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Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane]

Joshua Eckhart el Vie Ene 17, 2020 7:22 am

Recuerdo del primer mensaje :

Rewrite the stars [Priv. Ayax Edevane] - Página 4 ZvGdk7a
Gracias a A.J Seward por la cabecera ♡

Aquel día había sido el más duro de su vida en los últimos meses. No recordaba cuándo había sido la última vez que había llorado, probablemente siendo sólo un niño, cuando su padre le decía que los varones no lloraban y le enseñaba a contener todas sus emociones para mantener el pesar dentro; ese día le había llorado un río entero, sentado contra una pared en el pasillo de su apartamento, a medio camino para llegar a su habitación.

Sabía que no podía borrar diecinueve años de amistad en un solo día, sabía que no es que no fueran nada a partir de entonces y que, incluso así, se necesitaban en sus vidas. Había visto el dolor en su primo al decirle aquellas palabras, ese tinte de miedo de haberlo arruinado todo, no lo había ignorado.

Sin embargo… ¿qué hacía, cuando cada vez que pensaba en él sollozaba y las lágrimas volvían a caer en su rostro? Había llorado tanto que le había dolido la cabeza, y escuchaba en el fondo de su cabeza la voz de su padre intentando, sin éxito, acallarlo.

Empeoró cuando entró en su habitación, y los recuerdos de todas las cosas que habían pasado ahí se le vinieron encima en una estampida que volvió a romperlo. Las risas, los besos, bromeando y jugando, y sólo sentía que quería borrar los últimos minutos. Quería despertar de lo que parecía una pesadilla que sólo continuaba.

Diciembre 30, 2019.

Finalmente se había sentido con valor de hacer algo. Primero, escribió a su tía expresando sus deseos de visitarla en su casa; ella había respondido durante el transcurso del día con la ubicación del traslador que lo llevaría a su ciudad y prometió su cena favorita cuando llegase, durante aquella noche.

Consiguió un maletín extensible donde preparó en la habitación que esta contenía ropa y a sus mascotas, pues no pretendía volver diariamente para alimentarlas. De esa manera las llevaría con él y podría ir con ellas siempre que lo deseara, así que en realidad no fue un gran problema.

El problema fue escribir una carta más. Escribió a Ayax prometiéndole que volverían a ser amigos cuando él estuviese listo, y disculpándose por no poder estarlo de inmediato. No ignoraba que lo que había pasado entre ellos era real e iba a dolerles a ambos, pero tal como su primo había tomado la opción que le beneficiaba a él, Joshua tenía que optar por la que le haría mejor a su bienestar mental y emocional. Había dado especificaciones sobre el viaje que había preparado, con toda la información y boletos que Ayax necesitase, pidiéndole no desperdiciarlo incluso si él no se sentía preparado para acompañarlo.

Francia lo recibió con 4ºC y ligera llovizna. Con un francés de decente para abajo, logró ubicar la mansión de su tía-abuela y llegó a ella en un taxi. Una mansión preciosa, pero triste. Estaba seguro que lo triste era el paño que cubría sus ojos y que lo hacía verlo todo de otro color y no la mansión en sí misma.

Estaba ahí su abuela junto con su “amiga” Brooke.

Había una disimulada comprensión entre tía y sobrino que Brooke observó. Se miraron, y sin decir absolutamente nada Emma lo había abrazado con fuerza. Joshua había cerrado los ojos y se había dejado hacer, sintiendo por primera vez en días que respiraba. Había sido un abrazo corto pero significativo.

Sólo necesitaba tiempo para desconectar —les había explicado durante la cena—, las cosas no han sido fáciles desde lo que pasó.

“Lo que pasó” seguía siendo el tema del secuestro, y aunque Emma sospechó que mentía, no lo interrogó.

Hay una habitación en la que puedes quedarte, hijo —lo había invitado la mujer—, estarás tranquilo ahí, yo me aseguraré que Brooke no te moleste con sus cosas de nerd —le sonrió.

Gracias, pero conseguí alojamiento cerca de aquí —señaló con su pulgar a sus espaldas, en el recibidor, mientras se despedía— ¿Vendré quizá, a cenar? ¿Por el año nuevo? —aunque no tenía ganas de celebrar nada.

¿Avisaste a tu padre que no irás con ellos? —Brooke intervino, pues ya había empezado a entender cómo funcionaban los Eckhart.

Yo hablaré con Francis, no te preocupes —Emma lo tranquilizó.


Enero 5, 2020.
Vestimenta.
14:15 pm.

Desde el primero de enero hasta el cinco, había pasado la mitad del día en su habitación de hotel y el resto paseando aislado. No hablaba con nadie, no iba a tiendas, simplemente caminaba. Muchas veces podía caminar solo y no sentirse solo; esos días era diferente. Por las noches miraba el techo en silencio, preso del insomnio, mientras intentaba frenar los recuerdos de días preciosos, ahora tan lejanos.

Todos los días hacía el esfuerzo consciente de ignorarlo, de dejar de sentir tanto dolor. Fantaseaba con el momento en que se apersonara frente a Ayax y pudiera decirle que podían volver a la normalidad, que ya no sentía nada. Entonces se preguntaba si alguna vez “no sintió nada”, por lo que no podía sino preguntarse si en algún momento sus emociones estarían suficientemente frías como para no arderle cual fuego.

Lo que más dolía, de lejos, era pensar que la única forma en que Ayax se sintiera fiel a sí mismo y a sus principios era alejándose del desastre que habían causado. Él quería ver a su primo feliz, pero costaba más que un simple esfuerzo entender que su felicidad estaba con su familia y él quedaba relegado al puesto de mejor amigo. Era su mano derecha, sí, mas lo consumía por dentro saber que había sido mucho más.

Eran sus más profundos pensamientos. Una pena que llevaba a solas porque nadie más podía saberlo.

Su ausencia se había notado en la reunión de Año Nuevo de los Edevane-Eckhart. La familia estaba acostumbrada a la ausencia de Emmaline, pero no de Joshua. Francis hijo había informado a quien estuviese interesado del paradero de su hijo, y no había perdido oportunidad de escribir una carta a su hijo cuestionando su decisión de no asistir.

No había sido el único en ponerse en contacto con él: sabiendo dónde estaba, había establecido una conversación vía lechuza con su prima Angie y habían acordado aquel viernes almorzar juntos en su casa. No sabía si su marido estaría ahí, o si era siquiera una buena idea, pero el tiempo en confinamiento solitario empezaba a pasarle factura a su nivel de socialización.

Así que ese día decidió salir: pasó a comprar galletas para no llegar con las manos vacías y se aventuró hasta la casa de Angelica y Mysha. Tocó la puerta y esperó fuera, cobijándose del frío en su chaqueta.


Última edición por Joshua Eckhart el Jue Feb 13, 2020 8:14 am, editado 2 veces
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Dom Mar 29, 2020 12:15 am

«Piensa que esto es lo que has querido desde que eras un niño, unirte con alguien digna y preservar el apellido», dijo Joshua, una frase con la que Ayax medio sonrió.

Parecía una media sonrisa confiada y contenta, como si realmente hubiera cumplido sus expectativas de vida. Iba a casarse con, objetivamente, una muchacha increíble que ya estaba esperando un hijo de él. Sin embargo, era una media sonrisa triste. Por mucho que hubiera estado toda su vida por un momento así, desde que era un niño, ahora mismo ya no pensaba así. Hacer lo que estaba haciendo no era un deseo actual que realmente quisiese, sino una responsabilidad del pasado que se había obligado a continuar por expectativas y responsabilidades.

Era curioso que, pese a haber sido siempre una persona libre, ahora mismo se sintiese encerrado en una cárcel, como si estuviera viviendo la vida que realmente no quería, pero que se supone que debía de querer.

La verdad es que era una sensación extraña. La única persona que le había llamado “decepción” en su vida era Angelica cuando le salvó de que Martins le matase y, realmente sentía la diferencia con su hermana precisamente después de eso. No le sentaba bien ser una decepción para nadie y, a la vez, tampoco sabía cómo ser el hombre perfecto. A veces llegaba a pensar que todo lo que estaba haciendo no lo hacía ya sólo porque era lo correcto, sino para no sentir que era la decepción de nadie más: de su otra hermana, de sus abuelos, de sus padres…

Si por alguna casual lo dejaba todo para irse con quién amaba, ¿realmente podría llegar a ser feliz sintiendo que había decepcionado a toda su familia? Había sido siempre tan dependiente de su familia que su aceptación era clave en su vida.

¿Cómo no iba a sentirse en una dichosa cárcel?

―Gracias ―dijo con el cumplido del traje―. Ni siquiera me dejaron comprarme la corbata de un color más vivo. El gris es un poco deprimente. ―Pero la solución que le dio su primo de ir a por la chaqueta y ponérsela en el cumpleaños de su madre le pareció sin duda una buena vuelta a la tortilla―. Me parece un buen plan.

Agradeció la oportunidad de soltarle la mierda para poder estar bien ahí fuera, pero sinceramente… no le apetecía para nada tratar mal a Joshua sólo para poder desquitarse los nervios que tenía. Si de base tenía impulsos de humillar verbalmente a las personas o de tratarlos con inferioridad, con Joshua tenía totalmente el mecanismo al revés: hasta permitía que se riese de él, o que fuese él quién estuviera por encima de Ayax.

