Situación Actual
7º a 10º
2 marzo ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

End of all days. ―Laith Gauthier.

Abigail T. McDowell el Miér Oct 30, 2019 3:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 GKQWGPb
San Mungo, sala de reuniones  | 29/10/2019 | 19:30h | Atuendo | BSO

Llevaba maldita desde el veinte de junio del dos mil diecinueve, hacían ya cuatro meses que llevaba conviviendo con esa maldición. Había descubierto que si bien podía sobrevivir, era sin duda un malvivir. Los efectos secundarios de la maldición retenida en su brazo no tenían solución y por mucho que hubieran pasado los meses, no estaba acostumbrándose a ellos, pues eran muy arbitrarios e intensos.

Había atacado directamente a sus sentidos, apagándolos por completos en diferentes etapas. Había veces que era incapaz de ver nada, quedándose totalmente ciega, otras en donde atacaba a sus oídos y se veía aislada totalmente de todo lo que le rodeaba… E incluso había veces que ocurrían a la vez, sintiéndose aislada, vacía y sin saber qué hacer o cómo proceder. Cuando le ocurría en lugares públicos o en el trabajo lo pasaba realmente mal, pues no conocía solución posible para ello. Sin embargo, lo peor de todo no era eso: ¿alguien alguna vez se ha preguntado cómo se siente uno sin poder sentir absolutamente nada? El tacto era uno de los sentidos más infravalorados, pero sentir que nada de ti es capaz de sentir nada, te hace sentirte como si no existieses.

Para colmo, la poción que estaba creando periódicamente para su consumo tenía unos ingredientes muy complicados de conseguir―entre ellos, por ejemplo, sangre de unicornio―y no duraba tanto como para todo lo que se gastaba en ella.

Alexander, su asistente, después de intentar buscar una solución para eso, le recomendó a Laith Gauthier, un sanador especialista en pociones que había destacado precisamente por la modificación de éstas para un uso mejorado y más prolongado en el tiempo. No sabía si serviría para algo teniendo en cuenta las raíces de la maldición y la poca información sobre la poción, pero literalmente: Abigail no tenía nada que perder. De hecho, tener algo de información nueva al respecto le había hecho entusiasmarse un poco: ¿y si se le ocurría alguna mejora para la poción que pudiera mejorar su uso? ¿Y si la poción, debidamente modificada, podría ser incluso una cura?

La pelirroja nunca había destacado por ser muy optimista o ilusa, pero dada su situación estaba descubrimiento hasta nuevos sentimientos. Llevaba toda su vida quitándole las esperanzas de vida a la gente y ahora ella… intentaba buscar las suyas por alguna parte.

Decidió no abordar a Gauthier sin previo aviso, por no hablar de que no quería que se le viera en compañía de un sanador fuera de San Mungo, para evitar habladurías y rumores. Una vez supo a donde contactar con Laith Gauthier por sus facilidades buscando contactos, le mandó una carta:


Estimado señor Gauthier,

Le habla Abigail McDowell, la Ministra de Magia. Me gustaría comenzar declarándome interesada en su trabajo como pocionista, pues ha sido recomendado por uno de mis confidentes como un gran experto en la materia. He estado informándome sobre sus logros como sanador y he quedado impresionada de todo lo que ha conseguido con su corta edad como medimago.

Actualmente preciso de la ayuda de un médico con experiencia y, por lo que he podido saber de usted, vuestro abuelo también fue un gran entendido en materia de pociones, así que estoy interesada en hablar con usted para ver si puede darle solución a uno de mis problemas.

Evidentemente quiero tratar este asunto con toda la confidencialidad posible, por lo que en el caso de que acepte concertar una cita conmigo, habrá un acuerdo mágico de por medio que ha de firmar antes de hablar de ningún tema. Ser Ministra de Magia va de la mano de no poseer demasiada privacidad.

Agradecería una contestación en el menor tiempo posible. Siéntase libre de ofrecer una fecha en la que esté disponible, que yo misma me trasladaré a San Mungo para poder hablar con usted.

Saludos cordiales,
Abigail McDowell.

Mandó la carta desde su propia casa, utilizando su cuervo Corax como animal mensajero. Intentaba desvincular al Ministerio de Magia todo lo posible, para que no hubiera ningún tipo de fuga de información. Por suerte para Abigail, había sido muy cuidadosa al respecto, por lo que todo el mundo que sabía de ello había hecho o un juramento o había firmado el contrato.

Al día siguiente recibió la contestación de Laith Gauthier, citándole para el día siguiente por la tarde, después de la jornada laboral del médico. La pelirroja estuvo allí puntual, tan impoluta y elegante como siempre. Llevaba una chaqueta, pues estos cuatro meses―de verano―se había habituado a utilizar manga larga o chaquetas, puesto que la marca de su maldición estaba justo en su antebrazo izquierdo, adornando su piel junto a la marca tenebrosa.

Nada más aparecer en la recepción, la secretaria se puso firme al ver a Abigail McDowell.

―Ministra McDowell ―saludó―. ¿En qué pued…

―¿La sala de reuniones? ―preguntó antes de que pudiera terminar la frase.

―Tercera planta, final del pasillo de la izquierda.

―Muy amable ―le agradeció cordialmente, antes de girarse e ir hacia allí.

Utilizó las escaleras para subir, pues no quería tener que soportar ninguna conversación cortés en el ascensor, pues todo el mundo la conocía. Tardó unos cuatro minutos en llegar frente a la puerta y cuando su reloj marcó las siete y media en punto, tocó con los nudillos suavemente en la puerta. La puntualidad era algo que siempre había caracterizado a Abigail. Odiaba que la gente no respetase su tiempo y, por tanto, ella había aprendido a respetar al del resto cuando se trataban de cosas tan importantes.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Sáb Dic 28, 2019 10:02 am

Hablar con Silas Gates era extraño; por un lado, tenían su reputación y, por el otro, que Laith se esmeraba en no hacerse ideas preconcebidas de la gente, por mucho que fuera inevitable. Le mostró las instalaciones y la Ministra decidió que era momento de retirarse. Él se volvió hacia ella, asintiendo con la cabeza para mostrar que no tenía problema en que se retirara. Ya tenía sus años para apañárselas solo en ambientes extraños.

Estaré a la espera, Ministra —le estrechó la mano en respuesta a su despedida, sin interrumpirla más en su quehacer.

No pasó desapercibida la carencia de despedida entre ella y Gates, pero no dijo nada al respecto, con el pensamiento de que no era asunto suyo cómo o cómo no se saludaran o despidieran las personas. Lo que sí era asunto suyo era todo lo que pudiera recolectar sobre los ingredientes usados y para eso necesitaba al científico dentro de aquel laboratorio.

***

Había pasado el primer día acodado en un escritorio con dos cuadernos y un montón de libros, investigando y dándole vueltas a los ingredientes que la poción poseía, y a las posibles variaciones que pudiera hacer al respecto. Sólo las necesidades básicas suyas y de sus mascotas, y la comida a domicilio en la puerta, le habían distraído de su investigación.

A veces, Mukki lo sorprendía con una fría nariz juguetona tocándole el muslo, con las patas sobre él para estar a la altura. Recibía una mano distraída que le acariciaba la cabeza durante unos segundos antes de volver a la madera.

El segundo tenía trabajo, pero su mente dándole vueltas a la idea no dejaba ni un pensamiento en paz; se movía como aguas negras y agitadas, sin saber en qué irían a parar. Había descartado ya algunos ingredientes, pero las opciones seguían siendo numerosas.

Dentro de la sala de empleados, una idea lo abordó mientras preparaba un café. Lo tomó tal cual estaba en la cafetera: el azúcar sabía que no tenía tiempo para ella, en especial porque empezó a garabatear en una servilleta un filtro que creía iba a ayudarlo a seguir descartando ingredientes para sólo analizar un puñado de ellos.

Oyó la puerta abrirse, mas no dirigió la mirada hacia ahí. Una voz trató de hablarle, pero levantó su mano y le mostró el dorso, interrumpiéndola. No levantó los ojos de la servilleta desechable hasta que se sintió suficientemente confiado en su trabajo.

En ese momento miró a Jacqueline; una mujer menuda y de agradable expresión que servía dentro del cuerpo de enfermeras y que, para suerte del sanador, estaba tan bien acostumbrada a esos acelerones mentales que tenían los medimagos que no se tomó a mal la actitud del otro.

Un hombre te busca —lo informó—, parece ser algo importante.

***
En el estudio.

Había demorado tan sólo un momento recolectando cosas dentro de su maletín antes de aparecer junto con el asistente de la Ministra al estudio. Ya estaba odiando ese trabajo y no por lo que conllevaba, sino por esa maldita aparición. Cuando se repuso, se percató de la presencia de la Ministra en la sala, en un sillón.

