Situación Actual
7º a 10º
2 marzo ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Priv. » Let The Bell Ring

Evans Mitchell el Miér Ene 22, 2020 11:09 pm

Recuerdo del primer mensaje :



Let The Bell Ring

BruHaHa, no era una risa, pero era la idea, ¿sabes? El nombre del bar. El dueño era un tipo divertido, si por divertido se entendía un hombre que pasaba los, ¿cuántos tenía el bueno de Ruby?, bueno, que tenía edad —era un anciano canoso, siempre con una sonrisa de oreja a oreja y con el peor de los gustos en camisas playeras—, y se hacía él solito toda una conversación riéndose de sus propios chistes.

Como el nombre del bar, ¿ahora se entiende?, ese era otro de sus chistes. Como jefazo no era un mal tipo, había que decirlo, o bueno, no estaba tan mal, pero las risas que se gastaba contigo no eran de idiota, eso sí que no. Lo que a Evans lo tenía harto era esa manía de traer a músicos de la calle para que te den un show, literalmente, de muerte.

Quería hacerles creer que se dedicaba a recolectar grandes talentos de la calle como si se tratara de alguna clase de mecenas delirante, pero la verdad es que lo hacía porque no le costaban ni un knut. Esto no era siempre así, porque había shows que gustaban, pero Evans solía meter a todos aquellos músicos con grandes sueños dentro del mismo saco.

Por suerte, lo de fracasados jugando a ser músicos ocurría durante el turno nocturno, y esa semana sólo atendía mesas por las tardes. Ese día parecía tarde de cementerio, y Evans no podía estar más contento con tanto muerto, lo cual era lo mismo que decir, que había poca clientela y él tenía todo el tiempo del mundo para tocarle las narices a su colega, Jackson.

Ah, Jackson.

—Aquí dice—Leía, El Idiota, volcado sobre la barra y con la nariz pegada a una revista de variedades—que tengo que cuidarme de los accidentes, si no quiero tener una desgracia este fin de semana.

—¿Y tú sabías…?—Evans se recargaba de espaldas, acodado en la barra y con las manos colgándole sueltas, con naturalidad. Visto así, parecía un sujeto sin preocupaciones—. Que si cruzas una calle, ¿vas a llegar al otro lado?

—Escéptico, ¿eh? Vamos a ver qué dice el horóscopo sobre ti.


—Oh, no te molestes. Tendré una vida muy, muy larga, siempre que me aleje de las pavas calientes.


—Bueno, casi. Dice que tendrás un accidente que hará que se te pare el corazón. Eso no suena a vida larga para mí.

—¿Qué?—Evans giró el cuello ojeando la página de la revista, y fingió indignación— Esos horóscopos vienen cada vez más deprimentes, ¿no? Te hace pensar que no le pagan suficiente al tipo. O a alguien lo ha dejado su novia, ¿no crees?

—Hablando de lo cual—Jackson se animó visiblemente—. Hoy es el día.

—¿Qué?

El rostro de Evans expresaba genuino desconcierto. Tenía una forma de arrugar el ceño que casi parecía una amenaza, la costumbre de ser siempre muy ceñudo.

—La invitaré a salir.

—¿Qué?

Por segunda vez, no tenía idea de que estaba hablando.

—¡A la chica!

La exasperación, la exasperación.

—¿Qué chica?

Jackson reboleó los ojos.

—¿Tú alguna vez escuchas cuando te hablan? Te hablé de ella, hoy, ayer…

—Oh, “la chica”—exclamó. Y añadió, con esa condescendencia que se tiene con los niños  o los locos—. Tu chica imaginaria. ¿El horóscopo dice algo sobre ella?—Evans arrastró la revista hacia su lado, ojeando de nuevo la página—No. No hay ningún amor en tu vida. De hecho, dice “rema con cuidado”, ¿qué carajo? ¿Por qué tienes un remo?

—Es una expresión.

—Lo sé, listillo.


La campanilla.

Siempre que un nuevo cliente entraba por la puerta, se oía el tintineo de la campanilla, y Evans giraba el rostro por inercia. Solía chequear rápidamente y pasar a otra cosa,  pero esta vez no apartó la mirada.

—¡Es ella!—Oyó que Jackson le susurraba a su costado—Su mesa es mía. A la mierda con el horóscopo.

—Tú sí que tienes algo raro por los pandas, hombre—observó—. Sólo mira esas ojeras.

—¡Oh, callate!

Evans se sonrió.

—Espera—Hurgó en el bolsillo de su camisa, y le tendió a un apurado Jackson un caramelo—Que no digan que dejé que mi amigo se acerque a su cita con aliento a mierda.

—¿Qué?, ¿en serio…?

—Sí, sí. Tú sólo prueba. Es instantáneo. Una mentita.

Jakcson probó el caramelo, y sí, sabía a menta. Se lo tragó, agradecido, y se mandó de boca hacia su cita, seguido por la atenta mirada de su inestimable amigo. Aunque con amigos como esos…

Al rato, Jackson sorprendió a “la chica”, con un detalle. Sabía qué café le gustaba, había adivinado sus medidas, Jackson era un sujeto tan aplicado.

—Hola—
sonrió de oreja a oreja—. Imaginé que querrías, ¿lo de siempre?—Tenía un cartelito en todo su rostro que además decía “Y lo he recordado, por ti”—. Me preguntaba cuándo…

Había comenzado a sentir un leve calor en toda su cara, pero no le prestó atención. O más bien, pensó que se debía a los nervios. Lo que no esperó, fue soltar humo por las orejas como una pava hirviendo.

Evans se acercó a la mesa no bien su amigo, el de la cara como rojo tomate huía corriendo al baño perseguido por una estela de humo. Al nuevo mesero se lo apreciaba profundamente sorprendido, incluso conmovido, por lo inexplicable.

—Oh, mi hombre… Cómo están de graves las alergias estos días, ¿no?—saludó—. Qué desastre, ¿por qué no dejas que limpie esto y yo tome tu pedido?
Emme





Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 JJT2KFt
Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Jue Feb 06, 2020 4:49 pm

Let The Bell Ring. Part. II
Al patinar, con los pies danzando de forma suave por el hielo que bajo sus pies se alzaba apenas en una insinuación, Tessa recordaba a su hermana menor, Erika, quien de hecho era la deportista de la familia. A la niña, después de todo, le gustaba probarlo todo, tal como a la misma Tessa, que adoraba la sensación de tener un instrumento, una melodía entre los dedos.
Antes solían ir a patinar juntas en cada invierno, usando como pista el lago adyacente a la propiedad de sus abuelos, en el cuál se deslizaban durante horas. Y ella sí que le había visto caer, pero siempre con risas entre los labios.
Erika había sido, después de todo, y aun era como una mejor amiga para Theressa. Demasiado madura para su edad, demasiado inocente y a la vez cargada de pensamientos febriles que la impulsaban a actuar siempre antes de actuar, como si la vida fuese un libro, cuyas páginas quería llenar de color y de aventuras.
Y en medio de todas esas aventuras solía estar Tess, que le acompañaba gustosa y al tiempo de aplaudir sus logros, vendar las heridas y consolarla por los fracasos. Su hermana menor era una experta en el patinaje sobre hielo, pero le apasionaba un poco más el hockey, aunque a la madre no le hacía tanta ilusión la cosa. Se desenvolvía de forma magistral en el quidditch y corriendo era tan rápida que de seguro te pensabas que era obra de magia. Su hermana siempre encontraba una nueva actividad para practicar, y a cada una de ellas solía jalar a Tessa, quien al fin y al cabo se dejaba hacer sin mucho esfuerzo.
Eran todo situaciones que le habían traído solo ventajas. Después de todo, a Tessa le gustaba realmente patinar, y ahora cuando menos le podía sacar provecho.
Y, sin embargo, al encontrarse en medio del hielo, en lo que pensaba era, no en Erika -No de un todo, al menos. – sino en esa historia que nunca llegó a vivir en la realidad…
Si hubiese tenido a aquel niño -Pues estaba segura, habría sido un niño. – ahora tendría el pequeño la edad suficiente como para que ella le llevase a hacer sus primeros intentos de patinar, cosa que Tessa haría encantada. En su cabeza le imaginaba como un pequeño de rizos espesos de chocolate, con reflejos de rojo, porque así tenía ella el cabello de pequeña, y podía verlo claramente. A él, que se deslizaba por el hielo riendo al tiempo que su madre le tomaba las manos y se reía con él, de todos, de cada uno de sus intentos. Tal como la mujer a la que había visto hace tan poco patinando, no muy lejos de ellos.

En cambio, toda aquella historia se había quedado solo en su cabeza. Nunca sabría lo que era tener sus manos entre las propias. No podría más que imaginar su rostro, el color que quizás habrían tenido los ojos, los cabellos…

Tessa dio apenas una vuelta de prueba sobre el hielo, entrando en sintonía con los patines y riendo bajo al ver los forzosos, pero desventurados esfuerzos del cachorro por ponerse en pie y correr sobre el hielo. Él no dejaba de pararse, de ladrar y de caer en una sinfonía orquestada con gracia que de seguro llenaba aquel pequeño cuerpo de energía con la más pura frustración.

Y a su vez estaba Evans, que con un silbido sencillo y ligero llamó la atención de la morena, alzando las manos como un niño pequeño y dedicándole una especie de sonrisa mal disimulada y delatora en los ojos que, con fuerza de magnetismo, la llamaba hacia él.
Tessa sonrío, yendo a su encuentro en medio de movimientos rápidos y fluidos y mientras tendía las manos para él, con apenas un pequeño, imperceptible temblor delator en los dedos, que pronto encontraron los suyos…
Dijo el chico algo, se impulsó para ponerse de pie…

Y antes de saberlo, ambos habían caído, el cuerpo de él bajo el propio, con el calor de su piel traslucido en la ropa, que perfumada de su esencia se encontraba. Con el pulso de su risa contra la mejilla de Theresa, cuyas manos habían quedado enterradas en la nieve, así como su rostro, que contra el pecho de él descansaba.

Y todo al tiempo que dos sensaciones, tan contrarias entre sí que se repelían, la llamaban con fuerza de impulso.

La primera de ellas, la aversión, el miedo. El pánico que le saltaba bajo la piel cada vez que alguien la tocaba. Cada vez que…

Aquel nerviosismo que en medio de tensiones la hizo sentir el cuerpo rígido. Por un momento, incapaz de encontrar la propia fuerza motriz.

Y, sin embargo, presente aquella segunda sensación. Más tibia, ligeramente reconfortante. No era tan fuerte y demandante como la primera, pero se cargaba de un agradable cosquilleo que le llenaba la piel…

El mismo cosquilleo que la hizo alzar el rostro al tiempo de encontrarse con su mirada, en medio de las risas perdidas de él, buscando sus ojos. Aquellos ojos inmensos, profundos, cargados de emociones que como el fuego en medio de la noche parecían brillar…

Él tendió una mano de dedos escurridizos, casi sin notarlo y con cuidado le acomodó un mechón tras la oreja. Sus dedos, de yemas suaves y ligeras, acariciando su mejilla al pasar.

Su corazón se aceleró de forma apresurada, vertiginosa y de repente, todo lo demás que existía en el mundo, se borró. Y solo quedaron sus dedos, el calor perdido de aquel roce. Sus ojos…

Para cuando Evans comenzó a farfullar y a moverse, buscando ponerse de pie, Tessa ya se había levantado, apartando su cuerpo del ajeno en un rápido movimiento y sacudiendo la nieve para evitar su mirada, al tiempo que sentía el pulso del corazón contra la garganta, contra las sienes, contra las manos que temblaban ahora un poco más visiblemente…

- Vas a tener que mandar a tu perro a volar, después de todo. – Dijo ella, como distraía, buscando poner los pensamientos en otra cosa, frotando sus manos un momento para quitarles el frío y observando a su vez como Dager corría hacia el chico para llenarle la cara de babas. –
Tessa sonrió ante la escena, pero había algo tenso, algo nervioso en su sonrisa que se traspasaba a los ojos en un hielo apenas difuso, agrietado en sus bordes.
Y, sin embargo, ella inspiró…
Y, pronto volvió a ser la misma, apartando aquella reacción visceral y al tiempo que soltaba la tensión de los hombros. Su mano tendiéndose para él, para ayudarle a ponerse de pie y mientras un escalofrío tibio, más agradable, le recorría por el nuevo roce.

- ¿Sabes? No te creo nada. Algo me dice que serías capaz de cualquier cosa con tal de salirte con la tuya. Y ese desliz me ha sonado demasiado a una artimaña para verme caer. – Se tocó la nariz dos veces, el brillo travieso volviendo a sus ojos. Su mano sin soltar la de él. – Pero no me engañas, señor buenas intenciones. Y ten por seguro que no volveré a caer en tus argucias. –
Le miró entonces, los hoyuelos nuevamente marcados en sus mejillas.
La calidez de la palma de él, tibia contra la de ella, más pequeña, algo más fría, presente en aquel roce. Y ella miró sus manos unidas, y luego, nuevamente su rostro…

Una de sus cejas se alzó en muda pregunta, en aquella que no proferían los labios y al tiempo que esbozaba un poco más ampliamente la sonrisa. El corazón, ligeramente acelerado, ahora, sin embargo, de otra manera un poco más agradable.

