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[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha}

Gwendoline Edevane el Dom Oct 20, 2019 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

[IF] What if we had a regular life? {Gwendoline&Samantha} - Página 7 GjuLMLy
Miércoles 16 de octubre, 2019 || Nueva York, Estados Unidos || 23:47 horas

Gwendoline mantenía toda su concentración fija en un objetivo: había puesto el ojo sobre él, y como buena cazadora que era, no pensaba dejarlo escapar.

Su presa no se había dado cuenta de que la perseguían, pero tampoco se había detenido en ningún momento. Su nerviosismo era más que evidente. Intuía algo. Lo olía.

Todavía no era el momento de pasar a la acción. Si quería minimizar riesgos, no podía arriesgarse a fallar. Un fallo podía suponer la muerte. Así que continuó acechando a su presa hasta que ésta alcanzó la pequeña casa de tablones semiderruida que se alzaba cerca del lecho del río.

Ese era el momento.

Gwendoline sonrió. Se lamió los labios, anticipando el momento del frenesí, y avanzó un par de pasos para tener una mejor vista del objetivo. Alzó su fusil, puso el ojo en la mira, y enseguida obtuvo una vista ampliada de su presa. Ya estaba hecho.

Sonó un disparo.

Gwendoline dio un respingo, sorprendida, al ver en pantalla a su avatar asesinado vilmente. En pantalla, el nombre de un tal Noobmaster69 se mostraba como su asesino. La joven aporreó la mesa con su mano desnuda, y el teclado de su ordenador dio un bote.

—¡Maldito seas, Noobmaster69! ¡Es la tercera vez que me matas ahí! ¡Maldito campero! —gritó la mujer, sabiendo que el tal Noobmaster no podía escucharla: la única persona a la que tenía al otro lado de aquella llamada de Discord era a Sam—. ¡Tía! ¡¿Te crees que hay derecho a eso?! ¡Se cree muy gracioso con ese nombre sacado de los Vengadores!

Muerta, sin poder hacer nada, y con un pique considerable, Gwendoline se cruzó de brazos y se hundió en su silla de ordenador. Puso morritos. Llevaba muy mal que le matasen de una manera tan sucia, utilizando un truco tan asqueroso como ese. ¡La había dejado confiarse, creyendo que tenía una muerte asegurada, y entonces la había matado!

—Espero que le reportes al final de la partida. Lo harás, ¿verdad? —pidió a la rubia, todavía enfurruñada.

Aquella era su mayor preocupación en aquel momento: que el maldito Noobmaster se llevase su merecido reporte. ¡Con suerte le banearían la cuenta! «Ya, seguro: con suerte, me llevaré yo algún tipo de amonestación por reportarle», se quejó mentalmente.

—Todas mis esperanzas están puestas en ti, Samantha. ¡Vamos, acaba con él! —animó, y pulsó la tecla que le permitía seguir la partida de su amiga.



Gwendoline Ava Jones
24 años MuggleHumana
EstudianteCamareraEstadounidense
HISTORIA Y PERSONALIDAD
Personaje creado por Gwen

Datos:
• Sus padres están casados y viven en Bangor, Maine. Su padre es escritor (o lo intenta) y su madre trabaja en el Hollywood Casino Hotel & Raceway. Tiene una hermana pequeña llamada Charlotte.
• Vive en un piso de estudiantes compartido, lo único que puede permitirse pagar.
• Estudia Arte en la New York School of the Arts, cursando su último año. Tiene un moderado talento, que compensa con creces con su entusiasmo y sus ganas de aprender.
• Tiene un empleo de camarera que generalmente desempeña los fines de semana. No obstante, no es extraño que trabaje también alguna tarde entre semana, cuando necesita sacarse un ingreso extra y alguna de sus compañeras quiere librar.
• Su interés por los videojuegos online nació de una necesidad de evadirse de su ajetreada vida. Empezó a jugar en su primer año de universidad, y desde entonces se ha interesado por otros juegos. Su compañero de piso, Max, a veces le presta su PlayStation 4. Actualmente está intentando pasarse un juego dificilísimo llamado Sekiro: Shadows Die Twice.
• Se pica mucho jugando a videojuegos, especialmente cuando pierde o cuando su ordenador anticuado no es suficiente para jugar como es debido.
• No tiene mascotas, pero le gustaría tener un perro de tamaño grande.
• La agobia demasiado el metro (su madre cree que tiene un principio de claustrofobia), por lo que de utilizar un transporte público, prefiere el autobús. También tiene una bicicleta, que utiliza para desplazarse en trayectos cortos.
• Su habitación es su pequeño desastre personal, y siempre se dice que la ordenaría si tuviese tiempo.
• Sus amigos y compañeros de piso piensan en ella como una persona asexual, puesto que en esta realidad tampoco ha mostrado interés alguno por mantener una relación sentimental o sexual de ningún tipo con nadie. ¿Cambiará esto en un futuro?




Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Oct 22, 2019 2:08 pm, editado 1 vez
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Lun Abr 13, 2020 7:23 pm

Prueba inequívoca de que parecía que llevaban conociéndose mucho más tiempo del que había transcurrido en realidad fue lo que ocurrió después de la cena.

Lo que ocurrió a lo largo de toda aquella noche, en realidad.

Cenaron bien, y después de meter los platos en el lavavajillas, volvieron a los juegos. Se dejó llevar por la rubia cuando la subió a la encimera, y después de cumplir aquel pequeño capricho de su amiga, no la dejó marchar. Ni siquiera tuvieron ocasión de llegar al dormitorio antes de perder nuevamente parte de la ropa.

Aquello no sólo era excitante y placentero, si no pleno como pocas cosas que Gwendoline hubiera experimentado antes. Estando con ella sentía ese algo poético del que hablaban muchas canciones, esas que mencionaban el hacerse una con la otra persona. No lo comprendía entonces ni lo comprendería en mucho tiempo, pero ya entonces comenzaba a sentir lo que era unirse a su alma gemela.

No durmieron hasta bien entrada la madrugada. Transformaron el dormitorio de Sam en un templo que rendía culto al placer que solo dos mujeres pueden experimentar la una junto a la otra. El aire se volvió cálido allí dentro, y arrastró la melodía de sus gemidos de éxtasis. Se volvieron un mismo ser un y otra vez, acompasando sus respiraciones y los latidos de sus corazones. El tiempo dejó de importar.

Al final estaban exhaustas, como era lógico, y desnudas terminaron tendidas la una junto a la otra. Cogidas de la mano, amplias sonrisas en sus rostros sudorosos y ruborizados, sus pechos subiendo y bajando por lo difícil que le resultaba respirar.

Sellaron aquella noche con un beso. Un beso perfecto y romántico, aunque la morena aún no lo comprendiera del todo.


***
8:37 horas - Dormitorio de Samantha Williams

Cuando despertó, ambas seguían enredadas en la desnudez de la otra, sus piernas entrelazadas como si no quisieran dejarse marchar, de cara la una con la otra. La temperatura de la habitación había descendido considerablemente desde que se fueran a dormir, y en algún punto se habían cubierto con las mantas.

Abrió los ojos solo para darse cuenta de que, en su frenesí de pasión, se habían olvidado de bajar las persianas. Rayos de un sol temprano se filtraban a través de las cortinas, bañando con su calidez el lecho que compartían.

Con mucho cuidado, al comprobar que su amiga seguía durmiendo, Gwendoline se incorporó en la cama para después descolgar las piernas por el borde. Alcanzó la primera prenda de ropa que pudo encontrar, y que resultó ser la bata que Sam se había puesto momentos antes de desnudarse para ella, y se la echó por encima. Salió de la habitación en dirección al cuarto de baño.

Al regresar se dio cuenta de que en la cama la esperaba una imagen hermosa: su amiga, todavía desnuda, a medio tapar y bañada por la luz de aquel sol que se filtraba a través de las cortinas.

No pudo resistirse: fue hacia el escritorio, donde había abandonado la tarde anterior su cuaderno de dibujo y sus lápices, y los recuperó. Con sumo cuidado regresó a la cama y se sentó al estilo indio. Observó una vez más a la rubia, que estaba preciosa durmiendo igual que un ángel, y comenzó a dibujarla.

Se sentía inspirada, como nunca antes, y apenas unos minutos después ya tenía un pequeño boceto que únicamente necesitaba ser perfeccionado. Podría haberlo hecho en otro momento, marcando aquellos lugares en que debía colocar luces y sombras, valiéndose de su memoria, pero optó por seguir. Ella dormía plácidamente, y no quería perturbar su descanso por nada del mundo.

—Eres hermosa —susurró, articulando un pensamiento en voz alta—. Tan hermosa como nadie que haya conocido hasta ahora.

Ni siquiera en esos momentos, con esos pensamientos arremoliándose en su cerebro, Gwendoline comprendió que esos sentimientos eran amor. Algún día lo descubriría, pero entonces… entonces estaba demasiado ciega como para verlo.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Miér Abr 15, 2020 9:41 pm

Samantha estaba durmiendo de manera tan placentera después de tremendo ejercicio físico, que no se dio cuenta de que Gwendoline se levantó de la cama para ir al baño, ni mucho menos que volvió, se sentó sobre ésta y empezó a pintarla. Ella ahora mismo, estaba probablemente en la fase REM más profunda, descansando en todas las maneras posibles.

