que se estaba divirtiendo allí.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Dom Ene 19, 2020 8:34 pm

Sam se había hecho con la chaqueta y si bien se había concienciado de que lo más probable es que Gwendoline se quitase la camisa para poder secarla, cuando vio que lo hacía igualmente no pudo evitar mirar, intentando disimular un poco cuando sus ojos volvían a estar visibles. Se sintió “pillada” frente al susto de que su copa también se cayese, pegando un ligero sobresalto al ver como caía al suelo.

Por suerte las copas eran de plástico ―RIP el Planeta―, pero gracias a eso no se habían desperdigados miles de trocitos de cristal.

―No pasa nada ―le respondió sobre la marcha al ver aquello, pues lo máximo que había ocurrido, por suerte, había sido que se manchasen las botas, cosa que no importaba.

Su mirada entonces se volvió a alzar a sus ojos cuando dijo que se le habían empapado las tetas y, para cuando Sam tuvo algo que decir al respecto, ya Gwendoline se había despojado de su ropa interior, dejando sus pechos al aire frente a ella. En ese momento se dio cuenta de dos cosas: la primera que Gwendoline no parecía muy habituada a estar con lesbianas; y la segunda que al menos parecía que entre ambas se había creado cierta confianza. ¡Pero madre mía…!

Despertó de aquel medio shock cuando la morena empezó a tocarse deliberadamente como si nada ocurriese, ya que también despertó cierta emoción en su interior que por mucho que le gustase en otras situaciones… en esa le incomodó.

―¡Pero Gwendoline! ―Se quejó, girándose sobre la marcha para buscar una toalla. Para cuando se giró, su amiga morena ya estaba cerrando la puerta frente a la afirmación de que Natalie había visto eso. En ese momento no cayó en la cuenta, ¿pero qué le incumbía a Natalie nada, como “para no estar contenta”? Decidió priorizar―: ¡Ponte esto por encima y sécate, anda! ―Le pidió, tendiéndole la toalla mientras su mano se desviaba hacia el fondo, ruborizada, para que sus ojos no se viesen tentados a mirar a la zona prohibida―. Se ve que no has tenido muchas amigas lesbianas. Mira, te explico la norma principal: es importante que no te desnudes delante de ellas, ¿vale? ¡Porque obviamente van a mirar!

Había sonado con demasiada diversión, casi como si hablase como si se tratase de un monólogo de comedia o algo por el estilo. Que ojo, por norma general daba igual si una amiga se desnudaba delante de Sam que simplemente observaba con curiosidad, ¡pero precisamente Gwendoline…! Ahora sólo podía pensar en que la realidad había superado con creces su imaginación, ¡y eso no era para nada bueno!

Volvió a coger la chaqueta de Gwendoline, intentando distraerse en secarse eso mientras desenrollaba el cable del secador y lo enchufaba.

―Y no te preocupes por Natalie, no es que tenga demasiadas caras en donde parezca que esté contenta. ―Enchufó el secador y entonces su vena borracha comenzó a liberar sus pensamientos en, de nuevo, lo que parecía un monólogo. Todo eso mientras se hacía al dichoso cable del secador―. Si ya no estaba contenta nunca estando juntas, me imagino ahora. Aunque en verdad, ¿qué más da? Ni que tuviera que darle explicaciones.

Sam podría haber tenido celos de Natalie cuando estaba con ella, pero si ahora la veía con otra persona no los sentía en absoluto, por lo que no entendía que su ex pudiera sentir eso hacia ella.

Cuando se hizo al secador, miró “con precaución” a ver si Gwendoline se había secado y tapado su delantera y, cuando vio que no había peligros, se giró al completo y sujetó el secador cual pistola hacia la morena.

―Tú sujetas y yo seco ―le dijo con respecto a la camisa y la chaqueta.

Se dio cuenta de que en el baño hacía frío, pero ella se sentía muy, muy calentita. De repente el rubor que había sentido, más añadido al hecho de haber visto a Gwendoline desnuda de esa manera tan confiada, había hecho que todavía tuviera un calor inquieto por todo el cuerpo. Al menos ya no estaba tan roja pero… su orejas seguían compitiendo con el tomate en quién tenía el color más rojo. Encima, con las dichosas coletas, no es que pasasen precisamente desapercibidas.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Dom Ene 19, 2020 11:09 pm

Sobraba decir que Gwendoline y el alcohol no eran buenos amigos. Se trataban muy de vez en cuando, y el resultado solía ser… inesperado. De acuerdo, no tenía por costumbre el quitarse la camiseta y pegar saltos sobre una mesa, delante de un montón de desconocidos, pero si alcanzaba la suficiente confianza con alguien, bueno, podían ocurrir cosas así: ni siquiera le dedicó un segundo a pensar que, tal vez, no debería haberse quitado el sujetador tan alegremente.

Estaba todavía enfrascada en la labor de lamentarse por lo mojados que estaban sus pechos cuando Sam, ya con la puerta del baño cerrada, le puso una toalla en las narices. Tal fue así que dio un respingo, sorprendida, y tardó un par de segundos en comprender lo que se le pedía.

Cuando fue capaz de relacionar conceptos otra vez, echó mano de la toalla y, de manera un tanto torpe, cubrió parcialmente su desnudez, al tiempo que se secaba.

—Perdón —dijo con toda seriedad, para luego quedarse pensativa; unos segundos después, añadió—: Bueno, pero perdón… ¿por qué? ¡Si te gusta lo que ves, te permito recrearte la vista!

Utilizó la toalla —que, cabe señalar, se sentía cálida en comparación con el frío líquido que le cubría la piel— para secarse lo mejor que pudo. Se dio cuenta entonces de que parte del líquido le había mojado los pantalones, e incluso había llegado un poco más profundo, pero incluso en ese estado tuvo el suficiente sentido común como para no hacer nada al respecto: se aguantaría y punto.

Su comentario acerca de la ex de Sam tuvo respuesta, por parte de una Sam que evitaba darse la vuelta. Mientras la escuchaba, Gwendoline buscó alguna manera de mantener la toalla sujeta sobre sus pechos, pero todos sus intentos fallaban: la toalla era demasiado pequeña como para abarcar todo su tórax.

—¿Y qué pasó para que no estuviera contenta? —preguntó, repentinamente, mientras Sam todavía evitaba mirarla—. ¿Culpa suya o culpa tuya?

Su amiga, que de nuevo intentaba volver a establecer contacto visual, se había armado con el secador mencionado por su amigo, que ya había enchufado, y le ofrecía su chaqueta. Gwendoline la tomó con una sola mano, la derecha, mientras con la izquierda hacía un esfuerzo por mantener la toalla cubriendo su desnudez. Estaba segura de que aquello no iba a salir demasiado bien, así que trató de sujetarla bajo sus axilas antes de poner ambas manos sobre la chaqueta.

Sam puso en marcha el secador, y con su sonido de fondo, la morena siguió hablando.

—No creo que fuera culpa tuya —dijo, con total sinceridad—. Es decir, te llevo conociendo bastante tiempo, y creo que eres el tipo de chica con la que cualquier persona querría mantener una relación: eres dulce, eres amable, te encantan los videojuegos, rara vez te quejas por nada de lo que te hagan, eres cariñosa… Y por si fuera poco, estás buenísima. —Alzó ambas cejas, como una manera de enfatizar ese comentario—. Seguro que se me están quedando por decir muchas cosas buenas de ti, pero el resumen es que eres la novia que cualquier chica querría tener.

Aquellas palabras eran más una suerte de pensamiento en voz alta, y se notaba por lo atropellado y desordenado de éstas. Sin embargo, también había sinceridad en ellas: así la consideraba, así la veía.

En ningún momento se visualizó como su novia, evidentemente, pero pensaba que cualquier persona sería afortunada de tenerla.

—Y tengo que decir otra cosa —añadió entonces Gwendoline—: ¿Está bien si me quito esta maldita toalla que no consigo mantener quieta mientras secas la chaqueta? Estamos cada una a un lado de ella, así que no vas a ver nada...

Realmente, dio exactamente lo mismo: la toalla y sus axilas se pusieron de acuerdo en que no, no había forma de seguir manteniendo aquella situación, y la toalla se le desprendió, cayendo al suelo. Lo único que separaba a la Gwendoline semidesnuda —con la cara maquillada como el Joker de Ledger, recordemos— de la mirada de Sam —ataviada y maquillada como Harley Quinn, recordemos también— era la chaqueta que estaban secando, y que actuaba como una especie de cortina.

Y, para rematar, Gwendoline se percató de un detalle:

—Tienes las orejas rojas —anunció, para luego añadir sin delicadeza alguna—: Con ese maquillaje blanco por toda la cara se te notan un montón. ¿Estás bien?
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Ene 20, 2020 11:34 pm

«¡Te permito recrearte la vista!», dijo.

Sam elevó la mirada momentáneamente, manteniéndola en sus ojos valientemente en señal de: “no digas boberías” antes de volver a girarse para hacer de las suyas con el dichoso secador.