Buenas tardes, señorita McDowell —la saludó, corroborando en su reloj en su muñeca derecha que la hora pasaba del mediodía. Eran casi las cinco de la tarde, para ese momento, y se preguntó en silencio a dónde había ido su día—. ¿Qué es lo que la aqueja hoy? —preguntó.

Ya había sido informado a grandes rasgos por el asistente, pero era a ella a quien quería escuchar. Tomó lugar en un escritorio cerca del sillón y lo primero sacó su cuaderno y un bolígrafo, donde escribió la fecha. Iba a ir escribiendo todo lo que detectara de ese día, pero al mismo tiempo sacó de su maletín una jeringa y un tubo de ensayo donde escribió en el sello un nombre clave y la fecha, preparándose para recolectar una muestra de sangre.

Voy a sacarle sangre, ¿está bien con eso? —preguntó por el consentimiento, que era importante, antes de siquiera acercarse a ella.

Sabía que eran episodios que iban y venían y tenía que actuar rápido si quería tener una muestra confiable. Se temía que fuera cambiando con el tiempo hasta convertirse en indetectable… lo que fuera que quisiera detectar, en primer lugar. Creía que un hemograma se lo diría.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Sáb Ene 04, 2020 2:18 am

La espera se le hizo eterna, pero sabía que sólo era cuestión de perspectiva: en esa situación podía notar cómo los minutos se le hacían horas. Se relajó pensando que Castlemaine no perdería el tiempo en encontrar a Gauthier y que éste iría al lugar desde que pudiese.

También le sosegaba estar en un lugar suyo, en donde las personas que podían aparecer eran de confianza. No le gustaba verse débil y se contenía para mostrarse todo lo serena que podía frente a Alexander, Silas o Laith, pero cuando le daba alguno de esos ataques y terminaba en su casa, la situación era bastante diferente. La pelirroja no era una persona que soltase lágrimas con facilidad ―de hecho no recordaba, anterior a eso, haber llorado nunca―, pero en su situación las lágrimas salían de pura impotencia y frustración. McDowell estaba preparada para morir, pero no para que sus días acabasen de esa manera tan patética.

La cabeza de Abigail se giró hacia donde escuchó a Gauthier, pero mantenía los ojos cerrados, pues igualmente no iba a poder ver absolutamente nada. No supo qué contestar: ¿qué se contestaba cuando te dolía todo? Decidió ser franca.

―Todo ―le respondió con mala gana―. Pero si se refiere a qué no funciona: adivine por usted mismo. ―No hizo nada, pero era obvio que teniendo los ojos cerrados era eso.

Gracias a Merlín Gauthier no le hizo ponerse en la camilla para hacer los estudios necesarios, por lo que cuando le preguntó que si podía sacarle sangre, la ministra se limitó a poner el brazo, hacia arriba, sobre el posabrazos del sillón en el que se encontraba.

Escuchó a Laith trastear con sus utensilios, hasta que le colocó una cinta alrededor del brazo antes de pinchar en la típica vena en la parte anterior del codo. Abigail se dejó hacer todo lo que parecía necesario. Después de eso le pinchó en el dedo para tomarle la azúcar al instante y luego le tomó la tensión. Apuntó todo eso en la libreta que tenía al lado, antes de proceder a otras observaciones de oído, en la boca y de reacción a reflejos.

Dejó para final los ojos y, cuando le dijo que los abriera, McDowell los abrió. En un principio parecía que estaba mirando a Laith, pero porque estaba justamente en frente, siguiendo su voz. Si Laith se movía en silencio, se daría cuenta que la mirada de la Ministra de Magia se quedaba clavada en ningún sitio.

Apuntó con una linterna a los ojos intentando buscar algún tipo de respuesta, pero no hubo nada. Abigail escuchó el sonido de encendido y apagado de la linterna, pero no vio en ningún momento algo parecido a una luz. Todo absolutamente oscuro; opaco y vacío. Suspiró cuando, por los sonidos que había escuchado de la linterna, asumió que estaba apagada, pues sintió como el sanador también se apartaba.

Cerró de nuevos los ojos y se hizo hacia atrás en el sillón.

―Debe ser como iluminar dos piedras inertes ―le dijo con respecto a sus ojos―. ¿Alguna valoración que pueda dar ahora o… es tan confuso como yo misma lo siento?

Abigail no se había abierto con nadie. Sí, había dicho los síntomas más objetivos, sin guardarse nada, pero sus sentimientos evidentemente no hacían falta en esa ecuación. Dudaba mucho que fueran relevantes.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Miér Ene 08, 2020 12:22 am

No había tardado más que un momento antes de empezar con su trabajo. Exámenes de todo tipo, desde sangre hasta tensión, hasta observaciones le hicieron percatarse de que no había nada particularmente revelador. En los ojos no vio respuesta, pero tampoco indicio de que fuera debido a un coágulo sanguíneo. Su parte más pesimista habló bajo preguntando si esperaba encontrar algo, pero su profesionalismo la barrió rápidamente.

Buscó el estetoscopio y se interrumpió cuando la Ministra le habló. Personalmente se sentía tan confundido como ella; un humor negro le hizo pensar que estaba “a ciegas”, pero claramente ni siquiera se sonrió por el pensamiento. Volvió su mirada a su maletín, optando por su ser más serio y menos subjetivo.

No hay nada concluyente —aceptó—, todavía me hace falta el análisis de sangre; por lo pronto puedo decir que no hay nada fuera de lo normal y que no hay indicios de que se presente una complicación que ponga en riesgo su vida —que, aunque se decía poca cosa, era importante cuando se enfrentaba a algo tan maleable.

Le tomó el ritmo cardiaco y lanzó una mirada larga y silenciosa a sus anotaciones. Algo se le estaba pasando por alto, lo sentía, pero no era capaz de decir de qué se trataba.

Tiene una parte buena y una parte mala —le confesó, guardándolo todo y sacando su varita—: la mala es que no me da información con la que trabajar; la buena es que se está presentando como un malestar invariable, por lo que no es necesario modificar la poción individualmente para cada situación —se acercó a ella, haciendo ruido a propósito al caminar para que pudiera localizarlo—. Voy a utilizar un hechizo para ver su interior y examinar más a fondo.

Tras haberla avisado, conjuró un silencioso Translucens en la cabeza de Abigail, cosa de asegurarse de que la ceguera fuera ocasionada por la maldición y no como parte de un síntoma de algo distinto. Como lo supuso… no había nada. Y no supo si se alivió o si lo molestó. Si hubiera encontrado algo, lo habría tratado. De nuevo estaba en la oscuridad.

Por cierto, necesito saber si tiene conciencia de alguna alergia —se apartó de nuevo, guardando su varita—. Con el examen de sangre puedo obtener un conteo de inmunoglobulina E, pero me ahorraría estudios si supiera directamente —pues ya que estaba tratando con ingredientes inusuales, tenía que ser el doble de cuidadoso con el qué le administraba.

La miró un momento, como se mira la derrota. Se frustraba, por supuesto, cuando estaba buscando algo y no lo encontraba, como cualquier persona. Al menos se convencía a sí mismo de que cada fallo le enseñaba una manera de no hacer las cosas, para concentrarse en las formas en que sí las debía hacer.

Le agradecería que me informe a la brevedad cuando haya pasado el episodio; por lo pronto, una dosis de Herbovitalizante intravenosa podría ayudar a lidiar con los síntomas de debilidad —estaba seguro que lo que decía no era ninguna novedad. Tendría que ser lo primero que un sanador o pocionista pensara en cuanto uno se refería a la debilidad corporal.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Lun Ene 13, 2020 12:22 am

«No hay indicios de que se presente una complicación que ponga en riesgo su vida».

Peses a que en ese momento necesitaba mucho más para sentirse aliviada, al menos tenía la certeza de que esa sensación tan angustiosa no venía de la mano de ningún mal que pudiera ser letal, aunque a sí a veces lo sintiera ella misma. No es que sirviera para los estudios del sanador, pero al menos servía para mantener más sobria la mente de McDowell en esas situaciones tan drásticas con las que tenía que lidiar.

Se mostró quieta y obediente sin hablar menos que fuera estrictamente necesario. Por norma general Abigail era de esas chicas que solo hablaban si tenían algo que decir, pero es que ahora mismo tenía la sensación de que no tenía ni fuerzas para verbalizar. Sólo lo hizo cuando le hizo una pregunta.

―Hasta la fecha no he sido alérgica a nada de lo que haya probado ―le informó a Gauthier, antes de añadir una tontería extra―: Soy alérgica a las nueces, pero dudo que tenga relevancia médica.