Su rostro lo evidenciaba: estaba apoyada sobre la almohada medio de lado, con el gesto relajado y la boca ligeramente abierta. El pelo le caía por la cara en mechones despeinados y su respiración era muy, muy pausada. El sol le estaba dando en parte del cuerpo y, quizás por eso, ni se había dado cuenta de que parte de su torso estaba destapado ni había sentido frío. Ahora mismo es que estaba en absoluta estabilidad en todos los ámbitos.

En cierto punto ―en donde Sam era ajena a todo y estaba demasiado ocupada prestando atención a su sueño sin sentido sobre cerditos mágicos que vuelan― medio se despertó, con la necesidad de cambiar de posición. Dejó de estar de costado, para ponerse boca arriba. En ese momento no sólo todo su torso se vio expuesto al sol, sino también su cara y, aún tuviera los ojos cerrados, lo notó a través de los párpados.

Sinceramente, pocas cosas más inútiles que los párpados: si no servían para evitar que te molestase el sol, ¿cuál era su función exactamente?

Al notar la molestia, se llevó las manos a la cara, todo esto con los ojos cerrados, sin embargo, al recuperar un poco la consciencia escuchó el roce del lápiz al bocetar, por lo que abrió un ojo un tanto patidifusa. Fue en ese momento que una Sam somnolienta e iluminada por Helios, vio gracias a la sombra que le daba su brazo a una Gwen dibujante. Debía de admitir que lo primero que sintió al ver a Gwendoline frente a ella, en su cama, fue pura plenitud. ¿Pero cómo le iba a poner tan feliz? ¡¿Cómo?!

Se mordió levemente el labio inferior.

―¿Me estás dibujando sin mi permiso? ―le preguntó murmurando, pues su voz todavía estaba en proceso de adaptación a la vida―. Menuda traidora... ―añadió con una sonrisa.

Quizás en otras circunstancias le hubiera dado un mini-infarto por la hora, no fuesen a venir sus padres, pero Samantha llevaba toda su vida durmiendo en esa cama y sabía que el sol entraba de esa manera tan asesina en la mañana temprana. Sus padres no iban a llegar hasta después de comer.

Bostezó ampliamente, llevándose la mano a la boca.

―¿Cuánto tiempo llevas ahí? ―le preguntó al finalizar, estirando la mano hacia ella para invitarla a venir a su lado.

Quería sentir su piel contra la suya, su abrazo cálido y... ¡todo ella! En ese momento había quedado inaugurada una nueva sensación en el cuerpo de Sam: la mañana perfecta de domingo, indudablemente al lado de Gwendoline.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Jue Abr 16, 2020 10:08 pm

Tras una noche tan intensa como había sido aquella, con el correspondiente agotamiento físico y la saciedad a nivel sexual, Gwendoline se sintió capaz, ahora sí, de observar la desnudez parcial de su amiga sin lanzarse sobre ella para devorarla. Aún así, dentro de ella ardían todavía los rescoldos de aquel fuego, y no creía que fuera demasiado complicado avivarlos.

Aprovechó la inspiración, lo hermoso de la escena y de la luz, y aquella felicidad que sentía para trazar un dibujo lo más detallado posible de lo que veía. Si bien no dejaba de ser un esbozo a lápiz, que en su mayoría tendría que completar por su cuenta valiéndose de su memoria, en su modesta opinión estaba quedando perfecto.

Se debía a la modelo, sin duda.

Cuando Sam se movió inquieta, todavía dormida, y se giró hasta quedar boca arriba, Gwendoline levantó la vista de la hoja de papel y la observó. Era preciosa. Había descubierto en la desnudez de la rubia una belleza de la que jamás podría cansarse.

No sabía cuánto duraría aquello, pero esperaba que fuera mucho tiempo.

Le sonrió cuando despertó y le hizo aquella pregunta, sonrojándose ligeramente. Se sintió un poco como el hipotético niño atrapado haciendo algo que no debía, como comer chocolate después de la cena.

—Culpable de todos los cargos. —Se encogió de hombros, y añadió—: Pero no me arrepiento de nada: lo que veo es precioso y merece ser retratado para la posteridad.

Dejó a un lado el cuaderno, con la cara del dibujo pegada al colchón, y se quitó la bata cuando Sam le tendió su mano. Ya desnuda otra vez la tomó, besó suavemente sus dedos, y se tendió junto a ella. Lo hizo de lado, pegándose a ella y poniendo una mano sobre su vientre. Comenzó a acariciar su suave piel con los dedos, los cuales, juguetones, buscaban discretamente aproximarse a su zona íntima.

—He perdido la noción del tiempo —le dijo, con sinceridad—. Creo que estaba hipnotizada por tu belleza. Mis opciones eran despertarte de una manera especial, tú ya me entiendes, o dibujarte. Escogí lo segundo porque no quiero parecer algún tipo de obsesa sexual.

Por la musical risa que soltó a continuación, se notaba que estaba de broma. Sí que se le había pasado por la cabeza la pícara idea de despertarla de esa manera, por supuesto, pero no bromeaba cuando aseguraba que estaba sexualmente satisfecha. Después de todo, ¿cuánto tiempo habían pasado enredadas la una en el cuerpo de la otra? Horas, eso estaba claro, y Gwendoline había dejado de contar los orgasmos a partir del tercero…

Apoyó la cabeza en su hombro, observando su cuerpo desnudo mientras continuaba acariciando su vientre con los dedos. Percibía su olor y se sentía embriagada por él. Lo único que lamentaba de aquel momento era que tendría que acabarse.

—Tenemos que levantarnos, ¿verdad? —Hizo un puchero con los labios, muy exagerado—. Supongo que querrás adecentar la casa para cuando lleguen tus padres… y no nos vendría mal recoger algo de ropa de la cocina.

Volvió a reír, divertida, y es que allí, por lo menos, se habían dejado los pantalones de los pijamas y las bragas. Las cosas de que había sido testigo aquella encimera quedaban entre la encimera y ellas.

Por un breve momento, se imaginó a los padres de su amiga entrando por la puerta y encontrándose aquella escena en la cocina: dos pantalones de pijama arrugados en el suelo y un par de piezas de ropa íntima, imagen de lo más reveladora y acusadora. No podrían inventarse una excusa lo bastante convincente como para engañarlos, definitivamente.

Y lo peor sería que lo viera su hermana pequeña…

—¿Cuánto tiempo nos queda? —Alzó la mirada en dirección a sus ojos. No buscaba repetir lo que habían hecho la noche anterior, si no… disfrutar de la magia de aquel momento durante el mayor tiempo posible.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Mar Abr 21, 2020 12:12 am

«Estaba hipnotizada por tu belleza», dice, haciendo que Samantha se sonriese medio ruborizada. Hay pocas cosas más bonitas que la persona que te gusta te diga esas cosas, declarando que era recíproco. Por suerte no le había pasado nunca eso de que alguien le gustase y no ser correspondida y, sinceramente, después de sentir lo bonito que era todo esto, no sabía quería ni pensar en lo que hubiera sido si ayer se hubiera lanzado y la situación se hubiera se dado de una manera tan diferente.

Cuando dijo lo de despertarla de una manera especial, lo entendió a la perfección y no hubiera tenido ningún problema en tener un despertar tan dulce.

—¿Perdona? —preguntó divertida, girando la cabeza hacia ella—. En todo caso la obsesa sexual aquí soy yo, que te he abierto un mundo y parece que no te dejo salir. Te tengo atrapada. ¿Pero qué le hago? —Medio se resignó, como si no fuese culpa de ella—. Es que me encantas. Te estaría comiendo todo, todo el rato... —Enfatizó la pausa, besando su nariz desde esa posición.

Sam se encontraba DEMASIADO a gusto en ese momento, casi creyendo que podría acostumbrarse a eso de ahí en adelante y pensando que todo era perfectamente recíproco —por la manera de actuar y los comentarios de Gwen— que se estaba planteando seriamente abrirse con ella. A la rubia eso de "dar las cosas por hecho" no le gustaba, pues creía que no había que dar nada por hecho en las relaciones —fuesen amistosas o románticas—, por lo que si  realmente ella quería algo especial, pensaba decirlo antes que quedarse con las ganas.

Cuando mencionó la cruda realidad de tener que levantarse, Sam puso cara de pena, bajando un poco el labio inferior. No le apetecía nada de nada salir de esa burbuja de amor y sexo que habían creado.

—Ojalá tuviéramos magia para hacer todo eso en un chasquido de dedos sin movernos de aquí —soñó, elevando una de sus manos para chasquear los dedos—. ¡Y ya! ¡La ropa subiría sola por las escaleras! —Volvió a bajar las manos, para entonces volver a mirar a Gwendoline, ladeando una sonrisa—. Suelen venir por la tarde para pegarse la mañana en la playa, no te preocupes —le tranquilizó, por si se había puesto nerviosa por si venían muy pronto—. Y siempre suelen llamarme antes de llegar a casa para preguntar qué me apetece de cenar e ir pidiéndolo.

