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Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane]

Joshua Eckhart el Vie Ene 17, 2020 7:22 am

Recuerdo del primer mensaje :

Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane] - Página 2 ZvGdk7a
Gracias a A.J Seward por la cabecera ♡

Aquel día había sido el más duro de su vida en los últimos meses. No recordaba cuándo había sido la última vez que había llorado, probablemente siendo sólo un niño, cuando su padre le decía que los varones no lloraban y le enseñaba a contener todas sus emociones para mantener el pesar dentro; ese día le había llorado un río entero, sentado contra una pared en el pasillo de su apartamento, a medio camino para llegar a su habitación.

Sabía que no podía borrar diecinueve años de amistad en un solo día, sabía que no es que no fueran nada a partir de entonces y que, incluso así, se necesitaban en sus vidas. Había visto el dolor en su primo al decirle aquellas palabras, ese tinte de miedo de haberlo arruinado todo, no lo había ignorado.

Sin embargo… ¿qué hacía, cuando cada vez que pensaba en él sollozaba y las lágrimas volvían a caer en su rostro? Había llorado tanto que le había dolido la cabeza, y escuchaba en el fondo de su cabeza la voz de su padre intentando, sin éxito, acallarlo.

Empeoró cuando entró en su habitación, y los recuerdos de todas las cosas que habían pasado ahí se le vinieron encima en una estampida que volvió a romperlo. Las risas, los besos, bromeando y jugando, y sólo sentía que quería borrar los últimos minutos. Quería despertar de lo que parecía una pesadilla que sólo continuaba.

Diciembre 30, 2019.

Finalmente se había sentido con valor de hacer algo. Primero, escribió a su tía expresando sus deseos de visitarla en su casa; ella había respondido durante el transcurso del día con la ubicación del traslador que lo llevaría a su ciudad y prometió su cena favorita cuando llegase, durante aquella noche.

Consiguió un maletín extensible donde preparó en la habitación que esta contenía ropa y a sus mascotas, pues no pretendía volver diariamente para alimentarlas. De esa manera las llevaría con él y podría ir con ellas siempre que lo deseara, así que en realidad no fue un gran problema.

El problema fue escribir una carta más. Escribió a Ayax prometiéndole que volverían a ser amigos cuando él estuviese listo, y disculpándose por no poder estarlo de inmediato. No ignoraba que lo que había pasado entre ellos era real e iba a dolerles a ambos, pero tal como su primo había tomado la opción que le beneficiaba a él, Joshua tenía que optar por la que le haría mejor a su bienestar mental y emocional. Había dado especificaciones sobre el viaje que había preparado, con toda la información y boletos que Ayax necesitase, pidiéndole no desperdiciarlo incluso si él no se sentía preparado para acompañarlo.

Francia lo recibió con 4ºC y ligera llovizna. Con un francés de decente para abajo, logró ubicar la mansión de su tía-abuela y llegó a ella en un taxi. Una mansión preciosa, pero triste. Estaba seguro que lo triste era el paño que cubría sus ojos y que lo hacía verlo todo de otro color y no la mansión en sí misma.

Estaba ahí su abuela junto con su “amiga” Brooke.

Había una disimulada comprensión entre tía y sobrino que Brooke observó. Se miraron, y sin decir absolutamente nada Emma lo había abrazado con fuerza. Joshua había cerrado los ojos y se había dejado hacer, sintiendo por primera vez en días que respiraba. Había sido un abrazo corto pero significativo.

Sólo necesitaba tiempo para desconectar —les había explicado durante la cena—, las cosas no han sido fáciles desde lo que pasó.

“Lo que pasó” seguía siendo el tema del secuestro, y aunque Emma sospechó que mentía, no lo interrogó.

Hay una habitación en la que puedes quedarte, hijo —lo había invitado la mujer—, estarás tranquilo ahí, yo me aseguraré que Brooke no te moleste con sus cosas de nerd —le sonrió.

Gracias, pero conseguí alojamiento cerca de aquí —señaló con su pulgar a sus espaldas, en el recibidor, mientras se despedía— ¿Vendré quizá, a cenar? ¿Por el año nuevo? —aunque no tenía ganas de celebrar nada.

¿Avisaste a tu padre que no irás con ellos? —Brooke intervino, pues ya había empezado a entender cómo funcionaban los Eckhart.

Yo hablaré con Francis, no te preocupes —Emma lo tranquilizó.


Enero 5, 2020.
Vestimenta.
14:15 pm.

Desde el primero de enero hasta el cinco, había pasado la mitad del día en su habitación de hotel y el resto paseando aislado. No hablaba con nadie, no iba a tiendas, simplemente caminaba. Muchas veces podía caminar solo y no sentirse solo; esos días era diferente. Por las noches miraba el techo en silencio, preso del insomnio, mientras intentaba frenar los recuerdos de días preciosos, ahora tan lejanos.

Todos los días hacía el esfuerzo consciente de ignorarlo, de dejar de sentir tanto dolor. Fantaseaba con el momento en que se apersonara frente a Ayax y pudiera decirle que podían volver a la normalidad, que ya no sentía nada. Entonces se preguntaba si alguna vez “no sintió nada”, por lo que no podía sino preguntarse si en algún momento sus emociones estarían suficientemente frías como para no arderle cual fuego.

Lo que más dolía, de lejos, era pensar que la única forma en que Ayax se sintiera fiel a sí mismo y a sus principios era alejándose del desastre que habían causado. Él quería ver a su primo feliz, pero costaba más que un simple esfuerzo entender que su felicidad estaba con su familia y él quedaba relegado al puesto de mejor amigo. Era su mano derecha, sí, mas lo consumía por dentro saber que había sido mucho más.

Eran sus más profundos pensamientos. Una pena que llevaba a solas porque nadie más podía saberlo.

Su ausencia se había notado en la reunión de Año Nuevo de los Edevane-Eckhart. La familia estaba acostumbrada a la ausencia de Emmaline, pero no de Joshua. Francis hijo había informado a quien estuviese interesado del paradero de su hijo, y no había perdido oportunidad de escribir una carta a su hijo cuestionando su decisión de no asistir.

No había sido el único en ponerse en contacto con él: sabiendo dónde estaba, había establecido una conversación vía lechuza con su prima Angie y habían acordado aquel viernes almorzar juntos en su casa. No sabía si su marido estaría ahí, o si era siquiera una buena idea, pero el tiempo en confinamiento solitario empezaba a pasarle factura a su nivel de socialización.

Así que ese día decidió salir: pasó a comprar galletas para no llegar con las manos vacías y se aventuró hasta la casa de Angelica y Mysha. Tocó la puerta y esperó fuera, cobijándose del frío en su chaqueta.


Última edición por Joshua Eckhart el Jue Feb 13, 2020 8:14 am, editado 2 veces
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Dom Feb 09, 2020 8:42 pm

Ayax puso el freno cuando dijo que iba a ir al verlo tan nervioso, siendo consciente de que después de todo este tiempo no podía forzar una situación por mucho que lo desease. Se quedó quieto fuera de su habitación escuchando lo que él tenía que decir y su excusa para llamarlo. Ayax llevaba mucho tiempo queriendo asegurarse de que estaba bien, pero como sabía muy bien que una de sus llamadas podía no ser respondida y que hablar a través del espejo podría ser incómodo después de lo ocurrido… había optado por preguntar al resto por su primo, asegurándose de donde estaba y si estaba bien.

Desde que supo que estaba en Francia había contactado con Angie ―recibiendo respuestas muy simples y tajantes― e incluso con la tía abuela de Joshua, que residía también en Francia.

Sin embargo, por mucho que hubiera recibido información de ambas mujeres, sentía que no estaba totalmente seguro de que Joshua estuviera bien. Para colmo, después de que le negase la oportunidad de ayudarle con la luna llena… más preocupado se había quedado. Sabía perfectamente cómo habían sido sus lunas llenas previas a hacer eso con Ayax, pero quería confiar en su responsabilidad como él le había pedido en la carta. A fin de cuentas, el pelirrojo debía de empezar a aceptar que Joshua no iba a depender de él toda la vida… por mucho que ese pensamiento no le gustase lo más mínimo.

Cuando mencionó lo del sueño, entendió que podía deberse a su ansiedad, que quizás estaba pasando un mal momento y su cabeza había atacado a su sueño, haciéndole ver precisamente algo que lo desesperase. Era normal en personas con esos problemas de ansiedad y nerviosismo que el sueño fuese perturbados por la inseguridad.

―Estoy bien ―le aseguró para tranquilizarlo y, cuando preguntó que si podía ir, no se lo pensó demasiado.

Le dio igual que detrás de la puerta que tenía a su espalda estuviera una Gabriella roncando, pues en ese momento había reorganizado sus prioridades. Resultaba reconfortante poder sentir que estabas haciendo lo que te apetecía después de tanto tiempo. Sin decir nada ―sobre todo para dejar de hacer ruido en su casa― se desapareció y apareció en casa de Joshua, concretamente en su salón, pues por el reloj había visto en donde se encontraba. Bajó la mano del reloj y alzó la mirada para verlo en persona.

Tardó un segundo en recorrer en tres pasos el salón y abrir los brazos para abrazar a Joshua con muchísima necesidad y preocupación. Llevaba semanas deseando poder hacer eso de nuevo, uno de los muchos motivos por los cual hasta dormía con el reloj del comunicador, por miedo de que Joshua quisiera contactar con él y él no lo tuviera cerca: no volvería a cometer ese error. Su decisión de separarse de Joshua no se debía, precisamente, a falta de sentimientos por él, sino por todo lo contrario…

Abrazó a Joshua por su nuca, acercándolo a él de manera protectora. Notó que estaba sudando, algo normal cuando tienes una pesadilla. No había preguntado detalles de su mal sueño, pero no le había hecho falta, pues lo único que quería era aprovechar ese momento para dejarle claro que él estaba bien y asegurarse de que Joshua también lo estaba.

Se separó de él después de unos largos segundos en donde acarició los cabellos de su nuca. Mantuvo las manos en su cuello cuando se alejó unos centímetros, mirándole a los ojos. Quiso darle un beso después de haberse acostumbrado a ellos y haberlos echado de menos, pero no lo hizo.

Iba a preguntar que si estaba bien, pero le salió otra cosa sin haberlo pensado demasiado bien.