Al fin y al cabo era una persona humana, con alergias normales y con la capacidad de ponerse enferma. A veces las personas la demonizan tanto que parecía casi inmortal, infranqueable e imperecedera… pero era obvio que no era nada de eso.

Cuando le recomendó una dosis de herbovitalizante intravenosa, ella se limitó a estirar el brazo para dejarle vía libre a su vena de la región anterior del codo. Ya se la habían suministrado en otras ocasiones, por lo que sabía a lo que se refería. Silvanus le había dicho que tuviera siempre una poción a mano, pero no era en absoluto lo mismo bebérsela que administrarla directamente en vena, cosa que prefería y que, en su estado, no podía hacer en solitario cuando le atacaba un episodio de esa categoría.

Sintió como el sanador le colocaba una correa alrededor del brazo, por encima del codo, además de escuchar cómo abría una jeringuilla y sacar un bote de algo. Otra cosa no, pero la única ventaja de no ver absolutamente nada es que sentía cómo sus otros sentidos que seguía conservando se volvían más precisos. Se sentía casi como cuando se convertía en zorro, pero todo era muy diferente.

―Depende de la fuerza del episodio suele durar entre media hora y dos horas ―le informó, por romper un poco el silencio. Ella era incapaz de sentir incomodidad por el silencio, pero creyó que sería información importante―. El ataque más duradero que recuerdo fue de más de tres horas; no podía prácticamente moverme y no escuchaba absolutamente nada. Me fui a casa y conseguí dormir y, para cuando me desperté, ya estaba bien.

De hecho recordaba perfectamente haber sido despertada ese día por un ladrido de Kama, su doberman y, a continuación, la queja de Feto ―su elfo doméstico― hacia Kama por haber ladrado mientras su ama McDowell estaba tomando la siesta.

Sintió el pinchazo y no hizo más que soltar un poco de aire, pues al no ver nada la había cogido un poco desprevenida. Aquella poción hervolizante le hacía sentir muchísimo mejor, casi que podía sentir como se expandía por todo su interior e iba desbloqueando todas esas limitaciones que aquel ataque había creado en su interior. Era una sensación... mágica. Había ocasiones en donde no podías ponerle otro adjetivo a algo así.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Jue Ene 16, 2020 9:02 am

Mientras realizaba sus estudios, su cabeza parecía un mapa o un rompecabezas que iba uniendo piezas. Era, sin embargo, uno enorme y de colores difuminados, por lo que le faltaba muchísimo para llegar a verlo como una obra terminada. Los pequeños avances eran, en ese momento, esenciales para poder empezar a tener mayores resultados y conclusiones.

No es irrelevante —contestó él, distraídamente—, la teoría de la técnica de modificación por la que se me acredita se basa en la potencialización o neutralización mediante elementos naturales; algunos de ellos impensables para efectos de pociones mágicas, pero útiles y comprobados —dio una breve explicación, por si ella tenía algo más que decir que él tuviese que escuchar.

Uno como sanador terminaba entendiendo que nadie, absolutamente nadie, era completamente invencible. Tenían dolencias, malestares; enfermaban, se quebraban, todos eran por dentro carne, hueso y sangre. Había incluso quien tenía alergias, incluso, que era sólo un fallo del cuerpo; una creación tan resistente y duradera como frágil y endeble. De perfecta, sin embargo, tenía poco.

Se limitó a tratar de aliviar los efectos colaterales, incapaz de darle una solución a corto plazo. Redujo el flujo de sangre del brazo con una correa para después preparar la jeringa con la poción que la ayudaría a sentirse mejor. Calculó rápida, eficaz y mentalmente la proporción del cuerpo de Abigail para descifrar cuál era la dosis que tenía que administrarle.

Miró a la Ministra mientras pensaba en sus palabras, deteniéndose del proceso de llenar el cilindro para escribirlo en su cuaderno en una hoja en limpio antes de retomar sus tareas.

¿Hay alguna relación con el tipo de ataque y su duración? —preguntó, y al mismo tiempo sentó en la mesa dicha cuestión—. Me refiero a si ha notado que la ceguera tiene un tiempo aproximado, o la sordera —especificó, y adivinó que quizá ese dato fuera o bien negativo o no lo había considerado hasta entonces.

Se decantó por su primera opción: ¡estaba seguro de que él, en su lugar, tendría especial atención en esos detalles! De todos modos, hizo una nota mental para el Laith del futuro para que lo tomase en cuenta, por si servía de algo.

Eso es todo, mi recomendación es mucho descanso y líquidos, no haga esfuerzos innecesarios y déjeme saber cuando se encuentre mejor —le recomendó, comenzando a meter todo de vuelta en su maletín. Le dio una nueva mirada a su cuaderno antes de cerrarlo y meterlo también—. Le recomendaría que vaya a casa a descansar, ¿quiere que contacte con su asistente para que la ayude? —se ofreció, suponiendo que sería un lugar mucho mejor para descansar que en ese sitio.

Después de las formalidades, fue momento de despedirse y regresó al hospital. Etiquetó con un nombre clave las muestras y las envió a revisar con su subordinado de turno, encargándole especialmente dirigirse a él y sólo a él con los resultados. Conservaba la esperanza de que alguna respuesta hubiese en su química.

Noviembre 29, 2019.
07:30 am.

Había pasado el tiempo desde aquel suceso, y en general era una monótona rutina: lo llamaba cuando se sentía mal, él hacía estudios, las revisiones le daban respuestas y repetir. En casa, estudiaba su poción y sus opciones con gran esmero. Finalmente creía que estaba llegando a un lugar con sus investigaciones. Si todo salía bien y sus pruebas de seguridad pasaban sin problemas, dentro de una semana podría presentar su primera versión de mejora a la Ministra y a su sanador de confianza.

Iba con pies de plomo y no pretendía hacerse falsas ilusiones ni pasar por alto ningún detalle, pero un mes de trabajo finalmente estaba llegando a un buen puerto. Si bien era la primera versión y de ella nacería otra, algo era algo. Casi fantaseaba con el momento en que le llevase la poción, la probase y le dijera que había tenido los resultados deseados.

Por ahora no era gran cosa: aliviar la pesadez y la debilidad durante los ataques… ¡pero, algo era algo!

Sin embargo, se vio obligado a dejar su trabajo, sus notas y hasta a su perro por petición de aquella mujer. La Ministra había solicitado todo su fin de semana, de viernes a domingo, para asistir a un evento en el extranjero. En principio le había resultado descabellado, pues él no era nadie para ir a un lugar así con políticos ni nada parecido. Más tarde lo entendió: le daba miedo un ataque y confiaba en él para asistirla de acuerdo con lo ocurrido.

Por un lado, era casi un honor. Por el otro… admitía que le preocupaban muchas cosas. Desde el tipo de gente con el que podría reunirse Abigail McDowell, pasando por todas las variables de su maldición, hasta llegar a quiénes podrían malinterpretar su lealtad de enterarse dónde estaba.

En todo eso pensaba ese día por la mañana, esperando fuera del despacho de la Ministra esperando por futuras instrucciones. Iba vestido sobriamente: una camisa y un pantalón negros, su reloj en su diestra y un maletín con cosas médicas indispensables sobre su regazo.

Dirigió una mirada a su reloj en el segundo exacto en que el nueve pasó a ser un cero. Se sonrió para sus adentros, pues había recibido una cierta ayuda para llegar a la reunión en tiempo y forma. Debía ser la primera vez en mucho tiempo que no llegaba tarde por un evento de fuerza mayor.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Miér Ene 22, 2020 11:46 pm

Como en muchas otras ocasiones, la Ministra de Magia tenía que estar presente en muchos eventos internacionales en su mayoría relacionadas con la política. Lo de “en su mayoría” era dicho porque en muchas otras ocasiones era invitada por cortesía o, directamente, por pura representación inglesa en cumbres muy importantes que en su esencia no tenía que ver con política, sino más bien con las relaciones y pactos internacionales.

Desde que se había sentenciado con la maldición, la presencia de McDowell en este tipo de eventos se había reducido considerablemente porque no se sentía cómoda viajando, ya que los consideraba un estrés adicional y eso era detonante de sus ataques; ataques que no era capaz de enfrentar ella sola y en donde ―muy a su pesar― necesitaba ayuda.