Sus padres eran bastante conservadores, pues sabían perfectamente que su hija ya era mayorcita y que teniendo la casa libre una semana no se limitaría a quedarse estudiando. Ellos tampoco querían encontrar nada que no quisieran ver.

—Además, teniendo en cuenta que llevo prácticamente todo el fin de semana en la habitación... No hay mucho que adecentar —apuntó con cierta diversión.

Entonces en ese momento se estiró un poco, aprovechando para girar su cuerpo en dirección a Gwendoline. Al haberse quitado en ese ratito las legañas, la observó en silencio. Le estaba dando la claridad de la ventana, así que sus ojos verdes se veían más intensos que nunca, además de que le encantaba verla así de despeinada, así de natural y así de preciosa.

Decidió sacar la conversación poco a poco para ver si podía introducir lo importante.

—Puedes quedarte a comer o irte si tienes cosas que hacer, lo que prefieras —le ofreció, sin ningún tipo de compromiso. Era fin de semana y sabía lo ocupada que era la vida de Gwendoline: era totalmente comprensible que quisiera irse para poder aprovechar el domingo en casa—. ¿Te lo has pasado bien? —Esbozó una sonrisa juguetona, sabiendo perfectamente la respuesta. Sin embargo, la siguiente pregunta era la importante—: ¿Repetirías?

Y subió una de sus manos por el contorno del cuerpo de Gwendoline, suavemente por la curva de sus caderas, bajando por la de su cintura y volviendo a subir por su hombro.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Mar Abr 21, 2020 9:49 pm

Sam le había abierto a Gwendoline las puertas a un mundo que llevaba un tiempo queriendo visitar. Desde que sus labios se habían unido en aquel cuarto de baño, durante la fiesta de Halloween de Steven York, se había sentido atraída hacia ella, como decía esa dichosa canción, como el metal por el imán. Sobraba decir que había cruzado aquellas puertas felizmente, sin necesidad de pensárselo dos veces.

No se arrepentía, y si por ella fuera, no saldrían de aquella cama ni se pondrían ropa jamás.

—No tengo ninguna objeción —respondió, arrugando la nariz al recibir el beso de la rubia, que se había convertido en su único objeto de deseo en el mundo entero.

La pura realidad de la situación era que tendrían que salir de aquel pequeño refugio de amor y lujuria que habían construido durante aquella gloriosa noche. En algún momento, la familia de Sam regresaría, y en la cocina encontrarían pruebas acusatorias de lo que las dos chicas habían estado haciendo: no había que ser ningún intelectual para comprender que dos pares de pantalones y dos bragas tiradas en el suelo no eran precisamente indicativo de juegos de guerra en línea.

Sam se quejó de no contar con la posibilidad de hacer magia, lo cual hizo reír a Gwendoline.

—Pero somos un par de tristes muggles sin varita… Eso, o nuestra carta de Hogwarts se perdió por el camino —bromeó la morena, con una enorme sonrisa en la cara. Y más cuando descubrió que sus padres volvían por la tarde—. ¿Tenemos casi hasta la hora de la cena? Mira tú que bien...

Rió divertida ante el comentario sobre el cuarto y lo poco que tenían que adecentar, pensando en que todavía podían dedicarse a algunos juegos más. Si tenían la casa para ellas dos, debían aprovecharla. Sería un sacrilegio no hacerlo, o algo así.

Sam le hizo una propuesta: quedarse a comer.

También puso sobre la mesa la opción de irse, pero… ¿estaba tonta, o qué? No tenía intención de marcharse hasta que no fuera total y absolutamente indispensable. No es que pretendiese abusar de su hospitalidad ni nada por el estilo, pero en aquel momento se sentía como si hubiese probado algún tipo de droga, y estaba ansiosa por repetir. Cualquiera diría que habían pasado una intensa noche llena de ejercicio físico juntas…

—Felizmente —respondió con una amplia sonrisa ante la pregunta de si repetiría. Con eso también respondía a si se lo había pasado bien—. Y me gustaría quedarme, porque hay un par de cosas que quiero hacer contigo, y que todavía no hemos hecho.

Se giró en dirección a ella, mirándola a los ojos mientras se mordía el labio inferior, y comenzó a deslizar los dedos por la cara interior de sus muslos. Ascendía poco a poco en dirección a su sexo, esa zona que ahora tenía permiso de acariciar sin reservas.

—Primero quiero que nos demos una ducha juntas, besarte bajo el agua caliente y acariciar ese cuerpo tan precioso que tienes... —Bajó la mirada para contemplarla toda ella, desnuda en aquella cama—. Y después quiero que me prepares uno de esos platos que tan bien te salen llevando únicamente un delantal. Nada más. Sobra decir que yo tampoco llevaré otra cosa que no sea un delantal… a no ser que nos dé frío, claro. Tampoco quiero que acabemos con una pulmonía.

Y rompió a reír, divertidísima como pocas veces antes. Fue una risa plena, una de esas en que se abre la boca y se pronuncian sonoras carcajadas. Rió tanto que a punto estuvo de que se le saltaran las lágrimas.

Cuando logró ser dueña de sí misma otra vez, estaba otra vez tumbada boca arriba, mirando al techo. Ladeó la cabeza en dirección a su amiga, sonriéndole. Alargó un dedo índice en dirección a ella y tocó suavemente su nariz.

—¿Te parece bien?
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Abr 24, 2020 12:12 am

Cuando contestó que felizmente repetiría, Sam ya estaba pensando cómo soltar las palabras, pero sinceramente... no pudo. Notar la mano de Gwendoline subir por su muslo interior en conjunto con lo que estaba diciendo, hizo que se le perdiesen las palabras en la cabeza y toda su atención se fuese al cosquilleo que sintió en su intimidad, propio de la excitación que la morena, con todo lo que hacía o decía, le provocaba.

¿Se imaginaba la de veces que Sam había pensado... No, "pensado" no es la palabra. ¿Se imaginaría la cantidad de veces con las que Sam había soñado estar en la ducha con Gwendoline? Estaba segurísima de que no, de que no se lo esperaría ni de lejos.

Cuando la morena rió de esa manera tan viva y natural, Sam se limitó a mirarla como quién mira a la persona más hermosa que ha visto nunca. Y ahora, con lo enamorada y feliz que se encontraba, tenía la absoluta certeza de que esa persona era Gwen.

Cuando le preguntó al final que si le parecía bien, a Sam casi no le salieron las palabras.

—¿Cómo no me va a parecer bien?  —preguntó casi con obviedad.

La mujer de sus sueños diciéndole que repetiría felizmente, que quería besarla y acariciarla bajo el agua de la ducha, que quería ir a cocinar solo con el delantal puesto... Todo es acompañado de esa caricia, de esas miradas y esas risas... En fin, no lo sabía. En ese momento Sam era enteramente de ella, le daba igual el resto del mundo. Ahora es que cualquier cosa que le dijera Gwen a ella le iba a parecer una idea maravillosa.

Cuando dejó de reír, Sam se acercó a ella con claras intenciones sugerentes. No lo había podido evitar: ¿cómo lo iba a evitar? ¡No podía teniéndola así a su lado!

Se colocó sobre ella con suavidad, acercó a sus labios a los suyos para besarlos, jugando un poco con el roce de sus narices y sus cuerpos, para finalmente besarla solo un poco.

—¿Vamos a tomarnos esa ducha? —preguntó después de morder el labio inferior de la morena.

La rubia bajó por el cuerpo de la morena hacia su ombligo con besos, luego se levantó y le ayudó a levantar tendiéndole la mano, para entonces llevársela cogida de alguno de sus dedos hasta el baño, cruzando por todo el pasillo totalmente desnudas.

El baño del piso de arriba era un poco más grande que de abajo, pero solo tenía un plato de ducha. Era de un tamaño decente para una persona, pero para dos quizás era un poco reducido. Sam se adelantó hasta la ducha, abrió la mampara de cristal y encendió el grifo superior, poniendo el agua tibia tirando a caliente, luego se giró y llamó a Gwendoline, haciéndole una señal con el dedo índice muy pícara.


***

El día había pasado y... había sido CASI tan increíble como ayer. Algo le decía a Sam que el día de ayer iba a ser insuperable, pero tenía la sensación de que si se sinceraba y las cosas salían positivamente, probablemente estuvieran al mismo nivel.

Ahora mismo se encontraban en el salón, eran las cinco y media de la tarde y simplemente estaban acostadas en el sofá, abrazándose mientras reposaban la comida una pequeña merienda de gorda que se habían comido hacía un rato. Estaban vestidas porque los padres de Sam no tardarían demasiado en volver y Gwendoline se tendría que ir en algún momento. Sin embargo, la rubia no quería que ese día se acabase sin decir nada y... consideraba que había pasado demasiado para ella no haber dicho absolutamente nada.

Así que aprovechando un cómodo silencio entre ambas después de unas risas, la rubia se vino arriba.

No se movió nada de nada. Ella estaba apoyada en el posabrazos del sofá mientras Gwen estaba entre sus piernas, con su cabeza apoyada en su pecho y ella la abrazaba. Sam le dio un beso en la mejilla antes de hablar y, abrazándola desde atrás, pensó que ojalá así siempre.

