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Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane]

Joshua Eckhart el Vie Ene 17, 2020 7:22 am

Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane] ZvGdk7a
Gracias a A.J Seward por la cabecera ♡

Aquel día había sido el más duro de su vida en los últimos meses. No recordaba cuándo había sido la última vez que había llorado, probablemente siendo sólo un niño, cuando su padre le decía que los varones no lloraban y le enseñaba a contener todas sus emociones para mantener el pesar dentro; ese día le había llorado un río entero, sentado contra una pared en el pasillo de su apartamento, a medio camino para llegar a su habitación.

Sabía que no podía borrar diecinueve años de amistad en un solo día, sabía que no es que no fueran nada a partir de entonces y que, incluso así, se necesitaban en sus vidas. Había visto el dolor en su primo al decirle aquellas palabras, ese tinte de miedo de haberlo arruinado todo, no lo había ignorado.

Sin embargo… ¿qué hacía, cuando cada vez que pensaba en él sollozaba y las lágrimas volvían a caer en su rostro? Había llorado tanto que le había dolido la cabeza, y escuchaba en el fondo de su cabeza la voz de su padre intentando, sin éxito, acallarlo.

Empeoró cuando entró en su habitación, y los recuerdos de todas las cosas que habían pasado ahí se le vinieron encima en una estampida que volvió a romperlo. Las risas, los besos, bromeando y jugando, y sólo sentía que quería borrar los últimos minutos. Quería despertar de lo que parecía una pesadilla que sólo continuaba.

Diciembre 30, 2019.

Finalmente se había sentido con valor de hacer algo. Primero, escribió a su tía expresando sus deseos de visitarla en su casa; ella había respondido durante el transcurso del día con la ubicación del traslador que lo llevaría a su ciudad y prometió su cena favorita cuando llegase, durante aquella noche.

Consiguió un maletín extensible donde preparó en la habitación que esta contenía ropa y a sus mascotas, pues no pretendía volver diariamente para alimentarlas. De esa manera las llevaría con él y podría ir con ellas siempre que lo deseara, así que en realidad no fue un gran problema.

El problema fue escribir una carta más. Escribió a Ayax prometiéndole que volverían a ser amigos cuando él estuviese listo, y disculpándose por no poder estarlo de inmediato. No ignoraba que lo que había pasado entre ellos era real e iba a dolerles a ambos, pero tal como su primo había tomado la opción que le beneficiaba a él, Joshua tenía que optar por la que le haría mejor a su bienestar mental y emocional. Había dado especificaciones sobre el viaje que había preparado, con toda la información y boletos que Ayax necesitase, pidiéndole no desperdiciarlo incluso si él no se sentía preparado para acompañarlo.

Francia lo recibió con 4ºC y ligera llovizna. Con un francés de decente para abajo, logró ubicar la mansión de su tía-abuela y llegó a ella en un taxi. Una mansión preciosa, pero triste. Estaba seguro que lo triste era el paño que cubría sus ojos y que lo hacía verlo todo de otro color y no la mansión en sí misma.

Estaba ahí su abuela junto con su “amiga” Brooke.

Había una disimulada comprensión entre tía y sobrino que Brooke observó. Se miraron, y sin decir absolutamente nada Emma lo había abrazado con fuerza. Joshua había cerrado los ojos y se había dejado hacer, sintiendo por primera vez en días que respiraba. Había sido un abrazo corto pero significativo.

Sólo necesitaba tiempo para desconectar —les había explicado durante la cena—, las cosas no han sido fáciles desde lo que pasó.

“Lo que pasó” seguía siendo el tema del secuestro, y aunque Emma sospechó que mentía, no lo interrogó.

Hay una habitación en la que puedes quedarte, hijo —lo había invitado la mujer—, estarás tranquilo ahí, yo me aseguraré que Brooke no te moleste con sus cosas de nerd —le sonrió.

Gracias, pero conseguí alojamiento cerca de aquí —señaló con su pulgar a sus espaldas, en el recibidor, mientras se despedía— ¿Vendré quizá, a cenar? ¿Por el año nuevo? —aunque no tenía ganas de celebrar nada.

¿Avisaste a tu padre que no irás con ellos? —Brooke intervino, pues ya había empezado a entender cómo funcionaban los Eckhart.

Yo hablaré con Francis, no te preocupes —Emma lo tranquilizó.


Enero 5, 2020.
Vestimenta.
14:15 pm.

Desde el primero de enero hasta el cinco, había pasado la mitad del día en su habitación de hotel y el resto paseando aislado. No hablaba con nadie, no iba a tiendas, simplemente caminaba. Muchas veces podía caminar solo y no sentirse solo; esos días era diferente. Por las noches miraba el techo en silencio, preso del insomnio, mientras intentaba frenar los recuerdos de días preciosos, ahora tan lejanos.

Todos los días hacía el esfuerzo consciente de ignorarlo, de dejar de sentir tanto dolor. Fantaseaba con el momento en que se apersonara frente a Ayax y pudiera decirle que podían volver a la normalidad, que ya no sentía nada. Entonces se preguntaba si alguna vez “no sintió nada”, por lo que no podía sino preguntarse si en algún momento sus emociones estarían suficientemente frías como para no arderle cual fuego.

Lo que más dolía, de lejos, era pensar que la única forma en que Ayax se sintiera fiel a sí mismo y a sus principios era alejándose del desastre que habían causado. Él quería ver a su primo feliz, pero costaba más que un simple esfuerzo entender que su felicidad estaba con su familia y él quedaba relegado al puesto de mejor amigo. Era su mano derecha, sí, mas lo consumía por dentro saber que había sido mucho más.

Eran sus más profundos pensamientos. Una pena que llevaba a solas porque nadie más podía saberlo.

Su ausencia se había notado en la reunión de Año Nuevo de los Edevane-Eckhart. La familia estaba acostumbrada a la ausencia de Emmaline, pero no de Joshua. Francis hijo había informado a quien estuviese interesado del paradero de su hijo, y no había perdido oportunidad de escribir una carta a su hijo cuestionando su decisión de no asistir.

No había sido el único en ponerse en contacto con él: sabiendo dónde estaba, había establecido una conversación vía lechuza con su prima Angie y habían acordado aquel viernes almorzar juntos en su casa. No sabía si su marido estaría ahí, o si era siquiera una buena idea, pero el tiempo en confinamiento solitario empezaba a pasarle factura a su nivel de socialización.

Así que ese día decidió salir: pasó a comprar galletas para no llegar con las manos vacías y se aventuró hasta la casa de Angelica y Mysha. Tocó la puerta y esperó fuera, cobijándose del frío en su chaqueta.


Última edición por Joshua Eckhart el Jue Feb 13, 2020 8:14 am, editado 2 veces
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Dom Ene 19, 2020 8:34 pm

Ayax no había sabido nada de Joshua hasta fin de año, cuando éste faltó a la cena oficial en la mansión Edevane junto a toda la familia. Francis, su padre, le había dicho que había decidido pasar una temporada con Emma en Francia y, a juicio por el propio padre de Joshua, sin ningún motivo aparente más que la necesidad adolescente de llamar la atención. El pelirrojo se tomó eso a broma, intentando parecer un poco jovial en aquella velada que tan poco le apetecía. Él sabía perfectamente por qué Joshua estaba en Francia y… sinceramente, se sentía fatal por eso.

Se sentía fatal por todo, en realidad. Pese a que fuese un inconsciente la gran mayoría del tiempo, sabía que todo lo que había pasado entre ellos había sido un error, pues era algo prohibido e imposible y ambos se habían hecho daño intentando darse una oportunidad. Además, luego lo pensaba y… ¿cómo había sido capaz de tratar a su persona principal en la vida como un mero segundón? ¿Acaso no había sido increíblemente egoísta? Había sido injusto e imbécil, tanto consigo mismo como con él.

Angelica, que no había asistido a la fiesta de Navidad debido a que lo pasaba con la familia Makrlik en Francia, sí que asistió con una gran barriga de embarazada y su marido a la de fin de año, sorprendiéndose de que Joshua estuviera en Francia. También, pese a su “despegue” con su hermano menor, se dio cuenta de que algo lo afectaba, pues lo notaba distante y muy disperso cuando siempre estaba muy metido en el ambiente familiar. Le faltaba algo y pese a que supuso que Joshua era una gran parte de ese apoyo social, no se imaginaba ni un poquito que era TAN IMPORTANTE para él.

Sintiéndose mal por su propio hermano y queriendo levantarle un poco el ánimo, pasó gran parte del tiempo con él. Por su culpa había pasado la peor etapa de su vida, un secuestro y momentos bastante duros… y sí, era consciente de que Ayax había hecho cosas horribles que ella no apoyaba pero… Era su hermano menor, lo quería muchísimo y estaba convencida de que aún no se había descarrilado del todo. Ella siempre iba a querer ayudarlo.

Cuando la fiesta terminó, ya en el dos mil veinte, Angie se despidió de Ayax un poco en privado.

―¿Seguro que estás bien? ―preguntó, por tercera vez esa noche, posando sus manos sobre sus hombros―. No eres el Ayax al que estoy acostumbrada.

―¿El imbécil que deja que te secuestren?

―Creo que todavía no estamos en disposición de bromear con eso ―le cortó, aunque no tardó en sonreír y recibir de vuelta una pequeña sonrisa del pelirrojo―. Sabes igualmente que no me refiero a eso.

―Estoy pasando por un momento de estrés bastante… asfixiante ―le confesó, cabizbajo, posando una de sus manos en la barriga ya notable de su hermana mayor―. No te preocupes, tú encárgate de lo que es importante ahora. ¿Ya sabes cómo vas a llamarla? ―No todo el mundo sabía que el sexo del bebé era niña, pero Ayax era uno de esos privilegiados. Angelica y Misha querían evitarse los agobios de todo el mundo intentando aportar ideas para los nombres.

―Todavía no, pero al menos ya tengo algunas ideas.