Casi a finales de año, no obstante, Abigail tenía que asistir a un evento en Estados Unidos, acompañada de sus grandes amigos los del MACUSA, nótese la ironía. Había tenido grandes diferencias con los del MACUSA, pero había decidido no apostar por su impulsividad y mantener una relación de pura cortesía y cooperación. Sabía que Estados Unidos tenía gran poder en el mundo mágico, por lo que era conveniente tenerlos como aliados, o al menos eso era lo que pensaba Abigail, que eran aliados…

Frente a su gran inconveniente como persona maldita, tuvo que pedir algo de ayuda. Sabía que Alexander iría con ella por motivos evidentes, pero ahora mismo con su problema prefería tener al lado a una persona responsable y profesional, no a un pesado como lo era su asistente. Ella podía llegar a entender que todo lo que Castlemaine le profesaba era absoluta preocupación, pero no estaba acostumbrada a ese nivel de atención y, francamente, se incomodaba muchísimo. Así que ya que había contratado los servicios de un sanador para su bienestar, decidió aprovecharse y “liberar” de esa manera las responsabilidades de su acompañante.

Esa mañana, todavía sin llegar a las ocho, se pudieron escuchar los tacones de Abigail en el tremendo silencio de aquel piso. Los pasos se acercaban a su propio despacho y, cuando llegó a donde estaba su secretario, dejó sobre su mesa una carpeta de color beige, cerrada.

―Asegúrate de tener esto al día para cuando vuelva ―le pidió a su secretario.

―Sí, señorita McDowell ―respondió, antes de sonreír―: Que tenga un buen viaje.

Abigail le obsequió con una cordial sonrisa ―de esas que son meramente formal― y continuó su camino en dirección a su puerta, haciéndole una señal a Laith para que le persiguiera, consiguiendo que el joven sanador ya estuviera de pie para cuando ella pasó a su lado.

―Buenos días, señor Gauthier ―le saludó.

Pese al tiempo que llevaban colaborando juntos, no le había tuteado. A menos que en la relación hubiese algo personal de por medio ―como por ejemplo lo había entre Alexander y ella―, Abigail no solía tutear a nadie sólo por ahorrarse las confianzas. Además, no era muy amante de su propio nombre y si tuteaba a alguien lo lógico sería que dicha persona también te tutease a ti. Y, sinceramente, no tenía ganas de que la trataran de esa manera o la llamasen por su nombre de pila.

La puerta del despacho de Abigail se abrió por sí sola al acercarse, dejando entrar a ambos. La pelirroja continuó hacia su mesa, dejando sobre la mesa otra de las carpetas. Acto seguido miró su reloj antes de mirar a su sanador.

―Sé que te he dado pocos detalles de nuestro viaje, pero hasta hace poco yo tampoco sabía demasiado. ―Se veía en la obligación moral de avisarle de los detalles, pues ella odiaría estar en su posición de desconocimiento―. Será una cumbre política, pero mayormente social. Alexander irá con motivo de tratar los acuerdos a firmar internacionalmente, pero igualmente se necesita mi previa revisión. Además, mi presencia es necesaria porque se reunirán los líderes de cada gobierno mágico. Será en Estados Unidos y, de antemano te digo, que los del MACUSA y nosotros poseemos una relación un tanto… tensa. No roza lo hostil por mera formalidad. El presidente del MACUSA es un imbécil y no dejará pasar la oportunidad de recordar mis faltas a anteriores eventos en estos últimos meses.

Daba a entender que iba en esa ocasión porque era necesario y no podía evitarlo si no quería dar una imagen nefasta. Que Abigail dijese que el presidente del MACUSA era un imbécil era decir, pues el cincuenta por ciento de Inglaterra debía de considerar que ella era imbécil, sin embargo, era diferente tipo de «imbecilidades», pues ella era profesional, mientras que el otro no. Había una gran diferencia.

―Todo el mundo reconoce a Castlemaine como mi asistente, pero tú no vas a ir como mi sanador pues evidentemente eso dará pie a que la gente pregunte ―aclaró, volviendo a mirar su reloj, como si tuviera prisa o algo por el estilo; realmente estaba esperando que diesen las y diez, momento en el que la Red Flú de su chimenea se activaría para poder trasladarse fuera del país durante cinco minutos. No quería que se le pasase el tiempo por estar hablando. Irás como mi abogado, especializado en acuerdos internacionales y como consejero de Castlemaine. No sé si estás familiarizado con este tipo de eventos, pero no debes ponerte nervioso.

Volvió a mirar el reloj mientras salía de detrás de su escritorio y le señalaba a Laith con la mano, suavemente, hacia la chimenea de Red Flú. Había pedido expresamente ir en ese medio porque los trasladores y la aparición últimamente le afectaba mucho.

―La agenda es sencilla: hoy lo único que habrá será un almuerzo y el resto del día lo tendremos libre. Evidentemente solo necesito que me acompañes cuando hay grandes multitudes, por lo que el resto del tiempo eres libre de hacer o irte a donde quieras, siempre que pueda contactar contigo fácilmente ―le permitió―. Sé que eres de allí, pero ignoro si tienes familia o amigos todavía en Estados Unidos, por lo que siéntete libre de hacer lo que quieras cuando no tengas la obligación de estar a mi lado. ―Le obsequió, para añadir entonces lo que le faltaba―: El sábado por la mañana será la reunión para tratar acuerdos y contratos, por la tarde he quedado con los líderes japoneses para merendar sushi y por la noche es la gran velada, de etiqueta; espero que hayas traído un esmoquin y si no te lo compramos allí ―dijo con despreocupación―. El domingo nos limitaremos a desayunar en despedida y, si no surge ningún imprevisto, deberíamos estar de vuelta al mediodía. ―Hizo una pausa y bajó las manos, guardándolas en los bolsillos de su pantalón de traje―. ¿Alguna pregunta? ―Señaló con la cabeza la chimenea―: Iremos en Red Flú tú y yo en dos minutos, pues Alexander se retrasará por motivos personales.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Dom Ene 26, 2020 2:56 am

Reconocía la importancia de su trabajo, por más secreto que fuera. Sabía que estaba tratando con alguien reconocida en el Mundo Mágico… y eso conllevaba una exigencia mayor de su tiempo y sus recursos. Lo dejaba, por supuesto, tan expuesto como ella al mundo, en especial al referirse al mundo de la política. Se preguntó, en el fondo de sí, si ser visto cerca de alguien podía ser penalizable en su utopía donde el mundo volvía a acomodar los pies y la cabeza en su lugar.

Borró cada pensamiento cuando la Ministra llegó para dirigirse a su despacho y se puso de pie en cuanto ella se lo indicó, presto y eficiente, yendo tras sus pasos.

Buenos días, señorita McDowell —contestó a su saludo, sin caer en la descortesía ni en la indiscreción. No fue hasta el interior y la privacidad de una puerta cerrada que preguntó—: ¿Cómo se siente hasta ahora?

Normalmente, su trato solía ser más personal y menos refinado. Le gustaba la confianza, pero, por alguna razón, no le importaba mantener esa distancia prudencial de Abigail McDowell. Seguramente porque, incluso tras todo ese tiempo colaborando, continuaba pensando que era mejor andarse con cuidado a su alrededor. No estaban ahí por otra razón que no fuera una necesidad mutua: ella, de recuperar su salud; él, de satisfacer su altruismo y su curiosidad científica.

De su parte, tenía una facilidad casi masoquista para poner las manos al fuego o de hacer saltos de fe sin paracaídas. Había ido ahí sin la más mínima idea de dónde iba o por qué, con la única noción de acompañarla para velar por su seguridad y su salud. Y eso, para bien o para mal, había bastado para saberlo comprometido.

Enterado —contestó brevemente.

Si bien le provocaba curiosidad, no preguntó más de lo que necesitaba saber, precisamente porque era irrelevante que saciara sus preguntas o no. Claro que sería interesante conocer información más allá de la revelada mediáticamente, mas no era su campo de experiencia o siquiera su tema para tratar.

Por supuesto, no se preocupe por mí —si bien no eran los eventos de cumbre política a los que estaba acostumbrado, sí sabía lo que era estar en medio de gente importante.

Más allá de lo que él era, había sido bien criado, lo que se esperaba de un apellido reconocido. Sabía ser elegante y comportarse en situaciones sociales refinadas, por mucho que no fueran de su predilección. Siendo él tan transparente, no le gustaba sentir a la gente portando máscaras: ese era el motivo por el que el trato personal lo encontraba más ameno.

Contaba a su favor que conocía las leyes británicas y americanas, al menos en esencia, y que era elocuente al hablar cuando así se lo proponía. Lo que no supiera, quizá podría inventarlo y pasar desapercibido. Y por más que se sintiera preparado… había ocurrido lo que siempre pasa cuando a alguien le dicen que “no se ponga nervioso”: se ponía nervioso.

En realidad soy de un poco más al norte, señorita McDowell: de Canadá —le corrigió—, pero no se preocupe, estaré disponible siempre que me necesite, sabe cómo contactarme —con el bolígrafo que le había facilitado, por supuesto, para avisarlo de que necesitaban encontrarse.

