Situación Actual
7º a 10º
2 marzo ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

¿Qué buscas aquí, insensata? [Aileen Murakami]

Invitado el Mar Ago 26, 2014 2:31 am

Me adentré por los callejones hasta llegar al callejón Knockturn, ese lugar donde podías encontrar todo aquello que desearas, fuera bueno u oscuro, siempre y cuando supieras donde buscar.
Avancé por el callejón y al llegar a la tercera esquina giré a la derecha, metiéndome en un callejón oscuro y no menos que tenebroso a la par que repugnante. La prueba viviente de ello era una pequeña ratita con mala suerte que eligió el lugar y la persona incorrecta y a la que le faltó tiempo para cruzarse en mi camino.
Odiaba esos bichejos, odiaba muchas cosas, pero esas además me daban asco. La rata tropezó con mi zapato al cruzar y yo sin un mero movimiento de labios, dejando las palabras en mi mente y con la varita en la mano conjuré un abada kedabvra, dejando su cuerpo inerte en medio del callejón. Guardé de nuevo la varita en mi cinturón y levanté un pie para pasar por encima.

Seguí de largo hasta llegar a una tienda que tenía la figura de una calavera a modo de pomo y no sin echar un previo vistazo a mi alrededor, asegurándome de que ninguna mirada curiosa se entrometía en mis acciones, giré la calavera.
Abrí la puerta haciendo sonar el típico timbre de las tiendecillas y entré, dejando la puerta cerrar de golpe tras de mí. Me acerqué a la recepción sin poner atención a todos los bártulos inservibles y llenos de polvo que me rodeaban. El lugar estaba oscuro, y no logré ver que el dependiente de la tienda estaba sentado tras la barra hasta que estuve justo delante.

Carraspeé, manteniendo mi usual postura excesivamente erguida y mi rostro implacable, y solo por si acaso mantuve mi mano derecha sobre mi varita en el cinturón.
-Tengo un recado…- dije casi susurrando cuando el dependiente con aspecto moribundo levantó la mirada. Acerqué mi mano izquierda a mi bolsillo y saqué un papel para dárselo. –Ya sabes de quién, no me hagas esperar.- dije sabiendo que entendería que el asunto no iba para bromas, nadie bromea con un asunto de Lord Voldemort.

El dependiente se levantó sin decir palabra y entró en el almacén trasero, trayendo un artefacto envuelto en un pañuelo, un objeto maldito cuyo uso tenía un propósito terrible.
Abrí el pañuelo para asegurarme de que no me timaba. Observé el objeto durante unos segundos con mirada analítica y la vez curiosamente hipnotizada y volví a envolverlo para no mirarlo más. – Perfecto - Lo guardé en el bolsillo interior de mi chaqueta y a modo de pago puse sobre la mesa una poción  cuya función era matar lenta y dolorosamente a quién la tomara. Lo que ese ser pensara hacer con ella no era asunto mio.

Y sin intercambiar una sola palabra más me di la vuelta para dirigirme a la puerta, pero como siempre, algo, o más bien alguien, se había metido en mi camino.
Al girarme me encontré de frente a una chica de aspecto bastante cuestionable aunque evidentemente bastante joven. ¿Qué puede hacer por aquí una niña pequeña?
En cualquier otra ocasión, hubiera pasado de largo y me hubiera importado lo mismo que una mota de polvo lo que pasara con su vida. Pero teniendo en cuenta que estaba en medio de camino y de que hoy me sentía especialmente generosa con la vida de los animales, decidí hablar.
-¿Se te ha perdido algo por aquí? ¿O simplemente te gusta inmiscuirte en sitios no convenientes?- le dije con tono cortante esperando que le entrara miedo e hiciera lo que más le convenía si quería seguir siendo un ser feliz, es decir, irse. -¿no te han dicho nunca que la curiosidad mató al gato? – le volví a preguntar. No sabía por qué me había dado este cruce de cables, podía estar metiéndome en un problema si me reconocía del ministerio y me veía en un lugar como este, pero si las cosas se complicaban siempre podía inventarme una explicación de investigación, borrarle la memoria o como no, matarla.