―Te he echado de menos ―reconoció al mirarle a sus ojos azules. Pocas veces Ayax reconocía que había echado de menos a alguien. Era demasiado piedra para eso―. ¿Estás bien?
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Lun Feb 10, 2020 10:54 am

Si había tenido alguna duda de que Ayax respondería a su petición con un positivo, se esfumó por completo en cuanto vio el fondo del espejo cambiar y convertirse en su propio apartamento. Apartó la mirada del reloj para mirar a la nueva presencia dentro de su casa. Su corazón dio un vuelco nada más verlo y su pecho atenazado le dejó tomar una bocanada de aire, justo antes de que el pelirrojo eliminase la distancia entre ellos en cuestión de un segundo.

Al apretarlo entre sus brazos, cualquier otra persona hubiese activado el gatillazo de Joshua para alejarse en el acto, para tensarse como poco. No con su primo, con quien se dejó envolver entre sus brazos y lo aferró entre los suyos, escondiendo su rostro en el espacio entre su cuello y su hombro. Sus manos se habían cerrado sujetando su pijama; parecía tener miedo de que se marchase tal cual había llegado.

Tembló en una sacudida violenta, un escalofrío antes de relajarse en su abrazo. Su cabeza, un segundo antes envuelta en ideas desagradables sobre Ayax no estando bien, estando herido por improbables situaciones, grave desde su desconocimiento, se callaron bajo el pensamiento repetitivo e insistente: “Está aquí, está bien”.

Respirando su colonia, calmándose con su respiración lenta y su mero calor corporal, por un momento tuvo la sensación de estar despertando de una pesadilla que había perdurado con los días y no había despertado de golpe, como la que había tenido en su sofá. Nunca antes el silencio fue tan suficiente, nunca antes un abrazo se sintió tan fuerte.

Al final, cada esfuerzo que había puesto tratando de no quererlo tanto había sido en vano; no había valido la pena buscar callar todo lo que sentía, si, al final, con tenerlo frente a él bastaba para hacerle caer a sus pies. Intentar no amarlo sólo lo hacía amarlo más.

Al momento en que se separó de él aquellos centímetros para poder verse cara a cara, sus pensamientos obsesivos ya habían bajado bastante su volumen; incluso su pulso y su respiración normalizaron su ritmo hasta sentir que estaba bien.

Tuvo la idea de acercarse a sus labios: su mirada había caído a ellos. Frenó el impulso y volvió sus ojos a los verdes de su primo. Ayax fue el primero en romper el silencio; no había dicho directamente lo que ambos esperaban, aquella pregunta sobre él, sino que antes los sorprendió a los dos.

Yo también te he echado de menos, mucho —podría parecer irónico que lo dijera quien había roto la comunicación y se había marchado. Pero le había hecho mucha falta—. Sí, estoy bien —en ese momento, sí que lo estaba. En comparación con los días anteriores, estaba excelente.

Lo demostraba su físico: cansado, las ojeras formaban parte de su rostro como sacos violáceos; incluso su apartamento era muestra de ello, que, si bien no era un desastre, se notaba el descuido en la forma de platos, tazas y contenedores vacíos de comida a domicilio; libros por aquí y por ahí.

Exhaló con una sonrisa a medio lado que lucía derrotada.

Imaginé que iba a ser difícil, pero no pensé que tanto —le confesó después, dispuesto a tratar al elefante en la habitación—. No me ha funcionado como esperaba esto de alejarme, sólo me siento peor, te… —hizo una pausa, recogiendo todo el valor que tenía. La dignidad que tenía tirada en el suelo—. Te necesito cerca.

Era aterrador darse cuenta de cuánto revolucionaba su ser su presencia o su ausencia. Cómo, en ese momento, los sentimientos de traición y dolor que sentía no hablaban tan alto, cuando a solas gritaban perforando su pecho. Al mismo tiempo, era desgarrador darse cuenta que lo tenía ahí y las cosas habían cambiado. Nunca volvería a ser el mismo después de lo que había sucedido entre los dos.

De todos modos, tomó aire y juntó coraje. — Lo siento por haberlo arruinado todo, sé que no estaríamos en esta situación si tan sólo no… —no supo terminar esa oración. ¿Si tan sólo no lo hubiera besado? ¿Si tan sólo no sintiera lo que sentía? ¿Si tan sólo no se lo hubiera dicho? ¿Si tan sólo se hubiese quedado en la profundidad del armario por el resto de sus días? Ninguna opción terminaba de gustarle—. Sé que dije que no era posible, pero… ¿crees que podríamos intentar…? Tú sabes, ¿pretender que no existieron estos tres últimos meses? ¿Sólo… volver a la normalidad?

Se sentía confundido y estaba perdido, desesperado por una solución. Así, proponerle olvidar lo mucho que se querían, lo vivos que se habían sentido junto al otro, le había parecido la última opción razonable si la distancia no funcionaba y estar juntos del modo en que a él le gustaría no estaba en discusión. Sin embargo, como la piedra que muchas veces era, se rompió con un impacto suficientemente fuerte, apartándose un poco para atrapar una lágrima traidora.

Entonces desvió la mirada, con una sonrisa que decía lo idiota que sentía, y “lo siento” al mismo tiempo. Esperaba, con el tiempo, volver a reconstruirse por completo, aunque muchas piezas se hubieran perdido en el proceso. No era tan fuerte como le gustaría, a fin de cuentas.
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Ayax Edevane el Lun Feb 10, 2020 11:56 pm

El pelirrojo no podía echarle la culpa, ni aunque quisiera, de que se hubiese ido a Francia a tomarse su tiempo. Ayax no era en absoluto consciente de lo difícil que le ponía las cosas a Joshua en toda la relación que habían estado manteniendo éstos últimos meses y no era capaz de ver lo tóxico que se había vuelto todo lo que compartían. Objetivamente estaba siendo muy egoísta intentando que aquello funcionase, dándole la mínima esperanza o esperando que Joshua viviese absolutamente para él pese a que Ayax no iba a estar absolutamente de vuelta. Esa no era una actitud propia de alguien que quiere y ama a otro alguien, pero no era capaz de verlo porque solo se preocupaba en lo que él necesitaba y no en lo que Joshua se merecía.

Y seguía sin ser capaz de verlo en ese momento, con esos ojos azules que, a pesar de haberlos visto toda su vida, en este punto significaban todo un mundo muy diferente. Se alegró de manera totalmente genuina al escuchar que lo había echado de menos, además de saber que estaba bien y poder verlo en persona.

Ayax era médico y podía ver con evidencia las quejas de su rostro, además de la dejadez con la que había tratado su propio apartamento. Él, sin embargo, no podía verlo ahora mismo con malos ojos, sino todo lo contrario. Notó la honestidad en sus palabras y pudo no preocuparse en ese momento.

Pese a que fue el pelirrojo el primero en hablar, fue Joshua el primero en sincerarse. No lo veía como una muestra de debilidad o una pérdida de dignidad. Ayax no sabía nada de eso, sólo era consciente de lo mucho que le reconfortaban esas palabras y… sinceramente, ver en Joshua el valor para que se lo dijera no solo lo hacía sentir bien, sino que además lo motivaba a saber que eso se podía decir. Si diciéndolo iba a hacer que Joshua se sintiera mejor, tal y cómo sus palabras lo habían hecho con él, lo diría.

―Pues no lo vuelvas a hacer ―le pidió, sin pizca de autoridad, sino más bien como una petición sincera―. Si tu intención era que dejase de pensar en ti, haz conseguido que no pueda quitarte de mi cabeza ningún día.

Quizás habían conseguido gran parte de su vida pasarlas por separado, pero llegó un punto en el que se dieron cuenta de lo indispensable que se había convertido el otro y una separación forzosa después de todas sus vivencias era… directamente inviable.

¿Arruinarlo todo?

Ayax abrió los ojos momentáneamente, sin entenderlo. ¿Cómo podía pensar que había arruinado todo? Era cierto que las cosas se habían complicado mucho pero Ayax no pensaba que fuera por algo malo, sino todo lo contrario. Joshua no era consciente de lo mucho que había revolucionado al pelirrojo asexual que tenía como primo… Era cierto que seguía sin ser muy consciente de muchas cosas, que sus capacidades románticas seguían en lo más profundo de su baúl de aprendizaje pero… había sido capaz de sentir lo que era ese amor, esa pasión, ese deseo y esa necesidad por otra persona.

Gracias a Joshua había empezado a valorar lo que significaba atarse a una persona solo por un compromiso familiar… y había empezado a darle un peso importante e incluso a cuestionarse si merecía la pena vivir toda la vida así, cuando está claro que quieres mirar en otra dirección.

El pelirrojo no había dicho nada de eso en alto porque… igualmente no tenía el valor necesario para cambiar de opinión y sabía que diciéndoselo a Joshua solo le haría daño. ¿De qué servía advertirle de que se estaba pensando las cosas si, de igual manera, no iba a cambiar de hacer lo que hacía?

―No fue sólo tu culpa ―le contestó, con el ceño arrugado―. Tú habrás dado el primer paso, pero si todo esto se ha complicado ha sido cosa de ambos ―dijo, tomando su parte de responsabilidad, pues era muy consciente de que podría haber frenado toda aquella locura a tiempo, pero si no lo hizo fue porque sencillamente no quiso.

Tragó entonces saliva ante la petición de Joshua y se le presentó una incertidumbre: sabía que eso iba a ser más complicado que estar separados, pero como bien había dicho Joshua, lo necesitaba cerca y no quería volver a tenerlo lejos, inaccesible y rehaciendo una vida sin él a su lado. Ayax no sabía cómo iba a conseguir que todo volviera a la normalidad, pero era muy consciente de que objetivamente él debía de ser el que lo tuviera más fácil, al menos teóricamente…

Todavía no tenía muy claro cómo iba a hacer eso de que no existieran los últimos tres meses, cuando habían sido los tres meses más auténticos de su vida.

Vio caer la lágrima por la mejilla de Joshua, desviar la mirada y sonreír con tristeza. Pocas cosas ponían triste al pelirrojo, pero eso le destrozó por dentro y, a su vez, le rompió las defensas. No quería verlo así y saber que estaba así por su culpa empeoraba las cosas.