Escribió su itinerario en un block de notas mental. Si bien no había nacido en Estados Unidos, sí había estudiado y muchas veces vacacionado ahí, así que conocía más de un lugar y ya tenía en mente un par de sitios donde ocupar su tiempo libre. Ya empezaba a hacerse la idea de qué tipo de eventos iba a encontrarse: un almuerzo demasiado formal y únicamente para reconocer a los asistentes, un desayuno todavía más tenso donde debería sacar al abogado que llevaba dentro, un almuerzo seguramente con mortífagos o simpatizantes, y un evento ostentoso antes del cierre final.

Todo está claro, no tengo ninguna pregunta —le aseguró.

En resumen: sí, estaba nervioso, pero también convencido de que volvería a casa unos días después y todo estaría bien.

Lo que más nervioso lo tenía… era la jodida red flu.

Laith era del tipo de personas que podía meterse veinticuatro horas en un avión con tal de no transportarse mágicamente. Ninguna transportación mágica era amable con su sistema, así que no había gana alguna de utilizarlas. Pese a todo, no demostró su incomodidad o inconformidad y se limitó a esperar a que la red se abriese para ellos.

Cuando fue oportuno, hizo una señal con su mano para invitarla a pasar primero. Escuchó fuerte y claro la instrucción que dijo, y acto seguido la siguió él. En cuestión de segundos ya estaba en otra chimenea: las piernas le habían temblado al sentir que volvía a tocar suelo y se sujetó un momento del borde de la misma mientras se recuperaba.

Malditas fueran las apariciones en cualquiera de sus presentaciones.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Dom Feb 02, 2020 8:44 pm

―Cansada ―respondió con honestidad a su pregunta, sin intenciones de mentirle a su sanador.

Pese a que la frase podía sonar hasta humorística por la cantidad de vagos que poblaban el planeta últimamente: literalmente Abigail vivía cansada por culpa de la maldición y todo lo que le ocasionaba.

Pasó página y continuó al interior del despacho, en donde le explicó a Laith ―por encima― la agenda a la que se enfrentaría el fin de semana. Podía intuir que Gauthier no tendría nada de ganas de tener que enfrentarse a esas formalidades, pero ahí en donde la veías, McDowell estaba muy, muy cansada de ese tipo de eventos, por lo que ir en sus condiciones actuales le suponían un desagrado aún mayor.

Pero tenía que aguantarse porque era su responsabilidad y se esperaba su asistencia.

No iba a negarlo: últimamente estaba viéndole a la vida un valor que nunca le había dado a la misma. Siempre se había visto muy preparada para morir debido a lo que se dedicaba, pero ahora que veía pasar lentamente su vida hacia la muerte ―pues cada vez se veía más pesimista con respecto al tema de encontrar una cura― se daba cuenta de lo que valía su vida y que no quería morir.

Tenía miedo de morir de esa manera tan humillante y patética después de haberse convertido en lo que era, pero sobre todo tenía miedo a morir porque tenía la sensación de que se había pegado su vida jugando con la vida y la muerte y que esto no era otra cosa que un karma bien merecido.

Claro que nunca la escucharías decirle eso a nadie: ni a Caleb, la persona con la que más confianza tenía, sería capaz de decirle nada de eso. Nunca había sido una mujer que exteriorizase sus sentimientos, básicamente porque siempre habían sido muy apagados.

―Cierto ―reconoció cuando le corrigió diciendo que era de Canadá, pues realmente lo sabía al haberlo leído en su currículum cuando contactó con él―. Tiendo a olvidarme de Canadá y su asistencia a Ilvermorny me hace considerarlo estadounidense ―excusó su confusión.

Tras dejar todo medianamente claro, Abigail fue la primera en coger la Red Flú para trasladarse a Estados Unidos cuando ésta fue activada. Una vez llegó al otro lado, ya bastante acostumbrada a ese tipo de viajes ―pese a que se sentía cansada―, mostró una sonrisa de lo más cordial a Hardy Jolyon, el presidente del MACUSA.

Éste le sonrió con encanto o, como le gustaba llamarlo a Alexander y a ella, un «encanto siniestro» pues aquel hombre era de todo menos encantador, por mucho que se las diera de eso. Era un hombre joven, de pelo canoso y ojos de distinto color. Él presumía de heterocromía y de ser especial, pero Abigail estaba seguro de que era tan narcisista que debía de ser algún tipo de encantamiento.

―¡McDowell! ¡Qué placer volver a verla con mis ojos! ―dijo con alegría, acercándose a ella para darle la mano y ayudarla a salir de la chimenea.

―Jolyon, el placer supongo que es mío ―le contestó. Abigail ya había llegado un punto en el que era cordial, pero lo justo y necesario. Aquel hombre siempre le había transmitido muchísima desconfianza y no pretendía pasarle ninguna.

―¿Y su disciplinado asistente no viene con usted en esta ocasión? ―preguntó al ver la chimenea vacía.

―Vendrá para las reuniones importantes ―le contestó, antes de ver de nuevo el resplandor de la Red Flú y como un Laith mareado aparecía en el interior―. Él es Laith Gauthier medimago en San Mungo y mi abogado personal.

Abigail no era imbécil: Gauthier tenía su prestigio en Londres, ergo si alguien iba a informarse de él vería claramente que era sanador, por lo que lejos de mentir completamente con su formación y quedar ella de mentirosa frente a una posible investigación, simplemente le iba a añadir una formación por la que perfectamente no podría trabajar de activo.  Y si se ponían tontos, Abigail tenía muy fácil el falsificar una credencial que pudiera justificar a Gauthier como abogado, al menos para los entrometidos.

Así que antes de que Hardy pudiera decir nada, ella continuó dejando claro el por qué de su presencia.

―Castlemaine entiende mucho de política pero poco de contratos; aquí necesitamos a alguien experto. ―Con la mano invitó a Laith a salir de la chimenea, para presentar formalmente―: Señor Gauthier, él es Hardy Jolyon: Presidente del MACUSA.

Éste, con ese encanto siniestro, le tendió la mano a Laith.

―Siempre es un placer seguir conociendo a la gran plantilla inglesa ―le dijo.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Vie Feb 07, 2020 9:29 am

Asintió, simplemente, cuando le dio su estado general. Lo cierto era que, si bien no metía las narices donde no lo llamaban, había una comprensión silenciosa y respetuosa respecto a la maldición de la Ministra de Magia. Él sabía que no tenía que ser fácil convivir con algo que parecía estarla devorando por dentro, consumiendo su energía y volviéndola al mismo tiempo una presa para cualquiera que quisiese aprovecharse de ello. Y, para bien o para mal, Abigail McDowell tenía una larga lista de enemigos.

A él le tocaba ser profesional y actuar de acuerdo a su propio código de ética, que estaba fuertemente ligado al Juramento Hipocrático. Debía ser por eso que había aceptado ese trabajo, porque no imaginaba que nadie medianamente razonable y con su modo de actuar pudiese aceptar meterse en la boca del lobo.

La corrigió cuando se equivocó con su nacionalidad más por puro orgullo nacional que por cualquier otra cosa. Mucha gente, en especial lejos de Norteamérica, tenía esa confusión entre los dos países, pero eso no significaba que le agradase la confusión. De todos modos, era lo suficientemente amable y educado como para corregirlo con suavidad y no picarse por ello.

Maldijo a Merlín y a quien hubiese inventado ese método de tortura medieval cuando cruzó la Red Flú. Uno diría que un método tan controlado de movilización mágica no le causaría tanto mal, pero se equivocaría estrepitosamente. El problema no era el cómo, sino Laith y su cuerpo. Y lo peor de todo es que tuvo que obligarse a recomponerse rápidamente porque no había forma de que se sintiera cómodo dándose un minuto en tales condiciones.

Nada más llegar vio a Hardy Jolyon. Por mucho que le hubiese corregido su nacionalidad a la Ministra, ella tenía razón en una cosa: Ilvermorny hacía que uno tuviese que mirar hacia Estados Unidos y él estaba bien informado de aquellos dos países, que eran parte de él de dos modos distintos.

No se olvidó de las conversaciones con amigos del pasado con cotilleos que involucraban a la MACUSA, pero claramente no exteriorizó nada de eso. Ni siquiera lo tremendamente incómodo que se sintió al ser considerado “gran plantilla inglesa”; no pudo evitar imaginar cómo su abuelo revolcaba cada ceniza que habían hecho en su cuerpo al morir.

Por fuera, sonrió y fue elegante, estrechando firmemente la mano de Hardy Jolyon.