―No hace falta, estoy bien ―le dijo entonces, más tranquilo―. No necesito soltar bilis y dudo mucho que tratándote a ti diferente vaya a cambiar mi comportamiento con el resto.

Era OBVIO que Joshua y EL RESTO no eran ni de lejos comparable, ni en esa situación ni en ninguna. Así que pasaba de esa solución.

Intentando tomar las riendas de la situación, se irguió, se miró por última vez en el espejo y soltó aire por la boca, llevándose las manos al pelo para asegurarse de que estaba bien engominado hacia atrás. La verdad es que se veía guapo, pero no se veía enteramente… él, y una de las cosas que siempre le había gustado era poder ser él mismo vistiéndose, aunque la gente le mirase. Hasta en eso, ahora mismo, se sentía en una jaula.

Miró a Joshua y sonrió. Pese a que las cosas estuvieran mejor entre ellos, seguía haciéndose raro hacer como si nada hubiera pasado, pues eso es lo que Ayax intentaba hacer, pues “hacer como que había pasado” sin duda era mucho peor.

―Venga, vamos, que quiero que llegue ya mañana para estar en casa tranquilo leyendo un libro. ―Le tomó las palabras, con una sonrisa.

Obviamente no estaba tranquilo, pero aparentaría estarlo. Sí, le había entrado un poco de ansiedad… pero nada que no pudiera soportar.

Caminaron por un pasillo, siendo conscientes que ellos dos serían los primeros en entrar a la sala oficial ―que realmente era en el jardín, todo con nieve muy bonito― y recibirían todas las miradas, sobre todo Ayax que obviamente era el novio.

Le jardín había sido encantado mágicamente para que no hiciera tanto frío y una cúpula invisible evitaba que continuase nevando en ese recinto, de tal manera que se podía ver como la nieve chocaba contra una barrera invisible y caía por los lados.

Por protocolo fue Joshua, de manera discreta, el primero en acercarse al altar y colocarse detrás de donde iba el novio. Ayax no le había preguntado pero, en teoría, Bruno debería de haberle dado el anillo de compromiso y debería de tenerlo en su posesión hasta que se lo tuviera que dar a Ayax en el momento adecuado.

Después de unos minutos en donde se calentó las manos con el vaho de su boca, salió también al jardín, esbozando una sonrisa que se podía ver A MIL LEGUAS que era más falsa que un billete de tres libras, al menos para los que lo conocían, pues el resto de invitados que no conocía de nada lo mismo sí se creían esa sonrisa. Se escucharon aplausos y comentarios en voz alta, hasta que tomó su posición en el altar, por delante de Joshua. Unió sendas manos por delante y respiró, a la espera de que Gabriella apareciese por la principal y empezar con todo.
Ayax Edevane
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Joshua Eckhart el Dom Mar 29, 2020 8:41 am

No lo engañó con esa media sonrisa. No podría, conociéndolo como lo conocía, engañarse ni aunque se lo propusiera con algo así. Incluso si no era lo que en ese preciso segundo quería, confundido entre toda la duda y la vacilación, Joshua confiaba en que era la decisión que, a largo plazo, haría feliz a su primo. Al mismo tiempo, él se sentía idiota: ¿quién, en su sano juicio, respaldaría a la persona que quiere para que sea feliz con alguien más?

Se engañaba imaginando un día, algunos años en el futuro, pudieran estar los dos con sus respectivas familias, finalmente felices por el otro. Pensar en una alternativa a ello era desalentador, así que prefería no hacerlo, aunque a veces lo encontrase inevitable.

¿Tienes tu varita? —preguntó, con una ceja arqueada—. Cámbiatela, ¿qué más da? Si te hace sentir cómodo —podría ser que la chaqueta fuera un poco demasiado, pero… ¿qué problema había con que tuviera otro color de corbata? ¡Cosas más raras había visto a su primo vistiendo!

Le gustó que su idea de comprar la chaqueta fuera bien recibida. No podía evitarlo: era un hábito intentar consentir a su primo, con la ropa que usara, las cosas que le gustaban o lo que compraba. O dándole las cosas que le gustaba comer, que también era importante.

Además, aprovechó para presentarse a él como un hombro para desahogarse o un saco de boxeo, lo que mejor le pareciera usar en ese momento. Probablemente, sabiendo cómo era Ayax, más lo segundo que lo primero. El pelirrojo decidió no tomarle la palabra, pues independientemente de lo que pudiera hacer o decir en ese momento, no se sentiría más cómodo con el resto de sus invitados. Joshua optó por no insistir.

Lo observó arreglarse, y creyó percibir aquel disgusto al ver su atuendo. Joshua exhaló, a medias divertido, a medias resignado.

Venga, cambia tu corbata a alguna que te guste más, si alguien te dice algo di que yo te convencí de hacerlo —insistió, haciéndole ver que no estaba bromeando—. Si esa nimiedad te ayuda, entonces que te dé igual qué piensen —sirvió de demonio sobre el hombro para malaconsejarlo de la decisión que su madre y su hermana habían tomado a la hora de vestirlo. No le importaba que le culpase de eso ni asumir dicha culpa, que era completamente cierto.

Entonces comenzaron a caminar. Se quedó unos pasos detrás de su primo, bajando los hombros y rindiéndose un segundo. Incluso mantener su postura era complicado cuando era consciente. Luego volvió a echar los hombros para atrás y levantó el cuello, preparado para lo siguiente. El pensamiento intruso de que él también quería que fuera mañana se instaló en su cerebro.

Su cerebro se activó, pisando el acelerador en cuanto pasaron al jardín. Ideas intrusivas sobre la gente mirándolo, las cosas que ellos pensaban, sobre si sospechaban que algo estaba horriblemente mal o no… Se agobió, pero se sostuvo como pudo para no derrumbarse, pretendiendo que nada sucedía. Se estaba volviendo un experto en fingir que no pasaba nada y… siendo él, tan cerrado emocionalmente, la mayoría de la gente compraba su actuación.

Se acercó en el altar y se colocó en su posición. Llevaba el anillo en el bolsillo interno de la chaqueta que había recibido prácticamente desde que llegó, hace un buen rato y puntual como siempre, en el momento en que saludó a su tío antes de que su propia abuela le recordase todo el meollo de padrino: su posición y cuándo dar dicho anillo. Sabía que era irracional, pero le provocaba un disgusto enorme tener la prueba simbólica de aquel matrimonio encima y tener que proveérselo a su primo en el momento adecuado.

Tenía las manos a la espalda: tenía la mano derecha sujeta firmemente por la muñeca con la izquierda. Aquella presión, ligeramente incómoda, le hacía sentir un poco de control de todo el desastre interno que tenía.

No mucho después, su primo se acercó con una sonrisa más falsa que la calma de Joshua. No pudo quitarle la vista al novio desde que lo vio aproximarse a través de aquel pasillo, incluso después de que se colocara en su sitio.

La novia había entrado, había llegado el momento. Sintió cómo Ayax se alejaba de él, aunque no se había movido físicamente de su puesto. La observó en silencio, con una expresión ausente, mientras, para ser honesto, era casi como intentar apagar el fuego de rencor que nacía en su pecho con un vaso con agua. Porque esa mujer era quien, de hecho, le alejaba; ella y la criatura que llevaba en el vientre.

Inhaló profundamente, contuvo el aliento y exhaló despacio, hasta que el padre de Gabriella la entregó a su prometido. Por Merlín, detestaba verlo con ella. Nunca antes había imaginado que podría hundirse en su pecho vacío, en un mar de celos y disgustos. Por fuera, se limitó a sonreír por breves segundos, porque era lo que tenía que hacer y no porque lo quisiera.
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Ayax Edevane el Lun Mar 30, 2020 11:04 pm

Antes de salir al exterior y empezar con la ceremonia, Ayax hizo caso a Joshua: no tenía nada que perder y, como mucho, se llevaría una leve reprimenda de su madre y de su hermana por haber roto la combinación perfecta de su traje tan insípido. Así que se cambió el color de la corbata y se la puso de un naranja no muy cantoso, para que combinase con su pelo que, engominado, tenía un color más fuerte.

Salió cuando fue su turno, más tenso que Epi y Blás (o Beto y Enrique) en una cama de velcro. O peor, incluso.

Adoptó su posición en el altar y, más puntual de lo que se esperaba, apareció Gabriella. Sí, objetivamente estaba preciosa, pero Ayax no lo veía así. Ahora mismo no podía entrar en ese ánimo de placer y realización, sino que estaba nervioso, como si supiera que no estaba haciendo las cosas bien.

Quizás ―y solo quizás― podría tomarse todo eso con mayor naturalidad si no estuviera Joshua, pero es que le era imposible hacer como si nada hubiera pasado porque OBVIAMENTE HABÍA PASADO y había hecho mella de manera muy fuerte en la vida de el pelirrojo. Así que sí, pese a que adorase a su primo y lo quisiera en su vida, sentía que también era esa barrera que le impedía tomarse las cosas como debería tomárselas, que no como quería.

Obviamente no le iba a echar la culpa a Joshua, pues no la tenía. Ahí la única culpa la tenía él, sus sentimientos y su incapacidad para hacerlos desaparecer.

Por suerte, la ceremonia pasó con normalidad. Se dijo lo que había que decir, dieron sus votos matrimoniales, prometieron amarse en la salud y en la enfermedad, se colocaron las alianzas y sellaron el pacto con un beso. La versión “mágica” de las bodas era parecida a las muggles, con la excepción de que no jurabas amor ante Dios, sino simplemente entre ellos.

