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We need to do something [Gwen&Dorcas]

Dorcas Meadowes el Dom Abr 26, 2020 11:52 pm

We need to do something [Gwen&Dorcas] AqDLtSX
Zona segura de fugitivos |Sede Orden del fénix | Domingo 26 de abril|Horario: 10am| Vestimenta

El caos reinaba en la sala, la mayoría de los presentes parecía competir en ver quién tenía la voz más fuerte o la opinión más certera,  lo que terminaba produciendo un ruido bastante molesto y poco entendible. Desear escuchar al otro resultaba casi imposible. Dorcas por su parte se encontraba en silencio, en momentos así a diferencia de muchos que estaban a su lado, la ex hufflepuff prefería pensar en calma, observar desde una gran perspectiva los hechos y ahí poder pensar en una idea.

Miró el reloj y vió como el rostro de Dumbledore aún se encontraba en la opción "Viaje", suspiró y bajó la cabeza algo agotada. No era desconocido que tanto para el mundo muggle como mágico estos últimos meses no habían sido para nada fáciles, una pandemia había azotado a la población trayendo consigo muchas muertes a nivel mundial generando un caos generalizado. Afortunadamente en el refugio al comienzo se levantaron efectivos protocolos que hicieron que el virus no avanzara, teniendo solo un par de casos aislados de familiares muggles que tras ciertos cuidados lograron recuperarse.

Lo terrible vino después, cuando el diario mágico "El profeta" publica una noticia de título: El covid-19 no afecta a magos. Ese simple hecho desencadenó en el refugio una seguidilla de problemas. Durante todos estos años tanto la Orden como fugitivos del refugio han trabajado arduamente para generar un ambiente de cariño, respeto y confianza. Pero como siempre, como en todas las familias, era inevitable no tener a personas con menos empatía y cuidado hacia los demás. Es por eso que cuando esa noticia salió a la luz, muchos fugitivos que habían estado haciendo cuarentena en el refugio siguiendo estrictamente los protocolos, comenzaron a salir para ir a visitar a sus demás familiares, olvidando por completo el apartado final de la noticia que señalaba que pese a no afectarles el virus, sí podían ser portadores.

A las dos semanas no solo se había duplicado el número de familiares muggles infectados sino que ya contaban con la muerte de un hombre mayor. Y a medida que pasaban las semanas no hacía más que subir el número de infectados. Se intentó volver a implantar los protocolos y al ver la gravedad todos tomaron conciencia enseguida dejando las salidas, pero la fuga había sido tan grande que ahora simplemente no podían detenerlo.  

Hoy, como ya era costumbre de hace unas semanas se reunían miembros, aspirantes a la Orden y algunos fugitivos sanadores y doctores del refugio para discutir sobre el panorama y elevar una vez más un nuevo plan de contingencia. Aún faltaban dos minutos para la hora acordada pero pareciera que algunos habían decidio llegar antes y empezar entre ellos la discusión.

La puerta se abrió y como cada vez que eso sucedía, todos miraban hacia ella, a ver si llegaba Dumbledore y por fin podía dar por comenzada la reunión, al parecer aquel día había mucho de qué hablar.  Era Gwendoline, la rubia no tardó en levantarse de su asiento, saludarla con su mano y mostrarle que le había guardado  una silla a su lado, o mejor dicho a la distancia social recomendable para estos días, mientras que el resto después de dedicarle un fugaz saludo siguieron en lo suyo. Frenó el impulso que sentía de abrazarla cuando llegó a su lado.

Querida, Gwen.— le saludó calidamente, sonreía pero por la mascarilla no se podía apreciar. — ¿Cómo has estado? ¿Cómo va todo por allá afuera?— le preguntó, clavando sus grandes ojos en los de la castaña. — Acá las cosas no están muy bien, ayer dos personas más entraron a cuidados intensivo por tener riesgo vital, y al parecer en la noche se sumó una más, he ahí el porqué de este alboroto.— le señaló junto a una mueca.

¿Alguien puede llamar a Dumbledore? Ya es la hora y aún no ha llegado, hoy más que nunca necesitamos ser eficientes.— señaló encarecidamente Juliane Polastri, una de las la líderes del cuerpo de médicos y sanadores del refugio.

Dumbledore no podrá venir.— le respondió  Fiona Hamelton, una de las moderadoras a cargo de las reuniones tras entrar. La sala se quedó en completo silencio, todas las miradas dirigidas a la maga, asombradas.

 ¿Qué? ¿No vendrá? ¿Por qué?.—  preguntó incrédula la sanadora.

—  El profesor Dumbledore lamenta su ausencia, es consciente que hoy más que nunca necesitamos ser eficientes como bien ha señalado nuestra compañera, Polastri.— comenzó a decir, se veía agotada al igual que la mayoría de los asistentes.—Pero tuvo una reunión de último momento con algunos contactos  de fugitivos de otros países que no están tan afectados por el virus, y ver si puede conseguir allí algo de....