- ¿Vamos a patinar, o te piensas pasar el resto de la noche ahí, paralizado y con miedo a volver a caer?  -

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Vie Feb 07, 2020 11:35 pm

Let The Bell Ring

Sintió cómo ella se retiraba, dándole el alivio de quitarle todo el peso de encima. Porque vaya, que había sido un golpe tremendo. Casi juraba que un poco más y le rompía algo. No se percató mucho de la sonrisa nerviosa de ella, porque Dager se le había abalanzado a la cara, lameteando y moviendo la cola.  

—Chico, ya—Evans se sonreía, apartando el rostro, carcajeándose para sí mismo—. Vale, ya.

Aceptó la mano de Pretzel, y esta vez se incorporó sin accidentes. Era una mano que lo recorrió con un escalofrío: estaba helada, y por eso, y no porque fuera a confesarlo, no la soltó. Lo que era frío, se calentaba con un tacto más tibio, ¿no? También, había que decirlo, a su modo de ver, era ella la que no lo soltaba.

—Artimaña, ¿eh?—dijo él, girando el rostro hacia ella, a su costado, y pensando en sus manos unidas—. No caería tan bajo, ¡que cliché! Pura blasfemia—aseguró—. Y créeme, de serlo, mi costilla no quedó muy contenta—“Y ten por seguro que no volveré a caer en tus argucias”. Ella decía eso, pero…, las manos. Evans ladeó una sonrisa—Claro.

«¿Vamos a patinar, o te piensas pasar el resto de la noche ahí, paralizado y con miedo a volver a caer?».

—Oh—dijo él, fingiendo inocencia—Sólo esperaba a que me soltaras. Pero, ¿te importa?—preguntó, ofreciéndole el brazo en un gesto, para que lo tomara—. Así, si me caigo—añadió, en una pícara aclaración—, tú te vienes conmigo.

Se impulsaron, deslizándose por la pista. Evans arrancó con un zigzag, arrastrándola consigo como en un juego. Resultó que, en efecto, podía patinar sin caerse. Dager los seguía, pero más despacio. Se frustraba cuando, intentando acelerar, se resbalaba, pero estaba determinado a alcanzar a su dueño. Los niños lo miraban y se reían de pura ternura.

—Que bajón que tu hermana fuera alérgica—comentó—. En mi casa, había una única regla: No mascotas. Sólo me permitieron la lechuza, porque tú sabes, lo veían más como un servicio que como una mascota, pero. Así que, este chico—agregó, ladeando el rostro para mirar hacia atrás a un gracioso Dager que daba saltitos desde el borde de la pista, en la nieve, habiendo tenido que abandonar su infructuosa persecución. Un grupo de niños le había echado el ojo y querían acercarse, pero Dager gruñía por lo bajo, y finalmente, los hizo desistir—. Es como mi primera mascota. Vivía en la calle, y lo recogí. Su dueño había desaparecido. Se lo llevaron—aclaró, sombrío, refiriéndose al gobierno—. Así que, mi amigo quedó sin hogar.

Circundaban la pista, dando un giro. A Dager le quedaba esperar a que dieran la vuelta completa para volver, pero se impacientaba. Los veía a alejarse y se deprimía. Sus sonrisas y su aparente felicidad deslizándose muy juntos los envolvía en un aura de la que no era parte, como si fueran algo muy lejano.

—Pero creo que lo buscaba, a su dueño, en las calles—dijo—. No aceptaba que nadie se le acercara. Había una calle cerrada en Diagón por la que nadie pasaba, porque si lo hacías, este perro saltaba de la basura y te ladraba. Lo lastimaron, ¿sabes? Un puñado de bastardos, seguro. Ya sabes, cuando la gente es idiota y hace cosas idiotas. Dager fue siempre un tipo duro. Se las arregló. Pero no podía estar solo por siempre. Así que—terció la mirada hacia Pretzel, con un asomo de suspicacia—. Lo domestiqué.

»Me llevó tiempo. Mucho tiempo, y me gané unas buenas mordidas. Pero funcionó, eventualmente. Iba todos los días, todos los días que podía, pero intentaba que fuera siempre. Le dejaba un plato de comida. Al principio, cuando me veía, saltaba preparado para atacarme. Luego, dejó de saltar, y sólo me veía escondido entre la basura. A lo último, él esperaba por mí, pero no dejaba que me acercara más de lo debido. Ahora, él duerme en mi cama.

Sólo a lo último entendió que quizá aquello había sonado a indirecta, y se rió de sí mismo. Hablando rápido y confuso, se apuró a añadir:

—No quiero decir que tú… Bueno, entiendes lo que quiero decir. Pero, el caso es. Que entiendo lo que quisiste decir con todo eso… Tú lo pones de una forma complicada, si me lo preguntas. Sí, complicada. Sólo tenías que decir algo como: "No voy a dormir contigo en la primera cita" o "No soy ese tipo de chica". Pero, la cosa es. Que entiendo.  

«Incluso luego, si finalmente te pongo un nombre, quizá hasta te ponga un collar», pensó, por supuesto, sin proponerse decirlo en voz alta, pero le causó gracia.

—¿A qué viene el violín?—preguntó de pronto. Pretzel había llegado a la cita con un estuche de violín al hombro, y se lo había dejado en una taquilla de alquiler donde pidieron los patines—. ¿Tocas o sólo te gusta llevar cosas en la espalda?

Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Sáb Feb 08, 2020 3:06 pm

Let The Bell Ring. Part. II
Hay una contracción que se forma entre sus palabras y los hechos, cuando él logra perderla entre sus sonrisas, consiguiendo que a cambio una propia brote de los labios claros, y al tiempo que Tessa retira de inmediato la mano, pero él no la deja, o quizás no nota siquiera que ella iba en retirada, pues en cambio, sus dedos vagan por los de ella, por tan solo un segundo, pero en una suave caricia que dice de él mucho más de lo que quizás es siquiera capaz de notar; y arrastra su mano con calma, casi con dulzura hasta el propio brazo, al tiempo que esa sonrisa de chispas que prenden en fuegos brilla en la curva de los labios, perdido en el oscuro de los ojos.
Y Tessa le mira, el rostro alzado hacia él y al tiempo de sentir que su corazón pierde por un momento los ritmos.

Realmente cuando ella le insinuaba que quizás las chicas que más le gustaban no eran las que se rendían fácil a sus encantos, no lo decía porque se hubiera detenido a pensar mucho o poco en si era él todo un conquistador, sino más bien para retratar el hecho de que, a veces, a todos nos gusta un poco que nos reten.
Más, sin embargo, al mirarle de cerca, con los cabellos apenas despeinados, con los copos blancos que se han quedado perdidos entre el negro de chocolate de sus cabellos… Con los labios curvados en aquella sonrisa de picardía delatora, y con su mano tibia, que sostiene la propia… Es difícil, casi imposible pensar que, de hecho, no caigan las chicas rendidas a sus pies.
Pero claro, ella no lo dice. Si le deja, sin embargo, guiar su mano hasta el propio brazo, y ella confirma con agradable sensación que sus dedos se adaptan con facilidad a la curva de su codo; que el calor que transmite la tela se cuela por su piel y que sus cuerpos se acompasan en agradable cercanía al patinar, como si existiera entre ellos una complicidad no dicha, pero sí traslúcida en las expresiones corporales.

Theressa le deja hablar, escuchando y a la vez sintiendo, más que pensando, en lo agradables y escasos que son esos primeros encuentros. Ella nunca ha tenido una relación de años, ni nadie en su pasado al que pueda llamar “novio” o algo similar, pero sí hubo en su momento personas que le gustaron; chicos, chicas incluso que llamaron su atención, pero… Incluso aunque era agradable, la magia siempre terminaba por desaparecer. A veces le parecía incluso que no sabían muchos apreciar el detalle de aquellos primeros encuentros. Hay algo, después de todo, sobre la primera vez que rompes las distancias, cuando esa persona que te llamó la atención con solo una mirada pasa a ser algo más que solo un desconocido; hay algo en el roce primero de los dedos, en ese compás que se forma cuando por primera vez hay cercanías…
Es el preludio, más que el acto en sí, lo que causa realmente emoción, pero rara vez nos fijamos en ello. En la emoción que nos corre por las venas ante la expectativa; en la dicha que se forja cuando una pregunta constante se convierte en una primera y definitiva afirmación.

De modo que mientras patinan, y al tiempo de escuchar las anécdotas que Evans le va contando, Tessa se sonríe. Del cielo negro y terso caen copos blancos, diminutos que sobre sus pieles se van quedando prendidos y que en armonía se sincronizan con la voz de Evans, que patina tranquilo a su lado. Sus dedos, los propios, se enlazan en perfección con el cuerpo de él, con su brazo. Y mientras sus pies se mueven a ritmos lentos, con el ir y venir sobre la pista y en medio de los rostros anónimos que ríen, charlan y se deforman en la distancia, como la misma nieve que en lejanía se vuelve solo un fragmento lejano y puro de blanco.

Su corazón se conmueve al escuchar la historia del cachorro, al que no puede evitar mirar en la distancia. Él mueve la cola cada vez que ellos se acercan, y su mirada no pierde ni por un segundo a Evans, con una ansiedad que ella puede predecir como un nervosismo precioso de perder a quien quiere más que a nada.

- Cuando conseguí a Salem, era solo un cachorro. -dice ella a cambio, en voz calma y que se pronuncia entre tonos tan bajos que solo Evans, que está muy cerca de ella, podría oírla. Su mano va bajando en una caricia pasajera de la que ella no es siquiera consciente, buscando un mejor punto de apoyo y pasando de su codo al antebrazo con facilidad. – una cosita diminuta que me cabía en la palma de la mano. Era entonces marrón, y no negro, porque ese día llovía tanto que se diría, la ciudad se iba a inundar, y él estaba lleno de lodo. Lo conseguí en la esquina de mi departamento, empapado y muerto de hambre… No tenía cola. Alguien se la había arrancado. No sé si un perro; no sé si alguien que quería torturarlo.
El caso es que yo iba apurada. Tenía un examen muy importante aquella mañana, pero no me quitaba al gatito de la cabeza. Le dejé algo de comer y lo cobijé lo mejor que pude, pero finalmente tuve que volver a casa pronto, porque no se me quitaba la angustia. Pensaba, con todo, que no lo iba a encontrar, pero cuando volví lo conseguí empapado, sentado en el mismo lugar en el que lo había dejado, como si me estuviera esperando.”


Ella se encoge de hombros, recordando y con la mirada vagando. No se fija en él, sino que en cambio mira a Dager, que desde la distancia los observa con atención desesperada.

- Lo llevé conmigo a casa y desde la primera noche duerme sobre mi almohada, acurrucado contra mi cuello. Traté de bajarlo mil y una veces y acomodarlo en la cama que le improvisé con almohadas, camisetas y una caja grande, pero ha sido imposible. Primero se trepaba por los pies, luego subía a las piernas; se acostaba en mi estómago, y cuando me despertaba, lo tenía contra la mejilla. – Suelta una risita, recordando, y prosigue. – Le compré incluso una cama, de estas todas bonitas, con su nombre bordado y todo, pero nunca, ni una sola vez la ha usado. Él me usa a mí como calentador y como almohada. –

Finalmente, Tessa se separó de él, dejando un poco de distancia entre ambos y al tiempo que le adelantaba. Dio una vuelta y quedó frente a Evans, patinando, como quien dice contra la corriente y antes de rodearlo para volver a su lado. Su mano buscando primero la palma en una caricia pasajera y antes de subir hasta su brazo, para quedar acomodada en la posición inicial.

Sus ritmos se adaptan a los de él y ella sonríe mientras prosigue.

- Era una bola de pelos negra que me seguía a todas partes. Que aun lo hace, pero es perezoso y orgulloso, y trata de ocultarlo. Igualmente, y aunque finja ignorarme, todas las noches duerme contra mi pecho. –

«Tú lo pones de una forma complicada, si me lo preguntas. Sí, complicada. Sólo tenías que decir algo como: "No voy a dormir contigo en la primera cita" o "No soy ese tipo de chica". Pero, la cosa es. Que entiendo.»

Ella le mira entonces, divertida y alzando una ceja al tiempo de cambiar el panorama de su visión. Se centra en una pareja de casados que patina por delante de ellos con dos niños, y evita mirar a Evans, aun cuando su atención sea de él. Y le dice, con voz jocosa y cargada de diversión.