―Yo no quiero que vuelvas a irte ―le confesó, bajando las manos de su cuello con suavidad para dejarlas caer a ambos lados de su cuerpo―. Quiero tenerte a mi lado y si para eso tenemos que pretender que no existieron los últimos tres meses, pues… ―Soltó aire por la boca para que no se le quebrara la voz― ...haremos el esfuerzo. Podemos intentar… volver a la normalidad. ―Y lo dijo así porque sabía perfectamente que volver a la normalidad iba a ser complicado: ¿que normalidad? ¿Acaso la normalidad que ambos querían no era la misma que estaba prohibida?

Ver a Joshua así hacía que Ayax también se viniese muy abajo, aunque él no era de esos que tuviera lágrima fácil. Así que sin saber qué más decir ―pues realmente no había dicho nada― se dio la vuelta y se llevó la mano al rostro, siendo consciente de las complicaciones que iban a venir.

¿Qué quedaba? ¿Nueve días para casarse? ¿Y después… qué? ¿Él asistiría tranquilamente a su boda? ¿Luego aceptaría que a su mujer le saliese barriga y ver como un pequeño Ayrton correteaba por ahí? ¿Sería el propio Ayax capaz de vivir todo eso con Joshua al lado, sabiendo lo que sentía por él?

―Sé que esto va a ser complicado pero yo quiero intentarlo porque no quiero que te vayas de mi lado otra vez ―le dijo al girarse, con un tono de voz neutral y preocupado. No sonaba romántico, ni amoroso, simplemente sonaba tal cual estaba en ese momento: destrozado y sin intenciones ―por venenoso que fuera― de dejar escapar de nuevo a su alma gemela.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Mar Feb 11, 2020 2:26 am

No había sido sencillo desde que decidió intentar salir del hueco que, en el fondo, ellos habían creado. Todos sus esfuerzos por distraerse del hecho de que en verdad lo estaba extrañando no habían servido. Sabía que era cruel, pero deseaba un poco que Ayax sintiera su separación como una tortura, al igual que él. No quería pensar que era el único cuyo corazón se detenía cada vez que su nombre aparecía en la conversación, que tuviese miedo de no saber qué contestar si alguien le preguntaba si habían discutido, o que pensase insistentemente en él y en todo lo que había sucedido.

Bastaba darse cuenta que, en realidad, se había enfermado del alma. Se asustaba por todo, constantemente en estado de alerta, y lloraba por nada; había derramado todas las lágrimas que no habían caído a lo largo de toda su vida, lo que sólo empeoraba las cosas. Habían pasado tantas cosas los últimos años, que era desalentador darse cuenta de que, tal vez, había encontrado el punto de quiebre.

No se daba cuenta de que estaba destinado a ser así: no sabía cómo sentir normalmente. Había embotellado tanto lo que sentía que, simplemente, tenía que encontrar el momento en que se desbordase.

Fue reconfortante escuchar su petición, haciéndole saber que tampoco había podido superarlo, como era la idea original.

De verdad, parecía la idea más lógica —le dijo, pues era la conclusión a la que su cabeza fría había llegado—. Creo que sólo conseguimos exactamente lo contrario a lo que estábamos esperando —exhaló despacio, resignándose. Sabía bien que la mejor decisión iba a ser la más difícil… pero, ¿tan difícil? No estaba dispuesto ni podía seguir así.

Así que optó por buscar la decisión menos práctica, no sin antes disculparse por ello. Si no hubiera empezado a girar esa bola de nieve, no estarían en esa situación ahora. Serían esos amigos que siempre habían sido, esos primos inseparables que no se lastimaban tanto estando juntos como estando separados. Ayax estaría tan dispuesto a su boda como siempre lo había estado, sin ninguna duda, y Joshua seguiría intentando encontrar su camino a tientas, apoyándolo incondicionalmente.

En ese momento, la revolución que los dos habían tenido no parecía algo bueno, sino todo lo contrario. ¿De qué les servía haber conocido un mundo entero, nuevo y excitante, si al final iban a tener que volver a poner los pies sobre la tierra? ¿Si, al final, Ayax iba a seguir adelante mientras Joshua sentía que se quedaba atrás?

Sin importar que Ayax dividiese la responsabilidad, sentía que recaía en él. Sentía que se había aprovechado, que había tomado ventaja de que las cosas se movían tan rápido que los llevó a perder el control. Que hubiese sido más fácil para él no empezar, que para el pelirrojo detenerlo.

Olvidar todo y retomar las cosas antes de descubrir lo que sentía parecía una misión imposible para los dos, pero tenían que apostar contra todas las posibilidades. Era la última opción que podían tomar antes de empezar a pensar en medidas desesperadas para una situación desesperada. No estaban bien lejos el uno del otro, no importaba cuánto tiempo lo intentaran, no importaba cuánto se mintieran a sí mismos.

Nada podía apagar el dolor que le estaba dejando esa obsesión de sus corazones a un mismo latido, que ahora estaban divididos a la mitad. Tan sólo pensarlo le hizo perder otra vez frente a su propia marea de emociones desagradables, y una lágrima le arañó el rostro, como una prueba física de lo que intentaba mantener dentro.

Encontró casi irónico que Ayax lo plantease de esa manera. Como si no fuera por él que cualquier otra opción estaba cerrada, inviable. Era demasiado responsable como para dejar que la corriente lo llevase, por mucho que quisiera hacerlo. Estaban de acuerdo con algo, sin embargo: no querían volver a separarse. Joshua era dependiente de él, con todo y el dolor, con todo y la sensación de tener un permanente segundo puesto. Eso lo tenían en común: ninguno pensaba en lo que era más sano, sino en lo que necesitaban.

Será como… despertar —susurró, todavía sin mirarlo—. Despertar y que sigamos siendo mejores amigos, primos sin más… Fingirlo hasta que sea una realidad —porque se decía increíblemente fácil, cuando no lo iba a ser en lo absoluto.

Sabía lo que significaba. Sabía perfectamente que dentro de menos de dos semanas estaría arreglándose para ir a la boda de su mejor amigo, del hombre que amaba, y se pararía a su lado como su padrino, porque habría preguntas si no lo hacía. Tenía ese tiempo para recomponerse y volver a hacer uso de su neutralidad emocional, de pretender que nada le afectaba.

No había dudas para él: sabía que, de algún modo, le pertenecía a Ayax. No había nada que no hiciera por él, por extremo que pudiese parecer. Ese era el principal motivo por el que detestaba la idea de que el pelirrojo decidiera que era primordial seguir sus responsabilidades y compromisos; si estuvieran en situaciones inversas, él probablemente los habría dejado tan pronto se lo pidiera.

Derrotado y herido, sólo podía pensar en las opciones que tenía, cada cual más desalentadora y complicada. Esa, de lejos, era la más dolorosa. Era exponerse a la vida, a una vida donde no podía ignorar que no estaban juntos y que la persona que amaba estaba por casarse con alguien más, por tener familia con ella. Una vida donde, de nuevo, no se era fiel a sí mismo, y no expresaba lo que sentía en realidad. Volver a meterse a una jaula de la que brevemente había escapado. Donde mentía, sobre todo a sí mismo.

Entonces vamos a intentarlo, y ver qué sucede —le concedió, buscando acallar esa voz en el fondo de su cabeza que le decía que estaba cometiendo otro error. Como si no hubiera cometido ya suficientes—. Lo peor que puede pasar es que tampoco resulte.

Se dio cuenta de que la cabeza le dolía; bien por la desesperación, por la pesadilla, o por una mezcla de todas esas cosas. Se hundió en el sofá, mirando al techo antes de cerrar los ojos unos segundos. Ya no sudaba, pero se sentía frío. Como si un océano congelado estuviese en medio de los dos, lo que hacía incómodo pensar en qué hacer a continuación. ¿Empezar a pretender, simplemente?

Vas a estar feliz —le dijo, sin abrir los ojos, pero dirigiendo un poco su rostro hacia donde estaba su primo—, estoy pensando en mudarme a algo cerca del centro, así que ya no verás el pasillo curvo —trató de conversar. Vaya conversación para tener a las tantas de la madrugada, después de haberlo probablemente arrancado de su sueño—. ¿Estabas durmiendo? Podemos hablar mañana —pensó un instante luego.

Fue entonces cuando se percató de que, en realidad, lo difícil no era mentir a ellos mismos. Sino, mentirle al otro. Se habían abierto en cuerpo y alma al otro, habían aprendido a ser completamente sinceros, a decir lo que sentían y pensaban. Siendo ellos, cerrados y reservados, difíciles emocionalmente, era un paso gigantesco que tendrían que retroceder, por el bien de su relación.

Lo odiaba. Quería no tener que hacer eso, quería ser egoísta y exigir que Ayax hiciese el sacrificio como él lo haría en su lugar. Pero no podía, no podía pedirle al pelirrojo eso, ya no porque sabía que le diría que no, sino también porque estaba consciente de que estaba consiguiendo lo que desde niño había ambicionado. Estar con él era tomar un callejón sin salida. No podía hacerle eso. Lo quería demasiado como para empujarlo a una decisión que condenaría su futuro.
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Ayax Edevane el Miér Feb 12, 2020 10:05 pm

Una parte de su mente, pese a lo inteligente que alardeaba ser, se autoconvencía de que llegados un punto, Joshua y él podían volver a ser simplemente mejores amigos o primos sin más. Se estaba convenciendo porque tal y cómo se sentía ahora mismo, sabía perfectamente que las posibilidades de éxito no parecían demasiado optimistas.

Dio un pequeño asentimiento con la cabeza cuando mencionó la cruda realidad: «fingir hasta que se haga realidad», como si a alguien en cualquier parte del mundo pudiera decir que eso funciona.

Desde que habían dejado de tener relación en diciembre, sabía que de volver a verlo iban a tener que enfrentarse a esa tesitura nuevamente, pero hace un momento cuando se apareció sin pensar en el departamento de Joshua, ni pensó en ese tema; no al menos hasta que fue momento de abordarlo. ¿Cómo seguir con sus vidas, con la relación que habían abandonado de manera insatisfactoria?

El pelirrojo se encontraba confundido: por una parte no quería volver a perderlo, pero por otra parte no se veía a sí mismo muy capaz de hacer como si nada; además, por una parte quería seguir con la vida que tenía, pero por otra parte quería estar con él. Cada razón llevaba un peso y la balanza estaba claramente descompensada… Eso, además de darle una inestabilidad emocional y social, iba a darle terribles dolores de cabeza… Pero quería pensar que iba a valer la pena porque lo iba a tener de nuevo a su lado, allí en donde lo necesitaba.