¿Y qué es lo que han dicho? — preguntó Julie, saltando de su silla esperanzada.

—  Todavía no tenemos respuesta, pero al parecer nos ayudaran con máquinarias,pero no con personal de salud por miedo a tener un alza en sus infectados. Aún así el profesor Dumbledore está haciendo todo lo posible para qu....

¿Y los contactos que tenía en San Mungo, le han respondido? habían dich...

¡Polastri!—Fiona la interrumpió alzando su voz para llamar su atención.— Sé que necesitas información con urgencia pero te recuerdo que todos también tenemos nuestras dudas y opiniones, y por protocolo hemos acordado en levantar nuestras manos para pedir la palabra, y por respeto a todos te pido que tu también lo hagas, gracias.— le señaló de manera muy diplomática.

Julie levantó la mano y comenzó a hablar sin tener una respuesta—  ¡Vale, sigamos los protocolos! ¡Vale, sigamos hablando acá mientras allá afuera el virus sigue infectando a los muggles del refugio.  Cada vez son más infectados, se nos puede morir más gente y necesitamos ayuda. Agradezco que  Dumbledore está ahora tratando de conseguir más ayuda y que ya se haya conseguido maquinarias. De verdad, de todo corazón, pero no me es suficiente. Necesitamos más insumos, necesitamos más manos, a más personas, ahora, no cuando los del extranjero o los traidores de San Mungo se decidan querer ayudarnos. Solo eso he venido a decir eso, porque mi equipo, yo y ojalá algunas personas de acá, debemos volver con los enfermos. Ya no me importa que sea del área de la salud, solo pido que no sea un gilipollas y traiga más problemas de los que ya tenemos. — miró al resto de los presentes.— ¿Algún voluntario?

JULIANE POLASTRI:

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FIONA HAMELTON:

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Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Gwendoline Edevane el Lun Abr 27, 2020 3:47 pm

El presente año 2020 sería recordado, posiblemente, como el peor de la sociedad moderna. Una sociedad frágil que había visto cómo todos sus cimientos se tambaleaban ante un enemigo invisible al que no siquiera habían podido presentar batalla de manera adecuada.

La noticia de que los magos eran inmunes a dicho virus había sido un grandísimo alivio para unos, y una especie de broma retorcida para otros. Gwendoline se encontraba entre los segundos, habiendo tenido que perder el contacto con muchísimas personas a las que apreciaba por seguridad: teniendo en cuenta su contacto regular con magos, y aún teniendo en cuenta la falta de pruebas diagnósticas que lo confirmaran, suponía que ella ya sería portadora del dichoso coronavirus.

Preocupada como estaba por la situación actual, Gwendoline había hecho algo que no hacía desde hacía años: telefonear a sus abuelos maternos. Eran muggles, y había perdido el contacto con ellos poco antes de que su madre fuera encarcelada. Sin embargo, se había sentido en la necesidad de llamarles.

—Hola, abuela. —Había esbozado una leve sonrisa, sentada al borde de la cama que compartía con Sam, con el teléfono móvil en la oreja—. Siento haber estado desaparecida.

—¿Gwendoline? —preguntó, sorprendida, Dinah Amery. Su voz sonaba cansada a la par que sorprendida—. ¡Eres tú, Gwendoline! ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Y tu madre?

Gwendoline no había tenido fuerzas para decirle lo que le había pasado a Lamia Amery, y había mentido: para ellos, su hija había aceptado un empleo en el extranjero y trabajaba tanto que no tenía tiempo para nada. Después se pusieron al día con respecto a todo lo demás: les contó cómo iba su trabajo, cómo había decidido volver a estudiar… Todo culminó con una promesa de visitarlos a ella y al abuelo en cuanto pudiera.

—Tienes que prometerme que os cuidaréis —le pidió Gwendoline a su abuela—. No salgáis a no ser que sea necesario, y haceos con mascarillas y guantes. Yo iré a veros en cuanto sepa que no os pongo en peligro, ¿de acuerdo?

Hablar con su abuela, una mujer que no había tenido para ella más que cariño y buenas intenciones, la hizo recordar los buenos tiempos pasados. También la hizo sentirse como una nieta horrible, habiendo dejado pasar tres años de incertidumbre sin ofrecerles a ella y a su abuelo una mísera pista de lo que estaba ocurriendo. El hecho de que ella no pareciera guardarle el más mínimo rencor, en cierto modo, lo hizo peor.