- Dormir con alguien a la primera no tiene nada de malo. Un polvo casual de vez en vez no viene mal… Pero no lo haces en una primera cita; ni con alguien a quien quieres ver más de una vez; a quien quieres conocer de otras formas, más que meramente sexual. –
Le mira entonces, como si con la mirada de azul pudiese completar eso que sus labios no dicen, antes de seguir.
- Igualmente, no era lo que trataba de decir, pero ya veo que tú y yo hablamos idiomas diferentes. Y no me refiero solo al alemán y al inglés. - Suspira de forma dramática, obviando lo que ha dejado traslucir con sus palabras y mientras sus dedos dejan su brazo para darle una palmadita condescendiente en el hombro. – pero tranquilo, entiendo que tengo que hablar de una forma un poco más… sencilla contigo. No pasa nada. –
Le sonríe entonces, ante su evidente broma y al oír mencionar su violín, la sonrisa se ensancha.
- Ah, eso. Bueno, ¿A quién no le gusta llevar cosas a la espalda? – Pregunta con sarcasmo. – Da pie para las más interesantes conversaciones. Pero no. Me temo que hoy no va con ese fin.
“Sucede que quería llevarte a un lugar. O al menos pensaba ir yo, pero no veo razón para que no podamos ir juntos… Los tres. Ese sitio en el que te he dicho que podemos ir a comer, ¿Recuerdas? Le doy clases de música al hijo de los dueños, y prometí llevarle mi violín para que practicase este fin de semana, ya que el suyo está con el luthier. Podemos ir en cuando a ti y a Dager les dé hambre. No está muy lejos de aquí. –


Cambia de dirección entonces, sus manos dejando el tacto de la tela y mientras ella se sitúa frente a él, patinando cerca, pero no lo suficiente como para que ambos caigan o tropiecen. Va intercalando su mirada entre él, los propios pies y mientras mira de vez en vez hacia atrás, lo que sería “el frente” para asegurarse de no caer. Una de sus manos le busca entonces, tomando la ajena y mirándole con diversión mal disimulada en la sonrisa.

- ¿Cómo fue que dijiste? ¿“¿Si me caigo, te vienes conmigo”? Argumenta mientras su mano libre se sitúa en el brazo de él, tomando su cuerpo como un punto secundario de equilibrio. - ¿Tú?, ¿Tienes hermanos?, ¿Aún vive tu lechuza? La mía murió hace unos meses, y no he tenido corazón para comprar otra… No me parece que un ser vivo sea solo algo “reemplazable”, ¿Sabes? Por muy útiles o necesarias que sean las lechuzas. -

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Dom Feb 09, 2020 2:31 am

Let The Bell Ring

«No tenía cola. Alguien se la había arrancado», había dicho ella, lo que provocó que Evans prorrumpiera en una maldición, muy sentida, con esas que te expresas honestamente indignado. Siendo su sonrisa siempre insinuante y relajada, el contraste hizo que se notara que lo que le brotaba era auténtico desaire. Es que había que ver, lo maldita que era la gente, eh.

Como alguien que se considera a sí mismo “una persona de perros”, pudo empatizar sin problemas con alguien que, aunque “persona de gatos”, se extendía hablando de su mascota. Eso estaba bien, porque tú sabes, alguna gente era para no creer. De hecho, una vez, Evans había conocido a una chica que cuando veía a un animal se llevaba el dedo a la nariz con esa expresión que llevan algunos puesta, como si siempre olieran mierda. Eso le bastó para saber que tenía que quitársela de encima en seguida, y en eso no hay tu tía.

De hecho, una de las razones por las que Dager estaba con ellos en la primera cita era para dejar las cosas claras entre ellos: somos yo y mi perro, y si no, nada. Tú te lo pierdes. Esas cosas había que dejarlas claras desde el principio, y de paso, te ahorrabas un montón de situaciones incómodas con raritos que parecían tener algo roto por dentro, tú sabes, como esos que te cuentan riendo que le prendieron fuego a la cola de un gato, o esos que comen perros, tú sabes, putos desgraciados. Había de todo en el reino del señor, eso decía, ¿verdad?

«Dormir con alguien a la primera no tiene nada de malo».

—Oh.


Para sus adentros, Evans pensó que mejor cambiar el tema de dirección. Honestamente, él no tenía ningún interés en que sucediera nada del estilo en un primer encuentro, ¿sabes? Él no era “esa clase de chica”. Se preguntó si acaso la chica lo decía por fanfarronear, porque tú nunca sabías. Quizá no quería parecer mojigato o algo, y las mujeres mentían tanto en eso como los hombres, él sabía. Es que, la gente simplemente mentía con esas cosas, ¿ok?

Tenías que oírlo hablar a Jackson siempre que se expresaba sobre sus posibles conquistas—y sí, tenía que remarcarlo “posibles”—: “Oh, sí, yo le daría a esa chica… Esa es un 10, iríamos directamente a la cama”. Y bueno, incluso si eran sólo fantasías, de algo el tipo tenía que vivir, ¿verdad?

Pero eso no era todo, luego le seguía una muy incómoda conversación sobre todas las cosas que él supuestamente sabía, que le haría, y dudosas experiencias con el sexo opuesto, porque sí, Jackson era, o eso les hacía creer, puro macho heterosexual. Pero cuando Evans lo oía pensaba “Que asquete”, porque sí, sólo ponte a pensar.

¿Te acuestas con una mina que no conoces de nada? Literalmente, ¡de nada! ¿Sabes Jackson que el sexo es en verdad incómodo, complicado y a veces tan extenuante?, ¿que la gente involucrada suda, y huele y otras cosas que en las que mejor no pensar? Ni qué decir cuando descubres que la otra persona, bueno, es todo un mundo. Por decir algo bonito, y no tan incómodo.

Al final, el tema “sexo y polvos” no concluyó tan mal. Evans se reservó sus comentarios y las innecesarias imágenes mentales de Jackson haciéndolo, y se entretuvo con esa ola de… ¿Cómo llamarlo? La chica tenía algo, y es que era un poco estirada, ¿sabes? Sólo por la forma en que se expresaba. No era que le desagradara, pero. Esa insistencia en que quería hacerse pasar como un genio incomprendido, cuando claramente su forma de complicar un tema era parte de lo que otros llamaban “mecanismos de defensa”, le hacía preguntarse sobre ella, con verdadero interés, sí, pero pensando qué era lo que ocultaba, cuál era su mentira.

Porque tú sabes, Evans sabía, todos tenían una mentira con la que se convencían a sí mismos, y así es como surgían los problemas mentales. Esto era muy profundo para el momento, pero básicamente, Evans era paranoicos y desconfiaba de las personas. Era un tipo sencillo, sí, le hacía gracia que ella lo comentara tan ligeramente, pero eso no quería decir que no podía ver a través de la gente, o de eso, él se convencía.

—Hazlo—instó, casi como un reto, sonriéndose—. Hazlo en verdad, sólo hablar para que los mortales te entendamos. Verás qué cambio.

El tema derivó en el violín, y a Evans le llamó la atención, de una forma más que agradable, que ella hubiera pensando en invitarlo a un sitio que frecuentaba. Le gustó, pero no se lo dijo. Se lo guardó, con una sonrisa. También notaba que ella era considerada, ¿sabes? De esas personas que anteponen a los otros antes que a sí mismos —el hambre de ella, por ejemplo—, porque son amables, pero. Ella no era hipócrita. O al menos, eso era lo que él veía por el momento. Simplemente lo sabía, lo intuía, o es que le gustaba ver eso en ella. Porque había gente, ¿sabes?, que sólo fingía la amabilidad, pero no eran sinceros, era más como que no podían serlo, o sólo eran muy idiotas. Pasaba con más altruistas de lo que a la humanidad le gustaba admitir. Evans, en su caso, no tenía problema. Él no era espontáneamente considerado, o altruista. La vida era más fácil de ese modo.  

—Ok, comeremos pizza.


Evans no había hecho planes, ¿sabes? Sólo pensó en hacer con su cita algo que él hacía, y dejarse llevar según cómo se dieran las cosas entre ellos. La plaza en sí era un ambiente entretenido, porque tenía la pista de hielo, e iluminado en la noche, una fila de toldos al aire libre, a modo de feria callejera, y en suma, había ruido y murmullo, y a veces música. Para Evans estaba bien el sitio que fuera, mientras que la compañía fuera agradable.

La chica lo distrajo, apartándose de su lado y colocándose frente a él, fanfarroneando sobre cómo se movía en los patines, quizá. Lo había tomado de la mano, y Evans no se molestó. No le molestaba, la verdad, cuando lo tocaban. Tampoco le daba mucha importancia. Porque claro, no se trataba de ninguna fea o un Jackson pesado, sino de un cara, ya sabes, agradable. ¿Por qué iba a importarle? No entendía mucho el juego, y eso era porque no había ningún juego. Ella quería hablarle de frente, y Evans se sonrió con esa salida de su parte. Se dejó tomar de las manos, y patinaron. Él miraba por ella, por encima de su hombre, cuidando de que no se fuera a estampar con nada patinando hacia atrás, así, de espaldas al resto de patinadores.

«¿Tú?, ¿Tienes hermanos?».

No iba a decir que no esperaba la pregunta, era una conversación casual después de todo, pero lo sorprendió. Se quedó boquiabierto por lo que fue sólo un medio segundo, pero se recompuso con una rápida, esquiva, sonrisa. No le quedaba otra que mentir, cuando se trataba de su hermana. Y le dolía, de verdad que sí. Pero por supuesto, no lo demostró.

—No. Hijo único. Algunos dicen que por eso soy así de simpático—añadió, comprador. Mirándola a los ojos con intención, Evans alzó el brazo, pasándolo por alrededor de la cabeza de la chica, invitándola dar una giro en el lugar, como algo natural, espontáneo, sólo porque sí, y sin descuidar la conversación—¡No! Me da escalofríos pensarlo. ¿Ah, sí? Que putada—comentó, al oírla lamentarse por perder a su lechuza—. No, mi Gorrón es inmortal. Digo, mi lechuza. Se llama “Gorrón”.

Luego, Evans atrajo el brazo de ella hacia sí, y pasando el brazo de Pretzel por encima de su cabeza, dio él también un giro. Al tiempo que hablaban, patinaban y giraban. Evans lo hacía por entretenerse, naturalmente inquieto como era, del mismo modo que otros respiran. No perdía de vista los ojos de la chica, en medio de los desencuentros que acababan con una mirada, y una sonrisa sutil, ocasional, sentida. Mientras, hablaban.

—Me recuerdas a un amigo, Bill. Es como un friki de los animales, ¿ok? Digo, no te atrevas ni a estornudarle a un gato en su cara, porque es de los que se te tiran encima, ¿sabes? Y a veces, cuando habla sobre los derechos de los animales, como que se pone un poco denso. Pero el caso es, que.

»Estábamos en el emporio de lechuzas, y él comentaba esto, que su lechuza había muerto, y no se sentía con ganas de tener otra, pero sus hermanos insistían, y era lo mejor, y etcétera. Mi amigo estaba todo apenado, ¿ok?

»Y estábamos esperado en la barra del mostrador cuando el tipo que atendía, que no era el dueño, y como que debía ser nuevo en el negocio, sale de la trastienda quejándose de “las estúpidas lechuzas”, porque no sé qué día liado estaba teniendo, pero se notaba que estaba sacado de sus casillas.


»Mi amigo, ¿el friki?, ¿Bill? se enojó TANTO. Hombre, supe lo que venía, incluso cuando no tenía ni idea. No sé, el tipo apareció, golpeando las jaulas, enojado porque parece que no se entendía muy bien con las lechuzas ahí, ¿sabes? Y las lechuzas chillaban, enloquecidas, y mi amigo enloqueció.

»¿Puedes creer que tuvimos que salir corriendo de allí? Sí, Bill, tú sabes, es un tipo cool—aseguró—, pero cuando le maltratas a una animal en la cara… Él las liberó, A TODAS. Literalmente, atacó al tipo para que no estorbara y empezó a agitar la varita como poseído. Tenías que ver mi cara en medio de todo ese caos de plumas y gritos, imagínate. Y no podía dejarlo solo, claro. Digo, cuando ya tienes los pies en la mierda, sigues hasta el final, y alguien tenía que cuidarle la espalda del sujeto de la tienda, otro al que tenías que verle la cara, ¡alucinaba!

»Y las lechuzas, ¡volaron! Salimos de la tienda, ¡seguidos por una bandada de lechuzas! Y el tipo, claro, que nos puteaba como si se le fuera la vida en ello. ¿Y sabes qué es lo verdaderamente gracioso? Que una de las lechuzas nos siguió. Mi amigo fue a elegir una lechuza, pero al final, la lechuza lo eligió a él. Pero fue una locura, ya te digo. Por suerte, echaron al tipo. O sino, no podría volver a mostrar mi cara por allí, o Bill.




Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Mar Feb 11, 2020 1:30 pm

Let The Bell Ring. Part. II
Sus dedos se entrelazan por momentos con los de Evans a medida que van hablando, y Tessa se pierde, no tanto en ese gesto, sino en las expresiones de Evans que se compaginan de forma tan espontanea con sus palabras; él parece, después de todo, incapaz de que su rostro no reaccione acorde a las emociones que transmite su voz, de modo que ella puede ver la indignación pintada en su gesto, tal como la sorpresa y la risa.
Y al tiempo de irlo notando todo, van bailando; a ratos jugando entre ellos, y por tiempos lapsos, y a veces más largos, sencillamente patinando, lado a lado y al tiempo que sus brazos se rozan; que la calidez de la mano de él se traspasa hasta la propia piel.
Extrañamente y dado que ella no suele sentirse tan a gusto estando con un “extraño”, Tessa se siente cómoda. Se pierde fácil en la conversación y no le molesta decirle a él cosas de su vida; detalles que por sencillos que parezcan, le importan.
A cambio, se ríe con sus bromas, asiente a lo que le cuenta, prestando atención y se indigna a la hora de que él cuente algo que precisa de esa reacción. En especial Tessa presta atención a sus gestos, a su voz, a sus modismos y a las muletillas. Nota como él, estando relajado suele acelerar un poco la voz y aferrarse a ciertas palabras persistentes, tales como los “¿Sabes?”, los “Ok”, y los “ya/tú sabes”. El caso es que le gustaban aquellas muletillas. Le gustaba el tono de su voz cuando se aceleraba, la fuerza que adquiría ante aquello que consideraba insoldable; la ligereza de su voz cuando manifestaba algo que le hacía gracia; esa nota oculta, cuando entre picardías trataba de disimularse, y claro, la chispa que prendía en sus ojos cuando la astucia y la inteligencia se encontraban entre sus pensamientos.
En definitiva, le gustaba él. Lo suficiente como para querer conocerlo, lo suficiente como para querer aprender sobre otros tantos detalles que ahora no veía, pero que podría llegar a ver. Y puede que ellos no estuvieran realmente destinados a nada más que una chispa primeriza que se ahogaba luego entre las diferencias marcadas, pero ello tampoco importaba. Él le interesaba lo suficiente, le gustaba lo suficiente como para querer conocerle y dar ese salto.

De modo que al final se perdió en su historia, abriendo los labios en forma de “OH” en ciertas partes, y riendo en otras, al imaginarlos a él y a su amigo corriendo ante toda la escena. Con todo, y aunque dijera que era hijo único, le gustaba la forma en la que se refería a aquel amigo, Bill; había algo íntimo en su voz al hablar que hacía que Tessa supusiera que el chico era algo más que solo un conocido; algo más que un amigo. Alguien cercano, de esas personas que llegan a significar más para ti que aquellos a los que te unes por sangre.

- Este Bill, ¿Es Bill, el de la cafetería? Era el único Bill que le conocía, y claro, podría ser otro, pero se imaginaba que también podría ser él. Tessa y el otro chico no habían hablado mucho; un par de veces en ocasiones muy contadas, pero le había parecido una persona amable e interesante. –
Todo esto lo decía mientras ellos dos iban jugando, porque Evans parecía incapaz de mantenerse quieto, cosa que a ella no le molestaba particularmente. Tessa se dejaba hacer con facilidad, acostumbrada a una hermana que la movía de acá para allá a la hora de patinar y al tiempo que ambos iban riendo juntos, pues, aunque no llegaron a caer, de vez en cuando resbalaban y tenían que buscar un apoyo, aunque fuera ligero, en la presencia del otro.

Ella a cambio sonríe, y va oyendo la historia, guardando el secreto el hecho de que la lechuza de él se llama “Gorrón”, lo que no deja de causarle gracia, aunque no lo comente. Al final de la historia, Tessa se pasa la lengua por los labios, distraía y centrada a su vez en él.
Sus dedos han encontrado un camino, por breve que sea, entre los de él, y de manos entrelazadas patinan lento. No sabe cuánto tiempo llevan así, si mucho o poco, pero le gusta la sensación.

- Una vez. - Comienza a contar. –Cuando tenía unos diecisiete años e iba camino al instituto, me crucé con un grupo de chicos que vivían por mi zona. Eran todos chicos con los que había crecido, pero que nunca había tratado realmente por ser todos mayores que yo; pero los conocía de rostro. Crecieron para convertirse en los típicos resentidos sociales. De estos que lo tienen todo: Un buen hogar, buenas familias; dinero para lanzar al techo, pero que igualmente culpan al mundo de todas sus “desgracias”.
“De igual forma. El caso es que estos chicos se convirtieron en los maleantes de la zona. No hacían nada grave, pero se pensaban como súper malos. Yo no les hacía mucho caso, pero un día… Iba a clases, como te dije, y me crucé con ellos. Realmente no recuerdo mucho, porque todo pasó muy rápido. Solo oí un maullido. Tenían a un pequeño gato entre las manos. Lo llevaban hecho una bola, como una camisa sucia, y el animal no dejaba de removerse entre sus manos… Y tenían… Esta risa que me puso nerviosa, y las varitas en mano. No auguraban nada bueno.”


Tessa hace una pausa, se vuelve a pasar la lengua por el labio inferior en una manía adquirida de toda la vida y prosigue, de forma lenta, pausada.

- Yo era solo una, y ellos cinco, pero igual me fui tras ellos hasta un callejón. Les dije que me dieran al gato. Me dijeron que me fuese de ahí. Me contaron todo lo que me harían si no me iba. La clase de cosas que le hace un chico a una chica sin su consentimiento. La clase de cosas que me debieron haber hecho correr.
“Pero yo… No podía. Simplemente no podía irme. Me lancé contra ellos sin pensar. Desarmé a dos antes de que el tercero me agarrara. Recuerdo que le mordí el brazo hasta que sangró y me soltó…
Al final salí corriendo, pero tenía al gato conmigo. Temblaba contra mi pecho con una fuerza tal que yo pensé que era mi corazón el que temblaba. Me lo llevé a casa de una amiga, que lo adoptó, y ahora es una bola de pelos enorme y gorda que cada vez que me ve se arremolina contra mis tobillos.”


Una sonrisa final, suave, le sube por los labios y ella voltea a verle entonces, con el gesto calmo, con algo indescifrable en la mirada. Sus orbes, sin embargo, se pierden en las de él, y si sonríe, no es por la historia, sino por la persona a la que se le ha contado.

- Creo que, si hubiese ido con ustedes, hubiese hecho lo mismo. Entiendo a tu amigo, a Bill. La gente puede ser una mierda con todo aquello que no entienden y que consideran inferior. –

Y calla, dejando que el silencio se prolongue por un segundo entre ambos, y a cambio, oyendo una explosión.
Su rostro se alza al tiempo de ver como una flor de luz se prende sobre el cielo. Roja y amarilla. alguien en la feria cercana se ha puesto a lanzar fuegos artificiales, y por un momento el mundo, sumergido en aquella noche de nieve y gris se queda inmerso en las luces que sobre ellos pende, como promesas, como augurios.
Tessa las mira, abstraída, con el rostro pintado por el color de cada nueva explosión. A ratos tiene las mejillas enarboladas; por momentos tiene los labios de profundo, magnético rosa.

Solo entonces su mano se aprieta un poco contra la de él, como buscando llamar su atención y entonces, sin mirarlo, dice.

- Me llamo Tessa, por cierto. Theressa, pero puedes decirme Tess. –
Le mira, le dedica una sonrisa tan radiante como los fuegos artificiales y luego su vista se pierde.
- Deberíamos ir por tu cachorro… Se va a asustar con los fuegos artificiales. -

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Miér Feb 12, 2020 11:44 pm

Let The Bell Ring


«Este Bill, ¿es Bill, el de la cafetería?», la pregunta hizo que Evans inclinara ligeramente la cabeza hacia un lado, tomado por sorpresa. No sabía qué se le hacía tan extraño, si después de todo, ella era un cliente regular, pero así y todo, lo descolocó momentáneamente.

¿Es que ya había fichado a todos los meseros?, ¿y si resultaba que la chica estaba más al pendiente de la vida de los chicos guapos del bar de lo que él pensaba? Así, como una acosadora en secreto. Es decir, después de todo lo que había dicho sobre que acosar es interesarse, te daba qué pensar. Y a Evans no se le escapaba el detalle de que siempre había chicas en el bar detrás de Bill, ¿sabes?

—Sí, el mismo.

Lo respondió como si nada, o más bien, como si no le hubiera picado un poco la curiosidad sobre por qué tanta familiaridad. Es que era raro, ¿sabes? Pero se sonrió, continuando con el buen rollo. Ella te hablaba muchísimo si le dabas tema, y Evans escuchaba, asimilando la historia que contaba en esta ocasión —un gato entre gánsteres de barrio— con una mueca gestual sobradamente expresiva a medida que ella avanzaba, y se enrollaba, y avanzaba.
Hubo una parte que le provocó verdadera curiosidad: «Crecieron para convertirse en los típicos resentidos sociales. De estos que lo tienen todo: Un buen hogar, buenas familias; dinero para lanzar al techo». ¿Resentidos sociales?, ¿en serio?, ¿esa era su definición de…

—Pijos—
corrigió Evans, con aire sabiondo. Sabía de lo que hablaba, sin peros—. Pijos ricos, imbéciles. Menudos imbéciles.

Resentido, era él. Sí, un resentido social, y orgulloso de serlo. Era curioso que ella les pusiera ese nombre, porque los pijos ricos que queman a un gato por aburrimiento, por hacer algo con sus vidas inútiles, esos, eran otra cosa. Su resentimiento no era contra la sociedad. No venían de la pobreza, no luchaban contra el sistema, por decir algo que se acercara un poco más a la definición popular.

Lo que la chica le estaba dejando en claro, sin darse cuenta, es que ella era uno de esos pijos ricos, ¿sabes? Evans siempre había chocado de malas con los “nenes de papá”, con todo lo que tuviera la cara de pijo consentido, especialmente durante sus días en Hogwarts, en los que su madre squib era el motivo del que se servían ciertos pelmazos para meterse con él. Por alguna razón, no se hallaba tan sorprendido de que ella formara parte de un círculo privado y adinerado, y porque era ella, tampoco le molestaba.

Sin embargo, te hacía pensar. ¿Quién era ella en realidad? O más específicamente, ¿cuáles serían sus convicciones?, ¿y las de su familia?, ¿era purista?, ¿fanática?, ¿convertida?, ¿fingía?, ¿qué cosas pensaba y defendía? Mira que ser sanador, trabajar en salud, no te eximía de tener un cerebro quemado por el odio más necio, valores homicidas, basura. Nada te decía que la chica no podía rescatar gatitos por el día y soñar con delatar a los “traidores” por la noche. Evans se dijo que con el tiempo, lo sabría.

«Creo que, si hubiese ido con ustedes, hubiese hecho lo mismo. Entiendo a tu amigo, a Bill. La gente puede ser una mierda con todo aquello que no entienden y que consideran inferior», decía ella, en medio de sus pensamientos. Le sacó una sonrisa. De en serio, la chica se complicaba sola cuando hablaba, eh. Empezó a pensar que quizá era medio autista, ¿sabes? Sí, eso, autista. Que no sabía en un ciento por ciento qué era, pero seguro que el autismo algo tenía que colar en la idea que se hacía de ella, eh.

—¿Qué cara…?—
Evans se detuvo de golpe, mirando al cielo, y no porque le pareciera romántico. ¿Fuegos artificiales?, ¿era una fecha patria o algo?, ¿por qué carajo? Se soltó de la mano de la chica en ese instante, mirando en rededor, buscando a Dager. Pero ella continuaba hablándole, sin que él reparara mucho en lo que decía. Se lo apreciaba distraído—. ¿Qué?

No volvió a preguntar, porque en ese instante ubicó a Dager donde lo habían dejado, dando vueltas en el lugar, impacientándose. Evans se sintió mucho más aliviado al verlo, y se impulsó hasta su mascota, patinando sobre el hielo. Un grupo de niños se había congregado en torno a Dager, pero no eran “resentidos sociales”.

Estos habían intentado ganarse el amor y la atención del adorable perrito arrojándole pedazos de comida, que Dager, por supuesto, atrapaba en el aire y luego comía entre gruñidos, para mantener a la plebe alejada. A ninguno lo dejó acariciarlo o pasarse de la ya con sus amorosas intenciones.

—Venga, ya—
Evans prorrumpió en una queja, instando a los niños, con caras ilusionadas e idiotas, a desparramarse—. Fuera.

—¿Es tuyo?

—¿Puedo acariciarlo?

—¿Me dejas ser su amigo?


Qué pendejos más pesados.

Evans los echó a todos, y se sentó en la nieve con Dager en su regazo, contento de volver a encontrarse con su dueño, como si hubiera pasado una eternidad desde que se separaran, exactamente hacía no más de media hora, o bien, quince minutos.

Se decía que había que ser bestia para lanzar fuegos artificiales, sabiendo cómo molestaban a su mascota. Pero se veían perfectamente desde donde había ido a sentarse y, buscando a la chica con la mirada, le hizo señas para que se sentara a su lado.

—Tess—repitió, dejando en claro que sí la había oído mientras acariciaba a Dager debajo de las orejas y lo abrazaba contra su cuerpo. Dager movía la cola, olisqueando felizmente, frotándose con cariño—, ¿nos vamos?