El placer es mío —le dijo, otra mentira.  Ya imaginaba la resaca social que iba a tener al regresar a casa. Notó el esfuerzo de la muñeca del presidente de la Macusa para doblegar su mano en un gesto no verbal de poder, pero Laith mantuvo inamovible la suya hasta que el gesto terminó.

Se tranquilizó pensando que sólo tendría que sobrevivir un almuerzo y, técnicamente, no tendría que estar revoloteando alrededor de la Ministra el resto del día. Por lo pronto, se había puesto una máscara, la que lo señalaba como el abogado al servicio de Reino Unido. Tenía que ser ingenioso y llevar un papel convincente justo como un actor debería hacerlo.

No debió ser ni abogado, ni sanador: debió ser actor de profesión.

Estoy seguro que se llegará a la mejor alternativa posible para los acuerdos negociados —dijo con naturalidad, como si tuviera toda la idea de cómo se llegaba a esa alternativa y cómo eso influía el plano legal de un país al momento de tratarse.

Sólo pudo reírse por dentro, manteniendo en su rostro un gesto relajado y formal con una sonrisa cordial.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Lun Feb 10, 2020 11:49 pm

Cuando Abigail observó a Laith decir aquello, supo perfectamente que debía de haberle avisado con al menos dos días de antelación para que se preparase el papel.

«Estoy seguro que se llegará a la mejor alternativa posible para los acuerdos negociados».

Quizás era porque sabía que no era abogado o porque estaba acostumbrada a ver fingir a la gente pero… menos mal que tenía una gran habilidad en no reírse en la cara de las personas porque si no ella misma hubiera evidenciado la identidad de Laith.

Para camuflar un poco aquel momento, Abigail volvió a mirar a Jolyon y optó por cambiar de tema antes de que éste pudiera preguntar nada. Él era muy astuto, por lo que antes de darle oportunidad alguna en meter sus narices en el personal inglés, Abigail tenía mucha capacidad para sacarle tema suficientemente llamativo como para hacerle perder sus primeros impulsos. Jolyon sería astuto, pero Abigail era manipuladora por excelencia.

―Entonces, Jolyon… ¿cómo estará dividida esta cumbre? ―preguntó, siendo muy consciente de que esa pregunta vendría de la mano de una respuesta falsamente condescendiente y cargada de soberbia―. Tengo entendido que repetiremos el sábado por la noche la gala en su mansión, ¿no es así?

Darle bola para resaltar su ego era fácil para Abigail, pues conviviendo durante toda su vida con un ego desmesurado, sabía cómo mimar el del resto, aunque le importase una soberana mierda todo lo que tuviera que decir.

Estuvieron soportando el narcisismo y la prepotencia de Hardy Jolyon durante todo el camino por el MACUSA hasta la entrada, en donde estuvieron aproximadamente diez minutos intercambiando opiniones en donde Jolyon hablaba un ochenta por ciento de la conversación. Cuando por fin se calló, Abigail y Laith pudieron meterse en la limusina habilitada para ellos, no sin antes tener que soportar su caballeroso gesto de abrirle la puerta. Fue demasiado descarado ―para el chófer y Laith, que ya estaba dentro― el cambio en la cara de McDowell: si bien sonreía de manera cordial, cuando entró su sonrisa desapareció por completo, incluso adoptando un gesto un tanto asqueado.

No solo le caía mal Jolyon, sino que le parecía un hortera y un imbécil.

―Un día de estos no voy a poder evitar la arcada a sus gilipolleces y le voy a vomitar en la cara ―murmuró con mala gana.

El chófer, lejos de ir a chivarse, bufó divertido con disimulo antes de pisar el acelerador y arrancó. Era una limusina mágica, como el autobús noctámbulo, por lo que desde que arrancó, empezó a ir mucho más rápido, sorteando los vehículos.

A Abigail no le importaba lo que pudiera decir un chófer; ella se responsabilizaba de lo que decía directamente, no de lo que terceros decían que ella había dicho. Además, sabía muy bien que daba miedo suficiente como para que nadie viniese de valiente a "joderle la paciencia" a la Ministra de Inglaterra. Tenía fama, precisamente, de ser una mala zorra.

―Te aconsejo no hablar con Jolyon: no te aportará nada más que irrelevancias. ―Encima tenía mal aliento y tenía la mala costumbre de hablar muy cerca―. No te vendría mal entrenar un poco frente al espejo qué decir o cómo decirlo; o bien limítate a evitar temas en donde no entiendas y cambiar la línea de la conversación antes de que se complique. ¿Eso se te da bien? Es tan fácil como sacar un tema que controles de la manera más disimuladamente posible.

McDowell lo hacía a todas horas, pero no porque no controlase un tema, sino porque no quería tratar dicho tema.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Jue Feb 13, 2020 10:05 am

No pasó desapercibido el cambio de tema, y, en el fondo, lo agradeció. Esa parte interna de Laith, la razonable que no hablaba muy a menudo, le hizo preguntarse en qué demonios se había metido.

Al menos sabía hacer una cosa: callarse y asentir, lo que era más que suficiente para que Hardy Jolyon no sintiera que estaba hablando con una pared. A veces, devolvía una palabra clave en forma de pregunta, y eso bastaba para darle cuerda al muñeco que era y seguir hablando sin detenerse, hasta que finalmente estuvieron fuera de la MACUSA.

Entrar en la limusina fue el equivalente a quitarse una apretadísima faja que lo hacía tenerse recto. Fue cosa de ver a la Ministra y su cambio para saber que había tenido un efecto más o menos parecido, aunque el de ella era de puro desagrado. Lo normal, cuando uno trataba con alguien con un ego tan grande que a veces preocupaba que no cupiese por la puerta.

No contestó nada a su murmullo, si bien lo escuchó. Miró a través de la ventana, lo poco que se podía ver cuando se había alcanzado la velocidad mágica y apenas se veía un borrón en el exterior, no lo mismo para el conductor que era capaz de ver todo en su plenitud. Personalmente, nunca había sido muy fan del transporte mágico. Era demasiado nomaj para ser mago, lo sabía, entre su falta de gana de aparecerse y su falta de gusto por los transportes mágicos.

Se volvió hacia Abigail cuando se dirigió directamente a él—: Por supuesto —contestó—. Hace mucho no tenía que estar en una situación tan… —“estirada”, pensó, pero esa no era una palabra agradable—, protocolaria —añadió cuando encontró la palabra en su diccionario mental—. Trabajaré en ello —le aseguró.

Él era un médico. Más que protocolario, uno se basaba en una serie de reglas simples, bajo la teoría de que la ciencia era una. Si bien uno tenía que cuidar sus palabras para no ponerse una soga al cuello… era más complicado trabajar con ciencias sociales. Se consideraba una persona extrovertida y social, era distinto cuando se tenía que esforzar en ser demasiado decoroso, sobre todo si encima estaba pretendiendo saber de un tema del que, de hecho, mucho no sabía.

Lo que más le importaba, lejos de ello, era una serie de cuestiones que quería hablar con la Ministra de Inglaterra ahora que había tenido tiempo de digerir la información recibida antes de llegar a Estados Unidos. Materia que debía ser tratada con cuidado y en privado, por mucho que no le importase que el chofer la escuchase despotricar sobre Jolyon.

Me gustaría, de ser posible, encontrarnos treinta minutos antes de cada evento para tratar algunas cuestiones antes del acontecimiento —le dijo, en un tono bastante imparcial, pero que quedaba claro intrínsecamente a qué se refería: quería revisarla antes de cada suceso y, de ser necesario, medicarla acorde a los síntomas para evitar un problema mayor.

Podría no ser capaz de predecir un ataque de su maldición y tampoco de curarlo inmediatamente, pero su labor era servir para hacerlo lo más llevadero posible y que soportase cada actividad adecuadamente hasta su retorno. Si no hacía su trabajo y llevaba a cabo dicha misión, entonces le habría llevado para nada, y rechazaba la idea de tener que haber ido ahí para no hacer nada.

Luego, tenía asuntos personales pendientes que quería resolver a la brevedad, tan pronto tuviera tiempo para sí mismo. Al menos estaba al alcance de la Ministra si ella lo necesitaba, pero no pretendía desaprovechar su estancia ahí, aún si le costaba horas de sueño tener que hacerse espacio para ello.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Sáb Mar 07, 2020 1:32 am

McDowell, aunque nunca lo hubiera puesto en palabras o en acuerdos escritos ―por mera confidencialidad― pagaba muy bien a Gauthier, por lo que esperaba sin pedirlo con palabras el máximo de su esfuerzo, tanto para poder pasar como lo que supuestamente era, como con respecto a su apoyo médico, que a fin de cuentas era lo más importante. Abigail sabía que su asistente era bastante capaz de poder lidiar con todo eso, pero teniendo en cuenta que era un dramático temía que fuese demasiado evidente y poco discreto, por lo que había delegado la ayuda necesaria en un posible ataque en un sanador experimentado que sabría cómo comportarse en una situación en donde Abigail pudiera tener un ataque.