En ese momento de nerviosismo por culpa del inesperado descaro de Gwendoline, Sam habló de más sobre su ex, sin siquiera caer en la cuenta de por qué narices su amiga sabía que Natalie era su ex si ella no le había dicho nada por falta de intimidad en la fiesta. Se le pasó fugazmente por la cabeza que sus amigos eran unos bocazas, pues la verdad es que no planeaba dar demasiados detalles a su nueva amiga sobre su relación pasada. No le parecía correcto intentar "cortejar" ―por llamarlo de alguna manera― a la chica que te gusta comiéndole la oreja con tus problemas del pasado con tu ex. Eso no se hace nunca. Las películas ya te avisaban de lo mala idea que era.

Dudó con cómo comenzar con el tema, pues lo que había sucedido entre Natalie y Samantha había sido… complicado y bastante feo. Iba a decir claramente que había sido culpa de Nat, pero la verdad es que no le salía hablar mal así de repente de ella. Fue en su momento de silencio pensativo, en donde Gwen intervino sin darle oportunidad de contestar.

No intervino de manera normal, intentando echar para atrás esa pregunta por posible incomodidad, sino que alabó a Sam de una manera en la que la rubia, por poco, babea. Se la quedó mirando de manera ilusionada, con las mejillas ruborizadas y una sonrisa idiota en los labios, pensando en que era super linda y que… ¿y si le besaba? ¿Después de todas esas cosas bonitas... cómo no iban a darle ganas de besarla?

No solo le había dicho que era dulce, amable y cariñosa, sino que además había dejado claro que consideraba que era muy atractiva. Estuvo a punto de querer preguntarle que si ella entraba en ese saco de “cualquier chica” que querría estar con ella. De hecho, su interior se armó de valor y estaba a punto de soltarle la pregunta de: “¿una chica como tú?” y arriesgarse como no pensó que se fuese a arriesgar en ese baño, pero ese pequeño momento que para Sam podía haber significado un pasito hacia adelante, se vio interrumpido de manera natural por la morena.

Y claro, habló de nuevo de su pechonalidad, a lo que Sam se cohibió y recapacitó, pensando que haber preguntado eso era una mala idea.

―Sí, está bie… ―Y antes de poder contestar, la toalla se cayó y ella siguió sin ver nada gracias a la chaqueta que estaba de por medio.

Sonrió mirando a Gwen, dándole a entender que no pasaba nada. Todavía se notaba a sí misma con el latido del corazón a tope por lo que Gwen le había dicho y, por desgracia, no podía evitar pensar en lo que habría detrás de la chaqueta, o en sus palabras, o en lo tonta que era ilusionándose tanto o no atreviéndose a dar ese paso. Para colmo, cuando Gwen se fijó en sus orejas rojas…

Podría haber dicho la verdad y quizás las cosas hubieran ido de manera muy diferente, pero no se atrevió a admitir la sencilla realidad: “No, es que me gustas muchísimo y lo mismo me pongo a mil como siga viéndote secarte de esa manera tus pechos.” No, lo siento pero Sam era incapaz de eso. Por suerte Gwen tampoco es que supiese leer muy bien las reacciones ajenas.

Así que optó por lo más fácil:

―El tema Natalie me pone un poco nerviosa y aún no estoy demasiado cómoda en el mismo lugar que ella, ¿sabes? ―En realidad ese no era el motivo de sus orejas rojas, pero sí que era verdad―. O sea, tengo superada la ruptura y todo eso… pero siempre he sentido que hacía conmigo lo que le daba la gana y, en cierta manera… a veces creo que lo sigue haciendo aunque ya no estemos juntas. ―Hizo una pausa y se encogió de hombros―. Y claro… este grupillo de amigos no son mis amigos de toda la vida, sino los de la universidad. Tuve que aprender a lidiar con seguir quedando con ella porque al final pertenecemos al mismo grupo. Pero no sé, no es lo mismo: tengo la sensación de que los que se llevan mejor con ella tienen una versión muy diferente de lo que pasó entre nosotras porque he notado el cambio en su actitud… ―Le reconoció a la morena, con el secador encendido mientras secaba la chaqueta. De vez en cuando miraba a la tela, pero mayormente la miraba a ella a los ojos―. Empezamos y todo iba genial. Yo estaba super ilusionada porque era mi primera pareja y realmente me sentía muy bien a su lado, pero de repente de un día para otro su actitud cambió: cancelaba planes en el último momento, se enfadaba conmigo por tonterías, me empezó a tratar mal… Y claro, no me daba explicaciones aunque yo se las pidiera… ―Se calló, pues en ese momento se dio cuenta de que no quería arruinar la fiesta con dramas de ex parejas, por lo que se encogió de hombros―. En resumen… mi perspectiva es que quiso hacerme daño a propósito porque era una cobarde que no era capaz de cortar conmigo y quería que yo cortase con ella. Fueron tres meses horribles porque claro, yo no quería cortar: yo lo que quería era arreglar las cosas, pero ella solo las empeoraba para que yo terminase cansándome y decidiese cortar... Un cuadro. ―Tragó saliva y puso cara de asco―. Para colmo a la semana de cortar sé que estuvo con otra chica. Me rallé mucho en su momento pensando que podría haber estado con ella mientras estaba todavía conmigo, ¿pero sabes qué? Es agua pasada y quise indagar por el bien de mi cabeza ―finalizó, esbozando una sonrisilla―. Ahora tenemos una relación cordial muy básica, aunque a veces… no sé, me incomoda. Siento que me mira como si todavía tuviera poder sobre mí, ¿sabes? ¡No lo sé! ―Dejó caer sus hombros y, con ello, el secador apuntó al suelo―. Bah, da igual. Hubiera sido más fácil superar esto sin verla en la universidad o cada vez que quedamos con este grupo, pero es lo que hay. ―Y, resignada, volvió a encender el secador, dando un pasito hacia adelante para con la otra mano ir moviendo y aireando la chaqueta para que se secase antes.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Ene 22, 2020 9:34 pm

Habiendo dejado a un lado un momento que, cuando lo recordase bajo la luz del sol —y muy posiblemente con una resaca que la obligaría a llevar gafas de sol—, le resultaría mucho más vergonzoso de lo que le resultaba actualmente, Gwendoline se interesó por el tema de Natalie.

Con toda sinceridad, no había escuchado a Sam decir nada, ni bueno ni malo, de esa mujer. En todo el tiempo que llevaban siendo amigas, la rubia no había mencionado para nada a su ex, lo cual hablaba bastante bien de ella. Y si bien la morena no se iba a poner a juzgar a nadie por criticar a su ex —sabía que, por lo general, ocurría algo que convertía a esa persona en “ex”, y que muchas veces solía ser algo malo—, sí que le transmitió una buena sensación. No despreciaba instantáneamente a cualquier persona que decía un par de palabras malas acerca de una persona que le había hecho daño, pero si alguien aparecía en su vida criticando a diestro y siniestro —ex o no ex—, por norma general ese alguien le producía un gran rechazo.

No fue el caso cuando Sam se puso a hablar de Natalie. A fin de cuentas, ella había preguntado, ¿no? Y si preguntaba, esperaba saber.

Al parecer, el tema de Natalie era lo que le había puesto las orejas tan rojas. En breve momento de distracción propio de la borrachera, Gwendoline se preguntó por qué no se habría maquillado también las orejas. Fue una pregunta absurda, y le quedó claro a los dos segundos; su cerebro no estaba tan perjudicado por el alcohol como para no darse cuenta de ello.

Sobrepasado ese pequeño bache, escuchó con atención, literalmente, sin quitarle los ojos de encima a Sam.

Sacó sus propias conclusiones, siendo un resumen aproximado que Natalie no le caía bien y que, aún encima, tenía todas las papeletas de novia infiel. Se preguntó brevemente cómo podría alguien serle infiel a semejante mujer como la que tenía delante, y después se quedó pensativa.

—Vamos, que descubriste bastante tarde que era una completa imbécil. Supongo que no lo era, o que disimulaba, antes de empezar con ella —dijo Gwendoline, intentando con su segunda frase suavizar la primera; incluso a su yo borracha le había sonado un poco mal, casi como si culpara a Sam por no darse cuenta—. Si te soy sincera, me alegra que ya no estés con ella —dijo, dejando la frase en suspensión durante unos segundos, mientras observaba el trabajo del secador sobre la chaqueta—. Cualquier persona capaz de ser cruel con una persona con el único objetivo de no afrontar su cobardía merece tanto la pena como una caca de perro tirada en la acera. —Con la mirada aún fija en la tela de la chaqueta, Gwendoline sopesó unos momentos lo que había dicho—. Mentira: la caca de perro merece más la pena.

En un momento totalmente natural, en que se olvidó de que básicamente estaba desnuda detrás de la chaqueta, Gwendoline bajó los brazos, y con ellos la prenda, que casi arrastró por el suelo. De nuevo dejó a la vista de Sam sus atributos, sobre los cuales ahora soplaba el aire cálido del secador.