—Oye... —Empezó, notando como se le ponía el corazón a mil de un momento a otro—. Todo esto que ha pasado este finde entre tú y yo... —Sonaba un poco nerviosa, pero también decidida—. ¿Qué ha sido? Quiero decir... —Pese a que estaba diciendo lo que quería decir, no podía evitar pensar que este tipo de conversaciones nunca salían bien—. ¿Te... gustaría empezar algo serio... conmigo? —preguntó por fin, abrazándola un poco más fuerte solo por inercia.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Abr 24, 2020 9:34 pm

Después de lo que ella contabilizaba como dos días perfectos, que habían transcurrido de una manera idílica que hasta entonces no sabía que necesitaba, la joven Jones no podía siquiera imaginar que se avecinaba una catástrofe.

No faltaba mucho para el regreso de los padres de su amiga, y ambas chicas se encontraban totalmente acarameladas en el sofá, viendo la televisión sin prestarle demasiada atención. Así era el caso de la morena, por lo menos, pues era totalmente incapaz de dejar de darle vueltas a la cabeza.

No a cosas malas, por supuesto.

Sin embargo, no podía evitar tener esa sensación de que, en cuanto entrara por la puerta, la cotilla de Rachel iba a notar que algo había cambiado en ella. Y teniendo en cuenta lo mucho que le gustaba chismorrear, Ellie y Max no tardarían en enterarse. Y si bien le daba bastante igual lo que pudieran decir terceras personas con respecto a su relación con Sam, no podía evitar preguntarse si debía abordar el tema con franqueza, o si bien lo mejor sería llevar aquello en secreto.

Se ahorraría muchas preguntas que no tenía ganas de responder si optaba por los segundo.

Justamente se encontraba pensando que, quizás, sí podría abrirse un poco con Max, sabiendo que el chico le guardaría el secreto, cuando Sam empezó a hablar. Volvió la mirada en su dirección, observándola con curiosidad, y preguntándose por qué de repente su amiga estaba tan nerviosa.

Después de haber estado básicamente cocinando llevando únicamente delantales, y de todo lo que habían experimentado en cocina, cama y ducha… ¿a qué venían ahora esos nervios? Su ineptitud emocional le impidió darse cuenta de por dónde iban los tiros, incluso cuando su amiga hizo aquella pregunta.

—¿”Algo serio” cómo? —preguntó, frunciendo el ceño, con una expresión de pura confusión. Cualquiera que viera su cara comprendería que iba en serio, que no pretendía hacerse la sueca—. Es decir, esto ha sido maravilloso y...

Y fue ahí cuando, igual que si le hubieran pegado un tiro en plena frente, la revelación la golpeó. Con tanta fuerza que tuvo que incorporarse hasta quedar sentada, con los ojos abiertos como platos: Samantha Williams le estaba preguntando si aquello era el comienzo de una relación de pareja.

Lo que siguió no fue lo que se dice un rechazo, ni mucho menos; simplemente, la morena se dio cuenta de que no había pensado en el asunto hasta el momento, y que tenía muchas cosas que valorar antes de responder a esa pregunta. A ello se sumaron los nervios, recordando la última vez que había estado sentimentalmente atada a otra persona, lo horrible de aquella relación, y a consecuencia de ello, sufrió una especie de cortocircuito neuronal que la hizo parecer, básicamente, una estúpida.

—¡Oh, algo serio! —dijo, principalmente porque llevaba un tiempo excesivo en silencio, sorprendida—. Pues… Yo...

Se dio cuenta entonces de que no sabía exactamente qué seguía a esas palabras. De lo que no se dio cuenta, en cambio, fue de lo dolorosa que esa duda podría ser para Sam.

Lo cierto era que su mente en ningún momento había descartado la posibilidad de decir que sí, pero tenía en su cabeza tantas ideas chocándose las unas con las otras que había sido incapaz de dar una respuesta contundente. Porque ahí dónde la veían, Gwendoline estaba haciéndose a sí misma la pregunta que Sam acababa de hacerle: «¿Quieres algo serio con ella?»

La única respuesta que pudo ofrecer: «Pues...»
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Sáb Abr 25, 2020 1:08 am

Que diera ese respingo para sentarse en el sofá, separándose del abrazo que las unía, después de esa pregunta confundida, le sentó como si realmente esa separación fuese un resumen de lo que iba a pasar. No quería ser dramática —que lo era—, pero sintió que soltar esa pregunta en ese momento había sido un absoluto error y que lo había destrozado todo. Y, teniendo ya ese miedo antes de hacer la pregunta, casi pareció que se cerró delante de sus narices el telón de la maravillosa experiencia que estaba viviendo, diciendo de manera cruel: «Hasta aquí llegó.»

Es decir... ¿de verdad le cogía por sorpresa la pregunta? Después de todo el fin de semana, ¿no se había planteado esa opción, ni siquiera un poquito? ¿Era Sam la única que había pensado en eso? Le entristeció pensar que ella ni lo había pensado. Fue casi... como cuando ves una película y te decepciona por hacerte demasiadas expectativas, cuando la película ni había tenido la intención de ser épica.

No supo qué decir.

En ese momento su cabeza estaba peleándose por saber qué le había dolido más, si la confusión en su rostro o su silencio... y deseó poder saber qué pasaba por su mente. Sin embargo, cuando añadió lo último, esa frase a medio hacer que no decía absolutamente, Sam supo perfectamente lo que debía de estar pasando por su cabeza. «¿Cómo le digo que no?». Sinceramente, en ese momento sintió ganas de llorar, tanto por ese rechazo inconcluso como por haber sido tan idiota. ¿Había sido idiota? ¿Se había ilusionado en vano? ¿Había sido todo el fin de semana una película?

Se había dejado embelesar tanto que... no había podido ver que ella no sentía mismo. Obviamente no lloró, sino que se aguantó sintiendo que todas esas ganas se le acumulaban en el pecho. No quería ser una peliculera, ni una dramática... ¿qué culpa tenía Gwendoline? Ninguna. No era su culpa haberle regalado el mejor fin de semana de su vida. Ella no sabía nada de lo que sentía Sam.

De repente hasta se sintió mal por Gwen, cuando ella misma lo estaba pasando fatal. Intentó guardarse la decepción y ese nudo en la garganta, intentando... fingir que no era una pregunta en serio. Sinceramente, no le apetecía recibir un "no" y tampoco quería escucharla decir excusas que le iban a hacer más daño.

—Perdona —consiguió decir entonces, sentándose ella también en el sillón tras bajar los pies a la alfombra—. No lo decía con ninguna intención seria... —Mintió, pues obviamente le encantaría poder mirarla y decir: "esta es mi novia" y mostrársela a todo el mundo con orgullo y felicidad, porque que una persona como Gwen quiera estar contigo ahora mismo para ella era lo más—. Era sólo para dejar las cosas claras... no sé, después de estas cosas vienen los malentendidos y... —Continuó mintiendo.

Ella no se creía a sí misma ni un poco, pero quería pensar que si Gwen estaba confusa o nerviosa, quizás sí lo haría. La verdad es que soltar eso ahora mismo no le estaba haciendo bien después de haberse esforzado tanto en querer decir la verdad, sin embargo... de repente se sintió insegura, imbécil y sin ganas de hacer pasar a Gwen por algo así.

—Está bien —añadió a su mentira, intentando esbozar una pequeña sonrisa.
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Sáb Abr 25, 2020 8:06 pm

Aún a pesar de las palabras de Sam, que englobaban su curiosidad en la necesidad de saber por qué había sucedido lo que había sucedido entre ellas, el ambiente se volvió tenso. Fue como si, de repente y sin explicación alguna, una niebla densa cayera a plomo sobre ellas, ocultando lo que hasta el momento había sido un sol radiante suspendido en un cielo azul y despejado.

Sentadas ambas en el sofá, con el bullicio del televisor sonando de fondo, por un momento parecía que ambas no sabían qué decir. En el caso de Gwendoline, así era.

No le habían convencido aquellas palabras, y mucho menos aquel intento de sonrisa. Había visto sonreír a su amiga de manera plena, feliz, despreocupada… y ese intento no era ni la sombra de aquellas sonrisas suyas.

Repentinamente, se sintió mal. Físicamente mal, incluso. Se le formó una bola en el estómago, de no ser porque su organismo había absorbido todos los nutrientes que ese día le había proporcionado con la voracidad de un lobo, seguramente se le habrían revuelto las tripas. ¿Qué estaba pasando allí?

«Creo que es muy fácil de entender», se dijo a sí misma. Volvió la mirada en dirección a su amiga, y en esa mirada que le dedicó se reflejó lo mal que se sentía en aquel momento. ¿Era siquiera posible que hubiera hecho las cosas tan rematadamente mal?

—¿Tú…? —empezó a decir, pero no supo cómo terminar la frase. No creía necesitar la respuesta, de todas formas—. ¿Desde cuándo?

Se dio cuenta después de hacerle aquella pregunta que la respuesta no era relevante. Lo relevante era que esos sentimientos estaban ahí, y ella… ¿no podría decirse que había jugado con ella?