―Recuerdo que de pequeña te encantaba el nombre de Brooke. Se lo ponías a todas tus muñecas. ―No le hizo falta hacer demasiada memoria, pues era algo que se le había quedado grabado.

―Y aún me gusta, es una de mis opciones ―confesó con una sonrisa―. Pero la verdad es que hay nombres preciosos y no quiero tener la sensación de que me he equivocado al ponérselo.

―Vete por lo seguro y pon dos, Adeline ―dijo, sonriente.

―Lo tendré en cuenta, Ayrton ―añadió, para entonces besar su mejilla―. Intentaré contactar con Joshua en París a ver qué tal está, que me ha dejado preocupada que no viniera. Ya te contaré.

Previamente habían hablado del tema, aunque Ayax se había notado bastante reticente al respecto de dar demasiadas opiniones y, evidentemente, Angelica notó algo extraño: era muy raro que Ayax se cohibiese de dar su opinión, sobre todo si tenía que ver con Joshua.

―Gracias.



Tal y como había hablado con Ayax, prácticamente desde que volvió a París el día dos de enero, intentó ponerse en contacto con Joshua para ver cómo estaba y poder hablar con él. Había sido una decisión muy repentina para un joven como él el mudarse así a Francia, sobre todo con sus estudios y su vida en Londres a medio terminar.

Angelica, pese a la insistencia de Francis en la reunión de fin de año, no iba a presionar a Joshua con absolutamente nada. Más que una presión, sólo quería ser una mano amiga allí en Francia. Ella ya llevaba mucho tiempo viviendo allí, lejos de la familia y se había acostumbrado a ello. Cabe destacar que Angelica había decidido irse a vivir a Francia por dos razones: Misha tenía trabajo allí asegurado y quería separarse a conciencia de las tradiciones y costumbres de los Edevane, pues no la representaban. Adoraba a su familia pero… había cosas que no podía apoyar.

Es por eso que la casa de Angie ni siquiera era ostentosa o era la revelación de su gran poder adquisitivo. Misha y ella tenían una vida bastante… normal. Era cierto que al ambos venir de una familia adinerada vivían en un barrio excelente, en una casa todavía más maravillosa… pero no tenían una casa exageradamente grande, ni cosas que no necesitaban. Su casa era mediana y acogedora. Después de vivir tantos años en una mansión enorme, lo que Angie quería era poder recorrer la casa entera en cinco zancadas.

Cuando Joshua tocó a la puerta, una Angie descalza, con un moño mal hecho y vestida con ropa cómoda abrió.

―¡Hola, Josh! ―Lo saludó felizmente, acercándose a él para darle un abrazo con confianza.

Un abrazo corto, obviamente. Se conocían lo suficiente y durante bastantes años como para saber que los abrazos con Joshua debían de ser rápidos y concisos.

―Pasa, pasa, rápido, que tengo que sacar el pollo del horno. ―Angie le dio libertad para entrar y cerrar la puerta, caminando hacia la cocina que estaba prácticamente al lado―. Ponte cómodo, ¿eh? Cómo si estuvieras en mi casa de toda la vida, con la increíble diferencia de que mi madre no te va a hacer un interrogatorio cada vez que te vea pulular por la casa ―dijo mientras sacaba la bandeja con el pollo y lo dejaba sobre un soporte en la encimera. ¡El olor era increíble! ―Espero que te guste: he cocinado yo. Sé que las cocineras por excelencia en casa son las abuelas, pero vas a alucinar con mi arte.  

Angie ya había preparado la mesa del comedor, con solo dos platos y los cubiertos. Josh no lo sabía, pero Misha ese día trabajaba hasta tarde por lo que no almorzaría con ellos. Ella pensó que sería mejor así, más íntimo que con Misha, que no es que se llevase particularmente bien con nadie de su familia.

Además, había cocinado ella misma: sopa de cebollas de primero y pollo al vino que había hecho al horno con algunas patatas panaderas. Era un menú típico de París y la comida favorita de Misha, por lo que había hecho de más para guardarle para la noche. Se le daba bastante bien la cocina, sobre todo después de haberse mudado, pues al no trabajar activamente con un horario fijo se había terminado por acostumbrar a hacer la comida ella siempre en casa por tener más libertad.

―¿Qué te apetece de beber? Coge lo que quieras de la nevera. Bueno… ―Matizó, sonriendo mientras con una mano se acariciaba la barriguita, antes de añadir―. Menos un suplemento que tengo ahí para las vitaminas. Eso no te lo recomiendo. ―Y soltó una pequeña risilla por la broma.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Dom Ene 19, 2020 11:45 pm

Cuando llegó a la casa de Angie, lo primero que notó es que la casa era bastante humilde, si la comparaban con la casa de Ayax, por ejemplo. Estaba en un buen sector, pero era pequeña, y de algún modo creyó que ella habría tenido su misma aspiración al encontrar su casa como la que lo motivó a él al momento de llegar a su departamento. No, no las paredes curvas, sino la consideración de que una casa demasiado grande, con pocas personas viviendo en ella, era sinónimo de una casa vacía y fría.

Lo segundo, cuando su prima abrió la puerta recibiéndole con el golpe de calor de la calefacción interna, fue la gran barriga que no le había visto crecer. Había pasado tiempo desde la última vez que se vieron, por lo que los meses no habían tenido perdón con el estómago de su prima con un bebé creciendo ahí dentro.

Incluso tuvo que encorvarse un poco a la hora del abrazo, con miedo a aplastar el vientre prominente de Angelica y hacer daño a la futura Makrlik.

Hola, Angie —le respondió—, no te recordaba tan gorda —bromeó con ella, dejando en evidencia la sorpresa que le provocaban tantos meses de embarazo en el cuerpo de una mujer—. Tampoco me avisaste que era fiesta de pijamas —se metió un poquito con ella, aunque realmente le daba completamente igual qué estuviese vistiendo.

Pasó como ella se lo indicó, cerrando la puerta y siguiéndola con la mirada hasta la cocina. Aprovechó para quitarse la chaqueta, pues el interior de la casa era más cálido y no quería sofocarse. Eso sí, pasó del bolsillo de la misma al bolsillo de su sudadera un frasco amarillo. Ansiolíticos. Llevaba ya meses cargando con ellos, pero durante esos días su predisposición a un arrebato era alta y su resistencia mínima. No quería correr riesgos.

Bajó la capucha de su sudadera, manteniéndola abierta, mientras se acercaba a ella en la cocina para después frotarse las manos la una con la otra buscando calentarlas mutuamente.

No sabía que cocinabas, Angie —admitió, y vaya que cocinaba, pensó cuando vio y olió el pollo sobre la encimera—. Si cocinas la mitad de bien que ellas… y sólo con verlo ya me estoy haciendo ilusiones —lo observó más de cerca.

Olió el vino, por lo que adivinó la receta. Lo cierto era que llevaba desde Año Nuevo sin comer algo medianamente decente, más por falta de ganas y apetito que porque no hubiese sitios donde comer, puesto que su habitación en el hotel era sólo eso y no poseía una cocineta donde hacer nada. Lo había preferido así, pequeño y privado, donde hacer su fiesta de autocompasión.

Localizó la mesa del comedor y vio su disposición: dos comensales. Adivinó que Misha no estaba en casa, aliviándose en el fondo de sí. Lo sentía por él, pero seguía sin formar parte del “nosotros” de Joshua por más que ya llevase todo ese tiempo casado con su prima, y con él no tenía la misma confianza que con el resto de la familia. Y por “el resto” sólo se refería a su familia directa y a la línea Edevane de Rabrours.

Se acercó a la nevera cuando recibió la invitación, y la broma la recibió antes de abrirla siquiera. Por lo tanto, le costó unos segundos entender que era una broma antes de sonreír a medio lado.

No creo que eso me apetezca, mini-tú podría enfadarse conmigo por beberme sus suplementos —le contestó, entonces abriendo la puerta e investigando el interior.

Vio unas botellas de jugo, pero con el dibujo bastó para desencantarlo: eran de melocotón. Hizo un gesto.

¿Tienes té? —preguntó cerrando la nevera—. ¿Quieres que saque algo para ti? ¿Suplementos? —se ofreció por ella, devolviéndole la broma.

Ayudó a su prima a terminar con la mesa y se lavó las manos. En un gesto de caballerosidad, le había apartado la silla para dejarla sentarse antes de buscar su propio asiento. Si bien era un terreno inexplorado, se sentía en la confianza de la privacidad de estar sólo con alguien a quien conocía de tanto tiempo.

Veo por qué no echas de menos Londres —le dijo—, desde que llegué está nublado y helando. La diferencia es que no entiendo cuando la gente me insulta al pasar —pues su nivel de francés era bastante básico, por lo que las expresiones cotidianas no las entendía, ni mucho menos cuando arrancaban a hablar rápidamente antes de que su mente tuviese tiempo de traducir.

En su carta, Angelica le había hecho saber que había estado en la reunión de Año Nuevo, y tenía el impulso de preguntar por su primo. Se sentía honestamente mal y estaba frustrado por no haber hablado con Ayax desde aquel día, pero tampoco tenía el valor de establecer contacto con él. Llevaba su reloj comunicador encima, pero no lo había usado ni siquiera para mirar la hora. Era como si le diese miedo que quisiera contactarlo y él no lo llevase encima. Decidió no sacar el tema, sin saber cómo había abordado el pelirrojo el asunto.
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Ayax Edevane el Lun Ene 20, 2020 11:34 pm

―¡Oye, oye, oye! ―Se quejó Angie, vivaz―: Yo nunca fui muy gorda, ¿pero desde cuándo tú tan burlón, eh? Esas confianzas… ―Se la notaba de broma, divertida y tranquila. Ella estaba encantadísima de tener una gran barriga pues estaba contentísima de haberse quedado embarazada ―después de muchos intentos, cabe añadir― y tener a su futura primogénita allí dentro―. No es un pijama. ―Se miró a sí misma, para entonces resignarse y bajar los hombros―. Te juro que no lo compré en la zona de pijamas, pero creo que me han estafado.