—¡Espero que se piense que nos estamos liando, de verdad! —exclamó de manera apasionada—. Es más: ¡deberíamos liarnos! ¡Así sería consciente de lo idiota que fue y de lo que se perdió por hacerte todas esas cosas feas! ¡Que eso no se hace, Sam!

Hubiera sido un discurso precioso… de no ser porque una de las integrantes estaba visiblemente incómoda con la desnudez de la otra, y por lo feo que resultaba enrollarse únicamente para hacer daño a una tercera persona. Una manifestación de inmadurez pura y dura.

Sin molestarse en volver a cubrirse, Gwendoline plegó lo mejor que pudo la chaqueta y la colgó del toallero, para luego echar mano de su sujetador. Se lo mostró a Sam con ambas manos, la mirada fija en él, y dijo:

—Sécame esto primero, anda, que empiezo a tener frío. —Y, por si alguien se lo estaba preguntando… sí, saltaba a la vista que tenía frío. Y no sólo por el leve temblor que se había adueñado de ella.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Ene 22, 2020 11:46 pm

Le había soltado su experiencia con Natalie con total confianza, sin querer entrar tampoco en demasiado detalle. Gwendoline tenía razón en una cosa: Natalie había disimulado muy bien ser una mala persona antes de que Samantha hubiese decidido empezar con ella una relación. De hecho, en su momento consideraba que la veterinaria era una persona fantástica y, en ningún momento, vio ningún atisbo de maldad en ella.

Miren a Sam: ni de lejos hubiera empezado con alguien que considerase mala persona.

Ella pensaba igual que Gwen ―aunque en su momento le hubiese costado ver la realidad―, pero no merecía la pena perder la pena y ponerse mal por alguien que quiere verte mal y animarte a que lo dejes con ella. Era una actitud bastante horrible. Había que afrontar los sentimientos y ser honesto, cosa que Natalie no sabía hacer e intentaba manipular al resto para conseguir sus objetivos.

―Yo también me alegro ―coincidió, sonriente.

Y tras esa confesión que le había sentado bastante bien, como para incluso olvidarse un poquito de que tenía delante a la chica que le gusta semidesnuda con un cuerpo de escándalo que no había pasado para nada desapercibido para Sam.

Por eso cuando decidió bajar la chaqueta, Sam volvió a tensarse. No solo se le tensó el cuerpo, sino también su mirada, fija absoluta en los ojos de Gwen.

«¡No bajes la mirada!» Se ordenó a sí misma. «¡Tú puedes con eso! ¡No se te ocurra bajar la mirada!».

En ese momento se dio cuenta de lo complicado que era y hasta tenía la sensación de que le estaban temblando la mirada o algo. Podía decirte con absoluta certeza, pero a la vez con la sensación de no estar segura de nada, de cómo estaba respondiendo su cuerpo en esa situación. La morena no se lo ponía nada fácil y, sinceramente, no quería incomodarla echándole una mirada indiscreta o lujuriosa. ¿Lujuriosa? ¡Madre mía, Sam, deja de pensar en esas cosas!

Y ya cuando le dijo que su gran idea para esa noche era poner celosa a Natalie con ellas liándose, fue cuando Samantha tuvo claro que después de salir del baño ese iba a tener que ir directa al cardiólogo para que le revisara esa arritmia y al oculista para que le volviese a desencajar los ojos.

Por un momento sopesó la idea de volver a meter a Natalie en la conversación para centrarla en ella y no hacer caso a lo que proponía Gwen, pero… se negó a sí misma la huida. Después de todo lo que le había dicho y tal y cómo estaba delante de ella… no podía hacer ni oídos sordos ni mirada ciega a lo que tenía delante. Gwendoline estaba con una actitud juguetona y seductora, ¿o era cosa de Sam? ¡Estaba flirteando! Se había desnudado frente a ella, le había dicho cosas maravillosas de su persona, había añadido que cualquier chica querría salir con ella ―y, objetivamente, Gwen era cualquier chica― y ahora le estaba proponiendo que se liasen… ¿acaso…?

¿Acaso estaba siendo subnormal por no aprovechar la situación? Sí, confirmamos: lo estaba siendo totalmente.

Mientras Gwen colocaba la chaqueta en el toallero y cogía su sujetador, Sam sí que se permitió observarla y, para cuando la morena volvió a fijar su mirada en la de ella, la rubia se mantuvo serena. De hecho, ahora que “por obligación” tenía la mirada sobre la de Gwendoline, su mente empezó a recrear una posibilidad que hizo que en su interior empezasen a movilizarse las mariposas, sin poder evitar pensar algo muy básico pero real: «¿Cómo puede ser tan preciosa hasta maquillada de Joker?» .

Dio un pasito hacia adelante para acercarse más a ella, sin apagar el secador. Se humedeció un poco los labios con discreción, observando los ajenos que resaltaban por mucho que tuviese un maquillaje por encima.

―Te digo que no te pongas así delante de mí y aún así… ―Dejó en el aire la frase, con un tono bastante sugerente pero como si estuviese reprochándole algo―. ¿Qué estás intentando, Gwendoline? ¿Seducir a tu amiga lesbiana? ―Ladeo una sonrisa, sin dejar de mirarla a los ojos, antes de añadir―: El Joker siempre ha tenido muy fácil seducir a Harley… y esta Harley está muy metida en el papel.

Ahora mismo se había olvidado del sujetador en las manos de Gwen, del secador en su propia mano, que estaban en el baño de la casa de Steven en mitad de una fiesta e incluso de que Gwen estaba media desnuda. La mirada de Sam estaba totalmente enfocada en los ojos y labios ajenos, casi sintiendo que el resto de lo que veía estaba desenfocado.

Había dado el paso: el secador se había apartado hacia un lado y Sam se había acercado un poquito más, con intención de besarla. Lo notaba todo moverse, su cuerpo fue presa de los nervios pero a su vez solo podía pensar que estaba haciendo lo que deseaba, acción que, estando borracha, siempre era bienvenida. Sin embargo, se acercaba a ella muy lentamente, queriendo percibir de ella alguna señal de que eso era buena idea o…

...o si no saldría del baño, de la casa y se iba a tirar de cabeza al pozo.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Ene 23, 2020 9:36 pm

Las cosas en aquel cuarto de baño estaban a punto de dar un giro que, pensándolo bien, Gwendoline debió haberse esperado: sin darse cuenta, había estado tentando a su amiga, llevándola en esa dirección desde que se habían quedado a solas.

Con toda la sinceridad del mundo, no había pretendido nada de aquello. El alcohol la había librado de toda inhibición, y había hablado sin pensar en muchas ocasiones. ¿Buscaba que aquello sucediese? Bueno, a nivel consciente, desde luego que no, pero a nivel subconsciente…

Sostenía el sujetador con ambas manos por delante suya, pidiendo a su amiga que le ayudase a secarlo, cuando ella… Bueno, no sabría decir qué cambió exactamente, a excepción de ese nuevo brillo que había en sus ojos cuando se adelantó hacia ella. Y, diciendo aquellas cosas, compuso una sonrisa que, desde luego, ella no había visto antes.

Una sonrisa que, seguramente, sí conocería Natalie.

Borracha y todo, Gwendoline no pudo disimular su confusión. Fue casi como si la golpease una brisa fría que la despejó momentáneamente, y cuando quiso darse cuenta, Sam estaba muy cerca.

—¿Qué quieres de…? —No terminó la pregunta.

El primero beso de Sam fue fugaz, casi como si buscara tantearla. Gwendoline apoyó ambas manos, todavía sosteniendo el sujetador, sobre las clavículas de ella, pero no se retiró. Y cuando la rubia se separó, posiblemente tratando de evaluar cuál sería su reacción, la morena dejó de pensar.

Como declaración de intenciones, dejó el sujetador sobre el lavabo, y sus ojos volvieron a encontrarse con los de Sam. Sin más ni más, volvieron a unirse en un beso, estaba vez más lleno de pasión. Las manos de Gwendoline, apoyadas sobre los hombros de su amiga, enseguida buscaron acariciarla, y cuando quiso darse cuenta, una descendía por sus caderas y la otra ascendía hacia su pelo rubio.

Aquella era la primera vez que besaba a una chica. No diría que nunca había intentado imaginar cómo sería, pero desde luego que no se lo había esperado así. Era una sensación muy diferente a besar a un chico, y su única experiencia no había sido, precisamente, la mejor.

Resumidamente, Gwendoline se dejó llevar, y durante los siguientes minutos, cerró los ojos y compartió con Sam un momento que subió la temperatura de ambas. Y no se habría detenido de no ser porque una de sus manos, moviéndose casi por instinto, comenzó a deslizarse por el borde de la camiseta de Sam.

Fue entonces cuando se separó de ella, parpadeando varias veces con expresión patidifusa.

Se quedó mirando a Sam a los ojos, su mano todavía perdida bajo su camiseta. Sus dedos rozaban su sujetador, y cuando se dio cuenta de esto, retiró rápidamente la mano, componiendo una sonrisa de disculpa.

