Situación Actual
7º a 10º
2 marzo ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

End of all days. ―Laith Gauthier.

Abigail T. McDowell el Miér Oct 30, 2019 3:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 4 GKQWGPb
San Mungo, sala de reuniones  | 29/10/2019 | 19:30h | Atuendo | BSO

Llevaba maldita desde el veinte de junio del dos mil diecinueve, hacían ya cuatro meses que llevaba conviviendo con esa maldición. Había descubierto que si bien podía sobrevivir, era sin duda un malvivir. Los efectos secundarios de la maldición retenida en su brazo no tenían solución y por mucho que hubieran pasado los meses, no estaba acostumbrándose a ellos, pues eran muy arbitrarios e intensos.

Había atacado directamente a sus sentidos, apagándolos por completos en diferentes etapas. Había veces que era incapaz de ver nada, quedándose totalmente ciega, otras en donde atacaba a sus oídos y se veía aislada totalmente de todo lo que le rodeaba… E incluso había veces que ocurrían a la vez, sintiéndose aislada, vacía y sin saber qué hacer o cómo proceder. Cuando le ocurría en lugares públicos o en el trabajo lo pasaba realmente mal, pues no conocía solución posible para ello. Sin embargo, lo peor de todo no era eso: ¿alguien alguna vez se ha preguntado cómo se siente uno sin poder sentir absolutamente nada? El tacto era uno de los sentidos más infravalorados, pero sentir que nada de ti es capaz de sentir nada, te hace sentirte como si no existieses.

Para colmo, la poción que estaba creando periódicamente para su consumo tenía unos ingredientes muy complicados de conseguir―entre ellos, por ejemplo, sangre de unicornio―y no duraba tanto como para todo lo que se gastaba en ella.

Alexander, su asistente, después de intentar buscar una solución para eso, le recomendó a Laith Gauthier, un sanador especialista en pociones que había destacado precisamente por la modificación de éstas para un uso mejorado y más prolongado en el tiempo. No sabía si serviría para algo teniendo en cuenta las raíces de la maldición y la poca información sobre la poción, pero literalmente: Abigail no tenía nada que perder. De hecho, tener algo de información nueva al respecto le había hecho entusiasmarse un poco: ¿y si se le ocurría alguna mejora para la poción que pudiera mejorar su uso? ¿Y si la poción, debidamente modificada, podría ser incluso una cura?

La pelirroja nunca había destacado por ser muy optimista o ilusa, pero dada su situación estaba descubrimiento hasta nuevos sentimientos. Llevaba toda su vida quitándole las esperanzas de vida a la gente y ahora ella… intentaba buscar las suyas por alguna parte.

Decidió no abordar a Gauthier sin previo aviso, por no hablar de que no quería que se le viera en compañía de un sanador fuera de San Mungo, para evitar habladurías y rumores. Una vez supo a donde contactar con Laith Gauthier por sus facilidades buscando contactos, le mandó una carta:


Estimado señor Gauthier,

Le habla Abigail McDowell, la Ministra de Magia. Me gustaría comenzar declarándome interesada en su trabajo como pocionista, pues ha sido recomendado por uno de mis confidentes como un gran experto en la materia. He estado informándome sobre sus logros como sanador y he quedado impresionada de todo lo que ha conseguido con su corta edad como medimago.

Actualmente preciso de la ayuda de un médico con experiencia y, por lo que he podido saber de usted, vuestro abuelo también fue un gran entendido en materia de pociones, así que estoy interesada en hablar con usted para ver si puede darle solución a uno de mis problemas.

Evidentemente quiero tratar este asunto con toda la confidencialidad posible, por lo que en el caso de que acepte concertar una cita conmigo, habrá un acuerdo mágico de por medio que ha de firmar antes de hablar de ningún tema. Ser Ministra de Magia va de la mano de no poseer demasiada privacidad.