¿Sería más duro superarlo a su lado, o separados? Eso estaría por ver… pero teniendo en cuenta cómo había sucedido estando separado, estaba dispuesto a intentarlo de la otra manera.

Cuando dijo la peor posibilidad, Ayax suspiró con resignación: ¿y si no resultaba, qué? Iba a darle confianza a tiempo y a que ambos eran adultos, pues tampoco quería pensar cuál sería la situación si su intento por solucionar las cosas no salía.

―Tú también ―respondió, aún estático en medio de la habitación. De repente se sentía… extraño, como si sus movimientos debieran de ser comedidos y no hacer nada fuera de lugar. Por un momento incluso no sabía qué estaría mal y que estaría bien―. ¿Por qué te quieres cambiar de piso?  

En ese momento Ayax no pensó en los posibles motivos, ni intuía que podía ser por su culpa. Después de defender a capa y espada que el pasillo curvo era inmejorable, Ayax no entendía como es que quería cambiarse de departamento.

―Estaba en la cama ―le respondió―, pero no estaba durmiendo. Gabriella ronca mucho.

Tampoco quería decirle que uno de los motivos de su ligero insomnio se debía a él, pues se suponía que el punto era pasar del drama a la normalidad y no incidir en lo malo.

―Igualmente supongo… que deberíamos hablar mañana, más tranquilamente… ¿Has mirado algún piso? Puedo acompañarte a buscar un piso que no de «TOC de pasillo curvo» ―bautizó a su “problema” con ese pasillo―. O… no lo sé, ¿te llamo cuando termine de trabajar y ya vemos qué hacemos? ―preguntó, sin poder evitar imaginarse cómo era eso hacía dos meses.

Ayax no tenía nada que hacer después de trabajar, quedaban para comer, terminaban en el piso de Joshua y… bueno, no hace falta que continúe relatando esa gran historia que todos conocemos. El problema era que cualquier cosa que hicieran les iba a recordar a esos momentos y, precisamente esa memoria, hizo que a Ayax se le desbloquease tardíamente algo importante: ¿Joshua dejaría el piso por todo lo que habían vivido en él?

Se sintió hasta mal de que tuviera que abandonar su hogar por eso.

Tenía ganas de tirarse sobre él en el sofá y abrazarlo, pero sabía que lo más sensato para ambos era dejarse de cercanías y distanciarse lo suficiente como para poder acostumbrarse…
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Joshua Eckhart el Jue Feb 13, 2020 9:25 am

Si era suficientemente honesto consigo mismo, se daría cuenta de que, en verdad, lo pintaba demasiado bonito para la realidad. Que la desesperación lo estaba haciendo tomar una salida precipitada a un proceso que tenía que suceder. No quería ser honesto consigo mismo, no en ese tema, porque de serlo sólo se encontraría con una evidencia tan grande que lo aplastaría: no quería estar lejos de él, y no quería estar cerca como un añadido. Trataba, ingenuamente, de tapar el sol con un solo dedo.

Cuando le contó sobre su futura mudanza, su primer pensamiento no pasó el filtro para convertirse en voz. No iba a decirle que no lidiaba bien con los recuerdos de lo que sucedía ahí. De que, cada vez que estaba sobre el sofá, recordaba la primera vez que se besaron, todo lo que vino después. O su habitación, que había sido un sitio íntimo y privado sólo para ellos dos, y no podía estar en su cama sin vívidos recuerdos sobre cómo sus manos temblorosas arañaban el colchón.

No necesito la habitación extra, creo que hay demasiado espacio, tal vez busque algo más... pequeño —en ese momento se le ocurrió una broma sobre buscar un sitio pequeño para que la familia evitase incluso más visitarlo para evitar la claustrofobia, pero se decantó por no decirlo. El tamaño no era el problema y, de hecho, le daba algo de pena por el pasillo curvo. Le gustaba mucho, sin embargo, no superaba a la posibilidad de una mejor estabilidad emocional y mental.

Y ahí estaban, diciéndose cosas a medias y mintiendo porque no querían volver a caer en el tema más grande de ese momento, de sus vidas actuales. Como las dos piedras incapaces de afrontar maduramente su separación romántica que eran.

¿Te molestan los ronquidos? ¿No has pensado en usar tapones? —abrió los ojos, haciendo un gesto con sus pulgares unidos con los índices para señalar ponerse algo en los oídos.

No quería hablar de su prometida, pero se lo guardó para sí mismo.

He mirado, pero… no hay nada interesante —o, traducido en idioma PIEDRA: “Todavía no estoy seguro de desprenderme del valor emocional del apartamento por mucho que no me guste vivir más en él”—. Claro, tú llámame y… y ya veremos qué hacer —pese a que lo estuviese intuyendo: tenían que hacer algo que no acostumbraban, para romper la secuencia que habían tenido hasta entonces.

Se puso de pie, acabando frente a Ayax. Un momento de duda y tomó su brazo, apretándolo suavemente con su mano en un cariño antes de soltarlo. En una situación normal, lo abrazaría para despedirse, pero esa noche se temió no soltarlo si empezaba el contacto.

Le hubiese gustado poder decir si estaba conforme con cómo se sentía en ese momento. Lo cierto era que estaba tan confundido que no hubiera podido decirlo, ni aunque quisiera.


Enero 23, 2020
Vestimenta.
Calles de Londres.
16:27 pm.
Había sido una mañana agitada, por decir lo menos. Básicamente porque era él quien estaba agitado, con el pensamiento revoloteándole sobre la salida que iba a tener durante la tarde. Por ratos se preguntaba cómo iba a ser, o si serían capaces de pretender, como lo habían dicho la noche anterior. A veces, lo embargaba el pensamiento de que Ayax lo llamaría para decirle que al final no iba a poder quedar, y era todo muy extraño.

El día escolar había pasado, como tenía que suceder, y la llamada de su primo lo pilló saliendo de una farmacéutica muggle donde había hecho uso de una receta bajo la cédula médica de Hunter Biersack para conseguir medicamentos, por lo que había tenido que resguardarse al costado de la tienda para evitar miradas indiscretas de gente que preguntaría qué clase de móvil del futuro era ese.

¿Saliste de trabajar? —le preguntó, queriendo primero confirmar la salida de ese día. Una vez que Ayax corroborase, añadiría—: Estoy cerca de la plaza de Trafalgar, ¿nos vemos aquí y almorzamos? —inquirió tras haber dado un vistazo rápido para ubicarse y ver qué tenía alrededor.

La llamada había sido breve, pero bastante concisa, si al final iban a verse en persona en apenas un rato. Guardó en sus bolsillos todo lo que llevaba para desocupar sus manos mientras caminaba a la plaza, a escasos minutos de su localización actual.

Sentado sobre una banca, corroboró la hora en su reloj. Miraba al resto de la gente a su alrededor, simplemente pensando en que, siendo objetivos… no le interesaba nada vivir en el centro de Londres. Demasiada gente, demasiado ruido para su gusto. Él mismo sabía, en el fondo de sí, que si había empezado a mirar apartamentos por ahí era por la diferencia con su vivienda actual… pero, siendo objetivos, no tenía por qué ser todo TAN distinto, ¿no?

Eso ocupaba sus pensamientos, porque no quería seguir impacientándose con lo que iba a suceder. Ni siquiera sabía cómo iba a reaccionar cuando localizase al pelirrojo en la plaza.

Lo vio antes de que Ayax lo viese a él. Caminando con seguridad, pero mirando a los costados, buscándolo entre la gente. No pudo hacer otra cosa que simplemente mirar sin hacer ni un solo ruido, perdido en él. Inhaló profundamente, preguntándose a sus adentros cómo se suponía que iba a pretender que no sucedía nada cuando sólo verlo cambiaba todo por completo. Lo veía ahí, caminando, sin hacer otra cosa, y sólo podía pensar que era maravilloso.

Exhaló despacio al ponerse de pie finalmente e ir a su encuentro, agradeciendo que tenía el público a su favor. Era más fácil pretender cuando no estaban a solas, porque siempre lo hacían.
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Ayax Edevane el Vie Feb 21, 2020 12:00 am

¿Sabéis lo que no había hecho? Dormir.

¡No había podido pegar ojo después del pequeño rato que había estado a su lado! El hecho de que Joshua le hubiera llamado ya le hacía plantearse muchísimas cosas, por no hablar de que cómo habían quedado las cosas era un poco ―bastante― confuso. No sabía cómo actuar ante esa situación pues, ahora más que nunca, se daba cuenta del poco control que sentía a su lado y eso no le gustaba nada.

¿Era acaso mejor sentir su pérdida y vacío con tal de mantener la compostura, o valía la pena tenerlo a su lado aunque sintiera que perdía el control?

Todos aquí sabemos que una de las cosas que más trastornan a Ayax es que las cosas no estén bajo su control, por lo que ser él mismo el núcleo central de su inestabilidad le generaba una gran discusión interior. Y claro… así no pudo dormir.

Pasó toda la mañana en su trabajo con ese tema en la cabeza, influyendo negativamente en sus relaciones profesionales, en su tarea laboral y en su concentración. Teniendo en cuenta lo frío y calculador que era normalmente en su trabajo, hasta sus pacientes debieron de notar que no estaba en lo que debía de estar. ¿Cómo estarlo, sabiendo que iba a comer con Joshua después de no verle durante un mes y… sabiendo todo lo que había pasado entre ellos?

Si no era capaz de ignorar eso en su trabajo, sin él delante, ¿cómo pretendía fingir normalidad a su lado a solas?

Cuando llegó la hora de salida, quedó con él y agradeció infinitamente que fuera en un lugar público, pues eso facilitaba las cosas muchísimo. Sin embargo, no iba a ser un necio: la experiencia decía que ellos no eran los mismos en público que a solas; eso lo sabían ellos y todo lo que habían vivido juntos.

Una vez en Trafalgar y tras otear los huecos en donde su primo el asocial anti-personas podría estar, lo observó fácilmente entre la multitud. Se dirigió hacia él sintiendo repentinamente una presión en el pecho ―nervios, en jerga coloquial― porque no sabía exactamente cómo proceder. Normalmente no hacía nada raro si estaban en público pero el simple hecho de que estuvieran así de raros le hacía plantearse hasta el mínimo gesto estúpido y más normalizado.