Hacía mucho tiempo que Angelica y Joshua habían perdido el contacto. Cuando eran niños la cosa era diferente: Joshua era el primo que más iba por casa y aunque fuese super inseparable de Ayax, Angie era la prima mayor que siempre se acoplaba a jugar con sus hermanos y su primo pequeño. Eso sí, desde que entró a Hogwarts, se fue a la universidad y todo eso… era evidente que la relación entre ambos se había separado muchísimo. Ahora que los dos eran adultos y la diferencia de vivencias no era tan grande, pues casi que parecía que su relación podía volver a florecer de una manera más adulta y diferente.

Por parte de Angelica, sinceramente, se encontraba muy cómoda al lado de Joshua pues siempre le pareció muy parecido a su hermano y estaba acostumbrada a tratar con ellos.

―Empecé a cocinar aquí y no es que nos hayamos visto mucho desde que me mudé a Francia ―reconoció la pura realidad, pues Angie se había separado mucho de la familia Edevane al haberse mudado. Era cierto que de vez en cuando volvía a Londres, pero por épocas muy cortas―. Aunque debo admitir que si bien la cocina francesa es todo obra mía, ya he ido haciendo inventario de todas las recetas de nuestras abuelas. ―Y no pudo evitar añadir lo último―: También admito que me he decantado por el pollo al vino y la sopa de cebollas porque es lo que mejor se me da y a mi primo hay que hacerle las cosas bien.

Angelica le sonrió ante la broma de mini-ella, además de decirle que para ella le sacase el zumo de melocotón. Mini-ella al parecer había salido tan gorda como el padre, pues tenía que comer azúcar a montones porque tenía falta de ella. Aún no había nacido y ya era más glotona que la propia madre.

La muchacha llevó la bandeja con el pollo y las patatas, dejándola en el centro de la mesa. Ya allí se encontraba un cuenco con la sopa de cebolla ―debidamente encantada para que no perdiese su calor―, por lo que aceptó el sentarse después del caballero gesto de Joshua.

―Gracias, caballero ―le contestó, destapando la olla.

Sirvió primero a Joshua en el plato hondo, para luego service ella y acercarse para poder oler el riquísimo aroma. Era su sopa favorita y es que olía demasiado bien. Iba a comenzar a comer, pero agradeció que estuviese lo suficiente caliente como para no meterse la cuchara, pues la comparación de Joshua le hizo reír.

―Que sepas que cuando me mudé yo no tuve esa sensación, pero todo el mundo me lo dice ―le confesó―: Es decir, eso de que te insulten. Cada vez que viene una amiga dice que los franceses son todos unos antipáticos, pero yo no lo comprendo. Creo que me crié en una familia de antipáticos antisociales y he tenido muy malas experiencias con ingleses, porque para mí los franceses son super agradables y cercanos ―añadió, para entonces llevarse la cuchara a los labios y cerrar los ojos porque estaba buenísimo―. Está mal que yo lo diga, pero me ha quedado super bueno. ―Y entonces rodó los ojos―. Hasta el puerro me parece maravilloso con estas hormonas ―admitió.

Se tomó una pequeña pausa en tomarse varias cucharas pues por una parte estaba hambrienta y, por otra, no le atraía nada de nada que se le enfriase la sopa. No había nada más desagradable que una sopa de cebollas FRÍA, a excepción de los pies de Misha FRÍOS bajo las sábanas. Angelica le obligaba a dormir con calcetines en invierno para que ocultase esos pies de cadáver.

―Prometo no preguntarte más en toda la tarde si no quieres hablar de ello pero toda la familia tiene la misma duda que yo… ―le dijo Angie, siendo completamente sincera―: ¿Qué haces en Francia? ¿Te has venido a otro país a prepararte los exámenes de enero? Debo decirte que me parece un poco exagerado pero cada uno busca la concentración en donde esté ―dijo, sin tener ni pajolera idea de sus reales motivos.

Joshua siempre había sido un poco rarito, como su hermano, por lo que no le extrañaría que la falta de motivación o de inspiración le hubieran pedido cambiar de aires y en Francia, además de ella, se encontraba su tía abuela. Por suerte para él, Angie no conocía al Joshua adulto tan bien como al pequeñajo que ocultaba todas las gamberradas de Ayax, por lo que si decidía mentirle, ella se lo iba a creer. A fin de cuentas, ella ignoraba que su primo tuviera motivos para contarle una mentira y tampoco era mujer de desconfiar de quién no le ha dado motivos para ello, mucho menos de su primo pequeño.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Mar Ene 21, 2020 12:32 am

Había reinado el desánimo en él desde hacía ya una semana y media, pero logró encontrar la parte de él que bromeaba para hablar con Angelica. Eran los beneficios de encontrarse sólo en presencia de alguien a quien consideraba “nosotros”. En casa de su tía, para bien o para mal, Brooke era una presencia considerada “aquellos que no son nosotros”. Su división era clara y evidente; además, era más complicado pasar del segundo grupo al primero conforme mayor se hacía Joshua.

Le alegró en el fondo que, lejos de ofenderse por la broma, la notase feliz con su gran barriga. Era evidente por el gesto que tienen todas las embarazadas de acariciar inconscientemente su estómago, con cariño y maternidad.

Lamento ser yo quien te lo diga, pero te engañaron —contestó respecto a su pijama que no era pijama.

El paso del tiempo había arrollado a Joshua mientras pasaba y veía la casa de su prima. En Angie podía ver, como un fantasma, a la niña que había sido, con quien había compartido tanto tiempo durante su infancia, antes de que el colegio aniquilara el tiempo libre de ambos. No pudo evitar preguntarse si en otra ocasión en el pasado habían estado a solas, sin la presencia de Ayax de por medio, pues era una figura estática siempre en sus recuerdos de la infancia.

Se dio cuenta que era por eso que no estaba muy seguro de quién era sin él.

Barrió el recuerdo debajo de la alfombra imaginaria en su cerebro, concentrándose en la comida que le mostraba la embarazada. Un pollo con buena pinta y aroma delicioso. Hablando sobre la cocina de su prima… había sentido un pinchazo de alegría en el pecho. Si bien no había dicho la gran cosa, había bastado para hacerlo sentir bienvenido. Incluso se quedó sin palabras durante un momento y su respuesta llegó un poquito más tarde de lo esperado.

No puedo esperar a probarlo, en ese caso —contestó, un tanto avergonzado de que el mero hecho de saber que cocinó su especialidad porque “había que hacer las cosas bien por él” le causase esa reacción.

Sacó el jugo de melocotón de la nevera para su prima, llevándolo a la mesa y alistándola para prepararse a comer. Una vez que los dos estuvieron sentados, dejó a su anfitriona servirle el plato y lo agradeció con un leve asentimiento de cabeza. Tomó una cucharada cerca de sus labios y sopló suavemente, sintiendo el calor rebotar en respuesta, y se dio cuenta que estaba demasiado caliente para su gusto, así que volvió a bajar la cuchara para dejar que se enfriase.

Puede que les esté levantando falsos porque no entiendo lo que dicen, pero… si tuviera que apostar, yo diría que sí que son insultos —le contestó, admitiendo que no estaba seguro, mas algo se lo decía.

Estaba revolviendo la sopa con la cuchara para dejar que se enfriara, aunque fuera un poco, así que sólo pudo sonreír brevemente a Angie cuando halagó su propia sopa, ya que no podía todavía dar su opinión al respecto. No fue sino hasta un momento más tarde, en el silencio de ambos, que alcanzó a probarlo sin temor a quemarse la boca.

Tienes razón —reconoció—, te ha quedado muy bueno —le dijo, para continuar tomando cucharadas, haciendo pequeñas pausas entre una y otra.

No se interrumpió sino hasta que su prima le preguntó aquello. Sabía de parte de su padre que, al menos él, estaba seguro que su decisión tan precipitada era para llamar la atención, y no dudaba que fuera la versión que utilizase para explicar su ausencia durante la cena de Año Nuevo. Él había tenido que metafóricamente callarse y asentir porque no podía decir sus verdaderos motivos.

¿Cómo explicar que la razón real había sido que no había podido enfrentar la idea de estar en la misma habitación que Ayax Edevane sin demostrar todo lo que le provocaba? ¿O que no podía siquiera estar en su propio apartamento sin recordar todo lo que había sucedido ahí? ¿O que no sabía lidiar con la sensación de que nadie lo ponía primero?

Sabía que, comparado con muchos asuntos, era una prioridad para Ayax. Sin embargo, en el momento de la verdad, no le había elegido a él, bien consciente de que dejaría todo sólo porque ese hombre se lo pidiera. Era un choque que le estaba causando estragos desde hacía días.

No obstante, optó por ser elegante y ceñirse a su cuento. Una mentira era creíble siempre que fuera constante en todas sus versiones, así que tenía que decir lo mismo que había dicho a su tía. Si bien era mitad mentira y mitad verdad, no había sido lo que había conseguido que finalmente necesitara alejarse del hogar.

Bueno —dijo, levantando las cejas y volviendo la mirada a su plato—, es… complicado, algo embarazoso —admitió, tomando una pausa antes de continuar—. No lo he estado llevando bien desde… el secuestro, así que… quise aprovechar las vacaciones de invierno para desconectar un poco —aclaró la garganta—. Sé que fue algo abrupto, pero era necesario —le aseguró.

No era mentira en la parte donde sus problemas de ansiedad sólo se habían agravado con el tiempo, hasta el punto de recurrir a la medicación como un apoyo, cuando todavía rechazaba la terapia. Sí lo era en cuanto afirmaba que era el principal motivo para huir.

No sé qué voy a hacer, en verdad —confesó, tomando otra cucharada más y haciendo una pausa hasta tragarla—. No sé si regresaré al final de las vacaciones, o si sólo iré para asistir a la universidad y volveré… O si debería pedir un traslado a la universidad de aquí, que es más complicado por el francés… O si debería ir a otro sitio con un idioma que domine y pedir transferencia ahí —eran sus opciones.