Era posible, pero entre los puristas no le debías la divinidad de tu vida a un Dios que no podías ver. Era común que muchos fueran ateos y, en el caso de los Edevane y los Crowley, así era.

Después de la ceremonia, llenos de arroz y pétalos de rosa, Ayax y Gabriella entraron a una habitación a la espera de que todos fueran a la sala de la celebración, una sala enorme en donde habían predispuestas más de doscientas mesas redondas, normalmente abarcando familias cercanas para mayor comodidad de los invitados.

―¿Estás bien? ―le preguntó Gabriella, mientras le quitaba a su esposo el resto de arroz de la cabeza.

―Estoy nervioso, pero ya ha pasado lo que más nervios me generaba ―respondió con sinceridad.

―Estate tranquilo: esta es tu fiesta. ―Gabriella observó entonces la corbata―. La corbata es lo único que has elegido tú del atuendo, ¿a que sí? ―Sonrió, pues obviamente no sabían que iban a ponerse hasta ese momento―. Debo admitir que esperaba verte vestido de lila, con unos zapatos verdes y una corbata rosa.

―Por favor… ―Puso los ojos en blanco, divertido―: ¿Verde con lila? ¡No soy tan hortera! Hubieran sido unos zapatos amarillos. ―Y le guiñó un ojo, relajándose un poco―. Obviamente sí: me he dejado aconsejar por mi madre y mi hermana, pero antes de salir me he cambiado la corbata para estar más cómodo y he sentido como mi madre me mataba con la mirada.

―Bien hecho, lo importante es estar cómodo y que todos te conozcan cómo eres.

―Fue idea de Joshua ―admitió.

―Joshua te conoce bien ―añadió, alargándose un poco para besar sus labios―. Sé que no bebes alcohol, así que utilizaré esa excusa en el brindis para unirme a ti empáticamente y así no hacerlo con champán. Ya sabes… por nuestro bebé. ―Llevó su mano al vientre―. Aún no se lo he dicho ni a mi familia ni a mis amigos y todo el mundo sabe que yo bebo hasta terminar en la acera sin saber quién soy… ―Reconoció, algo divertida―. Así que vamos a tener que inventarnos una muy buena coartada…

―¿Esperas que tus padres crean que no hemos tenido sexo después de llevar tres meses viviendo juntos? Podemos decirlo hoy, Gabriella. Supongo que tendrás ilusión de contárselo a tus familiares y a tus amigas ―le ofreció―. Sabes que yo no tengo problema, sólo quería esperar a la boda para que mi familia no me agobiase con dos temas distintos.

―¿¡En serio!? ―dijo, emocionada y feliz―. ¡Claro que quiero decirlo! ¡Un día de éstos voy a reventar como siga conteniéndolo! ¿No crees que sería opacar el hecho de que nos acabamos de casar?

Ayax sonrió, pues Gabriella tenía tanto afán de protagonismo como él, aunque en situaciones totalmente diferentes.

―Considéralo tú: para mí esta es una celebración de que estoy empezando a formar una familia. Creo que dar la noticia de que viene en camino un nuevo Edevane será bien recibida por todos. ―Sin embargo, añadió otra cosa―: Pero si quieres esperamos y así tienes excusa para hacer otra fiesta, aunque va a ser otra fiesta en la que no podrás beber… ―Enarcó una ceja, divertido.

―Asssssh… ―Se quejó, apoyando su frente sobre el pecho de su marido―. Improvisemos. Solo aviso que hay posibilidades de que se me escape hoy, ¿vale? Estoy muy emocionada.

―No pasa nada ―le respondió―. No te lo he dicho, pero estás radiante.

Y ella sonrió con picardía, poniéndose de puntillas para susurrar en su oído:

―Verás cuando me quite todo esto esta noche… Tengo una sorpresa para ti.

Ayax se obligó a sonreír también con cierta picardía.

Vale, sí: estaba bien. Gabriella era muy atractiva y el sexo era disfrutable, pero la verdad es que ese tipo de proposiciones no le animaban ni de lejos cómo podía animarle algo mucho más nimio proveniente de su ex amante y primo Joshua.

Eran como una pareja al revés: ahí quién normalmente buscaba el sexo era la mujer, no el hombre. Él intentaba fingir interés, sobre todo para evitar preguntas. Su mayor preocupación era que aquello no funcionase, pero por suerte sabía que al final el placer era el placer y terminaba concentrándose sabiendo que le iba a gustar.


***
Tres horas después

Ayax vio desde la mesa nupcial como Joshua se levantaba y se despedía de su abuela, por lo que al ver que casi todo el mundo ya estaba de pie, yendo a la barra a por el alcohol para empezar la fiesta, el pelirrojo se desvinculó un momento de su mesa para ir a hablar con él. ¿De qué? Ni idea, sinceramente. Sabía que iba a ser rarísimo pero… ¡era Joshua! ¿Acaso hacía falta más explicación?

Cuando el moreno salió de la sala de celebración, Ayax lo persiguió.

―¿Te vas? ―preguntó directamente, tragando saliva―. Quiero decir… está bien si te vas. Creo que en estos eventos sólo se lo pasan bien o los que beben, o los que bailan. Y ninguno de los dos somos de eso… ―Sonrió un poco, viendo si sería posible una conversación antes de que se fuera o si estaba tan harto que prefería irse ya, pues la fiesta iba para largo.

Se metió las manos en los bolsillos del pantalón, pateando una piedrita.
Ayax Edevane
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Mar Mar 31, 2020 1:15 am

La ceremonia la encontró increíblemente larga. Su mente desconectaba por momentos, se volvía a agobiar, se calmaba un poco y… en general, no había puesto mucha atención, mirando sin mirar a la pareja que estaba ante él. A la pareja a la que, él como padrino, otorgaba una suerte de bendición simbólica, una bendición hipócrita y llena de mentiras.

Después de la ceremonia, Joshua salió un momento de la cúpula cubierta para impedir que la nieve siguiera cayendo, y se enfrentó al frío exterior del clima real. Necesitaba aire fresco –helado, para motivos de la temperatura actual- y un momento a solas antes de dirigirse a la sala de la celebración.

Su temperatura corporal había bajado de forma importante y temblaba ligeramente cuando cruzó el umbral al salón, por más que hubiera regresado a la calefacción mágica. Así fue hasta que se sentó en la mesa Eckhart y su abuela le habló, volviéndolo a poner nervioso.

¡Qué bellas son las bodas! —empezó Popheg, aprovechando que su hijo no estaba todavía en la mesa para cambiar de sitio y hablar con su nieto lado a lado—. ¿Esto te ha dado ideas para la tuya?

“Sí, abuela, a mi boda imaginaria a la que nadie vendrá porque probablemente me case con un hombre”, pensó, pero evidentemente no lo dijo.

Sí, abuela, ya estoy en eso —no lo estaba, pero qué importaba.

¿Lo estás? No has salido con ninguna chica, que yo sepa —Popheg frunció el entrecejo, claramente dudando de la veracidad de las palabras de su nieto.

Estoy en eso —repitió, cansado.

Ella bufó—. Joshua, sabes que si no empiezas pronto, probablemente- —empezó, mas fue interrumpida.

Estoy. En. Eso.

No estaba en una mierda, pero tampoco quería estarlo, en especial no esa noche. A esas alturas, ya poco le importaba, estaba seguro que un día le diría a su abuela que lo casara con quien le entrase en vena, ella hiciera su boda y él llegaría el día indicado a ponerse las esposas y la correa hipotética.

Esa respuesta obviamente no le gustó a Popheg, pero fue lo suficientemente clara como para que dejara de insistir. En cambio, empezó a señalar todas las cosas de la boda que le gustaba o que no la convencían, tal como Joshua había previsto.

No sé por qué tu primo siempre insiste en usar cosas extrañas, esa corbata no le combina en lo absoluto, siendo un joven tan apuesto… —había pasado de las decoraciones y el servicio a hablar sobre la vestimenta de Ayax.

Y esa era una línea que con Joshua no se cruzaba, menos esperando que se quedase en silencio—. ¿Qué tiene de malo? Es su boda, puede usar lo que le apetezca —intervino de repente, luego de un rato sin decir nada.

Sólo es que uno pensaría que después de casarse dejaría de intentar llamar la atención siendo tan extravagante.

Es su boda: él literalmente pudo elegir poner todas las flores violetas y los manteles amarillos y nadie tendría que decirle nada sino su mujer, de quien también es la boda —sabía que Ayax no querría darle un infarto a su madre tomando decisiones tan drásticas… pero, por poder, quién demonios le decía que no podía.

Espero que no decidas poner flores violetas y manteles amarillos en tu boda; debería sugerirle a tu prometida que lo planee todo ella si vas a portarte de esa manera —se ofendió, regresando a su lugar, a un asiento vacío de distancia de su nieto.

***

A lo largo de la cena, a Popheg se le había olvidado la grandísima “ofensa” de su nieto y habían terminado volviendo a limar sus asperezas. El resto de la cena había transcurrido con normalidad y finalmente Joshua se había disculpado, diciendo que tenía un asunto que atender de urgencia y que debía marcharse. Era una decisión que nadie en su familia apoyó, como era de entenderse, pero eso no lo detuvo de marcharse.