Última edición por Uzumaky Dai el Miér Ago 27, 2014 12:07 am, editado 1 vez
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Ago 26, 2014 3:10 am

Aquel día había decidido dar una vuelta por el Callejón Diagon, a ver si conseguía alguna de las cosas que necesitaba para cuando empezara el curso. Estúpida de mi, creo que simplemente estaba positiva ese día pensando que podría aguantar la presencia de tanta gente, y el ruido de la multitud. A medida que caminaba cabizbaja, mirando de reojo los escaparates, iba poniéndome de peor humor, por lo que decidí en vez de apartarme o esquivar a todos aquellos estúpidos, simplemente chocarme con ellos y que no les quedara otra que apartarse.
No entiendo como a alguien pueden gustarle las aglomeraciones de gente, tantas sonrisas, tonos de voz, lloriqueos de niños pequeños e insoportables… Definitivamente no es lo mío, ni lo será nunca.
Pasé frente a la tienda de mascotas, donde todo el mundo estaba, cómo no, mirando o gatos o lechuzas. Me gustan los animales más que las personas, pero precisamente los típicos que lleva todo el mundo a Hogwarts no me llaman la atención. Instintivamente me fijé en un imponente cuervo negro, que se quedó observándome con esos pequeños ojos negros como canicas, mientras ladeaba la cabeza. Parecía que me estuviera intentando preguntar que por qué lo miraba tanto, o si lo iba a llevar conmigo. No pude evitar sonreír, definitivamente esa preciosidad se vendría conmigo desde que tuviera el dinero suficiente.

Salí de mi mundo por un empujón que me dió un niño llorica, que estaba apartando a la gente mientras berreando le decía a su madre que quería un gato. Observé la escena con asco, mientras la madre le decía que le compraría lo que quisiera si dejaba de llorar. Ojalá alguien hubiera aparecido y le hubiera hecho un Avada Kedabra a ese mocoso impertinente para quitar a una inmundicia así de la faz de la tierra. Antes de hacerlo yo, pues cada vez tenía más ganas, decidí salir de allí y empecé a recorrer los callejones que salían como ramificaciones del Callejón Diagon. A medida que avanzaba, me fui encontrando con un ambiente más oscuro y sucio, donde las tiendas estaban polvorientas y vacías y la gente se escondía en las sombras.

Con curiosidad seguí explorando aquellas calles estrechas, hasta llegar a una tienda cuya puerta llamó mi atención. Fui a entrar pero justo una mujer tropezó conmigo. Me fijé en ella y no tenía pinta de estar tramando algo agradable, pero la verdad, me daba igual. Con una actitud bastante desafiante me intentó intimidar para que diera la vuelta y me fuera por donde había venido. La miré con indiferencia y no me aparté de la entrada, que se apartara ella.
- Se me ha perdido la paciencia, ¿la has visto? – le espeté, pues no me gustaba que metieran las narices en mis asuntos – Tal vez a un gato si, pero a mi no se me mata fácilmente. ¿Te importaría apartarte?
Seguí plantada ahí y miré de soslayo un bulto que llevaba en las manos, me pregunto qué se podrá comprar en una tienda así. Esperemos que sea lo suficientemente inteligente como para dejarme en paz y que ambas podamos estar a gusto.
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Ago 26, 2014 11:48 pm

La chica me dedicó una mirada de altivez que no me gustó nada. Niñata desagradecida… algunas personas de hoy en día no saben valorar su vida.
Además de su arrogante actitud, la pequeña valiente decidió soltar algo que no debería. Me acerqué más a ella y la miré desde arriba, esta vez con más expresión de enfado. – Si, la vi ayer en tu clase de preescolar, pero te advierto que la mía desapareció de este mundo hace mucho tiempo.- le desafié, pero parecía ser que no servía de nada, la niñita no quería dejarse intimidar, y decidió volver a abrir esa bocaza de insensata, lo cual me cabreaba aún más.