—Eso sí que ha sido... —empezó a decir, sin saber muy bien qué pretendía decir; simplemente sonreía, un poco incómoda—Yo...

Se quedó mirando los labios de Sam. El maquillaje se había corrido allí, fruto de los besos que habían intercambiado. Luego la miró a los ojos y se hizo una sencilla pregunta: ¿por qué parar ahora? No quería ir más allá, pero quería besarla. Lo necesitaba muchísimo.

Así que, sin decir más palabra, la atrajo hacia sí y reanudó lo que habían empezado momentos antes.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Jue Ene 23, 2020 11:47 pm

Por un momento se imaginó la terrible situación de que la morena tomase aquello como algo inadmisible en su relación amistosa, se enfadara y le pidiera explicaciones. Para ella era muy complicado lanzarse de esa manera porque… tenía miedo, sobre todo de apresurarse y hacer las cosas mal. Sabía que si todo estaba bien hecho, un rechazo no tendría por qué acabar con esa amistad, pero si la cagaba besándola sin permiso, “invadía” su espacio o daba la sensación de que se estaba aprovechando de la situación, quizás ella podía tomárselo mal.

Pero es que no pudo evitarlo. Gwendoline, de manera consciente o inconsciente, le había lanzado a Sam unas directas como cuchillos y esa situación, digan lo que digan, había sido muy propicia. Gwen estaba juguetona y… Sam quería pensar que no estaba malinterpretando nada, aunque cuando le besó de esa manera tan casta en busca de su reacción, sopesó la peor reacción posible.

Cuando la morena dejó su ropa interior sobre el lavabo y le devolvió el beso, Sam también dejó el secador allí y posó sendas manos sobre el rostro de Gwen, disfrutando de aquel beso como si en cualquier momento Gwen pudiera saltar diciendo: "¡Eh, oye, pero qué estamos haciendo!". Y, sinceramente, se esperaba que eso pudiera ocurrir en cualquier momento. De repente todo lo que notaba le incrementó el interior: sí, las mariposas parecían estar teniendo una rave allí dentro, pero no fue lo único que se agrandó exponencialmente al sentir las manos de Gwen sobre su cuerpo y sus labios devorando los suyos...

Deseaba poder tocar absolutamente todo de ella y sentirla cerca. No tardó en bajar las manos por sus brazos hasta terminar en su cintura, pegándose a ella. Se abstuvo de tocar su desnudez más íntima simplemente por cautela, pues no era precisamente ganas lo que le faltaban.

Al sentir las manos ajenas subir por su piel por debajo de la ropa, sencillamente se derritió, pensando que aquello realmente estaba pasando y que Gwendoline la estaba buscando. Se armó de valor en ese momento, pero Gwen paró. Le dio miedo su sonrisa de disculpa y su mirada un poco incómoda, quedándose un poco sin saber qué hacer porque ya veía frente a ella el rechazo y el arrepentimiento. Quiso contestar a su frase incompleta con que para ella había sido maravilloso, pero no pudo articular palabra, pues Gwen la volvió a besar, casi como si no quisiera darle palabras a la situación.

En ese momento… Sam debería de haberse dado cuenta de que su amiga no estaba cien por cien segura. Su mirada había hablado; así como esa pausa dudosa. La duda no era buena nunca. Debería de haber dicho: “vale, hasta aquí”, pues ella no quería hacerse ilusiones en vano ni mucho menos besar a alguien que no está segura de querer ser besada. Ya había pasado por eso de querer a una persona que no te quiere y que ésta igual juegue contigo y sabía que esas relaciones descompensadas no iban a llegar a ningún lado aunque tú fueras feliz por un momento. No merecía la pena esa felicidad efímera.

Pero no se dio cuenta porque estaba hipnotizada y simplemente quería más. Ya se arrepentiría y auto-flagelaría mañana cuando se diese cuenta de su inmensa cagada…

Al recibir de nuevo el beso, empujó con suavidad a Gwen por las caderas para apoyarla contra la puerta y, mientras tanto, sus manos se deslizaban por la curva de su espalda, sintiendo su piel como la mismísima seda. Una de ellas, sin embargo, llegó a la parte frontal y, despojándose del miedo con una seguridad fruto del alcohol y lo excitada que estaba, la subió a uno de sus pechos.

Se estaba dejando llevar y sintiendo ese torrente de lujuria cuando llegó a ese “siguiente paso” fue cuando se dio cuenta de que aquello… ¿realmente a dónde llevaba? ¿Iban a llegar más allá en el dichoso baño de Steven York, borrachísimas, en mitad de la fiesta de Halloween? No pudo parar porque ella tampoco parecía querer parar y, sinceramente, que reaccionase positivamente a todo lo que le hacía Sam no era precisamente una motivación para parar.

Sin embargo…

―¡Salgan ya, joder! ―dijo uno al que no identificó cuando empujó de la puerta y chocó contra la espalda de Gwen―. ¡Que me meo! ¡No escucho el secador, así que si ya han secado, pa’ fuera hostias!

―¡Pero mea en la calle! ―Se escuchó de fondo.

―¡No loco, que me congelo la picha! ―argumentó en contra. Un argumento irrebatible. Nadie quería congelarse la picha.

La cortada de rollo podría catalogarse como MAGISTRAL. Las chicas se separaron repentinamente, tanto labios como manos, dejando un espacio entre ellas por el que podía correr el aire y hasta un caballo. Sam la miró a los ojos y, automáticamente, se sintió avergonzada después de ese bofetón de realidad. ¡Madre mía, que le había hasta tocado una…! Y en ese momento no pudo evitar mirarla de arriba abajo, incluido ese torso desnudo que no había mirado bajo la mirada de Gwen.

Volvió a avergonzarse y rápidamente se giró sin decir nada, cogiendo el sujetador y pasándoselo.

―¡Sam, tía! ¡Que me meo! ―Insistió el de fuera.

―¡Ya vamos, pesado, danos un momento! ―consiguió decir.

En ese momento hizo “inventario” de sus emociones y… todavía no tenía muy claro qué hacer a continuación: si ir al exterior a enfriarse o meterse hielo por el interior de la ropa. O ambas cosas a la vez.

Pese a que tenía ganas de salir del baño para darle intimidad ―já― a Gwen para vestirse y así darse unos minutos para entender qué narices había pasado, supo que huir del problema sólo haría que no hablaran de ello, por lo que decidió hacer la pregunta. Pensó hasta en disculparse, ¿pero disculparse de qué? Ella parecía… bien, ¿no? Ese beso había sido tan increíble… pero sinceramente, Sam seguía en el mismo punto pero feliz, pues seguía sin saber nada pero al menos ella había conseguido algo. Ahora mismo no se cuestionaba el futuro, sino el presente.

―¿Estamos… bien? ―preguntó, pasándose su lengua por su labio inferior con discreción, intentando disimular que tenía la respiración agitadísima.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Ene 24, 2020 10:53 pm

Había habido un momento para parar aquello, un momento claro en que había mostrado su duda, y no lo había aprovechado. En su lugar, había preferido dejarse llevar por sus impulsos más irracionales, y continuar con algo que, en definitiva, le gustaba.

De nuevo entre sus brazos, de nuevo entre sus labios, Gwendoline se entregó a Sam. Y ni siquiera cuando sintió la mano de su amiga sobre uno de sus pechos desnudos fue capaz de detenerse. Ejercía sobre ella una fuerza magnética a la que resultaba imposible resistirse, y por voluntad propia, desde luego, no iban a separarse.

Quizás la interrupción fue algo bueno.

Gwendoline sintió el impacto de la puerta contra su espalda, y más específicamente la manija golpeándola a la altura de los riñones. Aquello fue suficiente para arruinar el momento, pero por si no fuera suficiente, la persona responsable de aquello les gritó desde el exterior. Y la magia se rompió por completo.

Una sofocada Gwendoline, que se abanicaba con ambas manos, fue totalmente incapaz de decir una sola palabra. El pequeño diálogo desde el exterior habría sido suficiente para hacerla reír en otras circunstancias, pero en aquellos momentos tenía demasiadas cosas en la cabeza. Su cerebro funcionaba a toda potencia, y por un momento le dio la impresión de que el alcohol se había evaporado a través de sus poros.

Sam, después de devolverle el sujetador, fue quien respondió a la voz imperativa e impaciente del exterior, ganando un poco más de tiempo. Sobraba decir que a Gwendoline le haría falta todo el que pudieran conseguir.

Cuando su amiga le hizo aquella pregunta, su primera reacción fue sonreír. Sonrió de manera sincera, casi divertida, y tuvo que hacer un gran esfuerzo por no echarse a reír. Comprendía, incluso en su estado actual, que reírse estaría totalmente fuera de contexto si no le ofrecía una explicación primero.

—Si dejamos a un lado que me has dejado al borde de un ataque al corazón o un paro respiratorio, lo que llegase primero, y que acabas de besar a eso —empezó, señalando con su pulgar en dirección al espejo que había sobre el lavabo, y que evidentemente mostraba tanto su reflejo, como Joker, como el de Sam como Harley Quinn—, yo diría que estamos mucho mejor que bien.