Que ni de broma se quedaba un rato más si iba a empezar a tirar fuegos artificiales, locos todos. En el camino, sin embargo, volvió a tocar el tema de su nombre, muy curioso al respecto. Es que tal parece que se había ganado una galleta por ser un buen chico. ¿Ya tan pronto se había ella convencido de que no era un loco o algo? Que ingenua.

—¿Ves qué fácil? Podías darme tu nombre desde el principio. Por cortesía, ¿sabes?—Y quiso saber—: ¿Qué cambió?—Evans la miró, interesado—. Oh, vamos, esto tengo que saberlo. Ya sé. ¿Te diste cuenta de lo incómodo que era que te digan sólo “Pretzel”? Tan predecible—Calló un instante, ensimismado, hasta que preguntó—: O es que tienes uno de esos apellidos de los que no quieres hablar. Tú sabes, pasa. Cuando tu familia es más famoso que tú. Quizá una vez que me digas tu apellido te conviertas en otra chica mucho más interesante, y eso seguro que te saca de las casillas, ¿no? ¿La estoy errando? ¿No eres un miembro de esas importantes y aburridas familias…? Bueno, eres extranjera, así que. Tienes suerte, no sé muy bien quiénes son los alemanes de sangre pura, ¿o quizá es otra cosa? O quizá es sólo porque tú eres de ese tipo de personas, tú sabes, reservadas. O porque leíste en una revista que el misterio te hace sexy, ¿eres ese tipo de chica?, ¿de las que lee revistas?

Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Vie Feb 14, 2020 2:46 pm

Let The Bell Ring. Part. II
En cuanto los fuegos artificiales comenzaron a retumbar por el aire, Evans salió pitando de ahí, dejando por un momento sola a Tessa, quien se concentró en la visión de las luces que entre tonos de rojo, naranja y dorado se alzaban, y hasta dar la espalda al escenario, yendo hasta él en cambio y buscando darse prisas en quitarse los patines para poder marcharse. Su nerviosismo era comprensible, después de todo, pues se trataba de su querida mascota, y de ser el caso contrario ella tampoco habría querido quedarse en ningún sitio sabiendo que Salem podría estar incómodo.
Por ello le siguió, dando pasitos sobre la nieve de forma apresurada y quitándose los patines con prisas para en cambio ponerse las botas, metiendo los cordones dentro de las mismas, sin llegar a anudarlas y tomando sus cosas a velocidad luz para poder ir con él. El cachorro, con todo, parecía bastante tranquilo al estar en brazo de su dueño, quien le acariciaba con mimo y mientras centraba su atención en él. Era extraño pero confortable a la vez el notar como su expresión podía cambiar tanto entre un estado y otro. Siendo uno con ella, otro con el público, y uno distinto con Dager. Parecía que Evans poseía tantos rostros como colores, y era una curiosidad irle descubriendo; pero a Tessa le agradaba. Se preguntaba cuantos colores más se ocultarían tras la fachada inicial del camarero.

Comenzaron a caminar entonces, dejando atrás los fuegos artificiales y mientras se internaban en la noche. Tessa no contaba los pasos que daban, pero sabía hacia dónde se dirigían. En cambio, caminaba confiada y segura, con las manos en los bolsillos y el rostro ligeramente inclinado hacia él, aunque no pronunciaba palabra alguna, sino que tan solo se limitaba a sonreírle de vez en vez. Evans podía hablar un montón si se emocionaba con alguna idea, y tal parece que saber el nombre de Theressa lo había ilusionado lo suficiente como para comenzar a parlotear sin sentido, argumentando toda clase de teorías y sacando sus propias conclusiones.
A cambio, Tessa se encogía de hombros, reía suave o negaba suavemente con el rostro, pero no daba ninguna clase de respuesta en particular. No pensaba soltarlo todo sobre sí misma. No aún. Y ya no porque quisiera hacerse la interesante, sino que sencillamente, le costaba en cierta medida confiar en alguien a la primera.

Con todo, se fijó en el hecho agradable de que su nombre sonaba bien viniendo de los labios ajenos. Le gustaba aquel “Tess” de sus labios. Tan relajado. Marcado al final de la entonación y con una mota de acento sobre sus palabras.

- ¿Un poco de misterio viene bien de vez en cuando, no? Pero no se trata de nada que haya leído en ninguna revista. Si al caso vamos, no soy de leer muchas revistas. Me paso el día leyendo libros de medicina, pociones o enfermedades, y en mi tiempo libre, si es que lo llego a tener, prefiero los poemarios, o las novelas cortas. – se encoge de hombros y se frota distraía la nariz, que se le ha quedado roja por causa del frío. Los copos de nieve caen lentos y gruesos sobre ambos, pesados en su andar y al tiempo que se posan sobre los cabellos de la joven, como si encontrasen un descanso entre los rizos que se han ido soltando de su peinado. –

Ella alza la mirada al cielo, siguiendo el camino de un poco que cae tras sus pasos en medio del avance y luego mirando a Evans con curiosidad. Él parece no tener filtros, y puede que sea solo su imaginación, pero a veces parece capaz de decir más de lo que es siquiera consciente. Como si primero hablase, y luego pensara.
“Primero hablo, luego existo.”

- Puede que algo haya cambiado; o quizás nada lo hizo. – Ella se encoge de hombros, dedicándole a él una sonrisa enigmática y al tiempo de alzar una ceja. - ¿Quién sabe? Igual puedes llamarme “Pretzel”, ya te he dicho que eso depende de ti, tal como ha dependido de mí el decirte mi nombre. – se sacude entonces parte de los copos sueltos que se le han ido quedando sobre los hombros y suelta una risita. – Pues, me imagino que conoces mucho sobre las genealogías de este lado del charco, de modo que me he salvado. Es todo un alivio. – comenta con sarcasmo, y luego cambia de tema, como quien no quiere la cosa. - A ti, ¿Te gusta leer?, ¿Qué te gusta hacer cuando tienes un rato libre? Además de salir a pasear con Dager para espantar palomas, digo. -

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Lun Feb 17, 2020 9:52 am

Let The Bell Ring


«Puede que algo haya cambiado; o quizás nada lo hizo». Genial, acertijos. ¡Era un apasionado de los acertijos! Tú sabes, las palabras confusas, el sinsentido, la pretensión de que había algo oculto detrás de un muro de argumentos vacíos. Oh, eran su cosa favorita en todo el mundo.

—Ok, si eso quieres. Vamos a pretender que no era más fácil si sólo me decías tu nombre desde el principio. No querría avergonzarte ni nada.

Ella le sonríe, Evans le sonríe a medias, delatándose poco convencido ante la aparente necesidad de tanto misterio. Pero bueno, ¿sabes?, había gente para todo. Cada loco con su tema. Si ella quería creer  que sonaba misteriosa y lista y toda la cosa, no iba a ser el aguafiestas que le hiciera ver que era todo tontería. O quizá, lo cierto era decir que, igual, ella no iba a escucharlo.

Por otro lado, ella contaba que se pasaba el día leyendo libros, y le creía. Es que ahí radicaba la semilla del problema. Había gente que no sabía alternar entre los libros y una actividad recreativa como la socialización, y aunque podía tratarse de cerebrines, bibliotecas andantes con un montón de saberes, luego los ponías delante de otra persona, tú sabes, otro ser humano, y no tenían idea sobre cómo interactuar sin parecer raritos.

«A ti, ¿te gusta leer?».

Evans se distrajo con la pregunta, y la suavidad de una sonrisa se pronunció en sus labios. Le apasionaba la lectura, ¿sabes? Pero, a diferencia de ella, no iba cantándolo por ahí a viva voz, y menos presentándolo como el primer rasgo a tener en cuenta a la hora de introducirse a los demás. Sobre todo, porque no quería que la gente se llevara una impresión errada, ¿sabes? Porque él sabía que ni bien decías que te gustaban los libros, te tachaban de aburrido.

—A veces leo policiales—contestó, refiriéndose a las novelas de intriga y detectives, como algo meramente superficial. Y prosiguió—: Un rato libre, bueno. Ahí me tienes. Estoy muy apaleado entre el trabajo y la universidad. Y cuando estoy en casa, sólo quiero estar en casa, ¿sabes?

Evans, que había estado cargando a Dager en brazos todo ese tiempo, se agachó y lo dejó en el suelo, continuando camino. Dager se detuvo sólo un momento para rascarse la orejita y luego lo siguió muy de cerca.  

—No sólo espanta palomas, ¿sabes? Aprendí a cazar cuando era peque. Así que a veces lo llevo a las zonas de caza, y perseguimos algo más grande. Aunque creo que lo fui dejando por la fotografía. Lo que me gusta es estar afuera, la verdad, entre la maleza. Pero, ¿rutinas? No tengo muchas excepto trabajar y estudiar. Y rutinas de ocio, menos. Entre semana nado un poco. Y los findes, casi siempre termino haciendo algo con Bill.

Si se ponía muy ansioso, sin embargo, durante una noche de insomnio en que se levantaba en medio de la madrugada con una pesadilla, a veces elegía un lugar al azar, uno lleno de gente ruidosa, y se mezclaba entre el fragor del movimiento, los tragos y el ambiente viciado. Él no iba por las bebidas o la compañía fácil, sino sólo por el bullicio, y  la gente. Si flirteaba, el flirteo quedaba en nada, si pedía un trago, apenas lo tocaba. Sólo iba, se mezclaba, tonteaba, y volvía a casa.

Había otra serie de actividades que no había mencionado para nada, y tenía que ver con su reclutamiento entre los aspirantes a mortífagos, algo de lo que le hubiera gustado salirse hace tiempo, pero que no era posible, a menos que quisiera meterse en problemas. De momento, y mientras el gobierno actual siguiera vigente, Evans estaba obligado a acatar las órdenes del cuartel de enrolamiento, y así, acababa involucrado en misiones de persecución y homicidio…, todo bajo la tapadera de “defender” la comunidad mágica de los “traidores a la sangre”.

—¿Qué novelas?—preguntó de repente, y sorprendía, porque no parecía haber mostrado tanto interés por los hábitos literarios de Tessa momentos antes. Y añadió, aclarándose, por si no había sido muy específico—. Las que lees. Dime una novela y por qué la recomendarías.  

Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Mar Feb 18, 2020 9:29 pm

Let The Bell Ring. Part. II

De brazos cruzados, con una sonrisa calma que delata su complicidad y con la mirada puesta, a ratos al frente, por momentos en los pies que caminan entre la nieve, va Tessa, que poco a poco comienza a sacar sus propias conclusiones sobre Evans a base de mirarlo, de oírlo, de fijarse en los pormenores de su voz, en la traslucida sinceridad de sus expresiones; en la forma en la que se afinca en unos temas, esquiva otros y habla de lo demás como si nada, pero remarcando con la omisión el trasfondo de importancia real tras las palabras.
Por ejemplo, por su forma de referirse a Bill, Tessa comienza a hacerse a la idea de que el chico no es solo su mejor amigo, o probablemente alguien cercano a quien guarda sincero cariño, sino que además, pareciera ser que Evans es una persona más bien solitaria, pues exceptuando el afecto que demuestra a su mascota y las menciones al otro chico, no le ha oído mencionar a nadie más que pueda parecer cercano, o hacia quien guarde afecto. No hay familiares a la vista, según se aprecia, como tampoco otros amigos de importancia real, ni nadie a quien parezca querer especialmente. De modo que puede ser como ella, solitario en muchos sentidos, bien sea de forma voluntaria o no; aunque pareciera ser que lo suyo es a decisión, ya que por sus formas, no le parece a ella que sea él del tipo que se queda solo porque sí; poseía, después de todo, un magnetismo casi natural que te atraía hacia él, hacia su sonrisa, la voz calma, vibrante de ese trasfondo mal encubierto de burla y acidez y hacia los ojos, que cuando te miraban, de tan profundos y transparentes que eran te capturaban, como si no tuvieses otra alternativa, sino prestarle atención.
Pero era algo sutil. No pensaba ella que fuese él la clase de chico engreído -Bueno, quizás sí, solo un poco.- que sencillamente quería llamar la atención; era más bien algo similar a creer, o entender que cuando él ponía la mirada en un objetivo, se hacía con este, fuera de la forma que fuera.
Por lo mismo, a Tessa le resultaba complejo el imaginarlo sin tener muchos amigos, personas cercanas o un círculo nutrido de amistades, e incluso enemistades que le llenaran la vida. Si no era así era muy probablemente porque no se le antojaba, no por otra cosa.
También comenzaba a notar que él parecía censurarse con ella en cierta medida. Había cosas que en el momento de decirlas hacían que él adoptase ciertas posturas, con los hombros a veces un poco demasiado tensos; en otros momentos, con el ceño fruncido o incluso con los labios muy apretados, como si tuviese que cerrarlos a fuerzas para no decir lo primero que se le venía a la mente. A Tessa le causaba gracia mirarlo de este modo. Se preguntaba qué pensaría realmente sobre lo que ella decía, qué era eso que tanto se callaba y qué tanto tendría que presionarlo para que comenzara a decir, literalmente lo primero que pensaba sobre todo lo que ella decía. Probablemente no serían comentarios de un todo agradables, si es que se esforzaba tanto por callarlos, pero de seguro le causarían gracia.
Porque sí, lo cierto es que de hecho, él le hacía gracia. Le gustaba ver los gestos que adoptabas su rostro cuando ella decía una y otra cosa, las palabras que elegía, o que a veces salían de su boca sin que él pudiese realmente retenerlas, y más allá de ello, las miradas que le dedicaba, como si tratase de decirle entre un silencio y otro: “Bueno, no pensarás que realmente me trago ese cuento.”