―Hola ―saludó a unos pasos de él todavía―. Un día me caí de uno de esos leones ―dijo, señalando a uno de los grandes leones que vigilaban la gran plaza.

Obviamente Josh debía de saber esa anécdota del Ayax de ocho años, revoltoso, el cual se cayó de ahí y creó el pánico en la familia por si se había dado un golpe en la cabeza y se había vuelto a romper por dentro. Lo contaban bastante en las reuniones familiares.

Llevaba las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, pues hacía frío. Eso también le daba una pose bastante distante y, pese a que inconscientemente lo hacía, en realidad Ayax siempre había sido así aunque ahora su cabeza le diera vueltas a TODO.

―¿A dónde quieres ir a comer? ¿Te apetece el tailandés al que solemos ir o… prefieres probar algo nuevo? ―propuso como idea, pensando que si no hacían lo mismo de siempre, quizás podía ser más fácil empezar “de cero” con toda esa situación. De toda la vida ir a sitios que relacionabas con ciertas cosas no era nada bueno si tu intención era olvidar esas cosas. Ya no era algo de psicología, sino cuestión de sentido común―. ¿Quizás... un mexicano? No somos mucho de comida mexicana y sé que hay uno cerca del tailandés.

Agregó esa oferta para que se lo pensara seriamente.

Quizás había ido un poco a saco con el tema de la comida y si bien su mente estaba pensando: "Maldición, soy descaradísimo sacando este tema de repente", realmente Ayax siempre era así cuando quedaban para comer, pues salía hambriento de trabajar y sólo pensaba en llevarse algo a la boca cuando salía a comer con Joshua.
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Joshua Eckhart el Vie Feb 21, 2020 10:33 am

En un punto, tenía mucho que agradecer a su desastroso estilo de vida. Desde hace años no sentía que nada estuviese bajo control, y eso lo ayudaba a, al menos, no volverse loco dándole vueltas a todo lo que no podía controlar. A tratar de dejarse llevar por la corriente, como un pez moribundo, sin saber dónde lo llevaría, pero sabiendo que estaba moviéndolo de lugar.

Así era pensar en Ayax. Más que un pez moribundo, era un pez que podía perfectamente nadar, pero algo sujetaba sus aletas. Si por él fuera, correría hacia el pelirrojo y se entregaría en cuerpo y alma, en todo lo que era. La decisión no la tomaba él, y tenía que aceptarlo en silencio, porque lo había prometido. Había prometido que, si intentaban aquella locura destinada al fracaso, él aceptaría dar un paso atrás sin cuestionarlo. Detestaba esa promesa.

Por lo menos, ahora los protegía el público y su desconfianza. Joshua pensaba que estarían bien siempre y cuando evitasen quedarse a solas demasiado tiempo… o eso pensaba. Verlo, incluso sabiendo que tenían el limitante “público”… era su perdición.

Hola —le contestó, y su cabeza se llenó de preguntas. ¿Había sonado muy frío? ¿Estaban siendo demasiado fríos? ¿Era una buena idea? ¿Debería iniciar la retirada y dar por fallida la misión? Inhaló profundamente y exhaló al mismo tiempo que miraba el león—. ¿Fue la caída donde te quedaste así? —preguntó, queriendo picarlo, y de inmediato se arrepintió.

¿Ya podían tener esas confianzas? ¿Se lo iba a tomar a mal? ¿Qué hacía si se enfadaba? ¿Estaba enfadado? Seguro estaba enfadado. Volvió a inhalar. Tenía que calmarse.

No estaba mentalmente preparado para decidir dónde comer todavía, así que la pregunta de su primo lo tomó por sorpresa. Sabía que los dos eran hombres de costumbres, y preferían la familiaridad de lo que ya conocían… pero el hecho de que Ayax sugiriese probar otra cosa, y una por la que casi nunca optaban, le dio la impresión de que eso era lo que su primo quería. Hacer algo que no solían hacer, para no terminar donde habían terminado por los últimos meses.

Sí, mexicano está bien —le dijo, acomodándose el gorro sobre la cabeza. Era un gesto inconsciente, simplemente porque estaba nervioso—. Lo que quieras, por mí es igual —repuso inmediatamente luego, devolviéndole la elección a su primo.

Sentía que todo estaba siendo mecánico y distante, y eso no le gustaba en lo absoluto. Odiaba esa frialdad que se había creado entre los dos. Lo peor era no saber si era sólo él pensándolo demasiado, o si en realidad era la situación. Sabía que estaba pensando todo demasiado, y eso no era bueno para su propia salud.

¿Vamos? —preguntó, y empezó a caminar casi de inmediato.

Mientras caminaba había silencio. Normalmente, empezaría a contarle cualquier cosa que se le viniese a la cabeza, pero ahora… no sabía qué decir. Escuchó la voz de Bodhi en su cabeza recordándole que se había terminado y que debía dejarlo atrás, pero… ¿qué hacía si lo único que quería era aferrarse a los pedazos que todavía quedaban? Ese no era el pensamiento de alguien que puede o quiere avanzar.

Gracias a Merlín, estaban demasiado ocupados sorteando transeúntes y el local estaba cerca, porque de lo contrario el largo silencio habría parecido incómodo. Si bien normalmente pedirían una mesa discreta para hablar y alejada de las ventanas, ese día Joshua optó por todo lo contrario, y tomaron asiento.

Recibieron los menús y Joshua se acodó sobre el mismo. Tenía el nudillo izquierdo a la altura del labio superior para servirle de apoyo, pero en pequeños arrebatos mordía el borde de la uña de su pulgar, suficientemente corta para impedir que pudiese quebrarla con los dientes. Era una de las más evidentes muestras de que estaba inquieto, y el silencio empezaba a molestarle.

Vi a Angie cuando estuve en Francia —empezó a hablar, sin saber a dónde quería llegar. Sólo romper el condenado silencio—. Comimos y almorzamos en su casa; tiene una casa muy bonita, confortable y acogedora —tenía la vista fija en el menú, leyendo las opciones, una a una, y descartándolas rápidamente—. Fue agradable hablar con ella —hizo un ademán con su hombro, encogiéndose y restándole importancia.

Lo cierto era que lo valoraba mucho. Le había gustado que, para variar, alguien cercano le intentase empujar a hacer lo que él creía que era lo mejor y lo que quería hacer. Sobraba quien le insistiera que tenía que hacer lo que había que hacer, que en la mayoría de los casos chocaba con su propia voluntad.
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Ayax Edevane el Miér Feb 26, 2020 11:54 pm

El pelirrojo no tenía demasiadas facilidades para bromear habitualmente, por lo que teniendo en cuenta las complicaciones sociales que ahora mismo tenía con su primo, la confianza que tenía con él estaba un poco limitada en ese momento. Así que, aunque Joshua se hubiese rallado infinitamente por la broma que hizo, al extirpador en realidad le vino muy bien que se hubiera tomado esa licencia.

Había sido una manera de normalizar las cosas y, el hecho de que el intento se notase hacía que al menos al pelirrojo se le hiciera más fácil cooperar.

―¿Así cómo? ―Enarcó una de sus cejas, como si no supiera a lo que se refería―. No sé de qué me hablas…

Sabía perfectamente la broma que había querido hacer, pero hacerse el tonto era más fácil. Además, Ayax sabía que lo que hacía estar loco había sido previo a esa caída. Olivia le acompañaba desde que salió vivito y coleando del hospital; ya eran como uña y carne.

Una vez Joshua aceptó el mexicano, ambos comenzaron a caminar en dirección al mismo, el cual no estaba demasiado lejos. Al pelirrojo no le pasó desapercibida la incomodidad pues estaba muy familiarizado con ella, mas no con su propio primo. Tenía la sensación de estar en modo “persona desconocida”, en vez de con su primo y es que, en su interior, un mecanismo de espacio y distancia se había activado con tal de no caer de nuevo en sus propias tentaciones.

Olivia ―o lo más cercano a ella en cuanto a sentimientos― era probablemente lo más fuerte en su interior que le empujaba a estar con Joshua.

Él siempre había relacionado a esa “amiga invisible” con algo malo, pues nunca había visto con buenos ojos las cosas impulsivas que le hacía hacer de manera totalmente inconsciente, pero el hecho de que le empujase a algo que le gustaba tanto en ese momento… le hacía cogerle confianza por una parte, mientras que por otra se lo replanteaba: si siempre me invita a hacer cosas “incorrectas”, ¿no será eso una señal divina?

El camino fue BASTANTE INCÓMODO y Ayax intentó contarle sus anécdotas de la mañana con su compañero Philip ―que era Rumano― y que tenía el don de caerle bien a Ayax. Todo un logro en la vida de una persona que pocos conseguían. Era nuevo, por lo que Joshua probablemente hubiera sido la primera vez que escuchaba de él pero… ambos aprovecharon para NO HABLAR y esquivar personas a esa hora punta en lo que llegaban al restaurante.

Así que una vez se sentaron y recibieron los menús, atendió a lo que decía Joshua y se dejó sus anécdotas para sortear un posible futuro silencio incómodo de nuevo.

―¿Ah, sí? ―Se hizo el tonto.

En realidad sí sabía eso, pero no sabía nada más pues Angie había sido muy, muy escueta.

“Quedé con Joshua, está bien.”

¿Te puedes creer que eso es contestación suficiente a una petición preocupada de tu hermano pequeño? Ayax sabía que la había cagado estrepitosamente con Angie después de ver cómo había cambiado tanto la relación entre ambos. Ahora, lo poco que podía hacer, era intentar recuperar su confianza poco a poco.

―¿Te hizo su famosa receta francesa? ―le preguntó, por pura curiosidad―. Siempre alardea de lo bien que cocina cuando viene a casa pero aquí no cocina nada porque, según ella, los ingredientes no son lo mismo. Que en Inglaterra la comida es una mierda ―comentó, llevando la mirada de nuevo al menú para ver qué narices pedía, pues no acostumbraba a comer en ese tipo de restaurantes, ni mucho menos comida de ese estilo. Siempre le habían advertido que la comida mexicana picaba y que te ponía suelto el estómago, pero quería pensar que él estaba curado de espanto y lo había probado todo―. ¿Solo quedaste una vez con ella? Haberla aprovechado para ver Francia, según tengo entendido se conoce sitios muy bonitos, exclusivos de magos y frikis de la arqueología y las runas.
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Joshua Eckhart el Vie Feb 28, 2020 1:56 am

Había hecho la broma sin pensar: siempre había podido bromear así con su primo, meterse con él y su estado de rarito y excéntrico. Sin embargo, en ese momento sonaba tan extraño que no podía evitar preguntarse si era una buena idea intentar normalizar la situación. Una parte de él le decía que era lo ideal; la otra, que era extraño y lo hacía sentir inseguro e incómodo.