Finalmente, Gwendoline no pudo evitar reír, divertidísima ante la situación. Y no sólo eso: se sentía eufórica, maravillosamente bien, y una parte de ella comprendió eso que decían acerca de las sustancias químicas que liberaba el cerebro cuando dos personas se besaban, o tenían relaciones sexuales. Indudablemente, la química allí había sido maravillosa.

Con el sujetador en las manos, Gwendoline comenzó a ponérselo, y tras asentar ambos tirantes sobre los hombros, se dio la vuelta, mostrando a Sam su espalda. Miró por encima del hombro, todavía sonriente, a su amiga.

—¿Me ayudas a cerrarlo? Me tiembla demasiado el pulso —le pidió, y su solícita amiga la ayudó.

De nuevo frente a frente, Gwendoline alcanzó la chaqueta del toallero. Era la única prenda que habían tenido tiempo de secar, así que se la puso y, con esos dedos temblorosos, comenzó a abotonarla. Aventuró una mirada en dirección a Sam, y le dedicó una sonrisa, antes de volver a concentrarse en lo que hacía.

—Creo que voy a dejar la camisa ahí, o a esconderla en algún sitio. ¿Te parece que se notará que no la llevo? —La pregunta sobraba: se notaba, y mucho, pues la chaqueta solo abrochaba hasta un par de centímetros por encima de su pecho, dejando a la vista su escote, por no mencionar que antes la llevaba abierta, mostrando la camisa característica del Joker—. ¿Qué más da? —Y con esas palabras, cogió la camisa mojada y la arrojó dentro de la bañera. Que York hiciese lo que creyera más conveniente con ella—. Vámonos.

Y de una manera muy natural, Gwendoline tomó la mano de Sam. De esa manera salieron ambas del cuarto de baño, encontrándose con el pobre joven sufría una emergencia de cuarto de baño.

¡Ya era hora, coño!exclamó. Prolongó mucho la última “o” de ese “coño”. Cerró de un portazo, pero eso no impidió que a los pocos segundos escucharan su profundo suspiro de alivio.

Sin saber muy bien a dónde ir, Gwendoline caminó entre la gente que se había reunido en la casa de York para la fiesta. De una manera casi automática, ambas chicas terminaron en la cocina, lugar en que se servían las bebidas, que estaba relativamente vacía: únicamente había un par de amigas, una disfrazada de lo que debía ser un unicornio y la otra de algún tipo de animal de pelo pardo con larga cola peluda, con sendas copas en la mano, conversando. A Gwendoline le pareció escuchar que hablaban de veterinaria, pues mencionaron algún que otro concepto que no entendía.

Una vez allí, Gwendoline soltó un momento la mano de Sam y la miró. Todavía sonreía.

—Te debo una copa —le dijo, recordando que había tirado la suya en el cuarto de baño—. Voy a ver si puedo prepararla sin tirar nada por el suelo. ¿Ves si hay vasos por ahí?

Lo curioso de todo el asunto era que no, no había vasos: algún idiota borracho había cogido todo el paquete y se lo había llevado a la sala de estar, dejándolo en el sofá por un motivo que escapaba a la comprensión de cualquier ser humano racional. Así que Sam tendría que ir a buscarlos.

Mientras tanto, Gwendoline miró dentro de la nevera, a ver cuáles eran las opciones disponibles.
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Ene 27, 2020 10:48 pm

¿«Mucho mejor que bien»? Samantha respiró tranquila en ese momento, notando que una sonrisa de alivio y absoluta tranquilidad le salía de los labios. En realidad pese a que esa sonrisa pudiese atisbar tranquilidad, no se sentía para nada así. ¿Qué había significado todo eso? ¿Se hacía ilusiones? ¿Cómo no iba a hacerse ilusiones? ¡La había besado! Y no solo eso, le había tocado y… ahora sólo podía pensar en volver a tocar su cuerpo.

Fíjate si Sam se estaba enamorando que por mucho que ahora mismo su calor se debiese a haber  tocado ciertas cosas, ahora mismo lo único que podía pensar era en volver a acariciarla.

―Sí ―contestó de manera automática, llevando sus manos a la espalda de Gwendoline para cerrar su sujetador con delicadeza.

La cabeza de Samantha en ese momento iba demasiado rápido, sin poder quedarse en un solo pensamiento y cuestionándoselo absolutamente todo. No sabía si había hecho bien, si había hecho pésimo, si aquello llevaría a algún lugar, si por el contrario significaría en aquella relación algo malo… y claro, el hecho de no saberlo ―y estar borracha para rallarse― no le iba a hacer demasiado bien. Tenía muchísimas ganas de preguntarle directamente qué había sido aquello, sobre todo la parte en donde ella tenía la responsabilidad de explicar por qué le había seguido ―pues Sam, si hablaban del tema, no tenía problema en sincerarse después de eso―, pero a su vez, aunque fuera super evidente abordar el tema, no se vio capaz.

Literalmente aquella situación y aquel beso le habían dejado sin habla.

Sam miró descaradamente al escote de Gwendoline que intentaba esconderse con los botones de aquella chaqueta, pero la mueca que puso habló por sí sola. Por su mente pasó una frase muy diferente de la que dijo en voz alta:

«Ahora que sé lo que esconde, su escote es más tentador», pensó.

―Sí, ¿qué más da? ―repitió sus palabras, ayudándose a no decir lo que pensaba.

Ni se percató de que su maquillaje estaba corrido cuando salió de allí siendo tirada por su amiga morena. Aún sentía el corazón a mil y… vamos, ni reparó tampoco en su amigo meón que les había cortado el rollo. ¿Debía de agradecérselo? ¿Si no llega a cortar el rollo hasta donde hubiera llegado la mano de Samantha? Porque ahí en donde la veías, no tenía demasiadas intenciones de parar.

Una vez en la cocina ―recibiendo la mirada sorprendida de sus amigos a lo lejos, de la cual no reparó―, Gwen la soltó y se miraron. Sam aún estaba con las orejas rojas y la verdad es que no sabía cómo proceder. Intentó normalizar la situación todo lo posible y… ¿qué debía hacer? ¿Olvidar lo ocurrido durante el resto de la noche? ¡Madre mía, eso era muy difícil! ¿¡No debían de hablarlo para evitarse malentendidos!?

La rubia se sujetó una de las coletas y asintió.

―Están en la sala de estar ―informó una de las chicas al escuchar a Gwendoline.

―Voy a por ellos ―dijo Sam sobre la marcha.

Giró sobre sus talones y se dirigió hacia allí, librándose un momento de la mirada de la morena para poder pensar con claridad en la situación. No pudo pensar demasiado, pues cuando sujetó el montón de vasos de plástico, se vio abordada por sus amigos que intentaban ser “discretos”. Se abalanzaron contra Sam y empezaron a susurrar lo suficientemente alto como para tener una conversación a tres lo suficientemente salseante.

―¿¡QUÉ HA PASADO AHÍ DENTRO!? ―Susurró Marcus.

―Nada ―contestó automáticamente.

―YA, SÍ, CLARO ―respondió Lucy―. ¿Qué quieres que evidencie primero: que Gwen no lleva camiseta, que vuestro maquillaje está corrido EN EL MISMO SITIO o que tienes las orejas rojas? Confiesa SAMANTHA AMELIA.

Mientras Sam era sometida a un interrogatorio del que intentaba escaparse, a Gwendoline se le acercó la chupasangre más sexy de toda la fiesta ―probablemente porque era la única―, dispuesta a soltar bilis más que a chupar sangre. Natalie se apoyó en la cocina justo al lado de ella, invadiendo un poco su espacio personal mientras la veía elegir las bebidas alcohólicas que echaría en las supuestas bebidas. Intentó ponerse a su lado de manera disimulada, como si ella también quisiera rellenar su copa.

Natalie, por muy avispada que pudiera parecer siempre, en ese momento estaba también bastante borracha, por lo que al ver que aquellas dos habían salido del baño tan acarameladas ―y con los hechos tan evidentes― no tardó en ir a por ella. Que ojo, todo el mundo suponía que Natalie no quería nada con Samantha, ¿pero entonces por qué se comportaba de esa manera tan estúpida y celosa? Parecía el típico prototipo de persona egoísta que ni lo cuida, ni deja que nadie lo cuide.

―Hola, Gwen ―saludó, con una falsa sonrisa―. ¿Cómo te lo estás pasando? ―Cogió la botella de vodka, sirviéndose en el vaso―. Sois muy monas, ¿estáis empezando o algo? No hacía falta que te presentara como una amiga al principio si sois algo más… Por mucho que compartamos amistades, lo nuestro ya está superado ―dijo, dándose por aludida la egocéntrica.

Las dos chicas que estaban en la cocina no pudieron evitar prestar atención a la conversación, pues eran muy conscientes de la historia entre Sam y Natalie y, por tanto, que el hecho de que Natalie se acercase a Gwendoline no podía traer nada bueno.