Se preguntaba, con todo, qué clase de batallas se libraban dentro de su complicada cabeza. Porque sí, él daría a entender entre una cosa y otra que ella era la enredada, pero aunque de una deducción más sencilla y lineal que la propia, Tessa entendía por las palabras del otro y por sus gestos que había más en sus pensamientos de lo que decía; y que ese adicional se mezclaba con otra una diatriba personal, quizás demasiado compleja y enredada para su propio gusto.
Tessa, en cambio, era de habla más ligera, pero tenía claros sus intereses. Las razones tras las deducciones, el sentir tras el pensamiento y la línea que unía a todo en un solo sentir. En un mismo camino por el que se guiaba sin dificultad.

Por ello, le hizo gracia de forma especial la forma en la que su gesto delataba la falsedad de sus palabras. Al preguntarle si le gustaba leer el gesto de Evans se relajó visiblemente, y notó ella algo conocido en su mirada. Esa sensación confortable que entre amantes de la lectura encuentras cuando entran en una biblioteca o en una librería, como si pisaran territorio seguro. Una especie de santuario personal. Se esforzó él, sin embargo, por encubrir la verdad tras una afirmación sencilla, casi demasiado forzada, y los ojos de Tessa brillaron un momento con diversión. Se preguntó sobre la razón real de su respuesta, y sobre los sentimientos originales que se encubrían con las palabras.

-Ya. Claro, te entiendo.- Fue todo cuanto comentó al respecto, dejando el tema estar, pero con la curiosidad prendida entre las sienes. No pensaba presionarlo, con todo. Sabía, después de todo, que era algo que eventualmente descubriría –O no.- pero que darle demasiadas vueltas no la llevaría a obtener una respuesta más profunda. – De modo que, cuando tienes un poco de tiempo libre, prefieres quedarte en casa y solo descansar, o salir con Dager, ¿Cierto? continuó con genuina curiosidad, mirándole al hablar y alzando levemente una ceja. – ¿Y qué estudias? A mí me encanta nadar, pero admito que no he explorado la ciudad lo suficiente, bien sea por una u otra razón, como para saber dónde están las piscinas públicas. En Alemania iba un poco más a menudo. Entre semana, como tú dices, o me ejercitaba algo más. Básicamente porque mi hermana me jalaba a todas partes… Pero desde que llegué a UK he sido un poco más nómada. Puede que sea tiempo de que retome ciertas rutinas, más allá de estudiar. – argumentó, al final, hablando un poco más consigo misma que con él.
Eso sí: prefirió omitir la parte de la caza, pues no le apasionaba precisamente el hecho de que fuera un cazador, ni tampoco concebía mucho en su cabeza la idea de alguien que mata por gusto junto con la de alguien que defiende la causa de los animales. Se preguntó qué pensaría su tan querido amigo al respecto y se guardó los comentarios para sí, prefiriendo irse en cambio por la parte de la naturaleza y de la fotografía.
-Un día, solo por explorar y  hacer algo distinto tengo que hacer una excursión a Stonehenge. Siempre he querido conocerlo. – se pasó entonces los dedos por el cabello, distraída y al tiempo que iban saliendo del parque. Delante de ellos se extendí la calle, surcada de coches y de luces nocturnas y con su paso peatonal a poca distancia. Tessa guio a Evans hacia este, caminando despacio y siguiendo con la vista de forma casual el caminillo que al otro lado se formaba con tiendas y viandantes distraídos. Al final de la calle estaba el restaurante de comida italiana al que quería llevarlo.
Ella se detuvo, presionó el botón para el cambio de luces y esperó a que el semáforo les diese paso en su avance.
-Oh, yo no recomiendo libros. – Dijo de forma solemne, y al tiempo que negaba una sola vez con la cabeza. – La mayoría de las veces, los libros que a mí me gustan no coinciden con los que a otros sí, y viceversa. Podría recomendarte alguno que me apasione, pero algo me dice que le encontrarás los “peros”; demasiado enrevesado, muy complejo; demasiado largo… – negó otra vez y avanzó cuando vio la luz cambiar en el semáforo, uniéndose a una pequeña multitud que iba de una dirección a otra. – pero podría decirte algunos que me gustan… Me gusta la literatura de época, a veces también la fantástica. E incluso la infantil. El principito, por ejemplo. El Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Alicia en el país de las Maravillas, Tom Sawyer… - se encogió e hombros, restándole importancia. –La verdad, suelo leer casi de todo, y le doy una oportunidad a cualquier libro que me llame la atención. Tengo la manía de recorrer las librerías de tomos usados, porque son los que más me gustan, y colecciono libros con dedicatorias, aunque sean de géneros que no me interesan, o aunque sean volúmenes que no me llamen la atención. – y al terminar le miró de refilón, curiosa y sabedora de que él, con su muy expresivo gesto, de seguro iba a colocar una cara de limón agrio ante su comentario, pero comentaría otra cosa.
Se empezaba a hacer una idea de la clase de cosas que despertarían en él sentimientos encontraros, y a cambio, Tessa se preguntaba qué tan lejos podría ir para verle torcer la expresión; solo porque le gustaba lo simbólicamente delator que era su gesto. -

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Jue Feb 20, 2020 11:00 am

Let The Bell Ring


«De modo que, cuando tienes un poco de tiempo libre, prefieres quedarte en casa y solo descansar, o salir con Dager, ¿cierto?».

—No es una vida fácil—dijo Evans, sonriéndose. Caminaba con las manos en los bolsillos. A su pregunta sobre sus estudios, sacudió los hombros y contestó—: Leyes.

Era su intención ser enfocado en los estudios, y su ambición empezar la carrera cuanto antes. Escalar puestos, codearse en el almuerzo con los colegas, incluso tener una secretaria o un subalterno con el que pudiera hacerse el importante.  Y estaba listo para hacerle la pelota al mejor postor, tenía la suficiente labia para eso. Sobre todo, quería acumular dinero.

—Segundo año—aclaró. Se fijó en que Tessa repetía sus ganas de cambiar su cronograma, como si realmente hubiera tantas posibilidades cuando el tiempo era ajustado, ¿sabes? Pero le gustaba pensar que ella hablaba de pasar el tiempo con otra gente, seres humanos en vez de libros, alguien como él—. Lo dijiste—Y añadió, a modo de inventivo—: Si tienes el tiempo.

»¿Stonegenge?—
La mención llamó su atención—. He visto sólo panfletos. Tú sabes, promocionan baños lunares y esas cosas. Pensaba que era un destino sólo para magos jubilados. ¡Pero!, ciertamente. Ahora me despierta curiosidad.

A Evans le gustaba moverse entre el gentío nocturno, los transeúntes concentrados en sí mismo, el rumor de la ciudad. Pero cuando salieron de la plaza, se hizo de un momento para agacharse y colocarle a Dager su correa. El muy loco era capaz de salir corriendo de la primera cosa que despertara su entusiasmo. Dager gimió en desaprobación, pero se dejó amarrar.

—Puede—confirmó, escuchando a Tessa hablar sobre lo quisquilloso que él podría ser sobre cosas que a ella le apasionaban—. Ponme a prueba.

Los títulos que ella mencionaba, él los había leído, pero no dijo nada. En cambio, la escuchó con interés. El detalle de las dedicatorias hizo que ladeara el rostro hacia Tessa, como si lo hubiera tomado por sorpresa. Rió. Le pareció una idea graciosa, hurgar en las librerías por un libro con una dedicatoria dirigida a otra persona, y que a pesar de su aparente valor emocional, había sido abandonado en las estanterías de “usados”.  Era como si le dijera que le gustaba acoger a los rechazados y desamparados.

—Eso es algo—dijo sencillamente. ¿Algo raro?, ¿algo especial?, no se sabía, sólo "algo". Y añadió—: Solía trabajar en una librería. Tú has visto… Has estado en el Callejón Diagón, imagino. Bueno, en Flourish&Blotts. Por un tiempo. Pero el jefe, ¿sabes? Era un tiquismiquis, ¡tan insoportable! De verdad, me sacó de quicio. Y al final, se molestó porque, bueno, me llevaba algunos libros. Y parece que no importaba que los devolviera luego, a él simplemente no le gustaba. Un tipo más amargado. Con los empleados, vaya que lo era. ¿Y la paga? Una mierda.

»Lo bueno—
añadió, con una taimada sonrisa—. Es que me quedé con algunos libros, y él nunca lo supo, nunca lo sabrá. Algún buen recuerdo tenía que llevarme, ¿verdad?

Evans, durante la caminata, sólo se dejaba llevar, ¿sabes? Hacia donde lo llevaran sus pies. Le gustaba eso, caminar sin rumbo aparente, distraído. De pronto, fue a reparar, otra vez, en el violín que colgaba del hombre en ella, con un renovado interés.

—Oye—Le tocó el brazo, deteniéndose en el lugar. Estaban en una esquina—. ¿Por qué no tocas algo? Sí, aquí. En la calle. Puedes perfectamente pasar por un músico callejero. Te diré algo, yo pondré la gorra—dijo, utilizando una expresión. No porque tuviera realmente una gorra. Fácilmente podía hacer aparecer una latita de la nada, para las monedas—. Y si resulta que eres buena… Yo invito la pizza.

No había dudas. Le estaba diciendo que mendigara por unas monedas. Y descaradamente hablaba de pagar él mismo la cena, cuando aquello bien podía llamarse explotación.

—¿Qué?, ¿eres tímida?

Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Sáb Feb 22, 2020 11:26 pm

Let The Bell Ring. Part. II
El ritmo relajado de sus pasos es contagioso, la hace moverse a ella sin dilación, pero tampoco sin prisas, con las manos cómodamente apoyadas en la correa que lleva al hombro, sintiendo el peso del violín, que entre los pasos golpea su espalda en medio del suave bamboleo, y a medida que le deja ir y seguir en su charla, notando las formas, primero calmas, luego animadas con las que se va, poco a poco sumergiendo en sus historias; trozos de relatos, de recuerdos y fragmentos de pensamiento que se intercalan con la risa fácil y fluida, y con las miradas que cada poco siguen a Dager, que no se queda quieto y que va de aquí para allá, ladrando a algunos transeúntes, oliendo algunas otras cosas, y mientras se desvía de un lado para el otro, como una flecha sin rumbo definido.

Y a cambio de las palabras ajenas, Tessa va sonriendo, notando como el pulso se relaja a su lado. Dejarse ir es fácil cuando está con él; solo sonreír y perderse en los silencios tranquilos, en las palabras calmas de entonación apenas alzada por causa de la emoción. Ella le escucha riendo, alzando las cejas en los momentos precisos y mientras la nieve cae en torno a ellos, siguiendo de cerca sus pasos y remarcando los cabellos oscuros que contra el blanco níveo de los copos parece resaltar de forma viva.
Tiene él incluso las mejillas algo coloreadas por causa del frío, con la punta de la nariz solo un poco roja… y al alzar el rostro ella le mira, en ese momento en el que él también le mira, y ambos sonríen, como si tuviesen un secreto guardado entre ambos que creen, el otro no conoce.
A cambio de sus palabras, ella escucha las divagaciones de él. No ha comentado nada sobre los libros que le ha mencionado, aunque sí afirma haberse robado algunos, cosa que en cierto sentido, le llama un poco la atención, aunque no le causa incomodidad alguna.

-Eres entonces un ladrón de libros. Un recolector de historias. – afirma, y ríe ante su pequeña historia sobre la librería, el jefe cascarrabias y demás.
A cambio de aquella caminata relajada y en apariencia aleatoria, ella le ha ido guiando hasta la pizzería, que vislumbra al final del camino y que se dibuja con cálidas luces de dorado que contra la noche parecen destellar, como una hoguera que los llama. Tessa se abraza el cuerpo mientras le oye hablar sobe baños lunares y al tiempo que él la detiene, instándola a ser un poco impulsiva y a solo tocar ahí y ahora. Solo porque sí.

Una sonrisa se dibuja entonces sin disimulo en sus labios. Primero subiendo con incredulidad, y luego alzada en la ceja. Le parece gracioso el hecho de que él le pida tocar de tan imprevisto, y solo por unas monedas que en verdad, no necesitan.
O más bien, parece ser todo un reto, como si quisiera medir qué tan impulsiva puede ser ella. Si después de todo, se puede solo dejar llevar por el momento.