Así que cuando amablemente Laith pidió una encuentro media hora antes de cada evento, la pelirroja se limitó a asentir.

―No hay problema ―le contestó con serenidad―, estaré preparándome en mi habitación media hora antes de cada evento. Eres libre de venir desde que estés preparado para pulir los detalles que consideres necesarios.

Ella era la típica que se vestía lo último, pero le daba francamente igual terminar de prepararse con su médico en la habitación. Eso sí: no le apetecía en absoluto quedar media hora antes, totalmente preparada, sólo para sentarse en una mesa y “hablar” sobre cualquier cosa que podía tratar de la misma manera en la que se terminaba de vestir.

El coche se deslizó mágicamente por todas las calles de Nueva York, sin apenas dar fuertes giros pues estaba mágicamente encantado para que no fuera un viaje demasiado abrupto e incómodo. Teniendo en cuenta que toda esa experiencia iba de la mano del propio Jolyon… interesaba que todos los grandes cargos del mundo tuvieran la mejor vivencia posible de todo eso.

No dijo nada más, pues sabía por experiencias pasadas que tardaría poco en llegar al hotel en donde se hospedarían y, por mucho que aquel chófer no fuese a decir nada, prefería no seguir tentando a la suerte, por mucho que le gustase.

Una vez en el hotel, Abigail bajó del coche sin esperar a que nadie le abriese la puerta ―pues tenía cierta tirria a actos “caballerosos” que bien podrían tacharse de machistas― y comenzó a caminar hasta el interior del hotel, pues el botones había dicho que él se encargaba de llevar las maletas a la habitación. En realidad eran dos maletas, pero nunca a nadie en esta vida le gustó cargar como una mula.

Así mismo, por el camino una señora le dio a Laith y a Abigail una tarjeta y, con un simple hechizo rápido, vinculó dicha tarjeta con ellos. Las puertas de las habitaciones correspondientes a cada uno se abrirían sencillamente sujetando el pomo con sus propias manos y no girarían frente a las huellas de ninguna otra persona.

Aprovechando que ambos habían salido de allí en la misma dirección, pues tenían habitaciones continuas en la segunda planta, Abigail aprovechó para hablar.

―¿Algo que quieras discutir antes del almuerzo o el evento de esta noche? ―preguntó con libertad―. Quizás debería mencionarte quién quiere ver arder Inglaterra y con quién nos llevamos bien, ¿no? ―Sonrió por la sinceridad―. Entiendo que la gente como tú no entiende demasiado de política y, aunque no pueda parecerlo, le caigo bien a algunas personas.

La pelirroja era más que consciente de lo que inspiraba. Sabía que inspiraba temor porque llevaba años queriendo que fuera así y sabía perfectamente cómo la veían la mayoría de los ingleses. Sus maneras de conseguir el poder, sin duda, habían conseguido todo eso y… ahora mismo no tenía ni ganas ni intenciones de arrepentirse. Nunca había tenido intenciones de ser una líder comprensiva o buena. Creía que su frialdad, astucia e inteligencia era lo mejor para su país y así iba a seguir.

―Pero como la gran mayoría, hay muchos que no me soportan y ven en mí el grandísimo grano en el culo que soy ―continuó, sin pelos en la lengua―. Y más de uno no tardaría en intentar utilizarte al ver que eres nuevo, por lo que mejor advertirte en este momento que aquí hay personas mucho peores que yo.

McDowell no pensaba que Laith tuviera un concepto demasiado catastrófico de ella ―pues la estaba ayudando sin haber sido obligado ni presionado―, pero era muy consciente de que muchas de las cosas que había hecho eran públicas y era fácilmente intuible al ver su marca tenebrosa, su frialdad y su manera de actuar la de cosas que había hecho antes de llegar a ser Ministra de Magia.

Y porque Laith, ahora mismo, estaba viendo una versión de Abigail McDowell prácticamente asustada y "moribunda"... porque si no sí que sería todavía más fácil intuir lo hija de puta que había sido de ahí para atrás.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Miér Mar 11, 2020 1:56 am

Honestamente, Laith no consideró que se inmiscuyera en medio de una Abigail McDowell a medio vestir pidiendo aquellos encuentros. Por otro lado, entre lo profesional que era como médico y que realmente no tenía interés alguno en las féminas, terminaba por darle bastante igual, mientras pudiera hacer su trabajo. Era más por pudor y respeto a la Ministra que al riesgo a que él pudiera sentirse incómodo o avergonzado por ello. Incluso podría ser beneficioso, por si tenía que revisarle físicamente en busca de alguna señal de que algo no anduviera bien.

Llegaron al hotel rápidamente y bajaron del vehículo. El sanador recordó en algún momento de su vida ver ese hotel, pero nunca hospedarse en él. Tuvo la sensación de que el paso del tiempo no había dañado, antes de recordar qué era lo que hacía ahí: ser un sanador al servicio de la Ministra británica.

No demoraron en entrar y se les proveyó una tarjeta para sus habitaciones respectivas, que estaban lado a lado, mostrándoles que necesitaban seguir el mismo camino hasta la segunda planta.

Por supuesto, cualquier dato que pueda brindarme será de utilidad —asintió con la cabeza, con las manos entrelazadas a su espalda mientras caminaba—. Sobra que le diga que realmente no van a conseguir gran cosa de mí, pero saber que están intentando usarme sería lo más adecuado —le contestó, con la firme creencia de que así era.

Probablemente ayudase a su propia coartada vigilar eso y no parecer un tonto por no darse cuenta de los esfuerzos por dañar al Ministerio Británico.

Laith mismo había tenido sus propios pensamientos, conclusiones, e incluso sus paranoias sobre Abigail. Al final, todo importaba poco. Su labor iba más allá de sus creencias, pero no pisaba sus principios. Su principio siempre había sido hacer el bien sin mirar a quién, por ponerlo en palabras: él no era juez ni verdugo, era sanador, por más que la persona en su servicio fuera mala.

***

Tenía un rato libre antes del almuerzo, y ganas de no marcharse de ahí sin haber dejado pasar la oportunidad de abastecerse con ingredientes de dudosa procedencia. Laith no preguntaba y su vendedor no se lo decía. Era verdad que, durante la noche, las sombras protegían los hechos delictivos… pero eso no significaba que no ocurriesen a plena luz del día.

Se encontró a sí mismo caminando a través de un barrio desagradable, por decir lo menos. No por la abundancia de la gente sin hogar, sino por las miradas que muchos de ellos le dedicaban. Eran calles peligrosas, llenas de desconfianza y odio. Se sorprendió de recordarlo todo tan bien: los pasadizos, los puntos de referencia… Él no era del tipo “barriobajero”, sino más bien un muchacho con tendencia a tomar malas decisiones. Probablemente fuera peor que una “mala decisión”.

No llamaba la atención cuando llegó a la puerta. Era una puerta destartalada de madera roída, sin piedad tratada por el paso del tiempo, dentro de un callejón sin salida. Ninguna de las cuatro puertas emitía ruido alguno, nada provenía del interior de las casas cuya salida trasera desembocaba ahí. Tocó rítmicamente con la punta de la varita: tres cortos, un corto y un largo, dos cortos, largo, corto, corto.

La puerta se abrió mágicamente, mostrando ante él un pasillo largo y estrecho. Entró sin pensarlo, con el corazón agitado, como se entra a la boca del lobo. Era una tienda pequeña, cinco personas además de él estaban ahí. El tipo de venta era inusual, por decir lo menos. Laith se acercó automáticamente a la registradora.

Soy pocionista, ¿tienes algo especial? —le preguntó en voz baja, en una confidencia.

El anciano lo miró con unos pequeños ojos marrones—. ¿Qué estás buscando? —preguntó. Hubo un duelo de miradas—. Tengo semillas de tentácula venenosa y veneno de streeler —silencio. Otro duelo de miradas—. ¿Buscas venenos o… materiales?

Ambos —aclaró—. Estaba pensando algo como… Sangre, venenos difíciles de encontrar… —le dijo, dándole una idea de qué estaba buscando.

Aquel viejo miró a los dos lados y le hizo un gesto con la cabeza, abriendo la compuerta del mostrador. Lo invitó a pasar, y Laith cruzó un cuadro mágico recubierto con una tela que no se detectaba a simple vista. Más allá estaba lo verdaderamente peligroso, los bienes no comerciables más penados.

Tampoco estaba vacío, pero había menos personas todavía que en la parte “abierta al público”.