―Además, ya estoy acostumbrada: no eres la primera que trae a las fiestas ―le dijo, echándose esta vez el Seven Up―. Espero que dures más que la anterior: me caes bien. ―Y eso lo dijo con una sonrisa de lo más perra, cerrando el Seven Up, levantando la copa y dándose la vuelta para irse por donde había venido.

Había dejado a Sam como la “guarra” que no para de enrollarse con chicas y de llevarlas a las fiestas, mientras que esa era precisamente Natalie. Desde la ruptura entre Natalie y Samantha, ésta no se había interesado por nadie hasta Gwen y en el grupo de sus amigos se había limitado a juntarse más con Lucy y Marcus.

Las muchachas que estaban allí dudaron momentáneamente con decirle la verdad a Gwendoline o si, por el contrario, no debían de meterse en el tema.

Mientras tanto, Sam ya tenía los vasos en la mano, pero seguía siendo bombardeada a preguntas por sus amigos mientras ella solo podía negarse, dudar y no querer decir nada en claro sólo para no hacerse ilusiones.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Lun Ene 27, 2020 11:30 pm

El gran problema de Gwendoline en aquellos momentos, seguramente, radicaba en el hecho de que no se estaba tomando lo que había ocurrido de la manera más adecuada posible, siendo el alcohol el peor consejero que podía tener.

Quizás debería haber echado el freno, haberse llevado a Sam a algún lugar algo más íntimo que aquella primera planta llena a rebosar, y haberle explicado con calma por qué había ocurrido lo que había ocurrido. O al menos, por qué no le había echado el freno cuando había tenido ocasión, dejándose llevar por lo que a priori se le antojaba como lo más apetecible.

Nunca antes había mirado a Sam con aquellos ojos, a excepción de pequeños momentos en que su imaginación le jugaba malas pasadas, pero llegados al punto de verse en esa situación, había descubierto que le apetecía.

Ojalá su mente estuviera lo bastante despejada en aquellos momentos como para pensar en todo esto, y no en lo divertido que había sido.

Mientras hacía inventario visual de lo que había en la nevera, escogiendo a la vieja confiable que era la cerveza y algún refresco que había perdido por allí, llegó a su lado la persona a la que menos le apetecía ver en aquellos momentos: Natalie, la innombrable ex-novia, la Voldemort de aquella fiesta.

Gwendoline le dedicó la mirada más desinteresada que jamás le había dedicado a alguien, salpicada únicamente por un poco de extrañeza. Ante su pregunta, no respondió, y algo en su interior la quiso impulsar a decirle una frase cortante… pero optó por el silencio y por volver a lo que estaba haciendo.

Hasta que aquella adicta al Seven Up tuvo que seguir hablando, lanzando insinuaciones que a Gwendoline no le gustaban nada.

Cerró la puerta de la nevera sin apartar la mirada de la ex novia de Sam, que en aquellos momentos se alejaba contoneando el trasero. No sabía si lo hacía a propósito, o si esa era su forma de caminar habitual, pero únicamente contribuyó al repentino odio que había nacido en su interior hacia su persona.

Apretando los labios, mascando su rabia, Gwendoline pensó brevemente en dejarlo correr. Paseó la vista alrededor de la isleta de la cocina, como buscando por allí una excusa para dejarlo correr, y lo que encontró fue una excusa para no dejarlo correr: un vaso de plastico grande abandonado, con los restos de hielo y una bebida que alguien no se había terminado.

Sin mucho pensar, con el alcohol como un mal consejero, Gwendoline echó mano del vaso y vació las dos latas de cerveza que había cogido en su interior. Lo sujetó entonces entre ambas manos y, a zancadas, recorrió el camino que la separaba de Natalie. Para ello, tuvo que sortear a unos cuantos zombies que bailaban en el salón.

Las dos chicas de la cocina desearon haberle dicho algo, pues lo que ocurrió a continuación...

—¡Eh, Natalie! ¡Espera! —llamó Gwendoline; la “hermosa vampiresa” no tardó en darse la vuelta, con esa misma sonrisa cargada de malicia en la cara. Gwendoline compuso una muy falsa en su rostro de Joker, adquiriendo un aspecto casi macabro—. ¿Te parece bien si te cuento un pequeño chiste?

La confusión en el rostro de Natalie fue más que evidente, pero Gwendoline no perdió la sonrisa. Hubiese sido cuál hubiese sido la respuesta de la “vampiresa”, el Joker hubiese contado igualmente el chiste que tenía preparado.

—¿Qué sucede cuando, demostrando lo zorra que puedes llegar a ser, te acercas a la única persona en esta fiesta que no te conoce, le dices que te cae bien, y acto seguido le cuentas tonterías acerca de una de sus mejores amigas? —preguntó, sin perder la sonrisa, con un tono animado en su voz.

Natalie seguía confusa, con el ceño fruncido. Gwendoline alzó las cejas, esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar. Eso sí, la chica abrió la boca para preguntar algo:

―¿Me has llamado…? ―Gwendoline no la dejó terminar.

—¡Te diré lo que sucede! —exclamó, alzando la voz y llamando la atención de las personas que había alrededor—. ¡Lo que sucede es que recibes lo que te mereces, guarra!

Y con esas palabras, sin esperar una respuesta por parte de Natalie, Gwendoline lanzó sobre ella el contenido de aquel enorme vaso, casi tres cuartos de líquido que la bañaron casi por completo. La escuchó proferir un chillido de pánico y la vio retroceder algunos pasos, pero daba igual a dónde fuese: estaba empapada de pies a cabeza, su hermoso pelo aplastado contra su cabeza.

Gwendoline, que soltó una carcajada semejante a las del Joker, lanzó el vaso vacío hacia un lado, como si tal cosa, y contempló su obra casi con orgullo.

—¿Por qué estás tan seria, Natalie? —le preguntó, riendo de manera escandalosa—. ¡Sonríe un poco!

Y con esas palabras, su rostro mutó: se puso repentinamente seria, mirándola con un absoluto desprecio, y acto seguido miró a todos los demás. Inevitablemente, todos se la habían quedado mirando, y por un momento quiso hacer alguna pregunta típica, como si tenía monos en la cara.

Optó por no hacerlo, y sin más dilación, buscó a Steven York con la mirada. Cuando lo localizó, se acercó a él con paso decidido, le hizo una reverencia exagerada y muy parecida a las del Joker, y anunció que se marchaba.

—Lamento el espectáculo, pero ha recibido lo que se merece. —Y, dicho eso, se encaminó hacia la puerta. Ni siquiera pensó en que dejaba a Sam atrás, aún a pesar de que había hecho aquello para proteger su honor.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Ene 29, 2020 11:15 pm

Toda conversación con Lucy y Marcus pasó totalmente desapercibida para Sam, pues repentinamente Gwendoline ―la chica que le gustaba― y Natalie ―su ex― se estaban enfrentando en mitad de la fiesta. Bueno, corrigo: Gwendoline, repentinamente, había ido a por su antigua novia de una manera que, al menos por el momento, era inexplicable.

Si hubiera sido por Sam, en una ocasión normal hubiera intercedido, pero en ese momento fue incapaz de hacer nada con la suficiente rapidez. Vio como Gwendoline le echó la copa por encima a Natalie después de llamarla guarra. Si no llega a tener un tope, estaba bastante segura de que se le hubiera desencajado la mandíbula de la sorpresa con la que estaba viendo aquella situación.

Pese a que la imagen de Natalie chorreando era algo muy divertido, la mirada de Sam iba fija en su Joker, la cual caminaba hacia la puerta de salida después de haberse disculpado con York.

Con un silencio musical en donde resonó la puerta al cerrarse, todas las miradas se dirigieron a Samantha, intentando buscar algún tipo de explicación. A fin de cuentas, ella era quién había llevado a «su ligue problemático», como dirían muchos.

York estaba a punto de reírse, pues a él le daba igual todo eso y sabía que eran dramas amorosos y, a fin de cuentas, por mucho que alguien pudiera tomarse aquello como mal rollo para el grupo, ahora mismo a Sam el único que le importaba era la opinión de York.

―¿No vas a hacer nada, Sam? ―preguntó Natalie, rompiendo el silencio.

Sam la miró y, con la misma, dio un paso al frente para acto seguido correr hacia la puerta. Ella ya había pasado página lo suficiente como para no humillar más a Natalie: todo el mundo allí dentro sabía lo buena merecedora que era esa chica de un buen escarmiento, sobre todo para que dejase de meter mierda de todo el mundo.

Para cuando Sam salió por la puerta, Natalie se fue histérica en dirección al baño y… bueno, la gran mayoría ya pudo ponerse a cotillear, a reír o a criticar. Lucy y Marcus, específicamente, se pusieron a fangirlear.

La puerta se cerró detrás de Sam mientras daba un par de pasos en dirección a Gwen, en mitad de la entrada de la casa y con un filo que pelaba.

―¡Gwen! ―le llamó para que se parase―. ¿A dónde vas? ¿Pretendes caminar veinticinco kilómetros hasta la ciudad con este frío y sin camisa? ―Bromeó sin poder evitarlo, consiguiendo que se parase.