Ayax contestó haciéndose el bobo, como si no supiera de qué hablaba, e inevitablemente Joshua se preguntó si era en serio o si sólo estaba tratando de seguir la idea… y el tiempo óptimo para una respuesta pasó, dejándolo a él como tonto por no haber conseguido aclarar su cabeza a tiempo.

Por lo menos habían cambiado rápidamente a hablar del local donde comerían, llegando ahí en silencio. Un silencio largo e incómodo que sólo corroboraba que aquella salida no era una buena idea. No estar cerca y no saber del otro era parecido a un limbo extraño; estar cerca y tener ese ambiente tenso era probablemente una tortura psicológica.

En la mesa, mirando sus menús, los dos estaban maquinando qué decir para no continuar con ese incómodo silencio. Joshua fue el primero en doblegarse y hablar por hablar, antes de que su primo pudiera vocalizar sobre su nuevo compañero. No sabía si Angie le había dicho algo a Ayax sobre su encuentro, así que decidió asumir que el pelirrojo no sabía nada al respecto. No ignoraba la distancia entre los hermanos desde lo sucedido con los Martins.

Hizo… pollo al vino —dijo después de haber hecho memoria durante unos segundos—. Estuvo muy bien, a decir verdad, así que puede que no esté mintiendo… aunque alguien que sabe, debe saber trabajar con cualquier ingrediente… —dio su opinión, todavía distraído con el menú.

Por más que repasaba los platos y sus ingredientes, nada terminaba de convencerlo. No le gustaban la idea de cambiar si significaba hacer algo no tan bueno sólo por no hacer lo de siempre. Bien podía ser su negación al cambio hablando.

Sí, bueno… no lo pensé —admitió—. Estuve ocupado, viendo la ciudad por mi cuenta… Tampoco me hubiese gustado molestarla demasiado —lo último no era ninguna mentira, considerando la autoestima de Joshua: siempre pensaba que molestaba.

Siempre había habido algo que le alejaba de los demás, lo sabía. No obstante, mentiría si dijera que estando solo se sentía solo. Muchas veces no era así, su compañía le bastaba y la prefería, pero durante ese mes… Sin Ayax como una presencia estable, sentía que lo amargaba la soledad. Durante su estancia en Francia, había paseado aislado casi todos los días, mirando sin mirar los puntos de interés de la ciudad, pretendiendo que hacía algo más que evadirse de las cuatro paredes de su habitación en el hotel, donde, mirando al techo, esperaba a quedarse dormido o que amaneciera, lo que sucediera primero.

Era algo que, por supuesto, se guardaría para sí mismo. No necesitaba martirizarse por algo que, se suponía, ya había pasado. No había pasado, y los dos se engañaban en esa salida, pretendiendo que podían ignorarlo. Bastaba ver cómo se trataban para saber que no era así, que no era pasado.

Volví cuando empezó el ciclo en la universidad —le contó—, aunque no me dio la gana decirle a nadie —y por “a nadie” se refería básicamente a su padre y a Ayax. Su tía-abuela y Angie sabían que se había marchado, mientras que el resto era un tanto más irrelevante. Por supuesto, también exentaba a sus colegas.

Bodhi obviamente sabía, e incluso más que su círculo inmediato. Había pasado con él la luna llena y habían hablado largo y tendido, aprovechando la exposición al interior de Joshua que le daba la influencia lunar. Era el único que lo había soportado lo suficiente como para entender qué provocaba su mal humor.

¿Fuiste a Boston? —le preguntó, recordándolo. Le había enviado todo, pasajes, reservaciones, entradas. Había preparado con antelación cada asunto importante, sólo para renunciar a ello en el momento de la verdad. En el fondo de él, habría deseado que Ayax le hubiese tomado la palabra de ir por su cuenta y no hubiese sido en vano.
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Ayax Edevane el Sáb Mar 07, 2020 1:29 am

La conversación era de lo más formal y tranquila, sin sonrisas sinceras o anécdotas que realmente te apeteciesen contarle al otro. Parecía que estaban hablando por pura cordialidad, contándose lo que se supone que el otro debía de saber, sin interesarse en absoluto en contar lo que realmente deseaban decir.

La sensación era extraña, pero el pelirrojo esperaba que, a medida que pasasen los minutos, la cosa empezase a rodar en dirección a la comodidad. Quizás estaba siendo demasiado optimista, pero era lo único que le apetecía pensar en ese momento.

―Como tú, que cada vez que coges el limón haces una dulce genial, ¿no es así? ―le reconoció Ayax a su comentario, de que un buen cocinero cocina con cualquier cosa.

Angie había mencionado en par de ocasiones el pollo al vino, pero como no había tenido el placer de probarlo ―y no parecía que lo fuese a tener en corto plazo― decidió omitir un comentario con respecto a eso.

Sabiendo como era Joshua y su sensación de molestar, su primo bufó y negó con la cabeza. Conocía perfectamente a Joshua como para saber cómo podría sentirse, pero conocía también a su hermana y lo mucho que le gustaba tener invitados desde que vivía en Francia.

―Seguro que hubiera estado encantada de que fueses todos los días a probar sus delicias culinarias ―le respondió, mirando por encima de la carta a su primo―. Y tú también sabes que le hubiera encantado. Tal y como tiene esa barriga, que ni va a trabajar, le hubieras hecho buena compañía.

Cuando dijo que no le había dado la gana decirle a nadie que había vuelto, no dijo nada, pues tampoco supo muy bien como tomárselo. Él apostaba siempre por hacer lo que te apetecía, pues realmente hacer algo que no te nacía era una GRANDÍSIMA MIERDA, por lo que poco pudo añadir a eso más que un asentimiento leve y una sonrisa conformista. Si Joshua había preferido no decirle nada, él lo respetaba; como respetaba que se hubiera ido a Francia de un momento a otro y sin avisar.

Así que se limitó a mirar de nuevo la carta, agradeciendo mentalmente que su primo sacase un nuevo tema; un tema que tampoco es que fuese muy cómodo.

Mira que Ayax era frío y en otra ocasión hubiera aprovechado una situación así para dar un viaje él solo, pero se había hecho a la idea de que Boston iba a ser increíble con Joshua, por lo que realmente no le apetecía lo más mínimo ir sin él. Así que levantó la mirada del menú de nuevo, mirándole con cara de: “¿En serio te crees que iba a ir sin ti?”.

―No fui ―le respondió―. No me apetecía ir solo a un viaje que se supone que iba a ser en compañía; ya me había hecho a la idea. Por mucho que me guste mi propia compañía, era un viaje de dos. ―Y tras decir eso, carraspeó para no seguir por esa línea―. Así que aproveché que Gabriella se pasó toda esa semana fuera para estudiar tranquilo en casa.

Para qué mentir: fue una semana bastante solitaria. Hasta él se sorprendió de ir a buscar compañía a casa de sus padres. Era complicado ver que no estaba ni tu prometida ―la persona que “habías elegido”― y que, para colmo, aquella semana debías de haberla compartido con tu persona favorita del mundo.

―Sé que pagaste todo lo del viaje tú solo ―dijo entonces, pues Ayax había hablado con Francis hacía unas semanas para saber si había recurrido a pedir un préstamo a su padre, puesto que Joshua no trabajaba y, por mucho que viniera de una familia rica, se dinero no era “su dinero”―. Así que ya que no hemos ido, me gustaría pagarte todos los gatos, pero como sé que me vas a decir que no, quiero abogar por la justa situación y que al menos me dejes pagarte la mitad. ―Bajó un poco el menú, para mirarlo con seriedad―. Y si me dices que no, quiero que sepas que un día un lechuza romperá tu cristal llevando un gran saco de galeones y, además de tener que aceptar el dinero completo por la fuerza porque será una lechuza asesina adiestrada para cumplir con su objetivo, también vas a tener que arreglar la ventana.

Y después de decir eso con toda la seriedad del mundo y, con una pequeña sonrisa asomándole la comisura de los labios, volvió a levantar el menú para ojearlo, sin realmente saber a qué narices estaba mirando.

―He dicho ―añadió divertido.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Dom Mar 08, 2020 8:51 am

Lo tomó por sorpresa el comentario del limón y sus dulces, haciendo que levantase la mirada para encontrar a su primo. Su comentario lo había dicho como una verdad de la vida, sin intención de jactarse de que él era bueno en ello. Sin embargo, consiguió sacarle una sonrisa ligera, con orgullo contenido. Era inevitable, pues, como a cualquiera, le gustaba que se le reconocieran habilidades de las que no siempre alardeaba.

Hay muchas cosas que no sé hacer —contestó—, pero supongo que me entiendo con el limón —o le encantaba, más allá de ser un hobbie, trabajar con aquella fruta por el mero hecho de saber a quién le gustaría probarlo.

Con la mirada de nuevo en el menú, levantó las cejas al escuchar que Angie hubiera estado encantada de tenerlo ahí todos los días. Admitía que, si lo hubiera pensado, probablemente llegaría a la misma conclusión: el asunto radicaba en que realmente ni se le había ocurrido, porque no quería estar con nadie.

Casi siempre, la mejor parte de las visitas es cuando se van —dijo, dando a entender que no lo había hecho porque a él no le gustaba tener visitas.

Pensó decir algo sobre la barriga de su prima… pero luego una vocecita paranoica imaginaria le dijo que iban a terminar hablando del embarazo de Gabriella y NO quería eso, así que simplemente dejó pasar el comentario. No estaba listo todavía para que el tema saliera a colación si podía evitarlo.

Me hubiera gustado que fueras, creo que te lo hubieras pasado bien —le confesó. Más allá de haber sido una semana que pasarían juntos… había dedicado tiempo, dinero y esfuerzo en conseguir planear aquella semana para el disfrute de Ayax. De los dos, pero más de Ayax.