***
Domingo 26 de abril, 2020. 10:00 am
Sede de la Orden del Fénix
Atuendo

La clase de oclumancia de ese día con su abuela había tenido que concluir antes. La excusa que le ofreció a Astreia era bien distinta a la realidad, pues le había dicho que tenía mucho que estudiar para su carrera como sanadora. La actividad en el mundo mágico no se había detenido, a diferencia de lo que le había sucedido al mundo muggle, y la excusa coló.

Suerte que su abuela paterna había respetado, en su gran mayoría, la privacidad dentro de su mente.

El motivo real para dejar la clase inconclusa era una reunión de la Orden del Fénix. Quizás Gwendoline hubiera abandonado la investigación sobre el Juguetero tras la muerte de Savannah, pero no había podido dejar a un lado a la organización de fugitivos. Y menos mal, pues de haber dejado de colaborar con ellos en el aspecto medimágico, seguramente se habría vuelto completamente loca.

Llegó poco antes del inicio de la reunión, pero para su sorpresa, ya había muchas personas allí reunidas. Reinaba un silencio casi sepulcral, y de no ser por Dorcas, seguramente así habría seguido.

Saludó con la mano a la joven bruja, que se había convertido en su discípula durante el último año, y acudió enseguida a sentarse en el asiento que le había reservado. Guardaban distancia social por motivos de seguridad, aún a pesar del hecho de que los magos no contraían esa maldita enfermedad.

—Buenos días, Dorcas —le dijo nada más sentarse, dejando escapar un suspiro. La mascarilla, elemento al que había acabado por acostumbrarse, contuvo el flujo de aire desde su boca—. Supongo que no puedo quejarme, viendo el panorama que tenemos delante.

El virus había golpeado a los muggles cuya vida había dado un giro por culpa del purismo: familiares de fugitivos que tenían su residencia entre aquellas cuatro paredes, no era seguro dejarlos desprotegidos en el mundo exterior, donde los mortífagos podrían haberlos utilizado como peones en su guerra contra los traidores. ¿Quién les iba a decir que estaban metiéndolos en la boca del lobo al traerlos allí?

La reunión dio comienzo con un acalorado intercambio de ideas entre Polastri, sanadora del refugio, y Hamelton, quien hacía las veces de líder en aquellas reuniones. Dumbledore no estaba ni se le esperaba, y era normal que la gente esperara respuestas.

Polastri perdió los nervios, asegurando que había que actuar cuanto antes, y si bien Gwendoline estaba de acuerdo, también sabía ponerse en la situación de Hamelton: aquella mujer tenía una importante responsabilidad sobre sus hombros, pues en ausencia de Dumbledore, tenía que dirigir las cosas.

—Te ayudaré —dijo Gwendoline en cuanto la bruja pidió voluntarios—. Pero escuchemos a Fiona primero. Sé que no podemos permitirnos perder el tiempo, pero igual de perjudicial sería lanzarnos como pollos descabezados. Necesitamos un plan y un orden.

Vio la exasperación en el rostro de Polastri, pero decidió ignorarla. Hamelton, en cambio, asintió con la cabeza en su dirección, para luego dirigirse a toda la sala. Se cruzó de brazos y habló con firmeza.

—Se ha convertido en una prioridad para nosotros el encontrar una manera de reducir la carga viral en el refugio —explicó la bruja, paseando su mirada de unos a otros—. Nuestra sola presencia es perjudicial para los muggles, pues a estas alturas debemos asumir que todos nosotros somos portadores del virus. Dumbledore pretende dar con una manera fiable de comprobar si es cierto, pero mientras tanto poco podemos hacer al respecto. Así que debemos tratar los síntomas. ¿Alguna sugerencia?

Gwendoline había pensado en ello largo y tendido, y había salido de ese largo proceso con algunas ideas. Con motivo de comunicarlas, alzó la mano, y cuando Hamelton le dio la palabra, se puso en pie.

—Sugiero utilizar encantamientos de casco burbuja para crear zonas estancas con baja carga viral. Para ello, deberíamos cambiar a los enfermos de sitio, trasladándolos a otra ala del refugio. La limpiaremos bien, utilizando no sólo desinfectantes a base de sangre de dragón, si no también hechizos e incluso fuego, y crearemos los encantamientos pertinentes. Entonces, trasladaremos a los enfermos —explicó la morena, un tanto cohibida por las miradas de todos.

—¿Te parece una buena idea, Polastri? —preguntó Hamelton, volviendo la mirada en dirección a la sanadora.

Evidentemente, tenía más ideas, pero lo primero era lo primero: cambiar de lugar a los infectados, asegurar que el entorno en el que se encontraban estuviera libre de virus, y luego tratar sus síntomas. Si conseguían hacer esto, por lo menos, darían tiempo a sus sistemas inmunológicos para fortalecerse frente a la enfermedad.

Luego, evidentemente, tendrían que encontrar algún tipo de antiviral con que tratarlos.
Gwendoline Edevane
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