La rubia continuó caminando hacia a ella, más lentamente. Se encogió de hombros delicadamente mientras se acercaba, preguntándole casi con gestos que qué narices había pasado ahí dentro, todo eso sin dejar de mirarla a los ojos. Creía fervientemente que estaba demasiado borracha como para enfrentarse a una conversación muy seria al respecto o tener que dar explicaciones sobre lo ocurrido en el baño, o intentar relacionar lo ocurrido con eso con lo de Natalie… por lo que intentó tranquilizarse antes de abordar ningún tema.

Llegó frente a ella, quedándose a un metro.

―Has cumplido el sueño de Lucy de tirarle una copa a Natalie encima y destrozarle el maquillaje ―le reconoció con una sonrisa. Lucy sabía muchos detalles de la ruptura de las chicas, por lo que tenía muchos motivos para desearle el mal a su ex―. ¿Me cuentas a qué ha venido todo eso o nos limitamos a reconocer que ha sido la hostia y que por fin has sacado al Joker que llevas dentro?

Sinceramente, Samantha no tenía nada con Natalie y, tal y cómo se había portado con ella, no tenía dudas en que no iba a defenderla ni un poco; ni mucho menos sentirse mal por ella. Ahora mismo no sabía los motivos de verdad por los que Gwen decidió ir y hacer eso, pero quería pensar que después de haberle contado todo eso, lo primero que había hecho había sido “vengarse”, algo muy leal y justiciero.

También sabía perfectamente que, dado el panorama, entrar de nuevo en la fiesta quizás era una mala idea porque habría que tratar con los inconformes y con la misma Natalie ―quién exigiría apoyo moral de amigos―, por lo que ya Sam estaba pensando en llamar a su padre antes de la hora prevista. Eso o empezar a caminar juntas esos veinticinco kilómetros.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Ene 30, 2020 8:38 pm

Al día siguiente, cuando rememorase aquel incidente concreto, Gwendoline se sentiría avergonzada de sus actos. Su pequeña venganza contra Natalie, sin lugar a dudas, eclipsaría el momento íntimo vivido con Sam en el cuarto de baño.

En aquellos momentos, con el alcohol como combustible, una Gwendoline disfrazada de Joker ni se paró a pensar en lo que estaba haciendo: simplemente, hizo un salida espectacular después de haberse convertido en el centro de atención de aquella fiesta a la que, estaba segura, no volverían a invitarla jamás. Después de todo, Natalie parecía ser amiga de toda aquella gente, por motivos que escapaban a su comprensión.

Se alejaba por el camino de entrada a la casa de Steven York, pensando seriamente en quitarse aquellos molestos zapatos y hacer el resto del camino a pie, cuando Sam salió de la casa y la llamó.

«Pues ahora que lo dice», pensó la morena mientras se detenía en seco, dándose cuenta de que, para rematar la noche, se había salido del camino pavimentado y había pisado unas flores de aspecto muy cuidado. «Creo que, definitivamente, no me volverán a invitar a ninguna de estas fiestas.»

Se encontraba mirando las pobres flores aplastadas que tenía bajo sus pies cuando Sam se detuvo delante de ella, y solo entonces volvió a alzar la mirada. Como un gesto involuntario, se llevó la mano a la dichosa peluca del Joker y se la quitó con un torpe tirón, dejando a la vista su pelo sujeto con horquillas. En definitiva, tenía un aspecto ridículo.

—Es una perra asquerosa —se excusó Gwendoline, dejando caer la peluca sobre el césped. Su voz sonaba tomada por la bebida—. ¿Cómo puede toda esa gente ser amiga de semejante imbécil? ¡¿Sabes lo que me ha dicho?! —Gwendoline había levantado el brazo, señalando en dirección a la casa… o más o menos, pues no estaba mirando en esa dirección—. No me conoce de nada, se me acerca como si tal cosa, y se pone a decirme que te traes a una chica distinta a cada fiesta. ¡Debería volver ahí dentro y darle una patada en el culo!

De manera bastante cómica, Gwendoline apretó los puños y pateó el suelo —«Perdonadme, flores. Algún día os lo compensaré»—, casi como una niña con una pataleta. Por supuesto, no hablaba en serio, y ya el simple hecho de volcar una cerveza sobre la cabeza de Natalie había sido un grave acto de violencia por su parte, del que se arrepentiría al día siguiente.

—Lo siento, ¿vale? —dijo entonces, lanzando un largo suspiro—. Sé que le habré fastidiado la fiesta a todo el mundo y todo eso, pero no iba a consentir que me mintiese de esa manera acerca de ti. ¡Porque no la he creído ni un segundo!

Se palpó la chaqueta con ambas manos, luego los pantalones, y finalmente encontró lo que buscaba: su teléfono móvil. No había llevado bolso esa noche, por lo que únicamente contaba con los dos billetes de veinte dólares que guardaba dentro de la carcasa del móvil —y que sería todo un reto sacar de ahí en su estado— y con su tarjeta de identificación.

—Pero tienes razón: veinticinco kilómetros son muchos. Voy a llamar a un taxi —declaró, mientras desbloqueaba la pantalla de su teléfono móvil.

En su estado, incluso entonces, estaba dispuesta a marcharse a casa para permitir que Sam disfrutase un poco de la fiesta. No porque ella hubiese montado semejante espectáculo quería decir que su amiga tuviese que sacrificarse también. Ni siquiera se le pasó por la cabeza que ella también pretendía marcharse, y tampoco pensó en ningún momento en pedírselo.

Sentía que ya había hecho suficiente.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Dom Feb 02, 2020 8:43 pm

Teniendo en cuenta que la relación entre Natalie y Samantha, aunque la hubiera cortado Samantha, fue decisión de Natalie, se sorprendió bastante cuando Gwendoline le dijo lo que le había dicho su ex. ¿Qué necesidad había de joder a Samantha de esa manera con sus futuras relaciones? ¿Por qué mentía, si literalmente no había llevado a nadie nunca a ninguna fiesta? Por un momento sopesó la idea de que su ex estuviera celosa pero… ¿celosa de qué? ¿No era obvio que su interés en Samantha era nulo después de todo lo que había pasado?

No entendió nada, sinceramente. Achacó lo sucedido al simple hecho de que Natalie era una zorra en todo su esplendor: ni quería tener a Samantha, ni quería ver que otra persona disfrutaba de ella.

Ahora mismo no quería tratar con Natalie ―por mucho que tuviera en mente decirle unas cuantas cosas que harían de aquella fiesta un drama definitivo―, por lo que se centró en la mujer que realmente merecía su atención aquella noche y a la que, sin duda alguna, tenía todo su interés.

Sonrió al verla patear el suelo, pero conservó esa sonrisa al escucharla decir que no se había creído ninguna de las palabras de Natalie. Se alegró de ello pues teniendo en cuenta que la había llevado por primera vez con sus amigos y, curiosamente, se habían enrollado… quizás podría haberse llevado una visión equivocada. Si Sam se había enrollado con ella no era porque fuese una cualquiera, sino precisamente porque solo quería besar a la adecuada.

―Gracias ―le contestó cuando apostó por su inocencia―. Desde que lo dejé con ella eres la primera chica que traigo a estas fiestas. Cualquiera ahí dentro te lo puede decir. ―Y acto seguido, siendo consciente de que Gwendoline no necesitaba verificar nada, se encogió de hombros―. No te preocupes, ¿vale? Ahí dentro hay la misma cantidad de personas a las que le cae bien Natalie que a las que le caen mal y hasta a las que le caen bien son conscientes de que es una mala persona. ―Ladeó una divertida sonrisa―. Estoy bastante segura de que la gente se lo tomará con humor: la única que te odiará será Natalie, pero ha llegado un momento en mi vida en el que creo que odia a todo el mundo.

No quería que se sintiera mal por lo que había hecho. Conocía a sus compañeros y si bien habría uno o dos que considerasen aquello “inadmisible”, sabía que la gran mayoría lo único que harían sería reírse de Natalie por perra inmunda ―literalmente― y que preguntar a Sam al día siguiente que cuando volvía a invitar a Gwendoline para ver el mundo arder.

«Voy a llamar a un taxi», dijo entonces. Sam puso los ojos en blanco, pues la veía muy decidida a irse ella sola de allí.

―No lo digas como si te fueras a ir tú sola: me voy a ir contigo ―le advirtió y, cuando vio algún tipo de intención de Gwen de quejarse, Sam alzó el dedo índice―. Harley Quinn no va a dejar que el Joker se vaya a ningún lado por su cuenta, lo siento.

Rechistó, por supuesto… ¿cómo no iba a hacerlo teniendo en cuenta que se sentía culpable y no quería “destrozarle” la noche a Sam? La verdad es que teniendo en cuenta el comportamiento de Natalie, quién le había destrozado la noche había sido ella. Además, había invitado a Gwendoline porque quería pasar Halloween con ella: a sus amigos de la universidad los veía todos los días. AL final, consiguió convencer a Gwendoline de que dejara de quejarse y ambas comenzaron a caminar por el camino de tierra, al encuentro del taxi al que llamaron.