Era aterrador pensar en la transferencia porque, siendo su segundo año casi comenzando el tercero, era una decisión abrupta y muy a largo plazo. Estaba asegurando que no volvería a establecerse en Londres durante dos años y medio; no sabía si Ayax y él serían capaces de permanecer tanto tiempo separados.

También estaba la opción de deshacerse de su departamento, buscar uno nuevo y empezar una nueva vida ahí. En un lugar donde nunca hubiese dado rienda suelta a su pasión y sus sentimientos con la persona equivocada.

Así que… sólo estoy dejando pasar el tiempo y ver qué pasa —o lo que era lo mismo: ver si tomaba valor y se enfrentaba a lo que sentía por el bien de su estabilidad y amistad. Estaba convencido que tenía que empezar a ver con madurez y pragmatismo su situación, pese a que todavía no encontrase cómo.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Jue Ene 23, 2020 11:42 pm

―Los franceses hablan tan bonito que aunque te insulten merece la pena escucharlos ―exageró con una sonrisa en los labios ante lo que decía.

Ella consideraba que su acento inglés estropeaba tu gran maestría con el francés, pero todo el mundo le decía que tenía un buen acento y que su francés era precioso, ergo ella estaba orgullosa de haber aprendido un idioma tan complicado pero tan bonito.

Merci le agradeció.

Joshua nunca había tenido fama de mentiroso, ni mucho menos de protocolario en ese aspecto. Vale que venían de una familia bastante recta, pero siempre había habido confianza como para decir que la comida estaba mala o no era de su gusto, por lo que aceptó su halago con alegría. Debía de admitir que se había hecho fan de cocinar para otros… ¡pero ella siempre probando también la comida! La verdad es que había notado mucho eso de los antojos y las hormonas, pues no paraba de comer. Solo esperaba no ponerse como una ballena independientemente de estar gorda por llevar a otro ser humano ahí dentro.

Angie entonces preguntó lo más obvio: que qué narices hacía en Francia en un arrebato tan repentino. Cuando lo escuchó decir que era por lo del secuestro… la verdad es que se sintió bastante mal. Ella también había pasado por un secuestro, aunque ni de lejos tan asqueroso y largo como había sido el de él. No quería compararse con su situación pues, por suerte, aunque a ella también le hubiera secuestrado un radical, ella era incapaz de ver a los hermanos Martins como malas personas después de cómo la habían tratado.

Era consciente de que no debía simpatizar con aquellas personas que le secuestraron y amenazaron con matarla pero… era inevitable no hacerlo después de conocer toda la historia y saber con qué injusticias estaban pasando. Sobre todo le daba pena Luciana… aquella pobre muchacha que había tenido que pausar toda su vida por culpa de un gobierno que era terriblemente cruel… Y si bien el mayor de los mellizos en un principio le dio miedo, vio arrepentimiento y humanidad en sus ojos cuando estaba frente a él pidiéndole que por favor no matase a su hermano.

Recordaba ese momento como si fuese ayer, literalmente. Nadie con esa mirada, incapaz de matar al asesino de tu hermana ―y el culpable de que tú mismo hubieras tenido que "sacrificarla"― podía ser una mala persona. El poder perdonar de esa manera decía muchísimo.

Se notó que Angie también se evadió un poco en ese tema, haciendo desaparecer fugazmente su sonrisa. Era un tema serio y, como tal, se lo iba a tomar con la seriedad pertinente. Si Angie siempre se acordaba de aquello cuando volvía a Londres, podía entender perfectamente a su primo con vivir allí.

―Supongo que hay confianza para ser totalmente sinceros en este tema… ―introdujo el tema, mirándole con empatía―. Sabes que yo pasé por algo parecido. Sé que fue bastante diferente y que lo tuyo tuvo que ser horrible… eso de no saber qué hacías allí... o si acaso tenían intención de sacaros pues, a fin de cuentas, después de como se ha portado ese gobierno, ¿quién iba a confiar en que diese a torcer su brazo por vidas inocentes?

Después de todo, Angie siempre había tenido la esperanza de confiar en su hermano, pues que ella muriese o no recaía expresamente en la capacidad de su hermano y, aunque ahora mismo no se llevase demasiado con él por sus decisiones y lo que implicaban a ella, siempre había confiado en que para Ayax su familia era lo primero. Lo que a Angie se le sumaba el miedo por su recientemente conocida maternidad, claro… Se sorprendía que con lo histérica que era, no hubiese ocurrido una desgracia.

Evidentemente nadie sabía, a excepción de Misha, que Angie había sido liberada antes de que Ayax cumpliese con su parte, por lo que solo ellos eran consciente del honor de los Martins.

―Lo que quiero decir es que te entiendo, ¿vale? Si yo lo he pasado mal… no quiero imaginar como lo has tenido que pasar tú ―le aseguró, revolviendo la sopa suavemente―. Tienes mi apoyo. La gente que no ha pasado por lo que tú has pasado no te va a entender; no va a entender que necesites salir de la ciudad en donde dieron contigo, ni que necesites un cambio de aires para volver a sentirte seguro en un lugar o sencillamente para entenderte, pues todo el mundo cambia tras una cosa así. Así que si quieres quedarte aquí, cuenta conmigo: te puedo ayudar con el francés y darte un lugar donde dormir hasta que encuentres algo en donde te sientas bien.

Angie, sin duda alguna, había sido la hermana que se había llevado TODA LA EMPATÍA Y HUMANIDAD de los hermanos Edevane. Era una persona maravillosa, atenta y cargada de cariño. Y bueno, aunque Joshua fuera “su primo segundo”, realmente al haber estado siempre tan unidos y tener la edad de Evangeline, siempre lo había visto como un hermanito pequeño aunque hubiese estado siempre un poquito más separado.

―Te lo digo muy en serio ―añadió entonces, soltando un poco de aire por la nariz―: Me he dado cuenta de que uno tiene que seguir lo que cree que es correcto para sí mismo, independientemente de la familia y las responsabilidades que se supone que debes de tener. Así que si crees que esto es necesario para tu bienestar, es todo lo que hace falta para que des el pasito.

Quería animarlo mucho, ¿sabéis por qué? Era MUY CONSCIENTE de que su dichosa familia no lo animaría ni un poquito y debía de saber que tomar decisiones solo para sí mismo era lo más sano. Angie no se arrepentía en absoluto de haber tomado la decisión de ir a Francia por Misha y alejarse de toda Inglaterra.

―Lo siento ―dijo entonces con una sonrisa medio culpable, pero más tranquila y jovial―. Me he tomado el tema con seriedad porque para empezar no es algo que tomarse a la ligera; eso tiene repercusiones de las que hay que hacerse cargo. Pero sobre todo porque sé que nuestra familia no lo va a entender y todo el mundo necesita un empujoncito o, al menos, saber que no está haciendo mal. Recuerda que por mucho que a veces parezca que nuestras familias nos asfixian… en realidad somos libres. A veces se nos olvida. ―Rió un poco, antes de llevarse de nuevo la cuchara a los labios. Sin embargo, antes de tomar, añadió algo―: A mí en su momento se me olvidó varias veces. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que te deshereden? Ni que uno no fuera capaz de ganarse la vida por sí solo, ¿no? ―Y se metió la cuchara en la boca, saboreando su sopita.
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Joshua Eckhart el Vie Ene 24, 2020 12:51 am

La sopa estaba buena, así que no tardó en reconocérselo. Estaba plenamente consciente de lo gratificante que era recibir un halago cuando había invertido tiempo y esfuerzo en hacer algo para alguien más, en especial si dichas palabras eran honestas. Sobre todo, con ellos, Angie debía estar consciente de que, siendo él, habría preferido un silencio educado o un comentario constructivo antes que un halago falso.

Entonces, pese a que Joshua carecía de fama de mentiroso… tenía que mentir. Sí, había estado siendo duro. Sí, a veces le ganaba la paranoia cuando iba por la calle, a plena luz del día. Sí, todavía tenía pesadillas al respecto. Sí, había vivido un estrés inigualable con la realización de que podría no haber salido con vida de ahí. Sí, ni siquiera su brazo había sanado del todo luego de lo que le sucedió. Pero había sabido lidiar con ello, de la mejor o peor forma que pudiese.

Oyendo a su prima… se dio cuenta que ahí había otra mentira. Joshua solía mentir por omisión: más allá del gobierno, su preocupación había sido un acto de venganza. Había terminado con la vida de Sybella, y nadie le aseguraba que ellos, incluso una vez hechas las transacciones con el gobierno, le dejasen marchar a él con vida. Estaba consciente de que algo tenía que decirle que sí, dado que habían enviado eventualmente un sanador con él… cuando su estado rozaba lo crítico.

Nuevamente, optó por callarlo.

Venganza había sido lo que había vivido Angelica durante su propio secuestro: el miedo a que su vida dependía de su hermano. Los dos sabían de lejos que Ayax era una persona familiar y no dejaría a su hermana a su suerte, pero el mero hecho de saber que uno mismo depende de otra persona a tal grado… no podía ser bueno, y menos en el estado en que Angie estaba en ese momento, con su embarazo tan reciente.

Sin embargo, y pese a que no era su verdadera razón para ir a ese país… lo cierto es que se sintió un poco comprendido con lo que su prima le decía. Si bien Ayax también le mostraba su apoyo… su primo, pese a todo, encontraba ese lado de él responsable que, si bien tenía que tener toda su buena intención, no ayudaba cuando la otra parte estaba tan perdida y reacia a lo que él consideraba una vida plena.

No era nada que Gwendoline Edevane no le hubiese dicho ya en algún momento, pero Joshua siempre había sentido una marcada diferencia por el quién le decía las cosas, antes que su contenido. Su familia no era la dueña de su vida, por encima de sus responsabilidades familiares y las expectativas que tenían en él. Por el contrario, y casi en su totalidad, terminaban haciéndole sentir egoísta y que estaba actuando mal.