Agradecería una contestación en el menor tiempo posible. Siéntase libre de ofrecer una fecha en la que esté disponible, que yo misma me trasladaré a San Mungo para poder hablar con usted.

Saludos cordiales,
Abigail McDowell.

Mandó la carta desde su propia casa, utilizando su cuervo Corax como animal mensajero. Intentaba desvincular al Ministerio de Magia todo lo posible, para que no hubiera ningún tipo de fuga de información. Por suerte para Abigail, había sido muy cuidadosa al respecto, por lo que todo el mundo que sabía de ello había hecho o un juramento o había firmado el contrato.

Al día siguiente recibió la contestación de Laith Gauthier, citándole para el día siguiente por la tarde, después de la jornada laboral del médico. La pelirroja estuvo allí puntual, tan impoluta y elegante como siempre. Llevaba una chaqueta, pues estos cuatro meses―de verano―se había habituado a utilizar manga larga o chaquetas, puesto que la marca de su maldición estaba justo en su antebrazo izquierdo, adornando su piel junto a la marca tenebrosa.

Nada más aparecer en la recepción, la secretaria se puso firme al ver a Abigail McDowell.

―Ministra McDowell ―saludó―. ¿En qué pued…

―¿La sala de reuniones? ―preguntó antes de que pudiera terminar la frase.

―Tercera planta, final del pasillo de la izquierda.

―Muy amable ―le agradeció cordialmente, antes de girarse e ir hacia allí.

Utilizó las escaleras para subir, pues no quería tener que soportar ninguna conversación cortés en el ascensor, pues todo el mundo la conocía. Tardó unos cuatro minutos en llegar frente a la puerta y cuando su reloj marcó las siete y media en punto, tocó con los nudillos suavemente en la puerta. La puntualidad era algo que siempre había caracterizado a Abigail. Odiaba que la gente no respetase su tiempo y, por tanto, ella había aprendido a respetar al del resto cuando se trataban de cosas tan importantes.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Miér Abr 29, 2020 11:57 am

Abigail resultaba ser una persona muy honesta en lo que a sus opiniones con otros líderes políticos del Mundo Mágico respectaba. Desde el presidente de la MACUSA hasta el Ministro Alemán, pasando por los que tenía en neutralidad o los que le agradaban, como los políticos japoneses. Supuso que era una cuestión de simple confianza, pues no es que Laith estuviese interesado en decir nada al respecto, con contratos de confidencialidad firmados.

Después de todo… ya estaba manejando una sustancial cantidad de información clasificada como para poner sus peros con algún otro detalle. Por supuesto que su lealtad no estaba a la venta, por jugosa que fuese la recompensa, pero la política era un camino, a su ver, demasiado pantanoso como para siquiera apetecerle recorrerlo.

Las bromas sobre la muerte no eran precisamente su humor favorito, en especial no cuando quien las hacía era precisamente una persona con un pie fuera del juego. Así que se limitó a asentir cuando le hizo saber que prefería no conversar con él más allá de unos cuantos minutos, y pensó en tomarlo en cuenta antes de desviar su atención hacia el asistente de la Ministra.

¿Había una reñida competencia de asistentes? —preguntó, imaginándose a un montón de personas en fila siendo observados con por Abigail y pasando rigurosas pruebas para “elegir al mejor”. Sabía que probablemente no fuera precisamente como él lo imaginaba, cual exhibición canina, pero algo debía parecerse.

Al igual que ella, miraba a la persona de la que estaban hablando, él escuchando y Abigail contándole acerca de Alexander. Una parte de él que Laith obviamente no conocía, pues no sabía de él esa parte madura y profesional que se esperaba de él durante su trabajo. Él conocía al Alexander que bebía, cual viejo deprimido, en igual de deprimentes bares mágicos.