Quizá si no hubiera sido por su segunda aportación a esta conversación, habría pasado de ella y me habría largado sin más. Una estúpida que se cruza en mi día a día ya no era una novedad. Pero ¿decirme que me apartara? A no, eso sí que no. A mí no me da órdenes una niña de mamá. La chica iba sobrada a partes iguales de agallas e insensatez, pero aún no sabía cuál de las dos le primaría más.
-Quizá deberías tener más cuidado con qué y a quién diriges tus palabras, pequeña. – le dije bajando la voz como si quisiera que solo me oyera ella, aunque realmente no había nadie más que el dependiente en esta tienducha de pacotilla.

-De hecho, creo que sí me importaría tener que apartarme, así que habrá que llegar a un acuerdo.- seguí diciendo con tono amenazante y poniendo mi mano sobre la varita. Miré hacia atrás por encima de mi hombro y vi como el dependiente se había puesto de pie, mirándonos con mala cara. Si empezáramos un revuelo aquí, cosa que creía poco probable ya que podría acabar con esto rápidamente, el tío se metería haciendo a saber qué y podría salir perdiendo yo también. Y por otro lado si el tío no pensaba meterse, tampoco iba a dejar un cuerpo inconsciente aquí en medio.

Volví a atravesar a la chica con la mirada acercándome para volver a hablarle. – Si quieres podríamos hablar del tema en un sitio más tranquilo, a no ser que de repente te hayan entrado ganas de salir por esa puerta e ir a buscar tu paciencia y si tienes suerte, la mía.- le ofrecí fingiendo un tono de amabilidad y una falsa sonrisa en la segunda parte de la frase.

Si valoraba conservar su vida, aún estaba a tiempo de dejarme en paz, apartarse de mi camino y ponerse a mirar los inservibles artilugios que pudiera estar buscando una chiquilla en este sitio de mala muerte. Pero si no, tendría que solucionar esto de una manera más trágica y además, buscarme el problema de limpiar las pistas.
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Sep 02, 2014 11:59 pm

"Vaya, vaya... encima de que no me gusta la gente, vengo a toparme con una plasta que simplemente no entiende lo que es hacerme caso para que ambas podamos seguir tranquilitas. Por lo que se ve, se cree que amenazándome va a conseguir algo... Eeeen fin. ¿Qué le pasa hoy a la gente de por aquí? Que asco, en serio." pensé mientras observaba a la mujer, arqueando una ceja. La miré a los ojos y seguí plantada donde estaba. Si supiera que hay que temer a quien no tiene nada que perder, seguramente se largaría de una vez. Por mucho que me llame niña pequeña, tengo una varita, como ella.

- ¿Y a quién estoy dirigiendo mis palabras? Simplemente para saber el nombre de la persona que tiene tan alto el ego que piensa que debería tener miedo de dirigirme a ella. - Le dije sin apartar la mirada de sus ojos y con una sonrisa sarcástica, mientras metía mi mano en el bolsillo para poner mis dedos alrededor de mi varita.
Acuerdos a mi... Creo que no está pillando la situación. Estoy empezando a perder la calma, tengo ganas de lanzarla hacia atrás y entrar por fin a la tienda. Veo como mira hacia el dependiente y yo también me fijo en la cara de malas pulgas que está poniendo.
- Oye, me gustaría que dejaras de hablarme cerca de la oreja, notar tu aliento en mi piel me está dando bastante repelús, y creo que no te he dado la confianza como para atreverte siquiera acercarte. Si quieres hablar, hazlo ya, fuera de mi camino y a mi espalda mientras entro por esta puerta. Podríamos terminar con esta estupidez si al chocarte como una ciega patosa contra la gente te hicieras a un lado como mínimo. Pero claro, con los ojos así no creo que veas mucho. Además, no solo has agotado mi paciencia, por lo que se ve la de ese señor tan agradable que está detrás de ti también ha desaparecido. ¡Busca, busca! - Le dije, haciéndole un gesto con la mano, como echando a un perro a buscar una pelota. Resoplé mientras esperaba. Tal vez la haya enamorado a primera vista y por eso no se va, por buscarle algún sentido a todo esto.