Lo cierto es que… he estado muy confundido estos últimos años —desde hacía tres, si quería ser más específico—. Siento que mientras más… decisiones tomo por mi cuenta, más les decepciono… como si, haciendo lo que siento de verdad, fuera un mal hijo —le confesó, y al hacerlo se sintió increíblemente vulnerable.

Con Ayax, lo tomaba con humor y maquillaba que en verdad era un tema que le afectaba mucho. En su familia más directa, su abuelo y padre eran harina del mismo costal: ambos creían que el respeto era callar y obedecer, y cuestionaban cualquiera de sus planes. Estaban seguros que no funcionarían, y se lo decían hasta el hartazgo; ya lo había vivido con su elección de carrera. Su abuela, una mujer maternal pero igual de cerrada, con la mente inmóvil en el matrimonio y la procreación. Si bien su tía-abuela era más relajada… no ignoraba que los tres primeros señalaban que lo consentía demasiado.

Del lado Edevane que importaba, sus tíos y su prima Eva en ocasiones se sentían más como espectadores. Sabía que podía ser paranoia suya, pero a veces pensaba que estaban sólo atentos a ver cómo resultaban las cosas: del tipo de personas que miraba y esperaba. Y Ayax, aunque lo quería a morir, en su momento había contribuido fuertemente a la presión de “perfección” en su hacer y vivir. En el cumplimiento inequívoco de las responsabilidades.

¿Eres feliz, Angie? —le preguntó, con la mirada fija en la sopa que giraba bajo la influencia de la cuchara—. Con tu matrimonio, con tu vida, ¿lo eres? —insistió—. Sé que es diferente porque… se espera más del varón de la familia, pero… no lo sé —exhaló pesadamente.

Para bien o para mal, en una familia machista, las mujeres eran una adición y un modo de unificación familiar antes que otra cosa. Era el varón el responsable de traer respeto a la familia, de responder a su estatus o mejorarlo. De traer la descendencia que llevaría su apellido y lo haría perdurar, por lo menos una generación más. Y era una responsabilidad horrible cuando dicho varón no sentía ningún deber social con otras familias reconocidas, ¡o siquiera el deseo de traer un hijo al mundo de la mano de una mujer de buena familia!

Sé que no es mucho, que… debería simplemente buscar a la mujer que mi abuela quiere y empezar a hacer caminar mi vida para que deje de sentirse estancada… Eventualmente llegará a algún lado —se encogió de hombros, tomando otra cucharada.

¿No era increíblemente egoísta pensar en llenar el vacío que un pelirrojo idiota había dejado con una mujer que no tenía intenciones de amar? Al menos, pensaba, él sabía lo que se sentía no llenar el sitio donde le han colocado, así que, creía, podría hacerlo funcionar sin hacerla sentir menos constantemente.
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Ayax Edevane el Lun Ene 27, 2020 10:47 pm

Angelica había visto dudas parecidas en su hermana pequeña y sabía que a medida que las nuevas generaciones iban creciendo, el pensamiento evolucionaba con ellos. Angie no había tenido muchas oportunidades de decidir más allá de sus cortas posibilidades, pero por suerte había podido elegir, privilegio que algunos no tenían. Se alegraba muchísimo de que Eva y Joshua fuesen los más jóvenes pero, a su vez, los que quisieran salirse de las líneas establecidas.

Que Angie siempre había apreciado a Ayax, pero nunca fue muy partidaria de que fuera tan correcto y obediente con todo lo que le decían, pues le parecía una manera de criarse injusta para un niño.

Eso sí, nunca dijo nada porque gracias al peso que tuvo Ayax, ella siempre pudo ser más libre en ese sentido. Ya no era la única hija y, por suerte, al ser él varón, a ella se le habían quitado muchísimas responsabilidades de encima.

―Verás, Joshua… tu vida solo la vives tú y, por mucho que te digan, es demasiado corta como para estar preocupándote de a quién decepcionas por ser feliz ―le dijo con total sinceridad, con un tono de total resignación―. Vive la vida, que eres joven y te queda toda la vida por delante. Preocúpate de ser tú mismo. Si tu padre se decepciona por tener a un hijo sincero consigo mismo, es problema suyo.

No hablaba de ningún caso en particular, sencillamente ser honesto con uno mismo. A veces las personas se encerraban en qué era correcto y qué era incorrecto, con respecto a la moral o «al qué pensarían» otras personas como, en este caso, la familia. Valía la pena ser valiente y esperaba que Joshua se diese cuenta antes de que se metiese en mitad de esas decisiones que no eran de él y le iban a hacer vivir una vida con la que no estaba cómodo.

La pregunta de la felicidad hizo que la pelirroja enarcase una ceja fugazmente, llevándose una cucharada de sopa a los labios. Aprovechó que se había llenado la boca de comida para pensar en la respuesta.

―Así es ―respondió a lo último―: Gracias al nacimiento de Ayax, se me quitó un peso increíble. Aún así me tocó casarme con un hombre al que mi corazón no eligió por un estúpido trato entre familias… ―Se encogió de hombros, pero sonrió con sinceridad―. He aprendido a querer a Misha y actualmente lo quiero muchísimo y soy muy feliz a su lado, con nuestra hija en camino. He podido desentenderme de todo lo que mi familia me iba a regalar y yo no quería, tener una vida modesta y dedicarme a lo que siempre me ha apasionado.

Ella era muy feliz siendo lo que era ―laboralmente―, aunque sí que había soltado una mentira: no quería muchísimo a Misha. Era muy cierto que había aprendido a quererlo, pero lo que sentía por él era un profundo cariño que había surgido del hecho de que ambos pasaron por lo mismo y se apoyaron mutuamente, prometiéndose ser la mejor versión para el otro.

―No sé qué decirte, Josh… ―le dijo, mientras continuaba comiendo―. Quiero decir… yo sé que esto de casarse por conveniencia es una mierda pero… a veces sale bien, ¿sabes? A mí me salió bien, a Ayax le salió bien… al menos la segunda vez. ―Carraspeó, sin querer sacar ese tema a relucir. Para cambiar de tema no pudo evitar abordar uno que le surgió del tema tratado, recordando a un hermana en fin de año―. ¿Estás dispuesto a arriesgarte a que te “asignen” a cualquier mujer? Mis padres también están buscando pretendiente para Eva y… no sé, ¿no habéis pensado en proponerlo? Ni siquiera somos primos hermanos, por lo que podría cuadrar… Vosotros tenéis la misma edad, os conocéis desde hace mucho tiempo, habéis pasado Hogwarts juntos y… ―Rió un poco―. Lo siento, parezco un poco Celestina, pero no me malinterpretes. Realmente considero que sería más fácil que a vosotros os pasase lo mismo que me pasó a mí con Misha y así evitaros a que alguno de los dos tenga un pretendiente nefasto. Me fío en que tú serías un buen marido para mi hermana y en que Eva sería una buena esposa para mi primo. ―Y volvió a reír, un poco más avergonzada―: Olvida lo que he dicho, ya me hago madre e intento emparejarlos a todos. Esto son las hormonas.

Realmente la idea esa había surgido de Evangeline, pero evidentemente no le iba a decir a Joshua nada de eso, pues Eva se lo había dicho a Angie como una confidencia de algo que había pensado, pues tenía miedo del prometido que pudieran llegar a elegir sus padres. Eva estaba convencidísima de que después de que sus hermanos hubieran tenido suerte, ella no la iba a tener y le iba a tocar al peor pretendiente de la historia.
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Joshua Eckhart el Mar Ene 28, 2020 3:46 am

Las conversaciones tan profundas no le daban respuestas, sino más preguntas todavía, en especial cuando se contraponían con lo que su familia quería. Normalmente, estaban más enfocadas en motivarlo a ser él mismo, pero… ¿qué significaba, entonces, ser él mismo? No era una pregunta que pudiera responderse con facilidad: había días en los que sentía que era un monstruo. Otros, que simplemente era una decepción. Existían esos donde estaba motivado y se sentía capaz de todo, pero entonces había en los que, de hecho, no se sentía nada en lo absoluto.

¿Qué pasaba si, al final, tomaba una decisión y acababa por ser errada? Todo apuntaría a que los demás tenían razón y que se había equivocado. Era un pensamiento aterrador, ¿y si no le gustaban las consecuencias de sus decisiones?

La siguiente respuesta de su prima había sido un poco más reveladora, ¿debería tomar una decisión que no le apetecía para poder desatenderse de otras? Ella lo planteaba como una suerte de ayuda para desatenderse de otras cuestiones familiares, pero, ¿no era, pues, salir de una jaula para meterse en otra? ¿Valía la pena?

Exhaló despacio cuando mencionó que su matrimonio había salido bien. En especial, porque el de Ayax estuviese saliendo bien; este, que no el anterior. Se mordió la lengua para no decir nada, aunque algo en su interior estaba gritando.

Entonces la miró, a medias sorprendido, a medias extrañado de que propusiera a Eva como una posibilidad. No era la primera vez que ella aparecía en el tema cuando hablaba de su propio matrimonio: el propio Ayax Edevane, más de un año atrás, la había sugerido. Incluso, en el anuncio de la boda de Ayax y Gabriella, había creído notar que ella intentó dejárselo caer. Tenían su edad y vivencias en común, pero… ¿era lo correcto?

La quería, con ese amor protector y familiar. La quería. ¿De verdad pensaba condenarla a casarse con él, un hombre que ocultaba sus verdaderos gustos, que estaba perdidamente enamorado de su hermano, que al menos una semana al mes ni siquiera se sentía completamente humano, una persona insegura que hasta su propia cabeza atentaba en su contra? ¿Era eso lo correcto?