Tener facilidad de hablar con la gente es casi un don, con la cantidad de opciones para ofender a los demás —confirmó divertido, aunque en su tono no parecía señalarse a sí mismo de esa manera. Sabía que, tanto como caía bien, también habría a quién le disgustase su forma de ser y expresarse—. No puedo decir que lo comparto, pero sí lo entiendo, en especial desde una profesión tan… observada.

Él tenía amistades, algunas más íntimas que otras, pero en muchas de ellas confiaba y podría decir que hasta se atrevería a poner su vida en sus manos. De hecho: había con quienes lo hacía, como los perseguidos por la ley por los que, por simplemente simpatizar, podrían juzgarle a prisión hasta llegar a tomar su vida. Sacó el pensamiento tan pronto como pudo de su cerebro, pues todavía mantenía la paranoia de que entre aquellos magos y brujas tan poderosos sociopolíticamente como, se esperaba, habilidosamente, existiese quien pudiera detectar sus pensamientos y ponerlo en jaque. Así que iba con pies de plomo hasta con sus propios pensamientos.

¿Todo va bien hasta el momento? —preguntó de repente, sólo esperando recibir un “sí” o un “no”, basado en la preocupación que Abigail le había expresado antes de salir de la habitación.

Apenas segundos más tarde, un tercero intervino en su conversación: se trataba de Francisco Echeverría, el diplomático de México. Tanto como su contraparte muggle, realmente no era un hombre de muchas luces, aunque estaba profundamente convencido de que así era y había expresado, por lo general, un silencio cómplice en asuntos políticos, respaldando indirectamente la postura del Presidente de la MACUSA.

Señorita Ministra, qué placer —dijo –en un muy mal inglés, por cierto-, aquel hombre de mediana edad—, me refiero a que nos honre con su presencia, ya que enviar tantas veces a su asistente… —por la forma en que hilaba las palabras, pensándolas cuidadosamente por su falta de dominio en el inglés, había sonado probablemente más ofensivo que si lo hubiese dicho en su idioma natal.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 4 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Abigail T. McDowell el Lun Mayo 04, 2020 11:00 pm

—¿Reñida? —No pudo evitar ladear una sonrisa.

Evidentemente antes de Castlemaine había tenido miles de entrevistas con posibles asistentes, pero sinceramente, no consideraba prudente ni inteligente meter a su cargo a nadie en quién no confiase totalmente por mucho que estuviera muy bien preparado, por eso había sido tan estricta en la selección de un confidente.

Tampoco quería cometer la falta de profesionalidad de contratar a nadie que no iba a poder hacer su trabajo bien o que, en su defecto, sería despedido a las pocas semanas. Ella pudo desenvolverse bien todos esos meses con la simple ayuda de su secretario Cyril Peltier, un chico que tenía un futuro prometedor y que le gustaba mucho como trabajaba. También le había costado lo suyo dar con alguien que la complaciera —profesionalmente— de esa manera, pero finalmente había dado con el correcto.

—Realmente no tuve asistente durante el primer año —le respondió, pensando que era de conocimiento público. Igualmente, aunque se sorprendiese, todavía había gente que no se sabía su vida entera. Teniendo en cuenta la situación no podía permitirme a cualquiera en el puesto, pues el puesto de Castlemaine es, básicamente, como ser mi mano izquierda y el nivel de confianza que debe de haber debe de ser absoluto. —Miró entonces al muchacho—. Y no me valía solo con una firma ante un acuerdo mágico. Castlemaine y yo somos de la misma promoción de Hogwarts, lo que él se vino a estudiar aquí su carrera universitaria y perdimos contacto. Sin embargo, siempre nos hemos comprendido muy bien.

No matizó el nivel de compresión, evidentemente. Suponía que a Gauthier le daría igual si se habían acostado o no en Hogwarts. Ahora mismo sólo se refería a lo bien que calzaban de manera laboral, pues Abigail no iba a permitir —por muy bueno que estuviera Castlemaine— que eso llegase a nada más.

