Situación Actual
7º a 10º
2 marzo ➟ luna llena
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline
Discord oficial

Por la madriguera del conejo (Ashira Nögaard)

Invitado el Mar Ago 26, 2014 2:46 am

Acababa de tener un pequeño incidente en Hogsmeade que me obligó a instalarme en el Caldero Chorreante para evitar problemas. Y la primera gran idea que me viene a la cabeza es la de echar un vistazo a tiendas y escaparates… en el Callejón Knockturn. Se podría considerar que era un acto un tanto irresponsable, y lo era, pero no podía quedarme quieto sabiendo que a dos calles había tiendas con artículos que Hogwarts me prohibía y ocultaba. Tomé mi varita y metí 400 galeones en mi bolsa, quizás encontrara algo de interés.

Empecé a vagar por aquellas sinuosas calles, era un ambiente sórdido. Lo más impactante no eran las tiendas en sí, sino la gente. Si bien los locales desprendían un aura lóbrega, de una naturaleza reservada, la gente parecía cuestionar cada movimiento que hacías con la mirada. Cuando llevabas unos minutos deambulando por las callejuelas, inconscientemente adoptabas la misma actitud. Me encontré a mí mismo estudiando todos y cada uno de los movimientos de la gente que me encontraba. No paraba de vigilar mi espalda, aquel sitio inspiraba desconfianza tras cada esquina, con cada persona…

El establecimiento que más destacaba tanto por tamaño como por naturaleza, especialmente tétrica, era Borgin y Burkes. Tenía una fama un tanto cuestionable ya que vendían objetos de artes oscuras.  No tenía interés alguno en ningún artefacto maldito ni en sus múltiples instrumentos punzantes y oxidados de dudosa utilidad, pero me interesaba el material literario que pudiese encontrar.

Fui directo hasta la puerta con mi habitual desconfianza exaltada a niveles desorbitados por aquel ambiente. A medio camino noté algo que desentonaba con el panorama. Una chica mirando a su alrededor como perdida,  no se le percibía esa suspicacia propia del lugar, su expresión era más bien inocente y de desconsuelo.

La última vez que intenté ser amable con alguien me vi forzado a hostigarle con mis palabras para que se alejara de mí. No me importaba granjearme enemigos pero no suele ser conveniente. En cualquier caso, no tenía mayor complicación, me acercaría y le prestaría mi ayuda. ¿Qué podía salir mal?

-Disculpa, no quiero meterme donde no me llaman, pero me ha parecido que andabas perdida. ¿Puedo ayudarte?
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Ago 26, 2014 4:04 pm

Quedaban apenas dos semanas para que empezara el nuevo curso en Hogwarts y mis dos compañeras y yo habíamos decidido salir a comprar los nuevos materiales. Nos dirigimos al callejón Diagón, donde teníamos por seguro que encontraríamos todo lo necesario y donde podríamos entretenernos mirando los escaparates.
Empezamos a revisar tienda por tienda calle abajo y comprando todo aquello que requeríamos para las clases.

Hasta ahora solo llevábamos un par de bolsas con lo necesario, pero eso se terminó cuando llegamos a sortilegios Weasley. Sin duda esta tienda era la más divertida. Las tres nos miramos con una expresión de complicidad y entramos a investigar los nuevos objetos de broma. Quizá hubiera algo con el que darle la bienvenida adecuada a nuestros nuevos compañeros novatos de primero.
Después de un rato, compramos un par de caramelos de la verdad con los que hacerles confesar sus secretos y algunos libros mordedores (perfectos para gastar bromas a los Ravenclaw) y salimos otra vez al callejón dispuestas a volver ya a casa.

Empezamos a caminar de vuelta por la calle hasta que llegamos a la altura del callejón más intimidante de la zona, el callejón Knockturn. Miré a mis dos amigas retándolas a adentrarnos en él, y con ellas devolviéndome la mirada, las tres empezamos a caminar callejón adentro.
Empezamos a desviarnos por los callejones observando la rareza de las tiendas y la peculiaridad de la gente que entraba y salía de ellas. Era fácil sentirse observada en un sitio como este, sobre todo si desentonabas con bolsas de colores y con nuestras caras de curiosidad. Al cabo de un rato, mis dos compañeras empezaron a sentirse incómodas y propusieron salir de allí.
Seguí caminando sin darle mayor importancia a sus palabras y pensando que me seguirían, pero tras cruzar una esquina y darme la vueltas para señalarles un extraño artilugio de un escaparate, ya no estaban. – Pero serán…- me dije a mi misma entre indignada y divertida. Suponía que se habrían escondido un par de calles atrás a modo de broma, así que empecé a retroceder sobre mis pasos sin llegar a dar con ellas. ¿Dónde diablos se habrán metido? Capaz las veía de haberse perdido ellas intentando gastarme una broma, o a lo mejor simplemente se dieron la vuelta y se fueron sin mi sin darse cuenta, dando por hecho que las seguiría.
Fuera lo que fuera, pensaba vengarme de ellas cuando saliera de aquí. Probablemente volviera a darle una visita a sortilegios Weasley y me lo guardaría para Hogwarts. Pero el problema más importante ahora era salir de aquí.