Entonces, su primo procedió a amenazarlo a fuerza de lechuza asesina adiestrada para que aceptase la mitad del viaje que había pagado con sus ahorros. Como no era una persona que gastase mucho, acababa acumulando ese pequeño dinero “suyo” que, si bien había recibido de su familia principalmente, no se los había pedido. Más allá de su amenaza… le alegró una parte de él que el pelirrojo usara ese tono divertido con él.

No tienes que pagarme… Si quieres, tómalo como tu regalo de bodas: es tu problema no haberlo aprovechado —le contestó, con un tono más distendido—. Yo no hubiera tenido problema en que lo hubieses hecho —afirmó, pues era así.

Bajó el menú, acodándose sobre la mesa, cuando tomó su decisión. Estaba muy seguro de que era una mala idea, pero era lo mejor de lo peor. Probablemente el mesero no se acercase a la mesa hasta que viese que Ayax también había decidido y dejara de mirar la carta, así que se animó a continuar hablando.

Igual… he pensado hablar con Astreia y pedirle trabajo en la granja —y estaba conectado con el tema anterior por el factor “dinero”—. Creo que tengo demasiado tiempo libre y que tengo que ocupar mi cabeza en algo —no, no lo tenía, entre las prácticas con su mentora, la universidad y existir, básicamente, pero en ese momento se sentía como demasiado tiempo, porque su cabeza no paraba quieta cuando no estaba ocupado—. Además… es cosa de coger experiencia en campo: es de mi carrera.

Creía, por otro lado, que podría resultarle terapéutico. Estaba en un momento de su vida donde se sentía estancado. Encontrar algo de independencia económica, tener responsabilidades y obligaciones que no estuvieran directamente relacionadas con su familia, y… simplemente sentirse útil, tenía pinta de no ser mala idea… Con algo de suerte, sentiría que todo empezaba a caminar.

Se preguntó si era buena idea seguir contándole los planes a futuro que tenía. Desde que había hablado con Angelica lo había pensado: ¿debería ceder a alguna exigencia familiar con el fin de desligarse de otras obligaciones? No sólo eso, sino que también lo ayudaría a comenzar a echar tierra encima de las ruinas de lo que habían construido. Si parecía tan buena idea, ¿por qué no se atrevía a verbalizarlo? ¿Por qué era tan difícil decirle a la persona con la que quería estar, con la que se veía cada día de su vida, que iba a buscar a alguien más?

Por suerte, llegaron a pedir su orden antes de que pudiera obligarse a decir nada.

¿Están listos para ordenar? —preguntó una camarera muy sonriente, con dos coletas trenzadas a ambos lados de su cabeza.

Joshua lo evaluó un segundo—. Voy a pedir un burrito de vegetales.

¿Con algún tipo de carne? ¿Res, pollo…?

Sólo con vegetales —insistió.

No importaba lo mucho que aquella dieta mermaba su salud, pues ya había puesto en evidencia que su licantropía chocaba contra ella. Por mucho que su cuerpo pidiera carne en forma de malestar general y poca energía, seguía insistiendo cuando podía.

¿Salsa?

¿Cuáles hay?

Tenemos la original, la media, la atómica, la psicosis, la salsa habanera, la salsa light, la salsa BBQ, de chipotle, miel con mostaza, pimienta y limón… —recitó la camarera de memoria.

Joshua la interrumpió a la mitad: — ¿Que no sea muy fuerte?

Ligeras tenemos la original, la extra virgen, la miel con mostaza, la aliyaki y la infantil.

Largo silencio.

Sin salsa, y una botella de agua.

Perfecto, ¿es la primera vez que vienen? Tenemos un shot de tequila de cortesía para nuestros nuevos clientes —escribió el plato en su cuaderno mientras hablaba.

No, gracias.

También puedo ofrecerles una entrada: tenemos nachos, queso, totopos, papas fritas, aros de cebolla, dedos de queso… —comenzó a enumerar—. También contamos con el servicio de salsas a la mesa, donde ustedes eligen los ingredientes de su salsa y nosotros la preparamos.

En ese momento Joshua decidió desligarse de la conversación: demasiada interacción en muy poco tiempo. Su estrategia milenaria fue... mirar a Ayax y hacerle saber que no iba a contestar nada más a partir de entonces.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Miér Mar 11, 2020 11:03 pm

Podía entender la perspectiva y opinión de Joshua, pero no había tenido la mínima intención de ir a ese viaje totalmente solo cuando fue ideado y pensado para ir juntos. No lo hubiera pasado ni de lejos bien, por lo que decidió quedarse en casa pensando en lo bien que lo hubieran pasado de no haberse enfadado ni separado…

Se arrepentía un poco de no haber aprovechado esa oportunidad, aunque realmente se arrepentía de la decisión tomada en diciembre tras enterarse del embarazo de Gabriella, pero seguía convenciéndose de que… ¿si no, qué iba a hacer?

―No me lo hubiera pasado bien si no iba contigo ―le respondió con un tono de obviedad, para que Joshua no tuviera un concepto equivocado de la situación―. Así que no era una opción.

Como era evidente, Joshua se negaba a que Ayax le pagara al menos la mitad de lo que había costado todo eso, ya que no se había disfrutado y era un regalo “inútil”. Sinceramente, Ayax no necesitaba un regalo de su primo, sino que esa despedida de soltero que iban a tener era solo una excusa para poder pasar tiempo ―en su momento muy apreciado e íntimo― juntos. Así que si no había podido ser, no quería que Joshua se quedase con un hueco en su cartera económica por absolutamente nada.

Además, Ayax se sentía mal, tanto por sus esfuerzos en vano como por haberle hecho daño con la decisión tomada, por lo que… Bueno, sabía que pagándole eso no iba a conseguir nada, pero al menos se iba a sentir un poquito mejor.

Utilizaría la técnica de la lechuza entrenada para devolverle el dinero, ya que como era obvio no lo iba a aceptar por las buenas. Eso o dárselo a Francis para que lo metiera en su cuenta de ahorros.

―¿Sí? ―preguntó, sorprendido por la noticia de la granja de Astreia. Joshua tenía poder económico y probablemente calidad más que suficiente para ir a cualquier otra granja más prestigiosa en donde poder mantenerse más ocupado y ganar experiencia de calidad, pero Ayax podía alardear de ser un poquito inteligente: Joshua se llevaba bien con la mestiza, Astreia era una mujer agradable y, encima, sus labores en esa granja serían mucho más comedidas y tranquilas, sin tener que vivir con el estrés de algún jefe imbécil. Ayax consideraba que tenía mejores opciones, pero dadas las circunstancias… su respuesta fue diferente―. Es una buena idea. Dudo mucho que se te pueda valorar como válida cualquier práctica universitaria en la granja de tu familiar, pero al menos conseguirás experiencia para cuando te traslades a un sitio más serio y complicado.

Sin embargo, no dejó de lado el tema intrínseco en su decisión: su tiempo libre y su necesidad de ocuparlo con algo.

―Entiendo tu gran afán por las criaturas mágicas ―dijo, haciendo luego una pausa―, pero tampoco creo que sea del todo correcto dedicar tus horas de estudio a eso, para luego utilizar tu tiempo libre en lo mismo. Está bien que quieras ocupar tu cabeza en algo, pero es importante que sepas dosificar o puedes terminar harto de lo que ahora mismo te encanta. ―Podría haber sonado pedante, pues Ayax tenía esa facilidad, pero en realidad sonó tan normal como siempre, con un tono de pura recomendación basada en la preocupación. No quería que el sobreesfuerzo de su primo en “distraerse” fuese el mismo motivo por el cual su pasión se convirtiese en algo que le cansaba.

Él era de los pocos que sabía lo mucho que a Joshua le gustaba lo que estudiaba y consideraba que la mejor herramienta para un trabajador era la pasión con la que trataba su propia profesión, por lo que perder eso sería terrible.

Después de la breve conversación y realmente sin haber mirado bien todo lo que había en la carta del mexicano, llegó la muchacha que tomaba nota. Ayax se sintió ligeramente presionado pues, como buen ignorante en gastronomía mexicana, todavía no sabía qué pedir. Por suerte fue capaz de observar la conversación ―injustamente descompensada― de Joshua y la chica, de tal manera que a él le pareció buena idea pedir también un burrito.

Cuando recibió la mirada cansada de Joshua, por tamaña conversación tan complicada y exhaustiva ―nótese la ironía―, Ayax cogió el relevo.

―Póngame a mí un burrito de pollo con salsa de pimienta y limón. ―Debía de admitir que eso de “limón” había sido lo único que había escuchado, ¿qué le iba a hacer?―. También ponganos nachos con quesos y unos aros de cebolla como entrantes. ―Cerró la carta y miró a la muchacha seriamente―. Muchas gracias.

Se sintió líder y resolutivo, despreocupándose de cualquier otra tarea complicada, para cuando…

―¿Y de beber? ―añadió la muchacha antes de irse.

Ayax sólo pudo pensar que esa muchacha era una pesada, pero realmente sólo estaba haciendo su trabajo y de una manera muy, muy tranquila y normal. La verdad es que debía de ser que Joshua y Ayax eran las personas más asociales del mundo, ¡hasta para pedir en un dichoso restaurante!

―Un zumo de naranja por aquí ―dijo por inercia, sin pensar demasiado.

―Tenemos batidos si lo prefieren ―aportó.

¡Ufffff! ¡Que no se calla!

―El zumo.

―Vaaale ―dijo, para entonces mirar a Joshua.

Después de eso, la muchacha se fue con todo apuntado y dejó de nuevo a los primos en soledad, tal y como les gustaba estar. La verdad es que muchas veces Ayax se lo había mirado, el por qué de que le costase tanto en algunas situaciones y tan poco en otras y, sinceramente, había veces que no se entendia y llegaba a la conclusión de que, sencillamente, tenía poca paciencia y sólo se molestaba en tenerla con las personas que apreciaba.

Como de costumbre, Ayax ordenó los cubiertos y el plato y sacudió la servilleta para colocársela en el regazo. En ese momento se acordó de un tema algo complicado y… bueno, lo abordó porque él era así; sin pensar demasiado las cosas.

―¿Fue bien la noche de luna llena? ―preguntó como si tal cosa, sin matizar nada más―. La próxima vez… ¿seguimos como lo hacíamos hasta ahora? ―añadió, con el ceño ligeramente fruncido.