En el exterior, se dio un segundo de realización. Se sonrió para sí mismo, con pena y con gracia a la par… ¿cuántas veces en su vida había decidido hacer lo que quería en lugar de lo que su familia esperaba? ¿Era eso madurez o era rebeldía adolescente?

Sacó su reloj para mirar la hora: podría encontrar a Edward en El Caldero en su turno de la noche del sábado y conversar un poco. Con suerte, el licántropo le contaría su vida por enésima vez y lo ayudaría a pensar en otra cosa sin que Joshua tuviera que decir prácticamente nada… en ese momento, no se percató de cuán mala idea era ir a un sitio como El Caldero Chorreante en su estado tan decaído.

Estaba preparándose para aparecer cuando una voz le hizo dar un respingo, mirando hacia atrás de él.

Sí, yo… Tengo que… —empezó a decir su excusa por defecto, pero mirando a Ayax… maldijo a cielo y tierra, porque nunca le había gustado mentirle, no a él—. Sólo quiero irme, espero que no te moleste —fue completamente honesto con él—. Lo siento porque no puedas irte tú a meterte bajo las mantas con un libro —le sonrió, pero casi de inmediato borró su sonrisa. Se dio cuenta que era una sonrisa triste.

Era incómodo estar en frente de él. En una reunión normal, ya estaría metiéndose con los primos idiotas, o hablando sobre los adultos, o… simplemente hablando, porque así eran ellos: vivían en un mundo para dos. Pero ese mundo ahora estaba agonizando, o así se sentía. También se sentía como si Ayax hubiese tomado la nave espacial y hubiera emigrado a otro distinto y lejano a ese, por más que el Ravenclaw se quisiera hacer entender que eso sólo lo pensaba ahora porque la boda estaba presente.

Así que el… ¿miércoles? ¿Te gusta, para ir por la chaqueta? —se estaba refiriendo a la de estampado lila y azul que Ayax no había comprado porque no lo habían dejado, pues no se había olvidado de eso—. Ah, si… Si quieres ir solo, no tengo problema —levantó las manos a la altura de su pecho, haciéndole ver que podía negarse si él quería.

Detestaba sentirse tan a la defensiva con Ayax.
Joshua Eckhart
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Ayax Edevane el Dom Abr 05, 2020 6:55 pm

No le iba a reprochar que quisiera irse: él tampoco quería estar ahí y, siendo sinceros, ¿en qué momento ellos dos solían preferir cosas diferentes? Con una mirada sabía lo que quería el otro y ahora mismo Ayax veía la misma desgana en los ojos de Joshua que la que sentía él. Lo peor de todo es que aunque todo eso hubiera sucedido así, ambos estaban desganados por la misma razón y era hasta… irónico estar viviendo esa situación.

Literalmente todo lo que había formado ahí dentro era cosa de Ayax, aunque ni él quisiera estar ahí. ¿Quién le hubiera dicho eso al Ayax de hace un año, que todavía estaba prometido con Amalthea Davies? Aquello era increíble… El 2019 había sido para él un año lleno de cambios y de descubrimientos.

―No me molesta ―le respondió, devolviéndole la sonrisa―. Quería despedirme porque suponía que te ibas a ir. ―Y obviamente no se lo iba a reprochar.

Cuando Joshua le dijo de quedar el miércoles, el pelirrojo enarcó una ceja, para luego sonreír cuando mencionó lo de la chaqueta. En ese momento le parecía mejor plan del que tenía planeado, sinceramente, pero eso que se llama “Luna de Miel” al parecer no se puede posponer por ir a pillar una chaqueta hortera.

Le dio pena tener que rechazar la oferta, sobre todo porque a él le hubiera gustado ir y comprarse todas las chaquetas de colores cantosos que hubiera.

―Mañana me voy de viaje por una semana y media ―le respondió, frunciendo los labios, para no darle más importancia a eso. Suponía que Joshua sabría de qué viaje se trataba: el típico detrás de una boda. La verdad no tenía ganas de hablar de eso―. Pero supongo que ese tipo de moda tan elegante y especial no se la llevará nadie, así que… ¿para cuando vuelva? Necesito a alguien que me aconseje sobre qué será lo que más moleste a mi madre y a mi abuela a la vista, y tú ya tienes experiencia. ―Le guiñó un ojo, divertido, pues Ayax y Joshua eran los primos revoltosos aunque fuesen de lo más tranquilos. De pequeño eran mucho de hacer justamente aquello que molestaba a sus padres y a sus abuelos, pues era lo más divertido.

Y la verdad no quería retenerlo más. Ahí todo el mundo debía de ser consciente de Ayax prefería estar marcándose la charla ―una de ellas― de su vida con Joshua fuera de la celebración, pero sabía que se iba a llevar una gran bronca como siquiera “fuera de la onda” de su propia boda.

―En fin, tengo que entrar antes de que venga el padre de Gabriella a tirarme de la oreja. Que a mi abuela la puedo soportar: ¿pero a ese señor tan… Noruego? ―Arrugó el ceño, divertido―. Gracias por estar a mi lado en esto a pesar de todo ―agradeció al final, con una sonrisa, antes de girarse y volver a entrar a la celebración.

Yupi, se lo iba a pasar de maravilla.

Nótese la ironía.


***
Una semana y media después

¿Sabéis lo que pasa cuando una persona blanca, con pecas y pelirroja ―es decir, casi que roza con lo albino― va a un sitio caribeño? Que ojo, Gabriella era una Noruega de MENTIRA. Las noruegas eran rubias, blancas y DÉBILES AL SOL, pero Gabriella parecía una mujer sacada de la misma sudamérica con esa tez morena.

Lo que ocurrió fue que Ayax terminó como una gamba al sol mientras que ella terminó con el mejor bronceado de su vida.

Habían pasado la luna de miel en Tailandia porque una de las amigas de Gabriella lo había recomendado. Como a Ayax le daba igual toda esa mierda, pues aceptó: total, no había visto mundo, así que le daba exactamente igual a donde ir porque así conocía algo nuevo. Le daba pereza un poco eso del turismo de visitar monumentos y cosas bonitas, pero intentaba buscarles el interés descubriendo la historia de los lugares.

Pero no os voy a engañar: se sintió aliviado cuando cogieron el traslador de vuelta a Londres. ALIVIADO. Eso de viajar durante mucho tiempo ―siendo “mucho tiempo” más de tres días― ya lo agobiaba si no estaba en un hotel de cinco estrellas.

Al volver, se quedó en casa durmiendo trece horas seguidas y luego quedó con Joshua para ir a buscar esa chaqueta.

Esperaba bien abrigado en una esquina de Camden Town frente al Pret a Manger, en donde había quedado con Joshua. Le iba a ofrecer comprarse un par de chocolates calientes para combatir el frío e ir tranquilamente a dar una vuelta.

Y sí: estaba rojito y se le estaba pelando la nariz. Casi parecía que tenía mucho frío y su cara estaba roja, pero no: se había quemado enterito y parecía lo que quedaba de una gamba.
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Joshua Eckhart el Lun Abr 06, 2020 12:59 am

Por un segundo se había olvidado completamente de la boda, de Gabriella y de su luna de miel. Se llevó una mano al cabello, con sorpresa y realización, en cuanto le recordó que iba a irse de viaje por más de una semana para celebrar aquel matrimonio en compañía de su nueva mujer. Por suerte, nadie lo mencionó como tal, sino que Ayax lo dejó así y Joshua no necesitó clarificarlo.

Por supuesto —le dijo entonces—, ya iremos cuando vuelvas; no puede quedar impune la treta que te han hecho para no sentirte tú mismo hoy —le dio un pequeño empujón en el hombro, en una suerte de camaradería, cómplices de aquel “malévolo” crimen de hacer enfadar a la parte femenina de la familia. Al menos a la mayor parte de la parte femenina.

Le apenó darse cuenta cuánto habría deseado Ayax quedarse ahí conversando el resto de la noche, pero sus nuevas obligaciones lo empujaban a hacer otra cosa. En un segundo de filosofía, se percató de que probablemente así fuera el resto de sus vidas: ellos queriendo hacer algo, y Ayax siendo razonable y haciendo lo que tenía que hacer. Y eso sólo pudo apenarle a él.

Le devolvió la sonrisa—. Sabes que te respaldo siempre —le contestó. Y quizá era un tonto por respaldarlo de esa manera, pero no le importó en ese momento. No iba a dejarlo a la deriva y desligarse de él después de todo lo que habían vivido juntos durante todas sus vidas.

En cuanto su primo entró de nuevo, él apareció en Londres. Al llegar ahí, estaba lloviendo. Con los ojos cerrados alzó el rostro y dejó que la lluvia cayera del cielo y acariciara su piel. Todavía estaba helando, pero no les dio importancia a sus huesos quejándose por el frío. Permitió que, por un momento, el tiempo no pasara, como si cada gota fuera capaz de borrar todas las mentiras que habían sido dichas hasta ese momento. Algún día sería capaz de dejarlo ir y olvidarse de lo sucedido. Algún día.

***

Desde que pisó Londres tras haber ido a Noruega, había tropezado una y otra vez, metafóricamente hablando. Para empezar, el domingo había despertado envuelto en confusión: había cometido un error. Nadie en su vida le había dicho que uno no mezclaba tranquilizantes con alcohol o los efectos podrían ser todavía más fuertes.