Pese a que la morena tenía intención de dejar a Sam en casa y luego seguir para la suya, la rubia marcó las normas en ese trayecto: el taxi las dejó a ambas en casa de Samantha y Luca llevó a Gwendoline a la suya, asegurándose de que entraba en su casa sin ningún problema.


***
Al día siguiente

Samantha se había levantado con un dolor de cabeza terrible debido a la resaca. Se pasó toda la mañana en el salón, con una grandísima botella de agua, viendo películas malísimas mientras observaba su móvil con desconfianza.

Por una parte quería hablarle a Natalie y decirle lo cabrona que era, además de dejarle muy claro un par de cosas que llevaba tiempo queriendo decirle, pero sabía que si quería hacerse respetar por esa víbora interesada iba a tener que tomar el tema en persona, por lo que se aguantó de decirle nada. Por otra parte… quería hablarle a Gwendoline, preguntarle cómo había amanecido y ver si en la conversación salía el tema de ayer, de lo que pasó en el baño…

Realmente no sabía cómo afrontar la situación: ¿debía de lanzarse y decirle que lo ocurrido había sido por un impulso de sus sentimientos? El hecho de no haber dicho absolutamente nada del tema durante toda la noche ―sobre todo en el camino de vuelta, que fue muy, muy largo― le sugería que Gwendoline no le había dado importancia alguna pero… Sam sí que le había dado importancia. Si bien tenía muchas lagunas de la noche anterior, todavía revivía aquel momento en el baño como si hubiese estado completamente lúcida.

Puff…Suspiró en el sofá.

―¿Qué te pasa, Sam? ―preguntó Anne, que apareció por un lateral del sofá y se subió junto a Sam, buscando un hueco debajo de la manta calentita que tapaba a su hermana mayor―. Hueles raro ―dijo al abrazarse a Sam, colocándose justo por delante de ella.

―Ya, es una mezcla de alcohol, spray de color para el pelo y maquillaje: jamás bebas alcohol, ¿vale? Es horrible ―le dijo con una sonrisa, intentando hacerla de la brigada anti-alcohol desde tan peque. Sería super pequeña, pero entendía tanto… Sam se sorprendía de lo inteligente y avispada que era desde tan pequeñita.

―¡Nunca! Puaj ―dijo sacando la lengua con desagrado―. No huele bien.

―¿Verdad? ¿Cómo hay gente por ahí que puede beberse eso? Qué asco.

―Tú lo haces.

―Mentira cochina.

―Mentira cochina no, yo te he visto ―dijo ofendida.

―Vale, vale ―se rindió Sam―. Pero es un secreto, ¿vale? Eso no se hace.

―Pues deja de hacerlo.

―Vale… pero porque tú me lo dices.

―Muy bien ―dijo orgullosa la pequeña―. Ahora pon los dibujos.

―¡Vaya con la mandona!

―Jiji… ¡Ah! ―Se rió, antes de soltar una carcajada frente a las cosquillas de Sam.


***

Había optado por no hablarle a Gwen, pues como se iban a pegar el día siguiente en casa, terminarían hablando por discord. Además, quería despejarse debidamente antes de abordar una conversación con su amiga teniendo en cuenta todo lo que había pasado ayer.

Así que por la tarde, una vez almorzó, se duchó y se puso el pijama, se metió en su habitación y se conectó al discord. Al ver que Gwendoline estaba conectada, le escribió un mensaje para asegurarse de que estaba disponible y la llamó. Ella apenas tardó en en contestar:

―¡Hola! ¿Estás viva? ―preguntó, jovial.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Lun Feb 03, 2020 3:16 pm

Con respecto a las sensaciones que experimentó la mañana siguiente, Gwendoline las describiría como estar pariendo un alien: su cabeza parecía a punto de estallar, la boca le sabía a cosas que prefería no describir, sentía el cuerpo como si le hubieran dado un paliza, y para rematar, algo se movía inquieto dentro de su estómago.

Para rematar la faena, Max la despertó a base de golpes en su puerta a una hora intempestiva: las doce del mediodía. A pesar de sus esfuerzos por ignorarlo, recurriendo incluso a la técnica de cubrirse la cabeza con la almohada y gritar que estaba durmiendo, su compañero de piso no cejó en su empeño hasta que Gwendoline, con cara de muerta y restos de maquillaje de la noche anterior, abrió la puerta.

Fulminó a Max con la mirada.

—¡Anda, un zombie! —bromeó Max.

—Ja. Ja. Ja. Muy gracioso —respondió Gwendoline, sin pizca de humor, sintiendo una punzada dolorosa en la cabeza—. ¿Qué pasa? ¿Se viene abajo el edificio o qué?

—Vamos a pedir comida —explicó su compañero, y para entonces Gwendoline comenzó a experimentar las primeras náuseas de su embarazo alienígena—. ¿Te apetece? Hemos pensado en un mexicano...

La respuesta de Gwendoline fue elocuente, con pocas palabras: se tapó la boca con una mano, hizo que Max se apartase de su camino, y salió corriendo en dirección al cuarto de baño. Momentos después, con cara de asco, el joven la escuchó regurgitar todo el alcohol que había bebido en la taza del retrete. Se acercó con cautela y le habló a través de la puerta entrecerrada.

—Supongo que eso es que no, ¿verdad? —le preguntó, sonriendo divertido.

—Supones bien —respondió ella, antes de seguir con lo suyo.

El resto del día se resumió a agonizar en la cama. Cuando se atrevió a abandonar la seguridad del cuarto y el cubo de plástico que se había llevado por si acaso le volvían las náuseas, lo único parecido a un alimento que tomó fueron vasos de limonada e infusiones. Cambió su lugar de hibernación por el sofá del salón, y allí retomó su partida de Sekiro: Shadows Die Twice. Dada la dificultad de dicho juego, fue una partida penosa, y para rematar, cuando entraba en una cueva, divisió a cierto simio que portaba una espada y que se le hacía muy familiar.

—Oh, mierda… Allá vamos otra vez —murmuró, antes de que el simio sin cabeza se le plantara delante, dispuesto a una revancha.

Se sorprendió a sí misma de lo sencillo que le resultó vencer a tan tremendo enemigo en esta ocasión. Dicha proeza, que llevó a cabo gastando únicamente una curación, fue presenciada por Max, quien se sentó a su lado para verla jugar. La forma en que la elogió parecía sincera.

—Me sorprendes, Jones: no pareces tú misma —le dijo en tono jocoso, al tiempo que el personaje realizaba su famosa “Ejecución Shinobi”—. O bien has mejorado, o bien es que todavía no has terminado...

—¿Qué?

Resumen de la situación: el dichoso simio sin cabeza tenía una segunda fase, y durante dicha fase, otro simio cuyo patrón de movimientos era igual a la primera vez que se había enfrentado a él, se unió a la batalla. Ahora, frente a dos enemigos que atacaban a la vez, Gwendoline empezó a tener problemas y, finalmente, fue salvajemente masacrada. Fue la primera de muchas veces.

Al menos veinte derrotas después, con un dolor de cabeza persistente, y tras haber acudido al baño tres veces más, Gwendoline se arrastró en dirección a su habitación con el único objetivo de descansar. Era casi de noche, y para entonces su resaca había amainado un poco. ¡Menos mal!

Lo único positivo de aquella resaca era que no había pensado casi en nada más. Sin embargo, en cuanto se sentó ante el ordenador y vio que Sam le había hablado, de repente se acordó de todo lo sucedido la noche anterior. Se dio cuenta de que había regado a la ex de Sam con dos latas de cerveza, igual que si fuera una planta cualquiera, e inevitablemente recordó que Sam y ella habían compartido un momento íntimo en el baño.

Curioso o no, Gwendoline se sintió avergonzada por lo ocurrido con Natalie, no por lo otro.

Después de responder, recibió una llamada de voz de Sam. Echó mano de los cascos, se los puso en la cabeza, y aceptó la llamada. Enseguida escuchó la voz de su amiga, e inevitablemente respondió lo siguiente:

—No. —Su voz era quejumbrosa. Se lo pensó mejor—. O bueno, sí, estoy viva. Me han dicho que lo único positivo de morirte es que no tienes dolores, así que, definitivamente, estoy viva.

Fue una perorata excesiva a la par que cómica, y ella misma fue consciente. Sonrió, lanzando un largo suspiro.

—Hola. No sé si me disculpé ayer, pero bueno: siento lo ocurrido —dijo, todavía sin especificar a qué se refería—. Sé que las cosas pasan, que podría haberle pasado a cualquiera, pero se mire por donde se mire, no es bonito vaciarle dos cervezas en la cabeza a nadie. Ni montar semejante espectáculo.

Ahora sí se sentía profundamente avergonzada. Natalie seguía sin ser plato de su gusto, pero quizás se había pasado un poco con su pequeña venganza.
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