No lo sé —exhaló, mirando su plato fijamente—. Supongo que… en verdad, tendría que hablarlo con ella; en realidad no soy tan “no-nefasto” como tú lo dices, puede que no esté interesada —admitió, pero su tono era claro. Esperaba que no preguntase a qué se refería, porque no iba a contestarle.

Por un lado, sabía que iba a cuidarla con cada parte de él. Que intentaría hacerla feliz, por supuesto. Que se conocían de hace tiempo y podrían trabajar en eso antes de que llegase el momento de la verdad. ¿Eso bastaría para equilibrar la balanza?

Ya no quiero hablar de esto —declaró con honestidad.

Ella le había dado la confianza de decirle si quería tocar esos temas, y él le tomaba la palabra cerrándolos y quitándolos de la mesa. Atenazó en su pecho el pensamiento de que probablemente convendría tener más de una conversación seria durante ese año con gente con la que nunca las tenía. Todavía tenía asuntos pendientes con su padre y su aspiración a convertirlo en mortífago.

Terminó la sopa y esperó pacientemente a que su prima terminase con la de ella, para ayudarla a servir el pollo. Sabía que era el invitado, pero no vio nada malo en prestar su mano para Angie.

¿Ya tienen la habitación de la bebé lista? Tengo la impresión de que explotarás en cualquier momento —buscó un tema mucho más neutral y que era por norma más feliz que todo lo anterior. A su prima le alegraba su embarazo y, si bien él no tenía muchas ganas de pensar en hijos por otro problema pelirrojo, al menos podían usarlo.

***

La comida había terminado con normalidad y Joshua no había escatimado en halagos al respecto, pues el pollo había quedado delicioso. Nuevamente había ayudado a su prima levantando la mesa y a limpiar para borrar el rastro de su comida, además guardando lo que había restado para que su primo político cenase cuando llegase de trabajar.

Estaba considerando que era hora de marcharse: la mejor parte de las visitas es cuando se van, ¿o era el único que pensaba eso? No es que tuviera nada que hacer ahí fuera, nada que no hubiera hecho los días anteriores, pero tampoco quería que su presencia comenzase a resultar molesta.
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Ayax Edevane el Miér Ene 29, 2020 11:14 pm

La verdad es que desde que soltó el tema, se arrepintió, pues ella no era nadie para ir recomendando a su primo Joshua que se casara con su hermana que, a su vez, también era su prima. No iba a negar que desde hacía mucho tiempo ―más o menos desde que a ella le obligaron a casarse y veía a sus hermanos sin tener obligaciones de ese tipo― que pensó que Eva tenía la suerte de compartir algo así con un primo de su edad.

Angelica tenía primas cercanas a su edad: Serinda y Gwendoline, pero… con una no se llevaba demasiado bien y a la otra prácticamente no la conoció hasta el año pasado, por lo que no había tenido mucha gente en la que apoyarse en ese tema y, desgraciadamente, había pensado mucho en ello.

―Vale, lo siento ―le dijo, sin sentirse mal ni nada. Era cierto que sentía haber tocado un tema tan incómodo, pero no lo dijo dramáticamente, sino más bien de manera jovial y amable, intentando no crear un mal ambiente entre ellos―. Hablemos de otra cosa.

Y sin problemas ninguno, la pelirroja sacó otro tema sobre la marcha que no incidiera en ninguna incomodidad de su primo. La verdad es que teniendo en cuenta hacía cuánto que no se veían, era relativamente fácil sacar temas, sobre todo porque a Angie le encantaba hablar. Preguntó por sus estudios, le habló de sus trabajos y sus propios estudios y… tuvieron una charla distendida en lo que comían.

Cuando terminaron de comer y recogieron juntos, la pregunta de su primo la hizo sonreír.

―¡Oye! ¡Que todavía solo estoy de siete meses! ―Se quejó―: Yo a veces también me miro al espejo y pienso que me va a estallar la barriga en cualquier momento. Siempre he sido delgadísima, así que aún me sorprende tener esta gran panza ―reconoció divertida mientras dejaba los platos en el fregadero―. Pero sí, claro que tenemos la habitación preparada. Cuando comamos, te la enseño.

Una vez comieron, Joshua le ayudó a recoger la mesa y hasta limpiaron los platos a lo muggle para colocarlo todo en la alacena, dejando la cocina como los chorros del oro. Mientras tanto, Angie mantenía una conversación continua y, aunque hubieran silencios, no los consideraba incómodos. Siempre había sido de esas personas que pensaban que quedarse callados no era sinónimo de incomodidad, pues cada uno se ponía a pensar en sus propias cosas y poder compartir silencios de esa manera era casi un privilegio.

Angie limpió la mesa y dejó el paño sobre la encimera para que se secase, mirando entonces a Joshua.

―¿Te acuerdas los cupcakes de limón que le hiciste a mi hermano por su cumpleaños el año pasado? ―preguntó repentinamente―. Me da apuro decirlo porque quedo como la evidente gorda que soy… ―se señaló su propia barriga, antes de continuar―: Pero quiero pensar que tengo excusa: ¿te gustaría hacer algún postre parecido? Sí, lo sé: no he ni empezado a hacer la digestión del almuerzo y ya estoy pensando en la merienda… ¡vale, vale! ―Fue ella misma quién hizo esa conversación como si se tratase de un Joshua echándole en cara que ahora mismo era un pozo sin fondo.

Abrió la despensa superior, en donde habían un montón de ingredientes para tartas y cualquier receta para postres. Ella, sin embargo, no era muy dada a hacer ese tipo de cosas, pues prefería dedicarse más a comidas elaboradas y menos a  postres.

―¿O te tienes que ir ya? Si te tienes que ir, no pasa nada ―le aclaró para que no se lo tomase como un compromiso―. Pero si te quedas y me enseñas tu gran receta, te estaría eternamente agradecida. Prometo no decírsela a nadie y conservar tu componente mágico.
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Joshua Eckhart el Jue Ene 30, 2020 7:57 am

Las personas que podían escuchar un “no quiero hablar de eso” y, de hecho, no insistir en el tema ni ofenderse por ello, eran un tipo especial de persona a ojos de Joshua. La gente se tomaba demasiado personal un cambio de tema tan abrupto como lo era ese, por lo que siempre era de agradecer hablar con una persona que no lo hacía.

Así, la conversación continuó por otros temas mucho menos profundos y filosóficos para concentrarse en ponerse al día; normalmente era Angie quien sacaba el tema, pero Joshua los continuaba y en ocasiones le atraían nuevos pensamientos que cambiaban de dirección, y así hasta continuar con su comida.

Era honestamente un poco aterrador ver cómo el cuerpo de una mujer cambiaba con vida dentro, en especial cuando era un cambio tan radical como el de Angelica. Por lo menos podía decir que, esperaba él, consiguiese recuperar su cuerpo conforme ya no tuviera a su mini-humana dentro.

Si tenía que ser sincero, lo había pasado bien. Incluso limpiar del modo muggle, había sido entretenido con su prima, ayudándolo a desconectar un poco del manto negro que tenía en su mente desde hace días. Había sido una buena compañera de conversación y hasta de silencios, y en su interior se apenó un poco de haber tardado tanto en percatarse de ese lado de su relación, pues el tiempo y sus ocupaciones los habían separado conforme iban creciendo.

Se estaba secando las manos en con una servilleta desechable cuando oyó a su prima hablar de pronto, haciendo que parpadease y la mirase con curiosidad, asintiendo con la cabeza al oír la pregunta a la que correspondía una afirmación.

¿Y me dices que no vas a estallar? —preguntó después de que su prima hiciera silencio. No lo decía en serio, aunque su tono no ayudaba, sino que sólo corroboraba su pensamiento sobre él juzgándola desde la broma.

Se aproximó a la alacena para mirar las cosas que había, primero repasándola con la mirada y después tomándose la libertad de seleccionar algunos de los ingredientes. Supuso que no iba a matarlo quedarse otro rato y cumplirle un capricho a su prima… estaba trabajando para convertirse en un buen tío-segundo, ¿no? Por no decir que no era su estilo hacerse del rogar.

No puedo hacerte el de limón, es la receta de Ayax —aclaró desde el vamos, sin siquiera pensárselo dos veces. Parecía programado a decirlo—. Puedo hacerte de otro sabor, eso sí… No he intentado muchas frutas, pero no puede salir tan mal, ¿no? —se encogió de hombros. Las dos que siempre utilizaba eran limón y manzana, porque eran la favorita de su primo y la propia.

Mirando a través de los ingredientes fue dejando en la encimera todos los que necesitaría para la elaboración de un postre. Lo hacía mientras pensaba y hablaba lentamente.

No tengo mucho que hacer, en verdad, sólo he estado explorando la ciudad un poco —afirmó; si lo pensaba seriamente era un poco triste. Afortunadamente, no tenía ganas de pensarlo seriamente, y simplemente puso la cabeza en la preparación del postre—. Tampoco es que pruebe mucho de la cocina francesa… ¿Te imaginas que pida algo sin saber qué es y me lleguen unas ancas de rana o unos caracoles? —hizo un leve gesto de disgusto por los platillos “cliché” de Francia.

Al principio se movía con reparos, antes de tomar confianza y empezar a buscar cosas por su cuenta dentro de la cocina de su prima. Consiguió un tazón para batir la harina y se encontró con una taza medidora; por suerte, la parte más importante de la receta la había memorizado tras tanto tiempo llevándola a cabo.

¿Qué frutas tienes que podamos usar? —le preguntó, una vez que lo más importante ya estaba hecho, que era la mezcla para la tarta—. Si me dices “melocotón”, te odiaré y me iré —bromeó con ella, pues había visto los jugos en su nevera del mismo sabor.

No era desconocida su alergia: sólo tocarlo le provocaba una reacción leve, ni se diga de comerlo.
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Dom Feb 02, 2020 8:44 pm

―Seguro que Ayax estaría totalmente de acuerdo en que me hicieras la receta a mí porque soy su hermana favorita ―«y me lo permitirá como recompensa a que me secuestraran por su culpa» añadió en su mente―. Me parece fatal que sea una receta especial, ¿y yo no tengo una receta especial “only for Angie”? La exijo.