No recordaba todavía más que flashes de lo sucedido cuando se dio cuenta que no había amanecido en su cama, pero tampoco en una desconocida…

Y así había retomado el contacto con Hunter Biersack, ¿por despecho, tal vez? ¿Porque era idiota? Un poco de todo, seguramente. En todo caso, culpa de su barman: ¿por qué dejó que se embriagara de esa manera, cuando bien sabía ese perro tonto que Joshua no bebía? Todavía, una semana y media luego, continuaba buscando culpables, cuando el culpable mayor no era otro que él mismo.

Llevaba una chaqueta gruesa en lugar de muchas capas de ropa para soportar el frío, y lentes de sol. Apenas unos días atrás había tenido la última luna llena y todavía las ojeras se marcaban debajo de sus ojos denotando la palidez de su piel. Tenía las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta. Su nariz también estaba roja, pero por un motivo totalmente distinto al de su primo: se había resfriado otra vez.

Lo vio en la esquina de Camden Town, dándose cuenta de cuánto lo había echado de menos aquella semana y media. Había limitado a cero sus llamadas y cartas salientes, pues no quería molestarlo cuando estaba ocupado, por más que fuera un viaje de relajación y celebración.

Amagó a abrazarlo, pero tuvo que retroceder rápidamente dos pasos antes de sacar un pañuelo desechable de la chaqueta y estornudar en él. Estuvo un momento en silencio, mientras su cerebro se reiniciaba después de dicho estornudo, antes de plegar el papel para tirarlo después, cuando tuviera un bote de basura al alcance.

Hola —dijo entonces, tomando su distancia—. ¿Tú también tienes…? Ah, estás cambiando de piel —señaló al distinguir que el rojo de su piel tenía pequeños trozos de piel levantada—. ¿Cómo te fue? —se volvió a cobijar en su chaqueta, asegurándose que estaba subido el cierre hasta la parte de arriba.
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Ayax Edevane el Mar Abr 07, 2020 11:23 pm

Le dolía la nariz y le parecía una soberana idiotez que el ser humano fuese tan débil ante el sol. En ese momento podría entender por qué los africanos eran negros y la clara “debilidad” que tenía un ser blanco como la cal como él frente a climas tan cálidos y le molestaba mucho pertenecer a la clase “débil”, físicamente hablando. A ver, no hacía falta ser tolerante para darse cuenta de la clase de diferencias que existen entre la raza negra y la blanca, independientemente de su exposición a sol, pero Ayax era un poco racista y nunca lo admitiría.

Abrigado para no pasar frío, pues de repente el cambio de temperatura le estaba afectando en los huesos ―como un viejo―, estaba allí esperando. Por suerte Joshua no tardó en llegar, estornudando antes de abrazarle.

Ayax sonrió de medio lado. Joshua sabía sus políticas higiénicas: no abrazar a señores griposos.

―Yo te quiero mucho ―dijo irónico, pese a que era obvio que le quería mucho y eso ERA ASÍ, no había más que remitirse a unos meses antes―, pero acabas de dejar ese pañuelo lleno de mocos y seguro que tienes un aura bacteriana. ¿Sabes el coronavirus? No paraban de hablar de eso en Tailandia porque en China están jodidos ―explicó, por si no se había enterado―. ¿Tienes coronavirus?

Sonó distante, irónico y hasta emparanoyado, pero realmente Ayax no se preocupaba en lo absoluto por el coronavirus, por lo que después de hacer ese pequeño drama ―medio cierto― por no querer darle un abrazo, acercó su mano y tocó su hombro, apretándolo de manera cercana.

―Es broma ―le guiñó un ojo de manera amistosa―. Es decir, es broma lo del coronavirus. Que no te voy a dar un abrazo sigue siendo real. ―Y entonces rió.

Se conocían lo suficiente para que Joshua no pensara mal por eso, pues había sido así toda su vida, incluso con su propia madre. ¿Y qué hijo no quiere abrazar a su madre? Además, Ayax había ya compartido mucho con Joshua como para no querer darle un abrazo por ningún otro motivo.

Pero así era Ayax: estúpido higiénicamente.

―¿Un chocolate antes de seguir? ―preguntó a su primo, señalando con la cabeza el Pret a Manger que tenían al lado―. Hace mucho frío como para ir sin un chocolate que nos caliente las manos.

Como estaba bastante vacío en ese momento porque era pronto apenas tardaron cinco minutos en que le hicieran los dos chocolates bastante grandes y volver a salir al exterior, notando el frío seco sobre el rostro. Menos mal que se había echado crema antes de salir de casa, porque entre el sol hace dos días y este frío polar ahora sentía que su cara se le caía a trozos.

Y literalmente se le caía a trozos.

Antes de empezar a beber el magma volcánico que tenía como chocolate ―pues si no sé si sabes que a los ingleses solían darle ese tipo de bebidas MÁS CALIENTES DE LO NORMAL porque estaban expuestos a más frío normalmente―, se sacó un lápiz labial que era vaselina, para echársela en los labios que también tenía secos.

Al guardárselo, suspiró:

―Mucho mejor, así no parece que se me vaya a caer también la boca ―exageró, ladeando una sonrisa―. Y… contestando a tu pregunta: todo bien, aburrido sinceramente. No soy mucho de turismo de playa. Al menos leí mucho.

Que sí, que había ido a montar en canoa, había visto paisajes preciosos, había descubierto que tener sexo en la playa ―tanto en la arena como en el agua― era terriblemente incómodo y encima se había destrozado la piel de la cara. Él no servía para ser aventurero, definitivamente. Él quería encerrarse en su hogar y no salir de ahí si podía evitarlo. Y no entendía ese morbo de hacer sexo en la playa: el agua no era precisamente buena para la lubricación, ¿y alguien le explicaba el papel de la arena en todo eso?

―¿Y tú? ¿Todo bien la noche del nueve de febrero? ―preguntó preocupado, pues era la noche de la luna llena.
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Joshua Eckhart el Miér Abr 08, 2020 4:07 am

Estaba seguro que estaba por recuperarse… pero al final, no lo hacía. El estornudo había sido completamente a traición, pero suficiente para que su “aura bacteriana” repeliese a su primo. Ni siquiera podía ofenderse; con todo el tiempo que tenían de conocerse, le parecía gracioso que el obsesionado a la higiene no cambiara ni un poco.

Sí, claro, he ido a China a contagiarme —puso los ojos en blanco—. Debería a mí preocuparme que te hayas traído enfermedades extrañas de Asia, ¿no? —lo molestó de regreso—. Yo lo que tengo es un sistema inmunológico cabrón —o más bien, era lógico y razonable: pasaba de ser el depredador perfecto, una máquina hambrienta de sangre y violencia… a un humano que no podía jactarse de un buen horario de sueño o siquiera de una dieta decente.

Miró el Pret a Manger que señaló su primo y asintió con la cabeza. No iba a venirle mal algo caliente, después de deliberadamente no pensar en su propia salud y decidir salir con aquel clima y un resfriado encima. Apretó el café entre sus manos, rodeando el vaso con las dos manos, sintiendo cómo su piel dolía por la diferencia de temperaturas, pero empezando a acostumbrarse a ello.

Vio a Ayax y no dijo nada ante el lápiz labial de vaselina, sabiendo lo mal que le parecían los labios partidos por la resequedad y el frío. A él le daba igual, pero sabía que a su primo no; tenía que cuidar su apariencia, después de todo.

¿Dejaste ciego a todo el mundo con tu piel color blanco radioactivo? —le preguntó divertido—. También salen más pecas con el sol, ¿no? ¿Ya tienes el doble de pecas que antes? —pues sólo bastaba ver su cara para adivinar que sí había estado asoleándose.

De forma casi hasta inconsciente evitaba mencionar contenido en sus palabras que realmente lo invitaran a contarle de cómo lo había pasado con su mujer. Porque así era, le doliese a quien le doliese: había sido la luna de miel de Ayax y su mujer. Eso no significaba, por otro lado, que fuese a ser desagradable y no interesarse en sus cosas… sólo significaba que prefería ser selectivo en la información que pedía.

Lo mismo de siempre —le respondió, encogiéndose de hombros. No tenía ganas de contarle que últimamente se sentía más inestable, como si retrocediera una parte del avance que había hecho—. Estoy pensando que debería buscar algún sitio más cálido donde pasarlo, al menos durante el invierno, no parece buena idea enfermarme todos los meses —bufó a medias enfurruñado, a medias divertido.

Suponía que tenía que ver con la intemperie: sus noches con Ayax siempre las terminaba en su apartamento, abrigado y seguro, cuando el pelirrojo lo llevaba ahí a curarle las heridas que podría tener. Las últimas dos noches no habían sido así: las terminaba sentado en el frío recuperando el aliento y la fuerza para aparecer, curando sus propias heridas. Aquel nueve de febrero se había mordido, en un vano intento por arrancarse las cadenas de las muñecas, y todavía no desaparecía del todo la marca de sus colmillos de la piel en el brazo derecho.

¿Cómo fue el resto de la boda después de que me fui? ¿Sucedió algo interesante después de todo? —se animó a preguntarle: no había hablado desde esa noche hasta el presente, justo cuando su primo lo contacto para concretar el plan de salir por la chaqueta hortera con que pretendía molestar a su madre.
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Ayax Edevane el Jue Abr 09, 2020 12:53 am

―Con mis niveles exageradamente incoherentes de higiene, ¿de verdad te crees que hay posibilidades de que haya traído a Londres ninguna enfermedad asiática? ―Ladeó una sonrisa, divertido por el tema―. Raro es que me acerque a menos de tres metros de un desconocido.