Ahí cada quien se servía solo, sólo había un guardián que daba mucho mal rollo que impedía que salieran de ahí con cosas ocultas y se encargaba de cobrar todo lo que saliera. Laith se acercó al estante de venenos, seleccionando los que necesitaba.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Mar Mar 17, 2020 9:31 pm

***
Wyatt Raynes || #cc9999

Los Raynes habían conseguido sus riquezas gracias al contrabando de criaturas mágicas exóticas, por lo que eran una familia muy, muy millonaria en Estados Unidos. Los líderes de la familia ni siquiera trabajaban en altos cargos en el MACUSA, sino que eran simplemente inversores y sobrevivían gracias a los contactos que poseían.

Muchos de los Raynes continuaban ganándose su fortuna a través de las criaturas mágicas, pero desde un ámbito secreto e ilegal: el mercado negro. Teniendo en cuenta la cantidad de dinero que manejaban, salvaguardar su inocencia y limpiar sus manos era demasiado fácil para ellos. No eran simplemente «unos más» en el mercado negro, sino que muchos los consideraban «EL» mercado negro estadounidense. Si hablabas de eso, hablabas de los Raynes. Muchos ocultaban el nombre por respeto o miedo, otros preferían no nombrar nada que pudiera dar de qué hablar, mientras que otros directamente lo ignoraban.

Wyatt Raynes, un joven de veintitrés años, astuto y mimado, era uno de los encargados del sector mercantil de las pociones y las maldiciones. Poseía tanto dinero que dentro de un año no tendría problema con encontrar papel higiénico en los supermercados por culpa del COVID-19, pues podía limpiarse el culo con billetes de cien dólares.

Su padre le había dejado el negocio al tener ya demasiada edad para, por sus propias palabras, «tratar con tanto gilipollas incompetente», por lo que Wyatt estaba intentando seguir desde hacía poco los pasos de un magnate de la mafia.

Ahora mismo Wyatt se encontraba en una de las tiendas en donde se hacían intercambios, pedidos y que estaba totalmente regentada por los Raynes por mucho que aquel anciano siguiera estando en el mostrador. Ataviado con un impoluto traje de color negro, su mirada azul estaba fija sobre un hombre que le sacaba unos cuántos centímetros a lo ancho, sin embargo él, sin achantarse lo más mínimo, golpeaba con el dedo índice varias veces en su voluptuoso pecho, con autoridad.

―¿Te crees que tengo tiempo de lidiar con perdedores, Thomas?

―Per…

―«Pero, pero…» ¡No me des excusas! ―Pese a notarse visiblemente alterado, no alzaba exageradamente la voz, sino que se notaba a la legua que estaba moderando el tono de voz―. Si te pido que lleves la mercancía a tal sitio a una hora, tú llevas la mercancía a ese sitio a esa hora. Y si no lo haces, entonces no me sirves. ¿Y sabes qué es lo que hacemos con los que no nos sirven, Thomas?

Se hizo el silencio.

―Te he hecho una pregunta, Thomas.

―Sí, señor Raynes.

―Entonces, por tu bien, asegúrate de no volver a cagarla ―continuó hablando, ajeno a la presencia de un nuevo mago en la trastienda. Se colocó el pelo, un tanto metrosexual, haciéndose hacia atrás para separarse de tremenda mole de persona―. Las pociones las tienes que llevar al muelle número tres y el resto de mercancía al puerto de Boston, que hay un barco que va a salir hacia Inglaterra mañana ―dijo, distraído, colocándose la camisa que salía elegante por debajo de su americana a la altura de la muñeca. Se podía ver perfectamente su reloj de oro que probablemente costase más que la vida de una persona.

―Está hecho.

―Más te vale. Ahora lárgate de aquí.

Thomas, cabizbajo, se fue de allí sin decir nada más. Él era un simple transportador, pero desde que tuviera el mínimo retraso, la mínima duda o el mínimo fallo, era severamente castigado. Los Raynes no habían hecho su fortuna gracias a retrasos, dudas o fallos.

De un momento a otro, Wyatt, que seguía distraído observando su reloj, gritó:

―¡Benedict! ―Era el nombre del anciano, el cual entró rápidamente a esa zona―. Hazme llegar el nuevo pedido de Gun para empezar a moviliz... ―Y entonces se dio cuenta de una cara nueva, la de Laith Gauthier. Una cosa estaba clara: Wyatt no era muy discreto pues ahora mismo se sentía como si estuviera en su propia casa.

Wyatt estaba más que acostumbrado a ver siempre las mismas caras: moviéndose en el sector que se movía, sabía quiénes solían pagar por conseguir las cosas más rápido y de la mejor calidad, por mucho que sean ilegales.

―¿Qué es lo que estás buscando aquí? ―preguntó directamente al desconocido, casi en un tono formal―. ¿Por qué no has entrado con él para guiar al nuevo? ―Reprochó a Benedict.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Jue Mar 19, 2020 1:36 am

Leía las etiquetas; si algo le interesaba, lo abría y olía su interior, identificando ingredientes. Muchos de los venenos olían a limón, un aroma que Laith siempre había identificado como el olor de la muerte. No tenía, con ellos, intenciones mortales, sino su uso como ingredientes dentro de las pociones de dudosa procedencia que en ocasiones hacía. Había veces que había precios a pagar para un desarrollo médico, y eso no podía negarlo, por más que lo disgustara. Precios como utilizar ingredientes ilegales.

Al movilizarse a la zona de partes de criaturas, detectó una conversación de dos personas. Intentó no prestar atención al comienzo, pero no pudo evitarlo, acabando por detectar lo que decían. Algo sobre una mercancía que iba a viajar hasta Inglaterra. Fue incapaz de no preguntarse qué tipo de pociones eran las que querían llevar ahí con tanta urgencia, y todo eso lo pensaba mientras seleccionaba todo lo que necesitaba.

Su primer vistazo hacia el par fue cuando uno de ellos se marchó. Se fijó en el que quedaba: tenía cara de niño bonito y ataviado en un traje elegante. Le dio la impresión de que lo conocía de otro sitio… No, más bien, que su cara le sonaba de otro lugar, del rostro de otra persona. Era unos años más joven que él, eso sin duda, y demoró unos minutos en darse cuenta de a quién le recordaba.

No soy cliente frecuente, pero no soy tan nuevo como crees —le dejó caer, enarcando una ceja. En ese momento, como un flash de memoria, su cara coincidió con otro rostro, mucho más distante.

Laith no se jactaba de sus relaciones con ese sector del Mundo Mágico, pero nadie podía estar inmiscuido en el mercado negro norteamericano si no le sonaba el apellido Raynes. Bastaba con saber la cantidad de dinero que poseían para que hasta en Canadá se escuchara de ellos, y escarbar en las cañerías de la sociedad para descubrir la cantidad de movimientos ilegales que tenían.

En el pasado, incluso su abuelo –aunque siempre lo negase- había tenido contacto con ellos. Sus contactos representaban la facilidad de adquirir cualquier ingrediente de pociones, si es que podían pagarlos. Los Gauthier podían pagarlos, aunque su fama era mucho menor, perdida en el tiempo.

Sólo compraba unas cosas, estaba por marcharme —le dijo, mostrando lo que llevaba en la mano izquierda, pues el brazo derecho lo ocupaba al menos una docena de materiales. Lo que llevaba era un frasco grande con ocho ojos de importante tamaño: acromántula.

Guardó sus compras en un maletín, una vez hechos los números por Benedict, y pagó con una cuantiosa suma de dragots. Había pasado por el banco antes de ir ahí, pues era estúpido darles una cuenta de banco con la que podían rastrearle, por mucho que no le hiciera gracia llevar tanto dinero encima. Ahora tampoco le hacía gracia llevar tantos productos encima, pero para eso tenía un mejor plan de indetección, una vez volviera al hotel.

¿Eres… hermano de Preston? —le preguntó distraídamente, mientras Benedict contaba su dinero para asegurarse que todo estuviera en orden.

Preston Raynes era el primo de Wyatt, mayor por al menos una década, que se encargaba de los negocios de su tío en la compraventa de criaturas para su disección y venta de partes como ingredientes mágicos, o bien como trofeos. En el pasado, e incluso ocasionalmente todavía, seguía en contacto con él, particularmente cuando viajaba a Norteamérica. Le gustaba sentirse, de alguna forma, irrastreable en Reino Unido por sus contactos en Norteamérica.

En el fondo de él, esperaba que terminase de contar y marcharse de ahí inmediatamente. Exteriormente estaba calmado, sin demostrar esa intranquilidad. No conocía el modo de operación de Wyatt y, juzgando por cómo se encargaba de sus trabajadores, tampoco estaba muy seguro de querer descubrirlo.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 2 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.