No le gustaba ser sustituido. Y tampoco le gustaba el pensamiento de que otra persona ―pues asumía que era otra persona y que Joshua, por sí solo, no se pondría a sí mismo las limitaciones necesarias― le estuviese ayudando en algo tan personal e íntimo.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Jue Mar 12, 2020 9:05 pm

Era a medias agradable y a medias decepcionante que su primo no hubiera ido por su cuenta a aquel viaje pues, como decía, era algo que les pertenecía a los dos. Por otro lado, Joshua no podía evitar sentir que se había desperdiciado todo su esfuerzo, lo que claramente desmotivaba a cualquier persona e incluso, hasta en cierto punto, llegaba a sentirse culpable. Porque él fue quien salió del plan primero, por mucho que hubiera sido una reacción a lo que Ayax había dicho.

Y aquella decepción no era económica. El dinero, como los dos sabían, no era una verdadera prioridad para Joshua, que se conformaba con bastante poco. Era muy útil, sin dudarlo, pero su felicidad no se basaba en lo que tenía. Que le reembolsara lo que invirtió no iba a devolverle el tiempo perdido, o el ánimo con que había planeado todo.

Hablando de dinero, se le ocurrió comentarle sobre el trabajo que planeaba pedir. Tenía la invitación desde que la mestiza se la hizo, pero realmente no se la había tomado muy en serio hasta hace unos días. Adivinaba que el pelirrojo señalaría que tenía muchísimas otras opciones donde trabajar, lugares más serios y con mejor prestigio... por lo que, realmente, lo sorprendió al apoyar su idea de tan buena gana, sin un solo comentario del estilo “Ayax”.

Muy por el contrario, se preocupaba de que pudiese hartarse de las criaturas mágicas si las estudiaba un tercio de su día y durante otro tercio trabajaba con ellas. Y, por si fuera poco, atender a las suyas en su casa, cuando era su tiempo libre. Inhaló profundamente y exhaló despacio, tomándose un momento para considerarlo y darle una respuesta.

Tienes un punto —le dijo, encogiéndose de hombros—. Pero no te puedes hartar de algo que amas, ¿sabes? —contestó, seguro de lo que estaba diciendo—. Además… No sé, puede ser algo bueno, el refuerzo de aplicar una parte de lo que esté estudiando en la práctica, incluso si no son prácticas laborales como tal —dio su opinión, exhalando despacio después de guardar silencio.

Por supuesto, no estaba seguro de verse ahí al largo plazo. Tendría que moverse, eventualmente, pero mientras tuviera esa opción… Era una forma de salir de su zona de confort sin alejarse kilométricamente de ella.

Entonces… sucedió. Joshua tenía una particular suerte para encontrarse con los tomadores de pedidos más necios, fuera por teléfono o con camareros, esos que no dejaban de hablar y hacer preguntas, sin asumir que si no lo pedía era porque no lo quería… Y sí, sólo estaban haciendo su trabajo, pero eso no era nada agradable para alguien tan callado e introvertido, por más que cualquier otra persona lo viese como algo normal.

Al desprenderse de la conversación, su primo tomó las riendas y rápidamente decidió lo que quería, con qué salsa y las entradas. Sin embargo, su versatilidad y agilidad no fueron nada contra una mesera con preguntas y sugerencias al momento de pedir la orden de su bebida. Por suerte, no fue más allá de eso antes de que fueran dejados solos otra vez, pues él había pedido su bebida al principio.

Joshua había tomado la servilleta… y estaba haciendo un barquito con ella cuando su primo tuvo la duda de aquella noche. Hubo silencio, mientras el licántropo plegaba la servilleta hasta dejarla de pie, como un barquito navegando. Era sólo una distracción: estaba haciendo tiempo para organizar dentro de su cabeza qué y cómo decir lo que tuviese que decir.

Sí, fue bien —respondió, y dudó un momento sobre si seguir o no antes de hacerlo—: Estuve con Bodhi… Resulta que hay un grupo, ¿sabías? Como la versión peluda de “Alcohólicos Anónimos”… con la diferencia de que una vez al mes la mitad del grupo encierra a la otra mitad para que no se coma a nadie —pues claramente había gente que no estaba mordida, pero sí entendida y preparada para contener a un licántropo—. Si quieres podemos… seguir haciéndolo como hasta ahora, aunque pensé que te gustaría librarte de eso, ahora que tienes más responsabilidades.

Tenía más de una razón para pensar en ello. Primero, sabía que Gabriella podría sospechar de aquellas noches y bajo ningún motivo estaba interesado que supiera del secreto. Por otro lado… una parte de Joshua sentía miedo. Miedo de que fuera Ayax quien decidiese que Joshua estorbaba y lo hiciese a un lado porque resultaba que se convirtió en una carga. Prefería dar un paso atrás por su cuenta, pensando en que había tardado demasiado en hacerlo con su relación íntima y por ello había terminado mal.

En un momento de introspección, se dio cuenta de que no estaba siendo justo con su primo. Tanto como lo conocía, era improbable un escenario tal… pero no podía evitar pensarlo.

Imagino que ya tendrás bastante con tus investigaciones y tu trabajo, por no mencionar todo lo demás —hizo con su índice con dirección al techo un círculo, obviando “alrededor”. Lo cierto es que se refería a todo el elefante en la habitación: su prometida y su futuro hijo.
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Jue Mar 12, 2020 10:58 pm

Evidentemente Ayax no opinaba como su primo y, como buen discutidor profesional que era, no iba a dejar la conversación ahí. Le gustaba dar su opinión, pero también era bastante selectivo: daba la opinión sin respeto cuando sabía que la otra persona era imbécil, mientras que con Joshua se podría decir que no “discutía” ―con la definición literal de la palabra― sino que más bien debatían.

A menos que estuviera cien por cien seguro de algo y le sirviera de algo convencer a su primo, no solía incidir demasiado en convencerle de nada. Le gustaba que su primo, aunque fuera más pequeño, tuviera su propio pensamiento y no coincidiesen en todo al cien por cien. Si fuera así, dejaría de ser divertido hablar con él.

―Claro que puedes hartarte de algo que amas ―le contestó como si estuviera totalmente seguro de ello―. Nada, en abuso, es bueno. Puedo entender tu perspectiva, pero considero que no es bueno para la mente centrar todos sus esfuerzos en el mismo tema. Es cuestión de psicología: si todo el día estás con lo mismo y ese día es malo para ti por una razón totalmente ajena a lo que haces, indudablemente lo vas a relacionar con todo lo que te rodea. Además de que por mucho que nos apasione una cosa, todos tenemos nuestros límites. ―Habló de manera científica, por sus propios conocimientos.

Era cierto que era su opinión, pero tampoco iba a decirle que era estúpido hacer lo que quería hacer. Si él consideraba que en ese momento era lo mejor para sí mismo, que lo hiciera. Eso sí: dentro de un par de meses se encargaría de recordárselo para que dejase de darle tanta importancia al mismo tema y despejase su mente.

Una vez la muchacha camarera los dejó solos tras pedir, continuaron con la conversación, entrando en un tema más íntimo. No íntimo de ambos desnudos en la cama, sino íntimo de Joshua rompiendo cada uno de sus huesos para convertirse en una bestia todas las lunas llenas. Ahí, en la relación de los primos, sin duda había distintos niveles de intimidad. Niveles que, muchos primos, ni osarían tener.

Escuchó interesado lo que contestaba del grupo de “alcohólicos anónimos” en versión “lobitos solitos” y tuvo sentimientos encontrados. Era cierto que Ayax ahora mismo tenía muchas responsabilidades y que ahora que vivía con Gabriella poner excusas a las noches de luna llena era complicado… y también veía bien que Joshua hubiera conseguido, por decirlo de alguna manera, apoyo en el tema de la licantropía, pues por norma general es una maldición muy solitaria. Sin embargo y pese a todo, no podía evitar sentir que lo apartaba de otra cosa, empujándolo en dirección más distante.

Él mismo insistió en que ya bastante tenía con su trabajo, sus investigaciones y, aunque no lo mencionara, sabía que se refería a su boda, su futura mujer, su hijo en camino… Eran muchas cosas, pues Ayax se enfrentaba, ahora mismo, a  la vida de adulto pura y dura, con todo lo que eso conllevaba. Y, aunque en ese momento él se sintiera muy adulto, visualicemos que sólo tenía vienticinco años. Era muy joven aunque llevase toda su vida preparándose para precisamente eso.

Y, con tan solo veinticinco años y recién descubiertos muchos sentimientos, claramente tenía sus dudas y la obligación de tomar decisiones muy complicadas.

Decidió ser lógico y claro con ese asunto, pues Joshua tenía razón y, por mucho que le doliese, realmente cada uno debía de tener su propia dependencia, sobre todo con esas cosas, ya que tarde o temprano Gabriella terminaría enterándose.

―No es como que me gustaría librarme de eso, sabes que lo hacía por ti y yo estaba bien con ello ―le contestó para que quedase claro en un principio―. Si tú prefieres seguir con ese grupo y crees que es seguro, por mí está bien, pero si alguna vez necesitas de mi ayuda, no te olvides de que estoy aquí. ―Hizo una pequeña pausa, recolocando ―de nuevo― el plato―. Sé que uno de los motivos principales es Gabriella, pues entiendo que no quieras que se entere. Yo, de estar en tu lugar, tampoco querría y ocultárselo por mi parte es complicado. Aún así, si me necesitas cualquier noche, me inventaré cualquier excusa creíble para ayudarte. ―Alzó la mirada, posándola en sus ojos―. Que no se te olvide.

Es que uno tendía a olvidar esas cosas.

Ayax era el primero que, siendo un poco orgulloso, muchas veces no acudía a pedir ayuda, opinión o simple conversación cuando sabía que tenía a montón de personas a su alrededor que no dudarían en darle ese apoyo. Últimamente, no sabía por qué, estaba dándose cuenta de muchas cosas que, hace unos años, ni se planteaba.

―Entiendo que si es un grupo, no solo estará tu amigo el de nombre de perro. ―Esbozó una sonrisilla, un tanto bromista―. ¿Hay mucha gente? ¿Cómo se gestionan las noches?

Sabía perfectamente que Joshua sabría el motivo de sus preguntas: cuestionar (o no) las formas. Ayax era curioso y había sido muy estricto con las medidas, por lo que quería saber cómo lo trataban los propios licántropos.
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