Con un encogimiento de hombros que le resta importancia al asunto y aquella sonrisa tan relajada prendada en la boca, Tessa se quita entonces el estuche del violín del hombro y se agacha contra una pared, apoyando el cuero negro contra la acera y al tiempo que abre con cuidado los él contrachapado dorado que sede con un suave “clic”. Ella se toma su tiempo, porque con la música siempre se toma su tiempo, y saca el violín del estuche  casi con reverencia, tomando la superficie lisa y barnizada con adoración entre los dedos desnudos y al tiempo que lo alza, como si de un bebé se tratara.
Coloca el estuche frente a sí misma abierto y al tiempo que las personas pasan en su ir y venir tranquilo. Solo un par o dos de ojos le miran, pero nadie se detiene. Tessa, a cambio no les mira, sino que tan solo se limita a revisar su violín, asegurándose de que esté afinado y de que básicamente, se encuentre todo en orden.

- Lo bueno de los músicos es que siempre llevamos nuestro “gorro de las limosnas” con nosotros. – dice al tiempo de apuntar con el mentón al estuche abierto, y mientras se acomoda el violín al hombro y contra el mentón.
Toca un par de notas sueltas con cuidado, afinando los compases casi con pereza y deteniéndose antes de comenzar a tocar para mirar a un Evans que parece no poder disimular la curiosidad.
Y mientras lo mira se pregunta si su curiosidad es equiparable con su paciencia. Algo le dice que no posee él mucha paciencia, y que un día debería de probar hasta dónde llega esta, solo por el placer de verle desesperar.
- Entonces.- comienza divertida y antes de empezar a tocar. – Si toco bien, si soy buena, invitas la cena, ¿Cierto?- alza una ceja y le mira con interés. –Pero, ¿Qué es “ser buena”?-
Sus dedos se mueven entonces sobre el violín, al tiempo que ella inspira lento, presionando los compases con cuidado y permitiendo que una melodía de solo tres notas brote del instrumento en un sonido que siempre le hace pensar en “triste”.
Tessa deja ir los dedos, pasando de la tristeza a la melancolía en una tonada lenta y suave que hace que las personas poco a poco se detengan y mientras ella se acompasa al sonido. Dos o tres personas lanzan monedas solitarias al estuche abierto antes de que ella se detenga en lo que sería el final de una cancioncilla nostálgica y apresurada.
-¿Ser buena significa tocar bien?, ¿Qué necesito para cumplir con tus estándares?, ¿Tocar una pieza lenta… O una rápida?-
Y a cambio de sus palabras, sus dedos se vuelven a mover, esta vez con prisas, en lo que sería una giga callejera que pronto llena con su vibración aquel pequeño trozo del mundo. Esta vez, por causa de la animada melodía son más las personas que se detienen, contemplando por un momento a la chica, aquella señorita morena de tranquila sonrisa cuyos dedos rápidos producen emociones que logran curvar los labios de los transeúntes, y mientras dejan caer un pequeño grupo de monedas mucho más abundante.
Y ella se deja llevar, moviendo los dedos con presteza, pasando de un ritmo en la melodía al otro, mirando de vez en vez a Evans con interés, una ceja alzada, los labios curvados y al tiempo que una chiquilla deja caer una pesa moneda que le ha dado su madre mientras ríe.
Los distintos metales tintinean los unos contra los otros cuando ella, luego de minutos que se pueden contar como largo o corto se detiene. Un pequeño coro de aplausos las recibe, y Tessa hace una sencilla reverencia a modo de agradecimiento, sonrisa en los labios y mientras la multitud sigue sus caminos. Ella, por su parte, mira en cambio a Evans con interés, colocándose de forma estratégica entre este y el estuche abierto con las monedas.

-Entonces, señor, me tiene que decir: ¿Qué melodía tengo que tocar para que me digas, soy buena con el violín?-

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Lun Feb 24, 2020 12:43 am

Let The Bell Ring

«Eres entonces…».

Un ladrón, punto. Evans se atoró con una risita, porque lo de «recolector de historias» sonaba raro y hasta gracioso, ¿sabes? Se sonrió al vuelo, comprendiendo que la manera en que Tessa se expresaba empezaba a colársele por debajo de la piel, en un buen sentido. Consideró que, después de todo, no le faltaba razón.

—Fuerte acusación, esa—
exclamó, fingiéndose ofendido—. ¡Y cuán cierto!—continuó exagerando la voz, provocando una cómica contradicción entre el sentido de sus palabras y su reacción. La miró, sonriendo—. Pero tú me cubres la espalda, ¿verdad?

Evans no se había dado cuenta de que Tessa dirigía, pero caminaba embalado, y si fuera por él, llegarían hasta Stotengenge caminando antes de que se diera cuenta de que no iba hacia ninguna dirección.

Cuando se detuvo, lo hizo movido por una ocurrencia, sin siquiera reparar en la pizzería al fondo. En el instante en que salió con la idea de la música callejera, entre él y Tessa surgió un breve intercambio de cejas, y fue casi como mirarse al espejo.

—¡Ese es el espíritu!

Exclamó por fin, viéndola descolgarse el estuche del hombro. Mientras ella se preparaba, Evans se sentó junto a ella y su “gorra de las limosnas” subido a un escalón que daba a una tienda cerrada. Dager se abalanzó sobre él, buscando en sus brazos el calor y los mimos de su dueño.

—Dalo por hecho—
aseguró, levantando la barbilla con interés. A su pregunta, él resopló por la boca encogiéndose de hombros—. Que… Tú… ¡Puedes juntar el valor de una pizza!

Sí, eso, seguro que eran los altos estándares de toda academia de arte, que sus músicos supieran tocar por el valor de una pizza. Si lo decías con la confianza de Evans Mitchell, llegabas a convencerte de por vida, sin ninguna duda.

Se estaba frotando las manos, sonriéndose de lo chistoso que era, cuando Tessa empezó a tocar, y entonces enmudeció con una entrañable y reservada expresión en la cara que se guardó para sí, mientras que Dager movía la cola. El violín le robó un instante de sorpresa, y fue hasta una lástima interrumpir.

—¿Por qué quieres poner triste a toda esta gente?—
reprochó, divertido— ¿Sabes? Usualmente, si tocas bien, digo, algo más alegre…

Obtenías más propina, por supuesto. Se interrumpió al final de la frase, pero el tono que empleaba al hablar se expresó por sí solo, acabando la oración. Se percató de algo que le hizo gracia, y es que, al tropezar con sus propias palabras, su inconsciente lo había traicionado: lo de “tocas bien” cuando lo que había querido decir era “si tocas algo alegre” era porque, de hecho, pensaba que tocaba bien.

Tessa, sin embargo, preguntaba sobre sus estándares —cuando lo de la pizza bien tenía que haberlo dejado claro, ¿verdad?—. A lo que Evans simplemente negó sin saber qué decir, o mejor dicho, interrumpido por una nueva canción. Le gustaba cómo ella se plegaba a las notas con tanta espontaneidad, como si tocar le fuera tan natural como respirar. Jugaba con las notas, y lo disfrutaba.

—¡Eso!, ¡eso es definitivamente…!, ¡mucho mejor!...—
Evans se distrajo con un señor que dejaba caer un billete— ¡Oh, gracias!

Evans se convirtió en el administrador oficial de las cordialidades durante la canción, mostrando qué tan comprador podía ser con una sonrisa cuando lo que se proponía era meterse en tu bolsillo. Tenía que contener a Dager para que no ladrara y espantara a los que se acercaban, pero Dager supo portarse finalmente como un buen perro.

Evans solía mirar a los músicos callejeros, ¿ok?, como una cosa triste que se acumulan en una esquina como la mugre, pero con Tessa fue diferente. Un que otro transeúnte ponía un alto en su camino, y miraba. Había una nena que había hecho detener a su mamá y se entusiasmaba y señalaba cómo “la chica” tocaba. Al finalizar la canción, hubo una seguidilla de aplausos, y Evans los secundó.

—Oh, sólo mira—
dijo, mientras Tessa se acuclillaba a contar el dinero. Él la miraba, o bien, lo cierto es que chequeaba las ganancias—. Nos han pagado la pizza. Esta que sí que es buena gente, ¿verdad? Al final, no lo hiciste tan mal.

«Entonces, señor, me tiene que decir: ¿Qué melodía tengo que tocar para que me digas, soy buena con el violín?»

—¿Pero qué dices? Tú tocas fenomenal—
soltó, con total franqueza—. Pero eso ya lo sabes. Mírate, estás tan preparada para fanfarronearte y todo. Hay gente que consideraría que es una fea actitud, ¿sabes? Tan poca modestia. Yo pienso, que se jodan—añadió, en complicidad—. Si quieres lucirte, ¿por qué no? Pero no me lo arrojes por toda la cara. No todos somos tan talentosos, fanfarrona. Te tiran unas monedas y mira cómo te pones.

Entre que hablaban, la nena se acercó queriendo hablar con Tessa y lo mucho que le había gustado oírla tocar.  

Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Mar Feb 25, 2020 6:53 pm

Let The Bell Ring. Part. II
Sus palabras logran que de forma natural se dibuje en sus labios una sonrisa genuina de satisfacción, que de hecho podría pasar por complacencia; más no lo es, o cuando menos, no por lo que él insinúa. De hecho, lo que la hace sonreír es en sí, la reacción de él, que con el brillo tan característico en los ojos la mira, ya no con cierta distancia displicente dibujada en los gestos y en la mirada, sino con auténtica cercanía, como si la escena, la música en sí misma poseyera la capacidad de haber saltado una brecha que hasta entonces, ninguno de los dos había cruzado.
Y sí, igualmente se sigue metiendo con ella; lo hace con la misma facilidad con la que respira, pero sus bromas han cobrado otro matiz, uno más cercano, más cálido, puede que incluso más íntimo, más personal.
Al tiempo de oírlo Tessa se sonríe como boba, y guarda el violín dentro del estuche mientras sujeta el dinero con una mano, dando las gracias a la pequeña que le habla con una sonrisa y olvidando por un momento a Evans. La niña, de grandes ojos claros y cabellos rubios se despide con una manita pequeña y llena de hoyuelos antes de correr con su madre, y al tiempo que Tessa se pone de pie.

En efecto, las propinas han sido suficientes como para pagar la cena de ambos. Suficiente para pedir entrada, dos pizzas enormes con todo, bebidas e incluso postre, y cree Tessa que les podría sobrar algo de dinero. No piensa, sin embargo, darle a Evans el gusto, ya que se supone, y eso no lo olvida, que por algo le ha puesto él ese nombre a su lechuza. En cambio le mira, divertida, con las mejillas ligeramente roja, tal como la nariz, y se sonríe ante su comentario.

-¡Ah, no! ¡Ellos no nos han pagado nada! Tú dijiste que la cena iba por tu cuenta si yo demostraba que era buena con el violín. Pues bien, lo he demostrado: Ahora quiero que cumplas, y me invites a cenar– le comenta, jocosa y acercándose a su lado, guardando el dinero dentro del abrigo y al tiempo que se guinda la correa del estuche nuevamente contra el hombro.
Se acerca a él lo suficiente como para rodearle el brazo con las propias manos, tal como hacían antes, al patinar, y le mira divertida, cuidando con el perfil de su mirada a Dager, que cuida celosamente a su amo. Tessa no es mucho más baja que el moreno, pero la diferencia se nota, y más cuando uno se pone justo al lado del otro, tal como ahora. Si por ejemplo, ella quisiera llegar a su rostro, tendría que ponerse de puntillas, o bien, él inclinarse.
Todo esto ella lo pensaba de forma secundaria al flujo continuo de sus ideas, pero lo veía en aquel momento de intercambiar miradas cómplices, de buscar en él una sonrisa que devolvía con facilidad.

Sus pies se movieron solos, guiando una vez más el camino, de forma lenta y al tiempo que sus dedos se mantenían firmes y calmos contra el abrigo de él.

-Que se jodan- corroboró con tono jocoso, un solo asentimiento de su rostro y mientras miraba al frente, con los labios curvados y marcados en hoyuelos sobre las mejillas. Su humor era evidentemente bueno. -Todos tenemos derecho a ser engreídos con algo en particular, pienso yo. Lo mío es la música, y no voy a negar que soy buena en ello. – se encoge de hombros, pero luego alza una ceja y le mira con interés, retratando en el brillo de la mirada una picardía que en los orbes, no se puede ocultar. –Ahora bien, lo que me gustaría saber es: ¿Qué es eso en lo que eres tan bueno que podrías presumir?- dice, intrigada y buscando saber un poco más de él.
Con todo, su pregunta queda a medias, tendida en el aire, en medio de ellos dos y al tiempo que llegan a la pizzería. Ella le suelta por un momento, pues un grito de reconocimiento marcado por un acento fuerte e indudablemente italiano, la recibe.