Porque además de ser un obsesionado de la higiene, no toleraba estar muy cerca de algunas personas. Algunas olían mal y no soportaba que la gente le hablase desde demasiado cerca: sentir el vaho y el aliento ―que a veces olía mal también― tan cerca le causaba arcadas. Ayax era muy repipi para todo eso, pero quería pensar que al menos era algo lógico. A nadie le gustaba que la gente le escupiese de cerca. Era asqueroso.

Cuando se metió con su piel blanca radiactiva, no pudo evitar sonreír. Siempre había tenido ese tono de piel, como toda su familia y, sinceramente, en toda la familia Edevane ellos debían de ser los peores de todo. La familia de Maille, que venía de Irlanda, era sin duda fantasmas.

―Pues cuando se me caiga toda la piel y me vuelva a salir, ya contaré de nuevo mis pecas ―le respondió.

En ese momento, no pudo evitar recordar un flash del pasado, quizás de noviembre.

«Estaban ambos en la cama de Joshua, en su apartamento de siempre. Ayax se encontraba desnudo sobre la cama y Joshua un poco por encima, con los brazos en su pecho y su cabeza apoyada sobre ellos. Estaban en silencio mientras comentaban tonterías políticas que habían salido ese mismo día en El Profeta, hasta que Joshua se acercó a él.

»Tienes demasiadas pecas.
»¿Y…?
»Con lo raro que eres, ¿nunca has intentado contar cuántas tienes?

Ayax lo miró ofendido, para entonces sonreír.

»Varias veces.

Ambos rieron en ese momento, pues Joshua lo conocía muy bien hasta para las ridiculeces.

»Te las voy a contar yo.
»Si, ya, clar…

Pero no pudo terminar de hablar, pues cuando se acercó para contarlas, besó su mejilla.

»Una.

Y cada vez que contaba una nueva, le volvía a dar un beso, así hasta que llegó juguetón a sus labios y lo besó. Cuando se separaron del beso, los ojos verdes de Ayax se posaron en los de Joshua.

»¿Pero me vas a contar las de la cara o las de que tengo por todo el cuerpo?

Y con esa picardía, le giró hasta quedar él por encima.»

Lo recordaba como si hubiese sido ayer mismo, pero evitó poner ninguna cara incómoda y continuar con la conversación. Al hablar de la licantropía, consiguió enfocarse en el nuevo tema, pues por suerte eso le hacía pensar bastante y ocupar su mente.

―No es necesario que lo pases en un sitio más cálido, lo que es necesario es que tengas la atención necesaria después de que vuelvas a convertirte en humano teniendo en cuenta lo débil que te encuentras ―dijo, hablando tan serio como siempre hacía al hablar de esos temas―. Cuando te conviertes en humano es cuando más expuesto estás: tienes que tener abrigo, algo caliente que llevarte al cuerpo para mantener la temperatura e incluso medicamentos. ―Él consideraba que cuando hacía las noches de luna llena con Joshua lo trataba bien en todos los puntos, sobre todo después de que volviese a ser humano.

Ya no era una cuestión solo de debilidad física, sino de absolutamente todo. Sólo esperaba que allí a donde estuviera yendo, realmente le estuvieran dando la atención necesaria o prefería hacerlo él.

Cuando preguntó por la boda, Ayax mantuvo su chocolate entre sus manos, notando el calor entrar en ellas. Bajó un poco la comisura de sus labios, en un gesto de desaprobación. Realmente se lo había pasado bien, pero no tan bien como había pensado que lo haría años atrás. Había sido terriblemente extraño pasar por esa situación teniendo en cuenta sus estados emocionales y sus sentimientos hacia SU PRIMO.

―Bueno, no estuvo mal ―le respondió, desinteresado―. La familia de Gabriella está un poco loca, sinceramente, pero todo surgió con normalidad. Gente borracha con la corbata atada en la frente, camisetas llenas de alcohol y todas las mujeres con los tacones en las manos, cansadas de bailar. ―Rió un poco―: O al menos todas las bodas a las que he ido terminan igual. ―Hizo un poco de memoria y luego añadió su experiencia personal―. Bailé mucho con mi abuela, con tu abuela, otra vez con mi abuela, tu abuela otra vez… Hasta que Eva me salvó de ellas. ―Y rió tras compartir una experiencia divertida.

Llevó su chocolate a la boca, bebiendo después de soplar la parte superior. Estaba caliente, pero la verdad es que le sentó muy bien para el frío que tenía en ese momento.
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Joshua Eckhart el Jue Abr 09, 2020 7:35 am

¿Quién diría que ser un rarito obsesionado con la limpieza iba a llevarte a algún lado? —se metió con él, pese a que, en un sentido práctico, era bueno que mantuviera tanto nivel de higiene, principalmente por aquellas enfermedades de transmisión física.

La sonrisa que había tenido bromeando con su primo sobre su viaje, desapareció lentamente cuando mencionó que ya se las contaría. De nuevo. Tanto como Ayax, el pasado lo atormentaba en la misma medida, en recuerdos de lo que fue y prometía no volver a ser. Lo que en su momento había sido una tontería, un simple juego como tantos otros… azotaba fuerte cuando precisamente no debían recordarlo, no con tanta añoranza.

Aclaró la garganta, y el tema continuó naturalmente, viajando a otros terrenos.

No dijo más por un motivo muy simple: sabía que, si lo decía, Ayax insistiría en tomar de nuevo responsabilidad de esas noches. Después de todo, nadie lo cuidaría igual que su primo, ya no porque no se lo hubieran ofrecido, sino simplemente porque no lo quería. No soportaba tener a nadie intentando ayudarlo en su momento más vulnerable si no era su mejor amigo. Con ese pelirrojo siempre era diferente, siempre se sentía diferente. Mejor, si se atrevía a aventurarse.

Él no recordaba mucho de bodas. Después de todo, no había ido a la boda de Angelica, pues él estaba en Hogwarts cuando sucedió, y nadie importante se había casado recientemente como para que guardara un espacio en su memoria para ello. Con la mala memoria que tenía…

Mi abuela me envió una carta; era una carta escrita, pero yo la sentí como un vociferador —aclaró levantando su índice, aunque sin separar su mano del vaso—, reclamándome porque me fui antes que pudiera bailar conmigo, así que me siento responsable porque te haya hecho bailar tanto con ella —su tono parecía querer excusarse, justo antes de aclarar—: Pero no me arrepiento.

Se llevó a la boca el vaso con chocolate, pero sólo el humo le bastó para desalentarlo de intentar beberlo, así que volvió a bajarlo sostenido en ambas manos. Se animó entonces a soltarlo con la derecha y meterla en su bolsillo, la primera de una larga serie de intercalaciones del calor hasta que el chocolate se acabara o se enfriara, lo que sucediera primero.

¿Xerox acabó con la corbata en la frente? —preguntó por mera curiosidad—. Si hizo el ridículo o algo sucedió sería lamentable habérmelo perdido —y esa vocecita molesta dentro de su cabeza le recordó que no tenía, en ese momento, nada de qué burlarse de la gente que hacía el ridículo gracias a los efectos del alcohol. Conciencia, algunos la llamaban.

Lo más ridículo de todo no fue, de hecho, lo que sucedió. Sino que después, sobrio, no le había dado la gana detenerlo, y así las cosas iban como iban. No obstante, no tenía realmente ninguna gana de decirle a su primo lo que había ocurrido.

¿Tienes en mente comprar todas las chaquetas que necesitarás para las reuniones de tu madre? ¿O no pretendes vengarte todo el año? —sonrió divertido, pues el objetivo de aquella salida era ir a la tienda donde había comprado su traje a comprar la chaqueta que su madre no dejó que utilizara en su boda.

No porque Joshua estuviera de acuerdo que se veía muchísimo mejor con un atuendo más sobrio y elegante significaba que no iba a respaldarlo en aquella venganza contra su madre. Desde que eran niños, Joshua había respaldado a Ayax porque era Ayax, y más nada.
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Ayax Edevane el Sáb Abr 11, 2020 10:59 pm

Cuando mencionó la carta de su abuela, Ayax no pudo evitar reír un poco, pues recordaba perfectamente a la abuela de Joshua en su boda criticando el poco respeto de Joshua con respecto a su primo, que era un desconsiderado y que como se atrevía a irse de esa manera. De hecho…

―¿Al final no te mandó un vociferador? ―preguntó, ladeando una sonrisa―. Mientras bailábamos y se le hinchaba la vena de la frente hablando de ti, mencionó varias veces la posibilidad del vociferador… Creo que le debes un agradecimiento a Francis: creo que es el único que pudo disuadirla de la idea.

Frior y Mera habían estado bastante agradables en la boda y, de hecho, no se fueron pronto, por lo que Serinda y Xerox, como bueno hijos que eran, habían tenido que quedarse también en lo que era la boda de su primo favorito ―nótese la ironía―. Sin embargo, se habían limitado a quedarse en su mesa correspondiente. Serinda sí parecía más resentida, pero a Xerox, de vez en cuando, se le podía ver moviendo la pierna al ritmo de la música, como si realmente sí le apeteciese ir a la pista de baile a bailar con el resto.