—Eso mismo pienso yo, por eso ya no me esfuerzo demasiado —confesó al comentario de Laith. Antes tenía ánimo de fingir ser quién no era, ahora que lo tenía todo, quiénes deberían esforzarse en caer bien era el resto.

Asintió a la pregunta de Gauthier con tranquilidad, para entonces ver como Francisco Echeverría —nombre del que Abigail no se acordaba, seamos totalmente sinceros: ¿desde cuando a Reino Unido le importa Mexico?—, se acercaba a ellos.

El comentario del hombre, sin embargo, fue malintencionado. O así lo interpretó Abigail, quién consideraba que ese tipo de pullitas se las podía meter por el culo.

—Verá, señor Ministro. —Muletilla para cuando esa persona te importa tan poco que ni te sabes su nombre—. ¿Tiene usted asistente? Sirven para eso: para no perder el tiempo en cosas innecesarias. —Le otorgó una sonrisa de lo más condescendiente. Disfrute hoy de mi presencia. No creo que vuelva a este lado de charco en mucho tiempo.

Obviamente no mencionó que tampoco pisaría Mexico. En ningún momento.

—Él es el señor Gauthier, mi abogado de confianza. —Les presentó, sin decir el nombre del Ministro.

—Francisco Echeverría —le tendió la mano al abogado, para luego mirar de nuevo a la Ministra de Magia—. Con una actitud tan picaresca como de costumbre, señorita McDowell. ¿Podríamos bailar un rato para poder hablar tranquilamente?

—Lo siento —rechazó sobre la marcha, sin ningún tipo de pudor—. Tengo un esguince en el meñique y me han recomendado hacer mínimo esfuerzo. Ya estoy arriesgándome usando tacones.

Él se lo creyó. «Británicos raros con esguince en los meñiques del pie», pensaría. Claramente Abigail no tenía ningún esguince.

—La etiqueta puede ceder ante esguinces, señorita McDowell.

Entonces la pelirroja sonrió abiertamente, negando con la cabeza.

—Antes con esguince que medir un metro cincuenta y cinco, señor Echeverría. —Se permitió bromear con su propia altura, con claro sarcasmo, pero haciendo reír al tipo.

Mientras el tipo reía, Abigail le echó una mirada suspicaz de Laith que claramente denotaba las pocas ganas de socializar que tenía.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 39.112
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 916
Puntos : 682
http://expectropatronum.foroactivo.com/t150-abigail-t-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://expectropatronum.foroactivo.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell https://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Laith Gauthier el Lun Mayo 11, 2020 12:10 am

Él, como la gran mayoría de la población de un país, sabía lo justo y necesario de quienes lo encabezaban, así que el dato de que no había tenido asistente antes de Alexander no lo sabía, básicamente porque no le parecía muy importante, en verdad. No se había estudiado la vida entera de Abigail Mcdowell, después de todo.

Un pensamiento se le cruzó junto a un asentimiento de cabeza… pues, dado cómo había ella adquirido su puesto, era lógico que la paranoia hubiese crecido tanto; el ladrón siempre pensaba que todos eran de su condición. Y, en la política, sobre todo en una política tan retorcida como la que había actualmente, seguramente así fuera. Y eso dejaba en el aire: ¿sería acaso el karma, si algo sucediera?

Ya veo, qué curioso —mencionó—, me refiero a que se haya marchado para volver a convertirse en el asistente de la Ministra —no estaba sugiriendo que hubiese habido un acuerdo para ello, pues sabía de boca del propio asistente que si había vuelto a Londres había sido por problemas en Estados Unidos.

Cierto era que, si bien sospechó que ese “comprenderse bien” había sonado extraño, no indagó más al respecto. No era, ni por asomo, amigo de Abigail. Asimismo, tampoco estaba interesado en ello, por lo que esa distancia sana de profesionalismo era perfecta para él. La política y quienes pertenecían a ella eran un terreno con el que prefería ir con cuidado, sobre todo cuando dichos políticos profesaban el odio y la persecución racial.