«Si lo hubiera sabido, no hubiera hecho todo esto», se excusó mentalmente. Podía ser cierto lo que pensaba, pero había otro detalle importante: tampoco se había esforzado demasiado en descubrirlo. «Si lo hubiera sabido...»

En su cabeza se materializaron imágenes de su pasada relación con Timothy, y se dio cuenta de algo que le sentó como la bofetada que su ex novio le había dado en aquella ocasión: se había comportado de una manera muy parecida a él, buscando su propia satisfacción sin preocuparse por lo que Sam pudiera sentir.

Al fin y al cabo, ¿en qué momento se le había ocurrido pensar que la atracción que Sam sentía por ella no venía de la mano de sentimientos románticos?

Se puso en pie, sintiéndose como la persona más horrible del mundo. Se sintió como si se mereciera todas las bofetadas que pudieran darle. ¿Cómo podía no ser mejor que el desgraciado que había tenido como novio en el pasado? ¿Hasta ese nivel había caído?

—Lo siento... —le dijo débilmente—. Nunca me imaginé que fuera eso… Debería irme.

Y con esas mismas palabras, sin siquiera darse cuenta de que llevaba puesto el pijama, se encaminó hacia su bolso, sobre una silla del salón. Allí tenía su teléfono móvil, al cual no le había prestado atención en ningún momento desde que todo aquello tan maravilloso había comenzado.

«¿Por qué no le dices que la quieres?», se preguntó a sí misma. La respuesta llegó enseguida: «Porque no lo sé. No sé si he hecho esto de una manera egoísta, buscando mi propia satisfacción, o si por el contrario la quiero. No puedo hacerle eso si no estoy segura...»

Desbloqueó la pantalla del teléfono móvil, abrió la aplicación de Whatsapp, y buscó el chat con Max. Se disponía a enviarle un mensaje de texto, pidiéndole que acudiera a recogerla, pero le temblaban las dichosas manos...
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Dom Abr 26, 2020 10:24 pm

En su cabeza, una minúscula Sam, parecía estarse golpeando continuamente con una lámpara como "autocastigo" por haberla cagado tanto y decir lo que no debía decir, básicamente como hacía Dobby en la Cámara Secreta después de irse de la lengua cuando no debía de decir algo. No podía dejar de repertirse lo evidente: que la había cagado, que había destrozado el momento y que, encima, eso iba a afectar negativamente a su relación. ¿Y sabéis lo peor de todo? Que sí, que Sam podía atajar un rechazo: sólo necesitaba un poquito de tiempo para llorar contra la almohada y admitirse a sí misma que no podía tener a la persona que quería porque ella no la quería, pero lo peor es que esa persona prácticamente se había convertido en su mejor amiga. Podía aceptar el rechazo, pero no quería perderla a ella sabiendo lo importante que ahora mismo se había vuelto en su vida.

Y en realidad sabía que era cosa del momento, que nadie era indispensable en la vida de nadie, que si Gwen decidía alejarse, con el tiempo se curaría, ¡pero es que no quería eso!

Las mentiras no habían tenido su efecto y es que... una vez las soltó: ¿de verdad, Sam? ¿¡De verdad pretendes hacerle creer a alguien hablando así!? Pero no pudo evitarlo: no le salía nada mejor. Ahora mismo sólo quería meterse en el baño y llorar en una esquina, ¿cómo narices iba a enfrentar una conversación? ¡Y sí, ya sabía que ella había sacado el tema pero ahora se arrepentía y sólo quería tener un maldito giratiempos, darle tres vueltas y volver a estar abrazada a ella como si no hubiera pasado nada!

Cuando le preguntó qué desde cuando, supo que ya no podía esconderse. Se llevó sendas manos a la cara, avergonzada. ¿Qué tenía que decir ahora? ¿Que llevaba creando sentimientos por ellas más de dos meses? ¿Que desde que se besaron en la fiesta de York, eso había ido cuesta abajo y sin frenos? ¿Que cada vez que bromeaba con algo, a ella le saltaban chispas de ilusión? Le daba vergüenza decirle eso a una persona que no correspondía sus sentimientos. Se sentía patética.

Así que se encogió de hombros, intentando mirarla. ¿Realmente importaba llegados a este punto? No vio conveniente decirle que desde antes de lo de York, pues bastante nerviosa la notaba ya como para encima estar añadiendo incomodidades.

Ya cuando se levantó y se puso de pie, pidiendo disculpas, la rubia se sintió fatal. También se puso de pie por inercia, siguiéndole con la mirada.

—Gwen, no tienes que disculparte, no tienes la culpa de nada —dijo con un tono débil de voz—. Es normal que no te lo imaginaras, ¿vale? Tampoco te di demasiadas pistas…

¿O sí?

Realmente ahora Sam no tenía ni idea de qué había dicho o hecho, pero sí recordaba haberle dejado claro que ella no la consideraba una cualquiera y que tampoco quería que pensase que hacía ese tipo de cosas «con cualquiera» cuando la besó, la llevó a la fiesta o… esto mismo de este fin de semana. ¿O estaba demasiado borracha y se lo inventó? ¡No sabía nada!

—No tienes que irte —dijo, total y absolutamente por compromiso, sintiéndose fatal por ello.

Obvio no quería que se fuera: pero era evidente que en ese momento sí que necesitaba estar sola. No culpaba a Gwendoline de nada, no era su culpa ser tan perfecta. Sin embargo, ahora mismo Sam no solo creía haberla cagado, sino que encima estaba viviendo su primer rechazo en su primera confesión y… sinceramente, había notado como el corazón se le resquebrajaba de la decepción. No sabía si tenía más ganas de llorar por la rabia de haber sido tan imbécil y no haber visto que para Gwendoline aquello no significó nada, o por la tristeza de que nada había salido como ella esperaba.

Ahora mismo sólo sabía que quería estar sola.

—Mi padre está a punto de llegar: él te puede llevar a casa —añadió cuando vio que estaba mirando el teléfono móvil intentando escribir—. De hecho debería estar a punto de llegar, se han retrasado más de lo normal…
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Lun Abr 27, 2020 3:47 pm

La comprensión humana, por norma general, es incapaz de concebir situaciones como aquella, especialmente vistas desde un punto de vista externa: dos personas que habían compartido el acto más íntimo, más unificador, que dos seres humanos pueden compartir, comportándose de repente de aquella manera.

No nos engañemos: quién más culpa tenía allí era Gwendoline Jones, cuya forma de actuar había sido, cuanto menos, irreflexiva. Ahora, tarde, se daba cuenta, y si Samantha deseaba golpearse con una lámpara al estilo de Dobby el elfo, ella deseaba tener a mano uno de esos látigos que utilizaban los penitentes religiosos para fustigar su propia espalda. Le parecía la única manera de pagar por lo que había hecho.

Con un mal cuerpo tremendo, sintiéndose igual que su exnovio, y dándole la razón en muchas de las cosas que éste le había dicho a lo largo de su tortuosa relación, se levantó con intención de marcharse.

«No me quites la culpa de encima, por favor», pensó, descorazonada. No quería que nadie le dijera que no era culpa suya, pues era mentira. «La culpa es mía y de nadie más.»

Ni de broma planeaba quedarse allí más tiempo del necesario, y ni de broma iba a esperar a Luca. No podía imaginarse escenario más incómodo que ese, sentada en el asiento del acompañante del padre de la chica cuyos sentimientos acababa de destrozar. ¿Que podía ser una tremendísima cobarde por no hacer frente a la situación? Sí, desde luego que lo era.

Otro defecto más añadido a la ya amplia lista.

—No, tengo que irme. Gracias por este fin de semana, y siento mucho haber... —Su mano temblaba demasiado, así que renunció a escribir nada en la ventana de chat. Se atrevió a aventurar una mirada en su dirección y le dijo—. Te… te llamo mañana y hablamos del asunto… ¿vale?

No sabía si Sam querría hablar con ella después de eso, y más después de marcharse así, pero sabía que ella no iba a ser capaz de mantener una conversación coherente en aquellas circunstancias. Se sentía demasiado mal, y necesitaba huir. Necesitaba esconderse en un lugar oscuro y recapacitar. Lo que había hecho era horrible, y nadie podía negárselo.

No recogió su ropa de calle, que se había quedado en el cuarto de Sam. Salió por la puerta en pijama, tal cual estaba, llevando su bolso al hombro y su teléfono móvil en la mano derecha.

Ni siquiera recordó recoger su bloc de dibujo y sus lápices, también en el cuarto de Sam.


***

Gwendoline recorrió a pie aproximadamente tres manzanas antes de sentarse en una parada de autobús con la intención de recuperar la compostura lo suficiente como para avisar a Max.

Aproximadamente un minuto después de abandonar la casa de los Williams, Gwendoline vio aparecer el coche de Luca. La fortuna quiso que ni él ni su esposa repararan en ella, enfrascados en lo que debía ser una conversación muy animada. No quería ni imaginarse lo que hubiera pasado si la hubieran visto, pues estaba segura de que no la habrían dejado irse así, como si tal cosa, en pijama por la calle.

Ya en aquella parada de autobús, Gwendoline había roto a llorar junto a una señora que se la quedó mirando durante unos segundos. Su curiosa vestimenta y su llanto de doliente debieron asustarla, pues enseguida se movió varios asientos más allá, por seguridad.