Estaba de broma, evidentemente. Se le podía notar porque se le creaban unos hoyuelos en las mejillas de sonreír, así como un gesto muy risueño. Angelica siempre había tenido ―válgase un poquito la redundancia― un rostro angelical, siempre de niña buena y es que… siempre había sido una niña buena, muy feliz y alegre. Además, su transparencia con respecto a sus sentimientos era, en muchas ocasiones, de agradecer. A día de hoy, precisamente por esa transparencia, se le notaba muchísimo su “incomodidad” junto a Ayax.

―¿Estás de broma? Después de lo que he probado tuyo, dudo mucho que una fruta en especial sea un obstáculo para ti ―dijo con ánimo, con plenas confianzas en las aptitudes culinarias de su primo pequeño.

Se alegró de que Joshua decidiese quedarse, ya no solo por el postre ―¡que también, obvio!―, sino porque desde que se había enterado que estaba ahí tan solito… pues se le habían disparado las hormonas maternales y no quería que estuviera solo en Francia. Ya que tenía intenciones de quedarse y pese a que fuera un poco asocial, quería que se sintiera a gusto a su lado y supiera que pudiera contar con ella.

¿Cómo iba a evitarlo? Era de la edad de su hermana pequeña y estaba embarazada: ¡era inevitable sentir esa protección maternal!

―Bueno, poco a poco… te puedo instruir: sé que merece la pena de la cocina francesa y qué no merece ser probado ―dijo divertida, con una sonrisa confiada. Se acercó entonces a él para facilitarle algunos utensilios con lo que trabajar―: Pues tengo piña, fresas y… ―Rió cuando mencionó lo del melocotón, recordando su desagrado por el mismo―. ¡Pobre melocotón! La verdad no soy muy fan de los postres de melocotón… A ver, entre piña, fresa y manzana, ¿con qué fruta crees que puedes hacer el postre definitivo “Only for Angie”? ―le preguntó mientras se alejaba juguetona de él hasta la puerta de la cocina.

De detrás de la puerta sacó un delantal de color amarillo en cuyo frontal ponía: “CHEF DE LA CASA” ―el cual solía ser de Misha―, colocándoselo a Joshua por encima para que no se manchara. Ella se colocó el de color violeta, que ponía: “Si la vida te da limones, ¡haz limonada!” en donde también había un limón feliz auto-exprimiéndose. La verdad es que si mirabas con frialdad aquello, era un poco perturbador.

―Dime como te ayudo ―le pidió, rehaciéndose la coleta antes de lavarse las manos―. ¿Haces mucho de esto en casa o solo por ocasiones especiales? Te veo desenvuelto. A mí lo de cocinar me ha terminado gustado, sobre todo si no tengo presiones… Me parece relajante incluso cuando debo controlar que no se me queme el pollo.

La vida de Angie era bastante diferente a como se la pudiera imaginar cualquier miembro de su familia, viviendo en el país de origen de su marido, con el cual se casó por obligación. Misha era un amor de persona que le había dado una libertad increíble y ella, pese a lo que se pudiera pensar, era muy libre con sus estudios, su profesión, su vida y todo. Había dejado atrás cualquier conducta "tradicional" del ambiente purista y... realmente estaba muy agradecida de haber podido dar un paso en una dirección elegida por ella.
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Joshua Eckhart el Lun Feb 03, 2020 11:19 pm

Por un momento miró el pequeño ataque de celos de su prima Angie respecto a la receta favorita de Ayax, hasta que vio los hoyuelos en las mejillas de la mujer. Ese era la prueba más evidente de que estaba bromeando, y seguramente la señal para que Joshua se percatase de que no había nada de lo que preocuparse.

Lo consideraré —le aseguró, respecto a hacerle una receta especial sólo para ella.

En especial, se entusiasmaba con la confianza que su prima expresaba tenerle. En el fondo de sí, Joshua necesitaba la aprobación de la gente cercana a él, y tenerla siempre era un placer, sobre todo si era respecto a un tema que particularmente le gustaba como lo era hornear.

Si de verdad tenía intenciones de quedarse ahí permanentemente, sería buena idea que su prima lo ayudase con los platillos y con el francés, en sí mismo. Sería un verdadero problema intentar asentarse sin aquellas bases bien establecidas, así que asintió con la cabeza, asegurándole que le tomaría la palabra en caso de ser necesario.

Con piña —le contestó sin pensarlo: no era muy fan de la piña, así que podría recordar que la piña era la fruta especial para Angie—, lo haré con piña —confirmó.

Se quedó quieto –cual medida de defensa de conejo de congelarse en su lugar- cuando se percató de la proximidad y sintió el delantal. Lo miró divertido, entonces observando el delantal de su prima que encontró más sobrecogedor que realmente bonito… ¿ese limón estaba suicidándose? Y, encima, parecía disfrutar completamente el proceso… Sacudió de su mente esos pensamientos, regresando a la tarea principal.

De vez en cuando, los días que me apetece —por su cuenta, probablemente no le apetecería frecuentemente. Eso cambiaba los días que pretendía impresionar e iba a encontrarse con Ayax—. Puedes ir cortando la piña en trozos pequeños, creo que quedarían bien dentro del bizcocho: le dará una textura suave y húmeda; no toda, necesitamos trozos grandes para la decoración.

Lo cierto era que… podría acostumbrarse a una vida así de pacífica. Por alguna razón que todavía no entendía, creía que Angelica estaba tan en su lugar que ninguna preocupación externa podría perturbarla, más allá de lo que había vivido durante el año pasado. Vivir así, sin tantas cosas dentro de la cabeza… parecía ser sinónimo de vivir bien y tranquilo.

Enero 10, 2020.
Bosques de Londres.

No estaba bien. Lo sabía con sólo sentirse, con ser un poco consciente de su propio ser. El lobo agudizaba lo que sentía y lo volvía más vulnerable a sus emociones. El lobo era, pues, emoción, adrenalina latente, dolor y rabia.

Había escrito durante la madrugada anterior una carta a Ayax, quitándole la responsabilidad de su noche. Que lo tenía controlado, eso tenía el beneficio de la duda. Que estaba bien, le había asegurado. Con un demonio: no lo estaba. Al menos esperaba que no se desgarrase la piel con otro animal y no tuviese que ir como un perro con el rabo entre las patas a decirle que se equivocó. Que se equivocó otra vez.

Faltaban horas para el anochecer, mas era la hora de su encuentro con Bodhi. Un hombre corpulento y cuya paz no concordaba con el resto de él. Tenía un rostro amable y el temple de un monje budista. Tal vez por eso es que lo había apodado Bodhi, en su momento.

Lo encontró sentado sobre un tronco, haciendo un hueco con sus pies en la nieve. Ni siquiera lo miró cuando ya había sonreído:

Hueles a depresión —le dijo.

Sus miradas chocaron un segundo. Eran agua y aceite: cuando Joshua estaba metafóricamente al borde de un abismo, Bodhi era calma y tranquilidad. Como si la presencia del lobo no lo afectara. Como si no fuera, como Joshua, un monstruo.

Los ojos azules, que a la luz pálida del nublado día lucían grises, fueron los primeros en apartarse. Así le dijo a su colega que había algo que estaba intentando ocultar.

Me pregunto qué estás pensando, ¿me lo dirías alguna vez? —inquirió Bodhi sin impaciencia.

Conocía los altibajos de Joshua. Sabía que, a veces, simplemente no le apetecía ni hablar, y estaba en completo silencio, cual estatua, esperando algo que no llegaba. Tal vez ese era su problema, pensó el licántropo de mayor edad. Sonrió ante el pensamiento.

Sin embargo, muy para su sorpresa, tuvo respuesta:

Cometí un error tonto —su voz amenazó romperse y en ese segundo se dio cuenta de que estaba temblando, y no de frío. Era la primera vez que lo decía en voz alta después de semanas de silencio—. Me enamoré de alguien que decidió que… —hubo silencio de nuevo, justo antes de que bufara, llevándose una mano a la cabeza—, sé que no es así, pero se siente como si hubiera decidido que soy menos importante que sus responsabilidades —finalmente se había desbordado, probablemente con el último amigo que le quedaba cerca—. Haría cualquier cosa para quitarme este dolor, para saber que estaré bien, ¿no puede alguien simplemente decirme que todo estará bien?

Sintió como si el lobo acabase de decirle algo, de darle nombre a uno de sus más reincidentes sentimientos: ¿era ese el sentimiento de traición? Todo en él le decía que tenía que pasar página, pero sólo quería quedarse donde estaba; donde había estado hace un mes.

Bodhi se puso de pie y Joshua retrocedió un paso, esquivo. Eso no lo detuvo, sino que avanzó hasta ponerle las manos en los hombros. No lo demostraba, pero estaba sorprendido: era la primera vez que veía algo más que la desidia o la represión de Joshua.

Sé que la amas, pero se acabó, colega —le dijo él, asumiendo que era una ella. Nunca había habido indicios de lo contrario—. Nunca es fácil alejarse, pero tienes que dejarla ir, todo estará bien —se lo dijo viéndolo a los ojos—. Va a doler por un tiempo, así que anímate, no pienses en eso ésta noche. Encontrarás a alguien más y estarás bien.

Alguien más.

Él no quería a alguien más.

Tenemos que irnos, anochecerá pronto —dijo de repente, cerrando el tema. Disgustado con cuán vulnerable se había sentido.

Bodhi lo miró y le palmeó los hombros antes de soltarlo. Juntos, desaparecieron dejando sólo sus huellas sobre la nieve.

Enero 22, 2020.
Vestimenta.
Departamento de Joshua.
03:18 am.

El cielo se caía en un torrencial aguacero que se llevaba con él cada rasgo de paz. No había paz, con truenos mudos rompiendo el firmamento, sin un estremecimiento después. Un pesar atenazaba su pecho, aunque todavía no estaba seguro de qué buscaba.