Encontró curioso cómo, cuando apenas un momento atrás hablaban sobre cómo fingir formaba parte de la actitud común dentro de la vida de la señorita McDowell, un ministro que, al parecer, no se podría jactar de ser precisamente un hombre agradable.

Vio el intercambio de palabras, en principio con cierta tensión, luego con curiosidad casi científica. Por supuesto, tomó la mano del señor con un apretón firme.

Un placer —dijo en automático. Por supuesto, el caballero no hizo el mínimo esfuerzo por demostrarle algún interés a él, pasando rápidamente a Abigail, el centro de su atención del momento.

Le pareció ridícula la excusa de Abigail, pero todavía más ridículo que Francisco se lo creyera sin chistar, por la forma de profundo análisis y comprensión que hizo, acompañado seguramente de un pensamiento sobre aquellos locos del otro lado del océano. Se distrajo un momento volviendo a localizar con la mirada a Alexander, que no se había movido del sitio donde lo había visto por última vez, antes de sentir el peso de la mirada que la pelirroja le dirigió.

Se había adjudicado la responsabilidad de mantener a Abigail a línea con sus ataques, lo que también significaba que debía responder cuando los estreses de las situaciones cotidianas le provocasen el riesgo a un problema de salud, pues su maldición era muy inestable. Por ello, entendió en aquella mirada que su nivel de comodidad bajaba exponencialmente.

Aclaró la garganta antes de decir—: Disculpen que interrumpa —dijo, con un tono que no admitía que le ignorasen—, pero, señorita Ministra, me parece que ha llegado el abogado del Ministerio Japonés —se dirigió enteramente a Abigail, e hizo una seña hacia los japoneses, donde había llegado otro más—. ¿Cree que deberíamos usar esta convivencia para citar la revisión del tratado de cooperación?

Lo mismo no era siquiera el abogado, pues era bien sabido que los japoneses tendían a ir en grupos a cualquier sitio importante, pero no importaba a efectos de aquella conversación. Por la mirada que Echeverría dirigió al grupo, interpretó que sabía tanto como él sobre la conformación del Ministerio japonés: poco tirando a nada. Lo que Laith sí sabía era que Reino Unido y Japón tenían alianzas importantes.

¿Tratado de cooperación? —intervino el mexicano, con sorpresa y, a juzgar por su tono, ¿una pizca de envidia? Hasta ahí llegaba el conocimiento de Laith, pues no estaba al tanto de ningún acuerdo entre Reino Unido o Japón con México.

Discúlpeme la descortesía, señor Echeverría —añadió entonces, con el tono más pedante que encontró, aprovechándose del punto flaco del Ministro—, entenderá que son asuntos de importancia para nuestras naciones y no creo conveniente que aguarden más tiempo.

Francisco dio un respingo—. ¡Para nada! Son asuntos muy importantes si no pueden esperar a que termine este evento —dijo, casi acusando al abogado –que no sanador, por esa noche–, de ser tan descortés con él.

Gracias por entenderlo —no se dio por aludido—, con su permiso, ¿señorita Ministra? —se dirigió a Abigail, preguntando si estaba lista para dirigirse a los japoneses.

Al menos sabía que los asiáticos no iban a sacarle canas verdes a la ministra, y, siendo honesto, poco le importaba la impresión que daba en ese momento. No sólo porque no le importaba ser el malo si hacía algo bueno, sino también porque Laith Gauthier, el abogado, era tan sólo un personaje que moriría en cuanto saliera de ahí.
Laith Gauthier
Imagen Personalizada : End of all days. ―Laith Gauthier. - Página 4 Jb1010
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 27
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 40.305
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1372
Puntos : 1167
https://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier https://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 https://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier
Laith GauthierMedimago

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 4 de 4. Precedente  1, 2, 3, 4

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.