Por su parte, ella trató de calmarse, y solo cuando logró contener el llanto fue que llamó a Max. Éste tardó unos cuantos tonos en responder.

—Max al aparato. Te informo de que tu timing apesta, amiga mía: estoy peleando con el jefe más asqueroso que me he encontrado en todo Dark Souls... —A pesar de sus palabras, la voz de Max sonaba tan jovial como siempre.

—Lo siento —se disculpó ella, con un tono de voz que sugería que había atropellado a su cachorrito al dar marcha atrás sin mirar—. ¿Te importa pasar a recogerme?

—¿No te traía el padre de tu amiga?

—Se ha retrasado —mintió—. Y tengo que hacer tareas para clase...

Aquello era otra mentira, pero le sirvió para darse cuenta de que se había olvidado los materiales de dibujo en casa de Sam. Se lamentó por ello, pues ni de broma pensaba volver allí.

—Bueno, vale... —Suspiró, resignado. Era por el dichoso jefe con el que estaba peleando, pero Gwendoline pensó que era por ella—. De todas formas, este cabronazo no parece que vaya a… No, no se ha dejado vencer. En fin, luego sigo. ¿Estás en casa de Sam?

—¡No! —se apresuró a decir, inclinándose incluso hacia delante con urgencia. Se dio cuenta de lo exagerada que había sido, y volvió a recostarse en el asiento—. Te mando la ubicación...

Tras eso, Max no tardó demasiado en llegar. Su motocicleta era práctica y rápida, además de permitirle atajar por lugares que… bueno, no eran precisamente para circulación de vehículos. Sobra decir que ya lo habían multado en alguna ocasión.

No se apeó de su vehículo, apoyando únicamente la pierna derecha en el bordillo para no caerse. Se levantó la visera del casco y la miró con expresión ceñuda. Cuando le habló, su voz sonaba distorsionada por el elemento de protección.

—Mejor no pregunto, ¿verdad? —le dijo, enarcando una ceja.

—Mejor no. Gracias. —Gwendoline se levantó del asiento y caminó hacia la moto. Tuvo que quitarse las zapatillas de casa que llevaba puestas antes de subirse a ésta.

Mientras la motocicleta se alejaba de la parada de autobús, la señora de antes contemplaba a los dos jóvenes que iban en ella. Negó con la cabeza, perdiendo un poco más la esperanza en la juventud que, se suponía, heredaría aquel mundo cuando su generación se hubiera marchado.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Abr 27, 2020 9:41 pm

Se encontraban tan embajonada en ese momento, viendo delante de ella a una Gwendoline a la que jamás había visto, nerviosa y sin saber qué hacer, que ella tampoco era capaz de hacer nada más que pensar en el muchísimo mal que acababa de hacer a la relación de ambas. Se encontraba muy, muy arrepentida y eso le estaba ocasionando una cantidad de nervios y de inseguridades al ver que todo se había desmoronado que… sólo le nacía llorar.

Cuando Gwendoline insistió en irse, recogiendo sus cosas, no tuvo voluntad alguna de pararle los pies. Quería que se fuera porque claramente Gwen ya no quería estar allí y porque ella necesitaba el hueco en el que poder derrumbarse. Fue escuchar la puerta y… venirse abajo. La puerta casi que había parecido la perfecta metáfora de cuando algo se va de tu vida y es que… en ese momento de verdad creía que hasta ahí habían llegado y había sido terriblemente decepcionante. Todo este tiempo detrás de ella, enamorándose de alguien que sólo la podía ver como una amiga… para finalmente estallar de esa manera tan pasional y… nada. Era patético que aquello hubiera pasado de esa manera: Gwendoline viendo aquello como una experiencia más que apuntar en su vida y un punto de inflexión para su vida sexual y… Samantha creyendo que el principio de algo precioso.

El ruido de la puerta podría haber sido también una metáfora de Sam chocándose contra sus ilusiones sin que éstas fuesen a dejar paso a nada real.

Las manos de Sam fueron a su cara rápidamente, sollozando de manera inmediata al liberarse de toda aquella frustración y tristeza interior. En ese momento sintió que su cabeza le ardía y que por mucho que lo intentase, ahora mismo su mente no le proporcionaba ningún tipo de consuelo: solo podía pensar en haberla cagado, en haberla cagado y en que… la había cagado. Y le dolía horrores haber destrozado la relación por haber malinterpretado todo y no haber sido clara desde el principio.

En ese momento oyó la puerta, pues fue incapaz de escuchar el coche entre la televisión y su llanto. Se asustó porque no querían que la vieran llorar, por lo que intentó parar, pasarse el pijama por la cara y recomponerse, pero…

La puerta se abrió y agradeció ver entrar a su padre con Annie en brazos, dormida. Luca miró a Sam con preocupación, pero cuando apareció también Cordelia detrás de él y vio a Samantha, le puso una mano en el hombro para que subiese con Annie y la dejase en la cama. Movilizó sus labios en un «ahora vengo» hacia su hija, pero cuando se fue quién se acercó a Sam fue Cordelia.

No podía ocultarlo: tenía los ojos rojos y todavía movía su cuerpo como si tuviera el llanto contenido. Persiguió con la mirada a Cordelia mientras rodeaba el sofá hasta ella, para abrazarla sin preguntar absolutamente nada. La mirada de Sam era de: «por favor, necesito un abrazo pero no quiero que me abraces», pero cuando las manos de su madre la rodearon, Sam no pudo volver a retener el llanto, abrazándose a ella.


***

Luca podía afirmar que nunca en la vida había visto a Sam de esa manera.

Habían terminado los tres en la cocina con Cordelia haciendo una tila para todos, intentando que Sam hablase si quería contar lo que había pasado. La veterinaria siempre había podido tener confianza con sus padres, pues éstos siempre habían sido muy liberales y tolerantes, por lo que ella sentía que realmente podía contarles cualquier cosa y así había sido siempre.

Sinceramente, en ese momento le hubiera encantado no tener que decirles nada de eso, pero estaba tan mal que necesitaban una explicación. Sam le explicó la situación: que llevaba mucho detrás de Gwendoline, que sus sentimientos por ellas eran muy fuertes, que había creído que había posibilidades y que después de ese fin de semana, parecían que ambas veían la relación de manera diferente. Sus padres la apoyaron: afirmaron saber lo de Gwendoline, apoyándose en que era la única “amiga” con la que se le iluminaban los ojos y con la que siempre hablaba con una sonrisa.

Intentaron animarla pero, sobre todo, intentaron que se tranquilizara. Sus padres evidentemente siempre la iban a apoyar a ella de la manera más objetiva, por lo que le recomendaron que hablase con Gwendoline y dejase las cosas claras, para añadir finalmente que si la cosa no salía bien... uno no se enamora en la vida sólo una vez y que todo se curaba con tiempo. Era duro de decir y de asimilar, pero sus padres no le iban a mentir ni mucho menos hacerles tener falsas esperanzas.

Después de un buen rato, una Sam un poco más tranquila subía por las escaleras hasta su habitación, pero al entrar en ella y ver las cosas de Gwen volvió a venirse abajo casi de manera automática. «¿Cómo era posible que en cuestión de… un segundo todo se hubiera venido abajo?», pensó, notando entonces como la puerta que había cerrado detrás de sí, se abría suavemente.

―¿Sam? ―preguntó una somnolienta Annie.

Sam rápidamente sorbió los mocos y se llevó las manos a la cara.

―Pero Annie ―le reprochó tristemente, girándose―. ¿Qué haces despierta?

―Te escuché llorar antes y me preocupé ―dijo con sinceridad, adentrándose en la habitación, quedándose frente a Sam. Ésta se agachó para quedar frente a ella cara a cara.

―Estoy bien ―le respondió con una sonrisa triste acompañada de esos ojos rojos.

Las manos de Annie se posaron en los mofletes redondos de Sam, para entonces abrazarla. Sam también la abrazó con sendas manos, para entonces hacer un leve esfuerzo y levantarse con ella en brazos para volverla a llevar a su habitación. Intentó contener las ganas que tenía de llorar en ese momento, pues de verdad que no quería tener que darle explicaciones a su hermana ni mucho menos preocuparla.  

Al llegar a su habitación, la volvió a meter en la cama y la tapó, sentándose a su lado.

―¿Seguro que estás bien? ―le insistió preocupada, sujetando la mano de su hermana.

―Sí.

―¿Quieres dormir conmigo? ―le ofreció, haciéndose hacia un lado para que entrase en la cama.

Sam no pudo evitar sonreír y que, debido a la emoción, se le volviese a caer una lágrima. Estaba demasiado vulnerable en ese momento a cualquier cosa.

―No, que mañana tienes que ir al cole y tienes que descansar.

―Pero estás llorando. ―La niña volvió a sentarse en la cama―. ¿Qué te pasa?

La rubia soltó aire por la nariz, intentando optar por la opción más infantil pero real. Tampoco quería mentirle.

―Me duele el corazón ―arrugó la nariz, como si no fuera para tanto.

―Pero… eso se arregla con amor.

―Sí, lo sé ―dijo sin poder evitar sonreír por la lógica de su hermana.