Avanzando a través de las mojadas calles de Londres, sólo sabía decir que estaba perdido. No reconocía las calles, ¿estaban hechas de muchas partes de calles unidas en una misma? Un pasillo largo, tan largo como la espera, apareció ante él en la forma de un oscuro pasadizo, de un callejón cuya salida llevaba a un parque nevado; la única parte nevada de la ciudad, con al menos quince centímetros de nieve, juzgando por cómo se hundían los zapatos.

No los suyos, sino de los dos hombres allá, a la distancia.

Lohran Martins y Ayax Edevane.

Una sola mirada de esos ojos verdes y supo que todo había acabado. Corrió, sin sentir que avanzaba en ningún momento, impotente al ver cómo el negro señalaba con su varita a su primo, su amigo, su amor.

Estiró su mano: podía llegar, sólo un poco más…

Pero la nieve se tiñó de carmesí, y pronto se vio ennegrecida por la sombra aproximándose de un cuerpo inerte.

Vio sus ojos sin vida y sintió que caía.


Se despertó con un sobresalto, sudando frío y jadeando con fuerza, recuperando el aire. Había caído en su conciencia entre la oscuridad de su sala de estar, pues había caído rendido en el sofá con un libro abierto sobre el pecho.

Los ojos le ardían, quería llorar, y el pecho le dolía por sus músculos tensados en sus costillas.

“No, él está bien”, se dijo.

“¿Lo está?”, escuchó en el fondo de su cabeza.

“Tiene que estarlo”.

“No he sabido de él hace un mes”.

“Un mes”.

Su corazón se estaba acelerando. La imagen se repetía una y otra vez, el cómo había muerto en su pesadilla. Se estaba quedando sin aire.

Tomó su reloj de la mesa frente al sofá.

¿Ayax? —estableció comunicación en voz baja. Sólo quería saber que estuviese bien—. ¿Estás despierto, Ayax?
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Ayax Edevane el Jue Feb 06, 2020 11:30 pm

El día diez de enero, Ayax estaba preparado para recibir el aviso de Joshua. Se esperaba algo tipo: «Hagamos una pausa de todo este mal rollo y hagamos esto todo lo bien que sabemos». Estaba nervioso porque sabía que contactaría con él y que había altas probabilidades de verlo esa noche, aunque fuera convertido en una bestia agresiva que sólo querría matarlo de un mordisco… Aún así, estaba deseando poder ayudarlo antes, durante y, sobre todo, después. Hablar con él, volver a sentirlo a su lado y…

...espera, ¿qué?

Sí, le llegó un aviso pero… ¡pero le decía que no quería su ayuda, que iba a estar bien y que se encargaba él de no matar a nadie! ¡Si, ya, como si lo hubiera hecho muy bien sin Ayax como ayudante!

Le dolió en el corazón ese rechazo ―pese a que había una parte de él que se lo esperaba porque no se veían desde varias semanas― e incluso le hubiera dolido en el alma si hubiera tenido. Ese aviso le rompió el día por completo y, lo peor de todo, es que no podía decirle a nadie por qué estaba tan de mala hostia con el mundo, algo poco habitual en él, sobre todo con Gabriella, porque le había prometido a su primo que no le diría a nadie que era un licántropo. A poco estuvo de decírselo a Gabriella ―y sabía que tarde o temprano se lo iba a tener que decir― pero no lo hizo. Se decía muchas veces que la lealtad se medía, sobre todo, cuando estabas mal con esa persona y aún así no contabas sus cosas.


Pasaron los días y el hecho de que Joshua hubiera sido así con él en la noche de luna llena, hizo que el Ayax molesto pensase más en la situación y, por tanto, pasase bastante días malos. Lo echaba de menos y… ¿Francia? ¿En serio Francia? ¿¡Qué narices se le perdía en Francia!? Para colmo Angie seguía ―y seguiría, al parecer, hasta el fin de los tiempos― enfadada con él por haber sido el motivo de su secuestro y no le había dicho prácticamente nada de si había quedado con Joshua, si le había dicho algo en especial… ¡Se había limitado a mandarle una carta super escueta que decía: “quedé con Joshua y le ofrecí ayuda con el francés.”

Ayax solo pudo pensar que no estaba ayudando nada: ¿cómo que ayuda con el francés? ¿Acaso pretende quedarse en Francia? ¿Para qué iba a querer el dichoso francés si no era para quedarse en Francia? ¡No quería que se quedase allí!

Aquel veintidós de enero estaba en la cama, con Gabriella ―más concretamente dándole la espalda porque no le gustaba sentir su respiración en la cara― intentando dormir. Estaba intentando dormir con los ojos abiertos, por lo que sabía perfectamente que no lo iba a conseguir a corto plazo.

Su mente estaba divagando en a saber qué posibilidad remota de un Joshua en Francia ―que conste que le tenía ya manía a Francia para toda la vida―, para cuando recibió la llamada en el reloj. Pegó tremendo brinco en la cama que menos mal que Gabriella tenía un sueño muy profundo ―hasta el punto de roncar― y no se percató de nada. Aún así y porque no quería dar explicaciones, se levantó lentamente y salió a hurtadillas todo lo rápido que pudo de la habitación, mirando a la parte trasera del reloj para poder ver a Joshua mientras cerraba la puerta de su dormitorio con su mano libre.

―¿Josh? ―Lo llamó para darle a entender que le recibía, pero lo notó muy nervioso, por lo que preguntó sobre la marcha―: ¿Estás bien? ―No solía llamarlo a esas horas y si lo había hecho después de tanto tiempo, en ese estado, sabía que era por algo importante―. ¿Estás en tu casa? ¿Es eso tu apartamento? ―Claro que era su maldito apartamento: ¡estaba viendo su dichoso pasillo CURVO! ―Voy a ir.

Pero no se movió.

Si Joshua no quería que fuera, no iría. Tampoco se sentía preparado para meterse de repente en su espacio personal en una situación así si él no quería, sin embargo, desde que Joshua le diera vía libre, se presentaría en su sala de estar.
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Joshua Eckhart el Vie Feb 07, 2020 9:25 am

Había considerado muchas cosas en sus días en Francia, pero al final había regresado a su apartamento, básicamente porque no le gustaba la idea de pedir un intercambio universitario y no le apetecía ir y venir viajando internacionalmente todos los días sólo para asistir a clases y volverse. Sin embargo, no estaba cómodo ni feliz en su pequeño espacio personal.

El lugar que había sido su refugio, su sitio donde sentirse seguro, ahora era una zona de guerra entre sus sentimientos y sus recuerdos. Lo detestaba. Incluso, por mucho que hubiese adorado aquel apartamento arquitectónicamente, estaba buscando opciones para mudarse lo antes posible, porque simplemente no podía lidiar con ello. Todavía no encontraba el lugar ideal donde pasaría probablemente el resto de su carrera antes de mudarse a la casa donde estaría el resto de su vida.

Estaba convencido de que tenía que empezar a tomarlo con filosofía o iba a volverse loco, sin encontrar todavía la manera de que aquello fuese más llevadero.

Esa noche, en su sofá, se sintió como hacía tiempo no se sentía. Como un niño abandonado y solo. Su ansiedad no lo estaba ayudando en lo absoluto y estaba seguro que no lo haría, sobre todo porque encima de la mesa del salón estaba un frasco anaranjado y vacío. Se habían terminado y decidió comprar más por la mañana. Grave error.

En eso pensaba a media luz mientras esperaba, abrazado a sus rodillas y con el espejo mostrándole la nada, señal de que todavía no establecía comunicación directa, empezando a temerse no tener respuesta. No había mirado la hora, pero calculaba que tenían que ser las dos o tres de la mañana.

Dio un respingo que casi hace que se le caiga el reloj cuando oyó su voz y lo vio, con el espejo mostrándole la cara de Ayax. Lo vio preocupado; si tenía que apostar, también lo vio mal.

Hubo una pausa cuando le dijo que iría. Una parte de Joshua le pedía que lo hiciera, pero no se atrevió en ese momento a verbalizarlo. Su primo decidió no hacerlo sin expreso permiso.

No es nada, sólo… —empezó a hablar—. Es una tontería, pero… —porque en ese momento se sintió sumamente tonto por preocuparse tanto por un sueño—. Sólo quería asegurarme que estuvieras bien…

Al decirlo, una verdad tan grande como un muro le cayó encima. No podía odiarlo, sin importar lo desdichado que se hubiese sentido todo aquel mes. Sentado ahí, mirándolo mientras su cuerpo se sentía débil, se preguntó cómo había podido llegar a pensar que estaría bien lejos de él. Durante aquellos días no había podido concentrarse, no podía dormir bien y no le apetecía ni comer. Sólo con verlo, pese a todo, se sentía un poco mejor, incluso con lo que eso implicaba.

Soltó sus piernas llevándose la mano que las sujetaba a la cabeza, perdiendo sus dedos entre su pelo y apartando la vista a un punto imaginario en otro lado de la habitación. Se estaba decidiendo sobre qué decir a continuación.

Tuve un sueño donde… te sucedía algo malo y no pude evitarlo, sólo quería ver que estuvieses a salvo —le explicó. Nuevamente volvía a él esa sensación de vulnerabilidad que había estado sintiendo durante esas semanas constantemente—. ¿Puedes venir? —preguntó finalmente.

Le había explicado lo que había sucedido para que estuviese consciente de que, en verdad, no era nada importante. Bueno, era importante para él, pero no era serio, así que le dio la oportunidad de decirle que se verían por la mañana.

Lo cierto era que no había ni siquiera pensado en que pedirle venir significaba acceder a hablar. Probablemente le pidiese muchas explicaciones sobre sus decisiones, pues su primo era así. En ese momento no le importó, porque por encima de todo, quería, necesitaba verlo. Sentía que su cuerpo no se controlaría ni su mente se callaría hasta que lo tuviese en frente, sano y salvo.
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