Pero claro: el ímpetu de hacer feliz a su hermana la Dominatrix, era mucho superior.

―¿Estás loco? ¿Te imaginas? ―Lo miró con sorpresa y diversión.

Lo mismo Serinda hubiera sacado el látigo de dominación y le hubiera dado un castigo a Xerox de verlo disfrutar en la boda de su némesis “al trono”.

―Que va, hubiera sido inadmisible que yo pudiese ver que ellos se divierten en algo que sea a mi nombre ―le respondió, negando con la cabeza―. Creo que su asistencia sólo se debió a que sus padres le obligaron a asistir, sino creo que hubieran declinado la oferta. O bueno… ―Tomó una breve pausa, enarcando una ceja―. Quizás “preocuparse” en rechazar la oferta y pensar una excusa hubiera sido demasiado esfuerzo de ellos para una “causa menor” como yo.

La competencia entre Ayax y sus primos era evidente. De pequeños, cuando nada importaba, quizás habían jugado, pero desde siempre había existido un rifirrafe, especialmente entre Serinda y Ayax, que eran los de la misma edad. A medida que fueron pasando los años, la distancia incrementó y la hostilidad y la ironía también.

La pregunta de Joshua sobre la futura chaqueta de su propia hizo que se replantease la compra de varias, solo para poder alardear frente a Maille sobre sus nuevas adquisiciones. Era ropa bastante cara, pero viniendo de un Edevane, la ropa y la calidad de ésta era totalmente nimia, pues podían permitirse cualquier cosa.

―Pues ahora que lo dices… ―Barajó la opción―. Puedo comprarme todas las que me gusten: realmente necesito renovar un poco el armario, pues llevo con lo mismo desde que salí de Hogwarts.

Desde entonces había ganado en masa muscular y estaba más fuerte, por lo que muchas cosas que le quedaban demasiado justas y tampoco estaba cómodo al respecto. Al pelirrojo no le gustaba “enseñar” ni “fardar”, pues no veía ningún tipo de beneficio o satisfacción en ello. Además, siempre había sido bastante comedido en ese sentido, simplemente por introversión.

―Tu me das opinión sincera de si me quedan bien: si me dices que no, por mucho que me guste, no me la compraré. ―Puso como condición―. Caerá en tu responsabilidad cuántas me compre y de qué estilo y así podré echarte la culpa frente a mi madre, ¿te parece un buen trato? ―Sonrió de medio lado―. En mis versiones de los hechos, he de decirte que por mucho que yo haya sido el grande siempre, tú siempre has sido la mente perversa de los planes traviesos. Yo, frente a mi madre, soy un sol ―contó con gracia.

Realmente Maille no era tonta, obviamente. Ni Ayax tampoco como para creer que su madre se lo creía. Además, a día de hoy Ayax ya había hecho muchas cosas públicas muy horribles como para que su madre realmente pudiera creer tonterías de su hijo.

Sin embargo, ahora mismo solo estaba bromeando con respecto al pasado y una nimiedad divertida.
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Joshua Eckhart el Dom Abr 12, 2020 12:51 am

Para Joshua, siempre había sido un motivo de estrés e inquietud el disgusto de su familia para con él. Últimamente, sin embargo, se sorprendía a sí mismo ignorándolo como bien podía; al final… iba a ser cierto lo que sus primas Angelica y Gwendoline decían: el que vivía su vida, en las buenas o en las malas, no era otra persona que él. Quien vivía su estrés o pasaba la ansiedad que eso le generaba era, de hecho, sólo él mismo. Iba siendo momento de que tal vez comenzara a decidir lo que era mejor para él, independientemente de si era lo que querían los demás.

¿Mi padre le dijo que no me enviara un vociferador? Hay que ver, también estaba esperando uno de él, ¿sabes? —se sorprendió honestamente de que su padre hubiese intercedido por él con su abuela—. A día de hoy todavía me reprocha haberme ido y no pasar año nuevo con la familia —le confesó, a pesar de que ya habían pasado casi dos meses.

Joshua no se daba cuenta que a veces su padre también pensaba en no estresarlo por estresarlo… Quién sabe, quizá explotaba de estrés cual Psyduck o se comía a sí mismo cual pulpo.

Durante la boda, no había puesto atención a muchas cosas. Serinda y Xerox eran, por supuesto, parte de la lista de cosas que ni siquiera había mirado más de un par de segundos. No podría decir de qué color llevaba el vestido Serinda, para empezar. Su nivel de tolerancia era cero y debía hacer un esfuerzo constante en no ser simplemente borde con todos los invitados y pretender que no le sucedía nada malo, lo que había sido particularmente difícil.

No sé, a lo mejor a ellos sí les hubiesen enviado un vociferador si no asistían, ¿eh? —retomó la gracia de los vociferadores, que de gracia no tenían nada cuando era uno el destinatario—. Tienes que reconocerles el mérito, debe ser agotador tener que poner cara de trasero cada vez que te ven… ¿o es su cara natural?

Supuso que lo lógico era aprovechar la salida para comprar suficientes chaquetas, pues ninguno de los dos era especialmente partidario de salir de compras por ropa. Joshua normalmente sólo compraba ropa una vez por estación cuando su abuela lo llevaba de compras, o directamente le regalaba prendas que sacaba de su diseño.

Buena idea —reconoció cuando le hizo saber que llevaba con el mismo armario desde hace años—. Claro —dijo sin pensar en cuanto le pidió una honesta opinión respecto a sus posibles compras. Como si Ayax no fuera consciente de que, en realidad, era difícil que Joshua encontrase que algo le quedaba particularmente mal a ese pelirrojo.

Escuchó atentamente cómo la mente perversa era él, cuando Ayax lo contaba a su madre. Sólo bastaba ver aquel día de la boda, cuando Joshua deliberadamente lo convenció de cambiar su corbata a una que le gustara más, para percatarse de que realmente nunca le había importado llevarse una dosis de culpa si era por su primo.

Qué mal primo soy, ¿no? Siempre te llevo por el camino del mal y las travesuras —ironizó, y se arrepintió medio segundo después. No era la primera vez que decía aquello, pero en esta ocasión tenía muchos más matices que simplemente llevarse la culpa de las bromas o meterse en problemas. Esta vez el matiz era más adulto, y rememoraba imágenes de caricias y besos.

Sacudió de su cabeza las imágenes de su cama y todo lo que había ocurrido en ella, sin importar si era sólo un bonito momento o si tenía tintes de pasión.

Además… yo nunca me portaba mal, tú me sacabas la vena perversa —se defendió, tratando de retomar el tema inocente que era antes—. A mí por lo que me reñían era porque intentaba irme al bosque detrás de casa a vivir como chico salvaje o porque no me apetecía saludar a los invitados… Luego llegaba Ayax con ideas; en mi defensa, eras el mayor y ponías el ejemplo.

Sería justo decir que los dos tenían su medida de travesuras e ideas que llevar a cabo, y por las que acababan metidos en problemas.
Joshua Eckhart
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Joshua EckhartUniversitarios

Ayax Edevane el Dom Abr 12, 2020 11:31 pm

—Tu padre es bastante tranquilo —comentó como opinión personal—. Quiero decir... Aunque sea estricto y rudo, siempre me ha parecido de los más serenos de nuestra familia, alejado de polémicas, ruido innecesario o decisiones insultantes. —Ayax siempre le había dicho a su primo que su padre le caía bien, pues lo consideraba un tipo que se metía en sus asuntos y, lo justo y necesario, en los ajenos.

Cuando mencionó el "reproche" sobre no haber asistido a la fiesta de fin de año junto al resto de la familia, Ayax lo miró de reojo, encogiéndose un poco de hombros. ¿Qué iba a decir él al respecto? Si él ya fuese padre y tuviera un hijo que hiciera eso, sin duda alguna también se lo reprocharía.

—Es normal que tu padre quiera pasar ese tipo de eventos a tu lado siendo su único hijo —defendió un poco a Francis, sin meterse en terreno pantanoso—. Pero supongo que entenderá también tus necesidades.

Xerox y Serinda todavía vivían con sus padres, por lo que estaba bastante seguro de que ese había sido el primer motivo para asistir a la ceremonia de Ayax Edevane. Probablemente los hermanos hubieran dicho en primera instancia las pocas ganas que tenían de ir y que preferirían no hacerlo, mientras Frior argumentaba con frialdad y una lógica aplastante lo estúpido que sonaba eso y que, mientras vivieran en su techo y bajo su poder económico, las cosas se harían bien.

Frior también le caía bien.

—Yo creo que la de Serinda sí es natural —reflexionó con una seriedad innecesaria para ese tema—. Pero yo creo que Xerox sólo intenta imitar la gran cara de su hermana para estar a su altura.

El pelirrojo sabía que a Joshua le gustaría ser su "travieso" personal, sobre todo porque al final la historia hablaba por sí sola. Sí, era cierto que cuando eran más pequeños, al ser Ayax el mayor tenía una mentalidad más traviesa y juguetona que el pequeño, pero ya de más grandecitos, Joshua se había convertido también en una parte muy importante de las travesuras de Josyax, el dúo dinámico de la familia Edevane. Y ahora, por supuesto, era la parte de Ayax que le animaba a hacer lo que realmente quería y lo que le hiciera feliz.