El restaurante es pequeño, tiene paredes de ladrillo y cuadros que enmarcan fotos viejas, que hablan de tradición, de familia y de viajes. Lo rostros sonrientes se mueven cuando pasas frente a ellos y desde otros tiempos, te saludan.
El dueño, aquel hombre que ha recibido a la chica con un agradable ”¡Tessa!” a modo de saludo es un señor que debe rondar los cincuenta, con el cabello negro salpicado de blanco. Tiene ojos oscuros y amables, la piel bronceada por el sol de la toscana y una barba cuidada con un gracioso bigote sobre los labios. Es alto, delgado y fuerte de brazos, y la recibe con un abrazo y un repaso a Evans que termina en un saludo igual de amable y en un apretón de manos.

La conversación entre ambos no dura más de dos o tres minutos, porque algo debe decir al hombre lo evidente: Que ella está en una cita, por lo que les guía hasta una mesa apartada y cómoda que tiene vistas a la calle concurrida y al tiempo que promete volver pronto con algunos aperitivos. No ha dejado a Tessa ordenar,  y ella tampoco lo ha intentado, con lo que queda claro la confidencia de que ella es un cliente frecuente, y de que suele comer lo que el chef recomiende.
Por ello, relajada y con el mentón apoyado en una mano es que mira a Evans, con la sonrisa perdida en los ojos y la curiosidad pintada en la boca.

-Entonces- prosigue, retomando el tema-¿En qué eres tan bueno como para presumir de ello?-

Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Evans Mitchell el Jue Feb 27, 2020 4:40 am

Let The Bell Ring


«Ahora quiero que cumplas, y me invites a cenar», Evans respondió a esa “acusación” alzando una ceja y una sonrisa de por medio. ¿Él había dicho eso? Sí, mierda, fíjate que sí que lo había dicho. Él decía tantas cosas, y la gente a veces se lo tomaba tan en serio, qué maldita manía.

«Todos tenemos derecho a ser engreídos…».

—Tú lo has dicho—dijo, manifestando su aprobación. La pregunta sobre él lo movió a risa. Y añadió, jocoso y arrogante—. Oh, bueno, ¿por dónde empezar…?

Evans se vio a sí mismo abriendo para ella la puerta de un restaurante antes de darse cuenta de que, dos cosas: primero, habían caído en la pizzería de la que ella tanto le había mencionado antes; y segundo, que les gritaban. Bueno, no un grito a la bestia, pero un llamado cargado con toda la efusividad. Y a menos que su nombre fuera “Tessa”, lo indudable era que la habían reconocido a ella, Tess.

Se topó entonces con un hombre vibrante y canoso que le dedicó una curiosa mirada y un caluroso saludo antes de guiarlos a través del local hacia una de las mesas al fondo, en un exterior decorado de luces mientras que Dager los seguía de cerca olfateando el aire con interés. Tenía que ser el dueño, y lo primero que a Evans se le vino a la cabeza fue que, si jugaba bien sus cartas y se mostraba todo simpático hasta le daban gratis la cena, ¿por qué no? Las maneras sobradamente afectuosas con que se dirigía a Tessa no hacían más que alentarlo en sus pensamientos.

Tomando asiento, Evans le rascó la cabeza a Dager, que fue a acariciarse contra sus piernas bajo la mesa. El sitio estaba muy bien, ¿sabes? Guirnaldas de luces decoraban las paredes, y no llegabas a sentir el encierro porque, además de tratarse de un patio muy amplio, de un lado las rejas cubiertas de enredaderas te dejaban entrever la vida de la calle.

—¿Eh?—Levantó la mirada, distraído. Pero atendió a la pregunta, y respondió—: Bueno, entre mis muchas y varias habilidades—recalcó, con un cómico deje de importancia y arrimándose a la mesa—, resulta que solía ser muy bueno en duelos, ¿sabes?

Mientras se disponía a hablar, acomodaba el salero y las servilletas en la mesa, enfrentándolas entre sí, sólo moviéndolas, ocupándose con las manos.

—Duelos de varita, quiero decir. Creéme, tú no podrías conmigo. Era el mejor, y en Hogwarts, muchos de los mayores me odiaban porque ellos, ellos simplemente no podían conmigo. Al final, en quinto año me terminaron echando del club de duelo—En ese punto, se encogió de hombros—. Puede que el profesor haya mencionado algo sobre “hacer trampa”, pero. Era tan quisquilloso ese viejo. Y bueno, yo no necesitaba del club de todos modos. Hacíamos duelos clandestinos en Hogsemeade. Apostábamos. Me llené los bolsillos. Así de bueno era.

Evans rememoró Hogwarts con un tinte de nostalgia. La verdad, era de lo único que le gustaba fanfarronear. O al menos, algo sobre lo que fanfarroneaba cuando realmente había sido bueno en ello, porque por lo demás, él se tenía en muy alto autoestima sin importar cuál fuera el asunto, fuera verdad o no.

—Pero hay algo más—añadió, y le hizo una seña con la mano para que se acercara. Se encorvó sobre la mesa, como si fuera a susurrarle algo en mutua complicidad y, en ese momento, estiró el brazo hacia Tessa y le acomodó el cabello detrás de la oreja. Al instante, le mostró una moneda, aparecida “por arte de magia”. Y añadió—: Los trucos muggles.

Depositó la moneda entre ellos y retrocedió volviendo a su lugar. Sonreía. Tamborileó con los dedos sobre el borde de la mesa. Se quedó prendido de Tessa.

—Es una de las tuyas. De tu limosna—
aclaró, delatando su pequeño robo—. No es mi culpa si no eres cuidadosa. ¿Sabes? El secreto de cualquier truco, es ser más rápido que los ojos—dijo, con profundo aire de misterio, y a lo último, le dedicó un guiño.

Seguidamente, cambió de actitud y se cruzó de brazos sobre la mesa, manifestando interés y sobrada curiosidad.

—Entonces, ¿cuál es la historia? ¿Eres la hija pérdida o algo…?—
preguntó, en una clara referencia a la calurosa bienvenida del dueño del lugar—. ¿El viejo me dará “la charla” esta noche?
Emme


Evans Mitchell
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 VGl3uS3
RP : 8
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Universitario
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 67.450
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 624
Puntos : 463
https://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellUniversitarios

Tessa A. Windsor el Mar Mar 03, 2020 11:01 pm

Let The Bell Ring. Part. II
El hablar sobre “egos” pareció ser suficiente como para que el ego del mismo Evans se alzara, y entonces sí: Con un brillo de diversión en el rostro comenzó a contarle cómo era el mejor duelista de todo Hogwarts, aunque parecía ser un poco por trampas, pero no importaba; él relataba los hechos con diversión, algo de anhelo incluso, y Tessa le escuchaba, divertida y entretenida a partes iguales y al tiempo que apoyaba el mentón en una de las palmas. Sonreía cuando él afirmaba algo con suficiente euforia y asentía, sin comentar nada al respecto y dejando que él presumiera sobre cómo podría ganarle un duelo con facilidad.
De hecho, no era algo en lo que ella estuviese especialmente interesada en afincarse. Se le daba bien la materia, y era de por sí una persona competitiva, pero no le llamaba la atención batirse en duelo con él. Más allá de ello, e incluso llegando al tema, veía lo mucho que a él le emocionaba presumirse tan indudablemente bueno en algo, y no pensaba quitarle esa ilusión solo por llevarle la contraria, o por tratar de probar con palabras si uno podría o no vencer al otro.

En cambio, se concentraba en la fácil, efusiva felicidad del joven, que iba hablando con su acento fluido y relajado al tiempo de hacer pequeñas mímicas con las manos, mientras, entre los pies, un compenetrado Dager iba moviendo la cola entre una y otra oración, como si admirase, aun sin entender plenamente, todo lo que su dueño iba diciendo; todo lo que a él le hacía feliz.
A cambio, la misma Tessa se iba haciendo sus propias ideas sobre Evans; comprendiendo los matices que lo conformaban. Parecía él ser de grandes luces, de curiosas sombras y de marcados contrastes. Una parte de él se mostraba indignada ante el maltrato que podría darse entre otras especies, como era el caso de los animales, pero a cambio, le gustaba cazar; se quejaba de algunas cosas, como de su viejo jefe, pero afirmaba sin complejos y como si no fuese la gran cosa haber robado un par de libros. Le enseñaba de forma visible sus talentos, presumiendo  de pequeños y grandes rasgos que sentían, eran parte importante de sí mismo y sin llegar a caer realmente en el tema de “esto es bueno, o malo”; sencillamente parecía ser y estar cómodo consigo mismo, con quien era y con cómo se mostraba, sin creer mucho en esos estigmas que marcan una conducta como apropiada, o impropia.
Mismamente, al ellos conocerse él se había presentado a través de una broma un poco pesada hacia su compañero, quien al parecer demostraba un mismo interés en la chica en la que él había puesto el ojo. Evans se movía entre los matices con la facilidad de un niño que salta en medio de la calle, evitando pisar las grietas que sobre el asfalto se dibujaban. Era la misma inocencia de la travesura infantil, el mismo desliz que pecaba en esa incertidumbre que al final de cada historia te hacía preguntarte si realmente eran sus acciones buenas, malas, o sencillamente una mezcla entre ambas. O quizás ninguna. Y él parecía saberlo. Con seguridad y muy probablemente por aquello se sonreía siempre de esa manera: Con un brillo de picardía en la mirada y las comisuras de los labios curvadas hasta el punto de marcar los hoyuelos en las mejillas.

Evans hacia que Tessa se preguntase si realmente tales límites existían, pero lo cierto es que no se lo preguntaba de una forma demasiado intensa, o bien frecuente. Disfrutaba de su compañía, del timbre de su voz, de las comisuras ladeadas en sonrisa y de la forma en que sus dedos, o bien sus ojos, en uno que otro momento iban siempre a parar en Dager, a quien no dejaba de vigilar de perfil cada poco tiempo, sin apartar por demasiado la atención del canino.
Eso no le impedía, sin embargo, tener sus pequeños encuentros con ella. La manera en que sus dedos rozaron la parte trasera de su oreja al momento de acariciarla para acomodar el cabello y mostrarle la moneda hizo que a la morena se le erizara la piel por causa de un agradable escalofrío que la hizo removerse un poco. Ella le miró, ligeramente sorprendida, divertida sin lugar a dudas y anotando mentalmente otro matiz que se sumaba a la personalidad de él.

-Con que eres todo un ladrón. Digo, un mago- dijo al tiempo de alzar una ceja, y preguntándose en qué momento le había quitado las monedas. Ella había notado el brillo de interés que él tenía al mirar el pequeño botín que con la melodía ella había recolectado, pero realmente no se imaginó que podría quitarle algunas monedas. Tampoco conseguía encontrar el momento en el cuál hubiese podido efectuar el hurto.
De modo tal que aquella incógnita se sumaba al restante de las interrogantes que para él se guardaba, y junto a la pregunta de si la habría tocado solo para demostrarse hábil con los trucos, o por algo más, se anexaba. Por ello, Tessa le veía con interés, tratando de restarle importancia al asunto con la expresión de su rostro, pero con un mar de diatribas que flotaban en su cabeza.
-¿Qué fue exactamente lo que te hizo interesarte en los trucos muggles?- preguntó al tiempo que un camarero les llevaba dos bebidas frías que ellos no habían pedido, junto con una orden de palitos de pan caliente que olían a parmesano y orégano. Tessa sonrió, agradecida y tomó uno al tiempo de mirar a Evans, entretenida con su presencia y masticando despacio la masa crocante al tiempo de escucharle.
Se topó, sin embargo, con su pregunta en el camino, y la última nota de interrogación que hizo logró sacarle una sonrisa que duró una larga fracción de segundo. Tessa se dio el tiempo de terminar de masticar y de tomar un pequeño trago de té frío antes de responderle.
-He venido a este sitio desde hace algún tiempo. La verdad ni recuerdo cómo lo descubrí, pero son todos personas muy agradables y cocinan maravillosamente bien, así que pronto me volví una cliente asidua. Un día, al venir con uno amigos a comer, el hijo del dueño comenzó a ahogarse y se armó un pequeño revuelo. Le brindé los primeros auxilios y le quité el trozo de pan que le obstruía la garganta, y desde entonces su Tata me tiene en mucha estima. Domenico, que es el dueño, el señor que has visto al llegar, siempre me recibe con una gran sonrisa, y hace unos meses comencé a darle clases de música a su hijo, lo que les hizo tomarme más cariño…- un encogimiento de hombros y un guiño le siguieron a sus palabras al tiempo que tomaba otro palito de pan. –Es algo así como que soy parte de la familia. Así que puede que te haya traído para impresionarte. Tú sabes. Nada se gana a las personas como tener un contacto que te dé las pizzas gratis, ¿No crees?-



Emme
Tessa A. Windsor
Imagen Personalizada : Priv. » Let The Bell Ring  - Página 2 5f26bd2e8313a60092178bfa98762f19
RP : 8
PB : Kaya Scodelario
Edad del pj : 20
Ocupación : ---
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 3.300
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : ---
RP Adicional : ---
Mensajes : 18
Puntos : 15
https://www.expectopatronum-rpg.com/t6973-theresa-tessa-a-windsor https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/ https://www.expectopatronum-rpg.com/
Tessa A. WindsorUniversitarios

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 3. Precedente  1, 2, 3  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.