Empecé a mirar alrededor y a caminar, probablemente dando vueltas. Pensé en la posibilidad de preguntarle a alguien la dirección correcta, pero teniendo en cuenta que aquí todo el mundo miraba y actuaba con ese gesto de desconfianza, no lo creí una opción viable.

Opté por empezar a fijarme en las tiendas, intentando recordar cosas que me sonara haber visto al venir. Empecé a girar sobre mi misma mirando a mí alrededor hasta que sentí que alguien se me acercaba. Por un momento sentí una punzada de miedo, y me dije a mi misma que serían imaginaciones mías, producto de este ambiente tétrico. Sin embargo, mis sospechas se hicieron realidad cuando su voz de dirigió a mí.

Me giré para mirarle y me fijé en él de arriba a abajo, era un chico joven, probablemente estudiante, aunque ahora no recordaba si había visto su cara por Hogwarts alguna vez. Al menos no era un tipo intimidante y lleno de harapos viejos como otros que había visto por aquí antes, y con suerte hasta podía tener buenas intenciones.
-Pues si pudieras indicarme como llegar al callejón Diagón te estaría agradecida.- le respondí con un tono de simpatía. Sentía cierto recelo en hablar con alguien de por aquí ¿pero que otra opción me quedaba? Si me enviaba en una dirección errónea sí que estaría perdida, y si me enviaba en la correcta cabía la posibilidad de que me perdiera. Sonríe y asiente Ashira. Me crucé las manos en la espalda, dejando las bolsas colgando por atrás y le miré con una sonrisita amable intentando aparentar tranquilidad y esperando su respuesta.
Anonymous
InvitadoInvitado

Invitado el Miér Sep 03, 2014 2:03 am

La chica aceptó mi ayuda muy simpática, demasiado simpática. Estás en el Callejón Knockturn, perdida, un desconocido se acerca a ofrecerte ayuda. Y tú aceptas, sin pensarlo dos veces, te pones en pose con las manos en la espalda y le sonríes asintiendo. Es raro cuanto menos, o me había topado con una de las personas más ingenuas que había conocido o era una farsante, quizás el ingenuo fuera yo. Al fin y al cabo, ¿quién se adentra tanto por aquellas calles sin proponérselo? Ahora que me fijaba, sus rasgos eran muy característicos. Pelo rubio, tez pálida, ojos azules. Las veelas tienen fama de embaucadoras, no podía estar seguro de que se tratara de una pero las piezas encajaban. No debía bajar la guardia.

-Bueno, pensándolo mejor, preferiría terminar primero con mis asuntos. Iba camino de Borgin y Burkes, puedes acompañarme o esperar. Tú eliges.

Eso me daría suficiente tiempo para saber de sus intenciones, en circunstancias normales mi actitud frente a este encuentro fortuito sería exagerada como poco. Pero dado el lugar en el que me encontraba, era lo mínimo que podía hacer. Ya me estaba empezando arrepentir de los embrollos en los que me involucraba por mi protocolo.

Tras exponer mis intenciones, entré en Borgin y Burkes. Aquel espacio resultaba aún más inhóspito de lo que sugería la fachada. Instrumentos herrumbrosos y lacerantes colgaban del techo, los cristales de las ventanas eran casi opacos, y en las paredes colgaban máscaras de aspecto inquietante. El fondo del recinto estaba atestado de muebles viejos y polvorientos, el nivel de descuido y suciedad era tal que algunos parecía que llevaran mil años allí, dada la densidad de las telarañas que los cubrían. No había ni un alma en el lugar, quizás así fuera mejor, no sé hasta que punto estaba dispuesto a interactuar con el encargado del lugar.
Anonymous
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.