―Yo te puedo dar amor y que no te duela, ¿no? ―añadió con la máxima coherencia del universo.

¡Ojalá todo fuera tan fácil! Sam, eso sí, sonrió esta vez de verdad.

―Por supuesto: eso espero de ti, que me des mucho amor para que me cures. ―Le pidió, a lo que Annie sonrió un poco más tranquila, volviendo a abrazar a su hermana.


***
Al día siguiente
Salida del restaurante en donde trabaja Gwendoline ― 15:30 horas.
Atuendo

No había pegado ojo. No podía dormir en su cama y ni siquiera la cocina era un lugar en donde pasar tranquilamente la madrugada sin que le vinieran los dichosos recuerdos de hacía apenas horas. Por un momento hasta se arrepintió de no haberse ido a dormir con Annie cuando se lo ofreció.

Sin embargo, tuvo mucho tiempo para pensar.

Por eso después de haberse pasado la mañana en la universidad haciendo nada por los nervios, se dirigió al trabajo de Gwendoline. Le había mandado un whatsapp como primer contacto esa mañana, diciéndole que la iría a recoger al trabajo, que quería hablar de lo sucedido en persona.

Tenía claro que hablaría con Gwendoline, le confesaría correctamente sus sentimientos y… sería directa. No había más. Ya a estas alturas… ¿tener vergüenza de qué? ¿Tener miedo de qué? Ya había sido rechazada, pero no quería quedarse con el amargo sabor de no haber sido sincera con ella.

Cuando Gwendoline salió del trabajo, Sam se encontraba en un banco justo en frente, con una mochila con sus cosas y una bolsa de tela reciclable en donde estaban las cosas que Gwen había dejado en su casa. Ni se había atrevido a abrir el bloc en donde la había dibujado, sinceramente. No se veía demasiado capaz de verlo sin volver a llorar de nuevo como una idiota.

―Hola ―saludó, incómoda y arrepentida, tendiéndole la bolsa―. ¿Quieres ir a tomar algo o… sólo un paseo? No he entrado… ―Hizo una brevísima pausa para mirar a su restaurante, dando a entender que se refería a eso― para no agobiarte.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Miér Abr 29, 2020 10:03 pm

Nada más llegar al piso compartido, Max había hecho una especie de control de daños: era domingo y ambas compañeras, Ellie y Rachel, estaban en casa, sin nada mejor que hacer que cotillear en la cocina; su compañero se había asegurado de que no se le tiraran encima como hienas. Ellie quizás habría terminado reculando en cuanto ella le dijera que no quería hablar del tema con la suficiente vehemencia, pero Rachel… Esa mujer tenía algo de víbora en su genética.

Sobra decir que se había ido directamente a su cuarto y que, viviendo en un mundo que todavía no conocía lo terrible del coronavirus, ni siquiera se molestó en cambiarse de ropa antes de encerrarse y tirarse en la cama. También sobra decir que, esa noche, no hubo partida online con Sam.

Había pasado la noche dándole vueltas al tema, a medio camino entre el sueño y la vigilia, y a consecuencia de ello, se le habían paseado por la cabeza las ideas más dispares. En una ocasión incluso logró conciliar el sueño durante treinta minutos seguidos, y tuvo un sueño hermoso: volvía estar con Sam igual que habían estado durante ese fin de semana, con la diferencia de que, al final, no era tan estúpida y le decía que eso era exactamente lo que quería, algo serio con ella.

Sin embargo, su mente seguía igual de confusa por la mañana, y seguía sintiéndose como un excremento de perro que alguien hubiera dejado estratégicamente situado en medio de la calle, a fin de que cualquiera pudiera pisarlo.

Durante la mañana, el trabajo fue totalmente improductivo. No hizo otra cosa que equivocarse, pensar y pensar, preguntarse qué le pasaba en la cabeza exactamente. Trató de analizar sus emociones y los motivos de sentirse tan cohibida a la hora de unirse a su amiga de esa manera. Llegó a la misma conclusión que siempre: Timothy le había dejado una huella más profunda de la que ella quería reconocer.

Incluso a ella, la excusa empezaba a olerle a viejo.

No tenía ganas de ver a Sam, con toda sinceridad. Una noche no era suficiente, ni por asomo, para solucionar una situación así. De acuerdo que parecía ser sencilla, pero no lo era en lo más mínimo. Nadie quería verse involucrado de manera sentimental con ella, y lo sabía. Muchas eran sus rarezas.

Con todo y con esas, no le quedaba otra que verse con ella. Agradeció que su amiga tuviera la consideración de esperarla fuera, pues no quería correr el riesgo de venirse abajo delante de clientes y compañeros.

—Hola —respondió nada más verla. Se cruzó de brazos de manera defensiva, bajando la mirada. Solo abandonó esta pose, brevemente, para hacerse con la bolsa que le ofrecía—. Gracias. Conozco un buen sitio aquí cerca. ¿Vamos?

No fue sorpresa alguna descubrir que, una vez echaron a caminar, ninguna de las dos parecía tener fuerzas para hablar. Una vez más Gwendoline se preguntó cómo se podía pasar de devorarse la una a la otra a semejante incomodidad. Casi parecían dos extrañas que caminaban la una junto a la otra sin motivo alguno, pues ni siquiera se miraban.

Tenía que ser sincera consigo misma: todavía no sabía qué decir. No se entendía a sí misma, y dudaba mucho que pudiera hacer que otra persona la entendiese. Simplemente, sabía que había hecho algo muy malo, haciéndole mucho daño a su mejor amiga. Sí, también ella se había hecho mucho daño, pero eso le daba igual.

Así de dañada estaba su mentalidad después de aquella relación tóxica.

Tras decidir que las palabras correctas no iban a acudir mágicamente a su boca, que no las había por ningún sitio, Gwendoline decidió empezar con lo básico. Con lo que sí tenía claro.

—No lo hice con la intención de hacerte daño —declaró, súbitamente, mientras se paraba en medio de la calle, junto al escaparate de una tienda de electrónica con una decena de televisores expuestos. Sus pantallas mostraban distintas películas, series o anuncios televisivos—. Nunca he hecho algo así, por lo que no tendría sentido empezar con la persona a la que más aprecio en este mundo… Pero está claro que algo malo he hecho. —Volvió a abrazarse a sí misma, de manera defensiva, con la mirada todavía puesta sobre las baldosas del suelo—. Nunca me había considerado una mala persona, pero quizás tenga que replanteármelo. Debí haberme imaginado que había algo más, y quizás hacer las cosas de otra manera. No. Definitivamente, debí hacer las cosas de otra manera.

Suspiró profundamente, notando en las manos ese mismo temblor del día anterior, momentos antes de abandonar la casa de Sam. También notó un nudo, no en el estómago, si no en el pecho. Trató de mirar a su amiga a los ojos.

—Lo he hecho todo mal porque ni siquiera yo misma me entiendo a veces. No tenía derecho a hacer lo que hice... —Y no fue capaz de decir mucho más. No es que lo hubiera dejado todo claro, ni mucho menos. ¿Qué había de claro en aquello? Nada.

Sencillamente, era un reflejo de su propia psique: un caos del que resultaba difícil rescatar algo.


Atuendo:
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Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Mayo 01, 2020 12:35 am

Dejó que Gwendoline hablase abiertamente, pues ya que había empezado no iba a ser ella quién la interrumpiese teniendo en cuenta cómo se encontraba de nerviosa. Realmente no consideraba que sus palabras tuviesen ningún tipo de sentido: ¿acaso se creía que Sam pensaba que lo había hecho con intención de hacerle daño, después de lo que se conocían? Sabía que pese a que creía que habían posibilidades, Gwendoline no debía de sospechar nada de los sentimientos de Sam porque evidentemente ésta no había dicho nada y, como buenas jóvenes, podía ser simplemente "tensión sexual no resuelta" que debía de ser mitigada con un fin de semana pasional.

Y obviamente si Sam dio paso a eso es porque creyó que había cierto interés por parte de Gwendoline, pero jamás se pensaría que la había utilizado ni nada por el estilo. Se habían conocido con confianza y creía saber un poco de fondo de la morena, creyendo sinceramente que no era una mala persona. Quería pensar que no se enamoraría de una mala persona.

Le sentaba mal que se echase la culpa de todo lo que había pasado, ¿en qué momento podía llegar pensar que aquello era culpa de ella? ¿Que TODO había sido culpa de ella? Ahí la que había lanzado ficha había sido Sam y ella no tenía ninguna responsabilidad por seguirle el rollo. Además, si quería echarle la culpa a alguien, tan fácil como que era de ambas.

Se paró a su lado, de espaldas al escaparate. Sinceramente, prefería a hablar ahí a tener que esperar incómodamente a ningún lugar. Ella tampoco estaba bien como para tratar el tema un día después, pues sabía cuál iba a ser la respuesta, sin embargo, necesitaba dejar las cosas claras y saber qué hacer.

—Gwendoline... —Suspiró al final—. Por fa, de verdad, esto no es culpa tuya.