Me acerqué lentamente a su oído, olí su pelo y suavemente le susurré con voz pícara, mientras acariciaba mi varita: - ¿estás segura de que quieres seguir con esto, preciosa? Nadie me espera, no tengo nada que hacer, y tal vez mi paciencia no, pero mi orgullo y mi cabezonería son infinitas.
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Miér Oct 15, 2014 2:29 pm

Había demasiado orgullo en esta chica para ser alguien tan pequeño e insignificante. ¿Será que era tan estúpida que el 90% de esa cabecita estaba ocupada por orgullo inútil?
-¿De verdad crees que voy a decirle a alguien como tú quién soy? Si quieres saberlo lo sabrás, pero te lo demostraré por las malas. – Mi tono de voz se tornó más amenazador aún si la posibilidad cabía. Normalmente era capaz de mantener un temple tranquilo ante situaciones similares, pero debía ser que había tenido un muy mal día, pues esta niña me estaba sacando particularmente de mis casillas.
En vista de que el ambiente se estaba calentando demasiado y de que no éramos bienvenidas en ese sitio decidí cambiar a un escenario más… adecuado a la situación.

Me acerqué a la chica tras terminar de oír sus necias palabras y la agarré por el cuello de la camisa con el fin de mantener el contacto con ella y poder desaparcernos. Me tomé la libertad de llevarnos al cementerio de Riddle, donde no le cabría la menor duda de con quién estaba hablando. Sin soltarla de la camisa saqué mi varita con la otra mano y le apunté al cuello.
-Para no gustarte que me acerque a tu oído parece ser que le has cogido el gustillo al mío. – me burlé de ella, pues me había molestado e irritado especialmente su soberbia al acercarse a mí y al hablarme.
- Creo que deberías tener en cuenta que para permitirte tener tanto orgullo y cabezonería se deben cumplir ciertas características. – le respondí denotando la comparación de poder entre nosotras e infravalorando el suyo. – Y tú, querida, no cumples ninguna. – Normalmente la gente podría decir que me estaba arriesgando al subestimar a un enemigo al que no conocía de nada, pero teniendo en cuenta mi posición, consideraba que conocía bien todos los miembros fuertes de esta secta oscura, y ella no estaba ni de lejos entre los súbditos de los súbditos del círculo principal.

-Sinceramente, debo agradecerte que me confieses que nadie te espera, de esa forma puedo entretenerme contigo todo el tiempo que quiera. – No era mi usual forma de proceder el entretenerme con las víctimas, y menos si no eran por alguna misión, pero puede ser que Abi estuviera influyendo en mí, o que simplemente necesitara un día de diversión, sólo por cambiar de aires.
Solté a mi preciosa víctima sin dejar de apuntarla con mi varita y acto seguido le lancé un Religio, dejándola atada e inmóvil. Una vez asegurada de que no podía moverse ni atacarme empecé a caminar de un lado a otro sin dejar de mirarla fijamente.
-Y bien, ¿quieres que empecemos por una cruel tortura o quieres charlar un ratito? Si me suplicas perdón puede que te deje vivir, borrándote estos recuerdos, claro, no quiero problemas innecesarios. – le pregunté de forma sarcástica. Hiciera lo que hiciera, no pensaba matarla, terminaría por borrarle los recuerdos igualmente, puesto que una víctima tan joven, probablemente de Hogwarts o algún otro colegio mágico crearía demasiado revuelo y polémica.
Anonymous
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.