Nunca había reflexionado sobre eso pero... Joshua apostaba por la felicidad de Ayax, mientras que éste siempre que tenía que aconsejar a Joshua sacaba el tema de la responsabilidad familiar, aunque eso no lo hiciera cien por cien feliz.

Ayax tenía que EMPEZAR DE UNA VEZ a pensar las cosas con mayor coherencia.

—Tienes parte de razón, pero sólo una parte —le otorgó con una sonrisa divertida en el rostro, arrugando un poco la nariz. Le incomodaba la nariz quemada—. Obviamente te fijabas en la figura de tu primo favorito y te copiabas, convirtiéndote en un rebelde, pero cuando ya tenías una edad... Casi que se te ocurrían más cosas a ti que a mí. Yo siempre he sido un chico modelo.

Y rió automáticamente después. ¡Por favor, que lo habían echado de Hogwarts! ¡Que pese a lo listo e inteligente que se consideraba, había tardado un año de más en sacarse la carrera! A ver... ahora quizás era un hombre modelo, pero claramente en el pasado no.

—Y a ver, a las pruebas me remito Eckhart. —Habló con falsa seriedad—: Hiciste que me casase con una corbata naranja, ¿vale? Que yo pensaba que no era un naranja demasiado chillón, pero en las fotos ha salido como si fuera mas naranja que mi propio pelo. ¿¡Y tu no me dices nada!? —Decía, todavía divertido.
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Ayax EdevaneExtirpador

Joshua Eckhart el Lun Abr 13, 2020 1:28 am

Suspiró con la opinión de su primo; objetivamente hablando, su padre era de los más tranquilos que formaban parte de su familia. Había que ver a sus abuelos para darse cuenta, como más claro ejemplo… pero eso no lo volvía ni por asomo más llevadero cuando se encaprichaba con alguna situación, en particular si era su hijo quien, a sus ojos, había errado.

Es sólo apariencia —le contestó—, en veinte años viviendo bajo su techo, no recuerdo a un padre que quisiera pasar el tiempo con su único hijo, ¿qué importa si es navidad o año nuevo? —era una pregunta retórica, pues no esperaba que realmente Ayax se la respondiese.

No le gustaba quejarse de ello, pues una parte de él se forzaba a asumir que su padre tenía muchas responsabilidades laborales como para ser un padre presente. Al menos un padre presente en un sentido más bien emocional, ya que siempre lo había estado cuando era momento de añadir carbón a la hoguera de las responsabilidades de Joshua, o en corregir comportamientos que consideraba inadecuados. No tenía ni la menor idea de que, de hecho, su comportamiento actual era el mismo que tenía Francis: se refugiaban en sus profesiones para no pensar en cosas que dolían.

Pasaron aquel tema al de los primos idiotas de la familia, que siempre era un buen tema para aligerar el ambiente y que nunca pasaba de moda. Era verdad que, en términos generales, su unión parecía basarse en Xerox respaldando a su hermana, por lo que no le parecería nada raro que fuera como su primo lo indicaba.

Sabía que refugiarse detrás de su edad no decía gran cosa. Ciertamente, cuando empezó a juntarse con Ayax era todavía demasiado enano para tener planes “perversos” y travesuras, pero había adquirido su propio tinte de hacer cosas que les divertían muy rápido, al grado de que el Joshua tranquilo estaba sólo cuando su primo no estaba en dicha reunión, lo que hizo sumamente aburridos los primeros años del pelirrojo en Hogwarts.

Era casi irónico que, siendo personalmente tan diferentes, se hubieran llevado tan bien. Joshua que, si bien su familia ejercía una presión importante en su ser y hacer, optaba y prefería opciones que lo tuvieran tranquilo y feliz; Ayax siempre era responsable en un sentido técnico, enfocado en sus objetivos a largo plazo, que actualmente se habían convertido en “corto plazo”. Y los dos intentando influir en el otro, como mejor lo consideraban.

Es el momento donde el alumno supera al maestro, mi querido primo —se jactó de ello con diversión—. Además… Yo creo que ni tu madre te creía que eras un chico modelo, ¿o quieres que te recuerde quién me desapareció el brazo derecho en el colegio? ¿O quién pasaba más tiempo en la oficina del director que en clase porque se metía en peleas? —se metió con el buen comportamiento de su primo—. Y antes que me digas nada: yo me rompí el brazo, pero, ¡tú me dijiste que podías curarlo!

Ayax entonces trajo al tema la evidencia más grande de que él lo llevaba por el mal camino: su corbata había desentonado completamente con el resto de su traje, luciendo mal en las fotos que quedarían de recuerdo de aquel día. Podía ver por el tono y la expresión de Ayax que no se lo estaba reprochando realmente, pero ahora él, que no había visto esas fotos, quería corroborarlo.

En la realidad no se veía tan chillona —se defendió de nuevo—, ¿quién era el que no dejaba de quejarse porque no le gustaba cómo se veía? Yo te convencí de hacerlo, pero no hiciste nada que no quisieras, sólo necesitabas un pequeño empujón mío —levantó el cuello, jactándose de su acción. Realmente, no hubiese dicho nada sobre la corbata de no haber sabido que el pelirrojo quería cambiar algo de su atuendo.

Y, como entonces, muchas de las cosas que vivían habían estado a sólo un empujón de hacer lo que realmente querían. Una lástima que, aparentemente, hubiese ocasiones en las que eso no bastase por más que lo quisieran.

¿Le dijiste a tu madre que yo te convencí de cambiarte la corbata? —preguntó de repente, con honesta curiosidad—, no me dijo nada esa noche, pero estoy seguro que me debe haber odiado un poco —y lo encontraba por alguna razón divertido. Luego del trabajo de Maille vistiendo a su hijo… llegaba su primo y le arruinaba el atuendo.
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Ayax Edevane el Miér Abr 15, 2020 9:42 pm

Podría tener razón y que fuera solo apariencia. O quizás Francis realmente estaba preocupado por su hijo después de tanto tiempo. Era normal hacerse ideas preconcebidas cuando algo se repetía en el tiempo, pero también la gente cambiaba. Evidentemente no respondió a la pregunta, pues la supo retórica. Además, Ayax apoyaba a Joshua y si él no quería ver a su padre por la falta de relación cariñosa, respetaba su decisión.

Por suerte para el pelirrojo él no había tenido que lidiar con una relación parental tan fría como esa. Si bien Bruno no   era el ser más cariñoso, Maille valía por dos.

Después de eso, en su tarea de tirarse mierda mutuamente, él sacó a relucir su mala experiencia en el colegio de Hogwarts. Qué iba a decir... no se sentía orgulloso de su mal comportamiento, ni de su falta de seriedad, ni mucho menos de sus ataques de agresividad. Sin embargo, había tenido que lidiar con una muchacha mentalmente inestable y bastante bien había salido después de todo.

No iba a negar que la mancha en su expediente de haber sido expulsado de Hogwarts le pinchaba un poquito en el corazón. Pero tampoco tanto.

—Estaba claro que mis dotes médicas por aquel entonces no eran muy precisas —comentó, intentando defenderse como pudo—. Pero sí... mi madre no debía de creerse nada, pero en casa me mimaba... Y me sigue mimando, así que si le pongo ojitos, da igual que tuviera un expediente rojo en Hogwarts por falta de interés o actos agresivos: ella creía al angelito de su hijo.

Y es que después de lo que le ocurrió a los cuatro años, para Maille su Ayax era lo mejor, más bonito y más inocente del mundo.

—¡Te dije que podía curarlo porque TEÓRICAMENTE sabía cómo curarlo! —añadió lo que siempre añadía—. Los dos sabemos que ahí los dos fuimos necios: tú por confiar en mí y yo por confiar en mis OBVIAS Y NULAS capacidades. —Y justo después de eso rió, divertido.

La discusión "corbata" al menos entre ellos daba igual: evidentemente Ayax se la cambió porque iba a ir mucho más a gusto, aunque hubiese sido gracias al ánimo de Joshua. Claro que, visto desde la perspectiva de Maille, claramente el diablo de la situación, posicionado en el hombro de su hijo, era su primo el malinfluenciador. Así que sí, aunque a él le gustase más la corbata naranja —y todo el mundo lo supiera, incluida su madre— él con todos sus huevos de primo mayor pobrecito y malinfluenciado le echó la culpa a Joshua.

Era divertido, además de que como no estaba presente porque se fue temprano de la fiesta, no podía defenderse.

—No supo cien por cien seguro que habías sido tú hasta que te fuiste —le confirmó, sonriendo de lado—. Al principio se lo olía, pero no se lo confirmé hasta que te fuiste y vino a seguir echándome la bronca después del baile nupcial.

Con el chocolate aún en la mano y sin probarlo demasiado porque estaba demasiado caliente, llegaron a la tienda en cuestión. Estaba en el interior del mercado de Camden Towm y por fuera se podía divisar claramente que tenía un estilo... quizás no era tal cual "steampunk" pero sí que había ciertas ropas de ese estilo. Él, sin embargo, fue a una zona más clásica en donde se encontraban las vestimentas elegantes de esa manera tan extravagante.

Ayax hizo una señal no verbal a dependiente por si podían entrar con los chocolates al interior y éste matizó que tuvieran cuidado de no manchar nada. El pelirrojo levantó el dedo gordo de su mano, dándole a entender que tendrían cuidado.

—¿Ves todas esas de ahí? —Señaló una gran percha horizontal—. Me gustan todas.
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