La miró a los ojos, sintiendo un chute de valentía. Quería decirle las cosas bien: total, ya la había rechazado, ahora no le quedaba otra que ser todo lo sincera que ayer no pudo ser, sólo para que lo sepa y porque NECESITABA decírselo. Se había dado cuenta de que Gwen no era la persona con la mejor autoestima y quería que, aunque la rechazara, decirle cómo se veía a sus ojos.

Tras unos segundos en donde la miró en silencio, habló:

—Te voy a hablar claramente porque no me veo con demasiado aguante como para irme por las ramas y porque quiero que tú también me seas totalmente sincera, ¿vale? —Introdujo de manera concisa—. Sí, tengo sentimientos por ti. Y sí... desde hace tiempo. Pensé que se me pasaría o que sería un capricho porque fuiste una revelación en mi vida, pero no se me pasó, sino que mis sentimientos se hicieron mucho más fuertes a medida que te ibas acercando a mí. —Tragó saliva, aunque casi pareció que se tragó un trozo de chocolate sin masticar de lo denso que le pareció—. Lo de este fin de semana no ha sido un error, ¿vale? Tú querías hacerlo y yo quería hacerlo, independientemente de lo que fuera a ocurrir después porque no había nada escrito, ni hablado, ni nada. Así que de verdad, no te sientas mal por... no querer nada más conmigo. Éstas cosas pasan y son una mierda: pero pasan. 

Todavía no tenía muy claro, en ese momento, si hubiera preferido no hacer nada si hubiera sabido que iba a terminar así. Estaba tan desmotivada que se le había pasado ese pensamiento tan pesimista en varias ocasiones por la cabeza, pero todavía no lo había pensado con claridad.

—Me hubiera encantado que las cosas hubieran terminado diferente y que de verdad hubieras querido ser mi novia, pero no me voy a morir porque no me quieras... —dijo, esbozando una sonrisa un poco triste, antes de corregirse—: "Quererme" de esa  manera, digo, ya sé que me quieres... Pero obviamente voy a necesitar tiempo porque no creo que se me haga fácil superarte teniendo en cuenta que fui una idiota y me ilusioné sin tener nada claro. —Se mojó los labios, creyendo que lo estaba haciendo bien—. Prometo volver a ser la de siempre si… estás dispuesta a seguir siendo solamente mi amiga.

No lo había dicho con segundas, pero suponía que quedaba implícito: Sam no iba a ser una mujer de relaciones abiertas, esporádicas o de «este fin de semana está libre, vamos a tener sexo todo el rato, amiga». Y, obviamente, sería incapaz de hacerlo con ella después del rechazo y superarla. ¡Lo que faltaba! La rubia venía con el pack completo, pues ella no se acostaba con cualquiera. De hecho, era la primera vez que se acostaba con alguien sin formalizar nada antes, cosa que había sido sólo por el deseo y porque... bueno, ya lo había dicho: se había hecho ilusiones.

Al final, quiso añadir algo más. Era como… la última chispa de la llama de la ilusión, esa pregunta que te mantiene la esperanza hasta el final. Ahora mismo lo que Sam necesitaba era eso: esperanza. La mínima duda en la respuesta de Gwen podría o aliviarle esa etapa de superación, o volvérsela una terrible tortura por culpa de la incertidumbre.

—Así que… ¿estás segura? Sé que no te lo he pedido con propiedad... pero sabiendo la respuesta me da un poco de vergüenza decirlo... —Bromeó un poco, notándose que la sonrisa que esbozó era de pura tristeza. Quiso sujetarle las manos pero no lo hizo porque no quería incomodarla. Ella también se sentía super cohibida y lo menos que quería era hacer todo eso más raro—. Porque si no estás segura, yo puedo esperarte…

¿Había algo más horrible que eso? Ella sabía, si estuviera mirando desde una tercera perspectiva, que eso era una pésima idea. Sin embargo, como en ese momento estaba hablando una Sam enamorada de la Gwen que había conocido y con la que había pasado ese maravilloso fin de semana, de verdad que daría lo que fuera por estar con ella, aunque fuera sufriendo por tres meses a la espera de que ella se decidiese. Si Gwen le decía que se lo tenía que pensar, ella esperaría. Fatal, horrible, pero esperaría, porque ahora mismo de verdad que sólo quería estar con ella.

Consideraba que ella merecía la pena totalmente.

¿Pero merecía la pena hacerse ilusiones para absolutamente nada?
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Gwendoline Edevane el Vie Mayo 01, 2020 3:23 pm

«Eso dices tú», pensó Gwendoline, frotándose el antebrazo izquierdo de manera inconsciente con la mano opuesta. «No me siento como si no tuviera la culpa...»

Había reunido fuerzas para hablar la primera vez, pero la segunda no se sintió capaz. En lugar de eso, siguió allí, de pie, abrazándose a sí misma mientras contemplaba la apasionante imagen de las baldosas del suelo. ¿Y cuando Sam le dijo que iba a hablar claramente? Ahí se sintió igual que la gelatina durante un temblor de tierra: toda su integridad parecía a punto de desmoronarse por cómo empezó a temblar.

De alguna manera, escucharla decir aquellas cosas era casi peor que el silencio. La hacía sentirse todavía peor consigo misma después de todo lo ocurrido. Mientras su amiga profesaba hacia ella sentimientos más profundos que los que pueden sentirse por una amiga, ella se preocupaba por satisfacer un deseo egoísta, que había nacido después de que se besaran una noche de borrachera.

Si esa no era la definición misma del egoísmo…

La dejó terminar, por supuesto, e incluso en alguna ocasión se atrevió a levantar la vista en su dirección, aunque no durase mucho. Sin embargo, cada palabra la hacía sentir un poquito peor. Sam tenía tan claros sus sentimientos, tan claro lo que quería y esperaba de ella… y allí había estado ella, lanzándose a la piscina sin mirar si había agua. O, mejor dicho, sin fijarse en si caía sobre alguien y le hacía daño.

«¿Quiero ser sólo su amiga?», se preguntó entonces, dándose cuenta de que ahí existía una duda razonable. «Lo que tengo claro es que lo de este fin de semana no puede volver a suceder de la manera en que ha sucedido», prosiguió, consciente de que, aunque lo disfrutaría muchísimo, finalmente acabaría sintiéndose culpable.

De aquel fin de semana, Gwendoline no rescataría únicamente el placer físico que había experimentado, que había sido mucho, si no también otros sentimientos que habían nacido dentro de ella. Se había sentido mucho más unida a Sam de lo que lo había estado nunca, si es que eso era posible. Había sido una unión distinta, nueva, mejor, incluso. ¿Qué significaba eso? ¿Significaba eso que, de alguna forma, también había desarrollado sentimientos más profundos hacia ella?

«Puede ser. Pero no olvides lo que te impulsó en un primer momento.»

Sam le había lanzado una pregunta cuya respuesta tenía clara, y aún a pesar de que seguramente no era la que su amiga esperaba, le debía la misma sinceridad que ella le había ofrecido. Ya se estaba sintiendo mal, incluso antes de soltarla.

—No sé si estoy segura. No sé nada ahora mismo —dijo, mirándola a los ojos y encogiéndose de hombros. No tardó mucho en buscar con la mirada cualquier otra cosa que pudiera distraer su atención—. Decir que lo que ocurrió fue solamente sexo sería mentir, pero decir que no buscaba mi propia satisfacción en ello, también. Lo único que saco en claro de todo esto es que lo hice mal y que tú...

Se le cortaron las palabras al quedarse sin aire, y tuvo que detenerse a respirar de manera estentórea. Trató de recomponerse, pues se estaba poniendo horriblemente nerviosa, e involuntariamente se llevó la mano derecha a la boca. Sintió el impulso de morderse las uñas, una mala costumbre que había adquirido en la universidad, tras su tormentosa relación con Timothy, pero lo reprimió. En su lugar, se llevó la mano nuevamente al brazo, y trató de mantenerla allí.

Debía seguir hablando.

—...tú me trataste como nunca nadie antes me había tratado. Entonces no sabía el por qué, y ahora sí. Y eso hace que me sienta como la peor persona del mundo: manchar de esa manera algo tan bonito como lo que tú sientes por mí... —Se mordió el labio inferior, suspiró, e intentó organizar un poco sus ideas—. Lo que quiero decir es que yo también sentí algo, pero no sé si ese algo es lo mismo que sientes tú. ¿Qué pasa si te digo “¡Sí, venga, Sam! ¡Seamos novias!” y al final descubro que no siento eso? ¿Serías capaz de arriesgarte a vivir algo así?

Lanzó esas dos preguntas directamente, mirándola a los ojos. En aquel momento, la calle y todas las personas que las rodeaban habían dejado de existir. Poco le importaba si las estaban mirando, si alguien las estaba escuchando. Aquello era importante, quizás la conversación más importante en aquel momento.

—No eres sólo una amiga —añadió Gwendoline con una débil vocecilla—, y tampoco eres un entretenimiento para mí. Eres… alguien especial. Pero yo no sé si...

Y no fue capaz de decir más. No sabía si sus palabras habían dejado claro lo que sentía, o mejor dicho, el enorme caos que existía en su interior, pero esperaba que sí. Esperaba que su amiga comprendiera lo que ocurría, que tuviera todos los datos, antes de tomar una decisión.
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